Senkuu no había tenido tiempo de pensar en su decisión antes de tomarla.
Hacía tiempo que llevaba planeando viajar al espacio para acabar de una vez por todas con la amenaza de la petrificación, pero ahora que estaban trabajando específicamente en eso, la realización de que quizás estuviesen petrificado por meses, años, o siglos, había comenzado a interrumpir sus pensamientos y su trabajo.
Teniendo a la mayor parte de su equipo científico en la Tierra, era bastante lógico que fuese él quien se sacrificara, junto con Tsukasa y Ryusui, que eran los más capacitados para lograr la victoria. Sin embargo, el tiempo que había vivido junto con sus nuevos amigos y los fuertes lazos que había tendido seguramente quedarían atrás, olvidados, y aunque fuera algo secundario a salvar a la humanidad, el inminente futuro causaba estragos en la psiquis del científico.
Nadie aprendía tan rápido como Chrome. Nadie era tan funcional e inteligente como Suika. Nadie era mejor artesano que Kaseki, o mejor mentiroso que Gen, o mejor soldado que Ukyo. Nadie tenía más determinación que Kinro, e incluso Ginro tenía sus cualidades excepcionales. Nadie era tan buena aliada como Kohaku, que había creído en él desde antes de siquiera conocerlo.
¿Sería posible encontrar amigos así en su próxima vida? ¿Viviría comparándolos constantemente y -tal como un viejo cascarrabias- preferiría siempre el pasado? Esas preguntas, si no lo invadían durante el día, no lo dejaban dormir durante la noche.
Por su puesto que Ryusui se encargó de lanzar una fiesta todos los viernes para subir los ánimos de todos, y no hacer de su partida algo tan desconcertante. Y aunque Senkuu participaba, y bebía lo suficiente hasta atrofiar algo sus sentidos, el último viernes en que estarían en la tierra parecía realmente un velorio.
Con decir que hasta Magma lo había abrazado llorando era bastante para retratar el panorama.
Senkuu observó con curiosidad a Minami llorando a mares en el pecho de Tsukasa y a Francois hacer una lista con todas las cosas que necesitaría Ryusui para el viaje, con su mismo tono neutro de siempre, aunque con los ojos a punto de llorar. Debía ser interesante tener a alguien así de preocupado por el otro.
Pronto, la mirada de Senkuu divagó en búsqueda de algo que no estaba seguro qué era hasta que lo vio: se trataba de la delgada silueta de Kohaku, quien no le había dirigido la palabra desde que anunció su viaje, apenas visible tras un milenario árbol que proyectaba su sombra.
El científico no estaba tan seguro si fue solamente el alcohol en su sangre el que lo impulsó a acercarse a la leona tranquilamente y sentarse a su lado sin decirle nada, o si era algo más que lo atraía a ella. Kohaku estaba actuando atípicamente y Senkuu se sentía algo preocupado por irse sin saber qué pasaba por su cabeza.
Su mente entraba en extraños debates cuando recordaba su estrecho abrazo en la Isla del Tesoro, o cuando alucinó que era ella quien curaba sus heridas después de que Stanley le disparó, en lugar de Luna.
Kohaku tenía un vaso en la mano que dejó de lado cuando Senkuu llegó, y solo se dedicó a respirar y mirar el horizonte en completo silencio, como si no estuviese realmente consciente de que él estaba allí.
-¿No te vas a despedir de mí, leona? ¿Segura que no me vas a extrañar? -el científico la molestó, intentando romper la tensión cuando creyó que ya era muy tarde para escaparse de esa situación.
No obtuvo una indignada exclamación de parte de Kohaku por el sobrenombre, sino una seria pero profunda mirada, que lo hizo mirarla de vuelta de la misma forma, como si de esa manera pudiese entender qué estaba pensando.
¿Tenía alguna lógica eso? Senkuu no lo sabía. Tampoco entendía por qué seguía intentando comprenderla, y menos por qué de un momento a otro la rubia decidió apoyar su cabeza en el hombro del peliverde.
