Contenido: Yaoi, drabble, romance, humor, fluff, escenas de sexo muy leves, etc. Parte de la serie #Flufftober2021 propuesto por la página "Es de fanfics".

Pareja: Endo x Kazemaru

Disclaimer:

Hikari: De no ser por una amiga no recordaría lo divertido que es escribir para este fandom, especialmente para esta bonita shipp. Obviamente no omito decir que Inazuma eleven no me pertenece y que este fanfic solo tiene fines de ocio no lucrativos.

o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o

#Flufftober2021, 30 – First time (primera vez)

Kazemaru sentía como el sudor empapaba por completo ambas manos. A pesar de frotarlas constantemente en sus pantalones, los nervios que se encargaban de volverlas a humedecer no se detenían.

Miró por milésima vez el reloj de pulsera de su mano izquierda, confirmando que aún faltaban diez minutos para que la persona a la que estaba esperando llegara. Dios, fue una horrible idea salir tan temprano de casa.

Pero no era para menos, de todas maneras ésta era la primera cita que tendría con él luego de no haberlo visto después de tanto tiempo. De todas maneras, era una persona bastante ocupada, especialmente después de convertirse en jugador profesional, eran pocas las veces que lograba regresar a Japón.

Kazemaru sonrió levemente al pensar en la exitosa vida de su pareja, y lo mejor de todo es que, a pesar del paso de los años, ambos habían logrado llevar una, más o menos, estable relación a distancia. No diría jamás que había resultado sencillo, pero se sentía satisfecho al pensar que ambos daban todo de sí para que la conexión entre ambos aun existiera.

¿Hace cuánto tiempo que no lo veía? No estaba seguro, pero al menos ésta sería la primera vez en que ambos podrían verse luego de que cumplieran la mayoría de edad. Eso significaba realmente un cambio, a partir de ahora, ambos podrían caminar juntos por la noche sin preocuparse que algún adulto o autoridad les preguntara detalles, al fin beberían juntos en algún bar o un par de latas de cerveza en la casa de cualquiera de los dos. Los límites desaparecían y Kazemaru podría comenzar a planear un viaje al extranjero sin tener que pedir autorización de sus padres.

Quien sabe, tal vez ellos al fin podrían pasar la noche juntos, se besarían, se abrazarían y después…

De repente, el termostato interno del peliverde comenzó a subir un poco. Bastante. Tal vez… demasiado.

-¡Kazemaru!- escuchó su nombre en la voz del otro, provocando que su corazón casi saliera de su pecho debido al susto. Ansioso, volteó a verlo solo para sentir como su corazón era flechado al reconocer esa enorme y alegre sonrisa

-¡E-Endo!- su voz temblaba junto con todo su cuerpo cuando lo llamó.

No podía ser posible, ahora no podía despejar su mente de pensamientos indecorosos.

o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o

Kazemaru se maldecía internamente cuando se percató dónde estaba parado. Sus manos temblaban de forma inconsciente mientras trataba de sobrepasar la tortuosa espera, mientras el castaño buscaba la llave correcta de la puerta principal de su departamento.

Su mente se había encontrado, por suerte, lo suficientemente ocupada para evitar pensar en cosas lujuriosas durante la tarde de aquel día. Primero, pasaron a almorzar un poco a una modesta cafetería, la plática no terminó ahí, sino que ambos aprovecharon el cielo despejado y los rayos cálidos del sol para dar una vuelta a un parque cercano y solitario.

Por supuesto, sabiendo cómo era Endo, el chico había traído consigo un balón de futbol y, luego de encontrar un área lo suficientemente despejada y con el césped corto, pasaron varias horas conversando mientras sus pies se encargaban de hacer rodar la pelota entre ellos. Algunas veces, Kazemaru cortaba la plática para dominar el balón con sus pies y contratacaba llevándolo a gran velocidad hacia el castaño, quien emocionado, tomaba su acostumbrada posición de arquero para tratar de detener el poderoso disparo.

Las risas y las bromas no hicieron falta. El paso del tiempo se hizo lento en aquellos momentos divertidos, y no fue hasta que un trueno resonó con intensidad, que ambos se percataron del dramático cambio climático. Las gotas de lluvia cayeron con intensidad desde el principio y, para quienes no llevaban paraguas como ellos, tuvieron que sufrir con las consecuencias de estar atrapados en tremendo diluvio.

Como única opción, Endo terminó dirigiéndolo hacia su departamento, el cual quedaba relativamente cerca de donde se encontraban.

