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Solo para decir que eres mío
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—¿Terminaron de ver Teresa? Kiyoomi, escucha, ya sé que eres un lento y sonso, y no sé cuánto tiempo y voluntad necesites para admitir que te gusta ese chico ¡pero necesito que me lo presentes ya! ¡Necesito hablar con alguien sobre lo mucho que odio a esa tipa! Dímelo ahora, ¿Miya es TeamTeresa o TeamAurora?
—Hermana, ahora no.
—¡Ahora sí, Kiyoomi! ¡De eso depende nuestra futura relación cuñado-cuñada!
Hiromi Sakusa debía ser la última opción a la que, forzosamente, pensaría en recurrir para conversar o pedir un consejo. Y no porque la relación con su hermana fuese precisamente mala. Debido a que era lo contrario -y pone CONTRARIO en letras mayúsculas-, no había nada que pudiese hacer una vez que Hiromi comenzaba a hablar.
Callarla era una tarea difícil, y Kiyoomi odiaba tenerla encima todo el día hablando de lo que fuera. Por lo mismo que no se callaba ni para comer, es que también parecía haber desarrollado un super poder absoluto sobre las personas, provocando que estas hablaran de lo que fuera, incluso si no tenían nada para conversar. Un poder, curiosamente similar, al que poseía Atsumu.
Así que la primera vez que le dijo a Hiromi acerca de él, no sabe ni en qué estaba pensando.
Quizá lo había tomado con la guardia baja.
O quizá simplemente era la frustración de Kiyoomi hablando por sí sola la primera vez que Miya le estampó un balón en la nuca por error durante un saque. Aquel tenebroso suceso había tenido lugar durante los primeros días en los que recién se integraba a los BJ y ese niño teñido se había presentado oficialmente delante de él como su senior.
Dios, que cualquiera que los mirara pensaría que el mayor es Kiyoomi y no ese ser parlanchín amante de los tintes de cabello.
Kiyoomi lo reconoció al instante, evidentemente. Habían estado juntos en la concentración hace poco, y le había bastado tener que interactuar con él forzosamente ese corto periodo de tiempo para saber que Miya era el tipo de persona que quería tener a 100 metros lejos suyo.
Por eso, la primera vez que habló con su hermana de él, enlistó un sin fin de defectos y demoró lo suficiente como para hacerle creer a cualquiera -no solo a ella- que tener a alguien como Atsumu de compañero era lo peor que podría pasarle a cualquiera, y que, desafortunadamente, él era ese cualquiera.
—Pero te gusta, ¿no? —la varita de incienso viene y va de la mano de Hiromi a través de la pantalla, y a Kiyoomi le da urticaria verla incapaz de dejarla en su lugar como la gente normal lo haría.
¿A quién había parido su madre?
¿Al octavo pecado capital?
—Vaya, Komori se echaría a llorar si supiera que encontraste a alguien mucho más molesto que él como para tener que quejarte conmigo.
Y es que de eso iban sus conversaciones la mayoría del tiempo con Hiromi.
O al menos así comenzaron, pues a partir de la primera vez que le mencionó a Miya, Kiyoomi supo que había cometido un error. No solo porque ahora no podía quitarse a su hermana de encima, junto a recibir sus llamadas inesperadas en cualquier momento, sino que ahora lo menciona cada que puede.
—¿Pasó algo con él?
Pasa todo con él, pero eso es algo que no puede decirle aunque es evidente que, conociendo lo buena que es Hiromi en leer sus gestos, no pase mucho tiempo para que lo deduzca sola.
Antes solo bastaba con ignorar sus insinuaciones sobre Miya y tomarla por loca al escucharla decir que si se quejaba tanto de Atsumu, un día, iba a terminar admitiendo que le gustaba.
Ahora, las quejas sobre él casi no existen, en su lugar, palabras que no puede decir sobran atoradas en su pecho.
Con Hiromi, a diferencia de con su hermano mayor, hay cierta complicidad y confianza desde que tomó demasiado bien -aunque fuera en broma- la posibilidad de que a su hermano menor le gustasen los chicos.
Y no es como que a Kiyoomi le importase mucho la opinión de alguien más acerca de lo que le gusta, su orientación sexual y esas cosas pero…
—La abuela no para de marcar, Kiyoomi.
—Me imagino por qué.
Más que por el deseo de que se busque una pareja, mismo del que se deshizo hábilmente al recalcar siempre que su vida social iba a tener que truncarse por un tiempo debido a su carrera, lo que su abuela no tolera es que no sea más determinante con sus decisiones. Decisiones en las que nadie debería meterse pero que, a fin de cuentas, todos hacen como si vivieran su vida de una mejor forma de la que él lo hace.
Él es bueno para no meterse en la vida de los demás, entonces ¿por qué la gente no podía hacer lo mismo con la suya? Y tampoco es que le tuviera mala voluntad a su abuela pero desde que su hermano mayor había decidido no tener hijos con su actual pareja -incluso ambos se habían operado para ello- ,parecía que ahora debía ser él quien siguiera con el apellido y la responsabilidad de dejar descendencia y asentar cabeza.
—La abuela dice que lo del voley solo es momentáneo —Kiyoomi rueda los ojos, irónico, y ese es uno de los grandes cambios por los que Hiromi sigue apostando e insistiendo que ese tal Miya Atsumu le hace bien a su hermanito pues ¿cuándo iba a ver a Kiyoomi hacer una mueca tan cínica y tan graciosa como esa? Nunca en la vida—. Como sea, solo deberías decirle lo que sientes.
Lo que siente, dice.
¿Y si no quiere sentirlo?
No es que no sepa lo que le pasa con Atsumu, y es justamente porque lo sabe sabe que está profundamente consternado aunque no lo exprese. La presión que tiene sobre lo que pensará su familia una vez que le diga que le gustan los hombres no compite con lo que siente cada que Atsumu lo mira con ojos soñadores como si esperara que diera el paso con él.
Lo sabe.
Lo quiere.
¿Pero es eso lo que los dos necesitan?
Con solo ver todas las cuestiones con las que tuvieron que lidiar Hinata y Kageyama, y más precisamente la forma en la que Hinata se ahogaba en sus episodios de ansiedad y temor, le hicieron reflexionar un poco.
No quiere ver a Atsumu de ese modo.
No de nuevo.
Y si para que eso nunca suceda debe guardar apariencias, lo va a seguir haciendo aunque...
