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1. Atsumu, Hiromi y las playlist de Spotify.
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¿Qué era lo mejor de estar en una relación con Sakusa Kiyoomi?
¿Tener un novio super guapo?
¿Tener sexo salvaje todas las mañanas?
¿Saber que pasarás el resto de tu vida oliendo a limpio porque él es un obsesivo de la limpieza?
—¡Al cielo pido un favoooooor…!
—¡Que tú me quieras a miiiiii...!
—¡Deseo a morir!
Nah, esas cosas vienen siendo mínimas ahora que tiene una cuñada.
Y no es cualquier cuñada, de hecho.
¡Es la mejor cuñada del mundo!
Atsumu siente que se ha ganado la lotería, porque desde que conoció a Sakusa Hiromi, su capacidad para cantar hasta cuando se apoderan de la cocina de Kiyoomi —para experimentar con la comida y de paso tentar a la muerte en mil maneras de morir a manos de tu novio/hermano— siente que finalmente no es desperdiciada.
No tiene una voz agraciada, ¡pero sí que tiene mucho sentimiento al cantar las canciones de Digimon!
Cuando era un feto, Samu y él solían montar obras de teatro en la sala de su casa, y sus padres siempre terminaban encantadísimos y atacados de la risa por la gran interpretación de ambos dentro de sus cómicos y espontáneos papeles.
Sin embargo, al crecer, Samu se volvió un amarguetas, y Atsumu tuvo que sufrir su primera muerte emocional y dramática como cuando un bailarín deja de bailar por algún motivo.
Que sí, cantar en la ducha era terapéutico aunque Kiyoomi dijera que lo hacía horrendo, pero desde que la hermana del azabache y él se conocieron, fue casi como amor a primera vista.
Casi como si hubiese encontrado a su alma gemela de las novelas, las series ochenteras y las listas de canciones de señora dolida o cuando estás lavando los trastos que hay en Spotify.
—¡Yo se que no podrá, quererte como yo…!
—¡Así no te amará jamáaaaaaas...! ¡Hiromi, cabello! —montando todo un espectáculo ridículo, casi como si lo hubiesen ensayado, la hermana de Kiyoomi deja la franela de los trastes, se sube al banquito que hay junto al armador y se desata el cabello justo a la altura de donde inicia la cabeza de Atsumu, dejando en alto el orgullo de Amanda Miguel mientras entonan una de sus canciones más emblemáticas—.¡No, no, nonononononono, no, nouuuu! ¡No, no, nonononononono, no, nouu-...! —todo esto hasta que Kiyoomi, quien los veía desde la sala pasando por todos los tonos de verde, detiene la música de pronto—. ¡Omi!
—¡Okey, basta!
Lo sabía.
Sabía que un encuentro con su hermana iba a terminar así.
Y ahora no sabe si se arrepiente más de tener a Atsumu como pareja o a Hiromi como hermana.
Si para él, Hiromi era el octavo pecado capital, ahora con Atsumu parecían ser la versión remasterizada que, al menos, él no pidió.
—¡Sakusa Kiyoomi, pon de nuevo la jodida música o le diré a tu madre que tú tienes su colección de muñequitas rusas en tu baño! —a regañadientes, y luego de sentir un muy leve estremecimiento al escuchar la mención de su madre, Kiyoomi vuelve a reproducir la playlist, perdiendo la batalla de ese día—. Qué buen chico es mi hermanito.
Enserio, que Hiromi fuera Sakusa parecía ser de adorno porque al verla interactuar con Atsumu era como tener a dos de él en lugar de uno.
Además de que era hilarante sentir que perdía la paciencia con alguien más que no fuera Atsumu, aunque, bueno, el término perder la paciencia no se aplicaba de forma adecuada para él porque cada que Atsumu hacía un puchero, siempre terminaba cediendo de todas formas.
¡Pero ahora es distinto!
Y aunque para él es un martirio tener que escuchar sus alaridos hasta la habitación, para Atsumu la cosa es distinta. Ahora entiende todas esas veces en las que Omi le dijo que no tenía nada de qué preocuparse cuando conociera a su hermana a pesar de que Atsumu estaba que se moría de los nervios y de la indecisión de si usar traje o solo vestirse como se le diera la gana la primera vez que le presentó a su familia.
—Incluso si usas una bolsa de plástico, te verías bonito.
Había dicho aquella vez, viendo el manojo de nervios que era el armador en ese momento sin imaginar que no solo su madre y sus hermanos quedarían encantados con él, sino que además compartiera con Hiromi un par de neuronas.
Sí, bueno, tampoco puede librarse de toda culpa pues casi siempre, de manera inconsciente, se descubrió a sí mismo siendo cursi, tierno y romántico con Atsumu delante de su familia. Desde tomarle la mano hasta darle un corto besito en la mejilla, por supuesto todo ese jugueteo previo antes de palmear una de sus nalgas y anticiparle lo que le esperaría en casa una vez que salieran de casa de su madre.
Si tan solo hubiese sabido que ese encuentro iba a ocasionar tales consecuencias, casi como el apocalipsis y la segunda venida de Jesucristo, lo hubiese evitado.
Pero mientras él oye lo desafinados que están, colocándose la almohada sobre la cara, ahogando un grito de frustración ahí mismo, Atsumu ya va en la nota más alta de la canción de la Diva del Quinto Elemento en compañía de lo mejor que le ha pasado desde que comenzó su relación con Kiyoomi.
Definitivamente, su cuñada.
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2. Si todos los días fueran Navidad.
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Una de las cosas que más hacen feliz a Atsumu es ir al Costco.
Aunque, bah, ¿A Quién engaña? Le gusta ir porque ama con locura los burritos de pollo que venden ahí.
—Creo que pediré uno para comer aquí y otro para llevar y comer después.
—Esa cosa debe tener el triple de calorías. ¿Enserio la vas a pedir?
—¿Qué? ¿Crees que mi suculento trasero se mantiene así de sabroso solo porque como arroz y hago sentadillas, Omi? Grasa, necesito grasa. Me lo agradecerás hoy que lo hagamos en la noche y rebote encima tuyo.
Y porque los paseos encima del carrito, mientras Omi empuja y va quejándose y soltando toda su letanía de que están en público y debe moderar su sucio lenguaje —mismo que Kiyoomi adora que use cuando están teniendo sexo duro— son entretenidos.
Adora ir así, notando como toda la gente se le queda mirando, cuestionándose si no está demasiado grande para hacer algo como eso.
A Atsumu no le importa realmente, y a Kiyoomi mucho menos por mucho que de vez en cuando repita que sí está muy grande para ello.
Naturalmente, al ir creciendo y al tener un gemelo que la mayor parte del tiempo buscaba competir con él para llamar la atención de su mamá, las idas al super se volvieron una ardua guerra competitiva desde decidir quien iba arriba del carrito y quien iba empujando siendo el esclavo.
Atsumu ganaba la mayoría de veces, desde luego, y aunque ahora no es como que Kiyoomi compita con él y ocupe el lugar de súbito empujando su trono de metal y ruedas de caucho, la sensación se le antoja más a la de un Príncipe llevándolo en su carruaje. Carruaje que por cierto está siendo bombardeado por cada cosa innecesaria —pero bonita— que Atsumu va metiendo al carrito como si en lugar de un departamento de una planta tuvieran una mansión con una cascada.
—¿Y si comenzamos a comprar los adornos para Navidad?
—Estamos en Octubre.
—¡Entonces dile a los que ordenan y colocan la mercancía que no jueguen así con mis emociones y mis finanzas!
¿Finanzas? ¿Las que terminó por quemarse al comprar tres cajitas de esferas, dos de luces, dos nuevos maceteros para Roberta y Petunia, y ese santa inflable al que Kiyoomi parece tenerle mucho respeto desde que su hermana mayor le asustó con él cuando tenía seis?
Recordar esa anécdota, relatada por la propia Hiromi, le hace gracia. Y también le hace ver que Kiyoomi debe amarlo mucho como para aceptar comprar ese santa de tamaño normal a pesar de ese desafortunado recuerdo de la infancia.
