Eran las diez y cincuenta minutos de un viernes en plena etapa de exámenes finales cuando Ishigami Senkuu apareció, como de costumbre, en la biblioteca, provocando que -tan pronto como lo viera- Kohaku soltara un suspiro de resignación.

¿Por qué siempre hacía lo mismo? Cada viernes, sin falta y cuando lo único que quería era cerrar la biblioteca de la facultad, llegaba el excéntrico científico de cabellos verdes, fresco como una lechuga, a trabajar en el computador número 5.

Lo peor era que no podía decirle que no.

Era parte del trato: él la ayudaba a cursar un ramo de física que se le hacía imposible, y ella le dejaba ocupar el computador durante el tiempo que quisiera, cuando quisiera.

Para su mala suerte, a Senkuu le gustaba trabajar los viernes en la noche, cuando ya todo el campus estaba o durmiendo o saliendo de fiesta para distenderse de una pesada semana de evaluaciones.

-Necesito usar el computador por una hora. -se acercó el joven al mostrador, sonriendo como si se estuviese burlando de ella.

Kohaku asintió, resignada, y anotó su nombre en la plantilla de registro, como si hubiese llegado a las diez en punto para que calzara con la hora en que cerraba la biblioteca.

-Anotado.

-Gracias. Y buenas noches, leona. -el peliverde dio la media vuelta y se dirigió al sector de los computadores.

-Buenas noches, bastardo. -gruñó la rubia, harta de su completa existencia.

Si bien no lo odiaba, e incluso consideraba su presencia agradable la mayor parte del tiempo, cuando no estaba de turno en la biblioteca y se encontraban en algún pasillo de la facultad, esta había sido en especial una semana dura: había tenido evaluaciones de lunes a viernes, trabajó hasta el jueves de seis a ocho en la pastelería de su tía, y entrenó de cinco a ocho de la mañana todos los días para despejar su mente del estudio, que no había terminado hasta que rindió su último examen de la semana, algunas horas atrás.

Estaba casi dormida, usando el incómodo atuendo con el que rindió su examen oral, y realmente no quería saber nada más del mundo cuando Ishigami Senkuu apareció para molestarla y tocar el último nervio que le quedaba antes de explotar.

Si estuviese del otro lado del escritorio de la recepción probablemente lo habría empujado lejos.

Kohaku sabía que si quería calmar sus impulsos violentos debía ocupar su mente en otra cosa, incapaz de simplemente dormir cuando el contrato se lo prohibía específicamente, por lo que, poniéndose de pie con dificultad, restringida por la ajustada falda que había decidido colocarse y quejándose de sus afilados tacones, se dirigió al sector de los libros para ordenarlos hasta el lunes de la semana siguiente.

Por alguna razón, eso lograba calmar sus ánimos muy eficientemente. No trabajaba en la biblioteca solo por el dinero que le pagaban, después de todo.

-¿No te vendría mejor dormir un poco? No diré nada si lo haces. -la voz del peliverde la sorprendió un poco, pero evitó mostrarse asustada.

-Métete en tus propios asuntos, Ishigami. -Kohaku bufó, sin mirarlo. -¿Necesitas algo?

Senkuu negó con la cabeza.

-A ver, no quieres que cierre yo la biblioteca, ni dormir aquí, aunque apenas te puedas mantener en pie.

-¡Ja! ¡Claro que puedo mantenerme en pie! -exclamó la rubia, mirándolo indignada.

Mierda. ¿Por qué tenía que, además de todo, ser tan atractivo? Sobre todo cuando sonreía de esa manera.

-Lo que me vendría bien sería que dejaras de venir a estas horas. -Kohaku decidió responder a su primera pregunta esta vez.

Pero en lugar de reír o darle una ocurrente respuesta, Senkuu fijó la vista en el mueble, que había comenzado a tambalearse notoriamente cuando Kohaku apoyó un pie en la sección inferior, y caminó para sostener -como si pudiera- el peso del librero.

Probablemente, si Kohaku no estuviese en un estado tan deplorable, habría logrado sostenerse a sí misma, y no tener que depender de la mano de Senkuu en su cintura para evitar su caída.

-¿Estás bien? -le preguntó el científico, mirándola fijamente.

Era extraño pensar que Senkuu fuese una cabeza más alto que ella, sin contar los tacones que se había puesto ni su extraño cabello. Kohaku lo miró desde su altura con algo de curiosidad.

