Parecía que no importaba si vivían un siglo entero, estaban condenados a lo mismo: vivir siendo medios hermanos y amarse en secreto. Inuyasha sabía que no estaba bien, lo sabía, pero no era capaz de cambiar sus sentimientos.

Vivía con Sesshomaru después de que su padre falleciera. Su madre tenía una prolífica carrera como actriz y viajar era su pan de cada día, en cambio, Inuyasha quería algo más estable y Sesshomaru era su única opción.

Inuyasha todavía iba a la universidad y no quería estresarse con el trabajo y los estudios, pues sabía que no le iba a dar la cabeza para todo. Se conocía bien como para exigirse más de la cuenta. Así que hasta que terminara la carrera y pudiera conseguir un trabajo fuera de la empresa. Su padre, era el CEO de una empresa de videojuegos y a su muerte, Sesshomaru había quedado a cargo de ella.

Lo cierto es que quería irse. Él creía que poner distancia serviría. Inuyasha tenía fuertes sentimientos por su hermano y no solo era malo porque eran dos hombres, sino porque eran familiares. Si bien, solo compartían genes por parte de su padre, no hacía menos prohibida su relación. Inuyasha se maldecía internamente por tener sentimientos tan intensos, oscuros y prohibidos. Era censurable todo lo que sentía y sabía que no había sido únicamente ahora. Él, hacía tiempo había tenido varios sueños de él y Sesshomaru en Otra época, vistiendo kimonos y luchando en un lugar que parecía alejado de la población. Los sueños eran recurrentes, como si fueran recuerdos suyos y de él.

Con el tiempo, empezó a intentar quitarse está idea de que era algo significativo, solo pensaba que era su deseo frustrado por su hermano, sin embargo, los sueños continuaban y se volvían tan intensos que hasta dudaba de su salud mental. Cuando aquellas memorias llegaron a él cuando estaba despierto, empezó a buscar ayuda en los libros. No quería hablarlo con alguien por miedo a que lo juzgarán, así que iba a la biblioteca a leer. Y ahí fue donde encontró ese libro que hablaba sobre vidas pasadas, hasta tenía algunas métodos poco confiables para averiguar sobre ello. Inuyasha nunca se lo había planteado con claridad hasta ese momento y apenas leer el libro, lo cerró y lo dejó en el estante, corriendo fuera. Pero se detuvo en la puerta y volteó. La curiosidad era fuerte para él y aunque le daba miedo confirmar algunas cosas, no iba a quedarse de brazos cruzados y aún con todos sus sentidos alertándole que era una estupidez, volvió por el libro y se lo llevó a su casa.

Al llegar, vio a Sesshomaru viendo la televisión en el sillón de la sala. Inuyasha, que iba directo ahí, lo vio y pasó de largo. No quería estar ahí, bueno, en realidad, sí quería. Pero cada vez que pasaba tiempo al lado de su hermano, todo se volvía extraño y él, lo veía con otros ojos y saber que no podía hacer nada para calmar ese deseo de tocarlo y querer estar a su lado, no ayudaba en nada. Ahora mismo, al verlo soltarse el botón superior y dejar ver más su cuello había sido una locura. Inuyasha sintió su corazón latir desbocado y apenas pudo taparse la cara con una mano y subir las escaleras.

Sesshomaru, que lo vio correr como perro asustado, quedó mirando las escaleras vacías preguntándose qué le había sucedido. Sin embargo, quedó un rato más en el sillón viendo las noticias antes de levantarse y preparar la comida.

Al rato, subió para llamarlo a comer juntos.

A pesar de que era una rutina compartir la mesa, últimamente, Inuyasha intentaba evitarlo para poder manejar mejor sus sentimientos. Incluso, dejaba de estar cerca cuando Sesshomaru cocinaba, ¡se veía extremadamente sexy con el delantal preparando la comida! Incluso, hasta como saboreaba la preparación mientras la condimentaba era increíblemente sensual. Inuyasha intentaba dejar esos pensamientos lascivos de su mente, pero no lo conseguía con eficacia, terminando por hacer lo único que sabía hacer en ese entonces: evitarlo.

