Con mucha dificultad trataba de convencerse a sí mismo de que lo que estaba haciendo era lo correcto, sabía que la acción era correcta pero las dudas eran acerca de con quién debía retractarse.
Y es que toda su vida se había definido básicamente en tomar malas decisiones, pero ninguna mala decisión se comparaba con esa. Ya de por si le costaba admitir que no era la persona madura y astuta que el pensaba que era y luego tener que admitir que se había equivocado era mucho para él.
Pensándolo bien tampoco nunca había experimentado lo que era estar tan nervioso en la vida. Y allí estaba sentado en aquella mesa esperando por lo que parecía una eternidad, con el paso de los minutos la silla parecía ponerse más incómoda y su cuerpo comenzaba a hormiguear a causa de la espera de los próximos acontecimientos.
Y justo en ese instante su mundo se detuvo, todo pensamiento, todo sentimiento o emoción se congeló al instante al verla cruzar la puerta de la entrada de aquel restaurante. Cómo siempre se tomó el tiempo para detallar su aspecto, iba igual de hermosa que siempre vestida con un sobretodo negro no muy largo unos jeans azul oscuro debajo, llevaba tacones negros y su larga y rebelde cabellera suelta. La elegante mujer observó toda la estancia con el ceño fruncido buscándolo hasta que sus miradas se encontraron y ella instantáneamente comenzó a caminar hacia él.
El chico se removió incómodo en el asiento, la mujer se sentó frente a él sin relajar su expresión. Sólo había pasado año y medio pero sentía como si fuese sido mucho más tiempo, ahora se veía más mujer. Tragó duro y lo único que se le ocurrió decir fue...
—Me alegra que pudieras venir —ella alzó una ceja y sus labios se pusieron en línea recta.
—Pues admito que me sorprendió que insistieras tanto, sin embargo voy a aclarar que vine por qué Theo y Pansy me lo pidieron. Dijeron que era importante —explicó juntando con delicadeza sus manos sobre la mesa.
El chico asintió—Lo es, somos adultos así que creí que podríamos tomarnos esto con madurez —dijo mientras buscaba algún destello de calma en la chica, pero jamás en su vida la había visto más a la defensiva y bueno en realidad era justificable.
—Draco, sólo habla de una vez. ¿Cuál es el problema? —preguntó con un poco de fastidio.
Al ver que ella no bajaría la guardia decidió que él tampoco lo haría, así que con toda la seguridad y firmeza que poseía le respondió—Es sobre el contrato, quiero anularlo.
Sorpresa, enojo, diversión e incluso confusión eran algunas de las emociones que esperaba que ella expresara; pero se decepcionó al ver que mantenía su firme semblante, ella poseía una actitud imperturbable y eso le estaba poniendo de los nervios.
Hace un tiempo ella era la oveja y él era el lobo, ¿Entonces por qué se sentía al revés?
—Imposible, suponiendo que fuera verdad lo que pides claro —acotó achicando sus ojos—Anular el contrato es imposible.
—Nada en esta vida es imposible —habló él haciendo un ademán de tener todo bajo control, cosa que irritó a Hermione sólo que no lo dió a demostrar.
Draco tenía tiempo buscando de reunirse con ella y obviamente sabía el porqué, pero también sabía que hacer. Ya no era la idiota que moría por recibir aunque fuera la más pequeña de sus atenciones.
—¿Por qué lo dices? ¿Por que eres Draco Malfoy? -Preguntó fingiendo una sonrisa—. Pues no sé en qué mundo vives, pero este no gira a tu alrededor.
—Hermione lo siento, ¿Vale?, ¿pero podrías evitar ser tan egoísta?. Esto no se trata de ti, para bien o para mal es nuestro así que quiero tener derechos —estaba notablemente enojado, pero el enojo de Draco Malfoy para ella no era suficiente.
Hermione lo miró con un odio que lo dejó petrificado, y por un momento se arrepintió de haber hablado, era obvio que había utilizado las palabras incorrectas.
—¿Egoísta? ¿En serio me dices egoísta? Definitivamente eres el rey del descaro después de todo, ¿Cómo te atreves? ¿Qué no se trata de mí? —Hablaba con incredulidad e histeria—. No sé si lo olvidaste pero te entregué lo mejor de mí, renuncié a todo por ti y a fruto de eso me embaracé. ¿Tú que hiciste? ¿Donde estabas? —Hermione hablaba tratando de contenerse, pero quería matarlo—, ¿Se te olvidó lo que me dijiste cuando te dije que estaba embarazada?