—Si te gusta, ¿por qué no se lo dices?
Si le gusta…
Hn, qué irónico.
¿Por qué su hermana nunca le dijo las cosas de esta manera tan comprensiva cuando descubrió lo que hacía con Ushijima?
La manera en la que Kiyoomi ve las cosas ahora, con respecto a lo que vivió con Wakatoshi, no es la misma a la de hace casi un año atrás.
Y todo se debe a él.
A Atsumu.
—Kiyoomi. Soy tu hermana mayor, y siempre querré lo mejor para ti. Ushijima no me desagrada, y no creo que sea un mal chico pero-...
"Lo que quiero, no es lo que necesito", había leído por ahí una vez pero ahora siente que la frase tampoco sirve con Atsumu.
Lo quiere pero ¿y si no es lo que Atsumu necesita para seguir mejorando y no volver a ese hoyo del que hace poco pudo salir? Preocuparse por alguien más no es una noción propia de él pero desde que está con Atsumu, silenciosamente intenta protegerlo de todo, incluso de sí mismo.
—La abuela no para de mencionar sobre lo de Polonia.
—Lo sé.
La abuela.
La abuela.
La abuela.
Incluso cuando estuvieron en Estados Unidos por el asunto de la boda hace unos meses, su madre y su hermana tuvieron que servir de mediadoras para que su abuela dejara de parar llamándolo incluso hasta en la madrugada.
Al día de hoy no tiene ni idea de cómo es que supo que había salido del país aunque tampoco es muy difícil imaginarse que fue debido a los rumores que ha visto hay en redes sociales acerca de ellos dos. Su abuela no será muy ávida en la tecnología pero los comentarios malintencionados están en todos lados, y los oídos de la madre de su madre siguen teniendo un alcance de miedo a pesar de su edad.
Por supuesto que en algún momento iba a llegarle el comentario de que Kiyoomi pasaba más tiempo con Atsumu que con el resto del equipo.
Y él tampoco para de darle vueltas a ese asunto. No solo porque desde mencionó lo de Polonia a su familia, todos comenzaron a elevar más las expectativas hacia él, sino porque ahora se siente atrapado e incapaz de saber qué demonios responder cada que alguien se lo pregunta.
No solo por lo que representa esa oportunidad para su carrera en el vóley sino porque la misma gente que alza rumores ahora de él con Atsumu es la misma gente odiosa que lo hizo en su momento cuando se la pasaba muy junto con Ushijima.
¿Qué no tienen nada mejor que hacer?
Ahora todos asumen que él y Ushijima tienen una especie de acuerdo o de relación fuera del ámbito deportivo, y que es justamente Kiyoomi quien va detrás de él y no al revés porque desde que se hizo público que Wakatoshi se iría a Polonia, ahora no paran de asumir cualquier estupidez.
Si supieran que Wakatoshi es quien no para de mencionarle el tema. No porque le guste ni mucho menos, sino porque él también piensa en su futuro y en lo que es mejor para él.
En ocasiones le recuerda a su abuela, queriendo decidir por él, diciendo cosas como "Tienes lo que se necesita", "Estarás mejor ahí". Bueno, aunque tampoco puede culparlo porque…¿hace cuánto no habla con él?. Antes de que soltara esas palabras, no le había mencionado a Atsumu si quiera. Y de eso parece que ha pasado un siglo desde la última vez que lo vio.
Quien sabe, puede que ahora esté más de su lado y se retracte un poco de lo que dijo. De todas formas, pensar en Wakatoshi no le alivia ni un poco, honestamente. No es él sobre por quien tiene hecho un caos su mente actualmente.
—En algún punto consideré irme siguiendo a Wakatoshi —cuando su hermana está por hablar y reñirle, Kiyoomi la detiene, sincerandose—. Pero eso fue antes de tener algo con Miya.
Algo.
¿Por qué no puede llamarlo de otro modo?
¿Qué lo detiene?
¿No lo quiere lo suficiente como para formalizar con él?
Aunque ¿Enserio es necesario darle un nombre?
Para él fue difícil la tarea de darse cuenta de los profundos sentimientos que, con los días, nació, y ha ido fortaleciéndose, hacia Atsumu. Para el armador, sin embargo, puede ser que haya sido más fácil aceptarlo pero no se supone que sea una competencia.
Atsumu es así, una persona simplona que, está seguro, lloraría de la emoción si le oyera decir exactamente lo que espera que le diga.
Con un ramo de flores, protagonizando una escena digna de un final de una de esas telenovelas que tanto adora ver, montando el espectáculo del siglo.
O simplemente escupiendo sus sentimientos de la forma más simple del mundo.
Kiyoomi se ha imaginado de muchas formas haciéndolo, de hecho, casi rayando en lo ridículo que se vería protagonizando alguna de ellas. Sin embargo, la vergüenza se desvanece rápidamente cada que piensa en que Atsumu terminaría sonriendo si se lo propusiera.
"Shoyo es como un Sol. Y lo digo de la forma más heterosexual posible, Omi. A donde sea que mire y a quien sea que mire, verlo es como ver al Sol sonriendo"
Si cada persona tiene a su Sol, entonces Atsumu es eso para él.
Un sol cenizo.
El susurro de su nombre pronunciado en voz ronca y baja cada vez que amanece y lo primero que ve es su cara fruncida pidiendo dormir cinco minutos más.
Esa debe ser la primera vez en la vida que Kiyoomi mira a su hermana sin saber qué hacer, qué decir o qué decidir.
—Entonces ¿Ahora te gusta tanto que no quieres dejarlo ir? —Kiyoomi tuerce una sonrisa rememorando cada una de las veces en las que vio a Atsumu morderse los labios o mirarlo con indecisión sobre decirle algo.
Con los meses se fue dando cuenta de ello con más frecuencia hasta que luego fue inevitable detener el paso del tiempo y las insistentes llamadas por teléfono y visitas a las oficinas del entrenador y del Jefe de Directivos de los Black Jackals.
En blanco.
Siempre que le hacían esa pregunta se quedaba tan en blanco como la primera vez en la que, en el colegio, le dieron ese formulario acerca de su futuro, dejando los espacios adecuados para rellenarlo y/o enlistar las carreras que más le interesaban.
Tan en blanco como la primera vez en la que su madre le dio a escoger distintos sabores de paletas de hielo, preguntándole cuál de todos quería.
"¿Te gusto yo?"
