Una cita con un desconocido

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Los personajes del "Castillo Ambulante o Vagabundo" son propiedad de Diana Whynne Jones y la animación es obra de Miyazaki. Los cuales tomé prestados para desarrollar las ideas que se formaron en mi imaginación.

Esta historia participa del desafío lanzado por la Página #EsDeFanfics. La cual es la vigésima segunda entrega del #Flufftober, que a su vez es la continuación del día sexto.


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Día 22: Mirar el atardecer

Sophie Hatter no estaba segura de cuál sería la cantidad de malas decisiones que una persona puede tomar en un solo día, pero podía asegurar que ella lo había sobrepasado con creces. Toda la locura comenzó el día anterior, cuando al entrar a la florería para comenzar con la jornada, ver en el piso de la entrada un papel doblado le aceleró el corazón, este no era como los anteriores, sino que su tamaño era más grande de las acostumbradas notas que solía recibir, posiblemente ese momento fue cuando el presentimiento de que algo importante iba a suceder dio marcha en su pecho.

Las típicas frases brillaban por su ausencia, siendo reemplazadas por unas cuantas líneas que solo hicieron que el pánico la embargara, una dirección y la solicitud para verse en persona estaban plasmados con una pulcra caligrafía. El dilema entre acceder o no retumbo por horas en su cabeza. Durante el almuerzo Calcifer comunicó que el regreso del azabache sería al día siguiente, fue el empujón que necesitaba para decidirse en aceptar.

El inventar una supuesta visita repentina a su hermana alegando tener que hablar de un tema importante, fue la excusa empleada para abandonar el castillo sin levantar sospechas. La siguiente mala decisión que tomo fue el elegir caminar, en vez de tomar el transporte, ya que mientras avanzaba por las calles su cabeza seguía trabajando a cada segundo, lo cual empeoró al llegar a la zona indicada.

Todo evolucionaba con rapidez a cada paso que daba, la idea era agradecerle por las notas, pero a la vez solicitarle que no lo siguiera haciendo, pues esto traería consecuencias desastrosas a su relación y eso en particular era lo último que ella deseaba.

Contemplando con curiosidad el paisaje que se alzaba frente a ella, solo logró aceptar que su decisión carecía de sentido, abriendo paso para que las interrogantes fluyeran con una fuerza descomunal ¿trampa? ¿un asesino? ¿rivales de Howl, de después de la guerra?, una era peor que la otra y lamentablemente no le presto la importancia requerida desde el principio.

—Lo mejor será regresar—musitó al girarse para emprender el camino de regreso.

—¿Piensas dejar plantado a tu admirador secreto?

Sophie tembló ante la pregunta formulada, principalmente porque no había notado su presencia en el tiempo que llevaba ahí, sin embargó arrugó el ceño ante la sensación de que ese tono de voz se le hacía conocido.

—Un momento—musitó al girarse—¿Howl? —cuestionó al reconocer la figura del azabache apoyado de brazos cruzados contra la corteza de un árbol.

—¿Qué haces aquí?

—Espero que te guste la sorpresa—mencionó al ignorar la pregunta, mientras comenzaba a caminar hacia ella—Se que nuestra relación no comenzó de la manera correcta, sin embargo, todavía hay tiempo para resarcir algunas cosas.

—No entiendo—negó al dar un paso atrás, estaba demasiado confundida, por un lado, se sentía aliviada de que la persona atrás de las notas fuera su pareja, dejando así atrás la sensación de una imaginaria infidelidad la agobia, el que la consintiera así era agradable, pero eso no quitaba que, aunque no lo expresara con palabras se sentía burlada.

—Hoy tendremos una cita—señaló hacia un costado, donde un mantel estaba tendido sobre la gravilla y sobre este, diversos alimentos reposaban.

A pesar de la reticencia que sentía al comienzo, Sophie comenzó a caminar de la mano de Howl, la tarde era cálida, muy acorde al clima primaveral. Poco a poco dejo que la compañía del azabache la cobijara como normalmente siempre sucedía.

Cuando los últimos rayos del sol comenzaban a ocultarse, comprendió la importancia que representaba ella para Howl, sino que otra cosa explicaría las notas, la cita al aire libre y que se robara la comida del castillo para que ambos compartieran.

Los detalles enamoran y un amor así valía realmente la pena, con altas y bajas superando las inseguridades, pero siempre permaneciendo juntos ante todo.

Fin.