Hola, hola, Luna de Acero reportándose.

Un fic con mucha carga de angustia y tristeza, para los que se animen. Con la bendita y amada OTP, como extrañaba escribir de ellos. Es probable que esta semana reciban muchas novedades de mi parte, cruzo los dedos llegar con los pendientes y las comisiones que tengo que cerrar. Gracias por seguir ahí a pesar de mis ausencias.

La portada, bellísma portada, está basada en un dibujo perfecto de la hermosa y espectacular artista (en Wattpad que además tiene unas historias preciosas, la super recomiendo) y en facebook como Fa Teufell. Espero que no lea esto porque no me gusta ponerla triste, pero quiero agradecerle por siempre estar y para Kiarita que es un amor, que siempre me recuerda y me sigue haciendo memes, oye, espero muchos de este fic!

Los amo, lunaceros! Hasta la próxima!


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.

Advertencias: Carga de tristeza, angustia, dolor, sentimientos pesimistas, negativos, depresión, enfermedad, muerte de personaje. Aún así, espero se animen. Enjoy.


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"Ama ahora mientras vivas ya que muerto no lo podrás lograr."

William Shakespeare

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Levi salió a su balcón y dudó entre abrir o no el paquete de cigarros que había encontrado en el bolsillo de una camisa que no usaba hacía mucho. Suspiró y terminó abriéndolo, hacía al menos tres años que había dejado de fumar, antes solía disfrutarlo bastante pero como le molestaba a... "él" —su subconsciente se negaba a invocar su nombre incluso en sus pensamientos— lo había dejado. La abstinencia había sido una tortura, pero en ese tiempo era capaz de hacer cualquier cosa por su novio.

Lloviznaba y hacía un poco de frío, se había preparado un café espumoso y la ocasión se prestaba, aunque a la primera pitada se dio cuenta que ya no era lo suyo, el sabor era desagradable. Tiró el cigarro por su balcón y bebió un sorbo del café sintiéndose reconfortado. Pensar que nunca le había gustado el café y luego paulatinamente se fue acostumbrando al punto que ahora le parecía una bebida deliciosa. Tal vez porque los besos de él sabían a café...

Suspiró sentidamente, ¿por qué estaba tan melancólico en primer lugar? ¿Era por el café? ¿Por la noche lluviosa? ¿Por esa dolorosa soledad que le estrujaba el corazón? Después de siete años juntos, de tantas proyecciones, de tantas cosas vividas, de todas esas primeras veces en tantos ámbitos, nunca se imaginó que las cosas se terminarían de un día para el otro. Malos entendidos, peleas, ausencias, reproches, el desgate era tan extenso que había decidido cortar por lo sano, antes que se derrumbara del todo, antes de que su paraíso se volviera un total infierno, decidió terminar. Le había llamado cobarde, pero lo cierto es que no quería llegar a ese punto en que ambos terminarían odiándose. Hasta ahora había sobrevivido a la indiferencia y la frialdad, pero no podría haberlo hecho si se seguían lastimando.

Fue tan doloroso ver cómo los ojos de su amado se iban apagando, que lo evitaban, el amor se iba agotando como la batería de un celular y no quiso a esperar que llegara a cero, por eso aunque había dolido mucho había decidido cortar de raíz la relación. Había un problema, el departamento que habitaba ahora era un inmueble que habían comprado en común, así que estaba a la venta desde hacía dos años, porque debían dividirse el monto. Era tan triste, por las tardes caminaba por la cocina y miraba los muebles lacados que habían hecho a medida, invirtiendo muchas horas para aprender como carajos se hacía una restauración como pintar, barnizar y demás. Tanto esfuerzo, habían elegido juntos hasta las manijas de los mismos, cada pequeño detalle había sido en conjunto, pensando en arreglar el lugar y convertirlo en el hogar de sus sueños, en su nido de amor.

Pensar en eso ahora hacía que tuviera ganas de llorar y eso que él nunca lloraba, al menos eso le había dicho, al menos mientras otros estaban presentes, porque cuando se quedaba solo, cuando no había nadie para quien fingir que todo estaba bien, entonces lo hacía y cada vez con mayor frecuencia. Se sentía patético, pero tampoco hacía nada para evitarlo.

Terminó el café y se fue a acostar, ignoró los mensajes de los dos pretendientes que tenía de momento, tantos recuerdos le habían amargado la noche. Se acostó del lado izquierdo de la cama, desde que se había separado nunca ocupó la cama completa, se sentía tan enorme y no se acostumbraba del todo a esa enormidad. Ya llevaban dos años separados, Eren se había ido a vivir con su hermana, aunque no se llevaba para nada bien con su cuñado, un chico del sur llamado Jean. Era buen tipo, pero parecían tener un don especial para pelear por cada mínima cosa. A veces se preguntaba cómo haría para sobrevivir a eso, pero bueno, ya no era su problema. ¿Por qué se seguía preocupando? Era un sinsentido.

Le había escrito hacía unos días, consultando si había novedades en la inmobiliaria sobre la venta del departamento, lo cierto es que estaba muy difícil vender algo, la situación económica en general no era buena y si bien el departamento estaba impecable y bien equipado, la zona no era de las mejores, bastante alejada del centro de la ciudad no era una ubicación ideal para la mayoría de las personas que buscaban comprar. En el momento en que ellos lo adquirieron, priorizaron la oferta que les hicieron, los dueños anteriores bajaron mucho el precio y con el resto se dedicaron a remodelar el lugar y ponerlo a su gusto. Hacía dos años que intentaban venderlo sin éxito, los pocos interesados que habían visitado el lugar desistieron educadamente.

Levi hacía teletrabajo y últimamente no le estaba yendo muy bien, en ese entonces Eren estaba estudiando y la universidad le quedaba cerca, pero ahora las cosas eran diferentes. Levi había estado buscando propiedades para ver qué podría comprar una vez que el inmueble se vendiera, y realmente sus opciones eran escasas, estaba preocupado, desde que Eren se había marchado todos los costos de mantenimiento corrieron por su cuenta, lo que no le había permitido ahorrar gran cosa. Había hecho números, pero incluso vendiendo su auto, apenas le alcanzaría para comprar un mono ambiente y probablemente en un sector más alejado que el actual, si normalmente no era muy social ahora se volvería un completo ermitaño.

Por si fuera poco el gobierno había lanzado medidas de restricción en la circulación, debido a la pandemia y las nuevas cepas de Covid, lo que disminuía aún más las posibilidades de vender. Internamente no quería que sucediera, no quería dejar ese hermoso lugar. Estaba a punto de dormirse cuando sintió que tocaban la puerta con fuerza, se sobresaltó y se levantó, se colocó su bata blanca y los anteojos (normalmente usaba pupilentes pero se los sacaba por las noches para descansar la vista). Se preguntaba quien estaría llamando a esa hora, hacía frío y estaba lloviznando, además no tenía mala relación con sus vecinos (de hecho prácticamente no la tenía) por lo que dudaba que fuera alguien del lugar. Se puso en puntas de pie para observar por la mirilla de la puerta y se sorprendió al ver a Eren. Dudó unos segundos pero finalmente abrió.

Se miraron de arriba a abajo con rapidez, ambos reconociéndose y a la vez notando las grandes diferencias en sus aspectos que el paso del tiempo sin encontrarse habían hecho.

—Hola —dijo Levi, enarcando una ceja.

—Hola, lamento caer así, pero... bueno —suspiró sonoramente—. Tuve una pelea con Jean, una muy, grave. No tengo donde quedarme porque ahora anunciaron que mañana entramos a fase 1 y realmente, realmente no tengo donde ir, si me llego a quedar en esa casa vamos a terminar matándonos, dame asilo por unos días al menos, es decir, el departamento sigue siendo de ambos y-

—Pasa, Eren —dijo Levi corriéndose y dándole lugar de inmediato.

El hombre venía con una mochila y una valija mediana, ahora que lo miraba con mayor atención tenía el pómulo hinchado y algo de sangre seca en la nariz. Mierda, esa pelea debía ser algo serio de seguro.

—Eh, ¿café? —preguntó Levi sin saber muy bien qué decir, la verdad lo había agarrado en frío.

—Sí, por favor.

