Mi padre siempre fue un tipo que alguien podría describirlo al primer instante como "Un cretino homofóbico idiota", no me extrañaba que la mayoría de mis amigos y vecinos hicieran una mala cara cada vez que lo veían pasar (A sus espaldas, claro). Pero la realidad era que también lo respetaban (O temían), pues él era el dueño de una de las más grandes empresas de la ciudad, y del país. A pesar de sus creencias sobre los gays, eso no impidió que yo me convirtiera en uno; jamás fue con la intención de molestarlo, sino más bien, porque era yo, así era yo. Y el mayor golpe a su orgullo fue que no fui un alfa, como él siempre lo anhelo, sino una "incubadora marica" (Como el suele llamar a los omegas). Lógicamente mi padre hizo lo que todo buen padre homofóbico haría: Inscribirme al ejército. Le daré las gracias por haberme confirmado el porque me gustaban los hombres, y por haberme ayudado a encontrar a mi alma gemela

No fue difícil, pero si complicado, apenas llegue, todos los soldados (Que por cierto la mayoría eran alfas) se me quedaron mirando. Me sentí cohibido, pero al mismo tiempo orgulloso de provocar eso en todos los alfas que se cruzaban en mi camino. Pero de entre ese montón de músculos y poco cerebro, mi vista se posó en un joven delgado (Enclenque, a decir verdad), pero que ostentaba de una cabellera rubia y de un par de hermosos zafiros; lo hacía lucir como un príncipe en cuento de princesas. Todos hacían sus esfuerzos para llamar mi atención, muchos de ellos desistieron al ver que no me interesaban para nada, ni siquiera como amigos. Pero uno de ellos, era el más insistente, T'Challa era un cadete cuyos padres provenían de África. Había entrado al ejercito por los interesantes beneficios que ofrecían, y por el simple hecho de ser uno de los mejores del lugar, creía que eso le daba el "derecho" de ser mi alfa

No niego que él era muy apuesto, piel morena, cabellos negros y ojos castaños, y esa endemoniada barba en forma de candado que se acoplaba perfectamente a su rostro. Todos los días me daba un detalle, ya fuera un regalo o una carta que tenía escrito una mala copia de un poema. En cambio, Steve... Él era más detallista, pequeñas notitas perfumadas en las que venían escritos poemas los cuales siempre hablaban sobre mi apariencia, y en ocasiones, despertaba con una rosa al lado de mi almohada. Cada uno de sus detalles provocaban que en mi estómago aparecían esas mariposas del amor, mis mejillas se coloraban levemente y el corazón me latía a tal velocidad que creería que saldría de mi pecho

Ya no faltaba mucho para cumplir los 18 años, pronto podría salir de esta estupidez, Steve ya podía haberlo hecho desde hacía un año, pero creo que él se toma en serio el querer ser un capitán. A veces dudaba en si salir o no, pues no quería dejar de verlo, pero extrañaba a mi madre y a mis amigos. Un día, mientras pensaba en todo aquello, escuche 2 voces que susurraban entre uno de los pasillos del colegio, me asome descubriendo que se trataban de Steve y T'Challa. Me acerque lo suficiente para poder escucharlos, pero sin que pudieran descubrirme –Vamos, Steve, tu más que nadie lo sabe. Un alfa como tú no podría con un omega como Anthony-

-¿Un alfa como yo? ¿Qué quieres decir con eso?- pregunto Steve, con el ceño levemente fruncido

-Eres demasiado pequeño y débil, jamás podrías defenderlo como se debe, mucho menos seguirle su ritmo. El merece un alfa que cumpla con todo lo que él quiera-

-Es cierto, tal vez sea pequeño... Pero no mi nudo-

-Vaya, eso sí me interesa-. Tapé rápidamente mi boca con mis manos y salí corriendo lo más rápido posible hasta mi habitación. Apenas cerré la puerta, pude soltar el grito de emoción que había estado conteniendo; escuchar esa conversación había sido lo mejor que podía pasarme, con eso podía estar 100% seguro de que el realmente estaba enamorado de mí. Me eche en mi cama, no sabría decir cuántas veces gire en mi cama mientras abrazaba mi almohada, para cuando me detuve el sol ya comenzaba a caer. En todo ese tiempo lo estuve pensando, pero finalmente me armé de valor... Le confesaría a Steve que lo amaba del mismo modo que él lo hacía. Espere a que el guardia pasara por mi pasillo para salir de mi habitación, camine lo más silencioso posible hasta la habitación de Steve, logre abrir la puerta sin hacer un solo ruido y entrar

