Para el MDZS Language Fest en tumblr.

Prompt: grief (dolor)

La nota del dolor

Si Lan Xichen no lo supiera, pensaría que le habían arrancado el corazón, dejando únicamente un agujero, un vacío que ni el tiempo ni las lágrimas podrían llenar nunca. Había días en los que pensaba que podría sonreír de nuevo, pero luego recordaba el rostro de A-Yao en sus últimos momentos cargado de arrepentimiento —¿era sincero?, no saberlo era de las cosas que más le dolía, porque con sus traiciones sólo había sembrado la semilla de la incertidumbre ¿cuántas veces le había mentido?—. Se merecía ese sufrimiento. Había matado a alguien que amaba, con todo su ser, con sus propias manos.

¿Cómo aceptar tus errores y seguir adelante cargando con tanta culpa, con tanto dolor?

Si Jiang Cheng no se había encerrado en aislamiento voluntario había sido porque no quería dejar a Jin Ling desprotegido. Con la muerte de Jin Guanyao le tocaba por derecho ser el líder de la secta, pero era tan joven y había tantas personas que harían lo que fuera por quedarse ese puesto, que el líder de la secta Yunmeng Jiang temía que le hicieran daño a su sobrino. Sin embargo, algunos días se preguntaba si merecía estar ahí como si nada, como si no hubiera sido cómplice inconsciente de todo el mal que había caído sobre su familia; como si la arrogancia y la envidia no lo hubieran hecho dar la espalda a su mejor amigo, a su hermano del alma; como si el odio no lo hubiera cegado por tantos años y ahora no supiera qué hacer con él.

¿Cómo perdonar a alguien que te causó tanto daño, que destruyó todo? ¿Cómo se puede odiar tanto y al mismo tiempo desear que las cosas fueran como antes? ¿Cuántos duelos se supone que haga?

El trabajo era su única distracción, procuraba mantenerse ocupado para enmudecer los pensamientos invasivos con las tareas y preparativos para la próxima conferencia entre clanes. Trataba de no pensar el motivo por el cual ahora rotaban en lugar de celebrarse en la Torre de la Carpa Dorada. Mejor dedicarse a asegurarse de que las habitaciones estuvieran correctas, de que la comida que se preparara en las cocinas fuera la adecuada para recibir a la gente. Y una vez llegada la fecha, ser el anfitrión de las sectas.

Olvidar no es una opción; perdonar es difícil cuando no sabes por dónde empezar, cuando sabes que tú también te equivocaste.

Detestaba ese lugar, ahí habían empezado sus desgracias. Antes de esa visita al Receso de las Nubes su vida era feliz, a pesar de las inseguridades, a pesar de los miedos, a pesar de su madre diciéndole constantemente que no era suficiente, a pesar de su padre que no lo miraba y prefería a alguien que ni siquiera era de su sangre. Los tenía a los dos: a Wei Wuxian y a Yanli. Eso le bastaba. Los tres juntos serían invencibles. Pero ser el líder conlleva obligaciones y sin alguien quien lo sucediera o fuera en su lugar, no tenía más opción que ir.

Durante todo el viaje desde Yunmeng fue preparándose mentalmente para ver a Wei Wuxian y a Lan Zhan. Aún pensaba que todo es su culpa, si Wei Wuxian no se hubiera encaprichado con el menor de los hermanos… se le revolvía el estómago al pensar en que no fue un simple encaprichamiento. Pero, por suerte para él, Lan Zhan y Wei Wuxian habían salido de cacería nocturna y no estarían durante la conferencia.

Lo recibe Lan Xichen, aunque Lan Qiren siga siendo el jefe, cada vez más tomaba ese papel el mayor de los Dos Jades. Jiang Cheng lo mira con atención, el aspecto que ofrece no es mucho mejor que el suyo, diría que incluso es peor. Ha adelgazado y sus ojos están enmarcados con profundas ojeras, y aun así ofrece un aspecto arreglado y elegante.