Y sí, puede que se hayan alocado un poquito al comprar adornos navideños con mucho tiempo de anticipación, pero están tan acostumbrados a hacer todo lo contrario a lo que la gente normal y decente hace, que si quisieran podrían comenzar a adornar el departamento justo ahora aunque falten aún casi dos meses para ello.
Lo que si no espera dos meses en llegar es su regalo de Navidad pedido por Amazon, completamente sellado y embalado, haciendo que a él le brillen los ojitos y a Kiyoomi le de un tic nervioso.
—Qué…¿Qué demonios es…?
—¡Es un Dakimakura de ti! ¿No es lindo? —Kiyoomi tiene que sostener fuertemente su café con una mano y las bolsas del conbini con la otra al ser recibido prácticamente por esa versión suya impresa sobre, lo que parece ser, una almohada alargada. Almohada que ahora que Atsumu sostiene, le parece sumamente grande e innecesaria.
—¿De donde sacaste eso?
—¿Internet? —pero más que saber dónde lo ha comprado, Kiyoomi quiere saber con qué maldito propósito lo ha hecho aunque honestamente le intriga-...Esperen, ¿E-Esa es una figurita suya que está en la mesa? —. Ah, también compré un Funko pop de ti, y una tacita…¿Esto qué es? ¡Ah, es la otra funda de la Dakimakura! —y mientras Atsumu va sacando más cosas de la caja, Kiyoomi intenta contar hasta diez antes de perder toda la paciencia.
—¿Para qué demonios necesitas mercancía de mí si me tienes aquí contigo? —la mano de Atsumu se detiene en seguir sacando cosas de la caja, volteándolo a ver con circunstancia y con las orejas enrojecidas luego de oírlo.
¿Acaba de ser romántico y descarado justo ahora?
Porque está a punto de premiarlo con un beso y una mamada si es que se deja.
—Vaya, vaya, Omi-kun, no sabía que eras así de arrogante —riéndose de su propio descaro al mirarlo de arriba a abajo y darle una mirada sugestiva que Kiyoomi recibe y traduce a sonrojarse un poquito, Atsumu vuelve a lo suyo, dejando la acción para más al rato—. Los compré para mi propio placer, ¿sí? Debo estar preparado para la próxima vez que se te de ponerte emo y decidas irte a algún lado. Tener a Omi en todas las presentaciones que existan es un modo de prevención y una inversión importante.
Dejarlo, dice.
Eso no va a suceder.
Y Kiyoomi se lo hace saber cuando se acerca a él y le da un beso en la cabeza, caricia que el mayor acepta gustoso, llevando sus manos para abrazarlo y de paso sentir que ese miedo, que poco a poco ha ido desvaneciendo, deja de preocuparle cada que Omi hace ese tipo de cosas que lo toman desprevenido.
Sí, bueno, no es un trauma como tal, pero de vez en cuando Atsumu suele tener pesadillas, y en cada una de ellas suele soñar que amanece solo y que Kiyoomi no está. Para Kiyoomi, saber eso de su propia voz, sigue generandole un constante resentimiento hacia sí mismo por ser la causa de que Atsumu aún piense que va a dejarlo.
Y aunque vienen de tener una historia sumamente complicada, con más altibajos que otra cosa, los meses posteriores a lo acontecido en el aeropuerto supusieron un gran esfuerzo para poder resolver todo, y así asentarse pública y honestamente con él. Sin dejar nada a medias, y comprometiendose de lleno a hacerlo feliz.
Prueba de ello es que les hacían preguntas acerca de su nueva relación, era Kiyoomi quien casi siempre salía a hablar por ambos. No porque él no pudiera hablar por sí mismo, sino porque sabía que para Omi ese era su modo de hacerle saber que lo protegería ante cualquier insinuación o indirecta que se dijera de ellos.
—No me voy a ir a ningún lado —Atsumu asiente, recibiendo claramente el mensaje y las intenciones de Kiyoomi por tranquilizarlo a pesar de que su comentario anterior fue más en broma que en tela seria.
Y es que aunque Polonia ya no fuera una opción para Kiyoomi, ambos estuvieron de acuerdo en no limitar al otro siempre y cuando existiera la comunicación. Si Kiyoomi decidiera irse, lo hablarían, tal y como hacen las parejas normales.
—Ya lo sé. Pero aunque lo hicieras, nos la arreglaríamos ¿sabes? Somos un equipo, Omi. Un equipo medio desequilibrado, pero lo somos —llegaría el día en el que seguramente tuvieran que separarse por una temporada, pero estaba bien. Ambos estaban trabajando en sí mismos y en hacer de esa relación algo sana y enriquecedora para los dos—. Peeeeero volviendo al tema de la mercancía...—Kiyoomi cierra los ojos, suspirando, sabiendo que ese momento de paz y madurez iba a terminar de todas formas por culpa de él—. ¿Sabías que existía algo así hecho por tus fans? Estoy impresionado. No sabía que eras tan popular; y aunque estuve un poco celoso al inicio, estoy encantado con esto — "Sí, se nota", piensa Kiyoomi, dándole otro besito en la cabeza para soltarlo y correr la silla a su lado y verlo seguir sacando más cosas como si fuera un niño recibiendo un juguete nuevo o si todos los días fueran Navidad— ¿Por qué no compras mercancía de mí? Yo acabo de hacer un pedido enorme de la tuya. Aunque…— volviendo a hurgar dentro de la caja, Kiyoomi se le queda viendo cuando Atsumu hace una mueca rara e inconforme—. ¿Qué carajos? ¿Me estafaron? ¡Pedí tres doujinshis sobre nosotros con contenido para adultos! ¿Dónde están? —la varita de incienso se rompe, pero no tanto como la contenida paciencia y tranquilidad de Kiyoomi cuando lo oye decir eso.
—¿Qué?
—Sí, Omi, ¡Hay de todos los universos! Pedí uno de ti disfrazado de Maid, otro siendo un cantante, y otro donde somos dos policías y nos encanta jugar con las esposas en la cama-...
No puede ser.
No puede ser que él se ponga de romántico y venga este individuo a...
—Hoy duermes en el sofá.
—¿Eh?
—¡En el sofá, dije!
Ya está.
Mañana temprano va a devolver toda esa maldita mercancía por donde vino.
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3. Álbum de fotos
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—Omi, ven. Tómame una así como que no me doy cuenta.
Kiyoomi le da una nalgada, a lo que Atsumu solo pega un grito, se eriza, y siente como todo su trasero arde.
¡¿Pero qué-...?!
—¿Así o más duro?
—¡Una foto, pedazo de tonto! ¡Que me tomes una foto!
—No especificaste.
¿No especificó? ¡Si le dio la maldita cámara en la mano! ¡¿Para qué cree que sirven las cámaras fotográficas?!
¡Y que hace sonriendo así de encantador mientras ahora lo pellizca ahí abajo!
¿Cuándo se volvió tan descarado? ¡Ha creado un monstruo!
Ah...Aunque tampoco puede decir que el manoseo no le guste gustado ¡pero no están ahí, en su piso nuevo, para inaugurarlo teniendo sexo duro por muchas ganas que tengan!
Temprano por la mañana el asesor inmobiliario, mismo con el que casi sueñan desde hace meses por lo comprometido que es con su trabajo hasta para llamarles los domingos en la mañana, les ha marcado emocionado diciéndoles que han aceptado la oferta que han dado para la casa que quieren comprar, haciendo que Atsumu casi se vaya de espaldas del banquito del desayunador.
Habían estado buscando un piso nuevo para ambos luego de una super conversación muy madura acerca de que ya venía siendo tiempo de vivir juntos. Y aunque prácticamente ya lo hacían a su modo, Kiyoomi últimamente ha comenzado a desarrollar una incapacidad por decirle que no a cada cosa que Atsumu le pide.