Tan en blanco como cuando Atsumu soltó esas palabras finalmente, días después de haber conversado con Hiromi acerca de él, de ellos, y de todo.
El sol cenizo contra el eclipse que era él.
No se suponía que fuera así.
Que su sonrisa fuera apagada por él de la misma forma que la luz del Sol se desvanece por un eclipse.
En su corta vida, nunca había pensado que sería capaz de hacer cosas con el afán de beneficiar o satisfacer a una sola persona. Si iba a hacerlo, sería para sí mismo, no para nadie más.
Pero a él, en ese momento, estuvo a punto de decirle lo que quería escuchar aunque también lo que por dentro se moría de ganas por decir.
¿Un gusto a medias?
Así como Kiyoomi se había asegurado a sí mismo de que no se involucraría con él pretendiendo que fuera Ushijima, antes de aceptar que Atsumu le gustaba con la misma fuerza con la que el armador era tan insistente en el tema, quería asegurarse a sí mismo de que sus sentimientos no fueran a medias.
Por eso, en ese momento, estuvo a punto de decirle que sí.
Porque era lo que Atsumu esperaba oír, pero también porque era lo que Kiyoomi también ansiaba decirle.
Que desde hace tiempo que no sigue ninguna de sus reglas ni ninguno de sus criterios.
Que el color bonito de sus ojos es más brillante cuando el Sol le pega de frente.
Que aunque pesan casi lo mismo, para él, cargarlo, se siente tan ligero y agradable como un montón de almohadas dentro de sus brazos.
Y que poco a poco ha ido metiéndose en su corazón de una manera que asusta pero…¿estaría dispuesto a decirle todo eso teniendo la sombra de sus propias inseguridades susurrándole al oído?
No es por Ushijima, ni por nadie.
Hace tiempo que él dejó de importarle de ese modo.
¿Es esa la presión abrumadora de sentir que si abre la boca, ya no hay retorno? ¿Es eso por lo que tanto parecían sufrir Hinata y Kageyama hace poco?
No eran dudas sobre su amor, era sobre lo que vendría después de hacer público todo.
Pero incluso si el camino más difícil ya ha sido labrado por ellos, ¿la duda que siente es similar a la que ellos sentían?
¿Es suficiente para él?
¿Es eso lo que Atsumu quiere?
¿Es eso lo que el armador merece?
Cada que piensa en Atsumu y en lo que es mejor para él, se deja a sí mismo en un plano aparte en el que podría aceptar recibir todo lo malo si con eso asegura que él no volverá a pasar por ese tipo de situación.
Sin embargo, pensar en él antes que en sí mismo también está mal.
Pero darse cuenta que desde hace tiempo pone como prioridad a Atsumu, se ha sentido tan natural que asusta un poco.
No dar el paso significa que se protege a sí mismo y lo protege a él de salir herido, pero igual significa convertirse en el tipo de persona de la que constantemente Kiyoomi dice que odia.
Los inquisidores a medias.
Los que dicen que van a saltar pero terminan no haciéndolo.
Los que no intentan pero sí se lamentan.
¿En qué momento se convirtió en una persona de ese tipo sin darse cuenta?
Aunque puede que eso no sea comparable al tipo de persona que es Oikawa Tooru al ser tan imprevisto y tan molesto como para hacer que se enfade lo suficiente para que su rostro lo exprese.
Tiene que actualizarle a Hiromi un poco a cerca de su lista de personas fastidiosas, porque aunque Atsumu lo es casi al 100%, solo Kiyoomi ve cierto encanto en eso que ya no le molesta en lo más mínimo, sin embargo, Oikawa Tooru es todo un personaje, y no lo dice él, lo dice el mundo entero, las revistas y los conocidos que tienen en común.
Para él, justo ahora, es simplemente una piedra en el zapato.
Una persona que hasta hace un año solo figuraba en su radar porque caía dentro de la regla invisible impuesta que entre jugadores era casi un deber cívico conocerse o al menos escuchar del otro por noticias cercanas, aunque fuera una vez. Y, bueno, a Oikawa ya lo conocía al menos de palabra pues era imposible que no supiera quien era si ambos estaban dentro del top 5 de mejores jugadores de su generación cuando iban en preparatoria.
Al menos en eso Kiyoomi puede regocijarse un poco. Él solo estaba por debajo de Kiryu en ese tiempo mientras que Oikawa Tooru era el quinto dentro de ese ranking aunque mofarse de eso habiendo pasado años ya, es infantil.
Tan infantil como la cara molesta que debe ser clara y precisa al mostrarle, ahora que están en el IHOP, uno de los lugares favoritos para desayunar de Atsumu en el planeta.
Que, vamos, nada más le falta que alguien escupa fuegos pirotécnicos detrás de él para terminar de inmortalizar su felicidad por comer cantidades abrumadoras de pancakes de tres sabores.
Se ve tan bonito y tan tonto, pero sobretodo bonito.
Inflar las mejillas mientras devora con sumo deleite el de moras para luego seguir con el de plátano. Claro está que Kiyoomi no puede estar satisfecho ni contento con ser solo él quien pueda ver el movimiento de sus mejillas al masticar cuando Oikawa Tooru está riéndose de él mientras ambos compiten para ver quien termina sus platos primero.
Ese va a ser un largo y estresante día, aparentemente.
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I
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Saber que su cuerpo le gustaba supuso una alegría cuando Kiyoomi quiso saber más acerca de él y de la cicatriz en su hombro.
Esa que pocos conocían y que solo él había besado con cuidado la primera vez que se percató de ella.
—¿Y esta cicatriz? ¿Cómo te la hiciste, Tsumu-kun?
Pero, en serio, de todos los días en los que Atsumu pudo elegir usar una playera sin mangas en lugar de una camisa normal, ¿tenía que ser justamente saliendo con Oikawa Tooru?
¿Y qué con ese "Tsumu-kun"?
—Mmnn, cuando era pequeño estaba jugando en la casa del árbol que había en el patio de mis abuelos con Samu. No nos dimos cuenta que había un clavo sobresaliendo por la madera así que… —un beso suave y húmedo que lo hizo estremecer aquella vez, justo ahí, donde se encontraba la cicatriz.
—¿Dolió? —y ese era él, preguntando si había dolido tanto como para que se pusiera a llorar. Atsumu se rió esa vez, tanto por la atención y la caricia proporcionada a su hombro desnudo, como al semblante de cachorrito que Kiyoomi había hecho casi de manera inconsciente.