-Con esta lluvia seguro que el transporte se ha detenido por completo.- fue una corta pero clara explicación cuando al fin logró abrir la maldita puerta e invitó al de cabello largo a pasar.- Te traeré una toalla. Supongo que te quedarás a dormir ¿no es así?- le hablaba a pesar de caminar él solo hacia lo que Kazemaru supuso, sería su habitación, gracias a ello es que no pudo percatarse del tremendo sonrojo que invadió la su rostro, desde sus mejillas hasta la punta de sus orejas.

El peliverde comenzaba a preocuparse de si su ropa interior aún se encontraba seca y limpia luego de aquella lluvia…

Esperen… ¿qué?

-Toma, Kazemaru.- en algún momento, el ex capitán estuvo de vuelta, extendiéndole amablemente una toalla limpia para que se sacara. Ichirota agradeció con un hilillo de voz.- Supongo que en estas circunstancias es mejor darnos un baño.- Kazemaru se cubrió la cara con la toalla, tal vez si apretaba lo suficiente podría morir ahí mismo, en lugar de que Endo viese su patético rostro avergonzado.- Si quieres puedes ir primero, iré poniendo tu ropa en la secadora.

Sin saber qué contestar, terminó asintiendo en silencio y, para antes de que se diera cuenta, ya se encontraba completamente desnudo mientras tomaba prestada la ducha de Endo.

El pobre de Kazemaru, en algún momento, tuvo que cerrar por completo el agua caliente y enfriar su cuerpo para evitar perder el poco raciocinio que quedaba dentro de su cabeza.

-Kazemaru.- la voz animada de Endo lo llamó desde afuera de la puerta de cristal.- ¿Esta bien si busco algo en Netflix para antes de irnos a dormir?

-¡N-No hay problema!- sin pensarlo demasiado, abrazó su cuerpo solo en caso de que a otro se le ocurriera entrar.- ¡Enseguida salgo!

Cuando escuchó los pasos alejarse, tomó un gran suspiro, aunque de inmediato su mente, como lo había estado haciendo todo el día, comenzó a correr a gran velocidad. ¿Netflix? ¿En su casa? ¿Después de bañarse?

Oh dios, había leído sobre eso muchas veces en los memes del internet.

Tomó presuroso el jabón antes de volverse a provocar espuma para lavar su cuerpo nuevamente. Si tenía que suceder… algo, que sucediera, ¡él se encontraría listo para lo que sea que Endo quisiera hacer aquella noche!

"Mierda, mi ropa interior está en la secadora…".

o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o

Tratando de no parecer ansioso, Kazemaru dejó su cabello suelto mientras salía del cuarto de baño, vistiendo un pijama ligeramente holgado, haciéndolo pensar que el cuerpo de Endo se habría vuelto más robusto que el suyo con el paso del tiempo. Descalzo, se dirigió a la salita de estar, no queriendo fantasear mucho con la imagen que pudiese encontrar ahí.

Aunque bueno… tampoco fue nada del otro mundo.

-¡Oh, ya llegaste!- Endo se movió levemente sobre el sillón donde estaba sentado, en clara invitación a Kazemaru para que tomara asiento a su lado, y así lo hizo. En la mesa del centro yacía un gran tazón con palomitas de maíz y dos vasos llenos, de lo que Kazemaru supuso, sería refresco de cola. Cuando miró al frente, efectivamente Endo se encontraba viendo con suma atención el gran catálogo de la plataforma Netflix.

Sintiéndose algo decepcionado consigo mismo (más que nada por pensar en algo completamente diferente), decidió mejor relajarse y dejarse llevar por el castaño.

La película comenzó y ambos comenzaron a tomar aperitivos mientras dejaban que las imágenes comenzaran a relatar alguna historia hollywoodense.

o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o

-Estuvo bien.- comentó Endo, una vez que la película mostraba los créditos finales.

-Sí, supongo que si.- contestó de forma automática el peliverde.

"¡Como si yo supiera eso!" gritó internamente. Porque si, de haber querido, Kazemaru hubiese puesto toda su atención a la típica película con cliché estadounidense, de no ser porque el brazo de Endo había encontrado el lugar perfecto de descanso justo por arriba del respaldo donde él se encontraba. Fue abrazado en aquella posición por más de una hora, y Kazemaru solo podía atragantarse con bocadillos para evitar caer en profundo pánico. Claro está, que la película pasó a segundo plano cuando lo único que podía oler era la esencia del propio Endo.

El futbolista se levantó y, mientras seguía parloteando sobre algunos aspectos de la filmografía, ambos se dirigieron a la habitación del fondo. La decoración deportiva y los pocos muebles le indicaron de inmediato que efectivamente era la habitación donde solía dormir Endo en sus cortas estadías en Japón. Sacó del armario un futón, probablemente para invitados, y lo colocó justo al lado de su cama. Kazemaru tragó fuerte cuando notó cómo su novio se recostaba levemente sobre donde se supone que él dormiría.