—¿Tienes algún problema en la universidad? —preguntó Sesshomaru, luego de dejar la comida de Inuyasha y servirse él. Se sentó y lo miró tomando los palillos.

Inuyasha se sobresaltó por esa pregunta y se quedó viendo la comida sin atreverse a levantar la vista. No esperaba su preocupación ni que lo notara extraño. Y se reprochó mentalmente que eso sucediera ¡Si él actuaba extraño! ¿Cómo alguien como Sesshomaru no iba a notarlo?

—No, estoy bien. Solo algo agobiado por los exámenes —mintió y bebió el agua de un solo golpe. De repente, la garganta se le había secado y al ver a Sesshomaru con aquella calma, lo envidiaba. Él muchas veces reaccionaba mal y de manera impulsiva, torpe por no saber medir sus emociones, pero su hermano era otro cantar. Lo admiraba por esa templanza de su carácter.

—Si pasa algo, dilo. No andes como chihuahua asustado por la casa —y la mirada ámbar de Sesshomaru se clavó en Inuyasha como una espada.

—¿A quién le dices chihuahua?

—A ti, idiota —respondió sin alterar su tono de voz, a diferencia de su hermano que ya gritaba como si estuviera dispuesto a pelear.

—¡Tú eres el idiota!

—Come y no ladres —siguió Sesshomaru, señalando la comida.

A pesar de que Inuyasha se había molestado, gracias a esa pequeña discusión con Sesshomaru, se relajó por completo y se quitó de encima el ambiente tenso que él mismo generaba con sus actitudes. Mismo, pudo comer con una agradable sensación encima y sonreír. Después de todo, no era tan malo estar enamorado de Sesshomaru, aún si habían sido pareja en su vida pasada y ahora ninguno de los dos lo recordaba, Inuyasha iba a atesorar eso en su corazón y por ahora, pensó en conservar momentos así con él.

Aunque fuera el tiempo que pudiera vivir a su lado hasta graduarse.


Las luciérnagas salían de la hierba e iluminaban la oscuridad del bosque. La luna era cubierta por las fugaces nubes: iba a llover. El olor de la tierra mojada se sentía en el aire, aun así, él estaba esperándolo ahí, sentado mirando el cielo.

—Ese maldito —murmuró Inuyasha apretando el puño mientras cerraba los ojos. Estaba molesto de seguir ahí sin obtener nada.

—¿A quién llamas maldito? —preguntó tras él Sesshomaru.

De un salto, Inuyasha se puso de pie, levantando el puño y reprochándole que llevaba horas esperándolo y hasta ahora a él se le daba por hacer acto de presencia. Sesshomaru, lejos de responder a todos los improperios que le decía Inuyasha, lo agarró del puño, jalándolo al frente y con su otra mano, lo sujetó de la cintura y lo atrajo hacía él y antes de que pudiera seguir insultándolo, lo calló con un beso. Inuyasha lo rechazó, todavía estaba enojado con él como para ceder tan rápido a su toque, pero Sesshomaru no tenía intención alguna de discutir ni mucho menos de soltarlo.

Él abrió su boca y finalmente, cedió a los deseos de su hermano mayor sin pelear por más tiempo. Era inútil considerando que él había deseado estar entre sus brazos desde el momento que llegó ahí, quizá, desde mucho antes. Pero quería reprocharle la espera y pensaba hacerlo. Lo rodeó por el cuello e Inuyasha jugó con su lengua con la de él y cuando sus labios volvieron a posarse encima suyo, lo mordió con una sonrisa triunfal en el rostro.

En ese momento, se despertó. El sueño había sido demasiado real y lo había vivido de manera tan intensa que Inuyasha estaba envuelto en sudor, aún con la sensación del beso en sus labios. Los recorrió con la yema de sus dedos y cerró los ojos, reviviendo el momento en su cabeza. Se tomó su tiempo antes de levantarse e ir a la ducha: necesitaba un buen baño para despejar la cabeza de una vez por todas.


