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Su primer pensamiento, al despertar envuelto en sábanas que no eran suyas, y que seguramente habían usado un montón de gente antes que él al hospedarse en esa habitación, fue de asco.
Dios, tendría que haberlas quemado antes o haberse negado desde el momento en que Atsumu sugirió que era mejor quedarse y pasar la noche ahí en lugar de solo asistir a la boda y a la fiesta unas horas y el mismo día tomar un vuelo de regreso a casa.
¿Cómo fue que lo convenció en primer lugar?
Siendo una persona sumamente delicada y enemiga de los gérmenes, tuvo que haber mandado a sanitizar correctamente esa habitación si su destino era dormir ahí. Y ese era el plan en cuanto terminara todo ese asunto de la boda si tan solo Atsumu no hubiera puesto esa expresión en su rostro y no lo hubiese arrastrado por todos los jardines de la finca hasta llegar ahí a una velocidad inhumana.
¿Por qué demonios no pensó en la cantidad de ácaros y sustancias, no fáciles de distinguir a la vista, que debían de haber tanto en el piso como en las paredes de ese cuarto?
De solo recordarlo, quiere vomitar.
Afortunadamente el hecho de recordar eso queda sepultado por otro tan pronto se estira y suspira.
—Buenos días, Omi… —la cara somnolienta y satisfecha de Atsumu a su lado, sonriendo como un idiota y a la vez como un Sol, con el cabello despeinado y el rostro ladeado hacia él, parece centellar en su mente.
Se quedó, fue lo segundo en lo que pensó al abrir los ojos y verlo ahí.
Las veces en las que él tenía sexo con Ushijima, ¿alguna vez despertaron en la misma cama?
No culpa a Wakatoshi, aunque en realidad ese es un mal hábito suyo del que no se puede deshacer pues a la hora de buscar culpables, la culpa recaía en sí mismo y no en él.
Era Kiyoomi quien se despertaba antes para poder vestirse y recoger pedazos de su dignidad tirados en la alfombra de cualquier motel de paso.
Nunca volteó para atrás.
Nunca pudo hacerlo.
Y nunca pudo decir "basta" porque que Wakatoshi lo aceptara, a medias, era, para él, suficiente. Suficiente con saber que aunque rechazaba a todos, con él existió siempre cierta preferencia. Tenían mas o menos los mismos gustos, y eran tan serios y secos como un tronco viejo. No eran muy afectivos pero estaba bien porque a Kiyoomi nunca le gustaron las relaciones llenas de azúcar ni mucho menos las empalagosas.
Está bien, se repitió mil veces al colocarse correctamente la chaqueta, saliendo del lobby del hotel de turno.
Estaba bien, porque podían volver a hacerlo cuando quisieran, y no había reglas o explicaciones de por medio.
No lo culpa, porque al final fue su decisión seguir así.
Wakatoshi siempre fue claro y directo, y en un principio se negó a querer hacerlo con él. Pero le convenció. Le convenció porque fue insistente. Insistente en querer probar si eso que decían de la compatibilidad podía transformarse en algo más. Y porque se aferró, penosamente, a ser el desahogo de Wakatoshi al saber que era gay y que posiblemente ya estaba enamorado de alguien más.
Pero lo de ellos nunca iba a ser algo más. No si continuaba fingiendo, cada vez que le gustaba cuando en verdad dolía. Cada vez que fingía ser alguien más solo para satisfacerlo a él. Cada vez que sobrepuso el placer de Wakatoshi antes que el suyo, llevándose consigo toda su dignidad.
Odia los hoteles más por lo que le recuerda que por un tema de higiene, en realidad.
Odia los cumpleaños, porque si no era Komori, nadie más lo recordaba con emoción.
Odia inmiscuirse en los problemas de los demás, porque nadie, honestamente, le preguntaba a él cómo se encontraba, aunque esto último no era la obligación de nadie como tal.
Eso fue, claro, hasta la preparatoria. No todo fue tan malo ahí, pero sus encuentros con Wakatoshi siguieron hasta antes de finalizarla. Así, sin reclamos ni discursos elaborados de por medio, decidieron parar pero fue más por decisión de Ushijima que de él.
"Estoy enamorado de alguien", había dicho él, tan inalterable, gesticularmente hablando, pero completamente honesto.
"Bien por ti, Wakatoshi-kun. Te deseo felicidad", había respondido Kiyoomi, sincero.
Por supuesto que le deseaba que fuera feliz pero, por dentro, también deseaba un poco de infelicidad. Que sintiera, tan siquiera, un poco de pena por él.
Pero había sido tan simple y sencillo terminar todo en cuestión de segundos como fue igual de sencillo reencontrarse y seguir con su amistad como si nada hubiese sucedido. La última vez incluso salieron a tomar unos tragos, no sin antes pasar a una joyería buscando un obsequio para el novio del más alto.
Ahora que recuerda, no le dolió ni sintió que el pecho le punzaba cuando vio felicidad en los ojos de Ushijima al pedirle a la dependienta del local que le mostrara anillos y un par de pulseras de oro.
De hecho, se sintió bien.
Poder acompañarlo y sentirse feliz por ser considerado para dar su opinión para un regalo tan importante para una persona que lo hacía feliz a él.
Por unos segundos, se vio a sí mismo queriendo elegir algo para Atsumu. No había ocasión especial por la cual tuviera que obsequiarle algo pero luego de su pequeña discusión Kiyoomi sentía la necesidad de recompensarlo.
Desde luego que todos sus planes se vinieron abajo cuando, luego de pasar un rato a beber unos tragos, se dio cuenta que Atsumu estaba ahí, completamente borracho.
"—Wakatoshi, lamento lo de…"
"—Es él, ¿verdad?"
Ahora, mientras mira a Atsumu bostezar, pocas semanas después de la boda oficiada en California, volviendo a cerrar los ojos solo para acurrucarse más cerca de él, ese recuerdo se apodera de su conciencia y del deseo de sus dedos por pasearse entre los cabellos de un infantil y aun somnoliento rubio.
"—¿Qué?"
"—Miya Atsumu. La persona de la que hablamos ayer en la noche."
No dijo nombres.
No dio ni siquiera descripciones físicas.
No dijo si era hombre o si era mujer.
Solo dijo que...había alguien.
Solo le dijo que…
"Omi-kun"
"¡Omi!"
"¡Kiyoomi!"
...que había una molestosa presencia que últimamente le seguía a todos lados pero que, de algún modo, le gustaba. Que no era algo así como un amigo o un confidente pero que desapegarse de esa persona le resultaba difícil. Que hace tiempo lo observaba solo porque su comportamiento se le hacía de lo más degradante y patético.
