Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Chimaki Kuori.


La primera semana de trabajo fue complicada. De cierta manera Algol estaba haciendo lo que le gustaba, lo que había estudiado, pero su jefa no se lo ponía fácil. Para su desgracia no había entrado directamente por sus habilidades, sino por recomendación, una extensiva recomendación que escondía tras de sí una amenaza de despido hacia aquel que fuera su jefe inmediato.

Pandora, su jefa inmediata, no estaba particularmente feliz por eso. En su experiencia la mayoría de los que entraban por "palancas" tenían la costumbre de ser inexpertos en la materia, así fue como terminaba trabajando con un montón de inútiles, como ella les decía.

Debido a la resistencia de su jefa, Algol terminó esa semana haciendo un montón de cosas que poco o nada tenían que ver con su profesión. Desde ir por los cafés hasta ayudar a Zelos con la papelería.

El primero de su clase, el sueño de toda su vida, y a eso se estaba dedicando, a contar las plumas porque Pandora sospechaba que alguien se las robaba cuando nunca contaba la que ponía sobre su cabeza, a veces para sostener su peinado; también tenía que ver quién ponía la música en las construcciones para motivar a los trabajadores o recibir al hermano de la jefa que iba cada tres días a pedir dinero.

Hubiera declinado después del tercer día, pero eso esperaba Pandora y no estaba dispuesto a complacerla. Por eso continúo yendo a trabajar y siguió haciendo cosas sin importancia. Cierta parte de él esperaba que en algún momento la pelinegra valorara todo su esfuerzo y le diera algo real, pero otra parte sabía que eso tardaría en pasar.

Ese soñado día llegó más pronto de lo que esperaba; casi dos meses después de su primera semana, cuando Zelos se reportó enfermo y Algol fue su reemplazo. Todo iba tranquilo y normal en sus primeras dos horas del día, hasta que se dio cuenta que en una de esas horas todo había estado silencioso, tranquilo, casi podía decirse que se respiraba una paz y calma poco vista en el trabajo. Algol pronto se dio cuenta de que nadie le había gritado e incluso había escuchado un par de bromas subidas de tono que sabía estaban terminantemente prohibidas.

Intrigado, dejó su lugar en el pequeño escritorio de Zelos y buscó lo que faltaba. Recorrió casi todo el edificio hasta que se dio cuenta, Pandora no estaba. Era una anomalía a la que no supo cómo reaccionar; se preguntó si debía de ignorarlo como los demás o por el contrario tratar de averiguar qué había sucedido con su jefa.

Su instinto lo hizo buscarla, volvió a recorrer todo el edificio y le preguntó a todos el paradero de la mujer; pasó veinte minutos en una búsqueda exhaustiva hasta que se detuvo en el pasillo inferior de la oficina de Pandora, el que tenía el baño de mujeres, el único baño para mujeres en todo el edificio. En su profesión no era muy común encontrar mujeres, las había, por supuesto, pero aún no había las necesarias para equilibrar la balanza. En sus estudios Algol solo había tenido cinco compañeras en toda su generación.

Caminó hacia la puerta sintiendo nervios; miraba el pasillo en repetidas veces para asegurarse de que nadie lo viera, había una cámara al final del pasillo que daba vueltas y evidenciaba lo que estaba pensando hacer, pero siendo rápido y ágil entró al baño justo cuando la cámara se movió.

Nunca había estado en un baño para mujeres, todo se veía tan limpio y en orden, era como un baño de lujo.

— ¿Quién está ahí?

Algol se detuvo cuando reconoció la voz, la voz de la mujer de sus pesadillas, su jefa, salir de uno de los cubículos. Cientos de dudas pasaron a la velocidad de la luz por su cabeza, pasaron aún más respuestas a la pregunta de Pandora.

— ¿Hola? — repitió la mujer.

Algol decidió la verdad.

