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La verdad nos hace libres
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Sí, bueno, lo de esperar a Kiyoomi pacientemente como si fuera una anciana de 70 años lo decía en broma.
No lo puede creer.
Enserio que no lo puede creer.
Según Shoyo, Kiyoomi seguía en Japón. ¡¿Entonces por qué demonios no viene a buscarlo todo arrepentido, con rosas y chocolates en manos?!
¿Qué no se iba a ir con Ushijima?
Sí, bueno, los rumores, al parecer, de que iban a irse en el mismo vuelo el mismo día parece que habían sido solo eso: rumores. Y aunque Shoyo ya se lo había informado implícitamente, Atsumu intenta no volverse loco pensando en las miles de razones por las que el azabache está demorando tanto en buscarlo, largarse, o decidir, tan siquiera, qué es lo que quiere y qué quiere hacer.
Ojalá pudiera tener algún superpoder en el que a través de la mente pudiera decirle lo que quiere.
¡Y lo que quiere es que aparezca en su maldita puerta ya con un ramo de rosas enorme!
Pero no sucede.
Transcurre un día, transcurren dos. Pronto ya ha pasado semana y media. Y nada de nada.
¿Qué le está tomando tanto tiempo?
Hoy, se suponía, era él quien regresaría a los entrenamientos.
Pero, en su lugar, no ha tenido una mejor idea que pedirle unos días al entrenador para arreglar un asunto familiar, armar sus maletas y recoger los pedazos de su dignidad porque si Kiyoomi piensa que ese va a ser el final de su vida, está muy equivocado.
—Asunto familiar, mis bolas. ¿Cómo que te vas a Argentina?
—Sí, Samu. Me han dicho que las mejores empanadas las hacen ahí —Osamu gruñe del otro lado del auricular pero Atsumu sigue tan ensimismado en seguir metiendo kilos de ropa en su maleta que no le presta atención a sus regaños ni tampoco a la incesante cantidad de notificaciones que están llegando a su teléfono en este momento.
Nadie sabe dónde está Kiyoomi.
Ni sabia sabe ni una maldita noticia de él.
Pero a Atsumu ya no le importa.
O al menos ese es el pensamiento con el que ha amanecido este día, repitiendoselo a cada rato para que no se le olvide.
Todo mundo habla de Kiyoomi en redes, y de Ushijima, y un poco —mucho, en realidad— también de él. De que si uno va persiguiendo al otro, y de que si Atsumu es la cenicienta abandonada.
—Abandonada mis calzones. Vas a ver lo que se va a decir de mí, Sakusa Kiyoomi, cuando decida volver a aparecer rumbeando en tierras latinas.
Sí, bueno, había dicho que no lo iba a perseguir pero no dijo nada acerca de forzarlo a él a seguirlo. Y aunque puede que sea una niñería lo que está a punto de hacer, necesita abandonar Japón por unos malditos días si no quiere volverse completamente loco.
—Pero ¿Argentina? ¿Qué mosca te picó?
—Una mosca latina.
Dios, tiene que dejar de juntarse con Tooru por un rato, aunque fue precisamente gracias a él que tomó la iniciativa de tomarse un tiempo para sí mismo porque ya está harto de esa neblina de apatía y tristeza que ronda sobre él, como si fuera un muerto, desde que lo suyo con Kiyoomi se terminó.
No va a volver a ser el desastre de antes, desde luego, pero sí que va a tomarse un tiempo de toda esa mierda del amor.
O al menos esa es la razón por la que, se quiere convencer, ha elegido irse.
—¿Estás seguro, Tsumu?
Esa es la quinta vez que Tooru le pregunta si lo está luego de colgar con Samu y decirle, precipitadamente, que ha adelantado sus vacaciones y estará un tiempo fuera del país.
—Muy seguro. ¿Me apoyas o no en mi nuevo proyecto de ser latino?
Si Kiyoomi sigue en Japón, no le importa, se repite.
Y si va a buscarlo, luego de arrepentirse, que le cueste.
Eso es lo único que tiene en mente ahora.
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I
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¿Cómo se le dice adiós a alguien que no te imaginas vivir sin él?
No recuerda cuántas veces le hizo esa pregunta a Siri la noche anterior pero de lo que si se acuerda es que debió de dejar de mirar Tiktok por un rato pues eso solo se convirtió en una avalancha de arrepentimiento que justo ahora está queriendo nublar la decisión que, supuestamente, ya tomó.
Está yendo al aeropuerto, maldita sea, siendo bombardeado por un sin fin de mensajes, llamadas perdidas y notificaciones de parte de medio mundo que, seguramente para esta hora, ya se han enteraron de su locura gracias al amigo de un amigo de un amigo.
Le había dicho a Tooru, la noche anterior, que planeaba darse un tiempo a sí mismo y qué mejor que yéndose a otro punto del planeta siempre y cuando fuera lejos de Japón.
Pero tenía que ser hoy en la mañana despertar un poco más alocado que de costumbre para decidir que no dejaría que pasara más tiempo prolongando lo inevitable y que en verdad quería hacer un cambio en su vida debía simplemente hacer maletas e irse al Archipiélago o algo así.
Sí, bueno, tenía dinero de sobra para ello pero tampoco era tan descabellado como para tomar ese como su destino final.
—Y por eso ahora mi casi novio y yo hemos terminado. Más bien, yo lo he terminado a él. Es un sorete indeciso —Atsumu dirige su vista hacia el chófer del auto, quien lo mira como si estuviera reteniendo su risa en todo momento desde que se subió al uber, luego de haberle contado casi toda la historia de su vida como si fueran amigos de años, solo porque no puede mantenerse callado lo que les ha tomado llegar hasta el aeropuerto—. Gracias por traerme, Takashi-kun. Ha sido fenomenal, repitamoslo de nuevo algún día.
Takashi se llama.
Nunca lo olvidará.
Y mientras le dice adiós a su amigo de quince minutos, los mensajes de Tooru no dejan de llegar a su bandeja.
"—¿Enserio vas a comprar un boleto ahora? ¿No habías pagado uno ya para dentro de dos semanas? "
Sí, bueno, días más, días menos, ¿a quién le importa? La cuestión es que ya se encuentra en el aeropuerto sin haberle avisado a nadie de su decisión, salvo a Osamu y él, desde luego.
Y aunque alguno de los dos quisiera detenerlo, iba a ser imposible pues ambos se encontraban muy lejos de él en ese momento.
En cuanto a los titulares del equipo, a esta hora todos debían estar en el gimnasio practicando.
¿Y Kiyoomi?