Atsumu iba y venía a la sombra de Shoyo cada que se lo pedía. Por momentos se deshacía de toda esa fachada suya que lo hacía, en ocasiones, insoportable, y se volvía alguien sumamente honesto y hasta parecía tener la capacidad de verse lindo al sonrojarse por cualquier cosa que Hinata decía.
Que lo veía porque le parecía una pobre versión suya cuando estaba con él.
Kiyoomi, desde luego, nunca se comportó de ese modo con Wakatoshi pero podía verse reflejado en Atsumu en algunas ocasiones.
Pero ¿y qué si solo era su espejo y nada más?
¿Qué si solo se estaban usando como medio para olvidar a alguien?
Antes de tener esa conversación con Wakatoshi, antes y durante los besos que comenzó a darse con Atsumu, esa cuestión pasó de ser insignificante a no dejarle concentrarse en cada actividad diaria.
Pero eso cambió gracias a Wakatoshi y a su simple y sencilla pregunta respecto a si era Atsumu de quien hablaba tanto.
¿Cómo había llegado a esa conclusión?
Pudo haber sido cualquiera.
Pudo haber dicho cualquier otro nombre.
—Hace frío —brazos acurrucados, cristales empañados, y su brazo moviéndose entre la cama para coger una sábana y cubrirlo un poco más—. Mn, mucho mejor. Gracias, Omi.
Y, sin embargo, todo concluía que se trataba de él.
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e
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Meses después.
No puede dejar de ver su reflejo en el nuevo espejo dentro de la habitación de Kiyoomi, ese que le convenció de comprar en IKEA la vez que fueron en busca de plantas y macetas solo porque Atsumu estaba convencido que al departamento del azabache le hacía falta más verde y le sobraba blanco.
Es tan obsceno ver cómo su cuerpo serpentea y se empapa de sudor, pero, Dios, cómo le pone caliente verse retorcerse encima de él. El cómo su cintura se quiebra con demasiada facilidad y demasiada fuerza y cómo los músculos de sus piernas se tensan cada que las embestidas de Kiyoomi le sacuden hasta el alma.
Su trasero debe estar rojo e inflamado de resentir las palmas acaloradas de Kiyoomi sacudiendo y estrechándolas con fuerza pero no le importa. Antes, sí que le importaba, y eso era cuando llevaban dos o tres veces haciéndolo pero ahora parece que han cogido un ritmo descabellado en el que apenas se toman solo un día libre de la semana para descansar.
De resto, por más que lleguen cansados de los entrenamientos o de que tengan la agenda repleta de eventos a los qué acudir con el equipo, no pueden parar.
Aunque las piernas hormigueen, aunque el trasero les arda, aunque las fuerzas sean las que primero abandonen las piernas de Atsumu, el armador sabe que es solo cuestión de tiempo para que Kiyoomi aproveche eso y se derrame dentro de él mientras lo mantiene elevado, penetrando con rudeza al mismo tiempo que marca el ritmo de las embestidas.
Ah, es demasiado...
¡Es demasiado rico!
Cada vez que Kiyoomi abusa de esa posición en la que lo mantiene suspendido en el aire mientras arremete contra él, Atsumu termina con el cuerpo destrozado pero Dios sabe cómo le encanta sentirse sudoroso contra el cuerpo de él.
Cómo le encanta que con esa posición sea Kiyoomi quien lo bombea y roce deliciosamente su próstata, haciéndolo ver hasta lucecitas. En dónde sea él quien marque el ritmo y sea capaz de aguantar su peso mientras Atsumu gime contra su oreja de la forma más erótica posible mientras suelta lenguaje sucio solo para calentarlo todavía más.
Dios, es tan rico.
¡¿Cómo es que nunca había probado antes ser el de abajo?!
¿De cuánto placer se ha estado perdiendo, maldita sea?; aunque tampoco se imagina haber sido follado por alguien más que no fuera Kiyoomi, honestamente.
—Pff…
—¿De qué te ríes?
—De que llevamos todo el fin de semana encerrados y ya te está comenzando a crecer la barba.
Hace cosquillas, piensa, intentando recobrar un poco más rápido la respiración que él ahora que han terminado.
Ah, no puede ser.
Atsumu se siente tan exhausto que hasta la punta de los cabellos le duele pero eso igual se traduce a la sonrisa sumamente satisfecha de alguien que ha tenido uno de los mejores fines de semana de su vida en mucho tiempo. Y con ello no solo se refiere al sexo alucinante mañanero que acaban de tener, aunque parte de ello sí es debido a eso pero lo principal es que se siente sumamente feliz de pasar tiempo con Kiyoomi de ese modo.
—¿Me dejas que te afeite? —su mano en la mejilla de Kiyoomi pica pero no tanto como sus ojos al mirarlo, aún nublados por una excitación y una silenciosa felicidad que no puede ocultar con nada.
Y es que, a estas alturas, no puede creer que lleven casi un año así.
Un año.
El año que Kiyoomi dijo que le tomaría decidir si se va a Polonia y lo deja botado como las protagonistas de las novelas latinas que suelen ver cada tanto.
Demasiadas veces Atsumu ha querido tocar ese tema, pero siempre termina evitandolo, así como también han habido una infinidad de veces en las que ha querido formalizar eso que tienen y ser honesto con él.
Pero todas esas veces se han quedado atoradas en su garganta.
Y es que sus dudas anteriores sobre sus sentimientos hacia Kiyoomi poco a poco han ido desapareciendo conforme los meses y conforme todo lo que han hecho juntos.
Desde la primera vez que se acostaron en Estados Unidos, no han dejado de hacerlo ni de verse a escondidas cada que pueden como si fueran dos noviecitos de preparatoria. Y esa etapa, en la que Kiyoomi le buscaba con desesperación y le miraba con casi ojos de amor ha sido la más encantadora de todas pero también la más abrumadora.
Cada que piensa en eso, de nuevo, y en la realidad de que Kiyoomi se vaya un día de estos lejos de él, hace que inconscientemente los ojos se le pongan vidriosos.
A veces sucede de forma inconsciente.
Mientras cocinan juntos.
Mientras ven la televisión juntos.
Mientras se miran a los ojos, intentando regular sus respiraciones con el miedo de que alguien entre a los baños del gimnasio y los encuentre de ese modo, y otras veces también así, cuando Atsumu toca su mejilla y pide afeitarlo nuevamente.
No es la primera vez que Kiyoomi se lo permite, y no es la primera vez que a Atsumu se le corta la respiración cuando, aprovechando su cercanía a su rostro mientras comienza a retirar con cuidado la crema de afeitar, los brazos de Kiyoomi atrapan su cintura, apegándolo a él.