¿Su respuesta?
Un beso en la nariz y un asentimiento corto de cabeza.
Eso y sentir como ambos se apretaban desde la punta de los pies hasta los brazos cubiertos aún de una fina capa de sudor luego de hacerlo como dos enamorados.
Pero ahora ni siquiera el cuerpo de Atsumu, ni sus hombros y sus clavículas que sobresalen de entre la delgada y escasa tela de la playera que usa, lo mantiene concentrado o tranquilo pues no puede quitarle la mirada tanto a él como a Oikawa.
Eso era algo que le había contado a él.
Solo a él.
¿Qué iba a hacer ahora?
¿Decirle cuántos lunares tenía en el trasero?
Y no creía que muchas personas conociesen esa marca tanto como él lleva adorandola un buen tiempo desde que comenzaron a tener sexo.
Según Atsumu, él era el primero en besarle la cicatriz y decirle que era bonita. El primero dentro de una larga lista de parejas sexuales con las que había estado que seguramente habían notado pero que decidieron no prestarle atención.
La primera vez que Atsumu mencionó eso, Kiyoomi frunció el ceño pues odiaba escucharlo hablar de otros chicos que no fueran él cuando estaban juntos.
—Oh, supongo que merezco que me castigues —dijo Atsumu aquella vez también, atrapando su cintura con sus piernas desnudas, rozando y moviendo sus caderas sugestivamente de arriba a abajo sobre su miembro de nuevo duro y palpitando, casi suplicando ser penetrado de nuevo.
Kiyoomi se lo concedió, gustoso, y lo llevó más allá de las nubes y las estrellas al derramarse dentro de él siendo de mañana a pesar de que lo había hecho toda la noche.
Más que la excitación en sí, y de lo delicioso que era estar en su interior, se había venido dentro suyo con la clara advertencia palpitando en su mente y picando en su lengua de que ese tipo de secretos solo podía contarselos a él.
—¿Enserio? ¿De la casa del árbol? —sin embargo, escuchar reír a Oikawa Tooru, justo ahora, mientras Atsumu le cuenta la historia de la cicatriz, provoca que Kiyoomi se muerda el labio y apriete las manos.
¿Qué carajos?
¿No se suponía que eso era algo solo de ellos?
¿O Atsumu había dicho eso de ser el primero en saberlo solo porque estaba caliente?
Ganas no le faltan de tomarlo del brazo e irse con él para pedirle que por favor deje de actuar así tan lindo frente a Oikawa. No sabe si lo hace a propósito o si es el encanto natural que siempre posee lo que hace que no solo el armador Argentino lo mire con interés, pues a pesar de que ya salieron del restaurante y están dando un par de vueltas por el centro comercial, las personas no paran de mirarlo como si fuesen incapaces de hacerlo para otro lado.
—Omi, quítate el cubrebocas. Ya toda la gente se dio cuenta que somos nosotros —Kiyoomi hace una mueca detrás de la tela, indispuesto cuando lo oye. Y es que aunque desde hace rato ya saben que varios fans los vienen siguiendo, es el único de los tres que parece desencantado y hasta de mal humor con toda esa situación.
Además de que seguramente por culpa de que él y Oikawa no tienen puestos sus cubrebocas, la gente no para de mirarlos. Es obvio que iban a reconocerlos al instante.
No es que se queje de que la gente evite acercarse específicamente a él dado que siempre ha demostrado no tener la calma ni la gracia para tratar a sus seguidores, pero le ha molestado terriblemente que no solo le prestaran atención a Atsumu casi todas las chicas que lo reconocieron, sino que ahora lo están haciendo posar a un lado de Oikawa Tooru mientras les sonríen y se toman fotos con ellos.
El escándalo que se formó en cuestión de minutos fue ridículo, y solo porque las mujeres no dejaban de abordarlos pidiéndoles un montón de fotos casi como si fueran unos idols.
—Creo que debimos ir a otro lado con menos gente.
—¿Bromeas? Extrañaba ser el centro de atención a donde quiera que iba en Japón —Atsumu, ofendido, voltea a mirar a Tooru haciendo una mueca con los labios pero más ofendido está Kiyoomi con toda esa situación.
¿No se suponía que estaban en medio de una conversación importante?
¿Qué hacen un domingo por la tarde dando un paseo?
Bueno, igual no sería tan malo si pudiese ignorar el hecho de que tienen a alguien ahí haciéndoles compañía.
Enserio, ¿qué demonios hacía él aquí?
Por Dios, ¿Y qué hace ahora haciendo berrinches delante de ese argentino?
De no ser porque Kiyoomi siempre mantiene esa expresión seria y malhumorada, cualquiera pensaría que en serio le molesta el hecho de que Atsumu esté siendo, inconscientemente, una bonita cosa berrinchuda en ese momento.
—Creí que vendrías a Japón el próximo mes.
—Sí, bueno, mi hermana acaba de dar a luz a mi nueva sobrina hace unos días así que decidí venir a verla.
—¿Estabas aquí desde hace días? ¿O sea que hablaste conmigo ayer estando aquí?
—¿Sorprendido?
Eso lo explica todo. Y aunque es una incógnita más, resuelta, el saberlo no le produce nada a Kiyoomi a diferencia de la incomodidad que siente de venir él detrás de ellos.
Ah.
Con que así se siente mirar la espalda de Atsumu.
Con que así se siente mirarlo reírse y pasársela bien con alguien que no es él.
La sensación no le incomodaría tanto si fuese alguien más pero es precisamente porque se trata de Oikawa Tooru que su malestar se acentúa en sus cejas fruncidas ligeramente. Aún no entiende cuál es el origen de esa inusitada amistad que hay entre él y Atsumu pero desde que supo de esta, por alguna razón la sensación que deja en él es distinta a cuando Miya está sonriéndole a cualquier otro.
Podría sonreírle a Inunaki, a Adriah, incluso abrazar por detrás a Bokuto o a Hinata, y no le importaría. ¿Por qué con Oikawa Tooru es distinto? Tal vez se debe a las múltiples miradas que le da de refilón antes de siempre acercarse más a Atsumu y susurrarle cosas que lo hacen reír o, en su defecto, sonrojarse.
Como si lo hiciera a propósito y le advirtiera con la mirada que no le importa que él esté ahí.
No va a armar un escándalo, desde luego, pero tampoco se siente del todo bien escuchando como esos dos parlotean como dos viejas comadres mientras él permanece callado sin aportar nada a la conversación que tienen.