—¿Te llevo? —preguntó Sesshomaru tomando las llaves después de desayunar. Como pocas veces coincidían para ir juntos, Inuyasha solía tomar el colectivo para llegar a la universidad, pero ahora podía hacer algo de tiempo para acercarlo.

—No, gracias —dijo rápido Inuyasha— tengo que pasar por la casa de Kagome y pedirle unos apuntes.

Él no volvió a preguntar, despidiéndose luego de agarrar su portafolios. Inuyasha suspiró con alivio después de eso. No iba a poder seguir consiguiendo excusas toda la vida, así que debía encontrar una forma de enfrentar sus sentimientos, pero no sabía cómo realmente. De haberlo podido hablar con alguien, pediría ayuda, pero ¡Estaba enamorado de su hermano! Medio hermano, pero no lo hacía más tolerable a aquello. Seguro si alguien se enteraba, iba a ser visto como una escoria, así que prefería mantenerlo en secreto. Al menos, por ahora.


—¿Ya te vas? Es viernes, salgamos —dijo Inuyasha al ver a Kagome guardar sus cosas para volver a casa. La joven suspiró.

—¿Qué quieres hacer?

—Vamos a tomar algo —pidió con una sonrisa y recobrando el entusiasmo. Kagome al principio se negó, si salían, quería ir a comer, así que terminaron en algo a medias: irían a un restaurante a comer y beber para salir complacidos los dos.

El lugar que habían elegido era bonito y bastante privado con las mesas en espacios separados, así que ambos estaban solos, pareciendo una cita. De no haber sido amigos desde hacía años, lo verían extraño.

Apenas llegó el mesero, Inuyasha pidió cerveza y barbacoa. Quería pasar un buen rato y aunque fuera una comida un poco cara, no le importaba con tal de demorarse para regresar a la casa.

—Me gusta alguien —soltó Inuyasha tras terminar la primera botella de cerveza. Kagome se sorprendió y por un momento, sintió algo de esperanzas— nos conocemos desde que tengo memoria y es un poco... extraño. Pero, ya no sé cómo lidiar con esto que siento —dijo con pena, abriendo otra botella y sirviéndose.

Kagome lo entendía a la perfección. Ella pasaba por lo mismo, pero no tenía el valor para decir sus sentimientos de frente por miedo a romper aquello que tenía con él. Podía ganar un novio o perder a su mejor amigo y no quería jugarse todo y perder, eso no. Pero si Inuyasha daba el primer paso… era otro tema. Aunque estuviera borracho, no le importaba.

—Deberías decírselo —lo animó ella y tomó la mano de él, recorriendo sus dedos con los suyos.

La mirada perdida de Inuyasha se centró en la mano pequeña de la mujer y la comparó con las suyas. Con Sesshomaru debía ser algo similar, él era mucho más alto y corpulento que él.

«¿Soy la mujer?» pensó Inuyasha y bebió todo de golpe, sin tomarse un segundo para respirar siquiera.

—Debería…

—Deberías hablarlo, Inuyasha. Es mejor jugársela y ver como resulta todo, a lo mejor y hasta te corresponde —lo animó ella y obtuvo una sonrisa de su amigo.

—Tienes razón, ¡Brindemos! —gritó levantando la copa y al darse cuenta de que estaba vacía, volvió a servirse, pero ya se había acabado la bebida. Kagome lo detuvo de pedir otra cerveza más y pidió un taxi para ir a casa, debía llevarlo y evitar que terminara perdido o haciendo una estupidez.

Al llegar a la casa de Inuyasha, vio a su hermano salir a recibirlos. Kagome llevaba a Inuyasha apoyado en su hombro, intentando que no se cayera. Sin embargo, Sesshomaru la ayudó y rápido lo cargó en brazos.

—¿Qué le pasó? —preguntó a la mujer.

—Se pasó un poco de copas —dijo algo apenada de dejarlo en esas condiciones. Sesshomaru la invitó a entrar y dejó a Inuyasha en el sofá, sacando su billetera para pagar el taxi hasta ahí.