Solo está ocupando una de sus camisas largas, y aunque no ha sido a propósito, Atsumu suelta un par de suspiros al sentir las caricias que el rematador va dejando por todo su cuerpo al filtrar las manos debajo de la tela.
Suspira y luego le da un golpecito en la frente, riéndose del ceño fruncido que hace Kiyoomi a continuación.
—¿Quieres, por favor, quedarte quieto? No querrás que termine cortandote.
—Será culpa de tu pulso maraquero y no por mí —aclara Kiyoomi aunque al final termina obedeciendo, quedándose quieto para alzar el rostro hacia Atsumu pues al estar sentado sobre la tapa del excusado, el armador tiene más facilidad de afeitarlo de esa forma al estar de pie.
Con los ojos cerrados y con el sonido del agua cayendo del grifo del baño, sumado a la respiración de Atsumu y su concentración sobre su rostro, Kiyoomi no lo suelta de la cintura, jugando en acariciar sus piernas de vez en cuando, cosa que a Miya a juzgar por las cortas risitas que va soltando.
—Hoy tenemos esa cosa del programa de variedades, ¿no? —Atsumu suelta una risita ahora mientras termina de servir los cuencos de la sopa miso en la mesa, dejando a Kiyoomi a cargo del sartén en la cocina.
—Sí, tenemos que estar en el estudio a las 2 de la tarde —entre muecas y chistes malos acerca de Roberta y Petunia, las dos plantas que hay en la terraza, mismas que Atsumu bautizó, la mañana se les pasa volando.
Una vez llegan al estudio, lo hacen juntos como de costumbre ya a nadie se le hace extraño, no porque piensen que están saliendo sino porque, vamos, conviven la mayoría del tiempo, por no decir que todas las 24 hrs, tantos hombres que es muy normal para todos el ver a algunos ir a comer juntos o hasta solo irse a procrastinar cuando tienen algunas horas libres.
Claro, llegar juntos no debería suponer que los miren raro solo con excepción de Shion, Tomas y Bokuto, aunque este último ni siquiera cuenta pues para él todo sigue tan normal como siempre.
—¿Y bien? ¿Cuándo nos lo pensaban decir? —Atsumu se atraganta un poquito con su jugo de caja, volteando a mirar a todos lados para asegurarse que están solos. Afortunadamente la asistente de peinado y vestuario ha salido por un momento. Momento que Shion y Tomas, sus compañeros de camerino de esta ocasión, no desaprovechan.
Menos mal que Kiyoomi está con Shoyo, Meian y Bokuto para no ver cómo se pone colorado.
—¿A qué te refieres? —Shion lo mira, ofendido. Casi como si estuviese faltando al respeto a su nivel intelectual. Tomas, por otro lado, solo mantiene silencio aunque atento.
—¿Cómo que "a qué me refiero?" Tu y Sakusa. ¿Cuándo iban a decirnos que salían?
Puta madre, piensa Miya.
Estaba seguro que parte de mantener el secreto de que estaban en algo era justamente no ser tan cuidadosos con ello porque, vamos, quizá sí fue algo sorpresivo el verlos llevarse mejor de un tiempo para acá pero cualquiera podría suponer que Atsumu únicamente había insistido bastante bien con Kiyoomi hasta que finalmente se volvieron amigos.
Para nadie era un secreto que desde hace unos meses Atsumu se la pasaba molestando a Kiyoomi y que este, en algún punto, cedía porque ya lo tenía harto. Se podría decir que Atsumu había sido perseverante, y que por eso se habían vuelto cercanos, pero nada más.
No había nada de malo en que bromeara con él, ni de que el rematador le diera golpecitos cada que decía alguna idiotez, ni mucho menos que salieran a comer juntos porque ¿Cuántos en el equipo no lo hacían?
Incluso el hecho de pasar bastante tiempo en el departamento de Sakusa había venido de maravilla para poder inventar que se la pasaban jugando Mario Kart.
Así que ¿Cómo es que Shion, de pronto, decía algo como eso?
Con cierto duda, el armador mira a Tomas.
—No mires a Adriah como si pensaras que él me lo dijo. Es ofensivo —Atsumu traga grueso, sintiéndose mal de pronto por dudar de su compañero, gesto que Tomas no toma en cuenta realmente pues no le importa. Aún así, Inunaki mantiene ese tono firme que no tranquiliza a Atsumu ni un poco—. ¿Entonces? ¿Lo vas a negar?
—No… —dice, bajito, como si temiera que alguien más oyera además de ellos—. No lo voy a negar pero…
—Mira, Atsumu. No estamos molestos si es lo que piensas, solo estamos preocupados —Miya los mira de refilón a duras penas, concentrándose en el buen peinado que tiene ahora aunque, honestamente, se siente tan pequeño justo y tan frágil—. Lo de Shoyo y el armador de los Adlers fue una cosa...complicada. Tu lo viviste y…
—No nos malinterpretes, Atsumu. Estamos contentos de que tu y Kiyoomi… —Miya aprieta las manos por encima de la tela de su pantalón ante eso último.
No hay un Kiyoomi y él.
De hecho, no hay nada establecido, ni claro, ni formalizado.
Y no es como que apenas se esté percatando de ese hecho, es solo que pensaba que si evitaba pensarlo o mencionarlo para sí mismo, podía imaginarse teniendo una oportunidad de traspasar esa línea y convertir ese algo en un todo de forma natural y sin necesidad de forzarlo.
Que ambos no se darían cuenta del momento en el que estuvieran completamente enamorado del otro y que solo lo asumirían cuando fuera el tiempo adecuado.
Pero ahora que Inunaki y Tomas lo mencionan, sin embargo, la realidad es otra.
Sabe que no lo hacen con mala intención, porque incluso para Tomas, quien está un poco más al tanto de lo que tiene con Kiyoomi, es probable que haya pensando que luego de tantos meses de seguir en lo mismo, hayan concretado un poco más.
Pero no es así.
Él, desde luego que tiene muchísimas ganas de hacerlo.
De volverse, formalmente, la pareja de Kiyoomi.
Ya no puede seguir pretendiendo hacerse ciego con sus propios sentimientos. Sentimientos que siempre le han parecido problemáticos pues cada vez que sus emociones se apoderan de él y se aferran a algo, se vuelve complicado. Los recuerdos de su comportamiento ante su enamoramiento por Shoyo no lo dejan dormir en ocasiones. Y no porque conserve algo de ese amor que decía tener por él, sino porque en ese entonces lo que ocurrió, al no ser como deseaba, fue que se volvió un completo desastre.
Desastre que Kiyoomi supo arreglar.