Después de todo, según él, ocho meses de relación, más un año de ser unos completos tontos pero sí unos conejos insaciables, eran los suficientes para que pasaran a ser domésticos juniors a domésticos seniors, aunque claro, si por el armador hubiese sido, se habría mudado a lo de Kiyoomi el día siguiente al escándalo del aeropuerto.
—Tenemos que llenar el álbum que nos regaló tu mamá, así que sé un buen hijo y comienza a tomarme fotos mientras coloco a Petunia y a Roberta en la terraza. Esa foto irá a la heladera —sí, esa que está junto a la nueva cafetera que el hermano de Kiyoomi, el tan famoso chico del uber, les ha obsequiado, junto a la arrocera que les ha dado Samu y la máquina para hacer helado que les ha dado Hiromi también.
—¿Es necesario?
—Por supuesto que lo es —dice Atsumu, casi una hora después de terminar de limpiar las gavetas de su nueva alacena y desinfectar cada rincón de su nuevo nidito de amor, como a Atsumu le gusta llamarlo.
Y aunque pudieron haber contratado a todo un equipo especializado para que se encargara de esos detalles así como el de la limpieza, porque, vamos, tienen dinero de sobra para hacerlo, Atsumu fue un paso adelante del asesor inmobiliario antes de ofrecerles el servicio pues de tener que atenerse a que alguien más se ocupe minuciosamente de esa tarea, el armador sabía que Kiyoomi siempre preferiría hacerlo solo, incluso si les tomaba más tiempo, con tal de que nadie tocara sus cosas.
—Ah, estoy muerto —ahora, casi cuatro horas después, habiendo terminado más deshecho que cuando tienen sexo, Atsumu se echa sobre las duelas de maderas tratadas del piso, sintiéndolas fresquitas gracias a que Omi ha adecuado la temperatura de estas sabiendo que al primer lugar a donde iría a tirarse sería el suelo—. ¿Y si pedimos algo de comer?
—¿Aquí?
—Sí, ¿qué tiene? Será como nuestro primer picnic.
El primer picnic.
Así como la primera foto tomada de Atsumu sonriendo a sus plantas como si estuviera hablándole a sus hijos.
La primera risa atrapada en esas paredes que ahora les pertenecen así como la primera carrera que tienen por la cocina luego de que Atsumu haya tirado un poco de salsa de soya sobre la ropa de Kiyoomi de forma accidental.
El primer baile improvisado —pésimo, por cierto— que Atsumu le obliga a hacer con él mientras ponen la radio de uno de sus teléfonos y elige una estación al azar con alguna canción genérica, romántica y juvenil.
—Y listo...¡Omi, Omi, ven, ven rápido, le he puesto el temporizador a la cámara! —Kiyoomi saca la cabeza de la nevera, terminando de acomodar la primera despensa, viendo a Atsumu sacudir las manos con demasiada insistencia.
—¿Ah?
—¡Que vengas, te digo!
Y, la primera foto de ellos dos en su nueva sala, aun sin ningún mueble ni adornos, pero con todo el amor que Atsumu le dedica en una sola mirada mientras lo abraza por el cuello y levanta una pierna hacia Kiyoomi que sabe, por supuesto, él sostendrá.
—¡Di, tequila!
La primera foto de las muchas que vendrán.
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4. Vestido de fresas
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—Te llegó un paquete, Hiromi.
—¿Umm?
—Es un vestido con figuras de fresas.
Asumía, que desde que llegó ese paquete por la mañana a nombre de Hiromi, había sido un error. Un error bastante ridículo, a decir verdad porque, ¿Quién se equivoca de dirección al ordenar algo?
Bueno, sabía que su hermana era una despistada, lo cual hacía bastante contraste y se notaba muchísimo en cada reunión familiar. Verlos juntos era todo un espectáculo pues aunque en el parentesco físico lo tenían todo, su hermana se comportaba, mentalmente, como una niña de cinco años.
—Pero, espera, ¿Cómo sabes que es un vestido? —de curiosa a enfadada, Hiromi se toma el puente de la nariz cuando Kiyoomi prácticamente le muestra la prenda por encima de su cuerpo—. ¿Abriste el paquete?
—Tenía que asegurarme que no fuera una bomba.
—¿No tienes sentido de la privacidad acaso? —Kiyoomi rueda los ojos, fastidiado, como si eso fuera realmente un tema relevante a discutir considerando que cuando tenía seis, durante el cumpleaños número doce de Hiromi, a hurtadillas abrió todos sus obsequios como si fueran suyos solo porque se le dio la gana.
Todo un vándalo desde el jardín de niños.
Y aunque, con el tiempo, ese hábito suyo se volvió algo al propósito solo para molestarla, ese no es un asunto de importancia ahora. Lo que sí lo es es que ese paquete, definitivamente, no es suyo.
Y, enserio, rogaba a los dioses que tampoco fuera de Atsumu haciendo otra de las suyas, porque ahora sí que lo iba a matar de ser así.
—¿Y bien? ¿Por qué lo enviaste a mi dirección? —viendo a Hiromi enrojecerse, así como verla sudar de pronto, solo provoca que quien entre en pánico no sea solo ella, sino también él.
—Eh…¿me equivoqué? —con sospecha, Kiyoomi solo aprieta la tela del vestido con más ganas—. Quiero decir…
—¿Estás diciéndome que enviaste un vestido por error, a mi nueva dirección, solo porque eres tonta y asumes que yo también lo soy pensando que me vas a ver la cara de idiota? —y aunque debería sentirse más ofendida que temerosa, ver la cara enfadada de Kiyoomi, justo ahora, es suficiente para que Hiromi quiera terminar la videollamada.
—Kiyoomi, hermanito, escucha. Puedo explicarl-...
—¡Amorcito, ya volví! ¡Hoy en la entrevista estuve fenomenal! ¡Incluso me regalaron un kit de-...! —como si hubiese desarrollado un sexto sentido para detectar el peligro, todo en Atsumu se eriza cuando, tras cerrar la puerta, ve muchas bolsas de aire sobre el sofá, un embalaje medio abierto, y a Kiyoomi mostrándole a su hermana por video llamada el bonito y viral vestido rosa con fresas que ha visto en todos lados, y que pidió a sus espaldas evidentemente, entre sus manos—. ¡Ah, ya llegó!
Hiromi palidece.
Y Kiyoomi solo quiere matarlo.
¡Lo sabía!
¡Sabía que rogarle a seres inexistentes, suplicando que en verdad fuera un error, era una completa babosada!
No vive con un adulto, vive con un tarado, y da la casualidad que ese tarado es la persona de la que está enamorado, ¡Pero eso no quita el hecho de que sigue siendo un tarado!
Cuando vuelve la mirada, ahora asesina, hacia su hermana, esta se despide tan rápido que no tiene ni tiempo de gritarle un par de cosas porque es obvio que ella también es cómplice de todo eso.
¡Si será-...!
No lo puede creer.
—¿Tú pediste esto? —luego ajustará cuentas con ella, piensa, pero por ahora toda su ira la concentra en ese ser unicelular al que eligió como pareja hace un buen tiempo, solo que ahora parece estar arrepintiéndose de ello.
—Pues, verás...
—Atsumu —el armador se pone rígido de pronto. Kiyoomi solo usa su nombre para dos cosas. Para decirle que lo ama mucho cuando es todo ternura y están haciendo el delicioso, o como sinónimo de que la ha cagado y va a tener que rendir cuentas por ello.
Sí, bueno, ¿al mal tiempo buena cara? ¿O cómo era?
—Te ves tan lindo con el vestido pegado al cuerpo con todo y la cara de diablo que tienes ahora ¿sabes? —pero esta vez tendrá que hacer uso de más de un besito para aplacar los tonos de rojo que pasan por el rostro de Kiyoomi. Y más cuando termina de acercarse a él y coge los laterales del vestido, que el azabache sostiene, ajustándose por encima de su cintura, como si en verdad no apreciara su vida en esos momentos y prefiriera comprobar si ha pedido la talla correcta—. Lo pedí en talla mediana porque creí que se te vería muy estrecho en talla chica pero…
De la sala al sofá, y del sofá, al piso, tienen toda una riña juguetona de la que Atsumu parece ser el único que la disfruta porque aunque Kiyoomi tuvo que perseguirlo casi por toda la sala y la cocina, no tiene realmente intenciones de castigarlo.