En buena hora, se fue a la cocina para buscar la máquina de Nesspreso que estaba guardada en uno de los gabinetes, solo la había sacado esa tarde para prepararse uno, como una especie de premonición, ahora que lo pensaba mejor... ¿no debería habérsela dado? Es decir, él no era de tomar café muy seguido, era un desperdicio que estuviera ahí, bueno, cuando Eren se fuera se la ofrecería. Buscó las cápsulas de latte machiatto, el favorito de su ex y sacó uno para preparar todo. En ese momento lo escuchó discutiendo en el living, al parecer ante una llamada que había recibido, no es que le gustaran los chismes (no era esa clase de persona), pero Eren hablaba tan fuerte y estaba tan molesto que era imposible no escuchar.

—¡Te dije que no, Mikasa! ¡Que se joda! No, no volveré, ya me las voy a arreglar. Basta, no hablaré de eso contigo, no es un buen momento, Mika, no es contigo, pero ya no soporto más, no quiero decir cosas que pueden herirnos, así que cortemos aquí, mañana con más calma hablamos. Sí, sí, estoy bien, adiós.

Algunas cosas no cambiarían por mucho tiempo que pasara, Eren seguía siendo eufórico, impulsivo, cabeza dura. El olor del café saliendo de la máquina lo golpeó con fuerza, cerró sus ojos y recordó cuando Eren la había comprado sin avisarle utilizando parte de sus ahorros, habían tenido una pequeña pelea estúpida pero zanjaron el dilema teniendo un excelente sexo sucio en la cocina, en esa misma mesada. Joder, tenía que pensar en otra cosa. Preparó la taza y fue al refrigerador, estuvo a punto de sacar un poco de hielo para que Eren se colocara en el rostro pero... no, sería muy extraño, es decir, no tenía por qué preocuparse, ambos estaban cada uno por su cuenta, era un hombre hecho y derecho y podía cuidarse solo, además...

Cuando regresó a la sala traía la taza y un poco de hielo dentro de un paño, puso la bebida caliente frente a Eren en una pequeña mesa y también el hielo. El otro miró las cosas y miró de reojo a Levi.

—Gracias —soltó con parquedad—. Yo dormiré aquí —anunció señalando el mueble y Levi asintió.

Fue a buscar una almohada y una manta y se las acercó, lo vió manipulando el calefactor y lo dejó hacer, a pesar de ser friolento no solía prenderlo porque evitaba consumir demasiado gas, pero bueno, iba a poder con un día o dos. Dejó las cosas sobre el sofá y abrió la boca para decir algo pero dudó un poco.

—¿Qué? —preguntó Eren que se notaba que seguía molesto.

—Dejaré toallas limpias en el baño por si quieres tomar una ducha y, bueno, iré a dormir, ya sabes dónde está todo.

—De acuerdo.

Eren lo miró de reojo mientras su figura se perdía por el pasillo. Carajo, que lindo estaba, bueno, Levi siempre había sido lindo, pero solía ser desquiciante con la pulcritud, el aspecto, la limpieza y todas esas manías, sin embargo ahora... estaba un poco desaliñado, le sorprendió mucho ver su cabello tan largo, lo tenía atado en una coleta baja y le tapaba la nuca, el flequillo también largo y para ser honestos se veía mejor que nunca. Siempre había querido verlo desprolijo, un poco por lo menos. Bebió un trago del café, estaba delicioso, claro si era su favorito, después de dejar el departamento solía tomar uno similar en un Starbucks cercano al lugar donde trabajaba, y bueno, el café de allí era delicioso, este también era muy bueno pero no le ganaba. Ahora... ¿Levi tenía cápsulas de su café favorito aún? miró hacia el pasillo con algo de desconfianza y se fue a la cocina para corroborar, no fuera que le hubiera preparado una cápsula que ya estuviera caduca, por lo general el café en cápsulas vencía a los seis u ocho meses, por lo que con seguridad este estaría vencido. Sin embargo notó dos cosas extrañas, la primera era que la caja decía que el vencimiento era dentro de cuatro meses, con lo cual era relativamente nueva y la segunda es que estaba casi completa. Claro, podía ser que a Levi ahora gustara del café, lo cual era cuando menos extraño, recordaba que lo detestaba. Husmeó mirando por encima del tacho de basura, pero claro no encontró nada que evidenciara eso, ¿entonces por qué tenía cápsulas de café si él no las bebía? Y además del sabor que le gustaba a él... ¿podría ser...? Sí, de seguro Levi estaba saliendo con otra persona y a esta persona también le gustaba lo mismo, no había otra explicación. Bueno, no podía renegar al respecto, ya no tenían nada que ver uno con el otro, él también había salido con otras personas después de separarse, de hecho casi inmediatamente había tenido una relación algo intensa con Armin, un ex compañero de la facultad y actual colega en la compañía donde trabajaba. Pero aunque fue intenso fue algo breve, después de cuatro meses de citas, sexo a destajo y estar pegados casi las veinticuatro horas del día, el interés se le evaporó más rápido que lo que dura un cerillo encendido. No había conectado demasiado profundo en sus sentimientos, tal vez porque muy en el fondo, después de un tiempo, le había pesado mucho la separación con Levi. No había hecho el duelo correspondiente, el dolor le vino después, como si hubiera estado esperando agazapado para encontrarlo solo y desprevenido.

Y si, era lo lógico, después de siete años juntos, por muy fogosa que fuera una relación posterior no era algo que se podía borrar de un plumazo. Además Levi era tan diferente de Armin, de Reiner, de Floch, de todos aquellos con los que había estado después. Ahora que lo pensaba mejor llevaba varios meses sin enseriarse con nadie, tampoco disponía de tanto tiempo, estaba trabajando en un proyecto de programación muy importante y ayudando a su hermana que estaba embaraza de ese imbécil cara de rana aplastada. Ojalá su sobrino o sobrina se pareciera a Mikasa, por todos los dioses que ojalá fuera así. Lo escuchó toser y miró hacia la habitación, sintió ganas de ir a preguntarle si necesitaba un poco de agua, pero…

Se alistó y tomó una ducha caliente. Al salir sintió algo de hambre y se preguntó si estaría bien servirse algo del refrigerador, después podría reponer lo que usara. Al abrir la puerta se quedó unos minutos mirando todo. La mayonesa en el mismo lugar de siempre, la manteca al fondo y la bebida gaseosa de sabor lima que le gustaba tanto. Fue un shock, todo en ese lugar parecía haberse detenido en el tiempo, casi que se sentía ese chico de veinticinco con los ojos llenos de luces y esperanzas. Aún seguía siendo relativamente joven, pero era tan nostálgico recordar. Dudó en preguntarle a Levi si tenía hambre, pero luego vió la vajilla lavada y notó que de seguro ya habría cenado, no era de comer demasiado tarde. Se preparó un sándwich con lo que encontró y lo calentó en el microondas, no quería hacer demasiado revuelo o ruido, sabía que Levi tenía el sueño liviano.

Se acostó y aunque por su altura no era del todo cómodo dormir en el sofá, también era mullido, así que digamos que descansó bastante bien. Al levantarse Levi le había dejado listo el desayuno sobre la mesa, aunque no se lo veía por ninguna parte. Tenía una especie de don ninja para moverse sin hacer ruido.

Era raro, es decir, que le preparara el desayuno. Se levantó, se aseó y aprovechó lo que había disponible. Recién entonces miró alrededor con mayor detenimiento y aunque no había nada nuevo, eso fue justamente lo que le llamó la atención, todo permanecía exactamente igual. Como fuera, apenas terminaran la fase uno vería de alquilarse algo, aunque más no fuera una pieza, le molestaba que no se pudiera vender ese lugar, el dinero le vendría más que bien y además luego de eso ya no sería necesario ver de nuevo a Levi. No es como si estuviera huyendo, pero los últimos tiempos las peleas eran tantas y tan horribles, que no quería revivir aquello, aunque Levi se había portado bien, hasta ahora, sabía perfectamente que las cosas podían cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

Revisó algunas aplicaciones de citas, luego su whatsapp, en su trabajo le habían adelantado las vacaciones, no tenía mucho para hacer, de hecho… no tenía nada para hacer. La casa estaba brillante de limpia. ¿Adónde habría ido Levi? Se levantó y miró desde afuera aquella habitación que en algún tiempo fue de ambos, era como una foto del pasado, pero no quería volver a eso, ni tampoco recordarlo. Se puso a mirar la televisión como para matar el tiempo y sintió la llave de la puerta de entrada.

