Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Hajime Isayama, yo solo he creado la historia en torno a ellos.

Chalado/a: Que ha perdido el juicio o se comporta como tal, o que está muy enamorado de una persona, que le gusta mucho una cosa.

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"¡Hey, regresa aquí!"


Eren Jeager no estaba ligado a Levi Ackerman. La historia decía que Eren Jeager se enamoraría perdidamente de Mikasa Ackerman y que ellos dos vivirán su final feliz, en esta nueva oportunidad.

Vida creía que era el momento adecuado para que Eren Jeager renaciera en la tierra, ya habían pasado miles de años y el castigo hacía mucho que había terminado, pero estaba indeciso. Miro el cosmo y reflexiono con el flujo de las estrellas. El mundo ya no era el mismo, la humanidad había evolucionado, quizá Eren podría llevar una vida tranquila esta vez.

Se tomó su tiempo para reconstruir su cuerpo, tal como antes había sido, liberó su alma y miró hacia abajo. Lo mando en una noche estrellada en que los planetas gritaban fortuna, le mandó en una noche cálida. Luego se sentó en el borde de la luna y se dijo que no le perdería de vista.

A través de los años se mantuvo vigilante por si se volvía a descarrilar del buen camino. Pero nada malo sucedió y Eren Jeager cumplió diecinueve años con toda normalidad, entonces Vida pensó que ya nada podía salir mal.

Mikasa Ackerman estaba realizando un viaje de estudios al extranjero y al regresar encontraría a un castaño que había aclarado sus sentimientos, listo para iniciar un romance formal con ella. Si, todo iba perfecto. Todo fluía con la tranquilidad de los ríos.

Hasta que Levi Ackerman apareció en escena, escondiendo demasiados secretos, secretos que Vida desconocía. Si solo los hubiera sabido, no les habría colocado al mismo tiempo.


Él se acerca a paso tranquilo, al llegar a la mesa mira a la mujer de cabellos castaños primero, entonces se dirige a ella en un tono refinado y cordial.

—Sean bienvenidos, soy Eren Jeager y seré su mesero esta noche —dice y le extiende uno de los menús entre sus manos, continuando—: Cuando se sientan listos para ordenar por favor háganme una seña, me acercaré de inmediato.

En ese momento voltea a mirar al otro comensal; un hombre de cabello negro y aspecto reservado. Le extiende otro menú con una sonrisa cautelosa.

Y Levi lo sabe, él no le recuerda.

Sus ojos se encuentran después de mucho tiempo. Levi lo mira atentamente. Detalla toda su apariencia: Lleva su cabello castaño corto, como lo usaba cuando tenía quince años. Su piel tiene ese color caramelo que es suave y que hace resplandecer sus vibrantes ojos.

Toma el menú.

—¿Les gustaría saber las especialidades del día?

Levi asiente observando el cabello chocolatoso peinado hacia atrás, su frente lisa descubierta y sus cejas que se mueven mientras habla, explicando los platillos en un tono ágil.

Eren nota la intensa mirada que le dirige y sus mejillas toman un color muy suave, parece caer en un segundo de nerviosismo —a mitad de la explicación—, pero se recupera mirando al frente y termina con el listado.

—Les dejare pensarlo y vendré cuando estén listos para ordenar. —Vuelve a sonreírles y se retira dando la vuelta, rígido.

Él no puede evitar seguirlo con la mirada, contemplando su cuerpo delgado y esbelto dentro de ese uniforme de mozo, el chalequito que se le amolda a la cintura y la camisa blanca que se aprieta elegantemente en su cuello y muñecas.

Levi piensa sarcásticamente que las personas en ese restaurante no tienen idea de quién es Eren Jeager y por eso pueden sentarse a comer tan relajados. Ellos no le conocen, pero deberían intuir que no es alguien común por su manera de mirar, por sus ojos que parecen contener el universo entero.

Eren se queda de pie en una esquina del lugar, a un costado de otros meseros. Sus ojos regresan a su mesa, como si pudiera sentir su mirada con demasiada claridad.