La amabilidad, por un lado, la dureza, por el otro; ambas armaduras para que el mundo no se percate de lo que cargan. Sin embargo, los ojos los delatan. La sombra del dolor no permite al engaño.

Nunca le había costado tanto sonreír, antes le salía con tanta naturalidad, ahora sólo es una mueca pintada en su rostro perfecto de porcelana, un intento por fingir que sigue siendo el mismo Lan Xichen de siempre. Una mentira.

Pero cuando ve a Jiang Cheng algo inesperado ocurre: la sonrisa sale sin esfuerzo. Se sorprende a sí mismo, pero lo agradece, pues es prueba que al menos no ha perdido la capacidad de hacerlo. No conoce exactamente cuáles son los pesares del joven, pero sabe que hay algo que le pesa. Ya no es esa furia desatada, ese odio descontrolado que sentía por cualquier practicante del cultivo demoniaco, ni ese rencor por su compañero de la infancia. Pero hay algo ahí aún, algo más pesado y contenido, más similar a la tristeza, algo con lo que Lan Xichen puede sentirse identificado.

Una reverencia y el amago de una sonrisa en respuesta lo hacen sentir mejor que una taza de té caliente.

Si hay alguien que pueda entender tu dolor es otra persona que ha sufrido igual. No quieres compasión, quieres comprensión.

Pasa la semana sintiéndose inexplicablemente atraído por la presencia de Lan Xichen. Siempre lo ha admirado, pero el coraje que le tenía a esa familia siempre le impidió verlo como algo más que el hermano mayor de Lan Zhan. Ahora que lo ve distinto se da cuenta de que, aunque en apariencia sea tan similar, ahí acaba su parecido.

Le intriga la forma en la parece quedarse ensimismado en sus pensamientos cuando nadie lo mira; cómo aprieta los puños bajo las mangas cuando alguien menciona a Jin Guanyao; cómo sus ojos parecieran humedecerse cuando habla con Nie Huaisang. Sus movimientos pausados y cuidadosos, su sonrisa que no acaba de llegarle a los ojos, oscurecidos por esa tristeza que hace que Jiang Cheng quiera entender. ¿Siempre fueron tan así o es resultado de todo lo que vivió?

¿Acaso hay algo que pueda hacer que sonrías de nuevo? ¿Hay algo que pueda sanar las heridas del corazón?

Lan Xichen tiene miedo. Le aterra eso que comienza a sentir cuando está cerca de Jiang Cheng. Tiene miedo porque ya se ha sentido así antes, dos veces, y las dos veces su corazón acabó destrozado, las dos veces los perdió. No quiere pasar por lo mismo.

Pero las conversaciones con él lo hacen sentirse cálido y en calma. Las nubes oscuras se hacen un lado para dejar pasar un poco de la luz. No puede dejar de comparar a ese hombre firme con el adolescente asustado que conoció y darse cuenta de lo mucho que ha cambiado. Aunque en tanta firmeza y determinación alcanza a ver un resquicio de vulnerabilidad, algo que le hace desear protegerlo.

Los sentimientos no son algo que puedan controlarse: tristeza, dolor, enojo, resentimiento… surgen a la superficie por más que trates de ahogarlos y te envuelven en una espiral de desesperación; amor, alegría, esperanza… se abren paso pese a todo lo anterior, aunque tu cerebro grite que no mereces sentirte así, que no debes sentirte así, no hay manera de controlar al corazón.

Queda una sola noche para que termine la conferencia y para volver a Muelle de Loto, para regresar a su soledad. Para volver a encerrarse en los recuerdos de una vida mucho mejor, a cuando su familia vivía. A recontar uno por uno sus errores, a hundirse en la conmiseración propia.

Sale a dar un paseo a la luz de la luna. Sabe que está rompiendo una regla del Receso de las Nubes, que desde las nueve de la noche debería estar en su cama o al menos en su cuarto, no vagando por los jardines llenos de recuerdos. Pero el frío de comienzos de otoño le hace sentirse bien y el olor de las flores que florecen durante la noche le llena y reconforta.

