Antes que nada ofrezco una disculpa por la demora, sé que me he estado atrasando en los proyectos, aún estoy pasando por un lapso de bloqueo.

La verdad es que cuando llegan las ideas las escribo en las notas de mi celular y trato de darle cuerpo cuando las transcribo. Espero sea de su agrado este largo capitulo, les juro que cuando me di cuenta de todo lo que está escribiendo me sorprendí de mi misma. (Risas)

En un principio la historia estaba planeada para pocos capítulos, también que Hiko sería el interés amoroso de Kaoru pero no me sentía a gusto escribiendo sobre ellos dos juntos. Me gusta mucho Hiko pero tengo otros planes para el en otra historia que tengo en el tintero.

La música de Skáld, Heilung y Dzivia me ayudaron como ambientación.

Amo sus comentarios y me animan más a no dejar abandonado mi perfil y mi pasatiempo.


¿Cuál es el camino al cielo desde la tierra?,

El puente entre el cielo y la tierra

Alguna vez estuvo sobre el mar azul como flamas,

Se llama aurora boreal.

Fragmento de Nordrljos-Skáld


X Aurora

Yumi caminaba tranquilamente por el bosque, el olor de aquel lugar era su favorito; era una muchacha curiosa y vivaracha, a pesar de no ser habilidosa con las armas era buena para la exploración aunque eso era gracias al método de prueba y error por el que había aprendido lo poco que sabía.

Su cabello suelto le llegaba hasta la cadera, se alzaba las faldas de su kimono con cada paso que daba para evitar tropezar con piedras y raíces de árboles. El lugar aún mantenía una ligera neblina, el ambiente se sentía húmedo y un poco frio. Sus pensamientos giraban en torno a la plática de la noche anterior sobre sus obligaciones y derechos.

Amaba a su pueblo y aunque sabía que en un futuro debía casarse con algún heredero de otra tierra, guardaba la esperanza de que este fuera alguien a quien pudiera amar y que de igual forma le amase a ella. Sin embargo tampoco descartaba que fuera un viejo decrepito como su madre se lo había planteado, aun así debía ver por el bienestar de su gente pese a que ella fuera una mujer sin amor.

A la distancia se escuchaba la corriente del rio y un ruido diferente; sin pensárselo dos veces camino en dirección de aquello que había llamado su atención.

Oibore se hallaba entre la maleza cortando unos cuantos trozos de plantas cuando escucho a su esposa hablando con alguien más, rápidamente guardo sus hiervas en un pequeño morral de piel y fue a ver qué era lo que estaba pasando.

Cuando estuvo cerca trato de ser lo más sigiloso posible y con cautela asomo la cabeza entre los enormes arbustos, ahí estaba su mujer sentada en la orilla del rio con los pies en el agua, junto a ella estaba una chiquilla de unos 12 años de cabello rojizo oscuro, el kimono había delatado que se trataba de la hija de Saito; su compañera tomaba la mano de la niña y uno de sus dedos pasaba sobre la pequeña palma.

Tienes un futuro interesante– decía mientras observaba con diversión la expresión de Yumi

¿Qué es lo que ves? – pregunto Yumi entusiasmada

Tendrás una vida amorosa…– la mirada de la mujer se oscureció y su semblante cambio de uno jovial a uno preocupado –será muy bonita, tendrás solo un hijo– hizo otra pausa y soltó la mano de Yumi – ¿quieres que te lea las runas? – pregunto con cierto entusiasmo mientras sacaba un pequeño costalito de sus ropajes.

¡Me encantaría! – Yumi hizo un hueco entre las dos para que la mujer pudiera lanzar sus runas.

Muy bien, vamos a ver que te tiene deparado el destino– ella agito el costalito y lo vacío sobre la tierra húmeda, sus ojos negros observaban con detenimiento –en efecto el amor de tu vida llegara pronto…

¿Será un muchacho o un hombre viejo?

La mujer soltó una risa y dedico una mirada dulce a la pequeña –No estoy muy segura pero creo que no será uno tan viejo– y enseguida le guiño un ojo.

Los ojos color chocolate le brillaban –ciento mucho alivio al saber que no se tratara de un anciano– decía Yumi con un semblante tranquilo.

Aun no te emociones, hay dos hombres más en tu vida aparte del que será tu amor verdadero.

La chica tenía una expresión de sorpresa.