Pero tampoco se siente capaz de dejar a Atsumu solo con él.
Menuda mierda.
—La otra vez no tuvimos tiempo de conocernos mejor, Kiyoomi-kun. ¿Qué tal si me cuentas algo sobre ti?—conoce esa mirada. Y aunque Tooru está siendo honesto en preguntarle, finalmente, de forma directa, Kiyoomi sospecha que hay motivos escondidos para que quiera entablar una conversación con él a juzgar por el brillo insidioso que muestran sus ojos.
—No hay nada interesante que contar, en realidad —Atsumu, atento a lo que ambos responden, está apretando con más fuerza de la necesaria su vaso de refresco por alguna razón.
—No tiene que ser interesante. Solo quiero saber de ti. No espero que me cuentes una larga historia, solo quiero que no me digas ninguna mentira — "Una mentira…", piensa Atsumu, sorbiendo con fuerza, antes de sentir como un cubito de hielo se le atora en la garganta cuando oye a Tooru a continuación—. ¿Tienes pareja o algo así?
—¡Tooru! —Kiyoomi mira con atención a Atsumu, quien en medio de su crisis por la imprudente pregunta de su amigo hacia Omi, seguramente no se dio cuenta que le llamó por su nombre de pila en frente de él.
—¿Qué? Solo tengo curiosidad ¿Es malo acaso?
—No tengo —sin embargo, cuando Kiyoomi responde, la histeria del armador japonés, así como la risa de Tooru, se cortan. Sí, bueno...Atsumu realmente no esperaba que dijera que sí ya que no son nada pero oírlo hace que se sienta entristecido —. Pero estoy saliendo con alguien —...hasta que Omi vuelve a abrir la boca y todo en el rostro de Atsumu se vuelve rojo y caliente. ¿Qué…? ¿Qué acaba de…?
—Mmnn, ¿y esa persona te gusta tanto como para que sea tu pareja?
—Si las personas tuvieran que hacerse pareja de cada persona que les gusta, todo el mundo estaría en una relación.
—Hn, qué astuto —responde Tooru mientras que Atsumu es incapaz de responder pues aún sigue en la ardua tarea de procesamiento.
¿Está…? ¿Está diciendo que, entonces, lo que tienen es especial?
¡No puede lanzar una confesión así sin avisarle y de forma pública!
Si tan solo Tooru no estuviera ahí, Atsumu ya hubiese tirado de la mano de Kiyoomi hacia los baños públicos para hacer cosas malas.
Muy, muy, muuuuuy malas.
Quiere sonreír como un bobo pero aunque Tooru está informado acerca de lo mucho que le gusta Kiyoomi, no quiere ser imprudente en decir algo de lo que pueda lamentarse o de lo que Kiyoomi pueda enfadarse luego.
Oh, Dios,...Tiene tantas ganas de besarlo.
Y Kiyoomi se lo hace todo más difícil cuando luego de cambiar de tema, y de Tooru volver a la conversación con él, lo sorprende mirarlo de manera para nada discreta, haciéndolo sonrojar hasta las orejas.
¿Cómo hace eso?
¿Qué clase de superpoder posee ahora que con solo mirarlo siente que se atora con los hielitos que quedan de su bebida?
Tiene que contárselo a alguien.
Tiene que contárselo a Samu.
Tiene que…
Incluso ahora, mientras ha perdido en el juego del piedra-papel-tijeras para decidir quién de los tres va por unos helados, siente que su corazón no deja de palpitar rápido esperando en la fila. Delante de él hay una tierna pareja de novios tomados de la mano. La chica es bajita y lleva un gorrito encantador, y él pareciera que no tiene ojos para nadie más que para ella cuando le sonríe y les oye discutir acerca de los sabores de sus helados.
Nadie nunca le ha dicho que tiene ojos de un soñador, pero justo ahora se siente así, soñando despierto acerca de las muchas fantasías que quiere cumplir con Kiyoomi. Desde tomar su mano en público hasta ir de compras al Ikea -él encima del carrito y Omi empujando-.
O solo, simplemente, estar como la pareja de jovencitos que tiene enfrente.
La chica se ve que lo adora, y él también a ella.
¿Así se ve él cuando mira a Kiyoomi?
Sentirse expuesto y frágil delante de alguien nunca ha sido una noción propia de él en ninguna etapa de su vida y eso es porque aunque su personalidad no es estricta, tiende a ser el tipo de persona encimosa o hasta burlesca y sin filtro con la que la gente no está acostumbrada a lidiar.
Pero con Kiyoomi, a puertas cerradas, ya sea en su departamento o en el suyo, nunca antes se había sentido tan bien con cederle el poder a alguien mientras él solo disfruta de ello.
Con Kiyoomi no tiene que imponerse, y aunque el rematador tampoco toma ese rol ni lo intimida, es como si hicieran equipo casi siempre hasta para resolver las cosas más absurdas. Desde qué tipo de perlas de jabón usar o qué tipo de detergente desechar porque le causan una reacción alérgica a alguno de los dos.
Incluso ahora, cuando es él quien se encuentra esperando su turno para hacer su pedido, para Kiyoomi no hizo falta la necesidad de preguntarle acerca de qué sabor de helado debía comprar para él.
Sabe lo que le gusta.
Lo único que falta por saber, es si también le gusta a él.
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II
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—No juegues con él. Está loco por ti.
Sabía que no se equivocaba con respecto a él, después de todo Atsumu es una persona muy simple y muy fácil de leer a cerca de a quién le contaría ese tipo de cosas aunque, para su gusto, Oikawa Tooru sería la última persona a la que le confiaría un secreto.
Atsumu siempre ha sido así de simple.
Y se llevaría de maravilla con alguien parecido a él así como lo es Oikawa.
Demoraría más el hervor de tres minutos del agua para las sopas instantáneas que el entenderse bastante bien con el armador de argentina conociendo, desde luego, el tipo de persona honestamente expresiva que es Atsumu.
Y aunque esperaba recibir otro tipo de indirecta por parte de Tooru además de las miradas que le daba como si le incitara a la molestia de verlo acercarse demasiado a Miya, no puede decir que no le sorprende que su primera frase, luego de que Atsumu haya ido por los helados, haya sido esa.
—¿Por qué me dices esto tan de repente?