Nino.
Ni noticias.
Pero ¿qué más da?
Que lo espere su abuela a ver para cuándo se decide acerca de su vida y todo el quilombo que trae detrás suyo como una carga sobre su espalda.
Él no va a esperar.
Qué desgraciados han sido todos estos últimos meses esperando algo de él como si fuera Rapunzel encerrada en una torre, cantándole a los pajaritos.
Oh, bueno, esa era Blancanieves, ¿no?
Como sea, no puede decir que haya sido también gracias a la influencia de Tooru que ahora esté pensando en los diferentes sitios a los que quiere ir a rumbear una vez pise tierras argentinas, pero sí que está pensando que ya estuvo bueno de tanto duelo como si alguien hubiese muerto.
No es una novia dejada por nadie.
Hay mucha más carne fresca y joven esperando por él.
Y mientras se repite todo esto una y otra vez buscando convencerse de que es una fabulosa idea, a solo dos personas de llegar al mostrador para conseguir su boleto, parece que todavía conserva la fe.
No se ha molestado en ocultar su identidad, no porque quiera que todos los reconozcan o algo parecido, pero sabe muy bien que ya uno que otro fan le ha sacado fotos y han comenzado a enviarlas a diferentes grupos, viralizando y exhibiendo su ubicación.
Si le importara...Si a Kiyoomi enserio le importara, ¿correría a buscarlo?
Desde que conversó con Shoyo ha pasado semana y media en la que se supone Kiyoomi ha permanecido en Japón. ¿Por qué no lo ha buscado entonces?
Parte de él está ansioso y desesperado por un reencuentro pero la otra parte está decidida a irse de ahí.
—No puedo seguir aquí. Necesito ir a otro lado o...enserio me voy a volver loco —de pensar en él, de imaginarlo que va a llegar en el último minuto.
No.
Eso es muy difícil que suceda.
Esa no es una telenovela.
Y Kiyoomi no es de esos protagonistas que se montan todo un show de ese calibre solo para pedirle que se quede mientras se arrodilla y le pide una vida juntos.
—Bueno, Kiyoomi, tu oportunidad se ha ido a la vil mierda —dice, resentido, como si el azabache lo escuchara. Pasaporte en mano y está listo para pagar su boleto solicitado de no ser porque a unos metros de él hay todo un escándalo.
¿Qué?
¿Enserio no puede tener su capítulo de final de temporada en paz como las protagonistas luchonas que se superan y van en busca de un nuevo comienzo? Hasta para eso la vida siempre se encarga de ponerlo como secundario y no como…
—¡Oh, por Dios! ¿Que ese no es Sakusa Kiyoomi de los Black Jackals? —oye a una chica cerca de él gritar.
No puede ser.
Santa mierda.
¡¿Es Kiyoomi el que está siendo abordado por un séquito de fans empedernidas a querer tomarse una foto con él?!
Debe de estar borracho.
O dormido.
O ambos.
No.
Es imposible.
¡Solo bebió un sorbo de tequila al salir de casa!
Aturdido por el escándalo y la impresión, su mano retrocede del mostrador solo porque pega un gritito viendo como el azabache prácticamente olvida todos sus modales y se apoya en él mientras intenta recuperar la respiración como si hubiese corrido a detener el tiempo de centrifugado de su lavadora averiada.
¿Qué carajos-...?
—Tu...—apenas habla, Atsumu siente como toda la fuerza de voluntad acumulada por estos últimos días, se esfuma con un pfff, sintiendo las piernas como gelatina de pronto. No. No. ¡No! ¡Voluntad!—. Dime, por favor, que no has comprado un maldito boleto a Tazmania o algo así —el encanto, sin embargo, se desvanece con la misma velocidad que como llegó tan solo al oírlo.
—De hecho, es a Argentina a donde voy. Y no, no lo he comprado pero sí que estoy a punto de hacerlo. ¿Se te ofrece algo? —dándole por su lado, recoge pedazos de su voluntad aun amarrada a él, volviendo la vista vanidosa al frente, extendiendo los billetes que hace segundos estuvo a punto de darle a la cajera, quien por algún motivo parece estar haciendo esfuerzos sobrehumanos por no reírse por algo. Bah, igual solo está imaginando cosas—. Cóbrelo, por favor.
—No, no lo cobre —Atsumu lo mira enfadado, viendo como sostiene su mano y retrae su brazo con el dinero.
—¿Qué demonios haces?
—Protagonizando mi propio final de telenovela latina.
—¿Ah?
Sin rosas ni chocolates, y mucho menos un anillo pero sí con la cajita azul de listón gris aterciopelado, Atsumu casi desorbita los ojos, escandalizandose al ver como Kiyoomi va y pone una rodilla en el suelo mientras con está con la cajita ya abierta, haciendo que reconozca el brazalete de oro.
Si su cerebro no se había fundido ya, justo ahora acaba de hacerlo.
—Qué…¡¿Qué estás haciend-...?!
—Tenías razón —para este momento, Atsumu no puede formular oraciones complicadas ni preguntas largas. Lo único que hace es sentir que el aire le falta y parpadear furiosamente —. Lo pensé. Pensé en todo lo que dijiste aquella vez, y pensé en lo muy miserable que voy a ser si me voy y te dejo —tomando su mano esta vez, mientras la aprieta, Atsumu siente como rápidamente los ojos comienzan a arderle, pero aún si de ellos estuviese bajando un diluvio, no los apartaría de Kiyoomi y de su dedicación por mirarlo mientras su rostro va pasando por todos los tonos de rojo posible—. No. Más bien me di cuenta de lo miserable que voy a ser si tu me dejas a mí.
No lo entiende.
No entiende nada de lo que está pasando.
Pero mientras más intenta buscar una respuesta, más su fuerza de voluntad se ve afectada al punto de que está estrechando la mano de Kiyoomi sin darse cuenta.
¿Enserio está pasando todo eso?
¿No lo está soñando?
¡Apenas hace unos días los planes eran otros!
Planes…
—Espera…¿Qué no te habías ido a Polonia?
—No me iré a ningún lado —Atsumu gime, conteniendo el aliento—. No iré a Polonia, ni a África, ni a Tangamandapio, ni a ningún otro lado porque lo que quiero no está en ninguno de esos lugares. Está aquí, en Japón, cubierto de babas mientras le hago llorar otra vez, queriendo tomar un maldito avión para irse a quién sabe dónde.
—A Argentina, Omi… A-Acabo de...snif...decirte...