No sé muy bien que significa pero ellos llegaran después, tu linaje es importante y el último de los tuyos será una pieza fundamental para una vida libre…

Cariño es hora de irnos– Oibore salía de entre unos árboles y con una mirada de desaprobación–No es bueno que le cuentes esas cosas, es muy joven, además, sabes que esas baratijas siempre fallan.

¿Quiere decir que mi futuro esposo si puede ser un hombre viejo? – Yumi se había puesto de pie y empezaba a sacudirse la tierra de sus ropajes.

Así es mí estimada señorita Yumi– Oibore y su esposa vieron como la cara de la futura soberana de aquellas tierras palidecía. –le recomiendo que olvide lo que mi esposa le ha dicho, ella solo quería verla sonreír, discúlpela.

La esposa de Oibore se levantó y acerco una de sus manos a la mejilla de Yumi y le dio un suave y cariñoso apretón–Ve a casa mi querida Yumi y no te aflijas por lo que las runas dijeron.

Era preciosa, las mejillas de Yumi se sonrojaron al darse cuenta de la fuerte presencia de la mujer, sin más la chiquilla se despidió de manera educada y camino de vuelta a su hogar aun pensando en lo que le deparaba el destino.

La neblina se había disipado desde hacía un buen rato, la pequeña choza tenía un aire acogedor, flores de colores lucían en pequeñas masetas cerca de la ventana de la habitación matrimonial. Ella estaba absorta en su predicción, sentada en una banca rustica de madera bajo un improvisado techo.

Desde que regresamos del rio has estado muy distante, ¿Qué ocurre? –Oibore miraba con preocupación a su esposa.

Lo que dije sobre la niña es verdad…– su mirada oscura estaba fija en el paisaje que el bosque le brindaba –esta vez las runas fueron muy precisas, desde que la toque sentí algo distinto.

¿Qué fue lo que en verdad viste? – el hombre de largos cabellos dejo su hacha a un costado y se limpió el sudor con un trozo de tela que saco de su bolsillo.

Algo que aún no logro entender, una especie de marca divina… debemos ser cautelosos.

Jamás en todo lo que llevaban juntos había visto en su mujer tanta aflicción.


XI Rebeldes

Había resultado un maldito infierno sacar a Okita de ese lugar, a pesar de tener gente dentro del castillo no resultó como se había planeado, por tal motivo tuvieron que cambiar la ubicación del campamento. Llevaban así tres días, alejándose de aquel lugar corrupto y sucio.

¿Cómo se encuentra el comandante Okita? – Sozo se dirigió a un viejo que montaba en un caballo blanco custodiando la parte trasera de la carreta.

El señor Okita aún no despierta, hacemos lo que podemos para curar sus heridas, además, como usted sabe resultara más complicado si no encontramos un sitio donde parar– hizo una pausa larga y volvió a hablar –me temo que nuestro comandante no se repondrá pronto, su cuerpo podrá recuperarse pero su espíritu estará destrozado.

Habrá que ser pacientes– Higashidani interrumpió aquella conversación, se encontraba exactamente delante del actual comandante montado en un caballo negro –una rebelión lleva tiempo, no es como hornear pan… la dedicación que hay que poner es mayor, si se da un paso en falso es nuestro fin…– Higashidani y Sozo intercambiaron una mirada poco afable –en mi opinión primero debemos buscar un buen lugar para permanecer ocultos.

Sozo sin decir ni una palabra arreo a su caballo lejos de ese hombre. Una vez frente a la caravana dio órdenes para que le siguieran hasta el lugar donde se asentarían por un largo tiempo.

Llevaban más de un mes en ese sitio, Megumi apenas tenía 15 años cuando se volvió en la cuidadora de Okita, el doctor le había mostrado muchas cosas desde entonces, a pesar de que Sozo había insistido en hablar con el viejo comandante, Gensai le negó varias veces el acceso a la cabaña donde este se recuperaba.

¿Por qué ni siquiera puedo verle? – decía indignado el joven comandante.

Ya le dije que son órdenes directas de Okita, él no quiere hablar sobre lo que usted y sus hombres planean.

Dentro de la choza Megumi cambiaba algunos vendajes, él escuchaba la discusión de Sozo y el doctor.

Ese muchacho no tiene idea de todo lo que perdí en ese lugar…– la voz de Okita sonaba cansada y triste –y ni siquiera pude hacer nada.

