CAP 1. LA INVESTIGACIÓN

DISCLAIMER: los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a J. K. Rowling. La trama pertenece a mi imaginación, y está escrita sin ningún ánimo de lucro.

Dos calderos burbujeaban pausadamente en el aula de pociones. Severus Snape, con calma vertió dos gotas de lágrimas de fénix en cada uno, mientras que Hermione Granger bajaba el fuego levemente con un sutil movimiento de varita. Habían pasado varios meses desde el fin de la Segunda Guerra Mágica, y contra todo pronóstico, Severus Snape había sobrevivido.

Y cómo no, pues había sido Hermione, quien con su habitual perseverancia ante todo reto, sumado a una indescriptible sensación de pérdida, había encontrado in extremis una cura para la herida causada por Nagini.

-Piense, Granger- dijo en voz queda el maestro de pociones.

Hermione, mordiéndose el labio inferior pensativa, sacudió la cabeza frustrada.

-No lo sé Señor.

- ¡Pero si ya lo hizo una vez! -Snape comenzaba a exasperarse - ¿es consciente de lo que ha hecho? -preguntó, elevando la voz.

-No... yo... ¡no lo sé! - respondió, airada.

El líquido de las pociones se tornó en un color azul oscuro. Un silencio expectante se apoderó del oscuro mago.

-Eso no debería tener ese color...

Severus Snape arqueó una ceja, incómodo, mientras se pasaba la mano por el cuello inconscientemente.

- Bien- resopló -pues tendremos que hacer llorar de nuevo a ese estúpido pajarraco- terminó, echando la cabeza hacia atrás, en gesto de rendición.

- ¡Potter! - gritó de repente Snape, haciendo que Hermione diese un brinco, con la mano sobre el pecho, sobresaltada.

Snape abrió la puerta del aula de forma brusca con un giro de muñeca, y una cabeza se asomó con precaución.

- Eh... disculpe, profesor Snape...

- ¡¿Qué pasa?!

-Yo... venía a buscar a Hermione -dijo el chico, arrepintiéndose de inmediato de haber bajado a las mazmorras- es la hora de comer y... bueno... si quieres te puedo guardar algo Hermione y...

Hermione no sabía si echarse a llorar de frustración o a reír por la cara de angustia que estaba poniendo su amigo. Se giró hacia su profesor de pociones con cara de circunstancias, decidiendo al instante que ni lo uno, ni lo otro.

-Qué sorpresa...- siseó Snape, sarcástico -Hermione Granger, ¿callada por fin? -se hizo un silencio incómodo. -Largo. Los dos.

- ¿Profesor?

-La quiero de nuevo aquí a las cinco, señorita Granger- dijo él. Con gesto cansado, hizo desaparecer el contenido arruinado de los calderos con su varita.

La alumna cogió su capa y su mochila y se dirigió hacia un nervioso Harry, que, en tensa espera, mantenía la puerta entornada. Como continuaran allí un minuto más, comenzaría a hiperventilar.

-Granger...- la chica se giró sobresaltada, pues Severus Snape se hallaba a menos de un metro de ella.

- ¿Señor? -él se inclinó hacia su alumna en actitud demandante.

-Piense.

-Lo intento, profesor- respondió con gesto frustrado.

-No lo intente. Hágalo -se giró bruscamente, dando por finalizado el encuentro.