Jamás había estado tan cerca de Ishigami Senkuu, y no podía decir que le desagradaba su aroma y el calor que emanaba su mano sobre su cintura, desnuda porque la blusa que llevaba puesta llegaba hasta su ombligo.

-Claro que estoy bien… ¿quién crees que soy?

Joder, le encantaba su sonrisa.

-La leona, por supuesto.

Kohaku entrecerró los ojos, sin saber si se sentía ofendida o halagada por la forma en que Senkuu le hablaba, y sintió la sangre subirle a las mejillas cuando sintió la mano del peliverde aferrándose aún más a su cintura.

Sabía que si le decía que la soltara, él lo haría. Sin embargo, mentiría si dijera que no le agradaba para nada estar tan cerca de él.

-Esos tacones se ven diez billones por ciento incómodos. -le comentó Senkuu ladeando su cabeza e inclinándose ligeramente hacia ella. -Vas a caerte si los tienes puestos.

-Te he dicho que te preocupes de tus propios asuntos, ¿no?

-Muchas veces. -su mirada era seria ahora, y parecía estar tanteando el terreno, intentando descifrar si sus dedos acariciándole la cintura suavemente estaba bien con ella. -La verdad es que solo me gusta molestarte.

-Ajá. Finalmente lo admites. -Kohaku replicó con suficiencia, pero tragó saliva cuando Senkuu sonrió ampliamente, y sintió su piel erizarse de inmediato.

Ese hombre quería matarla, y probablemente sabía lo que le estaba causando.

-¿Qué te causa tanta gracia? -la joven bibliotecaria sacudió sus hombros, indignada.

No dejaría que nadie jugara con ella de esa manera.

-Que finges odiarme, pero no lo haces.

-¿Y quién crees que eres tú para decirme cómo me siento con respecto a ti? -Kohaku se alejó repentinamente de Senkuu, solo para ponerse ahora de frente a él y recriminarlo.

Pero el científico volvió a acercarse a ella, de manera que la rubia quedó de pie entre el estante y su cuerpo, que irradiaba un sofocante calor.

Kohaku solo lo miró a los ojos, sin saber qué esperar, con la cabeza dando vueltas sin parar.

-No me has alejado de ti. No me has dicho que me vaya. Y definitivamente no pareces incómoda conmigo.

La rubia brincó en su lugar cuando sintió la mano de Senkuu nuevamente sobre su cintura, pero no hizo nada por detenerlo. Estaba adrenalínica: más que nada porque aún no había algo concreto y no sabía realmente qué estaba intentando el científico, quien la miraba intensamente mientras continuaba acariciándola inocentemente con una mano, sin parecer querer dar un paso más. Y le gustaba tanto la sensación de todo su cuerpo estremeciéndose en anticipación que prefirió no hacer ni decir nada.

También cabía la posibilidad de que Senkuu estuviese jugando con ella: no conocía aún los límites de su crueldad.

-Voy a volverme loco aquí. -la mano libre del científico subió a su mejilla para darle una pequeña caricia con el reverso de la mano, y Kohaku solamente pudo estremecerse.

Le era difícil asimilar la posibilidad de que Ishigami Senkuu realmente se sintiese atraído hacia ella, y solamente reaccionó cuando, tras no recibir respuesta, le quitó las manos de encima y comenzó a alejarse lentamente.

Kohaku no estaba en condiciones de dejarlo ir: no cuando estaba mirándola de esa manera que siempre triunfaba en hacerla sentir mareada y deseosa. Así que, armándose de valor, lo tomó del cuello de su bata científica y le plantó un torpe beso en los labios.

-Senkuu, yo… -la joven intentó hablar, sintiéndose obligada a dar explicaciones una vez que se separó de él, pero el peliverde parecía estar respondiendo más rápido que ella a sus propios impulsos, ya que la calló devolviéndole el beso, acercándola por la cintura y empujándola contra el librero.

Kohaku escuchó varios libros caer, pero no podía importarle menos cuando recibió, sedienta, la lengua de Senkuu dentro de su boca, explorándola tímidamente, mientras con su mano libre le acariciaba la mejilla.

No sabía si le gustaba o le frustraba el contraste de la manera en que la sostenía, tan cuidadosamente, y el incontrolable deseo que tenía la joven bibliotecaria por saltarle encima. Definitivamente no esperaba recibir ese tipo de caricia de su parte, cuando desde que se conocieron su única entretención era enseñarle de ciencia y molestarla.

