El aprieto de Agumon

DIGIMON © TOEI ANIMATION

Sinopsis: [Este oneshot fue hecho para un desafío de la página de Facebook #EsDeFanfics] Agumon solo quiso ayudar de alguna forma (y luego comer). No pretendía que su hambre lo amarrara a un regalo, aparentemente inocente, de Taichi para Sora.

Nota de la autora: A veces creo que quien hace estos retos está encantado con la tortura mental que se hacen los autores.

Reedición 2021. Sigue siendo una joyita esta historia.


Capítulo único: El aprieto de Agumon

El Digimon del valor despertó con hambre, pero no podía comer porque había sido encerrado en el baño de la residencia Takenouchi. Porque una fiesta de cumpleaños y Agumon daban como resultado que no hubiera comida para los invitados. Por eso, estaba aislado mientras todos hacían los preparativos para la fiesta sorpresa de Sora.

Dirigidos por Mimi, los Niños Elegidos estaban dando los últimos detalles decorativos en la casa. Con permiso de la madre de Sora, que había llevado a su hija de compras con Hikari y Miyako, habían entrado desde muy temprano para que alrededor de las seis de la tarde cuando llegara Sora todo estuviera en perfectas condiciones.

Eso sería difícil considerando que Agumon rascaba la puerta pidiendo por Taichi. Gabumon y Piyomon estaban perdiendo la paciencia y sentían algo de pena, consideraban que la idea de Mimi estaba siendo diabólica.

—¿Deberíamos sacarlo de allí? —inquirió Gabumon escuchando las garras sobre la madera.

—Mimi amenazó con dejarnos en el ciberespacio si lo dejábamos salir.

El Digimon de Yamato enarcó la ceja. Era exagerada esa amenaza, además, al notar cómo se movían Tentomon o Gomamon en las casas de Koushiro y Joe, respectivamente, Gabumon captaba de que había una especie de autoridad que se asumía cuando uno de sus amigos se ausentaba. Por lógica, Piyomon tenía autoridad ante la ausencia de Sora y Mimi, que organizaba la fiesta, no tenía derecho de encerrar a Agumon.

—Eres la compañera de Sora. ¿No eres una especie de…—Gabumon buscó la palabra adecuada—…, dueña de la casa cuando ella no está? No veo justo que Agumon esté encerrado. Seguro querrá ayudar.

—Eso es cierto, Piyomon —dijo Tailmon—. Agumon podrá ser exaltado, pero obedecerá en no comerse nada si ayudamos.

—Agumon-han puede sernos útil para objetos pesados. Es tan fuerte como Gabumon-han —apoyó Tentomon.

—Entonces Piyomon, ¿qué harás? —reiteró Gabumon.

El Digimon rosado los miró sin saber qué decir. Agumon era su compañero y un buen amigo, además, era cierto que siempre intentaba ayudar a Taichi en todo lo que respectaba a Sora. Su amiga siempre terminaba contenta y eso era lo importante para ella.

—De acuerdo, lo sacaré del baño —declaró—. Y ahora que lo dices, Tentomon, creo que hay algo que Agumon podría hacer —aseguró para desconcierto de todos.


Agumon estaba confundido.

Después de liberarlo de su prisión, tenía hambre. Y posteriormente a alimentarse le surgieron muchas dudas.

El resto de sus compañeros le dijeron que estaba libre por decisión de ellos y no de Mimi así que debía mantener cautela dentro y fuera de la casa. El Digimon naranja prometió estar tranquilo y, tal como había dicho Tailmon, preguntó en qué podría ser útil para Taichi. Ahí fue que la idea de Piyomon salió a flote: debía de acomodar las cajas de regalos en el cuarto de Sora de una forma determinada y a los mejores regalos les correspondía estar en primera fila. Aprovechando su fuerza, el trabajo terminó antes de que Gomamon y Patamon lo hicieran.

Pero ahora se encontraba apretado.