Aún así, su cara de disgusto no se va ni cuando Atsumu le da de besitos en las mejillas, riéndose.
—Vamos, Omi, ¿no dijiste que harías cualquier cosa que te pidiera? —cualquier cosa dice...No hace falta que lo deje seguir hablando para que Kiyoomi no vea sus oscuras intenciones con todo eso—. Pongámonos temáticos esta vez, ¿sí? Seguro terminas amando esto más que yo.
—No me voy a poner esto.
—Anda…
—¡Que no! ¡Úsalo tú si tanto quieres!
—¡Pero Omi-...!
¡Pero Omi, nada!
¿Acaso se volvió loco?
—No soy una chica.
—Eso lo puedo notar —arriesgándose a conseguir un golpe en lugar de un beso de parte de él, Atsumu aprovecha que están tumbados sobre su nueva alfombra, y que Kiyoomi está encima de él, para deslizar su mano y tocar su duro bulto por encima del pantalón. Solo un roce, y luego un apretón suave, y Kiyoomi suelta la primera melodía para sus cochinos oídos—. Ah, ¿En verdad te está excitando todo esto, no?
—No me provoques —haciendo justamente lo contrario, Atsumu se quita los pantalones y los arrastra fuera de sus piernas con la ayuda de estas, liberándose finalmente para poder atrapar la cintura de Omi y colgarse de él—. Atsumu, te lo advierto.
—Uy, amo cuando me llamas así—elevando la pelvis lo suficiente para que la longitud de Kiyoomi rebote sobre su trasero y palpite sobre su entrada húmeda, los ojos de Kiyoomi se empiezan a oscurecer—¿Y si negociamos un poco?— Sí, bueno, puede que sí haya tenido altas expectativas al sugerir a su cuñada participar en jugarle una pequeña bromita a Omi pero es que desde que vio ese vestidito en tiktok usado por chicos, su mente puerca no pudo evitar imaginarse a Kiyoomi usando eso mientras lo penetraba. ¡De solo imaginarlo ya estaba salivando!—. ¿No vas a considerarlo ni siquiera un poquito?
—No hay nada qué considerar. Tú y Hiromi fueron demasiado lejos esta vez-...Ugh… —un movimiento de caderas más sobre su duro falo, y Atsumu está a punto de usar el último recurso que le queda en caso de que Kiyoomi se pusiera difícil—. ¡No juegues sucio!
—¡Bien, entonces…! ¿Qué tal si yo me lo pongo y…? ¡A-Ah, espera!
Sin necesidad de repetirlo dos veces, Atsumu se arrepiente, minutos después que recobra la conciencia y deja que el lívido le permita pensar, de habérselo sugerido.
En menos de lo que le toma a la cafetera prepararles el agua, su entrada ya está completamente roja y goteando mientras Omi le da duro y sin piedad sintiendo como sus nalgas rebotan pero, sobre todo, como su propio pene se roza con la tela del vestido...¡Que Kiyoomi le puso en cuestión de segundos!
—E-Espera…¡Omi…! ¡Dijiste que…! ¡Ah! ¡Dijiste que estas cosas no te gustaban!
—Nunca dije tal cosa —Atsumu lloriquea torciendo el cuello para ver su cara pero a Kiyoomi solo le cuesta segundos voltearlo, quedando cara a cara con el rostro lloroso y rojo de Atsumu, salivando en busca de aire—. Bonito.
¿Bonito? ¿Bonito qué? ¿Él usando el vestido o él usando el vestido de una manera muy obscena mientras levanta la orilla de la tela justamente donde empiezan sus caderas?
No puede asegurarlo, pero Atsumu casi jura ver una mirada muy traviesa y perversa asomándose por ahí por parte de él.
—Deberías ver...el bonito desastre que estás hecho justo ahora, Tsumu…
Ah, no puede ser.
¡No es justo que lo llame así tan de repente mientras acelera y le mete turbo dentro de su hoyo!
Ah, pero mentiría si dijera que de repente no quiere que lo trate como una zorra, ondeando su espalda baja y presionando contra él solo para ver si puede entrar más de Kiyoomi dentro suyo mientras usa ese vestido, sintiéndose más cachondo de lo normal.
—¡Auch, esa nalgada dolió!
—Entonces no te muevas así.
—¡Pero si también te gusta!
Definitivamente no puede acabar así. Y aunque enserio le gusta ver como su pene rebota por encima de toda esa bonita tela de estampado de fresas que se sacude con cada embestida, ¡le gustaría más ver a Kiyoomi con eso puesto mientras lo folla!
—¡Omi, no es justo! ¡Lo compré para ti! ¡A-Ah, estás siendo muy brusco…! —¿Pero qué está haciendo? ¡Lo va a matar! Aunque…¡Dios, qué rico!
Sí, bueno, al carajo sus planes iniciales, de ahí en adelante se comporta tan obsceno, gimiendo tan bajo y agudo como una chica, probando todas las posiciones que se estudió en las últimas semanas, prologando esa sesión de sexo hasta el amanecer.
Amanecer que agradece ver porque enserio apenas mueve el meñique, siente que todo en él grita.
¿El vestido? Aún lo lleva puesto pero ni siquiera lo siente por el ardor que siente en el trasero aunque a juzgar por todo lo que hicieron anoche, este debe ser un desastre viscoso que fácilmente va a tirar a la basura luego de eso pues Kiyoomi seguramente lo mata primero antes de meter esos harapos mugrientos en la lavadora.
Por esta vez puede que lo perdone por frustrar sus planes, dejarlo medio muerto, y por también haber hecho un gasto innecesario por él a creer que cedería, solo por el sexo alucinante que acaba de darle pero que tampoco se acostumbre.
Y hablando de Kiyoomi...Ah, qué guapo es.
Qué guapo y qué vista tan maravillosa es poder despertar y ver al Dios que tienes por novio y poder apreciar su perfil desde tan temprano, mientras lo ve leyendo algo, seguramente importante, en la tableta que tiene entre las manos.
Ah, quiere hacer una travesura.
Pero sus intenciones se ven impedidas cuando Kiyoomi voltea la tableta hacia él y le muestra el pedido de Amazon que está por hacer.
E-Esas…¿Esas son pelucas y orejitas de...zorrito?
—O-Omi, ¿Qué estás…?
—Ya que te gusta disfrazarte y ser travieso, ¿Qué tal si completamos tu outfit, mi amor?
Posturas imposibles y orgasmos inauditos son lo que consigue Atsumu tres días después que llega un nuevo paquete a su puerta, siendo atrapado en la cocina por un Kiyoomi sumamente risueño y travieso, antes de arrastrarlo a su habitación y no salir de ahí durante todo el fin de semana.
Sí, bueno, a veces cuando planeas una cosa, te sale otra completamente diferente ¿no?
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5. Camas de cartón
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—¿Y bien? ¿Qué tal está?
—Lo suficientemente resistente para que desmintamos eso de que no se puede tener sexo aquí.
Kiyoomi hace una cara de horror, y todo su interés en comenzar a desempacar sus cosas y darse una buena ducha se ve obstaculizado por la mueca perversa que le ve hacer a Atsumu mientras lo ve cruzado de piernas sobre la dichosa cama de cartón que fue asignada para él.
Atsumu suelta una risita, tomando por chistosa toda esa situación.
Desde su cara de pánico hasta el silencio que se prolonga un par de segundos antes de ser él mismo quien rompa en risas.
Ay, por favor, ya llevan dos años juntos. ¿De qué está tan sorprendido? ¿No lo vio venir o qué?
Y por supuesto que no está jugando con respecto a lo anterior.
Y es que desde que Atsumu se enteró acerca de las camas de cartón que implementarían en las villas olímpicas en las próximas olimpiadas, no hubo poder divino que le impidiese pensar a cerca de desmentir ese tonto mito sobre que no se podrían tener relaciones sexuales ahí.