A su mente llegaron los recuerdos, Tokio siendo arrastrada, el pequeño bebe colgando de cabeza, su amigo siendo torturado… Un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas.

El corazón de Megumi se encogió, no podía saber la magnitud de todo el sufrimiento que vivió pero si comprendía que su alma no tenía razones para querer volver a luchar.

Usted no debe sentir culpa, todos en este lugar queríamos que ustedes volvieran con vida pero las cosas no salieron bien– la dulce voz de Megumi hizo que Okita se fijase en ella –no crea que no sé lo que vivió, mis padres tuvieron un destino igual de cruel– un lagrima resbalo por la mejilla de la chica la cual limpio rápidamente con la manga de su blusa –no debe darse por vencido, todavía queda esperanza para nuestro pueblo.

Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, abriendo su visión más allá de si, él no era el único que había perdido a alguien…

Megumi siguió con su labor sin decir más.

¿Crees que con eso es suficiente? ¡Levántate! – ordeno con severidad Higashidani a su hijo mayor que estaba en suelo lleno de lodo y con el labio sangrándole.

El muchacho obedeció, con una de sus mangas limpio el líquido rojizo y tomo nuevamente su posición.

Megumi miraba desde lejos como algunos jóvenes entrenaban, y cuando vio al chico de Higashidani su corazón latió más deprisa.

Sanosuke fue quien ataco primero, blandía su espada lleno de furia.

Sozo presenciaba los combates y quien más había llamado su atención era el joven que enfrentaba con habilidad a su padre. Si hacían todo aquello era por que pronto debían partir.

Flashback

Okita ha dado el visto bueno para llevar a cabo el plan– Higashidani fumaba en una pipa unas cuantas hiervas.

Sozo habría preferido ser el quien tratara con Okita directamente pero el hombre se había rehusado y había elegido a una persona de su entera confianza. Eso fue un golpe duro para su honor y ego.

Bien, hay que preparar a los que deberán irse– dicho esto fue a su improvisada oficina, una vez ahí anotaría los nombres en un trozo de pergamino para llevar el control.

Veo que aún no confía en el comandante Sozo– Megumi estaba sentada en una de las sillas que habían en aquella cabaña médica.

¿Tan obvio he sido?

No lo estoy juzgando, solo creo entender el porqué de ello

Me gustaría saber su teoría señorita Takani

Sus vivencias son lo que lo han marcado, por eso usted es precavido

Es usted una jovencita muy perspicaz

Creo que es gracias al tiempo que he pasado con usted, a pesar de no ser mucho.

Okita soltó una genuina sonrisa, el tiempo con Megumi había resultado muy agradable y de cierto modo estaba ayudando a que su espíritu retomara fuerzas poco a poco.

El comándate debe aprender a controlar sus emociones. ¿Se ha dado cuenta que todo quiere hacerlo rápido y a veces rebelándose a lo que el consejo determina? – Megumi asintió con un ligero movimiento de cabeza –son errores que no debemos permitir, estamos colgando de un hilo…

Okita observaba a la muchacha – Megumi, ¿usted tiene una persona que le importe mucho?

Ella inmediatamente se puso colorada al pensar en el hijo mayor de Higashidani, tímidamente asintió con la cabeza

El joven Sanosuke es un buen muchacho, supongo que ya sabe que él está dentro de los que se irán.

Sus manos apretaron la falda de su vestido cuando escucho a Okita –Si señor– sentía como sus ojos se ponían llorosos

Su padre me ha platicado que usted siempre cura las heridas de Sanosuke– esta vez no obtuvo respuesta, aun así prosiguió –Mi querida señorita, me gustaría saber si usted está dispuesta a dejar sus labores en este lugar para acompañar a nuestra gente en su misión y procurar las heridas de quien lo necesite.

En su pecho sintió un salto de sorpresa –Señor no puedo

¿Por qué?

¿Quién lo cuidaría a usted?

No hay por qué preocuparse, aquí hay gente de sobra para hacerlo, además, yo deseo que usted vaya con Sanosuke y lo cuide a él; debe entender que él es muy joven y estará completamente solo en un lugar hostil… tener su compañía será una bendición de los dioses.

Las mejillas de Megumi estaban tan coloradas que sentía incluso como el calor se esparcía por todo su cuerpo.

Fin flashback

Sanosuke fue al pozo por un balde de agua, estaba tan sucio que debía darse un baño y luego lavar su ropa.