No malcriando ni diciéndole que todo lo que hacía estaba de puta madre, sino regañándolo y parando en seco un sinfín de veces.
Mientras sus acostones ocasionales le aplaudían sus berrinches, mientras en la escuela secundaria y en la preparatoria todos solían inflar su ego, nunca existió alguien quien realmente le dijera que estaba haciendo las cosas mal.
Incluso su hermano, quien es el más cercano a él y quien lo conoce mejor que nadie, algunas veces prefería decirle que sí solo para no tener que lidiar luego con sus protestas y sus malas caras.
Pero Kiyoomi no era así.
Si algo no le gustaba, lo decía y ya.
Siempre tan duramente honesto.
Mientras todos le decían que sí, él era el único que decía que no.
No a sus estupideces.
No a sus ideas absurdas.
No a cada cosa que podía poner en riesgo su integridad y su seguridad física.
¿Cómo no iba a querer más de él?
¿Cómo no iba a mirarlo con otros ojos?
¿Cómo no iba a...enamorarse de él?
Los reflectores están en su sitio.
Las cámaras hacen sus últimas pruebas así como los asistentes del staff realizan las de sonido.
El set está a su disposición, los micrófonos para darles voz, pero Atsumu es el menos concentrado de todos justo ahora. La conversación con Tomas e Inunaki ha tenido que ser interrumpida pero ambos sienten que han sido imprudentes. Y que debieron haber esperado a hablar con Atsumu en otro momento.
Pero está hecho.
Está hecho y todos tienen que salir a hacer lo que se supone que han ido a hacer.
Y él, quien ama ser el centro de atención y ser un encanto con todos, hacer que la cámara lo adore y se enfoquen en él, justo ahora siente vértigo.
No quiere salir allí.
Todos ya están formados y listos para cuando sea momento de su cápsula pero…
—Omi, espera…—cuando Kiyoomi pasa a su lado, antes de que vaya al sitio que le corresponde a un lado de los demás, Miya lo arrastra un poquito hacia donde hay varias cosas de utilería lo suficientemente grandes y altas para esconderlos un momento y poder hablar.
—¿Qué pasa?
Se ve tan guapo.
Tan guapo con ese lado de su cabello planchado y retenido con unos pasadores, perfilándolo, mientras que en la parte superior su flequillo, cuidadosamente más rizado de lo normal, termina por enmarcar su perfecto rostro.
Si no estuviera teniendo tantas dudas y miedos justo ahora, se le lanzaría a los brazos y le daría un montón de besos.
—¿Miya?
"Atsumu, dime Atsumu, por favor", piensa con deseo. Con un hambre desesperada porque lo llame por su nombre. ¿Cuánto tiempo ha pasado que llevan en esa situación? ¿Enserio es el único que siente que algo ha cambiado entre ellos? ¿Solo él?
Que no lo llame por su nombre, a esas alturas, solo incrementa más sus inseguridades.
Es como si Kiyoomi no lo llamara así porque no quisiera ir más allá de la línea que han dibujado imaginariamente.
Línea que Atsumu está desesperado por borrar.
—Umm, no es nada, solo… —mano en su mejilla. Atsumu solo cierra los ojos, queriendo recostar su rostro en ella pero aunque se muere por hacerlo, está consciente de dónde se encuentran, llenándose todavía de mucha más ansiedad—. Solo quería advertirte sobre lo que podría pasar allá afuera. Ya sabes cómo son este tipo de programas, y aunque venimos representando al equipo, los presentadores a veces son un poco…
—Metiches —Atsumu ríe, como queriendo convencerse de que quizá está exagerando. Que quizá eso que tienen ahora está bien, y que anhelar más solo es por codicia.
—Sí, eso.
—Dime algo que no sepa.
"Me gustas...Me gustas muchísimo. No te imaginas cuánto, así que…¿Yo te gusto? ¿Te gusto aunque sea...un poquito?"
No puede decir esas palabras tan irresponsablemente, y menos ahí, pero sus ojos lo traicionan cada vez que lo miran.
—¿Qué? ¿Qué tienes?
Es obvio que con la relación pública de Shoyo y Tobio, no iba a faltar ese momento incómodo en el que se harían preguntas sobre su romance. Pero para Shoyo estaba bien pues no sería la primera ni la última vez que pudiese responderlas con profesionalismo y madurez. Después de todo, esa etapa, al menos para él y para Kageyama, había dejado de ser escabrosa.
Pero conociendo el tipo de dirección que toman esas preguntas estando casi todo el equipo titular ahí, estaba previsto que algo como eso sucedería. La razón por la que Atsumu se comportó tan extraño minutos antes de salir al set y por lo que Kiyoomi se le quedó mirando de forma preocupada.
—¿Y qué hay de ti, Atsumu-kun? ¿No tienes alguna enamorada o enamorado escondido por ahí?
Ah, joder.
Mil veces, mierda.
¿Por qué, enserio, de entre todos ahí, tenían que preguntarle eso a él?
¡Ahí está Bokuto, que se nota que está ansioso que se lo pregunten! Bueno, quizá no pero ¡cualquiera menos él!
Y la pregunta no tendría que haberlo sacudido tanto si el presentador no hubiese hecho la pregunta de ese modo tan sospechoso. Si hubiese dicho solo "enamorada", habría podido zafarse con más facilidad al responder. De coqueto lo tiene todo, y de ser un escandaloso también pero la pregunta y el cómo está estructurada le ha dejado pálido.
¿Qué demonios pasa con él?
¿Por qué no puede responder con algo inteligente y de paso comportarse como siempre?
Tiene unas ganas horribles de desviar la mirada y mirar a Kiyoomi para ver si, al menos, este tiene intenciones de salvarlo como siempre lo hace o de ver si, al menos, luce algo consternado.
Pero no puede.
No debe.
—Oh, parece que la pregunta ha dado en el clavo, ¿no es así? —las risas del público y del presentador lo agobian de pronto. A su lado, aunque no lo nota, Inunaki parece hacer una mueca mientras que Tomas lo mira ligeramente preocupado.
No puede depender de ellos y lo sabe. Y tampoco es que los obligara o se sintiera mal de que no hablaran por él pues es posible que piensen que, de abrir la boca, puedan empeorar las cosas.
Maldita sea, ¡es solo una pregunta! ¡¿Por qué no puede decir nada?!
—¿O acaso lo que se dice en internet, es cierto?
Kiyoomi, quien está sentado en la fila de atrás, tiene una tremendas ganas asesinas de callar al presentador a golpes. No necesitó mucho, realmente, para darse cuenta de que algo andaba mal con Miya.