Y sí, la situación, del por qué están ahí, debería ser por sí sola el impedimento principal a pensar en hacer marranadas. Después de todo no es como que estén de vacaciones, pero a uno nunca le hace mal romper las reglas un poquito y relajarse ¿no?
Y aunque Atsumu está seguro que él y Kiyoomi tienen conceptos muy diferentes acerca de usar la cama para descansar, no esperó dos malditos años por una fantasía para que al final no la cumpla.
—Ni siquiera lo pienses.
—Pero no he dicho nada, Omi.
—No hace falta que digas nada. Te conozco.
Y es que tiene razón.
No hace falta decirle en palabras las cosas malas que están pasando por su cabeza justo ahora mientras comienza a quitarse las calzas y los calcetines. Todo mientras hace esa expresión perversa suya, como si apenas anoche, antes de tomar el tren, no hubiesen hecho travesuras pre olímpicas.
—No —Atsumu se ríe cuando pone sus manos sobre la espalda de Omi, hasta que finalmente hace una mueca de enfado verdadero cuando es el azabache quien coge su mochila y da un pie dirigiéndose al baño.
¡Ah, no, mi hermano!
¡No esperó dos años solo para dormir en esas camas recicladas y ser un buen ciudadano japonés, dando el ejemplo a las demás confederaciones!
¡Va a tener sexo con su novio justo ahí! ¡Y nada ni nadie va a impedir que eso pase, ni siquiera Kiyoomi!
Incluso si eso significa comenzar con unas luchitas, terminando por, finalmente, sujetarse fuertemente de la pared, con Kiyoomi bombeando intensamente dentro suyo mientras cabalga sobre él y le da todo el acceso a que muerda y chupe sus pezones.
Todo eso mientras la cama viene y va moviéndose de un lado para el otro.
—¿Ve-Ves como sí es excitante todo esto-...? —un crujido—. A-Ah…
Puta madre.
—¿Qué fue ese sonido?
Con pánico, y con el lívido esfumándose de golpe, Atsumu revisa el soporte de la cama,—con el pene de Kiyoomi todavía dentro suyo— sintiendo como todo se va al carajo cuando este que se dobla, haciendo que terminen en el suelo y con una cara de pánico que ni ellos mismos pueden ocultar, siendo Kiyoomi el primero que habla, usando toda su fuerza de voluntad para no matar a la persona que, supuestamente, más ama.
—De acuerdo, tú duermes en el piso.
—¡Pero Omi-...!
No puede ser.
No solo acaban de romper la jodida cama, ¡Sino que ahora va a pasar todo el periodo de las olimpiadas con un maldito dolor de espalda!
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6. Si hay amor, no hay decepción
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—Estoy muy decepcionada de tu hijo, Nanami.
Esas habían sido las duras palabras de su abuela delante de él.
—Pues yo estoy muy orgullosa.
Y esa había sido la respuesta de su madre, segundos después.
El día que se decidió contar la verdad, lo hizo delante de todos luego de haber citado a su familia en casa de su abuela con el argumento de que se trataba de algo importante y que era imposible aplazarlo más.
Y no mentía respecto a ello.
Con prácticamente todos los asuntos y tratos resueltos para irse a Polonia, en cuanto se echara para atrás inventando alguna excusa, todos los medios, el entrenador y los directivos de ambos equipos se le iban a ir encima. Sin olvidar mencionar a todos sus seguidores y conocidos y, por supuesto, su familia entera.
Y aunque solo a su madre y sus hermanos les interesaba verdaderamente su carrera en el vóley, estaba seguro que el resto de su familia lo señalarían y lo cuestionarían a cerca de por qué si estaba tan seguro de ello, había cambiado de parecer.
Después de todo, él, quien venía de una familia tradicionalista y que siempre planeaban las cosas minuciosamente para no equivocarse, estaba por romper esa larga línea intrínseca que distinguía a los Sakusa por primera vez.
Pero más que decepcionar a su abuela, luego de salir de su casa y venir en completo silencio en el auto, ahora delante de quien se sentía incapaz levantar el rostro era su madre.
Encontrar apoyo de parte de ella, fue un poco sorpresivo, si se lo preguntan.
No porque no confiara en su comprensiva reacción —detalle a destacar muchísimo a diferencia de su padre de quién, evidentemente había heredado casi todo su comportamiento— sino porque no esperaba que pudiera confrontar a su propia madre para defenderlo a él.
Kiyoomi hubiese deseado tomar un tiempo a solas con ella y decirle las cosas de una forma más calmada a tener que decirle su nuevo cambio de planes delante de su abuela y el resto de la familia pero considerando el poco tiempo que tenía, y que reunirse con cada miembro de la familia iba a suponer un esfuerzo mayor, no le quedó más remedio que citarlos a todos en un mismo sitio.
La mayoría, desde luego, no supo ni qué decir en cuanto toda la conversación se inclinó a las fuertes razones por las que decidía quedarse en Japón en lugar de irse a otro país, como estaba planeado.
No esperaba que lo entendieran, y tampoco esperaba que su confesión la tomaran como si les estuviera pidiendo permiso de algo. De hecho parecía una actualización de los hechos más que nada, aunque a juzgar por la expresión severa que puso su abuela, Kiyoomi piensa que esta hubiese preferido que se fuera del otro lado del mundo a tener que escuchar que su nieto más joven —por quien tenía altas expectativas— era homosexual.
—Así que eres como todos esos muchachos desequilibrados —escucharía decir a su abuela, áspera y punzante.
—No creo que estar enamorado sea sinónimo de ser desequilibrado, abuela. Y si no puedes entenderlo, ese ya no es mi problema —y esa habría sido su respuesta, corta y certera, para luego escucharla decir que era la mayor decepción de su vida, momento justo en el que su madre había dicho lo contrario.
Tarde o temprano iba a saberse.
Y tarde o temprano tenía que hablar con la verdad.
Y no es como que haya tomado el valor o se haya mentalizado con muchas ganas para expresarles correctamente sus sentimientos, simplemente las palabras brotaron por sí solas como mantequilla. Y aunque puede que sí hubiese estado un poco nervioso de revelarles, a grandes rasgos, que estaba enamorado de Atsumu, estaba consciente que iba a ser más fácil decirle a su familia eso que a cuando tuviera que confrontar a Atsumu cara a cara.
Hace días que no lo ve.
Y es posible que piense que se ha ido ya o que simplemente no quiere verlo.
Pero es que primero tiene que solucionar todo antes de ir de lleno con él.
No puede simplemente entregarle sus problemas sin antes solucionarlos él mismo y hacerse cargo de todo lo que estropeó y lo que está por estropear así mismo como no puede estar en Japón simplemente vagando e ignorando las llamadas del entrenador y del contacto directo que tiene de Polonia solo porque le da la gana. Él no es ese tipo de persona.
Pero al haber demasiadas cosas de las que ocuparse, siente que esa semana que ha transcurrido es un infierno sin saber de él. No ha parado de ir de acá para allá, solucionando y asistiendo a reuniones, solo para sentir cómo poco a poco se va agotando. Pero, inevitablemente, confrontar a su familia era una de las primeras cosas que debía hacer pues si quería volver a ver a Atsumu a la cara y confesarle todo, primero tenía que arreglar la mayor cantidad de problemas para no arrastrarlo a él a un ciclo vicioso lleno de ansiedad.
Aunque, claro, con todo y lo que ha dicho a su abuela luego de escucharlo, y de escuchar a su hija apoyarlo en lugar de reprenderlo, bueno, supone que pasará un buen tiempo antes de que la vuelva a ver.
—Kiyoomi —sacudiéndose un poco por el trayecto de terracería por el que va el auto, y también por el llamado de su madre, el azabache la mira través del retrovisor, y lo poco que duran sus ojos conectados es solo porque, a pesar de haber recibido su apoyo, siente que la ha decepcionado un poco—. Kiyoomi, lo que dije frente a tu abuela, es cierto. Estoy muy orgullosa de ti.