Podrían existir una infinidad de razones por las que, cualquiera que supiera un poco su historia, diría que no eran lo que el otro necesitaba. Sin embargo, solo ellos saben lo que quieren. Y lo que Kiyoomi está dispuesto a abandonar —y de paso provocar al ir hasta ahí y hacer todo eso de manera pública— no se compara a la sensación de poder volver a sostener en brazos a Atsumu mientras llora, oyendo lo mucho que lo odia pero también lo mucho que lo ama.
Hace tiempo, le había dicho a Ushijima que había algo en Atsumu que le provocaba ser mejor persona.
De lo que está seguro ahora es que no va a soltarlo jamás, y de que va a comenzar a perder la vergüenza de muchas cosas si es de la mano de él, siempre y cuando Atsumu no le provoque que el hígado le quiera explotar con alguna de sus ocurrencias al extremo, como la de querer irse al otro lado del mundo sin él.
—Me estás llenando de babas —ofendido, por supuesto, y completamente ignorante de que la gente sigue mirándolos pues sigue en la fila, Miya tira de él solo para moverse a un lado pero sin dejar de ser el centro de atención de todas las personas ahí.
Dios, ¿todo eso es real?
¿Y desde cuándo Kiyoomi estuvo esperando para ir por él sino hasta el último minuto como todo un dramático?
Cuando vuelve la vista a la chica detrás del mostrador, la ve sonreír, al igual que a sus demás compañeros que están de turno a su lado y…¿Es esa una peluca? No tiene mucho tiempo para prestarle atención, pasando la vista a los seguidores de ambos, quienes están tomando miles de fotos de ellos, así como ve a los miembros de seguridad del aeropuerto no moverse de su sitio por alguna razón.
De hecho, estos están por delante de las personas que les siguen gritando y tomando fotos como si no hubiera un mañana, creando una pared humana que no los alcanza del todo.
Como si…
Como si supieran exactamente qué hacer solo porque alguien se los pidió con anticipación-...
—Espera...¡¿Planeaste todo esto?! —Kiyoomi solo tuerce una mueca, que es una sonrisa de hecho, y Atsumu siente que le va a dar un paro cardíaco en ese momento.
—¿No dijiste que querías tu final de novela latina? —abriendo la boca solo para dejar salir aire, Kiyoomi dispone de su asombro para continuar hablando—. Incluso mi hermano tuvo que contenerse bastante. ¿Siempre vas contándole a todos tu vida solo porque se te antoja? —Atsumu parpadea, aturdido.
—¿T-Tu hermano…?
—El chofer del uber.
No puede ser. ¡Ya decía él que su parecido con Kiyoomi era ridículo! ¡Y eso que pensó que estaba viendo a Kiyoomi por todas partes sólo porque deseaba mucho verlo!
Esperen...Entonces la chica que estaba cobrándole el boleto, la de la peluca...
—Mi hermana.
—¡Atsumu-kun, no te preocupes, tienen mi bendición desde hace tiempo!
¡Aaaaaaaaahhhhhhh!
¡Lo va a matar!
Pero antes de llegar a ello, solo esconde la cara completamente roja en el espacio entre su cuello y su hombro.
—¡Sakusa Kiyoomi, te odio muchísimo!
—Y yo te amo.
Lo ama.
Lo ama.
¡Lo ama!
Y ha montado toda una escena tal y como si fuera el final de una novela de las que tanto le gustan.
Y entre la risa y el llanto, Atsumu siente como el brazalete se va deslizando por una de sus manos.
—Quédate conmigo.
Dios.
No tiene ni la fuerza para hacer sufrir un poquito más y ponérsela difícil diciendo algo como que debe esforzarse más si quiere conseguir su sí. De hecho, Atsumu solo asiente como un tonto, volviendo a abrazarse a él solo para oler su aroma.
Y de paso asegurarse de que todo eso existe y que no es un sueño.
—Estamos en público, Omi...
—Lo sé.
—Y en el aeropuerto. Donde hay miles de personas viéndonos.
—También lo sé —Atsumu sorbe con fuerza, enjuagando los ojos un poquito, no queriendo apartar sus manos de los hombros de Kiyoomi aún.
—¿Y no te importa?
—Ya no.
—Donde se te ocurra arruinar mi perfecto final de novela latina juro que te mato, Sakusa Kiyoomi —Miya sonríe sobre su hombro, apretando sus manos alrededor de su ropa y de paso admirando el bonito brillo del brazalete ahora en su mano, murmurando ahí bajito como si a pesar de que tienen muchos pares de ojos sobre ellos, lo que se dicen solo les perteneciera a ellos—. Eres una persona horrible, en serio, ¿Cómo se te ocurrió hacerme esto? ¿Quién te enseñó a ser así de cretino?
—¿Tú quién crees? —dice, refiriéndose a él, y Miya no puede mostrarse lo suficientemente arrogante al respecto solo porque está muy ocupado sonriendo como un bobo mientras sigue llorando también y recibe una que otra caricia de parte de Sakusa, mismo quien le ayuda a acomodar ese cabello rebelde que le cae por todos lados.
—Deja de decir mentiras, por favor, un día de estos me va a dar un infarto en serio —el azabache asiente, obediente, completamente aturdido por el bonito desastre de lágrimas y mocos que es Miya en esos momentos a pesar de todo. Un encanto que solo puede ser bien apreciado por él—. Anda, vamos.
—¿Eh?
—Di ahora una verdad.
—Te amo.
Shoyo tenía razón.
Atsumu solo esperaba su respuesta, no una disculpa.
Y Kiyoomi solo necesitaba decir la verdad.
La verdad para, finalmente, sentirse libre.
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II
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—E-Esper-...Mmnn, Omi...Espera…¿No deberías presentarme a tu familia?
—¿Enserio quieres hacer eso ahora?
—Mn, tienes razón, mejor apresúrate y quítame la ropa.
Y, por si fuera poco, no pueden tener una propia reconciliación digna de una teleserie si en vez de perder el tiempo solo comienzan a besarse y acariciarse tan pronto llegan al departamento del mayor y cierran la puerta de la entrada.
Sí, otras personas un poco más decentes que ellos seguramente preferirían tomarse las cosas lentamente y conversar primero.
Pero ellos no.
Pues tan pronto las puertas del ascensor se han cerrado, Kiyoomi prácticamente ha saltado a devorar sus labios como si fuera el protagonista fuck boy de las novelas, esas que Atsumu suele leer en wattpad en secreto.
No lo resiste y no quiere esperar a hablar y luego pasar a la acción, así que omitiendo ese paso importantísimo, y han pasado directamente a esa tan ansiada acción. Esa donde los botones de sus camisas vuelan y donde va a ser necesario que alguien vaya a hacer la limpieza luego porque Atsumu ya oyó como una o dos cosas han caído al suelo y se han roto.