Kohaku intentó relajarse y disfrutar de las nuevas emociones que Senkuu suscitaba en ella, abriendo los ojos ligeramente para encontrarlo sonrojado, mirándola con los ojos semicerrados.

La rubia se dio cuenta de que era posible que el científico nunca hubiese estado en una situación como esta, conociendo su constante sarcasmo y desinterés por cualquier persona que se le acercase con intenciones románticas. Esto la impulsó a mover sus manos hacia abajo para tocar su pecho por encima de la ropa y jugar con los botones de su camisa, queriendo ver un poco más de su piel, a la vez que intentaba acelerar un poco el ritmo del beso.

Senkuu se separó de ella cuando una particular arremetida de su lengua lo hizo gruñir, y se quedó mirándola entre sorprendido y divertido, aunque para Kohaku no pasó desapercibida la manera en que intentaba normalizar su propia respiración.

¿Era mucho para él? ¿Estaba siendo muy arriesgada? La joven lo miró atentamente, queriendo grabar el momento en su mente, pero luego el científico volvió a inclinarse hacia ella y juntar sus labios antes de introducir nuevamente su lengua, haciéndola suspirar.

Ahora sí le molestaba el hecho de que las manos de Senkuu siguieran en su cintura y mejilla, indecisas de moverse más, por lo que decidió tomárselas ella misma y guiar la que estaba su cintura un poco más arriba, levantando su blusa en el camino para dejarla bajo su pecho, y arqueando su propia espalda para estar más cerca de él. El científico comprendió inmediatamente lo que quería y la acarició lentamente hasta tocarle los pechos por encima del sostén, mientras que le permitía a Kohaku incrementar la intensidad de su beso.

La otra mano de Senkuu fue más autodidacta: se encargó de desabotonarle la blusa lentamente hasta el último botón y de juguetear con el comienzo de su falda.

La joven bibliotecaria pegó un brinco cuando sintió los dientes del peliverde rozarle los labios a la vez que escondió los dedos bajo la tela de su sostén y le dio un ligero apretón, sin llegar a entender del todo como Senkuu pasó de no tocarla más allá a estimularla de esa manera.

-Esa falda se ve incómoda. -fue lo primero que habló cuando se separó de ella, por segunda vez, solo para llevarle los labios al cuello.

Kohaku rio.

-Tú sabes lo que siempre te he dicho, Senkuu.

El científico pasó su lengua por lo largo del cuello de la bibliotecaria, haciéndola estremecer, y se separó de ella luego solo para mirarla de pies a cabeza atentamente, mientras Kohaku se mostraba entre indignada y excitada.

-Lo sé. Debo meterme en mis propios asuntos. -replicó él, y esta vez corrió la copa de su sostén de lado para mirarla. -Pero sinceramente, preferiría meter mis manos debajo de tu falda.

Kohaku empujó levemente al científico por el hombro, sin poder evitar que una sonrisa traviesa se formara en su rostro.

-Podría hacerlo toda mi vida… -continuó Senkuu, mirándola a los ojos con un semblante serio.

¿Qué significaba eso? ¿Era alguna especie de propuesta? ¿Una confesión? Kohaku le sostuvo la mirada con la misma expresión.

Fuera lo que fuera, sentía que estaba dispuesta a aceptar.

-Me parece bien. -la joven habló con la voz más aguda de lo normal, provocando una amplia sonrisa en el peliverde.

-Perfecto. -murmuró Senkuu, y comenzó a bajar ambas manos, lenta y tortuosamente, por su piel y lo que le quedaba de ropa, para finalmente meterle los dedos por debajo de la falda y comenzar a levantarla para explorar la piel de sus muslos.

Su mirada, intensa y atenta en ella, provocaron en Kohaku sentimientos encontrados, que no por eso eran menos intensos. Realmente parecía que Senkuu la quería, de distintas maneras, y esta solo era una. Y al parecer, ella sentía algo similar, por cómo estaba volviéndose loca desde que el peliverde la tocó por primera vez para evitar su caída, disfrutando cada minuto y dispuesta a entregarse por completo.

¿Alguna vez se había sentido así de desesperada por alguien?

Senkuu masajeó los glúteos de Kohaku suavemente, atrayéndola hacia su cuerpo antes de volver a besarla en la boca, imitando con su lengua los lentos movimientos de sus manos, que se acercaban cada vez más a su entrepierna por detrás, sin llegar a tocarla donde lo necesitaba.

La bibliotecaria se quejó, y el científico se separó de ella, respirando pesado.