—¿No…? ¿No están...decepcionadas de mí?—a pesar de que sabe que tiene su respaldo, y el de su hermana que viene en el asiento del copiloto, es como si las palabras pesaran. Sabía que no sería fácil, y con ello no se refiere a decir la verdad. Para él, en un aspecto sumamente personal, admitir que se ha equivocado, si bien no es el fin del mundo, de algún modo no puede evitar sentir que ha complicado todo.
Con Atsumu.
Con su abuela.
Con el tiempo que esperó y las malas decisiones que tomó.
Si hubiese recapacitado un poco antes, quizá se habría ahorrado la mitad de los problemas que ahora tiene que resolver. Y eso es algo que todavía lo tiene así.
—¿De qué estás hablando? Yo también estoy muy orgullosa de ti —dice Hiromi, volteando medio cuerpo hacia él pues prefiere mirarlo a la cara aunque tampoco es que su madre pueda quitar libremente la vista del volante—. Realmente creía que eras un poco seco y duro con las personas, Kiyoomi, y no digo que eso sea malo, solo que siempre parecías a la defensiva y no dejabas que nadie se acercara a ti además de Komori. Es bueno saber que esta lección te ha dejado muchas más cosas buenas que malas ¿no crees? —No responde. Y no lo hace justamente porque comienza un poco a analizar a lo que se refiere—. ¿Y qué si te equivocaste? Si uno no se equivoca, entonces cómo una persona se puede volver comprensiva y sabia?
A raíz de lo de Hinata y Kageyama, Kiyoomi ya comenzaba a desarrollar cierta empatía por ellos. O quizá fue desde antes. Sin darse cuenta, ha estado apoyando a ese par como si fuera algo natural y por lo mismo no se ha dado cuenta de ello.
Y con Atsumu, ni siquiera supo en qué momento se enamoró de él.
Aunque tampoco se va a mortificar por determinar cuándo fue.
Solo sabe que le gusta.
Solo sabe que antes de él, no era la persona comprensiva que Hiromi dice ahora que es.
Solo sabe que quiere verlo, y que esta vez quiere hacer las cosas bien.
No quiere ser una persona sabia, solo quiere pasar toda la vida viviendo enamorado.
—Kiyoomi —cuando su madre habla de nuevo, esta vez sí le sostiene la mirada sin apartarla—. En el futuro, no hay necesidad de tener contacto con tu abuela si no quieres. De hecho, desde el momento en el que rechazó a Takashi por decidir no tener hijos, he estado pensando en no tener contacto con ella por tiempo indefinido —Kiyoomi engrandece un poco los ojos, ansioso.
—Pero es tu madre.
—Y ustedes son mis hijos. Siempre estaré del lado de ustedes del mismo modo que siempre querré que sean felices. Y si tu felicidad es ese chico, entonces no tengo ningún problema con eso. Ya eres un adulto, y estoy segura que esta vez harás lo correcto —sonríe. Y Kiyoomi sabe que no vale la pena intentar contradecir a su madre o competir con su sabiduría una vez que sonríe—. Además… —sin percatarse del todo de la mirada cómplice que le da a su hermana, Kiyoomi la mira atento creyendo que va a añadir algún comentario final en adición a lo anterior—. No eres muy prudente que digamos, cielo.
—¿Por qué lo dices?
—¿Cómo que por qué? —esta vez es Hiromi quien casi se ahorca con el cinturón de seguridad, volteándose completamente sobre el asiento como si fuera una niña de maternal. Algo que le hace recordar a Atsumu por cómo se comporta—. Literalmente todo tu departamento está marcado por él. Lo cual agradezco. Odiaba ver todas tus paredes blancas sin nada de color. Parecía como ir al hospital.
—Y esas dos plantitas suyas son un encanto. Las mira con tanto amor del mismo modo que te mira a ti las veces que hemos ido a visitarte. Incluso les puso nombres ¿no es así? —oye a su madre decir divertida.
—¡Roberta y Petunia! —secunda Hiromi, el doble de risueña que su madre, un aspecto un tanto paranormal que él no posee pues seguramente heredó casi la mayor parte de su carácter de su difunto padre.
—Le dijiste —murmura mirando a su hermana con complicidad recelosa. Claro, ya decía él que su madre lo había tomado todo con mucha calma como si ya hubiese sabido acerca de Atsumu desde hace tiempo. Y eso solo debe ser porque su hermana no sirve para guardar secretos y porque seguramente le ha dicho todo lo que su madre ha querido saber a cerca de él.
—¿Qué? ¡Por supuesto que…! —su mamá ríe. Ah, no es más obvia solo porque no quiere—. Okey, sí, lo hice. Y solo porque te hace falta confiar un poco más en la mujer que te dio la vida y en la otra mujer que hace tu vida más divertida, o sea yo.
—Vaya suerte mía.
—Como sea, ¿Cuándo lo presentarás formalmente delante de nosotras y Takashi?
—Cuando me disculpe con él.
Cuando sea capaz de mirarlo a los ojos nuevamente y decirle todo de una buena vez.
Cuando mañana amanezca y sienta su cama vacía y lo busque en el aroma que impregna su almohada y en la forma en la que lo extraña.
Cuando riegue a las plantas, y se lo imagine sentado jugando con alguna franela mientras limpia las ventanas.
Hay muchísimas cosas en las que es un despistado, y muchas otras en las que seguramente fallará, pero está dispuesto a equivocarse las veces que sea, con tal de aprender, cada día, lo que significa amar a alguien de la forma en la que lo ama a él.
Después de todo, la forma de su amor no es muy convencional que digamos, pero está seguro que es real esta vez.
Y porque en vez de esperar un milagro, esta vez irá detrás de él.
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7. Cuando se ama de verdad
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Le había dicho a Osamu que su boda sería inmensa.
Y que lo contrataría como damo de honor si el puesto le satisfacía del todo porque, claro, él tiene que lucir espectacular aún si no han escogido el sitio soñado, mandado a hacer los trajes a la medida, y Kiyoomi sigue tardando siglos en proponérselo a lo Glee.
—Tu también exageras, estás pidiendo una boda de Disney a un tipo que apenas y ha visto Madagascar.
—No, Samu, ¡Madagascar es de Dreamworks! Ush, ¿Qué le enseñan hoy en día a esta juventud?
Sí, bueno, quizá está adelantando un poquito a los hechos ¡Pero casi tres años no es un poquito en realidad! Es muchito. Al menos para él.
Y que cada día está mirándose al espejo ensayando el sí acepto a la vez que pega el grito al cielo cuando ve una nueva cana aparecer, no debería ser su preocupación actual a los veintiséis.
Canas.
Dios Santo.
¡A su edad y ya le salen canas!
Que sí, puede que su amorcito sea algo lento, eso lo sabe de sobra, ¡Pero se le va a entumir el culo de tanto esperar! Y es que no puede creer que algo como casarse haya pasado a ser su deseo soñado así como así. Obviamente todo es culpa de su entorno, de cómo a cada tanto ve a más y más personas confesando abiertamente su sexualidad y sus relaciones y cómo estás, en cuestión de un año o hasta menos, formalizan rápidamente.
A su edad otras personas tienen otras prioridades, como trabajar, ganar dinero, tener una mascota, irse de viaje, de parranda o lo que sea.
Pero él quiere una boda.
Quiere una maldita boda.
¡No solo asistir a las que lo invitan!
¡Incluso está pensando mandar a hacer unas bonitas playeras con el diseño de sus uniformes! Y que digan algo así como Miya 1 y Miya 2 en la parte de atrás solo para presumir que son esposos y se enorgullecen de llevar el apellido del otro.
Por supuesto haría otro par que remarcara en grande el apellido Sakusa, y enserio que la portaría con gusto.
—¿Qué no sería Miya 3? ¿Y yo que soy? ¿Estoy pintado o qué?
—Tú te callas, Samu.
Agradeciendo estar soñando despierto mientras se pasea por los laterales del estadio y en espera que Samu le de su orden de bolas de arroz, Atsumu mira hacia dónde se supone Kiyoomi está esperándolo, viendo muy atento la cancha, ahora que están en medio tiempo, como si estuviera pensando muy seriamente sobre algo.