Y haber sido interceptado por él minutos antes de que salieran al aire fue una señal sumamente clara de ello pero ¿por qué no dijo nada?
¿Debió haber insistido más en preguntar?
¿Debió preguntarle claramente qué era lo que lo tenía así?
Justo ahora, aunque sabe que no es su obligación responder por él, quiere hacerlo.
Quiere tomar el maldito micrófono que sostiene Meian a su lado, destinado para los que están en la fila de atrás, y responder que...
—¿Lo que se dice?
Sobre lo de Shoyo, se suponía, muy pocos lo sabían. Y si alguna vez Atsumu tomó provecho de eso, o del frenesí de algunos de sus fans, fue durante su primer en vivo en instagram hace tiempo.
Pero había sido un juego.
O eso creía.
¿Enserio al gente piensa que…?
—Miya-san es mi amigo, y él ha sido uno de los primeros en mostrar su apoyo en mi relación con Kageyama. Él nunca me ha visto con otros ojos. Así que pido que no le hagan preguntas incómodas que no quiere responder.
Cuando Shoyo toma el micrófono, sin embargo, Atsumu solo cierra los ojos duramente, queriendo salir de ahí inmediatamente.
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I
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Ese Inmediatamente, no sucedió, desde luego.
Ojalá pudiese haber hecho un dramón como en las novelas o en aquellos programas de infidelidades en los que se exponían a las personas que sí que pecaban de ello.
Ojalá se hubiese sentido ofendido por ello pero, a la vez, haber tomado provecho de la situación y haberla terminado de una manera bastante cómica. Haber tomado la pregunta de una forma más inteligente y haber quedado mejor parado que a cómo había terminado.
Y es que aunque las preguntas incómodas no pararon, los dos minutos que la cámara lo había enfocado, casi teniendo una crisis, habían quedado grabados para toda la vida y ahora se reproducían, a tan solo unas horas de haber terminado el programa, en un montón de plataformas sociales.
—Ah, esto es una mierda —dice el armador, pasándose las manos por los ojos, ofuscado. Por si no fuera poco, lleva reproduciendo ese momento justamente desde hace un buen rato solo para darse cuenta de lo frágil y expuesto que ha quedado. Y porque le gusta ser masoquista.
Ahora todo mundo en internet no deja de sacar teorías absurdas y conclusiones idiotas acerca de que Shoyo y él tienen, o tuvieron, un romance secreto.
Puta madre.
Aquello hubiese estado espectacular hace unos meses, cuando todavía tenía un crush con él. Ahora, sin embargo, se siente como la mierda.
Dios, que la vergüenza que sintió apenas terminar el programa, y no poder ver a Shoyo a la cara, fue horrible, pero no lo fue tanto como haber cruzado miradas con Kiyoomi.
No puede ser que haya permitido que Shoyo dejara claro todo y él solo se quedase mudo. ¡Tan siquiera hubiese bromeado un poco! ¡Lo que fuera con tal de aminorar ese ambiente tenso que se había creado en el set!
Más que humillado se sentía molesto.
Molesto consigo mismo.
Y también, un poco, molesto con Kiyoomi.
No era su culpa enteramente pues no es como que fuera un adivino para imaginarse lo que le pasaba pero lo culpa por estar sacudiendo su mundo de esa forma. Y por haber participado con él ese juego tonto.
No.
Para Atsumu nada ha sido un juego.
Nada lo ha sido pero…
Cuando oye el timbre de su departamento, sin embargo, ruega al cielo que por favor no sea él. Que no sea Kiyoomi el que esté del otro lado.
Que sea Inunaki, Tomas, o hasta Shoyo.
Que sea cualquier otro pero…
—Omi, ¿Qué estás…? —entrar sin su permiso a su departamento no lo enfada pues él lo ha hecho también un millón de veces. Ha usado su cocina de manera caprichosa y se ha bañado en su ducha demorando horas.
Conocen la suavidad del sofá del otro así como lo caliente de las sábanas de sus respectivas camas.
Conocen sus puntos erógenos y sus lunares más eróticos.
No hay nada que se puedan ocultar en estos momentos pero, de ser posible, Atsumu desearía que no fuera tan fácil de leer delante de él.
Y, por supuesto, hubiese deseado estar usando otra polera y un par de pantalones deportivos y no estar con una de las poleras de Kiyoomi y con solo unos pequeños shorts. ¡Al menos debió avisarle que vendría para darle tiempo de cambiarse, joder!
—¿Por qué no dijiste nada?
—¿Qué?
—¿Por qué no lo negaste cuando te preguntaron? ¿Por qué no dijiste la verdad? ¿O acaso te sigue gustando Hinata?
Tiene que ser una jodida broma.
¿En serio acaba de…?
Ahora sí está enfadado.
Muy, pero muy molesto.
¡Está usando su maldita camisa porque desde hace tiempo siente que su aroma a sándalo le trae tranquilidad! ¡¿Cómo se le ocurre pensar tal idiotez?! Ofendido, Atsumu cierra la puerta de su departamento con fuerza, pintando su mejor cara enfadada.
No está fingiendo, desde luego.
—¿En serio me estás haciendo estas preguntas? —manos a las caderas, colocadas en jarras. No debe verse tan intimidante si porta la camisa de Kiyoomi que de por sí le queda un poco holgada, pero no le importa.
—¿No me vas a contestar?
—Si solo viniste a eso, no. Y si no tienes más que decir —haciéndose a un lado, señala la puerta, poniendo todo de sí para no arrepentirse—. La puerta es muy grande pero no tanto como mi ego, así que mejor vete si solo… —no esperaba un beso dramático como en las telenovelas pero parece que Kiyoomi ha adoptado ciertos hábitos de estas, y es que ¿Cuándo iba a esperar que él tirara de su muñeca y lo abrazara de ese modo tan sorpresivo?—. Omi ¿Qué-...?
—Pudiste haber dicho lo que sea —Atsumu suelta un bufido, haciendo que desaparezca, en cuestión de segundos esa sensación mágica de sentirse en las nubes al estar entre sus brazos, de manera abrupta—. Lo que sea con tal de que te desligaran de Hinata.
Ah, con qué es eso.
Con que esa es la razón de su idiotez.
Él es idiota, lo sabe de sobra, pero no pensaba que Kiyoomi pecara de eso también.
Justo ahora parece el más grande de los idiotas.
Y tiene que decírselo ya.
—Kiyoomi. ¿Cómo puedes ser tan idiota? —separándose de él, forzosamente y por primera vez, lo mira a la cara como si todo el estrés anterior acumulado no significaran nada. Al menos no delante de su orgullo—. ¿Decir lo que sea? ¿Cómo qué? ¿Decir que estoy saliendo contigo? ¿Eso está bien?