—Hermione basta...
—No, no. Yo me acuerdo como si hubiera sido ayer, tú dijiste "Es una mancha en mí herencia generacional" y luego me diste dos opciones. Ahora sé que tomé la correcta, yo te dí la oportunidad de redimirte, pero... ¿Sabes cuál es el verdadero problema? —preguntó golpeando levemente la mesa con el dedo índice en actitud frívola—. Que te conozco mejor que nadie, yo sé quién eres en realidad. Tú me amabas... Amabas todo de mí, amabas que te pusiera como mi primera opción en todo, amabas que te cuidara, amabas que mi mundo girara a tu alrededor, amabas que fuera tuya, incluso mi toque; yo sé cuánto te encantaba. Pero la verdad aquí es que Draco Malfoy es un egoísta, mentiroso, manipulador, pero por encima de todo eso... Un maldito cobarde —le dirigió una mirada con una mueca de asco que sinceramente lo hirió profundamente.
—No voy a permitirte que me insultes —aclaró con una siseante amenaza que para Hermione fue débil—. Ya te dije que no se trata de ti o de mí, es algo mucho más grande... Es nuestro hijo.
—¿Nuestro? -preguntó soltando una leve carcajada—. Querrás decir mío, el contrato específica que yo Hermione Granger te libero a ti Draco Malfoy de toda responsabilidad y deber con el niño a cambio de que pudieras tener una vida tranquila y nosotros nos alejaramos de tu apellido...
—Sé muy bien lo que firmé Granger, no necesito que me lo recuerdes. Estoy arrepentido —dijo pasándose una mano por su cabello con desesperación.
—Pues es una pena, al firmar el contrato prácticamente renunciaste a ser padre y lo más curioso es que no tardaste ni un segundo en firmar. Vamos Draco si tú lo deseabas, querías acabar con todo lo que pudiera poner en peligro tú reputación, porque así eres tú. Eres una máscara, un disfraz. Y te aclaro que se trata de mí porque la primera vez que rechazaste a Scorpius él estaba en mi vientre, apenas formándose. Todo lo que tenga que ver con mi hijo, se trata de mí —su rostro sonrojado casi ardiendo en furia.
Draco nunca la había observado en todo su esplendor, definitivamente era sobreprotectora. Una leona cuando se trataba de defender lo que amaba, pero le estaba soltando mas veneno que una víbora.
—Le pusiste el nombre que yo quería ponerle a mi hijo a pesar de todo.
La mujer suspiró cansada—Sí, imagino que te enojó después de todo no es el sangre pura que esperabas.
—¡Bueno ya!, eso no me importa, fuí inmaduro e irresponsable lo sé... Merlín sabe que lo sé, pero quiero enmendarlo.
—¿Por qué? —insistió la castaña moviendo con inquietud los dedos sobre la mesa.
El rubio no podía decirle que ya lo había visto, de ser así metería en problemas a sus amigos y eran todo lo que tenía hasta ahora.
—Porque sí, yo quiero formar parte de su vida. Y si no aceptas, pues lo llevaré a tribunales.
La castaña rodó los ojos.
—Hazlo, a ver quién pierde más. Ya me voy, no debí haber venido —terminó colocándose en pie.
El rubio hizo lo mismo.
—¿Por qué Nicholas?, De todos los hombres del mundo. ¿Por qué él? ¿Fue para torturarme?
—No, lo creas no. No es como si debiera darte explicaciones, pero fue inesperado —aclaró tomando su bolso de la silla.
Hermione clavó su mirada sobre él.
—Hay cosas que simplemente no puedes obtener, toda acción tiene consecuencias, es momento de que aprendas eso y aprendas a vivir con ello —culminó dándose la vuelta y saliendo de aquel lugar.
Vaya que si estaba aprendiendo la lección, la mujer que había amado más que a nada lo odiaba por su culpa y con ello la oportunidad de estar con su hijo, el único que con una mirada lo había desorbitado, pero ahora tenía una jueza que lo había juzgado y aunque le doliera había ganado.