-¿Mañana tienes práctica?- preguntó, más que nada para tratar de desviar su atención.

-Mmmm no, por la tarde iré a platicar con mi antiguo entrenador, así que probablemente no tendré mucho tiempo para practicar. Mi avión sale al día siguiente por la mañana así que mi agenda está un poco apretada.

Kazemaru, no queriéndose mostrar triste por aquella noticia, se recostó a un lado de Endo, dejando que su largo cabello cubriera por completo la almohada, aun así, miraba de reojo los brillosos ojos de Mamoru.

El segundero del reloj fue lo único que llenaba el silencio del lugar. Kazemaru, rodó su cuerpo, ahora para ver la blancura del techo, disfrutando también estar en compañía de su pareja, aun si no estaban diciendo palabra alguna. Creyó que todos aquellos pensamientos tan lascivos que tuvo solo eran realmente algún tipo de nervios pasajeros, especialmente, luego de haber pasado tanto tiempo con la ausencia del Endo. Suspiró tranquilo, queriendo encontrar los brazos de Morfeo para poder al fin descansar después de un día tan ajetreado como aquel.

Aun así, su respiración relajada fue interrumpida cuando el propio Endo terminó apoyando su cuerpo sobre él. Ya no podía ver más el techo, en cambio, el rostro de Mamoru, mucho más maduro de lo que ya era desde la última vez que lo vio en Japón, cubrió por completo su panorama.

-Lo siento, Kazemaru.- susurró. La distancia era tan corta que aun si su voz había sonado baja, el peliverde logró escucharlo a la perfección.- A pesar de que debería pensar en lo feliz que fui el día de hoy, realmente no puedo dejar de pensar en… otro tipo de cosas.- Kazemaru no podía recordar la última vez que vio unas mejillas sonrojadas en el rostro de Endo.

Su respiración se volvió entrecortada y el sonido de corazón retumbaba con fuerza, provocando que todo su cuerpo resonara con él.

-Es estúpido pero, pensar que estás aquí, en mi casa, recostado junto a mi cama, usando mi shampoo y mi propia ropa para dormir, pues…- desvió la mirada, claramente apenado por sus propias confesiones.

El peliverde no tardó en también sentir como su cara ruborizaba.

-¿Puedo…? Quiero decir, ¿tú quieres? ¿Crees que está la posibilidad de…?- sin encontrar las palabras correctas, los labios de Endo fueron callados por Kazemaru, en un sorpresivo e inexperto beso, el cual fue prontamente correspondido. La cabeza de Kazemaru regresó a ser apoyada en la almohada y ambos no tardaron en dejarse llevar por la inusual situación.

Las manos delgadas de Kazemaru se colaron perfectamente debajo de la playera de Endo, al tiempo que el castaño también palpaba, con cierto temor, su pecho y finalmente jalaba con cierta timidez el resorte del pantalón suave de Kazemaru.

Ambos se detuvieron cuando Endo entró en contacto directo con su pálida piel.

"¡Mierda, mi ropa interior…!" pero era demasiado tarde, Endo, cambiando a una expresión que pondría cualquier niño a punto de hacer una travesura, soltó una pequeña carcajada.

-Olvidé por completo dejarte un par limpio después de bañarte, ¿eh?- Kazemaru sintió como aquellas risas lo embriagaban por completo, sin saber cómo reaccionar, solo alzó lo suficiente las caderas para que al castaño le fuese más fácil resbalar la prenda hacia abajo. Entrelazó sus manos detrás de la nuca y, aun tratando de evadir aquellas pequeñas burlas, besó nuevamente la boca del deportista.

El bochornoso encuentro siguió con ritmo lento. Endo preguntaba si estaba bien o si podía continuar en cada instante, logrando así que Kazemaru sintiera aún más vergüenza cada vez que asentía para darle su aprobación.

Embelesado y un tanto confundido, prefería concentrarse en los ojos oscuros del ex capitán para evitar caer en algún tipo de pánico.

Un placer que jamás había sentido comenzó a tatuarse en su cuerpo. Sus extremidades mantenían reflejos instintos que jamás creyó notar, su boca y garganta emitían ruidos aún desconocidos por sí mismo, y sus propios ojos grababan con sorpresa las expresiones en Endo que, aun después de tantos años, jamás lo había visto hacer.

