"Presentaciones"

Naruto x Hinata.

Naruto y Hinata, a pesar de lo que pareciera, intentaron iniciar su amor con lentitud, sin apresurarse demasiado ni presionarse para cumplir cosas que eran factores en una relación. Se conocían desde niños, sí, pero en el sentido superficial de la palabra, por eso decidieron en un acuerdo mutuo —sin necesidad de decirlo— que llevarían su dulce amor con un ritmo que los llenara de todo lo bueno que podían entregarse. Mucho afecto, pocos formalismos, las estaciones avanzaban y ellos se emocionaban por cada día venidero en compañía del otro.

Pero hay cosas que no se pueden postergar por siempre.

Decidieron partir mostrándose como una pareja ante todos sus amigos. La mayoría ya sabía de su relación, pero sólo a través de suposiciones o chismes, así que presentándose juntos esa noche a una de las reuniones de "los doce novatos" terminarían de una vez con las habladurías.

Cuando entraron tomados de la mano al local de BBQ, los silbidos y suspiros de ensoñación no se hicieron esperar.

—¡Naruto bastardo! ¡Sabía que un día pondrías tus ojos sobre nuestra Hinata!

—Hinata no es nuestra, Kiba, ¿por qué? Porque ella es una persona libre y por lo tanto puede hacer lo que le plazca.

—¡Shino! Tus comentarios le quitan la emoción al momento. —Esa fue Ino, alzándose escandalosamente y propinándole empujones a propósito a Sakura—. ¡Chicos, hacen una pareja maravillosa! Aunque ya lo sospechaba, nada se me escapa.

—Mueve tu grandísimo culo, Ino-cerda. Yo soy la más cercana a ellos, era mí deber felicitarlos primero. —Se quejó la ninja médico.

—Según los libros sobre relaciones románticas, si alguien se declara y luego ve a quién le rechazó con otra persona, suele reaccionar con celos, aunque los estás ocultando eficazmente. Sakura, tienes mi apoyo, ya pasará. —Y dándole unas palmaditas de consuelo, Sai terminó su pequeño discurso, justo antes de que recibiera un par de coscorrones por las dos féminas fúricas. Todos soltaron risitas discretas.

Todos menos Neji.

—Sabía que este día llegaría... —murmuró, con un aura depresiva rodeándolo. Rápidamente alzó su mano y pidió un jugo de naranja, para pasar la pena. Ya se encargaría de cantárselas a Naruto cuando pidiera oficialmente cortejar a Hinata-sama ante el clan. Shikamaru, que estaba a su lado, sintió vergüenza ajena y optó por tomar las riendas de la situación.

—Bueno, felicidades a ambos. Ahora, ¿van a quedarse ahí parados esperando una frasecita de cada uno o se sentarán? Miren que mientras hablamos, Chouji arrasa con toda la carne.

Un clamor general rompió el momento y dio paso a una agradable velada, llena de risa, comentarios sugerentes y bromas. Naruto y Hinata salieron juntos del lugar y se sonrieron, sabiendo que lo más simple había sido superado con éxito. Lo difícil sería al día siguiente.

Naruto Uzumaki, el que era probablemente el shinobi más fuerte del momento, se sintió minúsculo ante esas puertas de madera noble. Tragó grueso, la gran mansión Hyūga siempre le había causado temor, pero saber que adentro lo esperaba un posible suegro más agrio que el limón, una cuñada impredecible, un primo-hermano-guardián sádico y otro guardián pasivamente peligroso, lo tenía sudando sangre. No sobreviviría a cuatro Hyūgas de élite bloqueando todos sus puntos de chakra a la vez.

Estando ante ellos, tieso como un palo y blanco como un papel, pensó que prefería enfrentar un enemigo poderoso a eso. Hinata no estaba presente, así que el poco apoyo moral que deseaba recibir era nulo. Soltó el aire contenido en sus pulmones de forma entrecortada y habló, con voz trémula.

—Vengo a pedir la bendición de usted... De la familia, para mi relación con Hina. ¡Hinata! —corrigió rápidamente. Sudaba copiosamente ante las miradas nacaradas y el silencio—. Por favor... Señor.

