Miraculous Ladybug no me pertenece, tampoco sus personajes, de ser de otro modo el Lukanette sería canon aunque tenga mejor cadencia que todo lo demás (no offense), disfruten este pedacito de mi corazón que se murió luego de ver Wishmaker.


La respiración agitada, el sudor frío y pegajoso en su nuca, en su frente, las manos adoloridas de tanto tener los puños cerrados, y la oscuridad reinante a su alrededor.

¿Dónde demonios estaba?

Luka respiró con dificultad mientras sus ojos se acostumbraban lentamente a la oscuridad.

El vaivén se hizo presente, ese bamboleo al que estaba tan habituado, el barco meciéndose y convirtiéndose en un arrullo suave que no le daba calma...

—Una pesadilla —musitó con la garganta hecha un nudo —, fue una maldita pesadilla —gruñó para sus adentros mientras se tallaba el ojo con una mano, como si aquel gesto violento pudiera ayudar a borrar las imágenes que amenazaban con grabarse a fuego lento en su cerebro.

Primero las palpitaciones, después la dificultad para respirar, y entonces Luka comprendió que debía salir de su camarote.

—No, no, no, ahora no —murmuró para sí mismo mientras subía por la escotilla y corría hacia cubierta.

El camino se le hizo eterno, cada escalón se sentía como subir diez mientras el sudor frío seguía brotando y brotando hasta cubrir por completo su piel, cada paso que daba retumbaba contra todo su cuerpo, haciendo eco en los rincones del barco, convirtiéndose en un sonido atronador que le taladraba los oídos. Abrir la escotilla se sintió como tratar de mover una montaña, pesaba, sus manos estaban sudadas, se resbalaban por el metal y él comenzó a hiperventilar por aquello, obligándose a sí mismo a mantenerse enfocado para poder salir.

Caía una brisa muy ligera en París. El vaivén del bargo le hizo golpearse los costados mientras avanzaba a tropezones por el pasillo, se resbaló un par de pasos antes de llegar a la proa y dejarse caer de espaldas, con los brazos abiertos mientras la lluvia le cubría lentamente el rostro, lavando los vestigios del sudor y de la desesperación.

No podía respirar, algo se hinchaba lentamente en su pecho, obstruyendo su garganta, sus pulmones, le dolía la cabeza, sentía cada palpitación de su corazón martilleando contra sus sienes, contra su garganta, contra su pecho, se estaba asfixiando mientras la adrenalina le recorría todo el cuerpo, pateaba hacia el aire, tratando de deshacerse de toda esa energía que no le permitía respirar.

Lloraba...

Sus ojos estaban cubiertos de lágrimas mientras él tiraba golpes al aire, apretando tanto los dientes que podía escucharlos rechinar contra cada rincón de su ser.

Abrió la boca, apretó el gesto, parecía un grito, pero de su garganta sólo emergió un siseo ahogado, como si no pudiera emitir sonido alguno.

Aquel grito silente se extendió durante largos segundos mientras Luka apretaba los puños y contraía el cuerpo, las rodillas contra el pecho, los pies hacia el cielo. Y junto con el rayo que surcó el cielo, junto con el trueno que cimbró la tierra, Luka soltó el cuerpo sintiendo que su cuerpo recuperaba la calma poco a poco.

Podía respirar.

No tenía fuerza para moverse, ya no quedaba ápice de energía en sí mismo.

Jadeaba por el esfuerzo mientras las gotas se volvían cada vez más gruesas y le golpeaban con un poco más de fuerza.

Cerró los ojos agradeciendo que aquello hubiese pasado por fin, recordando que la última vez que había tenido un cuadro de ansiedad había sido seis años atrás, un día en el que había peleado contra otros niños de su antigua escuela para que dejaran de molestar a su hermana.

Recordaba haber llegado a casa empapado por haber corrido todo el camino de regreso una vez que dejó a Juleka a salvo con los profesores. Recordaba la descarga de adrenalina, recordaba la opresión en el pecho, recordaba aquella sensación maniática de energía desbordante que lo llevó a recorrer un trayecto de treinta minutos corriendo.

—¿Por qué ahora? —espetó entreabriendo los ojos mientras las gotitas de lluvia lavaban el sudor de su frente y de su cuerpo.

Es como una tormenta —había explicado la psicóloga infantil al niño y a su madre mientras terminaba la consulta de ese día —, hay tormentas que duran más que otras, algunas vienen con mucho viento, truenos y rayos, otras son como una lluviecita tranquila. Y, como las tormentas, en algún momento termina. Es mejor pasar una tormenta con la gente que te ama.

Luka había pasado años siguiendo las indicaciones de su terapeuta, a pesar de haber suspendido tratamiento ocho meses después al haber sido dado de alta como todo un niño grande, había memorizado cada ruta de escape que su psicóloga le había dado saltando de una a otra cuando no daban resultado, la ansiedad había desaparecido dos meses después de haber sido dado de alta y, luego de retomar su pasión por la música, no volvió a tener otra crisis... Hasta esa noche.