El castaño dejaba un caminito de besos a lo largo de sus piernas, comenzó en los tobillos y con lentitud, los labios llegaron a sus muslos. Kazemaru tapó su boca cuando sintió aquellos labios carnosos cerca de su ya erecto miembro. La respiración de ambos, entrecortada y acelerada, se dejaba ver en el compás descoordinado de sus pechos.

No queriendo quedarse demasiado atrás, el propio Ichirota se sorprendió a sí mismo cuando dejaba explorar sus manos sobre el cabello de Endo. Revolvía las hebras castañas y dejaba que sus yemas resbalaran desde su cuello hasta su hombro, para finalmente, redescubrir la espalda y, más concretamente, los omoplatos del joven. Mordió su labio inferior luego de un pensamiento fugaz sobre los muy bien formados que se encontraban los músculos de Endo, todo mientras sentía como el otro se hacía paso entre el interior de su cuerpo.

Dejó caer su cabeza hacia atrás, perdido entre las nuevas sensaciones, mientras que sus caderas eran levantadas por las grandes manos del futbolista. Su espalda se arqueó, contusionando su cuerpo como jamás creyó, mientras un jadeo roto salía desde su garganta.

Sintió una mezcla entre dolor y placer cuando Endo redirigió su boca hacia su cuello expuesto, mordiendo levemente su manzana de adán mientras daba algunos besos más sobre su piel. Llegó a sentir una traviesa lengua humedeciendo sus poros y, cuando la boca se encontraba cerca del hombro, también gimió al sentir cómo los dientes ajenos dejaban una marca pronunciada sobre él.

Sus piernas temblaban, y aun así, no podía dejar de desear mayor velocidad en los movimientos de Endo. Cuando una zona en particular en su interior fue rozada, dio otro fuerte gemido. Poco a poco sentía como perdía el control de sí mismo… y eso le encantaba. Embriagado de placer, recibió gustoso otro beso húmedo justo antes de entregarse al mayor éxtasis que había probado en toda su vida.

Siendo la primera vez para ambos, debían admitir que en ciertos momentos el acto resultó ser algo atolondrado e inexperto. Kazemaru estuvo escuchando como si fuese alguna especie de plegaria, cómo su novio repetía sin cesar su nombre, pero estaba tan fascinado en sus propias sensaciones que era difícil para él recordarlo con claridad. A pesar de sentir que aquello duró lo de una eternidad, el reloj que aun resonaba en la habitación, relataba que solo habían sido algunos minutos.

Exhaustos, trataban de recuperar el ritmo de sus respiraciones, tratando de replicar dentro de sus mentes el recuerdo de aquellas efímeras sensaciones. Acababan de hacerlo y aún así era realmente difícil poder recordar todo con claridad, como cuando te despiertas abruptamente y comienzas a olvidar de manera instantánea con lo que se supone estabas soñando.

Tardaron algunos minutos, sin dirigirse palabra alguna, antes de que al fin Endo pudiese moverse de la posición en que había quedado. No queriendo mostrar su rostro, probablemente aun rojizo, cubrió a ambos con el edredón del cómodo futón.

De manera algo torpe, queriendo parecer lo más casual posible, el castaño pasó su fuerte brazo por encima de los hombros de Kazemaru, pegándolo a su pecho en una clase de abrazo. El peliverde soltó un suspiro mudo, conteniendo la respiración algunos segundos antes de sonreír de medio lado. Queriendo olvidar momentáneamente sus nervios, decidió cerrar con lentitud sus párpados, deseando atraer el sueño a su exhausto cuerpo.

De haber sabido que ambos no podrían mirarse a los ojos directamente a la mañana siguiente, tal vez habrían considerado dormir separados, pero hasta que el sol volviera a alzarse en el cielo, hasta que ambos tuvieran que volver a sobrepasar la pequeña soledad que quedaría después de que Endo subiera en el siguiente avión… hasta entonces, al menos querían disfrutar una noche durmiendo lado a lado.

Porque una cita llena de risas, bromas, un poco de soccer, lluvia, shampoo, Netflix, palomitas de maíz y un poco de sexo, eran los ingredientes perfectos que componían la receta de su actual y sencilla felicidad.

o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o

Hikari: Siempre he sido muy mala para describir escenas eróticas durante una situación de sexo, de hecho, esto lo he reescrito como tres veces y es lo mejor que salió. Algún día podré escribir bonitas escenas sexuales, sueño con eso(?). En fin, si llegaron hasta aquí no me queda otra cosa más que agradecerles por su lectura. El mes se está terminando y ya solo queda un día para terminar este maratónico reto. Espero volver a leerlos muy pronto, ¡bye bye-perowna!