Sigue teniendo esa manera de mirar repleta de intensidad, tan llena de ambición y vida, él es lo más valioso en esa habitación.

—Levi, no seas tan descarado. —Hange frente suyo le patea suavemente por debajo de la mesa. Levi la mira, había olvidado su presencia. —Sí, el chico es guapo, pero no le veas así.

Ella tampoco recuerda nada. En realidad, Levi no ha encontrado a nadie que recuerde esa antigua existencia, y los ha visto a casi todos a través de sus diferentes vidas.

—¿Crees que es guapo? —inquiere.

Le interesa su respuesta, no recuerda que Hange en alguna ocasión le mencionara su opinión sobre el aspecto de Eren. Todo es más interesante ahora que él está ahí. Incluso la opinión de Hange.

—Lo es, bastante creo yo —declara con un tono afirmativo. —Pero tú tienes a Erwin, ¿quieres que le diga que andas viendo meseritos? —bromea.

—Díselo. No me importa.

Ella se ríe, tomándolo como una broma más. Es normal, sus bromas no suelen diferenciarse mucho en tono.

—Primero déjame escoger qué pedir. Me muero de hambre.

Hange se centra en su menú murmurando nombres de platillos. Levi también abre el suyo por la mitad y observa las letras negras impresas a modo de lista, es una linda carta, los bordes son rojos y el papel está sin daños.

Pero no puede concentrarse, sus sentimientos están todos revueltos y pensar en comida le parece demasiado mundano. Por su mente pasan un montón de memorias, de palabras y conversaciones arrastradas por el viento. Ante el recuerdo, su corazón se agita como si lo hiciera el mundo entero.

Hace mucho tiempo.

Algunas guerras se dieron, algunas ciudades nacieron y muchos edificios se construyeron. La lluvia bañó los dolores y los colores felices se deshicieron. Algunas especies perecieron y lugares se secaron, las estaciones fueron largas y los años instantáneos. Pero su recuerdo se quedó estático, y así se movió a través del tiempo.

Después de tanta vida le recuerda bien. Y al fin se reencontraron, por simple casualidad.

Levi baja un poco el menú y mira disimuladamente en dirección a los meseros de pie, a la espera de órdenes. En verdad es él. Luciendo tan inofensivo junto a sus compañeros de horario.

Eren puede revivir. Él puede volver e iniciar de nuevo. Si puede.

Levi lo había estado buscado antes por simple curiosidad, le pareció raro que luego de tantas vidas no se lo encontrará, cuando ya se había encontrado con la mayoría de sus amigos y conocidos de ese entonces. Menos con él, ¿por qué? ¿Es por qué no es para él? Solo quería verlo.

Un tiempo se obsesionó con la idea, deseaba encontrarlo, esperaba su reencuentro con ansias. Y cuando sus múltiples vidas llegaban al final siempre se quedaba con el pensamiento de: "quizá la próxima vez.." Pululando en su cabeza.

Luego se resignó, pensó que si el infierno existía Eren debía estar atrapado en ese lugar, que alguien como él que había ocasionado tanto daño no podía revivir, entonces tuvo miedo de que estuviera siendo castigado o su alma solo desvanecido. Pero aún guardaba cierta esperanza, le gustaba pensar que un día al salir lo vería.

Mirando sobre el menú; estaba ahí. Después de todo lo pasado.

Había pasado tanto tiempo que le parecía irreal su presencia, un espejismo de su mente enloquecida. Ver a Hange, Erwin, Petra, Moblit, Yelena, Jean y demás, era tan común ya, que casi nunca se asombraba, a menos que el lugar donde les encontrara fuera muy inesperado. Esto era completamente diferente.

Eren debió sentir su mirada nuevamente porque volvió a levantar la vista en su dirección y sus ojos chocaron. La luz del elegante restaurante caía sobre su rostro y dentro de sus felinos ojos había una intensidad que reconocía. La sincronía de cruzar sus miradas seguía ahí, reconoció la atropellante sensación que le producía y su pecho se encendió.

Quería verlo, ahora que lo miraba, quería hablar con él.