Pude ver que estaba dormido, pero gracias a la luz de la Luna que lograba colarse por su ventana, me dejaba admirar su rostro. A pesar de lo delgado que era, esa piel blanca resaltaba en medio de la oscuridad, irradiaba una paz que no había visto antes. Lentamente me acerqué hasta su cama, moví un poco las sabanas para meterme; casi al instante se despertó sobresaltado, pero se relajó al ver que era yo -¿A-Anthony?-

-Ya no quiero ocultarlo- susurre mirándolo a los ojos

-¿De qué hablas?-

-Te escuche hablar con T'Challa-. Pude ver como sus ojos se abrían enormemente por la sorpresa –No me importa si no eres como los demás, me importa un carajo lo que digan los demás soldados, y sobretodo, me importa una reverenda mierda si los demás no están de acuerdo... Y-Ya no puedo callar lo que siento por ti, q-quisiera gritar a los 4 vientos que te amo, que yo...-

Toda palabra que quisiera salir de mi boca murió ante el inesperado beso de Steve, sus manos se aferraron a mi rostro para evitar que huyera... ¿Quién carajos haría eso? Lo abrace por el cuello correspondiéndole, su lengua se deslizo por mis labios, pidiéndome permiso para entrar a mi boca; los abrí un poco y casi al instante comenzó a juguetear con mi lengua. Quizás esto se vería demasiado rápido, pero ambos ya no éramos unos niños, lo deseábamos, queríamos que sucediera. Me despojo de mi camisa al mismo tiempo que besaba mi cuello, tenía que ser lo más silencioso posible, pues las paredes eran tan delgadas que incluso podía atravesarlas con un dedo. Steve lo sabía, creo que fue por eso que arrojo algunas almohadas al suelo junto con el edredón antes de (Entre maniobras) recostarnos en el suelo

Le quite su camisa mientras abría mis piernas, dándole el espacio que pronto se convertiría en su favorito; sus manos se aventuraron al interior de mis shorts, era más que obvio decir que me los había puesto porque con ella había mucha piel que tocar. Apretujaron a su antojo mi trasero, hasta que uno de sus dedos comenzó a prepararme; volví a besarlo mientras comenzaba a acariciar su miembro por encima del bóxer... Definitivamente su amigo no era nada pequeño, de hecho, comencé a creer que había tomado alguna pastilla que se lo agrandara, pero a leguas se notaba que eso era natural. Acomodo su miembro en mi entrada y comenzó a empujar, lentamente, para evitar lastimarme; pero gracias a sus besos y caricias que utilizo para distraerme, el dolor fue casi nulo

Espero unos cuantos segundos hasta que empezó a moverse, mis piernas se enredaron al instante en sus caderas y mis uñas se aferraron a su espalda. Trate de apaciguar el enorme placer que recorrió mi cuerpo encajando mis uñas en su piel, esto lejos de dolerle lo excito aún más. Nuestros labios se encargaron de acallar los gemidos que amenazaban con salir de nuestras bocas, nuestros cuerpos pedían porque la unión fuera completa, pero ambos sabíamos que aún no era el momento. Se movió mas rápido cuando sentimos que el clímax estaba cerca, ahogue un grito mordiendo la almohada que tenía a un lado, y el salió de mi antes de correrse en mi vientre. Estaba a punto de hacer una broma sobre su ausente ataque de asma, pero vi como comenzaba a tomar grandes bocanadas de aire, tome el inhalador de su cajón y lo coloque en sus labios antes de presionar el botón. Cuando vi como recupero el aliento, lo tome del rostro besándolo, acariciando su mejilla, sin dejar de mirarlo a los ojos – Te amo- susurre tras apreciar como la luz de la luna iluminaban su pálido rostro, haciendo que sus ojos brillaran como un par de diamantes

-Yo también te amo-

-Steve... Yo pronto podré salir de este lugar...-

-Lo sé, yo quisiera quedarme, quiero convertirme en un alfa digno de ti-

-No necesitas cambiar tu apariencia... Te amo tal y como eres, fue tu forma de ser la que me hizo amarte con locura, tus detalles, tus hermosos poemas... Todo tu eres el alfa que quiero a mi lado, con quien quiero formar una familia-