—Omi, espera… —suelta una risita sintiendo su oreja ser atendida por su lengua, volviendo prontamente esa risa un suspiro que termina siendo un gemido sumamente desesperado—. A-Ah, sí, chupa ahí… —apretandolo contra su dura erección, Atsumu casi puede ver estrellitas cuando en un rápido movimiento Kiyoomi se deshace de su pantalón y el propio, liberando sus miembros, comenzando a masturbarlos juntos con un deseo bestial que hace que se ponga de puntitas, arquee la espalda, y sea necesario sujetarse de sus hombros para no desvanecerse —. A-Ah, Omi...Omi…, más. Por favor...¡A-Ah! ¡Oye! ¡A-Ah! ¡No!—su desesperación es tanta que cada caricia la deja a medias, llevándolo a la locura. No ha terminado de masturbarlo y ya está separando sus glúteos para meter sus dedos ahí y hacer un desastre viscoso al ritmo que él marca.
Con el acceso libre a sus pezones —luego de haber prácticamente botado los botones de un tirón y sin dejar de atender su entrada con sus dedos—, con su mano libre aprieta la cintura de Atsumu contra él, de tal forma que su boca tiene el acceso libre para chupar su pecho, estirar y succionar sus botones de carne.
—¡Ah, Omi…! —siendo atendido de ambos lados, el interior de Atsumu rápidamente comienza a extender todo el placer por cada rincón de su cuerpo, sintiendo que va a venirse en cualquier momento—. ¡N-No, espera…! ¡No quiero venirme así…!
—¿Y entonces cómo? —aprovechando ese segundo en el que deja de torturarlo de ambos lados, tira de su camisa para besarlo y levantar sus piernas, envolviendo su cadera con estas. La señal exacta para que Kiyoomi entienda muy bien lo que quiere, lo cargue y lo lleve hasta su habitación, depositandolo con mediana fuerza sobre la cama.
Sabe lo que quiere pues en cuanto lo libera, es Atsumu quien se abre por completo para él, esperando que se acomode entre sus piernas.
Lo sabe.
Y aun así todavía se toma su tiempo para grabarse cada suspiro interrumpido que Atsumu da debido al calor y a la excitación de la que es prisionero su cuerpo.
Perlado en sudor, completamente rojo del rostro hasta las orejas, con la boca entreabierta, preparado para él, antes de que lo oiga suplicar para que se apresure, Kiyoomi deja caer su cuerpo sobre el suyo dejando cuidadosamente el espacio suficiente entre su cuerpo y el de el armador para no lastimarlo y, por supuesto, para poder mirarlo a los ojos.
Mirarlo, y darle besos cortos que solo ponen más y más deseoso a Atsumu de él.
Carajo, ¿por qué lo tortura así?
¿No está viendo lo desesperado que está?
¿Sus piernas alrededor de su cintura no son suficiente señal para que simplemente lo folle duro?
—Omi, por favor...Te necesito dentro. Ya...
—Aún estás lesionado —volviendo el ambiente un poco más serio pero no por eso menos íntimo, Atsumu se percata de la tobillera blanca que todo este tiempo ha estado usando a pesar de que el periodo de rehabilitación ya ha concluido.
—Ah, eso. La doctora dijo que lo siguiera usando solo por recomendación —y aunque es una realidad que ya no le duele, ver el ceño fruncido de Kiyoomi mientras más lo inspecciona, lejos de parecer que rompe el ambiente, le causa ternura, provocándole una risita—. Vamos, Omi, no soy de cristal. Estoy perfectamente bien. Solo tienes que ser un poco gentil ¿sí? —aprovechando la cercanía de su rostro, sostiene sus mejillas para darle un beso corto—. Solo mételo ya o enserio me voy a volver loco.
—¿Estás seguro?
—Que sí, no seas tan llorón y...¡A-Ah! ¡No me avisaste...Ah! —y aunque parece que no entiende el español porque prácticamente ha introducido sus dedos nuevamente en lugar de su pene, con solo esa intromisión, todo su interior cosquillea, arde y se contrae, casi como si tomara la forma de sus dedos, provocando que mueva sus caderas en busca de introducirlos más—. ¡A-Ah…! ¡Mete otro…!
—¿Te estuviste preparando para mi?
—¿E-Eh…? Ah, Dios… —mordiéndose como si quisiera no gritar, el armador concede un gemido delicioso en cuanto Kiyoomi mete otro dedo, tal y como se lo pide.
—No estás tan estrecho —Atsumu abre la boca durante los primeros segundos solo para soltar gemidos y tomar aire y posteriormente la vuelve a cerrar para regular su respiración y poder responder seguidamente.
—Sí, bueno...tuve que comprarme un jodido dildo porque extrañaba mucho tu pene y… —una nalgada y todo en Atsumu vibra deliciosamente—. N-No...No lo volveré a usar. Lo juro…
—Voltéate y ponte de rodillas —sin tiempo para pensar en rechazar su oferta, aun sintiendo la nalga hormiguear, Atsumu obedece, dejando caer su bonito y húmedo rostro, cubierto de lágrimas, sobre el colchón pero inclinado hacia Kiyoomi, conectando sus ojos en todo momento—. ¿Tienes condones?
—¡Omi, enserio, si vuelves a abrir la boca para decir algo y demorarte en meter tu pene en mi culo, te juro que…! ¡A-Ah, sí! ¡Al fin!
Él fue quien lo pidió, ¿entonces por qué demonios duele tanto? ¿Es porque ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo hicieron?
Definitivamente se equivocó mucho en la talla de ese dildo cuando lo pidió por internet porque no le hace justicia al tamaño del de Kiyoomi ahora que lo siente adentrarse más en él.
Incluso lo siente mucho más grande de lo que recuerda, como si se hinchara cada vez más en respuesta al movimiento desesperado que hace él por llevar su trasero hacia atrás, como si quisiera meter cada centímetro, sin desperdiciar nada, en su interior por mucho que duela.
Afortunadamente Kiyoomi se ha vuelto muy bueno en percatarse de cada gesto y mueca que hace pues en cuanto una de las embestidas prácticamente le reinicia la vida y hace que ponga los ojos en blanco y vea a sus antepasados, se detiene, asustado de haberlo lastimado.
—A-Ah, Omi…¿Por...por qué paras…?