—Hola, salí a comprar algunas verduras, me gusta ir temprano sino después se llena de gente y se llevan lo mejor. Por cierto, toma esta es la copia de la llave —dijo acercándole la misma, Eren la recibió—. Para que puedas manejarte por tu cuenta.

—Ok. ¿Necesitas ayuda para cocinar?

Se miraron por un momento, Levi estuvo tentado a aceptar, pero lo cierto es que él había aprendido a sobrevivir por su cuenta, incluso si cocinar era una de las tareas que más detestaba. Levi, estornudó un par de veces y luego tosió.

—Maldición —soltó por lo bajo y dejó las bolsas para sacar un pañuelo descartable para secar su nariz.

—¿Enfermo?

—Asombrosa y molestamente, si, hace dos días vengo desganado, creo que es gripe, así que te pido disculpas por adelantado si te llego a contagiar.

—Mikasa me obligó a vacunarme el mes pasado, así que, no debería ser un problema, tú deberías vacunarte.

—Sí, lo haré apenas me recupere, es necesario.

—¿Has visto mucha actividad policial en la calle?

—Nada de nada, joden más en el centro de la ciudad, en las orillas ni se acercan a menos que alguien se muera.

—Ok —Eren tomó su celular y leyó un mensaje de un ligue que lo invitaba a comer una pizza, ya que estaban relativamente cerca, como a unos ochocientos metros de distancia, ¿debería arriesgarse?

Apreció la comida de Levi, se había esmerado con unas deliciosas costeletas de carne y unas verduras asadas muy bien sazonadas.

—Nunca creí que lo diría, pero está rico —comentó Eren sorprendido y Levi asintió, normalmente cocinaba bastante bien, pero esta vez se había lucido, ¿acaso buscaba impresionar a Eren?

Conversaron animadamente por un largo rato, era extraño, pero agradable a la vez. Eren estaba tan hermoso como siempre, nadie en su sano juicio podía negar su belleza natural. Tal vez el destino le estaba dando una oportunidad de volverse cercanos de nuevo, para qué iba a mentir, ese pensamiento puso a latir su corazón muy rápido.

El resto del día estuvo limpiando y haciendo lo posible para que Eren se sintiera a gusto, parecía como si todo comenzara a acomodarse, como los encastres un juego de tetris del destino. Pero todo el bonito panorama se fue enturbiando cuando a eso de las ocho vió que Eren comenzaba a acomodar todo para arreglarse para salir.

¿Iba a salir en plena pandemia y en fase 1? Miró la hora, como mucho la circulación estaba permitida hasta las doce, entonces… ¿se iría a otro lugar?

—Me daré un baño —anunció Eren y Levi asintió, fue a dejar los implementos de limpieza y puso la tetera para hacerse un té, aunque de pronto notó que no tenía ganas de comer ni beber nada por lo que apagó la estufa. Se sentó en el sillón de la sala y miró a su costado un sweater que Eren había dejado ahí, uno que había usado todo el día anterior y ese también. Sus dedos se escabulleron y lo tomó con rapidez, escuchando que el agua de la ducha seguía prendida, lo tomó entre sus manos y lo acercó a su rostro para aspirar con ganas.

Delicioso, olía como el perfume favorito de Eren, automáticamente sintió como si se le comprimiera el estómago, ¿cuánto tiempo llevaba sin sentir ese aroma tan particular y atractivo? Cada vez que fue abrazado, había podido disfrutar de él, fue una de las muchas cosas que echó en falta cuando se marchó. Incluso había estado casi un año entero sin lavar la funda de su almohada, hasta que estuvo seguro que ya no quedaba ni una sola brizna de perfume ahí. Incluso estuvo tentado a comprar esa botella de perfume para rociar el lugar, pero primero, eso era extraño y retorcido, y segundo, bueno, no tenía mucho sentido si era él quien hacía eso, lo que de verdad hacía especial a ese aroma es que fuera el mismo Eren quien lo desprendiera. Miró la almohada que le había habilitado y agradeció que con seguridad volvería a impregnarse.

El agua de la ducha se apagó y dejó la prenda en el mismo lugar de antes. Pensaba y re pensaba en cómo haber que Eren cambiara de opinión, en cómo lograr que se quedara en casa, pero nada venía a su mente. Golpearon a la puerta de entrada, ¿quién podría ser? ¿Tal vez Mikasa fuera a buscar a Eren? Ese pensamiento lo calmó un poco, claro, seguro era ella, seguro venía a buscar a su hermano de nuevo, ni siquiera se fijó por la mirilla, abrió la puerta y se le sorprendió encontrar a una mujer que nunca antes en su vida había visto.

—Hola —dijo una chica de su altura, cabello lacio negro y profundos y bonitos ojos azules—. Busco a Eren.

—Hola, sí, pasa, se está bañando, ya sale —dijo Levi recibiendo a la desconocida que era por demás atractiva, perfumó el lugar con su potente colonia importada en pocos segundos, tenía puesto un sugerente vestido negro con un notable escote digno de su precioso cuerpo.

—¿Tú eres…? —dijo la recién llegada ya que Levi se había quedado petrificado en su lugar.

—Oh, lo siento, no me presenté, Levi.

—¿Eres pariente de Eren?

El más bajo sintió una fina daga hundirse en su corazón, no era adecuado decirle la verdad y sería incómodo además.

—No, soy… amigo de Eren, compartimos el piso y los gastos, ya sabes, todo está tan complicado hoy en día, para aliviar las cargas.

—Ni que lo digas, la economía es un desastre.

—Bueno, ¿quieres algo de beber?

—No, gracias.

—De acuerdo, te dejo, tengo pendientes unas entregas del trabajo —caminó por el pasillo y tocó la puerta del baño—. Eren, te están esperando en la sala —luego fue a la habitación donde se encerró.

Eren salió apurado del baño, se encontró con Gabrielle, el ligue del año anterior que lo había invitado a cenar en su casa esa noche. Era una chica muy sexy y agradable, sin embargo se puso nervioso de que Levi la hubiera recibido, se suponía que debían encontrarse en el palier.

—Hola, ¿todo bien? —dijo la bonita joven, muy tranquila.

—Hola, sí, sí, te había dicho que me esperaras abajo, ya salía, eh, ¿te atendieron bien? —comentó algo preocupado mirando a todas partes pero sin encontrar al otro residente.

—Sí, tu compañero de piso, fue muy amable por cierto.

—Que bien, bueno, vamos.

Cuando la puerta se cerró, Levi finalmente se permitió llorar. ¿Qué había estado pensando? ¿Qué estúpidas fantasías se había creado? Eren no había vuelto por él, tampoco tenía intención de revivir un pasado que cada vez se alejaba más, tanto que parecía otra vida, de otras personas, de otro universo incluso, ¿no se podía volver? No, no se podía.

Se refregó los ojos sintiéndose estúpido y tosió de nuevo, ya no sabía si le dolía el pecho por el resfrío o si era por toda la situación, probablemente el incremento repentino de su depresión no estuviera ayudando a recuperarse, por lo general un resfrío no le duraba más de tres o cuatro días, a lo mejor esto fuera bronquitis por el ardor que sentía. El peso de la situación le cayó con todo su filo, sacó un paquete de pañuelos de su bolsillo y se secó el rostro, sintió escalofríos y se metió en la cama, las lágrimas no se detenían, no supo cuánto estuvo llorando, pero finalmente, rendido de cansancio, terminó por dormirse en algún momento. Sentía que se estaba helando y se hizo un ovillo sobre sí mismo cubriéndose hasta la cabeza con el cobertor.

El sol de la tarde le pegó de lleno en el rostro y suspiró con alivio, ahora no dolía tanto respirar, sintió unos cálidos brazos rodeando su figura y abrió los ojos para encontrarse con el rostro de Eren sonriéndole, se giró para enfrentar sus rostros y tomó ese bonito rostro entre sus dos manos.

—¿Qué sucede? Parece que hubieras visto un fantasma —dijo el otro enarcando una ceja.