Has mejorado mucho– Megumi llevaba en sus manos unas cuantas cosas para curar las heridas del chico.

Supongo que sí, aunque para ser un guerrero de verdad aun me falta mucho…

Eres hábil y rápido para aprender…– los ojos oscuros de Megumi lo miraban de manera coqueta.

Sanosuke se sonrojo y fijo su atención en la cubeta que subía con la ayuda de una cuerda. Sabía que ese comentario llevaba una doble intención.

Ninguno de los dos era un santo, se habían escapado juntos muchas veces, aunque no habían consumado nada sí que sacaban provecho hasta segunda base, en un principio había peleado mucho, con el tiempo descubrieron que eso se debía a la fuerte atracción que sentían el uno por el otro y ninguno quería aceptarlo.

Sanosuke llevaba la pesada cubeta de madera mientras Megumi iba a su lado, al parecer hablando de algo que ponía muy nervioso al muchacho.

Una vez dentro de la casa del señor Higashidani, Sanosuke se quitó el cinturón de cuero y la camisa de manta, Megumi estaba sentada, ansiaba poder tocar la piel de su joven guerrero.

Pensé que esto sería más sencillo, ahora entiendo que no lo es

La chica limpiaba con un trapo húmedo la herida que tenía en el labio inferior, con suavidad tomaba el mentón de Sano y daba toques para retirar el sagrado. Aquel contacto le hacía sentirse inquieto.

Solo te hace falta practicar, si fueras todo un experto dudaría que fueras humano– Megumi empezó a reír mostrando sus dientes perfectos. Sano por otro lado miraba su boca sin disimulo y comenzó a picarle las cosillas de manera cariñosa. Ella dejo de tocarlo y se cubrió en un intento de impedírselo.

Después de juguetear un buen rato, Megumi siguió desinfectando un par de heridas más.

Me refería a que no pensé que fuera difícil tener que dejarte…

Las mejillas de ambos se pusieron tan coloradas que fue verdaderamente bochornoso

No… no es como si estuviéramos casados y tengas una responsabilidad…

Sanosuke la miraba como pocas veces lo hacía, tan profunda y sinceramente –no sabes cuánto te extrañare– su mano acaricio la mejilla aun sonrosada de ella.

¡Sanosuke! – la voz de Higashidani los hizo separarse abruptamente y fingir que cada uno estaba haciendo lo propio.

Al entrar a la casa de madera el hombre adulto percibió un ambiente incomodo, supo inmediatamente que había dado cortón a algo muy especial.

Dio instrucciones concisas, debía preparar un equipaje liviano y partir con Sozo, vio como la chica recogía sus pertenencias y tímidamente se despedía de ambos.

A la mañana siguiente, un grupo de personas entre las cuales estaban niños, mujeres, jóvenes y hombres estaba listo para emprender el viaje sin regreso.

Sozo había optado por solo ir con hombres y jóvenes pero Okita había sido muy claro con que esa era una pésima idea, si quería pasar desapercibido debía llevar consigo a gente con vidas y trabajos reales, solo así se mantendrían con vida.

Antes de partir Higashidani dio un abrazo a su hijo mayor, seguido de unas palabras que se quedaron profundamente grabadas en la mente de Sanosuke.

Pase lo que pase nunca olvides quien eres, lucha por lo que sea correcto y demuéstrales el valor de un verdadero guerrero.

Sanosuke correspondió el abrazo con mayor fuerza, consciente de que tal vez esa sería la última vez que se verían. Sozo por fin anuncio su partida y no hubo más remedio que separarse, Megumi partió con el viejo Nenji, aunque sus pies andaban su mirada aún seguía fija en Sanosuke, el cual aún seguía frente a su padre sin mover un solo musculo.


XII La boda

Kaoru se levantó desde muy temprano, incluso antes de que Kamatari hiciera acto de presencia, el tan esperado día había llegado y aunque no se sentía feliz un sentimiento minúsculo empezaba a invadir su corazón. Un par de golpes en la puerta la hicieron salir de sus pensamientos.

¡Vaya!, creí que aun estarías dormida

¿Quién en su sano juicio podría dormir tranquila en este lugar? y luego encima tener que casarse con un hombre tan desagradable…

Pues yo no le haría el feo a Kenshin– Kamatari empezaba a buscar las cosas personales de Kaoru –bueno entiendo que es algo espeluznante pero si lo miras bien no es nada feo– decía entre risas.