—¿Te está doliendo? —Atsumu lo ve con ojos de amor en medio del placer que siente, aunque en realidad esté completamente sudoroso y con los ojos vidriosos debido a la excitación.
—No...Bueno, algo, sí, pero dolió más la primera vez —consciente de que eso debía ser un secreto que según iba a llevarse a la tumba, Atsumu se muerde los labios demasiado tarde—. Quiero decir…
—Espera —Ah, se salió entero. ¡No! ¿Por qué?—. ¿Esa fue tu primera vez? —dice Kiyoomi, recordando la primera vez que lo hicieron en Estados Unidos, en un tono quizá no asustado, pero sí incrédulo—. Me dijiste que…
—Sí, sí, mentí esa vez, ¿ok? , nunca fui el de abajo —Ah, ¿por qué tenía que salirse justo ahora? ¿Y por qué tenía que voltearlo también para que le mirara de frente? Ahora no sabe en dónde esconder la cara de vergüenza. Pero más que esperar una burla por parte de él, Kiyoomi está frunciendo el ceño de nuevo y, honestamente, Atsumu no piensa pasarse toda la noche haciendo el recuento de los daños en lugar de tener sexo de reconciliación salvaje con él—. No quería que te burlaras de mí, ¿de acuerdo? Siempre había sido el que daba, no el que recibía. Tu fuiste mi primera vez de esa forma.
—Debiste decirme —Atsumu suspira, sintiéndose un poco menos acalorado de las mejillas ahora que Kiyoomi hace esa expresión de genuina preocupación en lugar de sentirse molesto por la mentira—. ¿Dolió mucho? —Ah, enserio, ¿cómo se supone que mantenga su autocontrol y no le pida que lo folle salvajemente si hace esa carita tan tierna?
Kiyoomi no debe ser consciente de su propio encanto, y agradece secretamente que no lo sea pues de otro modo no le dejaría disfrutar de ello si lo supiera.
—Mucho, sí, pero eso ya no importa ¿bien? —sacando provecho que de nuevo están frente a frente, levanta sus piernas nuevamente, restregando su entrada por completo en la punta de su pene, sintiendo la presión que esta ejerce en su piel fruncida—. Ahora ya no duele, ¿ves? —introduciendo la punta con la ayuda de sus manos, Atsumu tira la cabeza hacia atrás, llenando los pulmones de aire, lamiéndose los labios, esos que Kiyoomi no tarda en atender al recostarse sobre él, dejando todo su peso apoyado sobre sus brazos flexionados a los costados de su cabeza para no aplastarlo—. Mmmm...me gusta.
—Yo tambien mentí.
—¿Eh? ¿Sobre qué?
—Sobre ser el de arriba.
Esperen…¡¿Qué?!
—¡¿Eh?! ¡¿Eras el que recibía?! —el movimiento de su cadera se detiene en seco, y aunque la sensación de sentir la punta del miembro de Kiyoomi dentro suyo es agradable, Atsumu se las arregla aún así para levantar medio cuerpo y mirarlo a los ojos, asombrado.
—No vi otra opción en ese entonces. Además, Wakatoshi era más grande que yo así que solo asumí que-...
—No, basta. No necesito detalles —Dios bendito, se siente asqueado de pronto aunque un poco curioso de saber qué tipo de expresiones son las que hace Kiyoomi ahora que sabe que también ha probado ser el de abajo.
Ah, puta madre, ¡acaba de endurecerse de solo imaginar a Omi con el trasero al aire completamente indefenso y preparado para él!
—¿Qué cosa sucia estás pensando? —el mayor se ríe, viéndose descubierto, casi olvidando que hace unos segundos se sintió molesto de escuchar el nombre de Ushijima en medio de su conversación.
—Nada que luego no te vaya a gustar, pero descuida, iremos lentito. Ah, y por favor, Omi, ya no digas el nombre de ese mamut. Ahora yo soy el trasero por el que te mueres —Kiyoomi sonríe y verlo hacerlo se vuelve el nuevo pasatiempo de Atsumu y la razón por la que toma sus mejillas y le besa con fuerza—. Ah, eres tan guapo pero no sonrías tanto o enserio me vas a matar. —hace una pausa—. Ya no hagamos eso.
—¿Qué cosa?
—El mentir. No entre nosotros. Nunca más. ¿Lo prometes? —un beso menos frenético por parte de Kiyoomi, pero no por eso menos significativo, endulza y suaviza la atmósfera y más que nada por la forma en la que Omi no le quita los ojos de encima.
Sí, seguramente van a tener que lidiar con muchos problemas mañana que amanezcan, pero por ahora está bien solo ser ellos dos.
—Está bien. No lo hagamos. Nunca más.
Está bien, llamarle al sexo, finalmente, hacer el amor.
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III
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Muchas veces soñó despertar igual que en las novelas románticas ochenteras.
Con el olor a pancakes siendo el primer aroma percibido por su nariz.
Y que al estirarse en la cama, sintiera un poco las piernas acalambradas.
Despertarse sin tener la preocupación de tener que ir a clases, al trabajo o a entrenar. Divagar por las telas de las cortinas y pensar si la luz que se filtra a través de ellas significa que es de mañana, tarde o simplemente las bombillas artificiales de la ciudad por la noche.
Bueno, tampoco es que se hayan excedido bastante como solían hacerlo antes. Quizá están envejeciendo.
—Jeje —Atsumu ríe ante la imagen mental de un Kiyoomi canoso pero conservando el mismo semblante serio y amargado. Semblante que solo se suaviza cuando está con él.
Sí, bueno, la idea de que se hagan viejos juntos quizá se vea muy lejana ahora pero si se la imagina con él, y con nadie más, es porque está dispuesto a esforzarse para conseguirlo.
Esforzarse.
El armador suelta un suspiro, enredándose aún más en las sábanas.
—Aún está tibio —dice, estirando su mano hacia donde se supone debería estar el cuerpo de Kiyoomi.
Va a escribirle una queja. Lo que es más, va a empezar a implementar un pequeño buzón de quejas y sugerencias acerca de su relación y lo va a colocar en la cocina porque si bien las cosas no terminaron siendo un desastre, definitivamente tienen que trabajar muchísimo en la comunicación.
Aunque, bueno, cuando se trata de saber comunicarse en la cama, son unos expertos.
"—Te amo"
Ah, Dios ... .Va a morir a primera hora en la mañana de solo recordar eso.
—¿Ya estás despierto? —Atsumu sonríe como un bobo, escondiendo la cara dentro de las colchas como si Kiyoomi no lo hubiese encontrado aún tan pronto entra a la habitación con solo unos shorts y el pecho descubierto—. Oye.