— … jefa, escuché, esto no es lo que podría parecer, yo sólo la estaba buscando y este era el último lugar donde me faltaba ver.

— ¿Algol? ¿Eres tú?

— Sí, ¡Por favor no me despida! ¡Sólo estaba buscándola! — el rubio consideró arrodillarse, pero considerando el lugar en el que estaban no creía que ella quisiera abrir la puerta para ver sus súplicas.

— No te preocupes, eso no importa — Pandora tenía la voz baja, aguda, como si hablar le costara trabajo o le avergonzara. Tal vez era una mezcla de ambas.

— Escucha Algol, tengo un pequeño problema…

Por el lugar en el que estaban, Algol pensó en lo más obvio. Recordó una vez que se fue de juerga con Dio, Dante y Shaina; esa noche la chica estuvo diecisiete minutos en el baño hasta que alguien le consiguió papel, al menos esa era la anécdota que Dio contaba, él no recordaba mucho de ese día salvo los regaños de Katya por llegar tarde.

— No se preocupe señorita Heinstein, buscaré si en otro baño hay papel…

— No lo necesito — interrumpió la mujer.

El rubio se quedó en blanco por un momento, preguntándose qué sería tan importante como para dejar a una mujer atorada en el baño.

— Algol, necesito que me hagas un favor, es algo importante — la mujer calló por un par de minutos — tuve un incidente de último momento que desestabilizó mis planes y ahora necesito algo… algo importante o quedaré atrapada para siempre aquí.

— ¿Qué necesita?

— Quiero que vayas a la tienda y me compres… necesito… artículos de higiene femenina — terminó diciendo en voz baja.

— ¿Cómo dijo? — preguntó Algol pegándose por completo a la puerta para escuchar bien.

— ¡Necesito tampones! — gritó Pandora, asustando al rubio — toallas femeninas, una copa, lo que sea…

En jaque, Algol tragó saliva; tenía dos primas, había pasado mucho tiempo con ambas, pero nunca había sido testigo de sus "asuntos femeninos", una vez había visto a Mariya caminar extraño, pero había pensado que eso se debía a que ella había tenido un accidente en sus clases de baile.

— Bien… — dijo separándose de la puerta — yo iré a la tienda… usted no se preocupe, yo me encargaré de todo — aseguró caminando a la salida — espere aquí, no vaya a moverse.

Dicho eso, Algol salió corriendo con dirección a afuera, en el camino se aseguró de llevar consigo su celular y cartelera. No estaba lejos del centro comercial, por lo que no tardó en llegar y entrar al lugar.

Tenía nervios por la situación en general, nunca lo habían entrenado para esas cosas. En sus primeros años había sido criado para no involucrarse más de lo necesario en los asuntos de los demás, y naturalmente ninguna de las mujeres que conocía se había aventurado demasiado como para contarle lo que le sucedía a su cuerpo cada mes.

Tal vez a excepción de Shaina, cuando ambos pasaban mucho tiempo estudiando para sus respectivos exámenes universitarios. Pasaban horas en la biblioteca y sólo una vez Shaina había dejado de lado los libros y se había quedado quieta en su lugar; él lo había notado, pero no hizo nada hasta que escuchó una leve queja de su compañera.

Después de preguntarle si estaba bien ella le había pedido que la ayudara viendo si no se había manchado cuando se levantara para ir al baño. Primero Algol se había sonrojado, pero aceptó ayudar a su amiga haciendo todo lo que ella le pidiera, que también incluía dejar los estudios por ese día y pasar a comprar una bebida caliente.

Parado frente a la sección de cuidado femenino Algol miró confundido la variedad de productos frente a él, en ese momento quiso que hubiera alguna señora cerca que lo ayudara a explicarle cuál era la mejor opción. Rápidamente sacó su celular y buscó el teléfono de Misty; algunas veces había hecho la compra con él y siempre notó que su primo solía agarrar las cosas que le pedían sus hermanas sin problemas y sin que eso detuviera el chisme que estuviera contando, porque algo que sabía bien Algol era que nada evitaba que Misty contara un chisme completo.