No es el único que piensa de esa manera. Su camino se cruza con Lan Xichen, que mira a las estrellas con el ceño fruncido y lagrimas cayendo por sus mejillas. Trata de alejarse sin ser percibido, sin éxito, la voz del cultivador lo detiene.

—¿No puedes dormir? —le pregunta lo obvio—. Yo tampoco. No puedo dormir desde ese día.

No tiene que preguntarle a qué día se refiere. Jiang Cheng fue testigo de lo mucho que le dolió la traición de Jin Guanyao, aunque no conoce la extensión de su relación. Las palabras no le surgen así que sólo niega con la cabeza y se coloca a su lado en silencio.

La noche guarda mejor los secretos que el día. Hace que las barreras se caigan y poco a poco aprendan a confiar.

No sabe por qué lo hace. Empieza a hablar antes de percatarse de lo que está haciendo, pero conforme las palabras salen de su boca se va sintiendo más en paz. Le cuenta a Jiang Cheng todo: lo mucho que amó y lo mucho que perdió.

No pedía nada a cambio, con ser escuchado le bastaba. Pero Jiang Cheng lo escucha y, además, a cambio, le ofrece sus propios secretos: la culpa que carga por lo que ocurrió, el resentimiento que aún siente y el no saber cómo lidiar con todo eso.

Mientras hablan, sin ser realmente conscientes de ello sus manos se encuentran y cuando terminan de hablar ninguno quiere soltar al otro. El corazón se acelera y el aire cambia. Quedan frente a frente. No se miraban a los ojos mientras hablaban, así era más fácil, pero ahora no pueden despegarlos, como si buscaran una respuesta a lo que están sintiendo, como si quisieran confirmar que el otro se siente igual.

Lentamente, esperando el rechazo, Lan Xichen alza su mano para acariciar el rostro de Jiang Cheng y limpiar con su pulgar las lágrimas. Jiang Cheng se rompe aún más ante el contacto tan delicado y cargado de amor, algo que no había sentido desde hacía mucho. Y de pronto se encuentra entre los fuertes brazos del Lan Xichen, siendo estrechado con ternura. No puede hacer más sino responder de la misma manera, rodeándolo con sus brazos y recargando su rostro contra su hombro.

En una especie de acuerdo silencioso empiezan a caminar juntos, de nuevo las manos enlazadas, ninguno dispuesto a soltar primero. Se detienen frente a los aposentos de Lan Xichen, que parece dudar unos segundos antes de hablar.

—¿Te gustaría pasar la noche aquí? ¡No de esa forma! —se apresura a agregar cuando ve los ojos de Jiang Cheng abrirse en sorpresa y sonrojarse. Carraspea—. Sólo que me haría bien tener algo de compañía, y creo que a ti tampoco te gustaría dormir solo. Puedo dejarte mi cama, yo estoy acostumbrado a dormir sentado.

Jiang Cheng se siente aliviado. La propuesta lo había sorprendido y más lo había sorprendido darse cuenta de que no le hubiera disgustado. Pero era muy pronto para ello. Aún no sabía bien cómo definir eso. Sin embargo, al entrar de la mano en la habitación, se dio cuenta de que, fuera lo que fuera, no había ya paso atrás.

El dolor sigue siendo el mismo, nada borrará el pasado; pero con ayuda las heridas se curan más rápido. Con amor se puede reaprender a vivir.


Notas:

Sé que lo de Jiang Cheng en aislamiento voluntario sólo es del donghua, pero me servía para poner que no la había hecho, je.

La razón número uno por la que me gusta este ship es porque los dos merecen ser felices y tener cosas bonitas y no pasar el resto de sus vidas sufriendo, pero también me encanta lo angst que es que Lan Xichen haya matado a alguien que quería (ship o no ship), pobrecito bebé.

Anyways, espero que les guste, aunque sea un hot mess hecho en mis tiempos libres entre la vida adulta ;_;