—Ah, estas aquí —lo abrazó con fuerza y recibió un abrazo en retorno, metió su rostro en la curva entre el cuello y la cabeza del más alto y aspiró con fuerza. ¡Ah, qué felicidad!-. Tuve un sueño horrible, muy horrible, una pesadilla.

—¿Qué soñaste, amor?

—No quiero ni siquiera decirlo, solo, abrázame fuerte.

—Cuéntame, dicen que si cuentas tus pesadillas en voz alta eso evita que se hagan realidad.

—Soñé que te había perdido.

—¿Mmm? ¿Yo desaparecía?

—No, bobo, que me dejabas, te ibas lejos, no solo eso, salías con chicas y… ugh.

Eren buscó su mirada, lo besó con cariño, desde la frente marcó un camino suave con sus labios hasta la punta de su nariz y luego rozó sutilmente sus bocas.

—Jamás dudes de lo mucho que te amo, no existe nadie mejor para mí. ¿No te lo dije? Nuestro amor es para siempre.

Levi lo abrazó no muy convencido.

—Nada es para siempre —susurró quedo.

—No seas pesimista, ¿acaso no estoy aquí contigo, mi amor? Tal vez tengo que ser más efusivo —dijo mientras se acercaba a su boca y volvia a beber de sus labios—. ¿Sabes una cosa? Nos saquemos una foto, entonces tendremos un recuerdo que perdurará por siempre.

Por siempre…

—¡Levi! —se despertó sobresaltado y un poco desorientado, prendió el velador de su mesa de noche y miró a la puerta de su habitación de donde habían venido algunos golpes repentinos—. ¿Estás despierto? —Era la voz de Eren del otro lado.

—Ahora sí.

—¿Cenaste?

—Uh, no, pero no tengo hambre.

—Anda, ven, tengo demasiada comida aquí, además traje un poco de medicina, te espero en la cocina.

Le llevó varios segundos decidirse a ponerse de pie, fue al baño y la verdad su aspecto asustaba. Se tocó los pómulos frente al espejo, estaba muy delgado, bueno, esos días no venía comiendo bien, de hecho comía casi obligado porque vivía con un eterno nudo en el estómago. Bueno, ya cuando Eren se fuera… porque se iría de nuevo, claro. Se lavó el rostro, trató de peinarse un poco y… que tontería, incluso si estuviera en su mejor momento no podría opacar a esa hermosa chica, ni tampoco volver a atraer esa mirada de la que disfrutó tanto. Se secó con una toalla y fue hasta la cocina, tosiendo en el trayecto y notando como el ardor comenzaba a expandirse con mayor notoriedad por su pecho y garganta, una tos seca y molesta.

—Traje empanadas, las compré en la esquina, es un alivio saber que Doña Carola las sigue vendiendo, son las mejores de la ciudad —comentó Eren mientras Levi se recargaba contra el dintel de la puerta.

Se perdió en esa escena donde el más alto manipulaba una bandeja de metal para meter la comida en el horno ya encendido. ¿Cuántas veces había cocinado para ellos? A él nunca le gustó esa tarea y Eren siempre la había desempeñado con gusto, tenía dotes culinarias bastante notables, Levi lo regañaba a menudo porque lo hacía subir de peso al tentarlo con platillos tan ricos y variados.

—¿Me estás escuchando?

Cuando miró al frente tenía a Eren muy cerca.

—¿Qué?

—En serio, tienes que ir a un médico, te ves mal. Mira compré un té para el resfrío en una farmacia, vas a tomarlo, no es una sugerencia —dijo mientras llenaba una taza con agua caliente y diluía el contenido del sobre.

Levi no replicó, aceptó la medicina y la bebió en silencio.

—Pensé que volverías tarde, o tal vez mañana —dijo una vez que terminó la bebida, para entonces las empanadas ya estaban calientes.

—Sí, bueno, mi cita tenía otro compromiso. Además con las restricciones todo está cerrado, solo pudimos tomar una lata refresco en la plaza y un patrullero vino a pedirnos que nos volviéramos, afortunadamente vive cerca. Ve a sentarte, pondré la mesa —Levi quiso ayudar pero Eren le dijo que él se encargaría.

No quería cenar con él, no quería imaginarse que a lo mejor Eren había regresado porque prefería estar con él, porque eso era una mentira de su mente, lo sabía, y aunque así fuera se lo estaba imaginando. Se sorprendió cuando le cayó una manta con corderito sobre los hombros.

—Estás tiritando, acabo de subirle a la calefacción, cuídate un poco.

—Sí, gracias —soltó en voz baja y mordisqueó una empanada, de esa manera que hacen los ratones masticando de a pedacitos muy pequeños.

—¿No te gusta? Porque antes, bueno, era de tus comidas favoritas.

Antes. Antes de la destrucción, del tsunami, el terremoto y los incendios, antes de las lágrimas y la soledad, sí, era probable que antes le encantaran. Ahora nada tenía gusto, era como masticar un pedazo de cartón.

—Está bien, es solo que yo no tengo hambre, es todo. Terminaré esto y, cierto, te daré mi parte —dijo llevando la mano a su billetera.

—No, está bien, estoy usando los víveres en la casa, los implementos del baño, en fin, deja que colabore con esto al menos.

—De acuerdo.

Hubo un silencio breve, Eren notó que el semblante de Levi era pálido, nunca había conocido ese lado vulnerable de él, le preocupaba genuinamente.

—Recuerdo que estabas trabajando en un proyecto sobre artículos periodísticos de una columna de deportes la última vez, te gustaba hacer eso, ¿qué pasó, sigues escribiendo para ellos?

Levi sonrió escuetamente al recordarlo.

—Sí, bueno, funcionó un tiempo pero luego, luego encontraron a alguien que redactaba mejor, y me ha estado pasando más y más seguido, creo que he perdido mi toque. ¿Y tú? Supongo que ya te recibiste.

—Sí, estoy trabajando formalmente, solo que ahora con esto de la pandemia la empresa nos hace trabajar remoto, como home office, como tú.

—Claro, es bueno oír eso.

—Pero justo ahora me dieron las vacaciones, obligadamente, seguro para ahorrarse gastos.

Al parecer Eren tenía ganas de conversar, Levi asentía e intentaba mantener la conversación, a pesar de sentirse embotado. Era agradable, por algunos segundos parecía como si nada hubiese cambiado, podían flotar a la misma altura, pero inevitablemente Levi comenzaba a hundirse y hundirse mientras observaba como Eren se alejaba y subía al cielo, brillando tanto como el sol.

—Me sorprendí al ver lo bien que están las plantas —dijo señalando al balcón.

Cuando vivían juntos Eren había desarrollado una afición a coleccionar plantas pequeñas, suculentas, cactus y otras en macetitas de colores, de un mes para otro llenó estantes tras estantes con su jardín macetero, a Levi lo volvía loco porque podía pasarse horas hablando con las plantas, removiéndoles la tierra, podando, cuidando, abonando, pero cuando se fue ni siquiera trató de llevarse una. A él le dio pena y aunque mucho no sabía trató de cuidarlas lo mejor que pudo.

—Sí, bueno, pero no puedo hacerlo como tú, murieron dos este año, aunque el resto resistió, tenías razón, eso de cuidar plantas es… entretenido, creo ya me acostumbré. Espero no te las lleves luego, les he tomado cariño.

—No, yo, la verdad me siento un poco culpable, me olvidé de ellas, pobrecitas, gracias por cuidarlas. Cuando tengas que mudarte puedes llevártelas, son tuyas ahora.

Levi no tenía idea con cuánta magnitud podía herir una sola frase, bajó su cabeza y miró sus dedos sobre su regazo. Ahora eran suyas, Eren no las reclamaría, y cuando se fuera, el día que se vendiera el dichoso departamento, sería desalojado con ellas. Sí, así eran las cosas, Eren había renunciado a todo, ¿por qué él no podía? Como una mosca enredada y pegoteada en una tela de araña, así se sentía.

—¿Estás bien?

—Sí, es por el resfriado, me tiene apocado. Creo que mejor iré a dormir.

—Ok, no te preocupes —dijo al ver que Levi levantaba su plato—. Yo me encargo.

—Oye no estoy lisiado, solo tengo un poco de gripe.

—Sí, pero yo hice este desorden, y sé que no te gusta que quede nada sucio después de comer, yo me encargo, en serio.