Misty no le contestó, por la hora Algol supuso que tal vez estaba en alguna clase, así que dejó de lado a su primo para ir por la caballería pesada; caballería que llegó quince minutos después, una de ellas usando su camisa de trabajo y la otra con la ropa suelta que usaba para sus ensayos.

— ¡Espero que sea importante Algol! — dijo Katya acercándose a su primo — dejé a Shōko sola y ella no puede pasar cinco minutos sin comenzar a discutir con alguien.

— ¡Y yo dejé a la mitad mi ensayo! — agregó Mariya.

— Esto es importante, tranquilas.

Con paso decidido guío a las rubias hasta la sección femenina, dejando que ambas intercambiaran una mirada antes de explicarse.

— Mi jefa tuvo un problema y justo en estos momentos está atrapada en el baño esperando que yo le lleve… — sin saber cómo explicarse señaló todo el pasillo en el que estaban.

La expresión de molestia de ambas hermanas desapareció, Katya se acercó para darle un par de palmadas en el hombro al rubio.

— Entonces, ¿a tu jefa la visitó Andrés? — preguntó la mayor antes de mirar toda la variedad de productos.

— ¿Andrés? ¿Quién es Andrés?

— Es el periodo Algol, el perdido menstrual — dijo Mariya agarrando una caja — ¡Katya! ¡Mira! Este viene con un alhajero de regalo, ¿Podemos comprarlo?

— Pero ya tenemos muchos, yo estaba buscando el que tiene la plancha para el cabello.

— ¿Qué hay de la plancha de Misty? — preguntó la menor — no me digas que volvió a romperla.

— Se le cayó del tocador del baño — Katya se detuvo cuando vio un paquete que tenía maquillaje.

— Si quieres podemos comprar ese, sé que quieres verte bien para ese sujeto — dijo la menor parándose detrás de su hermana.

— ¡No sé de qué estás hablando! — exclamó la rubia mayor un poco sonrojada.

— Estoy intrigado por esa declaración, pero justo ahora tengo un asunto más importante entre manos, ¿creen que podrían ayudarme y después averiguamos lo de ese sujeto? — intervino Algol agarrando dos paquetes al azar y mostrándoselos a las rubias — ¿puedo llevar uno de estos?

— Esos son protectores diarios — Mariya se los quitó y se llevó la mano a la barbilla — ¿cómo es el flujo de tu jefa?

— Mariya, ¿qué te hace pensar que ella le dijo eso a Algol?

— ¿A qué te refieres con flujo?

Algol miró con una ceja levantada a las chicas frente a él; nunca puso realmente atención a sus clases de educación sexual que incluían su respectivo apartado donde les explicaban cómo funcionaban sus cuerpos, además de que había tomado esas clases con Babel, que se la había pasado haciendo chistes sobre cada cosa que explicaba la maestra como el adolescente que era.

— Bien, no voy a explicar esas cosas aquí cuando todos dijimos tener prisa — ante la afirmación Katya agarró dos paquetes y se los dio a Algol — lleva estos, flujo abundante por si acaso, nocturnas y normales, mejor que sea demasiado a muy poco.

— ¿Cómo fue que tú terminaste haciendo estas cosas? ¿Esa es la jefa que te trata mal?

— Nunca dije que me tratara mal — dijo Algol caminando hacia las cajas — sólo dije que ella no cree en mis capacidades porque básicamente me aceptó en su equipo por obligación.

— Bueno, tal vez esta situación cambie algo y se de cuenta que eres una persona comprometida, dispuesto a meterse incluso en las más serias situaciones — agregó la rubia menor, parándose a un lado de su primo — ¿me compras un chocolate?

— O podría endurecer su carácter ya que la viste en una de las peores situaciones — dijo Katya.

