Sin ningún tipo de arreglo explícito o pactado de antemano, ambos asumieron con el pasar de los días la formalidad de la relación. Eran tímidos el uno con el otro hasta para pronunciar esa pregunta. ¿Acaso recibir besos de él todas las noches antes de dormir no los hacía novios?

¿Qué demonios es ser "novios"? se preguntó primero en principal. El llorón se lo decía mucho a la hermana de su "novio". Su reducido diccionario no le permitía entender el peso de la palabra, ni mucho menos el vínculo que ello conllevaba. Por eso no veía necesidad de afirmar nada, de ponerle una nueva palabra a su relación de siempre. ¡Con lo malo que era con las palabras! Desde que conocía a sus compañeros de batalla no hacía más que agregar significados nuevos, qué frustrante.

¿Qué había de diferente entre los dos para etiquetarlo distinto? Inosuke no encontraba nada que respondiera esa pregunta. Lo que él no sabía es que había actuado diferente en muchas cosas. Ahora pronunciaba bien su nombre, Tanjiro estaba feliz de ello, no le gustaba nada ser Sentaro ni menos Tontaro. También había dejado de golpearlo sin motivos [o por los motivos más tontos] con la brutalidad que lo caracterizaba, sino todo lo contrario; mantenía cierta distancia, algo nervioso al estar tan cerca del contrario. Ahora, buscaba chocar durante el día su mano con disimulo cuando estaban solos. Varias veces había sido sorprendido por Zenitsu infraganti y él solo reaccionaba alterado, separándose bruscamente de Tanjiro para golpearlo, como si el mayor fuese demasiado tonto para creer aquella actuación nada disimulada. Todas las tardes se agobiaba. Le gustaría muchísimo saber nombrar la sensación de confort que sentía cuando las ásperas, pero a la vez suaves manos del otro entraban en contacto con las suyas. Tenía un vago recuerdo de sus primeros días de vida sentirse igual, pero al crecer se fueron desvaneciendo...

De lo único que estaba seguro era que esa noche, al igual que las demás, se infiltraría en la cama del pelirrojo buscando consuelo por las pesadillas que todas las noches le quitaban el sueño. Aunque, debía admitir que algunas noches se inventaba sueños tristes para tener una excusa para visitarlo. ¿Estaba mal mentir piadosamente por un poco de bienestar?

Nada asustaba al gran e indomable muchacho, al fin y al cabo sabía que esos monstruos no eran reales y que, de tener una oportunidad de enfrentarse a ellos, él ganaría definitivamente. ¡Era el rey de las bestias! Sin embargo, las peores pesadillas eran las que podían hacerse realidad. Situaciones en las que perdía a sus amigos de las formas más horribles y despiadadas. Otras, él cometía errores que los alejaba para siempre, con sus caras plasmadas en decepción. Él acostumbró a estar solo toda su vida, creció sin la compañía de nadie, ¡no debería importarle eso! Aún así, perderlos implicaba un enorme temor que le erizaba su piel de cerdo. A pesar de conocerlos en tan poco tiempo, se habían convertido en una razón para pelear y un par de cicatrices en su cuerpo se lo recordaban a diario.

Para su suerte, había una confortable sensación que evadía cualquier secuela de ese horrible sueño, y era sentir los dedos ajenos enredarse en su cabello azul, mientras le susurraba «Solo fue un tonto sueño», tan bajito para no despertar a su tercer compañero que dormía en el tatami siguiente. «Sea lo que sea, nada de eso sucederá» Escuchó muy bajo, segundos antes de cerrar los ojos para dormir, confiando en que el otro no iba a permitir que su pesadilla se cumpla. Su estómago le provocaba algo parecido a las náuseas, se revolvía por segundos, pero no era desagradable como el vómito... Era una hermosa sensación a la que buscaba volver todos los días en aquel horario. Tanjiro lo trataba siempre con cariño y delicadeza, lo contrario a como era todo en su vida. La forma en la que movía su mano era lenta y cuidadosa, logrando mimar no solo su cabello pues a veces bajaba tanto hasta instalarse en su mejilla, la cual acariciaba con el pulgar. Como acto de magia su cuerpo pesaba menos, sus hombros soltaron toda la tensión en aquella respiración profunda, su mente iba tiñéndose de blanco, todo por causa de aquellas muestras de afecto que nunca antes había experimentado.

Cerró los ojos dejándose llevar. De a poco fue confiando cada vez más en Tanjiro hasta el punto de desvanecer la idea sobre que podría ser cazado en cualquier instante por alguno de sus compañeros de batalla. Si bien fueron sus instintos los que plasmaron esa noción de supervivencia en sus huesos, al pasar de los meses ellos mismos asimilaron que nada malo pasaría. Ahora estaba así, acurrucado junto al moreno permitiéndole que tocara su cuello con un ligero movimiento de sus dedos. Acto seguido, sintió los labios tímidos de su amigo, novio, lo-que-sea, pegarse a los suyos. No sabía muy bien qué significaba "beso", ni el fin de por qué la gente lo hacía, no sabía seguirlo, ni empezarlos, por lo que dejaría que su subordinado hiciera gran parte del trabajo. Aunque debía admitir que cada día descifraba esa ciencia y mejoraba en ello, quizás por el deseo que tenía de adueñarse de sus labios.

Lo único que sí sabía era que esa muestra de afecto era la que todas las noches quería recibir de él.