Se puso a llevar todo de inmediato y Levi se acercó a la cocina, volvió a quedarse mirando a una corta distancia el cómo lavaba los platos con diligencia, de esa manera obsesiva que él le había enseñado, quiso decirle que no hacía falta y levantó su mano para tocarle el hombro, pero… no lo hizo. Regresó sobre sus pasos y se fue a acostar, Eren miró detrás suyo al sentir el ruido y se quedó pensando qué había ido a buscar Levi a la cocina, probablemente con lo obsesivo que era estaba vigilando que lo hiciera bien, seguro era eso.

El enfermo se quedó sentado largo rato sobre el borde de la cama mientras sus dedos sostenían aquella vieja imagen que guardaba en el cajón de su mesa de noche. Miró su móvil que vibraba intermitentemente en la encimera y atendió.

—¡Al fin! Es más fácil hablar con Jhonny Deep que contigo —soltó jovial y burlonamente Erwin—. Intento contactarte desde hace más de dos días.

—Hola, grandulón, lo siento estuve un poco enfermo y ya sabes que no soy de prestarle atención al móvil —le contó y se alejó del auricular para toser y aclarar su garganta, aunque era imposible, parecía como si cientos de granos de arena de desparramaran por la misma.

—Entonces iré a cuidarte un poco, ¿qué dices? Puedo comprar algunas medicinas y te haré compañía, soy bueno para leer cuentos y hacer sana sana.

Levi sonrió de manera breve e intentó ser lo más cordial posible. Erwin era un buen tipo, de lo mejor que había conocido últimamente, habían comenzado a hablar por Tinder y luego una cosa llevó a la otra. A veces lo hacía reír, a veces lo hacía olvidar… pero solo a veces.

—¿Ya comiste? Porque hice un pollo relleno que te vas a chupar los dedos.

—Oh, verás, no es un buen momento, estoy muy congestionado, no creo que sea lo mejor, además estamos en fase uno, ¿qué tal si te agarra la policía circulando?

—Tal vez no me atrapen.

—No es mi mejor momento y no quiero que te arriesgues.

—Entiendo, pero no te veo desde hace más de un mes y… Levi, ¿te molesta si te sigo llamando? Porque la verdad yo la paso muy bien contigo, pero a veces es como si, no sé, me rechazaras, no digo que esté mal, solo que me gustaría entender, ¿qué puedo hacer para mejorar lo que tenemos?

"Conviértete en Eren", fue lo que pensó y se sintió una verdadera basura por hacerlo, Erwin merecía algo mejor.

—No debes hacer nada, de hecho ya haces bastante, soy una persona complicada, te lo había dicho, no estoy preparado para… ponerme serio con nadie, disculpa que te sea tan honesto.

—Bueno, pero entonces ¿si puedo seguir llamándote? No niegues que la pasamos bien juntos.

—No lo haré, es cierto que nos divertimos, escucha prometo que cuando me sienta mejor —volvió a toser y luego trató de aclarar su garganta, realmente se escuchaba desmejorado—, cuando me sienta mejor saldremos a cenar o lo que tú gustes, yo invitaré.

—Me dejas preocupado, si necesitas algo, por mínimo que sea, avísame, por favor.

—Gracias, lo haré. Que descanses y, lo siento por no poder aceptar esta vez.

—Ya habrá otras oportunidades, no te preocupes, que te recuperes. Adiós.

Miró la pantalla de su móvil y levantó la cabeza al escuchar a Eren riendo, siempre había tenido una risa estruendosa. Se levantó y se acercó a la puerta, apoyó su cabeza contra la madera y cerró los ojos porque se sentía mareado. Al parecer estaba conversando por teléfono, ¿sería con esa linda mujer de antes? Él nunca había reído tanto como cuando estaban juntos, él que siempre había sido tímido, introvertido, anodino, se doblaba en dos de tanto reír, hasta el punto de costarle respirar, Eren lograba ese efecto, solo Eren.

Extrañaba tanto esa sensación, de estar tan feliz que uno se sentía hasta liviano, ahora era como un yunque, frío, pesado, denso, feo. Cerró su mano y a su mente vinieron tantas memorias, cuando salían, viajaban, hacían cosas juntos, incluso tirados en el sillón mirando una serie, Eren siempre buscaba su mano, enredaban sus dedos y ese simple toque lograba relajarlo por completo. A veces por las noches, cuando se acurrucaba en el pecho de su novio, de tanto en tanto besaba su frente, abrir los ojos y verlo ahí, eso no volvería a suceder. Las lágrimas volvieron a salir sin que pudiera detenerlas. ¿Desde cuándo se había vuelto tan débil y patético? Llorando por los rincones como alma en pena. Desde que Eren había regresado todo parecía doler más, era como si a su alrededor estuviera lleno de espinas y púas que lo enredaban a cada instante, apretando y haciéndolo sangrar.

Tosió mucho, se deslizó hasta el suelo y se sintió aletargado, carajo, ¿cuándo se iba a ir esa gripe de mierda? Cuando se sintiera mejor y las medidas restrictivas lo permitieran saldría a correr como antes, la actividad física le vendría bien.

Los siguientes dos días las cosas no mejoraron, especialmente para su salud. Tuvo que tomar varias pausas de su trabajo, porque la tos era tanta que no podía teclear y toser al mismo tiempo. Eren se enojó por no poder convencerlo de que fuera al médico, Levi era un terco de mierda.

Al cuarto día Eren tuvo que sacudirlo bastante de los hombros hasta lograr que se despertara, parecía como si estuviera drogado y sus reacciones eran lentas y pesadas.

—Levi, Levi, por favor, ¡Levi!

El nombrado sintió como si le estuvieran desgarrando el pecho y tosió con fuerza un rato muy largo. Eren prendió la luz de la habitación, cegándolo por algunos segundos, le alcanzó un vaso de agua fresca y apenas pudo recuperar el aliento, aunque con dificultad, bebió con avidez. Parpadeó confundido, ¿qué había sucedido?

—Levi, ¿me escuchas?

—S-sí.

—Mira, estás empapado.

—¿Me volqué el agua? —preguntó mirando el vaso desconcertado.

—No, has transpirado mucho —Eren colocó la mano sobre su frente y se alarmó, estaba ardiendo—. Espera —dijo para ir a traer un termómetro, las reacciones de Levi eran lentas, tosía a cada momento y tenía los ojos imposiblemente rojos y bastante hinchados.

—No deberías estar aquí, te puedo contagiar.

—¡Levi tienes 39.4 C° de temperatura! Iré a preparar la tina.

—No te molestes, tomaré un… un ibuprofeno y ya.

—No, es demasiado elevada, voy a llamar al servicio de emergencia, espera un momento.

Fue al baño para poner el tapón en la bañera, esto no era nada bueno, había notado que Levi estaba desmejorado, pero ¿cómo era posible que estuviera así? ¿Por qué no había ido a un médico? Bueno, Levi jamás iba a los médicos. Demoraron más de cuarenta minutos en atenderlo y lo estuvieron peloteando de un sector a otro hasta que pudo hacer un pedido formal de asistencia, pero le dijeron que con todos esos síntomas era probable que tuviera Covid. Discutió en voz alta mientras el enfermo se sumergía en el agua y tiritaba. Levi estaba embotado, no podía pensar con claridad, ¿por qué estaba gritando Eren? ¿Qué estaba sucediendo? Le costaba mucho respirar, mucho. Cerró los ojos, ojalá pudiera volver a su hermoso sueño, ¿o éste era el sueño?

—Levi, oye, ten cuidado, no vayas a hundir la cabeza —le habló Eren con cuidado, como si su voz fuera capaz de producirle algún daño—. Viene una ambulancia en camino, tuve que llamar a un amigo mío que tiene conocidos, no te ves nada bien.

—Oh, lo siento.

—¿De qué te disculpas? Anda, mojaré un poco tu cabeza y te sacaré, hay que secarte y vestirte, ¿puedes ponerte de pie?

Levi asintió y luego hizo una mueca similar a un puchero que a Eren le pareció muy tierna. Lo envolvió en toallas mientras el más bajo no paraba de toser, recién entonces notó que al respirar se sentía como un silbido muy suave que provenía de su pecho.

—¿Estás bien? —dijo preocupado.

—Mmm, me arde mucho.