— ¿Puede hacerlo?

Algol se preocupó, una Pandora aún más ruda era lo último que quería; tal vez esta nueva Pandora lo pondría a lavar los baños o peor aún, lo convertiría en el asistente de Zelos.

— Parece el tipo de mujer con un carácter fuerte, que no le gusta que la vean flaquear — afirmó Mariya antes de morder su chocolate.

— Sólo lo sabrás cuando regreses a la oficina.

Diez minutos después las palabras de Katya sobre su regreso a la oficina se cumplieron; Algol caminó hacia el único baño de mujeres cargando una bolsa con sus paquetes de toallas femeninas y varios chocolates que Mariya le dio para Pandora. Pasó las pruebas de seguridad con éxito y entró al baño de damas sintiendo los mismos nervios de la primera vez que entró, también tenía cierta sensación de desasosiego, no podía evitar temer que por alguna razón Pandora lo despidiera, aunque la pelinegra no tuviera una razón real para cumplir el hipotético escenario.

— Jefa, aquí están sus cosas — dijo pasando la bolsa por la parte de arriba de la puerta del cubículo — no sabía qué comprar, pero afortunadamente me ayudaron…

— Gracias Algol — dijo Pandora en voz baja, había perdido la cuenta del tiempo que llevaba ahí — ¿Algol? ¿Crees que podrías dejarme sola un momento?

El rubio se dio cuenta de que se había quedado quieto mirando la puerta del cubículo, por lo que comenzó a disculparse y salió del baño. Mientras esperaba afuera se mentalizó para lo peor después de decidir que definitivamente debía de involucrarse más en la vida de sus conocidas, particularmente en cuanto al tema femenino se trataba, tal vez podría ser un poco extraño, pero tampoco podía parecer indiferente.

Cuando la puerta se abrió Algol miró a Pandora, quien se apoyó en la pared y miró a su empleado sin ninguna expresión en particular, aunque le indicó a Algol que ella hablaría, era la misma falta de expresión que ponía Hades cuando estaba a punto de pedir dinero para pagar gasolina para su moto.

— Gracias por comprarme esto — dijo la pelinegra alzando la bolsa.

— No fue nada jefa, esas cosas suelen pasar… supongo, en realidad no lo sé y tampoco es que no sea sensible a esto...

— No es necesario que te sobre expliques — interrumpió Pandora — bueno, debemos de regresar al trabajo, ambos hemos estado ausentes demasiado tiempo.

Sin decir nada más Pandora se dio la vuelta y se alejó lentamente, dejando a Algol quieto. Al menos no lo habían despedido.

Al día siguiente, con Zelos de vuelta en su puesto de trabajo, Algol se dirigió a la oficina de Pandora esperando saber cuál sería su próxima tarea; tal vez volvería a contar las plumas, organizar los recibos, esperaba no tener que ir por los cafés, la ciudad era un caos en esos momentos. Contrario a lo que esperaba, Pandora estaba mirando los planos de su nuevo proyecto rodeada de varios ingenieros y algunos de los hombres que trabajarían en la construcción. Su llegada provocó que todos lo voltearan a ver, causando en él una leve vergüenza.

— Lo siento, regresaré más tarde — dijo.

— Algol — habló Pandora antes de que él cerrara la puerta por completo — ¿por qué no vienes a echarle un vistazo a esto?

El rubio no tardó en abrir la puerta por completo y mirar a su jefa sorprendido, de cierta manera ilusionado por la invitación.

— ¿Yo? ¿Está segura?

— Sí, creo que es lo menos que puedo hacer por tí.

Algol quiso decirle que ella no le debía nada, que había ayudado sin esperar algo a cambio excepto seguir conservando su empleo, pero calló, eso no le demostraría a Pandora que él era por completo capaz en su trabajo, la mejor manera de hacerlo era unirse al equipo y aprovechar la oportunidad que se estaba presentando frente a él en ese momento.