Mientras arrastraba el regalo de Koushiro (que era una máquina de coser con inteligencia artificial, Agumon era curioso y no pudo evitar echar un vistazo) se encontró con que desde la parte superior del armario de Sora había caído una caja de un tamaño relativamente pequeño. No era diminuto, pero era pequeño.

—Es de Taichi —murmuró leyendo la tarjeta que venía con el paquete—. Debe ir primero.

Y quizás Agumon lo hubiera dejado sobre el resto de los regalos si no fuera porque sus tripas sonaron y recordó que su último alimento fueron huevos cocidos del desayuno. Gracias a que la caja desprendía un dulce aroma, la curiosidad fue grande y abrió el paquete con la esperanza de hallar un bocado, pero su expectativa quedó destrozada ante su hallazgo.

—¿Qué es esto…? —inquirió, colando su hocico hacia adentro y sacando con sus garras una serie de cuerdas, cintas, telas y pequeñas cadenas. Su incertidumbre era tremenda—. ¿Por qué Taichi le daría esto a Sora?

Entonces recordó que Sora estaba estudiando Diseño de Indumentaria y que, a veces, ella los usaba a los más cercanos para trabajar sus proyectos. Evocó el momento en que la acompañó a la universidad con un traje de marinero y como Taichi apuntaba que solo ella era capaz de hacer un traje en base de telas y cuerdas.

—Tiene sentido —se contestó a sí mismo, asumiendo que había una buena razón para ese obsequio. Sin embargo, quiso imitar lo que hacía la pelirroja tirándose sobre su cuerpo las cuerdas y telas—. ¡Soy diseñadora! —y volvió a hurgar en la caja, encontrando un aparato con botones—. ¿Y esto que hace?

Agumon, ni lento ni perezoso, oprimió el botón verde y se prendió. Su cuerpo se vio encarcelado por lo que había usado para jugar y el dolor no se hizo esperar. Como reacción automática, comenzó a gritar, arrastrarse y sacudirse en el suelo.

—¡No me gusta, no quiero ser diseñadora! —gritó. Intentó con el hocico hurgar en el empaque buscando una forma detener su tortura, porque parecía que hubiera un botón de apagado—. Gracias por comprar el set electrónico de bondage. Esperamos que usted y su pareja disfruten de esta maravillosa experiencia —leyó lo que decía una tarjeta.

El Digimon, a su manera, entendió que eso era un regalo de Taichi compartiera con Sora.

Su mente intentó pensar en que podían usarlo.

Los resultados fueron traumatizantes.

—¡Esto no tiene nada de maravilloso! —gruño. La presión aumentaba en su cuerpo a cada estiramiento—. ¡Gabumon, Piyomon!

Los llamados escandalosos del Digimon del Valor fueron escuchados. No obstante, el brillo de emoción se borró de los ojos verdes de Agumon cuando descubrió a Sora Takenouchi en la puerta.


La odisea de explicar las circunstancias de Agumon amarrado por el regalo de Taichi ocupó gran parte de la celebración.

Resultó que basándose en una sugerencia de su propia hermana (la cual no dio explicaciones de cómo descubrió el kit), Taichi compró el kit bondage y se suponía que Mimi iba a dejarlo fuera de la vista de todos hasta que la fiesta finalizará.

—¡Estaba fuera del alcance de alguien! —se defendió Mimi con el entrecejo fruncido y mirando a Agumon sin disimular—. Pero, alguien…

—Agumon no tiene la culpa. Intentaba ayudar para la fiesta —Taichi se escuchaba cansado y un poco incómodo. No todos los días tu compañero Digimon descubría elementos de las prácticas sexuales que querías emplear con tu pareja—. Y Mimi, estabas a cargo de la fiesta y especialmente de ese regalo, ¡que era sorpresa!

—¡Eres malo conmigo, Taichi! —refunfuñó la castaña mientras tiraba su cabeza hacia atrás. Koushiro la consoló—. De acuerdo, Agumon, ¿me disculpas por dejarte encerrado y que sufrieras bondage por ello?