Esta vez, sin embargo, están ahí como aficionados viendo un partido de basquetbol de uno de los amigos de su cuñado, el hermano mayor de Kiyoomi, mismo que debe de andar por ahí con su novia, Hiromi y su adorable suegra.
—Regresé —cuando se acerca a él, levanta el brazo mostrando la bolsa con bolas de arroz, señal suficiente para que se replieguen hacia sus lugares.
—Entonces vamos —tomando su mano con tanta naturalidad, a Atsumu le vienen a la mente, de manera casi natural, todas las primeras veces en las que Kiyoomi abrazó la prudencia cuando apenas su relación se hacía pública.
No porque le avergonzara, sino porque sabía que aunque ya todo mundo los aceptaba y sabía de ellos, habían ciertos momentos en los que debían ser un poco prudentes.
Ahora, sin embargo, parece tan natural tomar su mano mientras caminan por las gradas del gimnasio, volviendo a sus lugares en compañía de la familia del azabache.
Con Samu cada vez más ocupado y sus padres viajando alrededor del mundo como si fueran unos eternos enamorados, pasar tiempo con la familia de Kiyoomi se ha vuelto algo sumamente normal desde que se presentaron formalmente delante de ellos y prácticamente lo recibieron con los brazos abiertos.
Y con el pasar de los años realmente ya ni recuerda si en algún momento se sintió asustado o incómodo por pasar más tiempo con ellos que con su propia familia porque, vamos, terminaron adorándolo casi al instante así como él a ellos. Además que con su familia ha sido la mismo cosa con respecto a Kiyoomi.
Incluso su abuela, quien era la persona que menos los apoyaba, al final terminó aceptando, a su modo, lo suyo.
Hacían las cosas a su modo, y funcionaban, desde luego, a su modo.
Y aunque Atsumu le propuso muchas veces a Kiyoomi la posibilidad de intentar probar irse a otro equipo si quería, incluso si era a otro continente, la mayoría de veces el tema era rápidamente zanjado con un "no" por parte del azabache. Un "no" que significaba muchas cosas pero, la más importante de todas, que Kiyoomi no planeaba irse a ningún lado sin él.
Y aun con todo eso, con la mayoría de sus vidas siendo vividas de forma plena y sin preocupaciones, no había ninguna propuesta de matrimonio.
¿Qué todas las veces que se lo insinuó no han sido claras para él?
Quizá no han hablado de matrimonio como tal pero sí que Atsumu le ha dejado ver un sinfín de veces lo feliz que sería si algo así sucediera.
¿Por qué no quiere?
¿Será que si se le queda mirando con ojos de cachorrito, Kiyoomi se anime?
—¿Qué haces? —ofendido de que todavía le pregunte lo que hace, Atsumu enrosca sus brazos alrededor del brazo izquierdo de Kiyoomi, en un super ataque sorpresivo, tierno y mortal al hacerle ojitos pispiretos.
A su lado puede oír a un par de chicas cuchicheando y puede ver a un par de señoras observándolos. Puede oír en un plano muy aparte una serie de palabras que se repiten por los parlantes, seguramente alentando a los equipos a volver pronto, anunciando los minutos restantes, y puede oír, de pronto, una musiquita que definitivamente reconocería en cualquier lado y que solo puede significar una cosa.
—Oh por dios.
—¿Qué-...? ¡Hey! —empujando a Kiyoomi hacia adelante para conectar su mirada, y sus neuronas, con la de Hiromi, ambos apenas se miran y parece como si hubiesen esperado ese momento para vivirlo toda la vida.
—¡Es Marry you de Bruno Mars! —gritan ambos al unísono, al igual que otra personas también lo hace cerca de ellos, dejando en evidencia el poco conocimiento de Kiyoomi acerca de lo que hablan.
—¿Y se supone que sepa quien es?
—Omi, por Dios, Kiyoomi, ¿ni porque vives con Tsumu-kun dejas de ser un cavernícola? ¡Esa canción es viral!
—¿Viral para qué? —colocando una mano para que se calle, Atsumu, así como la gente que tiene alrededor, empiezan a moverse frenéticas en sus lugares por el cambio tan repentino de la música por los parlantes.
Oh, por Dios.
Oh, por Dios.
¡Oh, por Dios!
—¡Alguien va a proponerse!
—Ah. Yupi.
—¡Ah, Omi, cállate!
No puede estar equivocado.
Y menos cuando la cancha empieza a llenarse de porristas, las mismas porristas que han estado animando el partido desde que inició, y comienzan a bailar una coreografía que seguramente llevan semanas ensayando porque, demonios, están sumamente sincronizadas.
Atsumu está tan emocionado que tiene que cambiar de lugar con Kiyoomi para poder estar cerca de Hiromi, la novia de su cuñado, y la madre de los azabaches quien, curiosamente, está con los ojos brillosos por alguna razón mientras le sonríe.
Quien sabe, quizá el hecho de que alguien vaya a proponerse, hecho del que seguramente se acaba de enterar porque lo ha escuchado de ellos, le emociona por los recuerdos que le trae con el padre de Kiyoomi.
—Nanami-san, ¿está bien?
—Sí, no es nada, solo que esto me parece muy lindo.
—¿Verdad que sí?
¿Y cómo no va a serlo?
Justo hace unos minutos estaba hablando con Samu sobre lo mucho que le gustaría casarse con Kiyoomi además de que se dio todo un paseo por la melancolía al recordar cuántos de sus amigos y sus conocidos ya lo han hecho, como para que ahora no esté sumamente emocionado.
Quiere enterarse quien es la pareja afortunada, y aunque normalmente las cámaras las enfocan casi al instante para pasar la imagen de la chica afortunada a través de las pantallas, parece que los camarógrafos esta vez están haciendo un buen trabajo al aún no enfocar a nadie, manteniendo el misterio seguramente para el final.
—Ay, no. Esto es muy lindo.
—¿Te gusta? —recordando que Kiyoomi está ahora sentado del otro lado, le mira feliz, emocionado y divertido.
—¿Bromeas? ¡Está increíble! ¡Nunca pensé que viviría para presenciar una proposición así! ¡Esto solo lo veía en Youtube!—dice, elevando un poco la voz por la música hasta que los cuchicheos a su lado se convierten en gritos agudos y alborotados, mismos que casi le rompen los tímpanos
—¡Aaaahh! ¡¿Ese no es Hinata Shoyo?!
—¡Y ese es Kageyama! ¡¿Que no estaba en Italia?!
El cuello de Atsumu vuelve su vista a la cancha como un resorte, poniéndose pálido de repente.
Y rojo.
Y morado.
Y hasta verde.
Santa mierd-...
¿Qué ese no es Bokuto poniéndose la cabeza de una botarga-...?
Cuando voltea a ver a Kiyoomi, a punto que le de un infarto, una convulsión o un derrame cerebral, solo ve como este pasa de su color natural de piel al rojo intenso en cuestión de segundos antes de ponerse de pie con todo el encanto flexible de una momia.
—¿O-Omi...? ¿Qué-...? ¿A dónde vas-...?
—A hacer el ridículo.
Las pantallas, esas que antes no enfocaban a nadie, gracias a que Hiromi se las señala, y lo abraza por los hombros a pesar de que está sentado, ahora nota como lo enfocan a él.
Y por un momento no sabe qué es más impactante, si ver a casi todo el equipo de los BJ, a algunos de los Adlers, a Hinata y a Kageyama quienes andan por ahí inclusive, hacer el intento por seguir los pasos de una coreografía que lloraría de poder hacerlo viendo cómo lo hacen tan mal, o ver a Kiyoomi, SU Kiyoomi, estar en medio de ellos haciendo esos pobres, pero encantadores, pasos de baile que harían llorar a su abuela.
Y de paso a él también.
No puede ser.
Debe de estar borracho.
¡¿Qué coños le puso Samu a esos onigiris?!