—Gracias por traerlo. Toma —le entregó el dinero. Kagome lo rechazó y ante esa negativa, Sesshomaru hizo algo más drástico: salió y le pagó al chofer sin fijarse en el taxímetro.

—¡No hacia falta! —exclamó ella con vergüenza— yo podía pagarlo.

—Lo sé, pero no podía dejar que lo hicieras —se negó él y abrió la puerta del taxi— cuídate.

Sesshomaru la esperó a que subiera y cerró la puerta, volviendo a la casa. Al entrar y cerrar la puerta, fue directo a la sala y vio a Inuyasha tirado en el suelo.

—Idiota —dijo frotándose los ojos y acercándose hasta él. Lo levantó y frunció la nariz— apestas a alcohol.

Molesto como estaba, lo llevó escaleras arriba y al llegar al descanso, Inuyasha lo agarró del cuello y acarició su nuca, lamiendo su mejilla.

—¡¿Qué demonios?! —dijo exasperado al tener ahora saliva en su mejilla.

—Me gustas —su voz sonó temblorosa y cortada. Apenas podía hablar bien por el alcohol— desde hace mucho que te quiero y no como un hermano, como hombre. Te amo, te amo y estoy harto de fingir que no siento nada por ti —tembló al intentar ponerse de pie y cayó sobre el pecho de Sesshomaru, quien lo atrapó y golpeó la cintura contra el barandal de la escalera. No sabía qué decir, aquella confesión lo había tomado tan de sorpresa que… no podía articular una palabra.

—Inuyasha —dijo su nombre con seguridad, aunque sonó a pregunta que quedaba flotando en el aire. Él no respondió, se había quedado dormido en sus brazos y ahora, no escuchaba nada.

Maldiciendo en veinte idiomas, Sesshomaru volvió a cargar a Inuyasha y lo llevó hasta la cama. Lo acostó y lo arropó bien y luego, fue por un paño húmedo para limpiar su cara. Estaba cubierto de una ligera capa de sudor y babeaba con una sonrisa estúpida en la cara.

—Tienes que lanzar una bomba y quedar inconsciente —se lamentó y se sentó a su lado. No iba a poder dormir, no. Sesshomaru tenía mil cosas dándole vueltas por la cabeza. Ahora, le cuadraba mejor todo lo que había hecho Inuyasha. Su extraña actitud y lo poco que compartían juntos últimamente, incluso, lo tenso que se veía cuando estaba a su lado: le gustaba.

Él, tocó su mejilla, justo donde Inuyasha lo había lamido antes y se quedó mirándolo. Dormía de manera tan angelical y él tenía un humor de perros. Hambriento de respuestas y consumido por la incertidumbre, se limpió la mejilla. Todo volvía como hojarasca, todo lo que sentía y sus recuerdos. Inuyasha desde el día que había llegado a su casa y había desbloqueado en su memoria un sinfín de escenarios donde ellos estaban juntos. Pero eran hermanos y Sesshomaru estaba casi seguro de que Inuyasha lo odiaba, ¡jamás imaginó que de verdad quisiera romper la barrera fraternal que los unía e ir más allá!

Miró el reloj de pared, apenas eran las dos de la mañana y estaba más ansioso que antes. Volvió a mirar a la cama y comprobó que su medio hermano seguía durmiendo. Se levantó y fue por un té, necesitaba serenarse, ordenar sus pensamientos y esperar a que la mañana llegara para brindarle las respuestas que le hacían falta.


Eran casi las ocho de la mañana cuando Inuyasha abrió los ojos con un terrible dolor de cabeza. La habitación estaba un poco oscura y a un lado de él, vio sentado a Sesshomaru, con los brazos apoyados sobre sus rodillas y una expresión de ansiedad y nervios, algo poco común en él.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Inuyasha levantándose un poco de la cama.

Sesshomaru volteó y lo tiró de nuevo de espaldas. Su cabello largo cayó por encima de su hombro y unos mechones quedaron sobre la mejilla de Inuyasha haciéndole cosquillas. Los ojos ámbar estaban ansiosos por respuestas, ¡lo necesitaba!