—No estamos saliendo —apretando los labios, sintiendo su garganta ardiendo y los ojos escocerle, se aparta completamente de él.
—Ah, bueno. Gracias por aclararlo. Ya puedes irte.
—Miya…
—¿Sabes? Cuando dije que no quería ser Ushijima, lo decía enserio. Y sé que no lo soy porque yo soy mil veces mejor que él, además, hace tiempo me dijiste que yo no era su reemplazo, y que has hecho todo conmigo solo por ser yo —hace una pausa antes de continuar—. Saber eso, hasta cierto punto, me daba tranquilidad. Me daba seguridad saber que no veías en mí una sombra de él. Y hasta hace poco creí que estaría bien seguir así —ríe bajito, con la voz pastosa y entristecida. No puede ser. No puede ser que esté pasando por eso de nuevo—. Teniendo nuestros encuentros y teniendo sexo cada vez que queríamos. Me gusta hacerlo, y más si es contigo pero...—mordiéndose los labios, pensando unas diez veces en su mente antes de decirlo— últimamente quiero más. Siempre termino queriendo más. Ya no me conformo con solo acostarnos.
—Sabes lo que pienso de…
—No. No lo sé —dándole la cara, finalmente, siente la cara roja del enfado—. Honestamente no sé lo que piensas. No sé qué pasa por tu mente cada que me miras como si...—ese "Buenos días" de parte de él, ese roce de sus dedos en su mejilla al despertar, la manera en la que dice que no le va a permitir más que lo afeite pero al final termina cediendo, la manera en la que juegan en la cocina, en la ducha, incluso cuando solo están viendo algún programa en el televisor. ¿Qué esperaba que desencadenara todo eso?—. Demonios, al menos trata de fingirlo, Kiyoomi.
—¿Fingirlo?
—Fingir que no sientes nada por mí.
Pasar la página era sencillo cuando salía con otros chicos.
Era lo habitual y nunca supuso ningún tipo de desgaste mental o emocional.
Solo hasta que Kiyoomi apareció.
Hasta que figuró en su vida como algo más que un compañero.
—Para ti es sencillo. Sugerirme qué debo decir en las entrevistas o qué debo hacer para que otros me crean, pero para mí no. Si no lo notaste nunca cuando me sentía una mierda queriendo a Shoyo, entonces no me sorprende que ahora no notes cómo es que me siento cuando se trata de ti —hace una pausa queriendo convencerse de que ese ardor en los ojos y esa opresión en el pecho no es porque se siente decepcionado o con el corazón roto—. ¿Tan mala opción soy? ¿Acaso ni siquiera sirvo para ser ese reemplazo de Ushijima que tanto quieres? ¿Por eso no puedes escogerme?
—No eres el reemplazo de nadie.
—¿Enserio? —confrontándolo con los ojos ardiendo pero sin derramar una sola lágrima, Miya se cruza de brazos, sintiendo los pies calientes a pesar de que está descalzo y la temperatura del piso está cuidadosamente graduada.
—No lo eres —oír a Kiyoomi repetirlo con firmeza, sin titubear y sin esperar a que transcurran segundos, sin embargo, hacen que Atsumu trague grueso.
—Bueno, saber eso es lindo pero no es suficiente —aun cruzado de brazos, se aproxima a él.
Si no quiere irse, si no entiende lo que está diciendo, si no está siendo lo suficientemente claro, entonces...
—¿Qué es lo que quieres entonces?
—Tú sabes perfectamente lo que quiero.
.
II
.
"—¿Está bien para ti imaginarme que tú eres él?"
Le había dicho hace meses.
Le había dicho durante la segunda o tercera vez que tuvieron sexo. Justo ahora no lo recuerda del todo. Pero le había hecho esa pregunta por curiosidad, y porque su corazón no dolió tanto al hacerla como ahora al recordarla.
"—Está bien para mí mientras me escojas a mí"
—Ah, era tan idiota —dice ahora, recordando que esas habían sus palabras aquella vez. Él también había participado en esa tontería del reemplazo, y aunque Kiyoomi había dicho que no lo era, no le creyó del todo por aquél entonces.
Sí, quizá era cierto.
Quizá nunca lo consideró una sombra de Ushijima pero sería deshonesto decir que de su parte tampoco pensó, por unos momentos, en hacer eso con Kiyoomi para olvidarse completamente de Shoyo a pesar de que se convencía de que no era así.
Así que parte del desastre que hoy tienen es debido a que ninguno de los dos ha sido completamente sincero con el otro.
Pero es que, ¿Cómo iban a ser capaces de mirar hacia el futuro y darse cuenta que ahora necesitan del otro tanto que ya no cabe en sus pechos?
"—Eres bueno hablando durante el sexo, Kiyoomi. Nunca...Ah, había conocido a nadie así"
"—Guarda silencio. Y no menciones a otros hombres estando conmigo."
Todos esos recuerdos, todas esas palabras soltadas de forma irresponsable a la vez con el afán de provocar, hoy pesan y duelen demasiado.
La cercanía que han creado, lo que han creado entre los dos, no se supone debería sentirse así.
Atsumu, ¿Cuántas veces había añorado tener un poco de calor del lado sobrante de su cama vacía? Poder despertar con la certeza de tener a alguien a su lado que lo cuidase y lo amase como se merecía. Que no dudara de él ni viceversa. Que todo fuera tan honesto y transparente desde el comienzo para tener la menor cantidad de discusiones posibles.
Esa vida de ensueño que se imaginaba teniendo con alguien iba bien con otras personas, pero no con él. No desde que se volvió un desastre solo porque Shoyo no se fijó en él.
Se volvió un desastre por una razón tan idiota e insignificante pero ahora, contrario a las ganas que debería tener de dejar a Kiyoomi en su cama, desnudo, luego de que han hecho y deshecho y han gritado y suplicado el nombre del otro hace unas horas, e irse a algún bar a ahogar sus penas, solo está ahí, en la sala de su departamento con la computadora encendida siendo esta su única fuente de luz.
—¿Sabes que la primera vez que lo hicimos, él pensó que me iría y lo dejaría solo? —la risa que secunda ese amargo recuerdo apenas se escucha.
—¿Que no me decías que hacías eso la mayoría de las veces? —la risita amarga se extiende hasta cuando Tooru responde a través del monitor.
—¿Me estás diciendo que sí prestabas atención a todo lo que te decía? Qué tierno —pero Tooru ni siquiera hace un comentario sarcástico sobre eso pues de solo verle la cara a Atsumu, a pesar de que está a oscuras, es fácil saber que algo no anda del todo bien.