Completamente aturdido, cuando voltea a ver a Hiromi, esta solo lo mira con una sonrisa inmensa y, más atrás, está su cuñado grabándolo con su teléfono a pesar de que ya todas las personas a su lado están con el teléfono en mano haciendo lo mismo.
Y la madre de Kiyoomi, Dios Santo, ella lo sabía.
¡Por eso lo veía así desde que venían en el auto!
¡Y por eso Kiyoomi miraba la cancha con tanto detenimiento desde que llegaron!
—Ve, Tsumu-kun.
—¿E-Eh?
—Yo me lo llevo, Hiromi-san. Es un poco lento para estas cosas como verás —antes que le pregunte a Samu acerca de si le puso algún alucinógeno al arroz, este ya lo está arrastrando hacia abajo de las gradas, justo frente a la cancha donde lo reciben, en primera fila, los pasos torpes de un Bokuto sumamente comprometido con lo que está haciendo.
No es hasta que deja de ver a Samu, de preocuparse por las cámaras y los cientos de ojos que lo están mirando ahora, y se permite simplemente creer que todo eso está pasando, que Kiyoomi principalmente se le está proponiendo de la forma más cliché, viral y épica posible, que finalmente comienza a disfrutarlo como se debe.
Dejando la vergüenza de lado, comienza a reírse como nunca antes lo había hecho, sobre todo porque no puede dejar de carcajearse viendo a Shion reñirle a Bokuto por los pasos que hace mal, a Adriah levantar las manos y las piernas como si pudiera hacer eso por horas, a Shoyo, quien parece estar pasándola increíble dando saltos como la porrista interna que lleva dentro, hasta ver a las momias sin gracia que son los Adlers pero sobre todo a Kageyama haciendo pobres intentos por coordinar sus pasos.
Y, desde luego, cuando deja de reírse de todos y de pensar en lo mucho que tuvo que haber hecho Kiyoomi para convencer a todos esos roperos que tiene como amigos a participar en ese suicidio social colectivo, finalmente lo ve a él.
Sin saberse los pasos, al ritmo de Marry you, Atsumu comienza a imitar cada cosa que Kiyoomi hace no porque quiera acompañarlo en su vergüenza sino porque, por Dios, está que no se la cree.
Y porque está tan feliz que todo lo que hace, cada gesto, cada grito que da, es tan genuino como las ganas que tiene que acabe la canción de una buena vez para ir corriendo hasta él.
De vez en cuando enfoca una de las pantallas para ver las expresiones de las demás personas, así como la de su suegra y sus cuñados y todos aquellos que conoce y que secretamente habían estado escondidos en quien sabe donde, incluidos sus padres.
Ah, no lo puede creer, ¿No estaban vacacionando en Irlanda hace apenas unas semanas?
Va a tener una larga conversación con ellos luego, y con Samu sobre todo, por haberle visto la cara de tonto hace apenas unos minutos cuando conversaban a cerca de que esperaba que Kiyoomi se le propusiera a lo Glee.
Bueno, esta vez se ha superado, y con creces.
Afortunadamente, y para alivio de sus compañeros que ya deben estar hartos de la humillación pública mientras todo el mundo los ve bailar —a excepción de Shoyo y Bokuto que se ve que lo están pasando bomba—, la voz de Bruno Mars se vuelve solo un susurro lo suficientemente bajo como para que, de nuevo, se vuelva a escuchar el bullicio de la gente, misma que se ve forzada a guardar silencio rápidamente en cuanto le pasan un micrófono a Kiyoomi y Atsumu siente las piernas hechas gelatina.
No puede ni moverse, pero gracias a que Samu prácticamente lo empuja hasta en medio de la cancha, puede dejar que Kiyoomi admire lo vidrioso de sus ojos se encuentran en este momento antes de verlo arrodillarse y sacar una cajita roja de terciopelo, poniendo el micrófono en los labios.
—No traigo rosas ni chocolates, y no preparé ningún buen discurso porque me la he pasado semanas ensayando este pobre intento de baile para ti —Atsumu, medio riendo y medio llorando, suelta un gemido de retenida felicidad, oyendo e imaginando realmente lo que dice—, pero desde que estoy contigo no conozco la vergüenza. Así que, en el futuro, espero que sigas ahí, orillándome a seguir haciendo ridículos como estos o simplemente quedándote a mi lado.
—Omi…
—Entonces, ¿te casas conmigo? Y responde rápido, por favor, estoy muriéndome justo aquí-...
—¡Joder, claro que sí!
Cuando deja de girar como un loco desquiciado, luego de arrebatarle prácticamente el micrófono a Kiyoomi para gritar su respuesta como se deben, vuelve a él, abrazando fuerte su cuello no sin antes besarlo y dejar que le ponga el anillo de una maldita vez, todo delante de miles de personas —y otras miles más por internet seguramente— a la vez que intenta oír lo que este le dice al oído aunque esa sea una tarea casi imposible considerando todos los gritos y aplausos que hacen todos a sus espaldas.
—¿Enserio tu montaste todo esto? —queriendo quejarse de muchas cosas ahora, principalmente por el hecho de que Kiyoomi hizo, de nuevo, lo que quiso al ir a comprarle el anillo él solo a pesar de advertirle que no lo hiciera hace años, Atsumu realmente no puede enfadarse con él al ser más lágrimas y risas en este momento.
—Por supuesto, no iba a dejar que la relación de la calabaza y el armador de los Adlers, ni la de ningún otro, nos opacara. Tenía que hacer algo sí o sí más épico a lo del aeropuerto —Atsumu se carcajea, dejando de llorar un poquito, aunque poco escucha sus pensamientos por los gritos de las demás personas.
—¡Omi, pero que engreído! ¿Quién te enseñó a ser así?
—Lo estoy viendo justo ahora.
—Jeje, ya que estás tan complaciente, quiero que nuestra boda sea en un casino.
—No exageres —oyendo como se opone, Atsumu lo vuelve a besar, pegando tremendo salto inesperado solo para que Kiyoomi lo levante en brazos delante de todos y haga que todo el estadio entero colapse de nuevo mientras levanta la mano y enseñe el anillo adornando su dedo, todo durante las últimas melodías de Marry you oyéndose por los parlantes.
—¡Me voy a casar, perras!
¿Ha sido la mirada en sus ojos?
¿La forma graciosa en la que ha bailado?
Sí, bueno, ¿Quién no hace el ridículo cuando ama de verdad?
Quien sabe, quizá sí consiga que se casen en un casino, o en la cima de alguna montaña, en medio del océano, o arriba de un elefante, ya que si Kiyoomi fue capaz de montar todo eso a sus espaldas, ya puede esperar cualquier cosa viniendo de él.
Hay campanas de boda finalmente sonando de su lado así que, ¿a quién le importa si siguen haciendo un montón de cosas tontas y se siguen equivocando? ¿A quién le importa cómo fue que su historia se fue dando?
Que la gente siga hablando, solo sabe que su historia sí tiene final feliz,
y que, finalmente, va a casarse con él.
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Fin~
Notas finales:
Creo que sí me la mamé con el último especial ¯\_( ͡° ͜ʖ ͡°)_/¯
Todo es culpa de tiktok y YT y de Bruno Mars por supuesto jajaja En fin, espero que estos pequeños pero significativos especiales les hayan gustado así como toda la historia en general.
Y muchas gracias, de nuevo, por acompañar a este par que se robó mi corazón conforme iba escribiendo los capítulos. Lo disfruté muchísimo. Y es probable que pronto tengan noticias de algún nuevo fic sobre ellos, aunque por ahora solo tengo ideas que se me han ido ocurriendo y las de un par de algunas chicas que me han escrito por mensaje :)
Recuerden que hay un extra en los especiales de Honne que trata justamente del SakuAtsu dentro del periodo de Tatemae. Prácticamente les hice spoiler de la vida de domésticos de estos dos ahí (?) Por si quieren ir a releerlo.
En fin, ¡Gracias por su apoyo! ;_;
¡Besos!
Nos estaremos leyendo pronto.