—Bueno, tengo el tiempo medido, Kiyoomi-kun. No hice todo el viaje hasta acá para irme sin probar algo antes —Kiyoomi estrecha los ojos, sospechoso. "Lo sabía", piensa. Que había venido con otras intenciones—. Probar si de verdad te gusta Tsumu —Tooru hace una pausa muy corta solo para ver su reacción—. Y porque soy un buen amigo, naturalmente. ¿Tu también lo eres, no? ¿Te gusta acaso ver a tus amigos sufrir?
—No tienes relaciones sexuales con un amigo —más que sorprendido por lo directo y preciso que es Kiyoomi al responder, Tooru casi se siente con la responsabilidad de acorralarlo y seguirle preguntando.
—Entonces es más que tu amigo, supongo —Kiyoomi no responde ni tampoco lo mira pues están sentados uno al lado del otro en una banquita esperando a que Miya vuelva, aunque la posición tampoco desalienta a Tooru a mirar desvergonzadamente a Kiyoomi de lado—. ¿Es tan difícil admitirlo?
—No tengo que probarle nada a la gente, solo a él —la respuesta por sí sola no satisface a Tooru, haciendo que termine frunciendo la boca un poquito.
—Bueno, pues parece que no estás haciendo un buen trabajo. Si quieres un consejo, no lo atormentes más. Si no puedes darle lo que quiere, entonces déjalo, pero luego no te quejes.
—¿Así es como manejas las cosas tu? —oyéndolo, en serio, Tooru no puede evitar sentir que habla con una pared. O peor, con una persona como Ushiwaka. Y aunque sabe que está mal hacer la comparativa, puede comprender un poco la actitud defensiva con la que Kiyoomi le contesta pero a la vez no.
—Me ha funcionado hasta ahora —alarga el silencio al final, pensando solo una segunda vez lo que va a decir ahora solo por precaución—. Yo no puedo darle a Hajime la familia que quiere, ni él puede darme la estabilidad que quiero. Ambos fuimos honestos cuando iniciamos este tipo de aventura de la que me imagino estás al tanto —Kiyoomi finalmente le presta atención, aunque sea mirándolo de refilón—. Pero que mi historia sea así no significa que la de todos tenga que ser igual. Ahí están Shoyo y Tobio, por ejemplo. Antes no se decían nada por miedo, no por falta de amor, ahora no hay quien los calle ni conocen la prudencia. Están orgullosos de ser quienes son y de amar al otro. Ahora te pregunto, ¿Estás orgulloso de él?
Que se demore unos segundos en responder, dirigiendo la mirada hacia el local donde está Miya pisoteando el suelo, seguramente por lo desesperado que está de que la fila no se mueva, tiene el mismo impacto en Tooru a si Kiyoomi le hubiese respondido inmediatamente y sin dudar.
Se tomó su tiempo para mirarlo y suavizar los ojos, no porque su respuesta fuera menos importante, sino porque pareciera que con mirarlo se asegurara de recordarse que por cosas tan diminutas es que está orgulloso de él y no precisamente por los logros que ha obtenido a lo largo de su carrera aunque esos también son importantes a su modo.
Solo basta mirarlo para darse cuenta de que en verdad el sentimiento es mutuo. ¿Entonces por qué…?
—¿Qué demonios? Si tanto te gusta, ¿por qué…?
—No soy lo mejor para él —si la respuesta anterior no lo satisfacía, esta, definitivamente, le hace enfadarse.
—¿Enserio? Me parece que hace algunos meses él conocía un nuevo bar cada fin de semana y era un desastre, ¿no? ¿A quién crees que le debe eso?
—A él mismo. Él decidió cambiar —¿Cómo alguien puede ser tan cabezota a la vez de honesto? Ahora entiende a lo que Atsumu se refiere casi todas las veces que platica con él, aunque eso no quita el hecho de que no sea un poco desesperante intentar hacer entrar en razón a alguien que, quizá, la tiene a su modo aunque no del todo.
—Puede ser, pero a veces necesitamos algo que nos motive.
Kiyoomi lo mira de refilón, serio.
¿Y qué le hace creer que eso no es justamente lo que Atsumu significa para él?
Puede que su resolución sea incorrecta, y puede que quizá él ni nadie lo entienda, pero para Kiyoomi la estabilidad de Atsumu está por encima de cualquier cosa, incluso por encima de los escondidos y desesperados deseos que tiene sobre él.
Si supiera todas las cosas que quiere hacerle, ¿se asombraría de la intensidad con la que lo quiere?
Nunca antes había deseado que alguien fuera suyo de esa forma.
Nunca antes había experimentado lo que era sentirse celoso por alguien.
Nunca antes se había sentido fascinado por despertar tan temprano para ver a alguien dormir como él lo hace.
Para su fortuna, a la mañana siguiente, Oikawa Tooru tiene que volver a Argentina. Y aunque su corta permanencia en Japón solo le provocó molestias, la verdad es que ayer al regresar a su departamento, con Miya como visitante a quedarse a dormir con él, la noche a su lado se sintió diferente.
No lo hicieron como de costumbre, y aunque de vez en cuando se toman sus periodos de no hacerlo y deciden pasar a ser un par de cursis domésticos, la razón por la que Atsumu se le quedó mirando tanto ayer durante la cena provocó en él algo de incomodidad.
No es posible que los haya escuchado ¿verdad?
—Es hora. ¿No tienes que ir a despedirlo al aeropuerto? —si solo había sido un momento, a Kiyoomi le quedó más claro lo que sucedía con Atsumu cuando este terminó por abrazarlo como un oso aún estando en la cama al amanecer. Enterrando su rostro sobre su pecho, haciendo una respiración profunda antes de darle la cara—. ¿Qué pasa?
—¿Me acompañas?
"¿A quién crees que le debe eso?"
Las palabras de Oikawa Tooru, así como toda su corta conversación, siguen en su mente como si fuera pintura fresca, incluso durante todo el trayecto en taxi hacia el aeropuerto.
A él no le debe nada.
Todo ha sido a base de su propio esfuerzo.
Y, sin embargo, quiere ser egoísta en un momento así.
Quiere tomar de la mano a Atsumu y que sea él quien le da el abrazo, no verlo rodear los hombros de Oikawa en medio de una despedida afectuosa como ahora.
Quiere que le guste tanto como él quiera.
Y quiere hasta enojarse tanto como desee ahora que Tooru, en un movimiento sumamente impredecible y sin razón aparente, roza el rostro de Atsumu como si quisiera besarlo.