Pero de todo eso, lo que menos pudo entender era por qué su cuerpo reaccionó casi violentamente: completamente agitado y afiebrado. Y por qué, al sentir el aroma del cabello de Kohaku bajo su nariz, esa sensación solamente se hizo más fuerte.
-¿Kohaku…? -Senkuu articuló, poniendo todos sus esfuerzos en que su voz no sonara igual de afectada que su cuerpo, pero fallando miserablemente.
-Vas a volver. -fue lo único que ella dijo, sobre su hombro, con sus palabras vibrando en su pecho.
El científico rio con pesar, sabiendo que si bien eso podía ser cierto, era probable que ella jamás pudiera volver a verlo.
-Gracias por confiar en mí todos estos años, leona. Espero haberte recompensado por tu ayuda.
-Me lo recompensarás cuando vuelvas, bastardo. Y no soy una leona.
Senkuu se quedó en silencio, y culpó al alcohol por darle la desfachatez para mirarla a la cara, y quedársela mirando por más tiempo del necesario, mientras ella mantenía sus ojos cerrados, solo para procesar la idea de que Kohaku era la primera persona a la que había dejado acercarse tanto.
Mentiría si dijera que no le desagradaba la idea de que ese momento fuese el único. Se engañaría a sí mismo si llegaba a negar que anhelaba haber conocido a la leona en otro contexto, o en su otra vida.
A veces Senkuu imaginaba ir a la escuela con Kohaku: que ella pasaba su tiempo libre ayudándolo con sus inventos en el club de ciencias y que todos lo envidiaban porque la leona prefería estar trabajando con él antes que salir con cualquier otro tipo.
Senkuu se arriesgó a colocar una mano en la rodilla de Kohaku suavemente, provocando un notorio temblor en ella, que ahora abrió los ojos para cruzar miradas con el científico.
-Senkuu. ¿Me enseñarías a hacer una nave espacial? -la leona preguntó, fuera de contexto y dándole la idea de que quizás el científico estaba creando películas en su mente.
Quizás Kohaku solo quería apoyar su cabeza en su hombro por un momento. Senkuu le quitó la mano de la rodilla discreta pero inmediatamente, y sin indagar mucho en por qué le había preguntado eso, le explicó paso a paso cómo construir una nave espacial rudimentaria, como la que él estaba creando ahora mismo, explayándose en la construcción de cada parte y su funcionamiento.
La leona lo miró con curiosidad y algo de confusión.
-Creo que entiendo, pero es algo que probablemente vaya a olvidar para mañana. -Kohaku comentó.
-¿Aprendiste a leer? -Senkuu la miró divertido.
-A-algo… -la rubia miró al suelo, avergonzada. -No entiendo mucho su utilidad.
-Es muy útil. Podría escribirte las instrucciones y quedarán allí para cuando olvides algo y yo ya no esté.
Si bien Kohaku no parecía estar muy estable antes, ahora sus ojos se aguaron rápidamente, y unos gruesos goterones de lágrimas rodaron por sus mejillas. Senkuu no habría sabido que era realmente débil ante esto si no se hubiese acercado a ella en ese momento, y provocó que llevase su mano hacia el rostro de Kohaku para retirar con los dedos su llanto.
-Voy a… voy a construir una nave lo suficientemente buena para ir a buscarte. Lo prometo.
Senkuu sonrió ampliamente.
-Si haces eso, me veré obligado a casarme contigo. -bromeó el científico.
Pero al parecer para la leona no fue una broma. Senkuu lo supo por cómo su postura se tensó y sus ojos y labios se abrieron notoriamente.
Realmente había dicho eso, ¿no?
-Lo prometo. -repitió Kohaku, repasando descaradamente desde los ojos a los labios del científico con la mirada.
Y mierda, ahora Senkuu no pudo evitar mirarle los labios también. Era tan fácil acortar la distancia, y si bien jamás había pensado en que besar a la leona por gusto fuese una posibilidad, ahora se encontraba en el escenario perfecto para hacerlo.