Si él tuviese que juzgarse a sí mismo, se hubiera puesto cero, por bruto. ¿No que debía pedir la mano? No, eso era para casarse, y ellos recién estaban saliendo. ¡No es que no quisiera casarse! Quizás algún día no muy lejano, tampoco tenía prisa. ¡Es decir! Qué sí quería, pero a su momento, definitivamente no la estaba menospreciando... Y un momento, ¿por qué estaba manteniendo ese estúpido diálogo interior? Se sentía perseguido, tal vez porque algo le decía que los Hyūga leían mentes o veían a través de sus ojos —y hasta podían mirarle el cerebro—, o eso teorizaba. Intentó dejar de pensar tarugadas, por si acaso realmente leían su mente, pero cuando volvió su atención a los demás sus nervios se dispararon al ver sus expresiones. ¡Sólo podían mirarlo de esa forma si conocían sus pensamientos!

Hanabi ahogaba risitas poco discretas mientras que Neji lo miraba con esa expresión que ponía cuando Gai o Lee hacían alguna de sus extravagancias. Era terrible recibir esa mirada de él, pues se sentía tan bajo como un gusano enfundado en un rídiculo traje de entrenamiento verde. ¡No era por ofender a los cejotas! Con un demonio, ¡ya estaba pensando babosadas otra vez!

Hiashi Hyūga carraspeó y Naruto creyó que su alma se mandaba a cambiar. Detrás del importante jefe del clan, el sirviente y cuidador de su adorada Hinata; Ko, lo miraba con unos ojos pintados de condescendencia. Era el menos tétrico de los presentes y hasta lucía agradable. Listo, aquel hombre recién conocido sería su soporte moral y emocional mientras durase la sesión de tortura.

Tenía sus ojos tan fervientemente clavados en las ropas blancas de Ko que ni siquiera la voz de su casi suegro lo hizo desistir.

—Sabes que estarás cortejando a la heredera del clan más prestigioso de Konoha. ¿Lo entiendes? —El rubio asintió tan fuerte que temieron se lastimara el cuello. Hiashi lo miró extrañado, ¿qué le pasaba a ese chiquillo?—. Comprendes que tu sangre interferirá con la pureza de nuestra línea sucesora, ¿no? ¿Qué harás en cuanto a esto?

—Soy Uzumaki, descendiente de Ashura, hijo de Hagoromo y hermano de Homura, su ancestro. Provenimos de Kaguya. Señor.

Neji alzó una ceja, incrédulo de que Naruto pudiera recepcionar esa información detalladamente. Hiashi se inclinó levemente hacia el hijo del Yondaime, en tono confidencial.

—¿Me estás diciendo que hay posibilidades de que nuestra sangre no se diluya tan fácilmente?

Naruto, que llevaba todo ese rato sin pestañear, aseveró con sus ojos ya rojos, agujereando prácticamente al pobre Ko.

—Daré todo de mí para que mis hijos sean dignos Hyūgas, señor.

Hiashi formuló una sonrisa leve de suficiencia y se permitió jugar un poco con los nervios del chico.

—¿Tendrán el Byakugan entonces?

Naruto casi se echa a llorar.

—Pondré todo mi esfuerzo en que así será —prometió, ya desastroso con las lágrimas corriendo y las mejillas rojas por pensar en la "intensidad" que tendría que aplicar si quería llegar a tener mini Hyūgas con ojitos blancos. De eso dependía su futuro con Hinata.

—Bien. Tienes mi bendición entonces —soltó Hiashi sin más, dejando anonadados a todos. ¿Qué? La guerra lo había ablandado y ya no está en edad de ser un viejo problemático, Además, solamente iban a salir, lo de la descendencia era sólo una bromita. Deseaba relajarse y tomarse las cosas con calma.

Mas un ruido sordo hizo a los Hyūga pegar un sobresalto. Ante ellos, Naruto había colapsado, estrellando su rostro contra el suelo, aún arrodillado y quedando con el trasero bien alzado. Todos se miraron entre sí sin saber qué hacer, pero como los buenos Hyūga que eran —o sea, socialmente ineptos—, decidieron dejarlo ahí solo, para que se recompusiera. Lo mejor para alguien con los niveles altos de estrés era dormir, se dijeron.

Al menos descansaría tranquilo, pues las malditas presentaciones por fin habían acabado.


Un intento de humor, porque la temática no daba para otra cosa. ¡Espero les haya gustado! Recuerden darle seguimiento a la historia, pues vienen dos shots más. Y si desean, pásense por mi perfil, pues estoy haciendo la misma dinámica con todas mis parejas favoritas:)

Review! Review!

Nos leemos luego. ¡Besos!

HLena.