El chico afeminado sabia de ante mano como era el guerrero y lo odiaba, pero sabía que su opinión no tenía valor para los demás excepto para la chica que estaba sentada en la cama con dosel. Lo que quería era restar la tensión que seguramente ella tenía encima y muy en el fondo aceptaba que el pelirrojo tenía lo suyo.

Debo decirte que el vestido quedo muy bonito, no es nada del otro mundo pero estoy seguro que lucirás preciosa en él.

Sus ojos estaban fijos en la estrecha ventana, el día increíblemente estaba despejado, no podía creerlo pues el día anterior había estado lluvioso y frio. Los rayos del sol empezaban a iluminar los arboles haciendo resaltar más los colores de la naturaleza.

Kamatari la escolto al cuarto de baño, ahí estaba la tina de madera con agua caliente; sin ningún tipo de pudor Kaoru se deshizo de su ropa frente a él, no era la primera vez que la veía desnuda pues él era quien se encargaba de ella. Él siempre había notado la belleza de la chica, incluso se sentía un poco celoso pues el habría dado lo que fuera por tener lo que su adorada Kaoru tenia.

Lavo su cabello y cuerpo, una noche anterior Kamatari preparo una tina adicional solo que esta tenía agua fría perfumada con platas y flores para que la futura novia se enjuagara en ella.

Por otra parte Kenshin había hecho lo propio para lucir bien, su larga melena había sido peinada en una coleta alta, algunas trenzas adornaban su abundante cabello rojizo dándole un aire más salvaje. Su vestimenta consistía en un pantalón oscuro, una camisa de tela color negro con los puños bordados con patrones célticos y una piel de lobo sobre sus hombros.

El salón donde se llevaría a cabo el festejo estaba adornado con algunas flores de temporada, los platos y cubiertos de oro se habían colocado en las mesas las cuales tenían centros florales; aquel rincón del catillo era el único que lucía de ese modo.

La ceremonia se realizaría en un lugar sagrado del bosque, una vez ahí se invocarían a los dioses y se sacrificarían tres animales. Todos esos preparativos estaban listos.

El vestido de Kaoru era de manta con algunos bordados discretos, su elaboración había tardado meses, Izuka lo había mandado a confeccionar incluso antes de que decidiera quien sería el futuro esposo. El diseño era sencillo, escote cuadrado y mangas largas.

Kamatari ayudo a vestir a la novia y adorno la negra cabellera con unas cuantas trenzas, estas tenían unas pequeñas piezas de oro. Finalmente la corono con una diadema de flores.

Se había preparado una carreta para su traslado pero Kaoru insistió en montar a caballo, se colocó una capa y se cubrió la cabeza con la capucha, creía que así evitaría ser identificada y causar más revuelo de que ya existía.

Cabalgo hasta el sitio sagrado y al llegar se despojó de la prenda que la cubría, su sirviente iba detrás de ella montado en otro caballo. Rápidamente Kamatari bajo de un salto, sabía que la chica haría una entrada desastrosa si no se daba prisa.

Fue hasta el caballo de la princesa y extendió su mano para ayudarla a bajar, Kenshin miraba la escena con bastante entusiasmo, no le sorprendía y mucho menos le disgustaba.

Muchos de los presentes estaban horrorizados por la falta de refinamiento y educación de la hijastra de Izuka, lo que genero muchos murmullos de desaprobación.

A pesar de haber montado a caballo el aspecto de Kaoru seguía intacto, incluso aquel ajetreo le había generado un rubor sobre sus mejillas que le hacían verse endemoniadamente bella.

Se suponía que sus movimientos debían ser delicados pero eso la tenía sin cuidado, se dispuso a caminar hacia su prometido, al verlo se quedó sin aliento. Se veía muy bien, el calor en sus mejillas se dispersó nuevamente encendiéndolas más.

El casamentero índico el lugar donde debían pararse los prometidos, Kenshin tomo la mano de Kaoru y la guio hasta quedar frente a frente, el nerviosismo de ella estuvo presente en todo momento, incluso cuando recito un poema que había escrito alguien más por ella. Debían intercambiar obsequios, Kenshin le dio su espada y Kaoru le entrego una nueva.

Tras unas palabras más por parte del casamentero llego la parte en la que debían sellar la unión, Kaoru instintivamente cerro los ojos y Kenshin hizo lo propio, deposito un casto beso sobre los suaves labios de su esposa.