-¿Senkuu…? -Kohaku murmuró, sin quitarle la mirada de encima, y fue suficiente incitación para llevarlo a inclinarse hacia la leona, acercarla con su mano, y juntar sus labios con los de ella.
Sin embargo, cuando ella no le correspondió, el científico dudó nuevamente si acaso estaba leyendo mal el contexto de la situación. Kohaku lo miró igual que antes cuando se separó de ella y le quitó la mano de la mejilla.
-¿Cuánto has tomado? -le preguntó ella, suavemente.
-No mucho. -Senkuu respondió, tan confundido como irritado.
Kohaku se puso de pie y el peliverde pensó que eso sería todo, pero entonces le estiró la mano, como ofreciéndose para ayudarlo a pararse, y él la siguió casi obedientemente, a pesar de su mal humor.
-Vamos. Te guiaré hasta tu laboratorio. -le dijo, y lo tomó del codo con firmeza antes de emprender su camino hacia el único lugar al que Senkuu podría llamar su hogar actualmente.
Todo se veía lo suficientemente nublado a su alrededor y pensaría que estaba perdido si no fuera por la firme mano de la leona en su codo, guiándolo entre la oscuridad y las voces hasta la puerta de su laboratorio. Entendía en parte por qué había ignorado su beso tan deliberadamente: el alcohol aún tenía efectos sobre su cuerpo y era posible que no estuviese tan consciente en ese momento.
Pero, aunque no lo estuviese, Senkuu se encontraba seguro a esas alturas de que la quería a ella, y solamente a ella.
-Descansa. -Kohaku abrió la puerta tras él para que el científico pasara, pero este prefirió tomarla a ella ahora del antebrazo y jalarla adentro.
Sin embargo, cuando cerró nuevamente la puerta, Senkuu ya no sabía qué hacer. La sostenía del brazo sin ninguna explicación, y la leona lo miraba como si estuviese esperando a que dijera algo.
-No actúes como si no acabara de besarte hace unos minutos, leona. -el científico la soltó, sin querer forzarla a estar allí, y dándole la libertad de irse cuando quisiera.
-No quiero que hagas algo de lo que te vas a arrepentir después. -Kohaku miró hacia sus propios pies, cruzándose de brazos.
-¿En serio piensas que es algo de lo que me arrepentiría? -la pregunta salió naturalmente de su boca, sin ningún titubeo, como si estuviese preparado para discutir. -Sí. Es cierto que estoy algo más desinhibido que antes, pero no he hecho nada que no quisiera hacer.
La rubia, que había estado evitando mirarlo a los ojos desde que llegaron, ahora lo confrontó directamente, con la mirada afilada pero los ojos, nuevamente, al borde del llanto.
-Bien. Entonces, ¿por qué te tardaste tanto?
-¿Qué?
-No soporto el hecho de que no vayas a volver. Si hacemos esto ahora, solo será peor, porque sabré que mis sentimientos son correspondidos, pero imposibles.
-Sinceramente, no sabía que esto era lo que querías…
-Estamos jodidos. -concluyó Kohaku, con la mirada de vuelta a sus pies antes de dar la media vuelta.
Pero Senkuu sería estúpido si dejase que la leona se fuera. Sin hacer mucho ruido, volvió a detenerla por el antebrazo y traerla de vuelta, pero esta vez no tardó en inclinarse hacia ella y besarla, nuevamente, con más ímpetu.
Esta vez Kohaku se tambaleó solo un poco antes de recobrar su postura y, en lugar de apartarlo, colocó los brazos alrededor del cuello del científico y separó sus labios para él, dejando que su lengua entrase en su boca para buscar la de ella, que lo esperaba enérgica y caliente.
Senkuu gruñó apreciativamente contra la boca de la leona, perdiéndose vertiginosamente en la sensación de su cuerpo pegado al de él, irradiando calor por todas partes. Sin embargo, cuando la atrajo por la cintura para pegarla más a él, Kohaku interrumpió el beso abruptamente.
El científico la miró, frustrado y confundido.
-Cuando vuelvas… -murmuró, y se despegó de él para desaparecer inmediatamente por la puerta de entrada.