—No te escucho —jugar de ese modo con él, y que en lugar de que se enfade, solo retire las sábanas para meterse en la cama, es, definitivamente, uno de los mayores placeres que experimentará en toda su vida, mucho más que solo tener sexo—. Hueles a pancakes.
—Preparé algunos.
—¿Y por qué no me trajiste el desayuno a la cama entonces? —ofendido, asoma su cabeza, colocando medio cuerpo sobre el pecho de Kiyoomi, dejando su cabeza apoyada mientras lo mira.
—No se come en la cama —aun cuando esa mueca fruncida y ese gesto de pseudo asco al pensar en las hormigas que se van a subir si se cae un poco de jarabe dulce sobre las sábanas, Miya sonríe, levantando un poquito el cuerpo para besarle la nariz—. Anda. Ve a ducharte —haciendo un bonito y desvergonzado puchero, vuelve a acomodar su cabeza sobre su pecho, esta vez quedando recostado mientras sube y baja según la respiración del azabache—. Hey.
—Quedémonos así un rato más.
—¿Cuánto es un rato?
—Por Dios, Omi, solo déjame ser meloso con mi novio durante la mañana —besándole la parte interna del brazo, Miya se acurruca más, descubriendo un par de lunares que no había visto antes—. Ah, mira, tienes más lunares aquí.
—¿No te callas nunca?
—Conozco otras formas para hacer que me calles.
Como era de esperarse, no demoran mucho en volverlo hacer.
Y aunque Atsumu sabe que a Kiyoomi le vuelve loco la posición donde lo monta y se retuerce como todo un contorsionista, el armador prefiere mucho más sentirse devorado y sometido por él mientras lo tiene entre sus piernas y enreda sus manos alrededor de su cuello, sintiéndose encerrado en sus brazos.
Le encanta sentir su cuerpo grande sobre el suyo, viendo cómo lo cubre completamente como si sus brazos y piernas pusieran una muralla alrededor de él cada vez que empuja con más fuerza dentro suyo.
—A-Ah, Omi...Más…
Y también, como era de esperarse, el desayuno pasa a ser almuerzo en la cama, consiguiendo así Atsumu su primera victoria de esa nueva etapa de su vida. Y es que ser consentido por Kiyoomi, siendo que él es una persona que no cede ante nadie ni ante cualquier cosa, es toda una hazaña.
—¿No vamos a salir de la cama en todo el día, verdad?
—Solo para que te bañes.
—¿Y si nos bañamos junt-...? —cuando Kiyoomi desvía la mirada hacia su teléfono, Atsumu apenas es consciente de que ni siquiera ha revisado el suyo y tampoco lo ha escuchado sonar quizá porque debe andar por ahí sin batería. Sin embargo, aunque el semblante de Kiyoomi no es el de alguien preocupado por algo, el mayor no puede evitar desviar la mirada hacia la pantalla leyendo en esta la palabra "Abuela". —. ¿No vas a contestar?
En su lugar, Kiyoomi se dedica a contarle sobre ella, sobre su familia, y sobre lo inusualmente influenciable que se ha sentido por su entorno, mismo que lo llevó a tomar muchas decisiones equivocadas. Decisiones en las que arrastró a Atsumu sin darse cuenta y de las que se arrepiente.
—Hace tiempo dijiste que no ibas a disculparte por quererme —el armador, atento, sintiéndose más cobijado por los brazos de Kiyoomi alrededor suyo que por las propias sábanas, mientras está sentado entre sus piernas arriba de la cama, solo escucha con atención—. Yo tampoco voy a hacerlo —escuchar cómo le cuesta admitirlo, no porque no lo sienta de corazón sino porque no está acostumbrado a decir lo que siente con palabras, entibia y suaviza el semblante de Atsumu a pesar de que solo siente su respiración sobre su cabello debido a la posición en la que están—. No voy a disculparme por elegirte a ti y mucho menos por quererte.
Sin nada más que una sonrisa sincera y llena de tranquilidad, Atsumu atrapa su mentón con su mano, plantándole un beso repleto de amor.
Por supuesto que le cree.
Pero no por eso va a dejar de jugar con él un poquito si con eso consigue que se sonroje.
—¿Tanto tiempo te tomó darte cuenta de eso? —sintiendo cómo lo abraza más, apretando sus manos alrededor de su cintura, Atsumu descansa la cabeza sobre su pecho, echándola para atrás—. ¿Tu mamá lo sabe?
—No. Solo mis hermanos. Aunque para este entonces ya todo mundo debió enterarse. Monté todo un espectáculo por ti en el aeropuerto, ¿recuerdas? —Atsumu asiente, sonriente, recordando lo que apenas tiene unas horas de haber sucedido.
—Bueno, supongo que esto es parte de dejar de pensar en el futuro y vivir el presente ¿no?
Si las piezas no hubieran encajado y no se hubiesen dispuesto de ese modo, ¿Kiyoomi habría hecho lo imposible por él? Definitivamente sí, porque aunque se hubiese ido, le habría tomado poco tiempo darse cuenta que no puede vivir sin él y hubiera vuelto.
Atsumu lo sabe por la forma en la que ahora lo abraza y por la forma pausada con la que respira y le besa el hombro desnudo, justo encima de la cicatriz.
Al fin de cuentas, no era la presión social lo que los tenía tan indecisos, era más bien las inseguridades que por años estuvieron sobre sus hombros de manera individual, y el creer que personas como ellos, no acostumbradas a tomar las cosas enserio y comprometerse de lleno, no merecían lo mismo que los demás.
—¿No quieres preguntarme nada más? —esta debe ser una de esas ocasiones especiales en las que Kiyoomi habla más de lo esperado, y aunque le gusta esta nueva iniciativa por parte de él, Atsumu solo estaría bien siempre y cuando se mantuviera abrazándolo de ese modo.
—¿No vas a ocultarme nada?
—Puedes preguntar y ver si te niego algo a partir de ahora.
A-Ah...
—O-Omi, enserio...—aturdido por comentarios tan simple pero extrañamente espontáneos viniendo de él, es inevitable que no se sonroje—. No puedes lanzarme comentarios así de bonitos y románticos de la nada. Me va a dar un infarto un día de estos.
—¿Enserio no quieres preguntar nada? —tomándose su tiempo para responder y tomar un poco de valor para preguntar, en reflejo a sus sentimientos que están a punto de salirse de su pecho, Atsumu aprieta las manos de Kiyoomi antes de hablar.
—¿Me amas?
—Sí, te amo.
No más mentiras.
No más secretos.