—No sabía que fumabas —Atsumu no se queja de ello, y tampoco es como que pudiera ocultar el hecho ahora que toma una calada profunda.
—Mn, es electrónico. Y no lo hago seguido. Solo cuando…
Oikawa sabe la respuesta, porque él solía hacer lo mismo.
Solía hacer lo mismo cada que terminaba de tener sexo con Iwaizumi.
Solía hacer lo mismo cada que se embriaga pensando en Shoyo.
Solía hacer lo mismo cada que se sentía perdido y solo.
—¿Dónde está él? —Atsumu suelta el humo por la boca como si fuera una pesada carga, echando la cabeza hacia atrás, justo donde está el borde del sofá de su sala.
—Durmiendo —al oír eso, Oikawa siente un deja vu. Un muy crudo deja vu de cuando, exactamente, Hajime dormía a su lado, desnudo, sin enterarse del estado deprimente en el que se encontraba a pesar de estar compartiendo la misma cama y de estar sentado a centímetros de él.
La diferencia ahora, es que Atsumu no quiere que Kiyoomi lo vea aunque por dentro desearía que sí. Que viera su fragilidad. Que viera de que, en realidad, está hecho de huesos, músculo y corazón. Sobre todo corazón. Que no es tan de piedra y tan ajeno a los sentimientos como creyó.
Que no todo es un juego para él.
—¿Así se siente en verdad? —Tooru no responde pues es obvio que Miya no ha terminado de formular su pregunta—. ¿Así duele cuando estás enamorado de verdad?
Decir que sí sería deshonesto de su parte porque ni siquiera él sabe si lo que sentía —y siente aún— por Iwaizumi, es amor verdadero. Pero se complementan bastante bien en muchos aspectos, no solo en la cama. Además de que, aunque Iwaizumi esté atado al pensamiento de sus padres por hacer que se case con alguien a quien no ama, este siempre ha dejado entrever que en verdad le quiere.
Quizá más que un amigo pero no tanto como un amante.
Aún así, el asunto no es con él ahora.
No son precisamente los amigos más íntimos, pero de alguna forma ver a Atsumu ahora le hace evocar profundas heridas que aún siguen sangrando. Y le hace sentirse mal por él, porque Atsumu no es ni la mitad de mala persona que él sí lo es.
Es un buen chico.
Uno que está tan atrapado, como él, en un camino quejumbroso, y sin nombre, buscando la felicidad.
—¿Sabes? Esto de estar enamorado debería venir con un instructivo, o con alguna advertencia de lo mucho que va a doler —el armador japonés suelta una risa irónica—. Kiyoomi siempre dijo que Ushijima ponía altas expectativas en él. A cerca de que era talentoso, de que era diferente, de que decía que él tenía cosas que otros no tenían —Tooru de pronto se siente enfadado. Ushijima siempre solía decirle esas cosas a él a pesar de que ni por la mente se le pasó que podría haber tenido un crush con él—. Pero, a pesar de eso, fue descartado. Él y Ushijima se parecen bastante, pero a veces no basta serlo. A veces...ser suficiente no es tan suficiente.
— ¿Por qué de repente lo mencionas?
—No llegamos a un acuerdo —ese sollozo puede escucharse claro pero no puede verse del todo bien debido a que está a oscuras y la cámara de su laptop no lo enfoca adecuadamente—. No acordamos nada, de hecho. Nunca lo hicimos. Y aun así yo quiero todo de él —la pausa que precede a las palabras de Atsumu es prolongada pero Tooru no hace por interrumpirlo o apresurarlo, al contrario, solo se queda oyendo como Miya parece enfadarse consigo mismo por estar sintiéndose demasiado frágil—. Quiero que me elija. Quiero que me mire a los ojos y me diga que está loco por mí, porque sé que lo está pero…
"Esta podría ser la peor idea que se te haya ocurrido jamás"
Peor o no, no quiere que la decisión también lo sea. Peor o no, al menos quiere hacer la lucha, no solo quedarse de brazos cruzados sin hacer nada.
No quiere equivocarse de nuevo con Kiyoomi como con lo hizo con Shoyo pero tiene tanto miedo como ganas por hacer que algo ocurra entre ellos que se está volviendo loco.
Y estar en esa disyuntiva constante tarde o temprano va a afectarle aunque él diga que no.
—Ya sabía que te gustaba desde hace tiempo. Desde antes que tú mismo te dieras cuenta, en realidad.
—Supongo que no puse demasiado empeño en ocultarlo.
La confesión de Tooru, en lugar de hacerlo sentir como un idiota, hace que se sienta irónico.
Al parecer todo el mundo lo sabía.
Su hermano.
Tomas.
Shion.
Shoyo, incluso, no ha parado de enviarles mensajes de texto y audios al respecto de que no importa lo que pasara entre él y Kiyoomi, él los apoyaría a ambos así como ellos lo habían hecho con su relación con Tobio.
Tiene apoyo.
Y parece que su relación con Kiyoomi sería gratamente aceptada por la mayoría pero...el problema son ellos. ¿A qué le tienen tanto miedo?
—Lamento lo que dije —Kiyoomi había dicho que no era tan pesado, pero tampoco creía que fuera tan ligero como una pluma. Se ejercitaba todos los días, y estaba por encima de la talla normal de una persona común pero ahora que Atsumu entreabre los ojos, y se siente como si flotara, se da cuenta de que para el azabache nunca ha sido un problema real el llevarlo en brazos, como ahora.
No tiene idea de la hora que es pero a juzgar por la oscuridad todavía debe ser de madrugada.
No sabe a qué hora dejó de prestarle atención a lo que Tooru decía, ni recuerda si en verdad finalizó la llamada o pasó la vergüenza de quedarse dormido frente a la cámara pero sentirse ahora, en brazos de Kiyoomi mientras lo lleva a su habitación, se siente revitalizante.
Y es como ese aire cálido que esperaba volver a sentir.
—¿Omi…? —somnoliento, se acurruca más sobre su pecho, creyendo que las palabras de hace un momento las ha imaginado, pero es algo bueno el poder soñar con ellas mientras está pegado a él y huele su esencia que es casi una injusticia que el trayecto hacia su habitación sea tan corto y que tenga que separarse de él.
—Lo lamento.
Ahí está de nuevo.
Diciendo que lo siente.
Pero Miya está tan cansado de llorar, hace unas horas, que apenas puede verlo claramente.
—¿Qué lamentas? —pregunta, en medio de un bostezo, pero Kiyoomi no responde. Solo se queda ahí, de pie, inclinándose hacia él, depositando un beso en su frente antes de cubrirlo con las mantas.
Sin embargo, ante el mínimo indicio de apartarse de él, Atsumu le toma de la mano.