Fue la misma Kohaku quien guio las manos de Senkuu hacia su centro, llevándolas hacia adelante, e hizo presión sobre su clítoris cubierto por la tela humedecida de sus bragas. Y más que completa vergüenza, ver el gesto de sorpresa del científico le causó satisfacción.

Senkuu volvió, por su cuenta, a hacer presión justo en el punto que ella le había indicado, y con la mano que tenía libre levantó su pierna izquierda hasta que Kohaku la mantuvo rodeándole la cintura, logrando un mayor acceso a su intimidad.

-Senkuu… -Kohaku ronroneó el nombre del científico cuando este parecía debatirse entre seguir tocándola por encima de la ropa o correrla hacia un lado y sentirla directamente.

Su interior había comenzado a aferrarse a nada, y la rubia sentía que necesitaba un poco más de él.

O, para qué mentir: ahora mismo, Kohaku lo quería todo de él.

-Por favor… -insistió la bibliotecaria, moviendo su pelvis más cerca de él, sin poder llegar a sentir el evidente bulto que se había formado entre sus piernas.

-Kohaku. -Senkuu murmuró su nombre, y era probablemente la primera vez que lo escuchaba decirlo.

Sonaba perfectamente bien.

-Jamás he hecho esto antes. -confesó, acomplejado.

Ah, Senkuu era realmente adorable cuando se lo proponía.

-Yo te enseño. -Kohaku propuso suavemente, y se acercó al rostro del científico para regalarle un pequeño beso en la mejilla. -Solo… quítame esto. -guio una mano hacia sus bragas, indicándole que las quería fuera.

Senkuu no pudo hacer más que obedecer, y tomó los costados de la prenda para bajarlos hasta que cayó sola al piso, luego de que Kohaku volviera a colocar su pierna en posición vertical.

El frío aire nocturno que se colaba por las ventanas de la biblioteca provocó que la rubia temblase, y solo entonces recordara que se encontraba en su propio espacio laboral, con las piernas semiabiertas y un tipo de cabellos verdes mirándola fijamente.

-No hay nadie a esta hora. -comentó Senkuu, notando que la mirada de Kohaku se desvió hacia la salida. -¿Quieres parar?

La joven bibliotecaria negó enérgicamente con la cabeza, provocando que el científico riera. Sin embargo, se quedó en silencio tan pronto como Kohaku guio una de sus manos hacia su vientre, y comenzó a bajarla hacia su sexo para tocarse a ella misma a través de la mano ajena.

El peliverde gruñó apreciativamente cuando la rubia gimió ante un movimiento rebelde de su dedo sobre ella, que rozó directamente con su clítoris. Realmente aprendía rápido, e imitaba a la perfección los movimientos de Kohaku, intercalando entre estimular su botón de nervios y rodear su entrada, por lo que la joven decidió dejar que él continuara.

Por mientras, se ocuparía de acariciar el bulto de su pantalón con los dedos y deshacer el amarre de su cinturón para quitarle la ropa.

Kohaku pegó un brinco cuando Senkuu introdujo un dedo dentro de su canal vaginal, sin dejar de estimular su clítoris, en el mismo momento que ella había logrado desnudarlo de la cadera para abajo y acariciar su glande con el dedo pulgar.

-Lo siento. -murmuró él sobre su oído, repartiendo constantemente besos por su cuello, su boca y sus hombros.

-¿Por… qué? -Kohaku respiró agitadamente. Senkuu estaba tocándola extremadamente bien.

La rubia rodeó el miembro del peliverde con una mano y comenzó a masturbarlo, usando su dedo pulgar para esparcir sus fluidos por lo largo de su sexo.

-Aún me cuesta creer que estamos haciendo esto. -Senkuu le comentó grave y en un hilo, a la vez que sumaba un dedo en su interior. -No pensé que mis patéticos esfuerzos de conquistarte hayan dado fruto.

Kohaku lo miró a los ojos, confundida.

¿En serio había estado coqueteando con ella todo este tiempo? ¿Llamarla leona y molestarla constantemente?

¿Qué lógica tenía eso? Ninguna. Y sin embargo, había funcionado.

-Lo siento por ser un imbécil. -Senkuu continuó, y mordió su hombro de manera casi posesiva.

-Senkuu… -Kohaku sintió que su interior se contrajo alrededor de los dedos del científico, y su mano se movió inconscientemente más rápido alrededor de él. -Me gustas así. -le confesó, apretando sus labios cuando dio rienda suelta a su placer, y se corrió alrededor de sus dedos, mientras el científico se dedicó a besarla desesperadamente.