Luego de unos segundos Eren desvió sus ojos y miró al frente, a los ventanales que daban a la acera. Era de noche y había comenzado a llover. Fuera paso una mujer cubierta por un paraguas rojo.

—¿Ya decidiste qué ordenas? —le preguntó Hange. —Yo pediré lasaña de carne molida.

La voz lo sobresaltó. Hange le miraba inquisitivamente, detrás de sus lentes sus ojos le apresuraban. Siempre era el primero en ordenar y le notaba muy distraído.

—Aún no. Dame un momento.

Levi observó el menú, pero era inútil, las ganas de cenar se le habían esfumado y no podía concentrarse.

—Pediré lo mismo —termino diciendo, dejando el menú sobre la mesa.

—¿De verdad? Pero si tú nunca comes queso.

—Bueno, nunca es mucho tiempo. —miro a donde Eren estaba de pie y le llamó con un elegante movimiento de dedos.

El castaño emprendió camino de inmediato. Levi le vio acercarse con su calmado caminar y su postura recta. Cuando llegó frente a la mesa sacó una pequeña libreta de un bolsillo en su mandil de cuadro. —¿Están listos para ordenar?

—Si, queremos dos lasañas de carne molida con espagueti a la boloñesa y de beber será un vino Gran Sebastian, del Merlot. —le dijo Hange. Eren asentía suavemente a cada cosa y su mano se movía sobre la pluma.

—Muy bien. —se guardó la libreta en el ligero mandil. —¿Puedo retirarles los menús?

Levi se adelantó a Hange y pronunció un:

—Por favor —extendiendo su menú.

Eren le miró y con una sonrisa lo tomó del otro extremo, luego recogió el de Hange también.

—En un momento estará lista su orden, y ya regreso con su vino.

—Gracias. —murmuró Hange mientras el castaño se daba la vuelta. Luego miró a Levi con una mirada acusadora.

—¿Algo te molesta, Hange? —Levi acomodo correctamente la servilleta sobre la mesa, de manera en que quedará derecha.

—Tu descaro. No sabía que podías ser tan..., no lo sé, jamás te mire coquetear y resulta perturbador.

—No estoy coqueteando.

—Pues que yo recuerde tú nunca me has pedido algo por favor.

—¿Ah, no?

Levi quiso decirle que eso era imposible. Porque sabe bien que Eren Jeager no es para él, estaba Mikasa Ackerman, a quien Eren ama. Se preguntó si ella también estaba en esa vida, viviendo su final feliz junto al castaño. Seguro que sí, era normal que él estuviera con ella, como Levi estaba con Erwin y Hange con Mike, Petra con Auro e Isabel con Farlan, etc. Todos felices.

Hange cambio de tema y comenzó a hablarle sobre otra cosa, pero Levi no podía sacarse de la cabeza ese intenso sentir. Se le vino el recuerdo de aquella vez en el sótano, cuando Eren no conseguía dormir, como en tantas noches y le preguntó:

"Capitán, ¿usted cree que soy un monstruo?"

Él había respondido un cortante:

"Duérmete. Mañana tienes un entrenamiento pesado."

Se arrepentía de su respuesta. Tuvo que haberle dicho algo diferente, debió decirle que no lo era. Es cierto que al inicio (como todos) no confiaba en él, pero luego se dio cuenta de que Eren Jaeger era demasiado humano, de que pensaba demasiado y sentía mucho. Y fue su humanidad lo que terminó convirtiéndolo en un monstruo.

Lo miro regresar empujando un pequeño carrito donde llevaba el vino dentro de un elegante recipiente, rodeado de pequeños hielos que se derretían en torno a la botella de vidrio. Eren colocó las dos copas a un costado de ellos, con cuidado de dejarlas bien firmes sobre el mantel, frente a ellos destapó la botella y vertió el líquido rojizo, delicadamente.

Esta vez no dijo nada, solo asintió al "gracias" de Hange y se retiró en silencio. Para no interrumpir la conversación que parecía que sostenían, en verdad Levi apenas decía un "si" vago a lo que Hange platicaba.