Solo van a dejar de pensar tanto en el futuro, y vivir el presente como nunca antes lo han hecho.
.
IV
.
Seis meses después no puede creer que hayan regresado al mismo lugar en el que inició todo.
Aunque, bueno, parece que Río de Janeiro es el lugar ideal para iniciar el amor y formalizarlo también.
—¿Quieren saber en qué cubículo del baño Kiyoomi me sabroseo por primera vez? —viendo las intenciones que tiene su ahora novio de ponerlo en vergüenza delante de toda la cuadrilla de los Black Jackals, los Adlers y los amigos de Wakatoshi y Shirabu, Kiyoomi lo mira con ojos intimidantes pero también repleto de pánico.
—No digas mentiras.
—Cierto, la verdad es que a Kiyoomi se le da más ser exhibicionista, así que me pajeó en un parque a la luz de la Luna. Todo un romántico ¿no? —sin más remedio que soportar tal vergüenza por recibir la mirada de todos en la que se, se supone, es una reunión entre amigos y conocidos previa a la boda de Wakatoshi y su prometido, a Kiyoomi no le queda de otra más que, de vez en cuando, pellizcar a Atsumu cada que pretende decir algo de ese tipo.
Apenas y pueden escuchar sus voces debido a la música, y aunque el lugar ha sido cerrado solo para que ellos estén, no puede decir que el sitio le traiga bonitos recuerdos de la primera vez en la que Atsumu se emborrachó estando con él.
Claro que la manera en la que Miya cuenta todo hace que todo parezca una comedia pero en realidad fue toda una pesadilla en ese momento.
—Esperen, esperen, yo sí tengo una pregunta que hacerles a ustedes dos. Más bien a Kiyoomi-kun —Kiyoomi traga grueso, sintiendo gotitas de sudor bajar por su frente y su cuello, mirando a Semi, y de paso a todo el antiguo equipo de Shiratorizawa riéndose cómplices seguramente porque decidieron hacer esa pregunta en conjunto y solo dejar a Semi ser el portavoz—. ¿Ahora sí eres el de arriba no?
Atsumu, a su lado, es el primero en escupir parte del sorbo que le ha dado a su cerveza, poniéndose como un tomate mientras recibe de parte de Shion —quien está sentado a su derecha— un codazo sugestivo.
Inclinarse hacia la izquierda tampoco sirve pues Bokuto está encantado carcajeándose; y si mira al frente solo tiene al idiota de Kageyama tosiendo incómodo con un poco de rubor en las mejillas, intentando contener a un Shoyo casi eufórico por la situación.
Lo normal sería que estuviese sentado a un lado de Kiyoomi como las parejas normales, pero Atsumu ha preferido tomar asiento en uno de los centros de la mesa para alardear acerca de su romántica e inusual historia de amor con Kiyoomi los días del año pasado que estuvieron en Río.
Y ahora se arrepiente.
Está rojo como tomate viendo como su hombre suda frío, y aunque debería estarse riendo por eso, se siente avergonzado.
Kiyoomi no va a responder a las provocaciones.
Lo conoce.
—Por supuesto que soy el de arriba.
Atsumu tose.
¡¿Qué?!
—¡Jah! ¡Te lo dije, Wakatoshi-kun! Kiyoomi siempre tuvo más pinta de ser seme que de uke.
Y ese sería Tendou rompiendo a carcajadas, siendo tan desagradablemente honesto como solo él puede ser, volviendo la situación incómoda a una casi hilarante por el resto de la noche.
—No puedo creer que dijeras eso delante de todos.
—No dije una mentira.
Sin necesidad de fingir que está molesto, Atsumu solo se ríe, abrazándose más al cuello de Kiyoomi como si fuera un koala ahora que lo lleva en brazos y frente a él, luego de haberse despedido de todos en el bar.
No tienen ni idea de la hora que es pero es obvio que debe de ser de madrugada a juzgar por las calles vacías a pesar de que es un día entre semana y la vida nocturna de Río no conoce el cansancio y las puertas cerradas.
—Je…¿Recuerdas esa vez?
—¿Mhn?
—La última vez que estuvimos en Río. Hace un año. Aquella vez me llevabas sobre tu espalda y decías que no era pesado —Kiyoomi no responde, solo se detiene un momento para acomodar mejor el cuerpo de Atsumu y asegurarse de que sus manos estén bien colocadas sobre su trasero para que no caiga.
No había ni una necesidad de cargarlo porque aunque Miya bebió más que él, tampoco era como que no pudiera caminar pero la fuerza de voluntad de Kiyoomi quedó por los suelos viendo la insistente carita de Atsumu pidiendo que lo cargara a pesar de todo.
Y ahora están así, caminando por las calles silenciosas de Río, justo como aquella vez aunque en una situación completamente distinta.
—Por cierto, Omi, ¿por qué no me habías dicho lo de Ushiwaka? —Y es que aunque casi ha pasado medio año desde lo acontecido en el aeropuerto, mismo que les dio una lista de problemas interminables cuando tuvieron que enfrentarlos y dar la cara, el tema de Ushijima, aunque ya había sido aclarado, no dejaba de darle sorpresas a Atsumu ni siquiera cuando sabía que estos dos solo fueron el confidente del otro por aquellos tiempos.
¿Omi hablando sobre él con Ushiwaka?
Es hilarante.
Pero más hilarante es pensar en que enserio Kiyoomi creía que iba a obtener algún beneficio sobre decirle a ese mamut de su relación con él como si este tuviese harta experiencia en el amor o en ser romántico.
—Enserio, ¿Qué hacías pidiendole consejos de amor a ese idiota? Dios, aun no concibo que vaya a casarse pronto. Deben de ser tal para cual —haciendo una pausa, solo escucha la risita contenida de Kiyoomi atorarse en su garganta, obligándose a mirarlo mientras el azabache sigue caminando con él encima—. ¿Por qué no solo hablabas conmigo? ¿Sabes que Ushijima tiene la sensibilidad de una cuchara? —Kiyoomi se ríe honesto y claro esta vez, viendo como Atsumu hace un puchero y solo vuelve a acomodarse entre el espacio de su hombro y su cuello—. Me gusta esto.
—¿Regañarme?
—No, tonto. Bueno, sí, regañarte me hace sentir el adulto responsable e íntegro de la relación —aguarda unos segundos de silencio, antes de continuar en un tono más bajito y suave—. Me refería a que me gusta estar así contigo. Conversar. Que me mimes y hagas todo lo que digo. Y también escucharte decir que soy lo mejor que te ha pasado.