En pocos minutos ya estaba seco y revolvió en el ropero para conseguirle ropa interior.

—La nueva, esta no —rezongó Levi.

—Mírenlo al señor coqueto, muy convaleciente pero quiere usar la ropa nueva. Habrase visto —Intentó bromear.

—Tal, tal vez conozca al amor de mi vida, ja, nunca se sabe —comentó con desgano y Eren sonrió.

—Cómo te vea así saldrá huyendo, así que pon de tu parte para verte mejor, ya fue suficiente de estar enfermo.

Una vez que lo tuvo vestido fue a la cocina para preparar una sopa liviana con arroz y regresó con eso, Levi seguía sentado, tosiendo y tiritando de tanto en tanto.

—Debería aislarme —dijo en voz baja.

—Esperemos a ver qué dicen los médicos, ahora, ven, trata de comer un poco.

—No, no, siento náuseas.

—Un poco, no comiste nada en todo el día, la fiebre te debilita y pierdes líquidos, anda.

Apenas pudo pasar dos bocados y no pudo tomar más.

—Disculpa, ponerte en esta… situación —dijo tosiendo aún más fuerte.

—¿Qué dices? Ni que te hubieras enfermado a propósito. Mierda, sí que demoran —rezongó mirando la hora en su móvil—. Preparé una mochila con algunas cosas útiles por si deciden trasladarte al hospital.

—No, no quiero que me internen.

—Eso no puedes decidirlo tú, por cómo te ves sería mejor que estuvieras al cuidado de profesionales.

—No es para tanto —trató de defender su punto, pero luego tosió tanto que casi termina devolviendo la poca sopa que había ingerido, Eren lo miró cruzándose de brazos—. Bueno, a lo mejor tienes razón.

Una hora y media más tarde llegaron los paramédicos, con trajes que parecían de una misión espacial, llenaron planillas, tomaron los signos vitales, lo auscultaron, temperatura, le inyectaron ibuprofeno y se lo llevaron en la ambulancia. Eren no pudo acompañarlo, por protocolo. Le tomaron el número de celular y le dijeron que apenas tuvieran novedades le avisarían. Que no se moviera porque si Levi tenía Covid, por protocolo debía aislarse 15 días por haber tenido contacto estrecho.

—Ne-necesito… en, en el cajón de mi mesa de luz —pidió Levi un poco desesperado a Eren cuando se lo estaban llevando.

—¿Qué? ¿Qué necesitas? Ya puse tu documento, tu carnet de la obra social, tu billetera, el cargador, una muda de ropa y algunas cosas en la mochila.

—No, pero, es que ahí —uno de los asistentes le puso una máscara con oxígeno y Levi se sentía devastado, necesitaba esa imagen, pero estaba tan agotado que apenas podía mantener los ojos abiertos.

—¿Me van a llamar, cierto? —preguntó Eren y los médicos le aseguraron que sí.

No daba crédito a lo que estaba sucediendo, le parecía algo tan… irreal, parecía que estuvieran viviendo el apocalipsis. Estaba pendiente de su celular, le escribió varias veces a Levi, solo le respondió una sola vez al día siguiente, le confirmó que efectivamente tenía Covid y también neumonía.

—Bueno, pero no tienen condiciones previas, siempre fue una persona sana y de hacer ejercicio, además no parece que hubiera estado fumando el último tiempo, así que… Se pondrá bien, si —se dio ánimos el hombre.

Lo cierto es que estaba mortalmente preocupado, una cosa era decidir por motus propio que no vería más a su ex, pero otra muy diferente es que estuviera pasando por esa mierda. Además Levi no tenía otros parientes vivos, desde la separación Eren había perdido contacto con los pocos amigos que tenían en común y se había llevado su móvil así que tampoco es como si pudiera avisarle a alguien más. En realidad, es como si Levi solo lo tuviera a él, podrían haber tenido sus diferencias en el pasado, pero nunca había sido despiadado con él, al contrario, le debía mucho, por lo que sentía que era parte de su responsabilidad seguir a su lado hasta estar completamente seguro que estuviera bien de salud.

Después de la primera semana y sin respuestas claras desde el hospital, Eren estaba que caminaba por las paredes. No podía moverse porque aún no habían pasado 15 días desde el contacto estrecho, por lo que le pidió a Connie, un amigo suyo muy querido y abogado además, que fuera hasta el hospital y consiguiera que le dijeran cómo estaba Levi y porqué carajos era imposible comunicarse con él.

Levi a los dos días de ser internado había sido trasladado al área de terapia intensiva, su capacidad pulmonar estaba muy comprometida por el virus y la pulmonía y debía estar con oxígeno de manera permanente, la capacidad del hospital estaba cubierta al 90% y no daban abasto con el personal para atender a todos los casos. Levi apenas podía moverse, comía muy poco, levantarse para ir a orinar le consumía la poca energía que tenía. No sabía dónde estaban sus pertenencias y no tenía ganas de discutir con los enfermeros, tampoco tenía fuerzas para eso.

—¿Lo que no entiendo es porque no puedo comunicarme con él? —decía Eren caminando de una punta a la otra del departamento—. Hace cinco días que no tengo una puta novedad y a ti lo único que te dicen es que está en terapia pero no te dejan acceder por el protocolo, ¿cómo sabemos que está bien atendido? ¡Connie, haz algo!

Fue a la cocina para prepararse el quinto café del día, ya no daba más de la ansiedad, había hecho una que otra compara online y le dejaban las bolsas con los productos en la puerta. Iba a sobrevivir, pero el no poder saber cómo estaba Levi lo estaba volviendo loco. ¡Maldito protocolo, maldito virus! Si bien era cierto que ya no había amor entre ellos, Levi siempre sería una persona muy importante en su vida, siempre se preocuparía por su bienestar y este momento no era una excepción.

Jodió a medio mundo, a todos los mandó a reclamar al hospital que dejaran ver a Levi aunque más no fuera a la distancia, claro que eso era imposible. Se sentía tan impotente. Incluso llegó a pedirle a Connie que tratara de sobornar a uno de los guardias o los enfermeros, ya no sabía qué hacer. Sentía que el tiempo seguía pasando y se sentía tan inútil.

Levi entreabrió los ojos con pesadez, tenía los labios y la boca resecos, pero incluso sentarse para poder beber un sorbo de agua era una tarea titánica. De todos los empleados un solo enfermero, Francis se llamaba y tendría unos cuarenta años, fue la única persona que lo trataba medianamente bien. Todos estaban cansados, exhaustos, enojados.

—Señor Ackerman, ¿cómo le va? —Levi lo miró con debilidad y levantó su mano para poner su pulgar hacia abajo—. Bueno, bueno, esto es así, ya irá mejorando, ya verá.

—Fr-francis, ¿pu-puedo pedirte un f-favor? —dijo con la voz afectada.

—Dígame, mientras no sea prestarle dinero puedo hacer lo que sea.

—No, es… es simple, verás yo, quisiera escuchar una canción.

—¿Uh? ¿Una canción, dice?

—Sí, es que, hubo una ruptura hace un tiempo y… esa canción me la… me la regaló mi ex, me haría mucho bien escucharla, por favor.

—De acuerdo, pero no puedo ponérsela muy fuerte, no le puedo prestar mis auriculares, usted sabe, por el protocolo, pero puedo reproducirla despacio para usted, es lo máximo.

—S-sí, perfecto.

—¿Qué canción es?

Levi cerró los ojos tratando de inspirar fuerte, cada vez era más y más difícil que el oxígeno ingresara a su cuerpo. No era una mentira del todo, cierta vez para un aniversario de su noviazgo, el sexto si no se equivocaba, estaban en una situación económica tan precaria que no había presupuesto ni siquiera para comer una hamburguesa en un McDonalds, de manera que Eren había hecho una especie de simulacro, como una cena en el balcón del departamento. Solo tenían papas hervidas y un par de huevos, había usado las cortinas de la sala para adornar alrededor, puso velas que había moldeado con agua caliente para que se vieran sofisticadas y en general se había dado maña para convertir un momento difícil en algo memorable. En ese momento luego de comer las papas y los huevos, brindar con agua fría (Eren había rellenado una botella de champagne que tenían en la casa), y besuquearse un montón, le dijo que tenía un regalo para él y le había regalado "esa canción".