"Estoy muriendo." Dijo Eren en una ocasión de noche. Cuando sentado sobre su cama miraba por entre los barrotes la esquina de luna que se asomaba a su celda. Y lo repitió con un tono lastimero. "Estoy muriendo." Levi no cree que se refiriera a su cuerpo.

Siempre se reprochó el no haber conversado más con él cuando tuvo oportunidad, en todas esas noches en que Eren no podía dormir y solo se quedaba en silencio. Fue un desperdicio de tiempo.

Pero había cosas que se reprochaba con más fuerza.

En sí, el solo pensar en esa vida le resultaba demasiado triste, sin embargo, no pensar en él resultaba aún más doloroso. Su recuerdo le hizo daño tantas veces. Recordar que entre ellos dos nunca hubo nada. Levi nunca tocó ni siquiera sus labios, nunca le tentó las manos o lo apretó en un abrazo, y aun así moría de nostalgia por algo que no vivió, ni viviría jamás.

Así pues, no había hechos que contar, no había nada claro qué decir. No existía. Siempre se trataron como capitán y cadete. Dando órdenes y recibiéndolas. Ellos dos jamás hablaron de temas románticos o amorosos, aun cuando era de lo único que quería hablar con él.

Pero siempre se sintió como querer pisar minas y sobrevivir. No eran tiempos. No era su tiempo y nunca lo fue. Ellos dos no estaban hechos el uno para el otro. Y por eso fue tan imposible. Porque él era un personaje secundario en la vida de Eren Jeager.

No tenía hechos, no tenía testigos y todo indicaba que mentía, que estaba loco y todo era producto de su imaginación, supersticiones de un viejo capitán. Falso. Así que la vida se lo negó.

No tenía hechos, testigos o pruebas. Pero tuvo muchas miradas, tuvo muchos sentimientos y mucha pasión rodeándolos. Y no estaba loco, estaba enloquecido por el sentimiento que le quemaba desde dentro. Estaba enamorado. Así que no piensa que lo suyo fue nada, no completamente.

En el momento en que sus miradas se encontraron por primera vez, Levi sintió que él era la llegada de algo nuevo. Y el avistamiento de lo que podría revolucionar su existencia le tentó.

Hubo una noche, una noche especial en que Levi estuvo a punto de ser valiente, donde sintió que no importaba si las minas acababan por matarle. Las palabras estuvieron contra su lengua, a punto de salir corriendo, si hubiera sido un poco más valiente le habría besado sin compasión. Lo habría devorado.

Eren despertó a mitad de la madrugada. Era muy temprano y el cielo aún no comenzaba a aclararse, la vela en la esquina se quemaba soltando chasquidos cada cuando. Levi también se despertó al escucharlo levantarse, pero no abrió los ojos.

Los grilletes de sus manos se agitaron durante un segundo, luego no se escuchó nada más, así que abrió los ojos. Eren estaba cerca. Aún encerrado detrás de los barrotes, estirando su mano hacia la mesita frente a Levi. Eren sintió su mirada y escondió su brazo tras su espalda.

"Capitán, lo siento." —Sus mejillas tomando el color del atardecer. — "Es que tengo sed, quería tomar un poco de su té. Perdón."

Levi le había mirado desde su asiento, al arrodillado Eren que había intentado robar su té como un pequeño vándalo. Ackerman se levantó de su asiento y tomando su taza de té fría, bebió de ella, luego se acercó a Eren, se arrodilló también, en silencio, y la acercó a sus labios, justo donde él había bebido. Y la manera en que él le miró mientras bebía, le había parecido tan claro en ese momento.

Habían existido, el sentimiento había estado ahí latiendo y siempre quiso pensar que Eren también lo sintió, pero, ¿cómo saberlo? Levi le quiso, y tal vez Eren le quiso alguna vez, no puede afirmarlo.

Sus miradas, sus miradas eran todo lo que tenía, la tensión que se formaba cuando estaban juntos y las breves pláticas que mantuvieron, de no más de dos oraciones.

"Dejaré de ser yo, pronto."