—¿Es cierto todo lo que dijiste anoche? —escrutó su mirada con la de él. Sesshomaru se mantuvo en la misma postura, sin ánimos de levantarse o moverse un poco hasta saciar sus dudas, sin importar cuando fuera.

Inuyasha se quedó pensando y haciendo memoria.

—¿Qué dije anoche?

—Me amas. Y no como hermano ¿es cierto? —Esperó impaciente por una respuesta clara, pero Inuyasha solo lo miró asombrado y con el sonrojo de sus mejillas a tope, corrió el rostro, tapándose la cara con las manos— ¿Me amas? —preguntó en tono de plegaria. Sesshomaru estaba a punto de colapsar en ese preciso instante.

—Me duele la cabeza —dijo Inuyasha y antes de que pudiera decir otra cosa, su hermano insistió en una respuesta— te amo. Y entiendo si no quieres volver a verme de nuevo.

Esas palabras fueron las que colmaron la paciencia de Sesshomaru. Podía entender los sentimientos de Inuyasha porque él estaba igual en todos los aspectos. Siempre se negó cualquier emoción porque él podía odiarlo y no querer verlo nunca más. Pero ahora, no. Hizo que volteara y quedara boca arriba, así, frente a frente, descansó sus labios sobre los de él, sosteniendo sus manos para que no intentara escapar lejos de él y usando su cuerpo para mantenerlo recostado en la cama. Con dulce parsimonia, disfrutó del sabor de los labios de su hermano. Tanto había anhelado tenerlo entre sus brazos que ahora que sabía que sus sentimientos eran correspondidos, no iba a detenerse.

El alivio de dos corazones que llevaban una pesada carga se disolvió mientras sus alientos se mezclaban. Sus frentes quedaron una contra la otra durante un momento, antes de sentarse los dos en la cama y charlar un poco sobre lo sucedido. Sesshomaru lo rodeó con uno de sus brazos mientras Inuyasha recostaba su cabeza en su pecho. El sentir el latido del corazón de Sesshomaru lo relajó e hizo que se fuera olvidando poco a poco de todos los malos sentimientos.

—En serio, si hubiese sabido que sentías lo mismo, entonces, yo —balbuceó Inuyasha. Su hermano posó su dedo pulgar en su mentón, hundiéndose en el hueco de éste y bajándolo junto a su mandíbula, lo besó de nuevo. Un beso más apasionado e intenso, donde sus lenguas entraban en juego y el ambiente se volvía más erótico y caluroso. Poseído por una especie de furor que nacía de su interior, recostó a Inuyasha de nuevo en la cama, había pasado tanto tiempo y lo había deseado tanto que no estaba seguro de poder aguantar más.

Bajó por su cuello y se metió por la camisa de su hermano, desabrochando los botones para dejar al descubierto el pecho de Inuyasha. La piel blanca contrastaba con la camisa roja que usaba y se veía mucho más pálido que de costumbre, así mismo, el sonrojo de sus mejillas al sentir los labios de su hermano besar sus pectorales lo hizo gemir. Apenas había sido un roce y ya lo ponía de esa manera…

Sesshomaru se sintió poderoso gracias a eso, quitándole el pantalón de un solo tirón y recreándose en los divertidos gestos que hacia su hermano menor. Volvió a besar su pecho, sus brazos, hasta lamió cada uno de sus dedos mientras el corazón latía frenético esperando por más. Inuyasha estaba sólo con el bóxer y gracias a eso podía ver la erección atrapada entre la delgada tela. Él posó su mano en su bulto y movió la palma por encima de la tela. De nuevo, la voz de Inuyasha escapó de manera aguda y sensual.

Inuyasha estaba avergonzado, tanto así que tapó la boca con sus manos y fue su hermano quién las quitó, besando las palmas.

—No te contengas, quiero escuchar tu voz —pidió y volvió a acariciar su entrepierna hasta quitar los bóxers. Bajó por sus piernas junto con la prenda y aprovechó que quedó por los pies y observó la vista de su hermano desnudo con la erección fuerte y firme esperando por él.