Ahí, delante de él.
Lanzando una provocación de ese tipo y de forma pública, obteniendo, finalmente, una reacción esperada.
—¡Omi, no-...! —se escandaliza más, y llama más la atención, Atsumu alzando la voz, que la forma rápida en la que Kiyoomi lo ha tomado del hombro para alejarlo de Tooru. Y aunque está despistado por el movimiento tan brusco, Miya está buscando, a su vez, alguna explicación en los ojos de Tooru sobre lo que acaba o pretendía hacer.
¿Estaba a punto de besarlo?
¿Por qué demonios haría algo así?
Cuando gira su rostro a un malhumorado Kiyoomi, siente que todo en él vibra y encaja con respecto a lo que Tooru acaba de hacer.
¡¿Pero se volvió loco?!
Cuando había hablado con él con respecto a que le gustaría que un día de estos Kiyoomi se sintiera celoso, ¡no se refería a tan pronto y de ese modo!
—Así que son este tipo de acciones las que hacen que Omi-kun se vuelva honesto.
—No juegues con él —el tono de Kiyoomi, si bien no es severo, es sumamente serio.
—¿Yo soy quien juega con él? —de impacto es la expresión que hace Atsumu, al igual que de desconcierto, cuando la seriedad se esfuma y le da paso a una expresión mucho más enfadada tras oír las provocaciones de Tooru. Pero entre Kiyoomi y él, no sabe quién es el que termina más molesto por lo que acaba de pasar pues cuando Omi se aleja diciendole que no se tarde, Atsumu no puede dejar pasar medio segundo más para reclamarle a Tooru.
—¿Por qué hiciste eso-...?
—Deberías estar siguiéndolo en lugar de reclamarme por algo que era justamente necesario.
—¡¿Ah?!
—Sacrificarme por otros es lo que se me da mejor, aunque estoy sorprendido de que no me haya lanzado un golpe —la llamada de abordaje le interrumpe pero no por eso Atsumu deja de sentirse menos enfadado—. Le gustas demasiado —el armador de los BJ no sabe si es coraje o vergüenza lo que hace que se sienta más caliente luego de oír el comentario de Tooru—. Aish, ¿quieres dejar de verme así? Ve con él y convéncelo de que él es lo que quieres y no lo que mereces, de lo contrario las cosas terminarán mal.
—¿Cómo que-...?
Convencerlo.
¿Convencerlo de que precisamente?
Antes de que Tooru llegara, estaban a punto de tener una conversación importante, pero ahora se siente incapaz de dar el paso por una razón que desconoce. Sin embargo, Kiyoomi le sigue enviando señales que no puede desaprovechar, como la de ahora.
Lo que le haya tomado a Atsumu recorrer el aeropuerto y buscar con la mirada a Kiyoomi en la salida, temiendo que se haya ido a casa sin él, es tan proporcionar a la sensación amplificada de no importarle absolutamente nada cuando lo enfoca justo donde están los taxis.
—¿Qué te tomó tanto tiemp-...?
Que se calle.
Que se calle y que en su lugar lo tome de la cintura antes de que pierda el equilibrio por haber corrido hasta él y estampar sus labios sobre lo suyos aun a pesar de tener los molestos barbijos puestos.
Y solo porque se aseguró de colocarse bien su gorra, del mismo modo que tiene una mano, ahora, sobre la de él, mientras se dan ese beso por encima de las telas, es que se pone de puntitas y se arriesga a que todo el mundo los vea.
Pero Kiyoomi, quien parece que es el que más autocontrol y noción del espacio donde se encuentran tiene, es quien lo aparta de una forma un poco sutil a pesar de todo.
—¿Qué…? Estamos en público y-...
—¿Tan difícil es decir que te gusto? —sentirse nervioso y expuesto al punto de no saber qué decir por la pregunta tan inesperada, es que Kiyoomi agradece por primera vez estar casi cubierto por su gorra y el barbijo pues de otro modo Atsumu sería capaz de comprobar, ahí mismo, que lo que dice tiene razón—. Solo dilo.
—¿Para qué? ¿Para ponerlo celoso a él? —Atsumu hace una mueca antes de volver a tomarlo por la nuca y comer su boca, asegurándose esta vez de bajar un poco el cubrebocas, para besarlo como se debe.
—¿Eres un imbécil? Solo quiero decir que eres mío.
¿Por qué le complica tanto las cosas?
¿Por qué él también se las complica a sí mismo?
Es como si el tema acerca de ellos fuera un tabú, o incluso es como si tuvieran miedo a abordarlo solo porque se imaginan lo peor.
Lo peor, sin embargo, comienza a suceder días después de la partida de Tooru a Argentina, llegando hasta ellos en forma de una fotografía suya besándose en el paradero de taxis, justo ese día.
—¿Y esto qué es? —haciéndose el loco, Atsumu intenta no concentrarse en el semblante serio de Kiyoomi cuando le avienta la revista sobre la mesita de la sala de su departamento, intentando no volverse histérico solo porque finalmente, luego de casi un año de mantener esa extraña relación en secreto, alguien finalmente los fotografío—. Bueno, ahí no dice que seamos nosotros, Omi.
—Lo dicen implícitamente, que es lo mismo.
—¿Y eso te molesta?
Porque a él sí, pero se refiere al modo en que Kiyoomi lo está tomando.
Hace tiempo le había dicho que los rumores o las cosas que solían inventar las revistas de él no le importaban en lo absoluto. De hecho, casi nunca leía ese tipo de cosas porque no eran de su interés.
¿Por qué ahora parece que sí le importa?
¿Se tomó la molestia de comprar un ejemplar solo porque salen en primera plana?
Cuando Miya hojea un poco hasta la nota indicada, realmente no están afirmando nada pero sus nombres están ahí.
Una vuelta, de regreso a su teléfono, por sus redes sociales y es consciente del número de notificaciones y menciones que tiene pero así como hay una buena cantidad de seguidores que están diciendo que sí son ellos, hay otros que los están defendiendo.
De su círculo social, bueno, ya tiene como dos llamadas perdidas de Bokuto, cuatro de Shion, dos de Adriah y tres de Osamu, sin mencionar las demás.
Okey, puede que sí se les haya salido de las manos un poquito esto pero en ese momento no pensaron en las consecuencias. Además, ha pasado casi un maldito año. ¿Esperaban seguir así para siempre pretendiendo engañar a todos?
