Una promesa silenciosa

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Los personajes del "Castillo Ambulante o Vagabundo" son propiedad de Diana Whynne Jones y la animación es obra de Miyazaki. Los cuales tomé prestados para desarrollar las ideas que se formaron en mi imaginación.

Esta historia participa del desafío lanzado por la Pagina #EsDeFanfics. La cual es la décima segunda entrega del #Flufftober.


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Dia 12: Anillos de Promesa

Calcifer a pesar de ser un demonio fuego, un ser que necesito recurrir a un trato para seguir con vida. Era posiblemente la única criatura que podría realmente conocer a Howl.

El estar unidos durante más de una década le brindaba ese autentico y privilegiado beneficio, conocía tanto al joven mago, tal vez por esa razón no se rehusaba a brindarle su ayuda cuando este la necesitaba.

Cuando el último de los demás miembros del castillo se entregaba a los brazos de Morfeo, aprovechaban la oportunidad, pero tampoco iba a negar que su paciencia estaba comenzando a agotarse, después del tercer día consecutivo que llevaban entre esas cuatro paredes encerrados por horas.

Calcifer bufó por lo bajo cuando una repentina densa bocanada de humo negro le impedía visibilizar la figura del azabache. Agradeciendo que después del primer intento fallido, tomó la decisión de estar lo más lejos posible como prevención.

—¿Cuántas veces más lo seguirás intentando? —cuestionó al notar como Howl miraba el recipiente que estaba frente a él. No obteniendo respuesta alguna—Tengo sueño, estoy sacrificando mi tiempo, cuando el más indicado para estar aquí seria tu aprendiz.

—Parece que Mark se ha olvidado el significado de la palabra "discreción"—murmuró el joven azabache con molestia.

Calcifer entendía el trasfondo de esa oración, el niño desde que Sophie llegó al castillo le tomó demasiado cariño, que prácticamente podría decirse que la quería y respetaba como si se tratara de su propia madre.

—Tal vez has mezclado incorrectamente las pócimas. Si ordenaras este desastre no perderíamos tanto tiempo.

Nadie mejor que Calcifer sabia que la terquedad del mago era imposible, cuando una idea se metía en su cabeza no desistía hasta conseguirlo. Lamentablemente también lo era su obsesión desobligada para la limpieza y el orden con las cosas que tenía, no por nada esa habitación era caos total con tantos objetos colgados y desparramados por doquier.

—No dejare que el huracán entre a este lugar— el demonio sonrió ante el sobrenombre que el azabache utilizaba para referirse a Sophie por su manera de limpiar, por eso ese lugar era el único del castillo que esta tenía prohibida la entrada.

—Deberías darte por vencido—lo aconsejo, la falta de un descanso adecuado comenzaba a molestarle.

—No entiendo por qué no funciona—soltó Howl ignorando la opinión de su compañero.

—Es simple, estas intentando conseguir algo que ya posees— aclaró por última vez—Debes cambiar las intenciones del hechizo.

Howl contempló la joya que reposaba en la palma de su mano, el anillo era bello y delicado a pesar de su simpleza, pero le faltaba el detalle final para que este obtuviera el significado que deseaba transmitir.

Lograr esa clase de objetos con magia, era una tarea sencilla, el verdadero desafío comenzaba cuando este debía tener una finalidad en concreto. La primera vez que lo hizo fue en su etapa de adolescencia, después de compartir una charla con su amigo, quien le advirtió que no deseaba estar unido a el durante el resto de su vida. Así que ambos trabajaron para que el momento de que encontrara a la mujer que estaba destinada para él, lograra terminar con el trato que los unía.

Ahora que Sophie estaba a su lado, quería entregarle algo que resumiera todos los sentimientos que ella despertaba y que aumentaban con el pasar de los días. Amor, cariño, confianza parecían que eran innecesarios en esta ocasión, o por lo menos así lo reflejaba la piedra que se formaba con la combinación de las pócimas. La cual no era de su agrado.

—¡Ya se! —Calcifer saltó en su lugar a causa del grito, quien vio como Howl comenzaba a buscar entre los estantes moviendo frascos de aquí para allá.

Cuando los rayos del amanecer comenzaron a cubrir el castillo, los leves ronquidos de Calcifer inundaban la sala de estar, satisfecho que la odisea había terminado y las noches por fin iban a cumplir su función de brindarle su merecido descanso. Dos días después sonrió satisfecho al ver como la joya reposaba en el dedo anular femenino, y una sonriente Sophie se lanzaba a los brazos de su amado.

"Siempre estaré a tu lado" esa era la promesa que el azabache musitó al crearla. Calcifer estaba seguro que iba a cumplirla por el resto de su vida.

Fin.