Acarició sus piernas y las abrió para quedar en medio. Sesshomaru se agachó, colocando su cabello detrás de su oreja antes de inclinarse y besar los testículos de Inuyasha. Abrió su boca y los chupó mientras sus dedos recorrían lentos y curiosos la extensión de su pene de manera lasciva y parsimoniosa.

Inuyasha no podía contener los sonidos que hacía. Cuando los labios de Sesshomaru se posaban sobre su piel, una multitud de fuegos artificiales se encendía por cada fibra de su cuerpo, se hundía en un abismo de sensualidad en el que deseaba perderse y no regresar jamás.

Inuyasha estiró su mano hacia la cabeza de Sesshomaru y enredó sus dedos en el suave cabello de él, entonces, Sesshomaru cambió su objetivo y engulló su verga de una sola vez. La expresión de placer se transformó en un contoneo en el cuerpo de Inuyasha mientras los labios calientes y húmedos apretaban su miembro y lo llevaban al cielo.

Su hermano lamió, chupó y succionó su miembro como si fuera un dulce, produciéndole un maravilloso vértigo del que no quería salir. Se abandonaron al deseo que sentían, sin vacilar ni arrepentirse: ambos querían follar en ese instante y nada ni nadie iba a detenerlos.

Pronto sintió las primeras gotas de semen en su boca y vio por encima del pecho de Inuyasha, la mueca que transformó su expresión al correrse en su boca. Sesshomaru tragó todo y en cuanto acabó, se levantó peinándose con los dedos mientras veía a Inuyasha luchando por respirar con calma. Su pecho subía y bajaba con rapidez, pero, él no estaba listo para dejarlo así nomás. Quería más.

Con impaciencia, Sesshomaru desabrochó su pantalón y su ropa interior dejando a la vista su pene erecto, un falo poderoso y brusco que clamaba por el cuerpo pequeño de su hermano. Inuyasha se quedó fascinado viendo su pene produciéndole una sensación de orgullo y satisfacción a Sesshomaru. Se quitó la camisa y alzó las piernas de Inuyasha colocándolas sobre sus hombros para así, lamer su entrada. Mojó sus dedos con su propia saliva y los hundió en su ano lentamente, primero uno, después metió el segundo escuchando los jadeos de Inuyasha. Así continuó un buen rato hasta que creyó estaba lo suficientemente dilatado para recibirlo.

—Voy a entrar —dijo colocándose en su entrada, esperando la aprobación de Inuyasha antes de hacer nada.

—Está bien.

—Dime si te duele —susurró en su oído y empujó lentamente su pene hacia su interior. Un suave estremecimiento sacudió a Inuyasha y Sesshomaru se detuvo.

—Continua —dijo apretando los ojos mientras lo abrazaba y con sus piernas, lo rodeaba por la cintura y le pedía más. Sesshomaru dudó y de no haber estado tan excitado como lo estaba, lo habría pensado un poco más, pero ahora sólo quería saciar su deseo en él, de una u otra forma. Se sumergió en su apretado interior dejando escapar un gemido y volvió la mirada hacia Inuyasha, quedándose quieto unos momentos antes de empezar a moverse y alcanzar ritmo mientras los besos apasionados y húmedos se entremezclaban con el placer. Su sexo con el de él ardían en una hoguera que no podrían apagar.

—¿Ves hasta que punto te deseo? —dijo Sesshomaru con voz ronca embistiendo a Inuyasha. Su miembro duro se hacia paso en la estrechez de él y arrancaba sensaciones de placer que jamás pensó sentir. Convertidos en un mismo cuerpo, en un mismo deseo, con la misma urgencia, sus lenguas se unieron en un beso mientras Sesshomaru se derramaba en el interior de Inuyasha y luego, descansaba su frente en el hueco del hombro de él, jadeando y complacido.

Se levantó de encima tras un momento y se acostó a su lado, agitado, pero con una estúpida felicidad que no era capaz de expresar, atrajo a Inuyasha contra su pecho y los arropó a ambos bajo las sábanas.