Su orgasmo se aplacó minutos después, ya que Senkuu seguía prolongándolo, y bajó su pierna -que aún permanecía en el aire- cuando ya no pudo sostenerla más. Todo su cuerpo se sentía tembloroso y satisfecho.

Pero Kohaku no iba a dejar que esto terminara así. No cuando Senkuu aún estaba imposiblemente duro, y no habían hecho ni un cuarto de todo lo que podrían. Así que, reacomodando un poco su falda, tomó al peliverde de la mano, lo guio de espaldas a uno de los mesones de estudio, y lo sentó allí, antes de volver a besarle los labios con calma, intentando reconstruir el ambiente y hacer crecer su deseo.

No pasó mucho tiempo hasta que comenzó a mojarse nuevamente, y entonces se separó de él para comenzar a bajarle los pantalones y arrodillarse en el suelo alfombrado, entre sus piernas.

Senkuu la miró con sorpresa cuando se dio cuenta de lo que la rubia estaba por hacer, y tragó aire cuando Kohaku asomó su lengua y lo lamió desde la base hasta la punta lentamente, llevándoselo a la boca cuando el peliverde comenzó a mover sus caderas hacia ella.

-Leona… -gimió él. Su aspecto desarreglado y su voz lujuriosa indujeron a Kohaku a cerrar sus ojos y disfrutar de tenerlo así: a su merced.

Jamás había sido muy fan de las felaciones, pero este era un caso particular. Parecía que Senkuu estaba hecho para ella, y necesitaba probarlo de todas las maneras posibles.

Sintió la mano de Senkuu acariciarle la nuca suavemente, llamando nuevamente la atención hacia su rostro.

-Ven aquí. -murmuró él, y Kohaku se detuvo, para ponerse de pie.

-¿Todo bien? -la rubia se limpió los labios con el reverso de su mano.

Pero Senkuu no le respondió, tan solo la guio por la nuca hasta juntar sus labios con los de ella, y acercarla a él de manera que estuviesen lo más pegados posible. Pronto, sus dedos comenzaron a juguetear con los pezones semicubiertos de Kohaku, y también a tocarla suavemente entre las piernas.

La bibliotecaria supo lo que quería inmediatamente, y trepó al mesón sin mucho esfuerzo, apoyando sus rodillas a cada lado de su cuerpo. Senkuu se separó de ella solamente para mirarla, fijamente, a los ojos.

-Está bien. Estoy protegida. -Kohaku murmuró, y le dio un corto beso en la mejilla.

Senkuu asintió efusivamente.

Realmente no se le estaba dando hablar en lo más mínimo, y solo podía causarle gracia el contraste con su arrogante forma de ser.

Parecía estar a punto de desarmarse cuando Kohaku comenzó a bajar por su miembro, y a contraerse alrededor de él antes de bajar por completo, hundiéndolo dentro de ella. Pero mentiría si dijera que ella no se sentía igual: Senkuu lograba llenarla por completo, e incluso alcanzar puntos que antes no conocía, y cada vez que levantó sus caderas, lo sentía latir. Tenía también los dedos incrustados en sus caderas, de manera que probablemente dejaría marcas, y que se sumarían a la que ya había provocado en su hombro.

Kohaku ahogó un grito en la boca del científico cuando este comenzó a estimularle el clítoris con los dedos, y se corrió escandalosamente, sintiendo cómo mojaba las piernas de Senkuu en el intertanto, quien la siguió segundos después, derramándose en su interior en tres estocadas, y terminando de empapar el mesón.

Se quedaron así, extáticos, mirándose, y respirando pesadamente.

-¿En serio te gusto? -Senkuu fue el primero en hablar, abotonándose la camisa mientras Kohaku se agachaba a buscar su ropa interior del suelo.

-¿En serio necesitas preguntar? -la rubia sonrió de costado, vistiéndose ante la mirada del científico, que pretendía ser desinteresada pero no se convencía ni a él mismo. -Sí, Senkuu. Me gustas. Me gustas bastante.

-Qué bien. Porque mi padre cree que eres mi novia.

Kohaku se volteó a verlo sin esperar que su rostro delatase que no le estaba mintiendo.

-Estás invitada a almorzar a su casa mañana.

-¡Ja! -Kohaku exclamó. -Tienes suerte de que te diga que sí, bastardo.

Senkuu sonrió ampliamente.