—Michl, no sé si es un grupo o qué… la canción es "Die Trying" —Levi se la deletreó a Francis, afortunadamente la pudo encontrar, en volumen bajo le dejó el celular al lado de su cabeza cerca de su oído.

—Voy a buscar unos descartables y vuelvo enseguida —dijo el hombre y salió de la habitación.

En ese lugar había cuatro camas, todos con gente convaleciente. Levi amaba esa canción, pero era ahora o nunca. Por lo que usando hasta el último resquicio de su fuerza, tomó el celular y se puso de pie para ir a encerrar al baño más próximo que era de una sola cabina y estaba reservado solo para el personal, afortunadamente era la hora del almuerzo y no había nadie disponible. Caminó lo más rápido que pudo echando en falta la máscara de oxígeno y se hizo con el lugar, puso el seguro desde dentro.

El hombre notó que entraba una llamada a su móvil desde un número que no reconoció para nada, normalmente no aceptaba ese tipo de llamadas, pero podía ser del hospital de manera que atendió casi de inmediato.

—¿Hola?

—¿Eren?

—¿Levi? ¿Levi eres tú?

—Joder, sí.

—¿Cómo estás? —dijo con desesperación en la voz mientras agarraba el móvil con ambas manos como si se le fuera a ir volando.

—Ah, me pegó duro esta mierda, no sabía que podía ser tan complejo —se lo escuchaba exhausto, como si hubiera corrido mucho—, verás no tengo mucho tiempo porque… —inspiraba dificultosamente de a momentos, notándose lo mucho que le costaba respirar—. Le, le robé el celular a uno de los enfermeros, ja, me siento como todo un delincuente, pero no… se lo devolveré, no es como si fuera a quedármelo, es solo… quería hablar un momento contigo. No saben dónde está mi… mi mochila.

—No me dejan visitarte, hablé con Connie, mi amigo el que es abogado y está viendo cómo hacer, pasa que debo cumplir el protocolo, pero solo faltan tres días más, tres días más y podré visitarte.

—Sí, es que, es terapia intensiva, todos estamos jodidos aquí, mejor quédate en casa, me tratan bien, así que no te preocupes —se notaba cierto eco detrás de cada palabra, como si estuviera metido en un tubo o en un lugar pequeño y cerrado.

—¿Dónde estás?

—En este momento sentado en el váter, pero vestido, es solo que… —tosió un poco—, tenía que esconderme unos minutos, aunque de seguro van a encontrarme pronto es el baño del personal, joder, me cuesta hablar, siento como si tuviera un camión encima del pecho...

—¿Necesitas algo, hay algo que pueda hacer por ti?

Levi miró al frente mientras sentía que los ojos se le llenaban de brumas por las lágrimas.

—Bueno, sí de hecho, hay algo que puedes hacer por mí, quiero que me escuches un momento, tengo muchas, muchas cosas que decirte y esta cosa solo tiene veinte por ciento de batería, así que… Antes que me olvide, en el primer cajón de mi mesa de luz hay un papel, lo hice con una escribana hace un tiempo, es para evitarte contratiempos, cuando termine la llamada, búscalo, será de utilidad.

Una gota de sangre cayó al suelo, provenía del lugar de donde Levi se había arrancado todos los sueros, echaba en falta la cánula para su nariz que le brindaba oxígeno, pero ya que, un pequeño sacrificio por escuchar esa voz tan anhelada.

—¿De qué hablas, Levi? —la voz de Eren lo trajo de sus pensamientos, estos días tendía a divagar mucho.

—La segunda cosa importante que tengo para decirte es… lo siento —las palabras salían despacio, con esfuerzo, no así las lágrimas que empezaron a empapar las mejillas de Levi—. Lo siento mucho, por todo, Eren.

El más alto se sentó en el sillón de la sala mientras sentía una enorme angustia inundarle el pecho.

—Desafortunadamente ya es algo tarde para lamentaciones, pero bueno, mejor es tarde que nunca, ¿cierto? Tú tenías razón, siempre fui desquiciante… ahora miro hacia atrás y me pregunto ¿cómo fuiste capaz de aguantar tanto? No importa si no se lavan los platos justo después de usarlos, no importa… no importa si el piso está algo sucio o si la ropa limpia está sin doblar, todas esas discusiones, tan superficiales, tan insignificantes… perdóname, Eren. Cada vez que te ataqué, cuando te dije cosas feas porque había una media en el suelo, es trágicamente cómico… Recién me doy cuenta, nada de eso importaba en realidad…

—Levi, ¿por qué me estás diciendo estas cosas?

—Necesito hacerlo, no creo que pueda volver a robar otro celular —trató de bromear—. Quería contarte que… aunque marqué tu número infinidad de veces en mi móvil fui tan cobarde que no dejé que llegara a sonar ni una vez… Yo sí quería verte, sí quería hablarte, ¿por qué no lo hice? Incluso si tú me hubieras rechazado, yo debería haberlo intentado, simplemente me quedé como una piedra viéndote partir, el orgullo no sirve de nada, Eren, no sirve ni de consuelo. Siempre creyendo que tenía razón, tapando mis ojos y mis oídos, negándome a aceptar que me había equivocado.

Levi alejó el celular y boqueó varias veces intentando respirar, se deslizó hacia el suelo porque la simple acción de estar sentado se le hacía difícil, se acostó con dificultad.

—¿Levi?

—Sí, disculpa, me estaba acomodando mejor. ¿Dónde estaba? Ah, sí. Los primeros meses dolía como un infierno, pero dije, bueno, ya pasará, todo pasa en esta vida, y años después seguí comprando el mismo café, el mismo shampoo, dejé de fumar y no cambié ni una sola maceta de lugar, en otro momento me hubiera pegado a mí mismo por decir algo tan humillante, pero hoy… hoy puedo ser sincero sin sentirme mal por ello. Siempre esperé que volvieras, que volviéramos a cómo era antes. ¿Lo recuerdas, Eren? ¿Recuerdas lo genial que éramos juntos?

Levi cerró los ojos mientras una triste sonrisa desplegaba sus alas en su rostro.

—Lo tenía todo, pero fui tan arrogante, el tiempo no curó nada, el tiempo no es ninguna medicina, solo me hizo sentir más y más miserable… el espacio que dejaste solo se hacía más grande a cada minuto. Mantuve mi mente ocupada, pero bastaba un breve silencio para que el dolor volviera a reflotar.

Eren tenía la garganta bloqueada por las emociones, escuchaba cada palabra sintiendo que muchas veces él también había sentido esa necesidad de llamar, de ir a un encuentro, entendía perfectamente el sentimiento.

—Por extraño que suene, cuando volviste al departamento caí en cuenta de la verdad. Ya no volverías, no de la manera que yo esperaba, hasta ese día había vivido de ilusiones, de pensamientos mágicos disfrazados de esperanza, tú seguiste adelante, mejoraste y yo solo… me quedé estancado en el pasado, anhelando volver a abrazarte, besarte de nuevo… El día antes que viniera la ambulancia, cuando estabas lavando los platos y habíamos charlado de manera tan doméstica, no me viste pero… le-levanté mi mano —dijo mientras movía los dedos de su mano libre como si quisiera alcanzar algo invisible—, quería tocarte, aunque más no fuera picar tu hombro, ¿por qué no lo hice?

—E-escucha, no te pongas así, yo estoy aquí, yo volví, no voy a irme, no quiero irme. Solo, solo debes ponerte bien, voy a ayudarte, te cuidaré cuando vengas, ¿entiendes? Ahora debes ponerte bien y luego, luego te juro que nos abrazaremos de nuevo, te lo prometo.

El enfermo sonrió con suavidad. Cerró los ojos e imaginó ese momento, saliendo del hospital, Eren esperándolo en la puerta, fundiéndose ambos en un abrazo cálido, lleno de cariño.

—Eres tan bueno, es tu naturaleza —dijo entre jadeos cada vez más notables—. Ayer yo era… invencible, y hoy soy como una hoja de otoño que se quiebra al menor roce, me pregunto si mi debilidad viene de haber perdido lo más importante que tenía. Eren, fui tan feliz…

—¡Basta! Deja de hablar como si te estuvieras despidiendo, no, eso es… es cruel.

—Lo siento, pero es que… esta es la despedida, Eren.