El Digimon naranja sonrió.

—Claro, ¡quiero probar jugo de rábano! —contestó con simpleza. Él no tenía conflicto alguno si al final del día podía comer—. Vamos, Taichi, ¡juguemos! —dijo, estirando su mano para arrastrarlo.

Entonces el resto disfrutó de la noche como si nada hubiera pasado. Muchos jugos de rábanos y unas horas de diversión después, la fiesta llegó a su punto donde todos estaban sentados en diversos tipos de asientos. Algunos intentaban no dormirse en el sitio, como Yamato que tocaba una melodía con la guitarra o Koushiro que ordenaba las fotografías que había sacado Hikari en orden de presentables o cuáles debían borrar. Algunos como Iori o Miyako se habían retirado ya.

De pronto, las ausencias de personas se hicieron notorias.

—¿Dónde está Takeru? —indagó Patamon.

—¿Y Hikari? Tampoco lo he visto —dijo Tailmon con ligera preocupación.

—No problem, amigos —expresó Mimi mezclando inglés y japonés. Los Digimon la miraron, extrañados—. Ellos están ocupados en el asiento trasero del auto de Yamato—y mirando al rubio, agregó—. Él es un buen onii-chan.

—¡Cállate!

—Oh, ¿todavía eres una tundra?

—¡Así no se dice!

El resto carcajeó, obviando las ausencias de los jóvenes y también otros no tan menores, así como de un par de Digimon. De los segundos mencionados se sabía por señas o gestos que pretendían estrenar el regalo que tanto escándalo.

—¿Crees que suene fuerte? —inquirió Sora de forma seductora a su novio. Ya estaban en ropa interior.

—No lo creo —dijo Taichi y besó con fogosidad a su novia—. Ya hablé con Koushiro para que desvíe los sonidos de cierta pelirroja.

—Mimi va a enfadarse si no puede oírnos.

—Mimi casi nos arruina esto —expresó el chico buscando la caja que había vuelto a su sitio luego del escándalo—. ¿Eh?, ¿dónde está?

—¿Taichi?

—No lo encuentro, ¡no está, el kit no está! —Taichi se agachó sobre el piso por si la caja se había caído—. Sora, ¿no está por ahí? Rayos…, ¡no está!

Sora se colocó la camisa de su novio y comenzó a buscar, inútilmente. El kit no estaba.

—¿Crees que haya quedado afuera? —preguntó ella sentándose en la cama, frustrada.

—No lo creo, vine con Mimi a dejarlo lejos del alcance de Agumon y su curiosidad —señalo rascándose la cabeza en un intento por recordar—. Él y los demás insistían en que no era maravilloso y que se desharía de eso.

—¿Y también lo dejaste fuera del alcance de Piyomon?

Segundos después, un grito de un joven frustrado sexualmente se escucharía y llegaría a los oídos de un Digimon naranja y uno rosado que, en un intento de no ver sufrir a sus compañeros, se deshicieron del kit tirándolo al mar abierto.

—¿Creen que aprendan la lección? —inquirió Gabumon viendo los rostros satisfechos de Agumon y Piyomon.

—Eso espero. Taichi tiene que aprender, ¿o no? —explicó Agumon restándole importancia. Estaba concentrado en su jugo de rábano—. Esto ayuda a la digestión, ¿sabían?

—No sé qué pretendía Taichi con ese kit, pero lo tendré vigilado. No dejaré que se acerque a Sora —señaló Piyomon con aire juicioso. Desconfiaba del líder—. Es bueno que Agumon sea curioso, ¿qué crees que hubiera pasado si no lo encontrara?

—No lo sé. Yamato jamás comentó algo parecido a eso —negó Gabumon.

—No sé de qué hablan. Pero por alguna razón cuando me apretó, después me terminó agradando —comentó el Digimon del Valor con simpleza—. Parecía excitante, ¿no creen?

Segundos después, Agumon también fue arrojado al mar.