Marinette...

Su rostro lo golpeó de lleno, su sonrisa invadiendo su mente, intoxicando sus sentidos.

Suspiró más tranquilo mientras imaginaba a Marinette tomándole de la mano para correr y alcanzar al heladero Andree, pero luego lo golpeó la imagen de Ladybug herida, su pesadilla.

Suspiró, fue un gesto entrecortado, fue un sonido lastimero en el que expresaba todo su dolor.

Marinette.

El motivo de su calma se había convertido también en el de su desesperación. Sintió un vacío profundo en el estómago al recordar los sucesos de la tarde. El momento en el que descubrió que Marinette...

Verla ahí, vestida de hada, sonriendo con inocencia mientras se disponía a cumplir sus sueños y su deber...

Lo golpearon todos los recuerdos, cada vez que llegó tarde a una cita, cada vez que lo dejó plantado, cada vez que le dio una mala excusa, cada momento en el que se desaparecía durante los ataques de akuma y volvía después, disculpándose hasta el cansancio...

Y luego esa conversación en el puente, en el que ella le decía que no podía contarle su secreto...

Tenía vagos recuerdos de aquella akumatización. Recordaba haber luchado contra el akuma, recordaba que su prioridad no había sido capturar a los héroes de París, sino aprovechar el poder que Hawk Moth le había brindado para luego renunciar al akuma.

Luka se incorporó lentamente llevándose las manos a las sienes, sintiendo el dolor de cabeza intensificarse. Sentía el dolor en el estómago, las ganas de vomitar, las agruras en la boca del estómago, mientras se incorporaba por completo, dando traspiés por la cubierta antes de dirigirse hacia la ducha.

Lanzó la ropa mojada hacia un costado y abrió el agua caliente, permitiendo que aquella sensación terminara de barrer su dolor.

.

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El cielo estaba clareando. No había dejado de llover en toda la noche, así que la luz que se colaba por su ventana tenía una tonalidad gris que le abrumó por un momento. Su teléfono emitió un arpegio, las primeras notas de la canción de Marinette, el muchacho sonrió al ver que la joven lo invitaba a salir con ella esa mañana, para despejarse luego del drama del día anterior...

Drama...

.

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Luka llegó en su bicicleta hasta la panadería y sonrió ofreciendo su caso a Marinette, aquella rutina preestablecida en la que el mutismo se convertía en pauta y sus respiraciones adoptaban la identidad de música de fondo. Aunque aquella mañana se sintiera diferente, como si ambos tuviesen mucho que decirse el uno al otro, pero no encontraran el valor para hacerlo.

Marinette guardó silencio cuando se percató de que Luka tenía los ojos hinchados, se abrazó a su torso y le permitió disfrutar de aquella calma mientras se dirigían hacia cualquier lugar de la ciudad para pasar un rato agradable. Luka se percató de que Marinette se mordía la parte interna del labio, no hizo ninguna pregunta para sacarle la verdad. Se dirigieron hacia el sitio que Marinette le indicó, percatándose de que habían terminado en una carpintería.

—Buenos días —murmuró Marinette quitándose el casco e ingresando al sitio mientras un hombre mayor de cabellos canos y sonrisa amable salía a recibirlos.

—¡Ahí está mi niña de la buena suerte! —exclamó el varón mientras Luka entraba tras ella, sorprendida por el recibimiento.

—Este es el muchacho del que te hablé —dijo Marinette con una sonrisa orgullosa mientras Luka le extendía una mano y una sonrisa a aquel hombre, muriendo de curiosidad.

—Sí, tiene las manos adecuadas.

.

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El atardecer cayó sobre ellos suavemente, ni siquiera se percataron de cuándo había corrido tanto tiempo, pasar la mañana en aquel taller mientras el carpintero le hablaba a Luka de las maderas adecuadas, Marinette explicándole que había llevado un pedido de pan a ese hombre unos días atrás, antes de un ataque de akuma. El carpintero explicándole que Marinette le había indicado cómo llegar al refugio más cercano y luego salir corriendo para asegurarse de que sus padres estuvieran bien.

Y después deambular por la ciudad, más tranquilos el uno en compañía del otro, relajados por un día libre, la cita que nunca pudieron tener y por la que tanto lucharon.

Qué ironía poder tenerlo todo ahora.

Conciertos callejeros en la torre Eiffel, una taza de chocolate caliente en algún balcón, comer crepas en algún puente y toparse con Andree por accidente, disfrutar de la charla o del silencio, de las explicaciones musicales de Luka, de los arranques de inspiración de Marinette, y ahora caminar juntos, con la bicicleta de por medio mientras Marinette terminaba de beber su tercer chocolate con avellana.

La chica tomó a Luka por sorpresa cuando rebasó la bicicleta para situarse a su lado y tomar su brazo en un gesto inocente, disculpándose por adelantado.