El más alto abrió sus ojos a su máxima expresión.

—No, el Levi que yo conozco lucharía, no se daría por vencido.

—Lamento decepcionarte, pero estoy tan cansado… las cosas no van a mejorar, escuché lo que susurraban los médicos. El enfermero al que le saqué el móvil, me acercó una hoja en la mañana y un lapicero… por si quería escribir algo por si acaso… La única persona que vino a mi mente fuiste tú, mierda, estoy tan… contento de poder hablar contigo una última vez.

—¡No, no, Levi, no!

—Es irónico, nunca me enfermé de nada grave, ni siquiera sabía cómo eran los hospitales por dentro, excepto esa vez que te operaron del apéndice. Aquí hace mucho frío y todos están tan ocupados en sus cosas… daría lo que fuera por poder agarrar tu mano, Eren, la soledad me sienta mal, siempre lo hizo. Estoy tan arrepentido, siempre pensando que tendría la oportunidad de hablar contigo, de buscarte, ya no…

—Levi, por favor, recupérate, quiero verte, ¿acaso no quieres verme, también?

—Te veo, cada vez que cierro mis ojos, estás conmigo…

Golpes estridentes a la puerta del baño lo estremecieron, con la poca fuerza que le quedaba levantó apenas su cabeza.

—Joder, creo que me encontraron, lo siento, voy a tener que cortar.

—No, no, espera, espera un momento-

—¡¿Señor Ackerman?! ¡Abra la puerta de inmediato!

—Estoy… ocupado —dijo con voz lastimera, muy baja—. Solo, un minuto más…

—Abra o tendremos que forzar la cerradura.

—Ya que, hagan lo que quieran —se resignó mientras apoyaba la cabeza en la loza del piso—. Bueno, creo que eso es todo, Eren.

—Levi, escúchame, aguanta, te lo suplico, yo también tengo muchas cosas para decirte, todas buenas te lo aseguro, yo también quería abrazarte, yo también quería… —su voz se quebró por la tristeza—. Lucha, ¡lucha, maldición!

—Eren… jamás dejé de sentir amor por ti, solo fui muy torpe y tonto —de fondo escuchó ruidos como de un torno eléctrico, al parecer estaban rompiendo la cerradura de la puerta para ingresar—. Eren, ¿recuerdas esa cita que tuvimos… en el balcón? Un día que se había cortado la luz, hacía un calor de los mil… mil demonios y tú improvisaste una cena con velas, fue tan… tan hermoso, no tienes idea lo bellos que se ven tus ojos… iluminados por el fuego, tan hermosos…

Hubo un pesado silencio de repente.

—¿Levi? ¡Levi!

La comunicación se cortó, Eren miró la pantalla y devolvió la llamada de inmediato, marcó más de ocho veces, pero para la novena ya no sonaba, atendía directamente el contestador. Mandó muchos mensajes que nunca fueron contestados, por lo que llamó un taxi y fue de inmediato a la clínica, a la mierda la paciencia, la situación legal, vería a Levi así tuviera que matar gente.

Pero no volvió a verlo, el guardia de seguridad y un patrullero de la policía le impidieron ingresar, más en el estado alterado en el que se encontraba, por un pelo no terminó detenido, llamó a Connie y le pidió que moviera cielo y tierra y le consiguiera la forma de poder ingresar a terapia intensiva.

—Ah, sí que nos dio problemas, señor Ackerman —dijo Francis el enfermero mientras lo ayudaba a recostarse en la camilla y la mascarilla de oxígeno le ayudaba a respirar levemente mejor.

—Lo… siento… no daré más pr-problemas… —respondió Levi mirándolo con tranquilidad—. En mi mo-mochila, la billetera, toma para… pagar, usé minutos de, de tu móvil.

—Ya, ya, no se agite, ni se preocupe, después de todo no suelo llamar a nadie, este mes ni siquiera hice una sola llamada, ya ve, estoy todo el día ocupado, ahora más que nunca. Bueno, ¿necesita algo? ¿Tiene sed? ¿Si me voy se quedará en la camilla o voy a tener que amarrarlo?

Levi le sonrió resignado.

—N-no me… no me gusta el bondage…

El enfermero rió de buena gana, notó el semblante pálido y demacrado del paciente y aunque sabía que uno no debía encariñarse con ninguno, no le hacía daño a nadie si se quedaba dos minutos más. Se acercó y le tomó la mano, la sintió helada, con ese frío que ya conocía demasiado bien, las uñas tiñéndose paulatinamente de morado, no estaba saturando bien, si seguía así sería necesario intubarlo.

—¿Quiere una frazada?

—No, estoy bien…

—Trate de dormir, ha gastado mucha energía en su "fuga".

—Lo sé, es solo que… he estado dormido durante tanto tiempo.

—¿Quiere que le prenda la televisión?

—Sí.

—¿Qué quiere ver? —dijo el enfermero solícito mientras manipulaba el control remoto.

Levi sabía que lo que él realmente quería ver no iba a poder ser.

—Ese, ese canal de música.

—No puedo subirle el volumen, lo siento por eso.

—Está bien, lo e-entiendo.

—Bueno, si me necesita presione el botón, de todas maneras volveré en unas dos horas.

—Francis… —llamó Levi y el hombre se giró para mirarlo—. Di-dios te bendiga, gracias por… por ser tan consi-considerado, eso.

El hombre le soltó una escueta sonrisa y se retiró.

No prestó atención a lo que sea que estuvieran pasando en la televisión. Miró al techo, siempre blanco, siempre indiferente. Se sentía como una acuarela que es lanzada a un río, revolviéndose en la corriente mientras va perdiendo sus colores y su forma, mientras se va diluyendo hasta no ser nada. La vida se le estaba yendo, poco a poco cedía terreno, se iba alejando, tal como había sucedido con Eren. De nada servía llorar, pero lo hizo de todas maneras. En este punto del camino ya no importaban las vergüenzas, o la humillación. Tenía mucho sueño, por lo que intentó dormir, porque al menos cuando soñaba, el mundo volvía a ser brillante y cálido.

Al día siguiente, a la madrugada, Levi murió de un paro cardiorrespiratorio provocado por el Covid y la neumonía que habían diezmado sus fuerzas por las altas fiebres y lo agresivo que fue el virus en su sistema.

No hubo funeral, ni lápidas, ningún lugar donde ir a despedirse ya que el protocolo exigía la cremación inmediata. Mikasa estuvo a su lado todos esos días, aunque Eren no tenía ganas de hablar con nadie, le parecía todo tan injusto, ni siquiera habían podido hablar como merecían, tanto lo habían postergado que ahora era imposible.

En el primer cajón de la mesa de luz de Levi se encontraba un documento con su testamento, donde dejaba todas sus pertenencias, incluida la mitad de ese departamento, a Eren. Con ese papel se evitaría mucha burocracia. Se quedó sentado en la cama y notó que dentro del cajón, al fondo, había una foto vieja, ya tendría sus buenos años, de hecho el papel fotográfico estaba un poco ajado por partes, hago se había volcado encima y había dejado una mancha de humedad, pero incluso así, con todo lo percudido del tiempo y el maltrato, había un sentimiento allí que estaba congelado en el tiempo, estaban ellos dos, de frente, muy juntos y besándose, Levi tenía el rostro un poco rojo y una expresión demasiado linda, por el ángulo a él solo se le veía un poco el perfil y la espalda. Había sucedido una noche en el cumpleaños de un amigo, todos estaban bastante ebrios y mientras ellos no dejaban de prodigarse cariño y muestras de afecto en un rincón del salón, la novia del amigo les había tomado esa foto, desprevenidos. Detrás de la misma, había una inscripción garabateada:

"Este amor es para siempre".

En ese momento lo habían creído, todas las frases cursis, los poemas, las canciones de amor que se inventaban cuando el corazón estaba rebosante y pleno. Y ahora, en estos oscuros días, llenos de silencios y recuerdos… una parte de Eren había vuelto a tener fe.

No tiene sentido guardarse las palabras… la vida es efímera, como una bocanada de vapor en el invierno, de manera que si sientes ganas de hablar y decir tus verdades, hazlo, no siempre las oportunidades pueden renovarse, nadie tiene la vida comprada, e incluso un rechazo… duele mucho menos que un arrepentimiento.

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By Luna de Acero.-