-Eso lo sé, Anthony, pero quiero darte un buen futuro, y sé que aquí podre dártelo-. Estaba abrumado por su decisión, en el fondo me hacía pensar que él no quería estar conmigo, pero sabía que ese "sacrificio" era para nuestro bien. Sonreí acariciando su mejilla, bese una vez más sus labios y me acurruque en su pecho –Me encanta tenerte así, en mis brazos, pero tendrás que despertar un poco más temprano para que el odioso de Rhodes nos descubra-

-Ey, Rhodey es como mi hermano-

-Tuyo, no mío, cielo... ¿A qué horas pongo la alarma?-

-Ponla unos 10 minutos antes de que suene la trompeta-. No tardamos mucho en caer en los brazos de Morfeo, a primera hora de la mañana, lo primero que hice fue ir a la oficina del coronel para solicitar mi salida. Lógicamente no me fue negada, ya tenía la edad suficiente y mis materias estaban aprobadas; mi madre me recibió como toda típica madre, organizo una gran comida junto con familiares y amigos, mi padre...

-Espero que el tiempo que estuviste en esa militar lo hayas aprovechado-

-Si te refieres al uso correcto de las armas, no te preocupes, esas las manejo perfectamente. Y si te refieres a lo otro, olvídalo, el que me hayas metido a una militar solo hizo que confirmara mis gustos, padre. Te lo agradezco-. Ignore por completo la cara de enfado de mi padre, quería disfrutar de la comida que mi madre preparo. Por algún tiempo estuvo tranquilo, eso me calmo, pero a los pocos meses comenzó a presentarme las hijas de sus socios, en un burdo intento de que me "enamorara perdidamente" de alguna de ellas. Día tras día recibía una carta de Steve, cada una era diferente, siempre me preguntaba cómo era que lograba escribirlas sin que alguna repitiera la misma frase; en cada una el escribía las ansias que tenía por salir, para que por fin pudiéramos casarnos y formar la familia que el tanto ansiaba

La espera valió la pena, cuando menos lo espere, llego la última carta de Steve, en la que me decía que su tiempo en la militar había terminado y que a primera hora tomaría un avión para mi ciudad. Decidí hacer todo más memorable, organicé una cena en la que reuní a mi familia y mis amigos (Verdaderos amigos), lógicamente mis tías eran las más ansiosas en saber el motivo de la reunión –Ya, dime la verdad, Anthony, ¿Vas a presentarnos a tu novia?-

-No coman ansias, pronto sabrán de que se trata todo esto-

Las miradas de todos se posaron en un taxi que se detuvo en la entrada, tanto mis tías como mis primas se sonrojaron al ver que del coche bajaba un fornido rubio con unos hermosos ojos azules. Al principio me costó trabajo reconocerlo, pero con solo ver su mirada pude ver quien era; rápidamente corrí a la entrada, el ya había dejado la maleta en el suelo y abrió sus brazos, nos unimos en un efusivo abrazo antes de que nuestros labios se unieran. Varias copas cayeron al suelo, eran las que mis tías tenían en sus manos; pero lo que nos sacó de nuestra burbuja fue que mi padre me jalo del brazo, separándonos

-¡¿Qué demonios significa esto?!- grito a todo pulmón completamente molesto

-Lo que estás viendo. Familia, él es Steve Rogers, el hombre con quien deseo casarme-

-¡De ninguna manera! ¡Te envié a esa militar para que te volvieras...!-

-¿Un hombre? ¿Qué clase de pensamiento más estúpido es ese? Anthony fue uno de los mejores cadetes de la militar aun siendo uno de los pocos omegas que habían. Debería estar orgulloso de todo lo que su hijo ha logrado sin su ayuda, y aun si usted no está de acuerdo, yo me casare con Anthony, llevara mi marca y a mis cachorros-

-¡Pues no lo acepto! ¡Mi hijo no será un fenómeno como ustedes!-

-Entonces desde hoy dejo de ser tu hijo. Prefiero perder a un padre imbécil que a un hombre que me valora, que me quiere tal como soy. Steve, vámonos-. Dirigiéndole una mirada fría a mi padre, Steve tomo su maleta y ambos salimos de los jardines de mi ahora ex casa. En otra situación, aquel momento podría sentirlo lleno de angustia o temor, pero por alguna extraña razón, me sentía tranquilo de saber que no estaba solo. Eche una última mirada hacia atrás, mi mano tomo la de Steve, entrelazando nuestros dedos. Ese fue el comienzo de una nueva travesía...