—¿Qué pasa, petite?

—Quería darte las gracias.

—¿Por qué?

—Ayer fue un día muy agitado, lo que pasó con tus instrumentos y...

La bicicleta golpeó el suelo, los cascos, las pertenencias de ambos salieron botadas lejos, Luka apresaba el cuerpo de Marinette mientras temblaba levemente, la chica estaba pasmada por aquello, por unos segundos no supo qué hacer, podía sentir toda la tensión en el cuerpo de Luka, podía sentir todo el miedo que el muchacho experimentaba en ese momento, así que le tomó largos segundos reaccionar y rodear el cuerpo de su amigo con ambas manos, cerrando los ojos y suspirando, haciéndole imitar el gesto.

—Sólo... —murmuró contra el cuello de la chica —Sólo prométeme que no te va a pasar nada, ¿sí? Ayer me asusté mucho durante el ataque de akuma, y sólo podía pensar en ponerte a salvo, no sabes lo aliviado que me sentí cuando volví por ti y estabas intacta. Sólo prométeme que nada te va a pasar.

—Oh, Luka —musitó Marinette acariciando el cabello del muchacho mientras las lágrimas brotaban en los ojos de ambos, ¿podía prometer aquello? —¿Qué ocurre?

El muchacho soltó una risa pusilánime antes de liberar a la joven y sonreírle, poniendo las manos en sus hombros y haciéndole suspirar.

El muchacho compuso una mueca de disculpa antes de bajar el rostro, avergonzado de sus acciones, pero sabiendo que no había persona con la que estuviera más a salvo.

—Yo... —comenzó inseguro, rascando su nuca y desviando el rostro un momento —Es que yo, yo tuve un ataque de pánico anoche —confesó en medio de un suspiro pesado —, he tenido una pesadilla y desperté mal. Te veía a ti, afectada por el ataque del akuma y no había Ladybug, Chat Noir, Carapace, Viperion o Rena Rouge suficientes para salvarte, ni siquiera yo.

—Oh, Luka —murmuró Marinette antes de lanzar sus brazos alrededor del cuello del muchacho, sintiendo las manos suaves que le apresaron la cintura en un gesto dulce.

—Yo sólo quiero saber que estarás a salvo, siempre te voy a respaldar y a proteger, siempre que pueda estar a tu lado durante los ataques de akuma estaré ahí para protegerte —prometió con tal intensidad que Marinette se puso tensa en su sitio, segura de que habían descubierto su secreto, sin embargo, Luka suspiró y continuó —. Ladybug y Chat Noir pueden salvar París, yo me encargaré de protegerte siempre que esté a mi alcance hacerlo. Te respaldaré sin importar qué.

Marinette se tragó aquella excusa. Suspiró creyendo ciegamente en las palabras del muchacho mientras sonreía dulcemente, de nuevo entrelazando sus dedos con los cabellos del guitarrista para darle algo de paz.

—Yo también... Yo también voy a protegerte siempre, Luka.

Una parte de ambos sabía.

Una parte de ambos estaba segura de que las promesas eran para los héroes.

El resto de ellos se permitió engañarse a sí mismos, como si aquella fuera la promesa de dos adolescentes que no son héroes ni tienen el deber de salvar su ciudad.

Y de nuevo, Luka pudo dormir tranquilo. De nuevo Marinette se convertía en analgésico para sus males, en la perfecta medicina para su ansiedad. No sólo su ansiolítico, su amuleto de la buena suerte.

Caminaron tomados de la mano, Luka recuperó su bicicleta y el resto de las cosas, y se permitieron volver a casa de Marinette tomados de las manos, dándose soporte, dándose ánimos, brindándose seguridad el uno al otro, puesto que, ante el futuro incierto, tener algo a lo que aferrarse era excusa más que suficiente.

—Te quiero, petite —murmuró Luka al despedirse, antes de besar la mejilla de Marinette y hacerla sonrojarse —, pareces una Coccinelle cuando te sonrojas así... Sí... Une petite coccinelle —añadió antes de despejar el rostro de Marinette y hacerla sonreír.

—Te quiero también —respondió ella a media voz mientras Luka le daba la espalda y se disponía a irse.

Por supuesto, el muchacho la escuchó, su oído era agudo, él era un músico, así que escuchó ese "te quiero también", así como escuchó a su musa cuando salvaba a Anarka la primera vez que se convirtió en Captaine Hardrock, así como la reconoció aquella ocasión en que le salvó, así como cada vez que quiso hacer oídos sordos, pero igual le escuchó.

Ahora no quedaba duda de que era ella, su musa, su coccinelle...

Luka sonrió retirándose del lugar, sabiendo que París estaría a salvo, sabiendo que no había nadie más capacitado para hacer ese trabajo que ella, y sabiendo que él siempre la protegería, incluso mejor que el gato, a pesar de todo.

Ella sería su ansiolítico, él sería su escudo. Y juntos protegerían París.