Izuka había estado muy tenso durante la ceremonia, en cuanto noto un brillo especial en los ojos de Kaoru al ver al apuesto guerrero sintió una gran irritación. Preguntas saltaron a su mente sobre lo "correcto" y lo que él deseaba en realidad.

La hija de Shishio lucia esplendorosa, había creído que su belleza era como la de su madre pero admitía que se había equivocado, en realidad era aún más bella que su progenitora, y ahí estaba uniendo su vida a un hombre despreciable…

Kamatari había ordenado la preparación de la habitación de Kaoru, a pesar de todo quería que ella tuviera buenos recuerdos de un día que no había estado en sus planes.

El sacrificio de los tres animales se llevó a cabo después de la ceremonia, los criados ahora preparaban todo para volver a casa.

Como era de esperarse el regreso al castillo había sido planeado de igual forma en carruajes, pero contagiado por el espíritu indomable de su ahora esposa decidió que sería mejor ir juntos en un caballo, así que sin perder tiempo tomo nuevamente su mano y la llevo con el hacia su corcel negro, la tomo por la cintura y la subió, enseguida él monto detrás de ella y salieron a todo galope.

Todos en la ciudadela miraban con asombro a los recién casados, algunos opinaban sobre lo que les esperaba en el futuro, otros pensaban que ellos dos realmente lucían bien juntos.

Los hombres y mujeres bebían y comían, cada cierto tiempo brindaban por los recién casados, extrañamente Kaoru se sentía muy cómoda, incluso cuando Kenshin la beso sintió una especie de corriente eléctrica muy placentera recorrer su cuerpo. Inevitablemente un pensamiento sobre Tomoe llego a su mente, se preguntó si ella habría sentido lo mismo… aquellas ideas pasaron de un beso a lo que esa noche debían hacer.

Discretamente miro a su ahora esposo, le gustaba como lucia… nuevamente un rubor furioso cubrió sus mejillas evidenciando así que tenía pensamientos poco inocentes.

Mentalmente se reprendió a sí misma, trato de meterse en la cabeza que él había abandonado el amor de otra mujer, que él era un interesado al que no le importaba nada con tal de tener mas poder…

Estaba inmersa en sus pensamientos negativos cuando sintió como una mano tocaba su espalda baja, dio un respingo ante la sorpresa, noto que se trataba de Kenshin, él la acariciaba sobre la tela, el color en sus mejillas no desapareció.

Izuka los observaba detenidamente, no le gustaba para nada que le pelirrojo estuviera tocando el largo cabello negro con tanta devoción y que su "hija" se comportara tan virginal y tímida ante eso.

Kamatari desde donde estaba podía apreciar a la pareja, se notaba a leguas que Kenshin moría por darle un beso y hacerle más cosas, pero en su lugar acariciaba dulcemente la mejilla colorada de Kaoru.

Era una escena tan peculiar que en verdad todo aquel que lo notaba olvidaba por completo el pasado amargo de ambos.

Al cabo de un rato Kenshin tomo la mano de su ahora esposa, sin anunciar absolutamente nada se levantaron y dejaron a los invitados seguir con la celebración, Izuka se quedó rígido, sabía lo que aquello significaba y lo embargo un profundo odio.

Aunque sabía lo que pasaría después del festejo Kaoru estaba muerta de miedo y nervios, jamás había permitido que alguien más que no fuera Kamatari le tocara y ahora debía acceder al contacto íntimo con un hombre aparentemente desequilibrado.

Se alzaba el largo vestido, lo suficiente para que su andar fuera menos torpe, Kenshin sujetaba a su vez la mano femenina con seguridad pero suavemente, el olor a madera que el desprendía inundaba sus sentidos y era de su completo agrado, subieron las escaleras tranquilamente.

Recuerdo perfectamente el día que te vi por primera vez– Kenshin hablaba sin mirarla y seguía subiendo los escalones –llevabas tu cabello suelto con un par de trenzas adornadas, así como ahora, tu cara estaba llena de sangre por que habías peleado contra un guerrero que intento atravesarte con su espada– siguieron andando por un largo pasillo –ahí me di cuenta que era una valiente guerrera– se detuvo y volteo a verla –fue cuando te comencé a admirar y conforme pasaba el tiempo me di cuenta que me estaba enamorando de ti profundamente, Tomoe lo descubrió.