—No. Quédate —el sueño lo domina tanto, al igual que el cansancio mental, que parece que no se percata del apretón devuelto ni la mirada suavizada de Kiyoomi sobre él.
Ni de la expresión de su rostro.
Ni del brillo intenso de sus ojos.
—Pensé que no querrías que me quedara —Atsumu suelta una risita, haciéndose a un lado, alzando las sábanas para él.
—¿Eres tonto? Siempre voy a querer que estés aquí.
El tonto es él.
Por aferrarse a su brazo una vez que siente cómo ese lado de la cama se hunde y él se recuesta con cuidado de no aplastarlo.
Por buscar su calor y adorar su aroma a sándalo mientras siente algo así como varios besos sobre su cabello.
—Me gusta… —a Kiyoomi se le corta la respiración al mismo tiempo que su mano deja de moverse mientras le acariciaba el cabello—. Me gusta esto...
—¿Qué cosa?
—Él estar así, contigo.
Por imaginarse un futuro a lado de él.
.
III
.
¿Le gustaba tanto como para odiarlo?
¿O lo odiaba tanto que terminó gustándole?
A la mañana siguiente, todo volvió a ser relativamente normal a diferencia de su extraña necesidad de abrazarlo por detrás cada que tenía la oportunidad de ver su espalda libre para él.
Kiyoomi, desde luego, no se negó a cada roce ni cada gesto suyo.
¿Quizá porque se sentía culpable?
Atsumu deseaba que no fuera así, honestamente.
Deseaba que no estuviese actuando raro solo porque sentía que le debía una disculpa a la forma en la que lo había tratado ayer. Kiyoomi no actuaba así con nadie, no para complacer en lugar de reprender, pero era posible que por primera vez el equivocado fuera él.
Si esta era su forma de disculparse, estaba bien, porque Atsumu tampoco se sentía con ánimos de sacar a relucir el tema por alguna razón.
Ambos eran unos idiotas.
Y ambos tenían la mitad de la culpa de todo.
Kiyoomi por no decidirse con respecto a él, y Atsumu por decidir que no quería volver a tocar el tema de Ushijima pero, aun así, terminaba haciéndolo.
Que no es su maldita sombra, con un demonio.
Está cansado de él y cansado de dudar tanto pero mientras Kiyoomi no sea claro con él, las dudas permanecerán. Siempre existirán. Y eso está enfadándole más que el hecho de no poder decirle que se ha enamorado de él. Porque es un hecho. De no ser así, no lo abrazaría por detrás con tanta fuerza y cariño, y ni sintiera que ese es su lugar favorito en el mundo.
—Hueles a mi shampoo —evidencia, poniéndose de puntitas solo un poco, para oler debajo de su nuca, cosa que estremece al rematador, haciendo que voltee y lo llene de jabón con los guantes de látex aún puestos—. Me gusta.
—Tenemos que hablar.
Pero él ahora no quiere.
O quizá solo tiene miedo de oír algo que no le guste.
Ah, si la vida es complicada, Atsumu todavía la complica más.
—El momento de hablar era ayer, hoy ya se terminó esa oferta —dice, tomando su nariz entre sus manos, riendo, a pesar de todo—. Aunque creo que sí me merezco una disculpa por venir aquí armando un escándalo.
—No armé tal cosa —Atsumu se separa un poco de él, cruzándose de brazos, poniéndose en una bonita, tierna y sexy posición al encoger un poco su cadera de un lado y pronunciarla más del otro—. Y sí me disculpe ayer solo que estabas medio dormido.
—Era de madrugada, Omi, por supuesto que iba a estar más dormido que despierto.
—Y estabas hablando con él —Atsumu levanta las cejas, inocente—. Con Oikawa Tooru.
"La puta madre", piensa. ¿Enserio se le olvidó finalizar la videollamada con él?
Atsumu sacude la cabeza, quitándose el estrés de pensar que Kiyoomi ha malinterpretado su conversación con Tooru puesto que él también se ha equivocado en ciertas cosas que ahora no quiere mencionar.
—Bueno, estamos a mano. Tu con Ushijima y yo con Tooru. ¿Qué tiene de-...? ¡Oye! —¿Cómo es posible que lo haya levantado tan fácil en pocos segundos y lo haya puesto sobre la encimera de la cocina?
—¿Qué quieres saber? Te diré todo lo que quieras —Atsumu engrandece los ojos, perplejo. ¿Qué acaba de decir?
—¿Estás hablando enserio?
—Mucho.
De acuerdoooo...
—¿Te gusta?
—¿Ah?
—Ushijima. ¿Te sigue gustando?
—Nunca me gustó —Atsumu entrecierra los ojos. ¿Enserio está faltando al respecto a su inteligencia? —. Al menos no tanto como para querer intentar algo con él —a Miya esa respuesta sigue sin satisfacerlo del todo—. Escucha, solo me sentía inusualmente bien a su lado. Somos muy similares en muchas cosas y éramos el rival del otro dentro de la cancha —Atsumu sigue con la boca fruncida, y aunque Kiyoomi está siendo serio al respecto con lo que está diciendo, no puede evitar sentirse influenciado por él, y tentado más que nada, para querer besarlo, cosa que reprime pues aun no termina de hablar—. Y éramos compatibles en la cama. Pero nada más.
—¿Y qué hay de mí?
—¿A qué te refieres? —ah, enserio, ¿Kiyoomi es lento o solo se hace? Sintiéndose más seguro de sí mismo ahora que lo rodea de la cintura con sus piernas para que no escape, y de paso frotarse un poquito sobre su miembro, lo confronta mirándolo a los ojos.
—¿Te gusto yo? ¿No crees que seamos compatibles en la cama?
Por favor, que responda.
Por favor, que no lo deje así.
Por favor, ¡Que no solo se le quede mirando como un bobo!
—Kiyoomi, mis ojos están arriba —dice Atsumu, llevando su fuerza de voluntad al máximo para no caer en el juego sucio de Kiyoomi por rozar sus labios mientras los mira con devoción. Oh no, no va a caer en ese juego así nada más—. ¡Kiyoo-...!
Está sonando el timbre.
No puede ser.
¡¿Quién carajos es ahora?!
—¡Quien quiera que seas, vete ahora, maldición! ¡Estoy en medio de algo importante! —ha llegado tan rápido a la puerta que solo lleva puesta una pantufla y tiene la camisa toda desarreglada pero no es hasta que escucha una risa bastante conocida del otro lado que los colores del rostro se le van al suelo.
—Vaya, y yo que quería llevarte al IHOP a desayunar pancakes.
Santa Virgen de las Rocas.
Es Oikawa.
