• Autora: Ren
• Palabras: 970
• Advertencias: Personajes bien IC. Spoilers de las últimas temporadas.
Voltron: Legendary Defender y todos sus personajes son propiedad del fandom. Dreamworks who?
El primer roce de labios es tímido, inseguro. Ninguno sabe realmente el por qué, o si sus acciones valen la pena; pero no pueden arrepentirse una vez que sienten las chispas recorrer su cuerpo a una velocidad incluso mayor que la de la luz.
Lance apenas si sonríe cuando, en un acto casi descarado, abre sus párpados para ver a Keith. Se sorprende que el azabache no sea capaz de cerrar los ojos durante el beso, pero ver sus ojos de ese particular tono violeta que se pierde entre la inmensidad de un profundo gris y el negro de esos hipnóticos orbes que le hacen suspirar sin siquiera darse cuenta. McClain siente que su corazón se acelera al ver ese particular brillo en los ojos ajenos que le hacen sentir querido como pocas veces en la vida.
El beso termina abruptamente, de la misma manera en la que comenzó. No hay una explicación de por medio, solo un par de sonrisas bobas que les alborotan aún más, como si no fuera suficiente —porque no es suficiente—.
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La segunda vez que se besan, Lance está inconsciente después de haber sido herido de gravedad. Keith no se despega de su lado hasta asegurarse de que el moreno está bien —que estará bien, porque tiene que estarlo—. El cuerpo de McClain se siente ligeramente frío, y su piel tiene un desagradable sabor a tierra, sal y hierro.
Los finos labios de Kogane se acercan a su frente antes de que los recojan de ese lugar olvidado hasta por los Galra. La imagen se queda grabada en su mente, y le recuerda la primera vez que el Castillo de los Leones fue atacado por Sendak y sus soldados; la manera en la que su cuerpo tuvo que ser suspendido en la cápsula para que su cuerpo pudiera sanar.
Es una imagen que no quiere recordar nunca más en su vida.
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La tercera vez, Lance yace en una oscura habitación. Las marcas alteanas con las que Allura le ha maldecido apenas si brillan ante la falta de luz.
Keith sabe que el moreno tiene el corazón destrozado. Tampoco es como si no se hubiera percatado que Allura, en un intento por olvidar a Lotor, decidió aceptar los sentimientos puros de Lance y forzar una relación que solo terminó por lastimar a uno de los dos.
Kogane hace el mejor intento por no traer a colación el pasado, pero ver los ojos llorosos e hinchados del moreno le hieren tan profundo que el odio hacía alguien a quien consideró una amiga en su momento se instala en su corazón, justo a un lado por el amor que siente por Lance y sus ganas de ayudar a todos aquellos planetas que lo necesitan después de ser destruidos por una raza guerrera.
El beso que Keith le dedica a un Lance completamente roto en sus lastimadas y callosas manos son una promesa de buscarle un lugar mejor. De darle algo mejor, el universo entero si eso es lo que Lance quiere.
McClain apenas si sonríe ante el gesto, agradeciendo que el azabache decida quedarse a su lado durante los pocos días que regresa a la Tierra para descansar de todo el trabajo que él mismo se ha impuesto.
—No puedo corresponder tus sentimientos...aún no —murmura Lance con una sonrisa que apenas si llega a sus ojos azules.
Keith sabe perfectamente que Lance no puede corresponder a sus sentimientos cuando aún tiene el corazón roto, y las marcas azules sobre sus pómulos se vuelven cada vez más una maldición con la cuál cargar día tras día.
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La cuarta vez, han pasado bastantes años. Shiro se había casado con alguien que había logrado ganarse su corazón —aún si todavía extraña a Adam, y se sigue culpando por no pedirle perdón al ser tan egoísta—.
Todos los paladines habían sido invitados a la boda, y Keith tuvo que obligar a Lance a salir de esa granja en la que decidió encerrarse para no seguir recordando esos tiempos en los que se dedicó a salvar al universo entero y salió todavía más herido de lo que ya estaba.
El roce de labios es apenas perceptible; pero Lance sonríe por primera vez con esa sinceridad que le caracteriza y el brillo natural que tenía en su juventud regresa por unos cuantos segundos. Los suficientes para que Keith pueda notar que sus ojos brillan de la misma manera en la que lo hace el infinito océano durante las noches de invierno, cuando las estrellas son más perceptibles y se reflejan por más tiempo.
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Un quinto beso llega cuando Lance, después de años de tomar terapia y tener una red de apoyo sólida que le ha evitado caer en el abismo de la depresión, decide lanzarse sobre Keith.
Ninguno de los dos se parece a lo qué eran cuando se besaron por primera vez. Keith había crecido para alcanzar casi dos metros; ser mitad Galra le había dado esa apariencia física aun si era más bajo que el moreno la primera vez que se subieron a un león de Voltron. Lance, por su parte, se había convertido en un hombre de apariencia madura pero elegante.
El moreno también había crecido un par de centímetros más, pero no tanto como Kogane. Sus facciones habían madurado, pero aun mantenía esa piel brillante y suave. Las marcas alteanas siguen estando ahí, pero Keith ha aprendido a amarlas como una extensión más de Lance y no como un asqueroso recuerdo que había dejado Allura antes de partir.
El beso está vez es mucho más duradero, pero no por eso carente de sentimientos. Keith, por primera vez, se siente como si en verdad estuviera flotando en el espacio a pesar de que ha pasado casi toda su vida en la infinidad del universo.