Dejo de mirarla y siguieron caminando, Kaoru no esperaba que el tocara el tema en ese preciso momento, le pareció incomodo pero no dijo nada pues quería escuchar lo que su esposo deseaba decir.

Al principio supuse que solo era mera admiración e intente no prestarte más atención de la debida, pero no pude, Izuka me emparejo contigo en los entrenamientos, fue cuando descubrí tu aroma, tu risa, tu coraje, tu irreverencia… Ella sabía que mi corazón estaba cambiando.

Kaoru de alguna manera sentía pena por Tomoe.

Kenshin sabía que aquel monologo era para otro momento pero no quería que entre los dos existiera secretos y rumores, después de eso ninguno de los dos hablo más.

Kaoru salió de sus pensamientos cuando estuvieron frente a la puerta de la habitación, de su bolsa saco una llave grande y la inserto en la cerradura de hierro. El corazón de ella se aceleró más.

Kenshin hizo que la primera en entrar fuera ella, detrás fue él y cerro nuevamente con llave.

Ella sentía la cara caliente y un temblor recorrer todo su cuerpo. El tomo las delgadas manos femeninas y con suavidad la acariciaba.

Estoy loco por ti…

Kaoru quería echarse a correr pero sus piernas no le respondían, todo era tan repentino y confuso, incluso la personalidad de su esposo la descolocaba

La mano de Kenshin ahora acariciaba la mejilla aterciopelada de ella.

Kaoru cerro los ojos y dejo viajar las manos masculinas con libertad por todo su cuerpo, el toque del guerrero era una delicia para sus sentidos, por donde pasaba dejaba una sensación placentera que iba en aumento.

Sentía como palpitaba su interior, cuando las manos de él se detuvieron en sus caderas y las quito ella abro los ojos y noto vio que su compañero fue hasta la mesita de noche donde había una jarra de oro y dos copas.

¿te sirvo un poco de Hidromiel?

Ella que nunca lo había probado acepto, tal vez eso le ayudaría a tomar más valor para lo que estaba a punto de suceder.

Después de la tercera copa Kaoru comenzó a hablar sin tapujos, fue sincera con respecto a cómo ella se sentía con toda esa situación, también fue muy clara con el tema de la corona, para la cuarta copa ella reconocía que Kenshin no era una persona tan desagradable como pensaba y que incluso podría enamorarse de él si se mantenía igual de amigable y dulce con ella.

Con la quinta copa sus mejillas estaban encendidas e incluso reían entre ellos por cosas que habían vivido y presenciado en los enfrentamientos.

La sexta copa fue el preámbulo para su segundo beso, era suave y lento, ambos degustaban el sabor a hidromiel que tenían sus bocas. Kenshin era quien guiaba los movimientos de su mujer, aquel contacto le hacía suspirar a cada momento, el olor de Kaoru influía aún más en él para no querer despegarse de ella…

El amanecer hizo que Kaoru cambiara de posición para después cubrirse la cara con las mantas y pieles de su cama, sus piernas desnudas se entrelazaron con las de su acompañante, éste al darse cuenta abrazo a la chica y la atrajo más hacia él.

El olor a jazmín y madera se mezclaron y se esparcieron en toda la habitación.

Un par de veces alguien del castillo intento abrir la puerta, pero se encontraban con la sorpresa de que estaba cerrada. Después de un rato el primero en levantarse fue Kenshin, se mantuvo sentado en la cama; Kaoru lo observaba a escondidas, por la madrugada había descubierto que su piel era suave y caliente, que tenía pocas cicatrices en su espalda y pecho, también que el cabello pelirrojo le encantaba pues le hacía recordar las llamas de una hoguera, sus ojos azules recorrían la figura de su esposo mientras este se vestía. Mantenía un aire fiero y rebelde que le gustaba mucho. Era la primera vez que se sentía de esa manera.

Tras ponerse una camisa de manta limpia color azul oscuro y su cinturón de piel se dio la vuelta.

Ella había cerrado los ojos fingiendo que aun dormía.

Kenshin se agacho y acaricio su cabeza, tomo unos mechones negros y los llevo hasta su nariz para olerlos, cuando los soltó se acercó más a ella y planto un beso en su frente. Enseguida de eso salió de la habitación.


Agradezco infinitamnete a:

Dulcecito311

SakataGinkox3

kaoru-sakura

Blackcat

Que me han seguido y animando con sus comentarios.