Este pequeño ficcito participa en el evento de imágenes del chat de wspp de Imaginación Fanfiction. De nuevo, la hermosa AV – bocetos (separado porque ff lo corta), nos dio permiso para usar su maravilloso arte.

Me tocó proponer imagen, así que usé el BoruSara de mis amores. Además, era mi turno de repartir colores y tras sortearme, me tocó granate.

Sin más, ahí vamos.


¿Y si les contamos?


Ocultar una relación era algo pesado. Mas cuando la idea de ocultarla no era algo intencional, simplemente se preguntaban ciertas cosas. La primera: ¿serían obvios a ojos de los demás? Ella provenía de un clan en que los afectos amorosos no eran tan demostrables como en otros, pese a que su madre era cariñosa con ella, con su padre solía controlarse.

Él provenía de una familia amorosa, ruidosa y que no parecía tener problemas a la hora de demostrarse amor. Aunque su novio se empeñara en hacer creer al resto que no. Hasta su cuñado, Kawaki, se había mofado alguna que otra vez en compararlo con una especie de perro ladrador, pero poco mordedor.

Quizás el hecho de que crecieran juntos y que siempre estuvieran juntos no variaba, aunque lo hacían sí. Sin darse cuenta, era algo tan normal para el resto que nadie hizo la típica pregunta y ellos tampoco lo confirmaron.

—¿Y si les contamos? —dijo una tarde de verano ella, mientras caminaban hacia la habitación de Boruto. Él se detuvo para mirarla, con las manos en los bolsillos y una ce sus cejas levantadas—. Sobre nosotros.

—¿El qué exactamente? —cuestionó con cierto recelo—. Hay cosas que dudo que quieras que tus padres sepan.

Sarada infló las mejillas como respuesta.

—Sabes de sobras a qué me refiero —protestó entre dientes.

Él esbozó una pícara sonrisa Uzumaki, esas que parecían ser heredadas por todos los hombres de su familia, sesgada, justa, adorable y fulminante para aquellas mujeres que se sintieran atraídas por sus genes.

—Bueno, es que esas cosas se me vienen a la cabeza —bromeó. Se acercó más hasta cubrirla con su altura. Era algo que Boruto adoraba hacer desde que la pasó—. ¿O tú no?

Sarada se lamió los labios. Se tomó su tiempo en responder. Recordaba todas y cada una de las cosas que habían hecho juntos. Desde su primer y torpe beso a su primera puesta de sol. De la forma en que enlazaron sus manos o hasta cómo durmieron juntos bajo aquella manta en invierno mientras esperaban el tren. O cómo su cuerpo se encendía cada vez que la tocaba desde la primera que estuviera en sus brazos.

En su rostro la sonrisa de Boruto aumentó.

—Sí, no necesitas decírmelo. El color granate de tu cara es una clara respuesta.

Sarada levantó ambas manos contra sus mejillas, apretándolas.

—¡Y pensar que tienes este aspecto angelical cuando por dentro eres un demonio! —acusó.

La sonrisa de Boruto fue desapareciendo a un gesto más dulce que conocía. Pero antes de que pudiera besarla, alguien silbó detrás de ellos.

—Buscaros una habitación.

Kawaki, junto a Hinata, caminaban por el pasillo en dirección al dormitorio del chico. Hinata sonrió al verles, como si nada, mientras que Kawaki entró después, siguiéndola.

Sarada y Boruto se miraron en pestañeos de curiosidad.

Ambos les siguieron.

—Espera. ¿Mamá? —cuestionó Boruto—. ¿Lo sabes?

Hinata les devolvió una sonrisa amable como respuesta.

—Todos lo sabemos —contestó Kawaki por ella—. Hasta los padres de Sarada.

La pareja se miró, confusa.

—Entonces… —farfullaron a la vez.

—Sasuke entró un poco en pánico —reconoció Hinata—, pero Sakura sabe cómo pararle. Aunque no diré que tu padre lo hace fácil.

Ahora entendían ciertas cosas cuando estaban ambas familias juntas. Aunque era algo tan natural que nunca se les ocurrió pensar que sería por ellos.

Sarada y él se miraron, comprendiéndose como siempre por las miradas y los gestos. La tomó de la mano, besándole los dedos.

—Pues no parece que tengamos que decirlo.

—No.

—Bueno, a vuestros padres seguro que les gusta más que se lo digáis —indicó Hinata—. Están esperando, desde luego, así que tomaros el tiempo necesario. No tiene por qué ser ahora mismo, pero sí quizás antes de… no sé…

—Casaros, tener hijos, mudaros —terminó Kawaki más directo.

Sarada volvió a tomar aquel color tan característico suyo. Se subió las gafas, nerviosa.

—Creo que… no tardaremos tanto —objetó.

Boruto se encogió de hombros.

—¿Quién sabe? Igual cuando tengamos un mocoso tu padre ya no quiera cortarme en pedacitos.

—También puede convertirte en una cosa quemada. Boruto a la brasa suena bien.

—¡Kawaki! —protestó Sarada—. Mi padre no es tan cruel y no da tanto miedo.

La sala se quedó en silencio. Hinata ni siquiera la miró, suspirando como si recordara algo del pasado.

—Bueno, no es muy normal quemarle la túnica a alguien que le ha regalado una flor a su esposa… —Murmuró.

—Es que… papá es algo celoso —reconoció—. Aunque de alguna forma eso hace feliz a mamá.

—Y papá también mandó a volar a aquel tipo que te dijo que le gustaba tu camiseta, mamá —recordó Boruto.

Hinata se llevó las manos a las mejillas, sonrojada.

—Sí, bueno, pero, cuando se trata de nuestros hijos es muy diferente. Tu padre está temiendo que Himawari crezca, así que imagínate.

—¿Y qué pasa conmigo? —cuestionó Boruto incrédulo—. Ella podría violarme, comerme y hacerme trocitos.

Sarada le dio un codazo y Hinata suspiró.

—Ha tenido mucho tiempo para hacerlo y no lo ha hecho —indicó—. Más bien, me parece que tú serías el peligro para ella.

Sarada asintió repetidas veces y, esa vez, él le pellizcó el trasero, obligándola a dar un saltito. Entre bromas y picadas, desaparecieron de la habitación, interrumpiendo la conversación. Sólo alcanzaron a escuchar a Kawaki quejándose de que eran unos críos.

Y puede que fuera cierto. Estaban en esa fase, quizás, pero valía la pena vivirla. El futuro tenía las puertas abiertas para recibirles. Si el destino decidía que continuaran, ellos irían, tomados de las manos y con el corazón enlazado.

—¿Y si les contamos, Sarada?

—¿El qué?

—Lo mucho que nos amamos.

Fin

10 de julio del 2021

¡Gracias por leer!

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