—No me mires como si fuera mi culpa, Kiyoomi.
—No lo hago.
Miya no sabe cómo responder a eso pues aunque es honesto, su semblante, por primera vez, luce ligeramente ansioso. No tienen escapatoria, al menos no ante el ojo público ahora, pero que esto esté sucediendo solo apresura más lo inminente.
Miya lo sabe.
Sabe que el tiempo está por acabarse.
Y que el año en el que Kiyoomi pudo tomar una decisión distinta a la de su futuro, está por llegar a su fin. Y solo porque él tampoco ha tenido el valor de preguntarle acerca de sus planes.
Ha tenido que oírlo de los demás miembros del equipo, e incluso del capitán, para darse cuenta de que Kiyoomi siempre estuvo listo para irse y que nunca consideró quedarse en Japón.
—¿Crees que si se lo pidieras, se quedaría? —así que durante esa noche, en la que no puede conciliar el sueño y ha preferido coger las sábanas e irse al sofá, en lugar de quedarse en la cama a lado de él, habla con Osamu. Y siente que ha sido una eternidad la que ha pasado desde la última vez que lo hicieron—. Lo de Polonia todo mundo lo sabe, y él no ha hecho nada para desmentirlo cada que se lo preguntan. Al menos es lo que se dice en redes—. Osamu podrá no ser su conciencia pero es su gemelo, y es algo único, y hasta medio paranormal, el sentir lo que el otro está sintiendo de la forma en la que ellos lo hacen a pesar de que hace meses que no se ven—. Y honestamente, eres una molestia pero eres mi hermano y odiaría verte de nuevo en ese estado.
Atsumu sonríe un poco amargo, bajando la cabeza un poquito frente a la pantalla de su teléfono. Ahí delante de la que se ve a oscuras porque ya es de madrugada.
—Te mereces algo mejor, Stumu.
Algo mejor, dice. ¿Las personas comunes van en busca de un mejor trabajo solo porque así lo quieren? ¿O tienen que esperar años para poder salirse del lugar en el que están solo porque la necesidad les hace permanecer en su solo sitio?
Kiyoomi no es su necesidad pero, mierda, ¿Cómo tiene tanto poder para que lo quiera de ese modo sin proponérselo?. Eso no es culpa suya, es culpa de sí mismo por resistir. Por aguantar. Por imaginar que el tiempo le dará la razón aunque de eso último no cree que quede mucho.
Aún así, si tuviera que responder a la pregunta de Osamu, es probable que este se enoje si le dice que no cree que exista algo mejor que Kiyoomi para él.
—Odio ser yo quien te diga estas cosas pero pareciera que él tiene el poder de destruirte, así como Ushijima de destruirlo a él.
—¿Destruirme? —Atsumu suelta una risita baja y congestionada ante la gracia que le da eso—. Yo creo que es al revés.
—¿Ah?
—Él me ha reconstruido, Samu.
Aunque diga que no.
Aunque Kiyoomi sienta que el cambio en su vida se lo debe a sí mismo, también es gracias a él.
—Si él enserio se va…¿qué vas a hacer?
—Tengo fe.
—¿Tienes fe?
—En que si se va, lo haga pensando solamente en él y en su futuro y no pensando en nadie más —hace una pausa, lanzando una mirada rápida hacia el pasillo. Justo a la puerta entreabierta de la habitación de Kiyoomi donde él debería seguir durmiendo—. Y si se queda, sabré que lo hace por mí.
—Te oyes muy seguro para ser alguien que no tiene la certeza de nada —Atsumu vuelve a reír bajito, esta vez sin la amarga sensación de sentir que la voz le tiembla.
—Así se oía Shoyo.
—¿Eh?
—Así se oía cuando estaba enamorado.
Siempre que hablaba de Kageyama, había algo en su tono de voz que cambiaba. Podía estar frustrado por algún partido o triste por otra cosa, pero siempre que hablaba de él, incluso en sus momentos más frágiles y oscuros, su mirada se suavizaba pero sus palabras se intensificaban al mencionar o pensar en él.
—¿Qué fue eso? —advertidos por un sonido que incluso Osamu ha alcanzado a oír, Atsumu estira las piernas antes flexionadas y abrazadas por él, apartando la pantalla de su teléfono solo un momento para adecuar sus ojos a la oscuridad y definir si el sonido ha venido precisamente de la habitación de Kiyoomi—. ¿Es él?
—Tengo que colgar, te llamo después. Supongo que debo intentar arreglar esto.
—Arréglalo todo, imbécil —ante el particular apoyo de su gemelo, Atsumu tuerce una sonrisa, antes de ponerse de pie y comenzar a caminar hacia la habitación de regreso, todo esto con Osamu aún en línea—. Dijiste que serías más feliz que yo ¿no es así? Entonces deja ser infeliz por una maldita vez en tu vida—Tsumu le sonríe una última vez antes de despedirse y colgar.
—Eso intento.
Soltando un par de palabras solo para él una vez que se sabe solo, o al menos lo que dura una vez que entra a la habitación de Kiyoomi y ve una pequeña fuente de luz proveniente del baño.
—¿Omi? ¡Waah! —chocando con su pecho al aparecer de la nada, Atsumu tiene que esconder su teléfono detrás de su espalda cuando nota la mirada persistente de Kiyoomi sobre éste —. "No pensará que era Tooru, ¿o sí?" —. Ah, era mi hermano —aclara, antes de que se cree un malentendido pero no sabe si es la luz lo que hace que el semblante del azabache se vea ensombrecido o solo es su imaginación—. Umm, ¿está todo bien?
Nunca antes había deseado que alguien fuera suyo de esa forma.
Nunca antes se había sentido fascinado así por alguien.
—¿Omi…?
—Estoy bien.
Y nunca antes había tenido la necesidad de mentir.
Ni de oír conversaciones ajenas a escondidas por más curioso que estuviera.
Y aunque no ha sido su intención, despertar y no ver a Atsumu a su lado, terminó guiando sus pies hacia la sala.
"—Te mereces algo mejor, Samu"
"—...No lo atormentes más. Si no puedes darle lo que quiere, entonces déjalo"
—¿Omi?
—No es nada. Vayamos a dormir.
Nunca antes había tenido la necesidad de mentir.
"— Solo quiero decir que eres mío"
Y nunca se había sentido tan forzado a tener que decidir, sabiendo que heriría a alguien más.
Y que ese alguien sería él.