Hubo un largo silencio entre los dos hasta que el ritmo de sus corazones volvió a la normalidad. Ambos estaban cómodos de esa manera y tampoco querían romper ese cálido silencio que se había creado entre ellos: ahora eran solo dos amantes sin nada qué preocuparse, sólo ellos dos.

—Sólo soñé con este momento antes —rompió la calma Sesshomaru con voz grave y algo ronca todavía. Estaba cansado y después de aquella ronda de sexo, quería dormir así, abrazado a Inuyasha sin que el mundo le importara.

Su hermano se irguió levemente y le dio un corto beso en los labios antes de volver a acostarse en sus brazos.


Eran casi las ocho de la noche cuando despertó. Inuyasha seguía dormido plácido sobre su cuerpo y él, se había olvidado por completo de todo, hasta que tenía que ir a trabajar. Se levantó con cuidado, dejando a su hermano descansar en la cama y buscó sus bóxers antes de salir de la habitación y tener su celular. Al encenderlo, vio todas las llamadas perdidas de su asistente y los cientos de mensajes que tenía en WhatsApp. No iba a responderlos a todos, así que sólo buscó el contacto y lo llamó para ponerse al tanto de lo que había sucedido en el día y darle algunas cortas instrucciones para que se manejara hasta que él llegara. Ya inventaría alguna razón para haberse quedado en casa todo el día sin responder una puta llamada.

—¿Tienes que irte? —preguntó Inuyasha bajando por las escaleras al verlo al teléfono.

Sesshomaru le hizo un gesto para que se acercara y como niño obediente, Inuyasha corrió hacia él. Al estar cerca, su hermano le prendió la camisa viendo las marcas que había dejado en el pecho del menor y sonrió satisfecho.

—Tengo que ir a solucionar un par de cosas. Pero podemos cenar antes de que me vaya —dijo Sesshomaru sin ánimos de apurarse. Había faltado todo el día, podría seguir de esa manera un poco más: no iba a haber diferencia para ninguno. Sólo para él y su amado Inuyasha.

Como era costumbre, Sesshomaru se encargó de la comida mientras su hermano esperaba viendo la televisión. Él le había dicho que se diera una ducha mientras estaba la cena, pero prefería esperar a comer para hacerlo. Y no pudo discutir con él, sólo siguió con lo suyo un poco más.

Al servir la cena, se sentó y con una confianza renovada, decidió contar aquello que tanto había soñado durante tanto tiempo. Sesshomaru siempre se había guardado aquellos sueños para sí mismo y ahora, creía poder ser sincero con él.

—Soñé contigo muchas veces. Tuve sueños recurrentes de nosotros juntos en el período Sengoku.

Inuyasha casi se atragantó con la comida, golpeándose el pecho un par de veces antes de sentirse bien. Su hermano quedó preocupado ofreciéndole agua para que se recuperara.

—¿Lo dices en serio? —dijo con voz rasposa Inuyasha.

Sesshomaru sólo asintió.

—¿Crees en otras vidas? —preguntó Inuyasha. Él tenía los mismos sueños y si ambos los compartían, podría ser que de verdad, hubiesen vivido en ese tiempo como pareja. Sonrió y su hermano tomó su mano y la besó.

—Nos amaremos en cada una de nuestras vidas. No importa si es ahora o dentro de cien años.

—Es una promesa —dijo Inuyasha sellándola con un beso en los labios.

El tiempo jamás iba a ser un impedimento para su amor. Aunque debieran mantenerlo en secreto, aunque tuvieran que esconderse y encontrar excusas para permanecer juntos, nada iba a ser capaz de separarlos, porque lo suyo era un amor que trascendía el tiempo.


¡Hola, gente linda! Primera vez publicando algo como esto. El fic está especialmente hecho para Yoshimi Mika Ackerman Ikari que pidió un fic de esta pareja. Fue un reto, nunca había escrito de Sesshomaru e Inuyasha juntos, pero aquí está. Me costó un poquito y estoy casi segura que caía un poco en el OoC, pero estoy feliz de haberlo terminado.

Espero que te guste, Yoshi 3

¡Un abrazo!