Y demasiado pronto no quedó nada de él.

Cuando Eren regresó de Marley ya amaba a Mikasa Ackerman, nunca entendió cómo es que eso sucedió, pero desde ese momento todo terminó, no hubo más miradas cómplices y casi de inmediato sus caminos fueron separados, arrancados de raíz. Se sintió como perderlo, aunque nunca fue suyo. Al final todos le temían. Y él no pudo acercarse en ningún momento. Los ojos de Eren nunca volvieron a dirigirse a él.

Renuncio. Levi tuvo que avanzar, dejando atrás ese sentimiento, pero no quería hacerlo, no quería. En su mente los recuerdos eran una grabación, una interminable grabación que no tenía final.

—Uh, ya llego la comida. —Hange sonrió y Eren lo hizo también, una suave risa se meció entre sus labios.

Coloco los platillos frente a Hange y Levi, también los cubiertos tomados del mango, los acomodo de manera perfecta, como lo habría hecho él mismo Levi. Eren era bueno limpiando y ordenando, seguía siéndolo.

"¿Qué estás haciendo?"

"Solo limpio, al capitán no le gustará todo este polvo."

"Tú realmente te preocupas por eso, Eren. Él ni siquiera está aquí."

"Pero volverá por la noche."

—Provecho. Si desean algo más estaré a sus ordenes. —les rellenó las copas y se fue a su lugar.

Eren ni siquiera supo de su homosexualidad formalmente, él no se lo dijo y nadie más pudo habérselo contado porque solo Erwin lo sabía. Así que él no sabía qué era homosexual, nadie se lo dijo y él tampoco movió sus labios para contárselo.

Pero debía saberlo, ¿cierto? Al menos en algún momento debió sospecharlo, porque él siempre quiso que lo supiera, sus ojos seguro se lo contaron. Él siempre le miraba anhelando que le entendiera. Intentando hacerle llegar sus sentimientos.

Levi bebe de su segunda copa de vino y al bajar el trago regresa su mirada al atractivo mesero. Eren charla con el mesero a su lado, luego ambos dejan de hablar y se mantienen a la espera de órdenes.

Voltea a su mesa.

Sus miradas se cruzan nuevamente, un cosquilleo se forma en el centro del pecho. Y él retira su mirada, nervioso y apenado. Mira a un costado, sus labios se estiran en una sonrisa cómplice que intenta contener. Luego, con una brisa de curiosidad y travesura; regresa la mirada y sus ojos se cruzan nuevamente. Una y otra vez.

Él no es suyo, lo sabe. Ellos dos no están hechos el uno para el otro, no encajan. Existen tantas razones por las que Eren Jaeger no es para Levi Ackerman, pero aún lo quiere para sí. No puede evitarlo.

Había pensado tantas veces: "Si pudiera verlo, si pudiera, yo haría que él me amara a mí." Pero eso estaría mal, Eren debía estar con Mikasa y vivir su final feliz, estar con el amor de su vida. Pero, es que, Eren es su amor de vida, ¿qué hacer ahora que se reencontró con él?

"Déjalo ir, Levi." "Solo déjalo ir y ser feliz."

Eren se acerca cuando mira sus copas vacías, las rellena y antes de poder darse la vuelta, Levi dice en voz alta y clara: —¿Puedo tener tu número?

Hange casi escupe su lasaña.


Fin?

N/a: Tengo algunas novelas que actualizar y mientras escribía sobre ellas esta idea surgió, creo que es curioso como es una mezcla de las novelas que estoy escribiendo, pero a la vez es diferente. Aún no sé si tendrá continuación, me atrevería a decir que un capítulo más, o quizá dos, solo porque en mi cabeza Mikasa también puede recordarlo todo, y creo que eso sería interesante. Además tiene tiempo que no escribo a un Levi malo, este Levi (en mi cabeza) es medio mafioso y tiene tatuajes, así que estoy amando la idea de un Levi como hace tiempo no escribo, un Levi atrevido y más "rudo". Pero en verdad no sé si seguirá, así que por mientras puede considerarse un final.