Porque mientras todos estaban riéndose de las tonterías que decía Bokuto en compañía de Semi, Tendou, Hayato y Hoshiumi, Atsumu se sobresaltó un poquito cuando Kiyoomi tomó su mano por encima de la mesa— y no por debajo de ella— descubriendo que hablaba muy entretenidamente con Ushijima y su actual prometido acerca de algo que no recuerda mucho salvo las palabras: "Él es lo mejor que me ha pasado".
Descubrir esa nueva faceta suya, en la que puede avergonzarse y quedarse sin palabras, siendo tomado de la mano por Kiyoomi mientras habla a cerca de ellos de una forma tan natural, le hace sentirse verdaderamente amado y en sintonía con él.
—De repente te quedaste callado —Kiyoomi, aprovechándose de eso, le da un besito en la mejilla, sobresaltándolo aunque haciendo una mueca de desagrado al final—. Necesitas un baño, urgentemente. Hueles demasiado alcohol.
—Dios, Omi, tú si que sabes cómo romper el ambiente, ¿eh? —¿Un baño? Qué va. Lo que necesita es llegar al hotel de una vez y desbaratarle toda la ropa para luego pedirle que entre en él de una forma desesperada y de la que no podrá negarse cuando le muestre esas bonitas medias que empacó en Japón antes de venir aquí—. ¡Ah, es verdad! La próxima vez tienes que llevarme —ajeno al cambio de tema, Kiyoomi se forza en mantener la cabeza erguida ahora que Atsumu ha vuelto a mirarlo a los ojos mientras le habla.
—¿Llevarte? ¿A dónde?
—¡A escoger el anillo para casarnos! ¿A dónde más? Te pasaré lo del brazalete porque me encantó que me lo dieras delante de medio Japón, y porque de imaginarte todo bonito y nervioso escogiendo algo para mí me hace muy feliz pero que sepas que no permitiré que vayas a comprarme algo sin mí otra vez.
—¿Cómo sería eso un obsequio entonces?
—¿No es más bonito que vayamos juntos a escoger algo que nos guste a ambos?
Nunca debería sentirse como un crimen querer a alguien como él. Y si lo hizo alguna vez, Kiyoomi va a recompensarlo. Iniciando con ese beso corto que le da en la barbilla, escuchando como se ríe y como entibia su corazón todavía un poco más.
—Eres tan tonto.
—Sí, sí, yo también te amo, tonto despistado.
Le había dicho a Samu que, de los dos, sería él quien viviría su vida de la mejor manera.
Que nunca se arrepentiría de las decisiones que tomaría en la vida. Y que sería feliz a costa de lo que fuera, incluso si para serlo tuviera que llegar a los ochenta años.
Bueno, quizá no necesitó tanto tiempo en conseguir esa felicidad que tanto deseaba.
Y quizá sí que llegó a tomar varias malas decisiones en la vida, pero al final, todos los caminos lo dirigieron hacia Kiyoomi.
Porque llegar a la cima del mundo, a algunas personas les toma periodos cortos y a otras periodos largos, y aunque su historia se contaminó y torció un poco y es mucho más inusual que la de la mayoría de la gente, hoy los afortunados finalmente son ellos, no otros.
Algunas personas parecen ser felices por naturaleza pero, ¿y qué si él pertenece a ese grupo de personas a las que les ha costado un poco más serlo?
Que aunque le ha tomado algo de tiempo, finalmente lo es. No por naturaleza, si no porque así lo ha decidido él.
—¡Ah, casi se me olvida! Préstame tu teléfono. Tengo que llamar a Samu.
—¿Mn? ¿Para qué?
—¿Cómo qué para qué, Omi? Para decirle que encontré a la persona más increíble del mundo, y que soy inmensamente feliz a su lado.
Para decirle que lo que quiere es también lo que necesita.
Que lo que lo ha tocado, finalmente lo ha curado.
Que lo que ha soñado y ha pedido, se le ha concedido, no por cuestión de magia, sino porque ha trabajado para conseguirlo
Y para decirle que finalmente es el sujeto más feliz del mundo y que esa felicidad nunca estuvo con Shoyo, sino con Sakusa Kiyoomi.
La persona que ahora lo sostiene en brazos, a la que le brillan los ojos mientras lo mira, y la que lo sostiene como si fuera su mundo entero.
Fin.
Notas:
Omi montando todo un circo por nuestro niño bonito. ¿Se imaginan si Atsumu le pide que se casen en un casino? Capaz se lo cumple jajajaja
Bien, hemos llegado al final de esta segunda entrega, y aunque no quiero comparar una historia con otra, siento que he sido un poco más libre al escribir de estos dos porque, no sé, jajaja la personalidad de Atsumu me ha servido para ser doña comedia en algunos momentos xD Aunque no sé si me haya salido bien.
Muchas gracias por haber acompañado esta vez a Kiyoomi y a Tsumu uwu. Sé que fueron un poquito desesperantes, y aunque al principio pensé que una historia de ellos escrita por mí no iba a gustar ni ser tan bueno como Honne, al final me he divertido muchísimo experimentando con ellos. Y aunque ya sabía que mi amor por Kiyoomi era grande, ahora no sé qué hacer con lo mucho que se expandió ese amor (?) jajajaja
Voy a extrañar escribir sobre ellos, definitivamente. Pero aunque la historia principal ha acabado, aun quedan los especiales. Será la misma dinámica que con Honne, y yo necesito hacer que la hermana de Kiyoomi y Tsumu convivan sí o sí. ¿Se aceptan sugerencias?
Y bueno, creo que es todo.
De nuevo muchas gracias por haber seguido la historia y por apoyarla, y dejar palabras bonitas.
Como plan a futuro, no sé si vuelva a escribir SakuAtsu. No porque no quiera, sino porque al día de hoy no tengo algo planeado. ¿Igual se aceptan sugerencias?
Con respecto a Oikawa, he planeado una tercera entrega centrándome un poco en él, sin embargo, no planeo que sea un short-fic como Tatemae o Honne. A lo mucho será algo de tres capítulos. Por ahora solo tengo el nombre (?): Giri. Que viene siendo otro concepto muy arraigado para los japoneses. Honne y Tatemae están ligados pero Giri es mas como como «Obligación/Deber social», como la obligación por preocuparse por los que te han dado algo en la vida y les debes algo. Y bueno, no digo más. Nuestro Toto merece un final feliz (?)
En fin, creo que ya me alargué. ¡Gracias por llegar hasta aquí!
Nos leemos pronto en los especiales.
Y que la verdad los hagan libres a ustedes también uwu
