Renuncia: Gintama es propiedad de Hideaki Sorachi.

Promt: 8. Tabla: "Diálogos de comedia/terror" del grupo de facebook "Club de Literatura en Fanfiction".

Advertencia: Leve Ooc. Spoilers del Arco Divino (195-199).


Un individuo recorría las calles de Kabukicho buscando la Yorozuya. Había estado ahí una sola vez, pero confiaba en su instinto. Después de todo, era una destacada onmyoji. Pronto encontró la edificación, subió al segundo piso, tocó el timbre y esperó. Uno, dos, tres, cuatro. Volvió a tocar.

—¡Abre la puerta! —demandó una voz familiar.

—¡Estoy en el baño! —respondió la pelirroja.

—Vives en mi casa. Lo menos que puedes hacer es recibir a la gente. ¡Ya va! —Las pisadas que se dirigían hacia él se hacían cada vez más claras. El sonido se detuvo y la puerta se deslizó—. Solo eres tú. ¿Acaso olvidaste como usar tus brazos?

—Buenos días, ¿esta es la Yorozuya de Gintoki? —interrogó un muchacho con anteojos.

—¿A qué te refieres Pachi? —preguntó Kagura saliendo del baño—. ¿Olvidaste todo por un golpe? Acercarte para regresarte la memoria con una patada.

—No, por favor. No golpee este cuerpo.

—¿Eh? —La yato estaba confundida.

—¿Estás poseído? ¿Otra vez? Pensé que esos espíritus de las aguas termales nos habían dejado en paz para siempre.

—No sé a lo que se refieren, pero les aseguro que no es el caso. Ustedes ayudaron a mi familia, el clan Ketsuno. Usted tiene una moto si la memoria no me falla. Le pido que me lleve al estudio de Despierta TV.

—Gin-chan, el amor de...

El de la permanente cubrió con fuerza la boca de Kagura.

—Vete a la cocina y prepárate el desayuno —susurró Gintoki a la adolescente y la soltó. Luego miró a quien poseía el cuerpo de Shinpachi y le hizo una señal para que entrara en la vivienda—. Ketsuno Ana, bienvenida a la Yorozuya, nuevamente. Me alegra demasiado que recurra a mí, pero es una buena idea presentarse en TV nacional en su condición.

—No se preocupe —dijo tras sentarse en el sillón azul. Él la imitó—. Mi productor está al tanto de la situación y va a poner una grabación en la que pronostique un día soleado. Solo recogeré mi sueldo. Voy a necesitar sus servicios.

—No es necesario pagar.

—Pero, no quiero volver a abusar de su amabilidad —replicó la presentadora del clima.

—Su sonrisa es todo lo que Edo necesita —sentenció Gintoki. Ella no insistió.

—En ese caso, es mejor ir a la residencia del clan. Mi cuerpo está ahí y es posible que el alma del dueño de este cuerpo también. Mi hermano debe haberse dado cuenta de lo que ha pasado y no me sorprendería que el clan entero busque al responsable de esta situación por órdenes suyas.

—De acuerdo. —El samurái se levantó del sofá y se desplazó hasta la cocina, donde la Yato cocinaba arroz para desayunar—. Kagura, vuelvo en un rato. No quemes la casa.

Los adultos salieron y enrumbaron al hogar de los miembros del clan Ketsuno. Al llegar, Gedomaru los esperaba en la entrada.

—Qué gusto volver a verlo Presidente —saludó la shikigami.

—Eh- lo mismo digo.

—Christel-sama, estoy aquí para dar el informe de Seimei-sama. Hasta el momento descartamos a 76 yokai que podrían haber planeado esto. Todos los onmyoji están trabajando desde hace una hora. A este paso dentro de cuatro horas habremos peinado toda la biblioteca del clan.

—¿Y mi cuerpo?

—Permanece dormido —señaló mirándola. Luego, se dirigió al samurái—. El cuerpo de Christel-sama aceptó el alma del de gafas, sin embargo, si lo despertamos existe la probabilidad de que no puedan retornar a sus cuerpos originales. Tenemos que hallar al yokai que lo causó.

—Dile a mi hermano que estoy bien —pidió a la shikigami—. Gintoki-san, mientras los demás onmyoji buscan aquí hay que buscar al responsable en las calles.

Volvieron a la moto y buscaron por todos los lugares que ella aseguró había actividad paranormal frecuente. Él anotó esas calles en su mente para no volver a atravesarlas jamás.

Tras dos horas se detuvieron a cargar gasolina. La espera era de seis personas.

—Aprovecharé para llamar a mi hermano —comentó señalando un teléfono público. Gintoki asintió en señal de comprensión.

El samurái descansó su cabeza sobre el manubrio de su Vespa y se lamentó de inmediato, la superficie estaba caliente. La predicción de Ketsuno Ana había acertado de lleno. Ahora no solo estaba completamente sudado sino tenía la frente hirviendo.

—¡Qué calor! —manifestó una voz detrás suyo.

—Desearía un par de nubes cubriendo al odioso Sol.

—Sí hombre. Ayer me pasó algo muy bueno y planeaba festejarlo con un día en la playa, pero no parece que la temperatura vaya a cambiar.

—¡Qué mal por ti!

—Ni que lo digas.

—Se están demorando demasiado en recargar —indicó el hombre tras unos momentos de silencio—. ¿Puedes ir a apresurarlos?

—Es un fastidio.

—Te daré un billete de veinte yenes.

—Será un placer hacer negocios con usted por un poco más.

—Si los amenazas recibirás…

—¡Te tengo!

Gintoki se giró y vio como Ketsuno Ana pegaba un sello sobre el cuerpo del otro motociclista.

—Excelente trabajo, Gintoki-san.

—¿Eh? —Gintoki observó con detenimiento al sujeto con el que había estado charlando. Un pequeño ogro lo miraba enfadado—. ¿Qué se supone que es?

—Un amanojaku*. Tuvo suerte de que no intentara nada con usted.

—Espera un momento… —murmuró el oni— ¡Tú eres el joven con quién conversé! ¿Por qué nada me puede salir bien?

Tras rellenar el tanque partieron a la vivienda del clan Ketsuno. El viaje estuvo lleno de maldiciones por parte del amanojaku.

—¿Por qué? —preguntó Gintoki al llegar al destino.

—Ayer lo encontré caminando cabizbajo y supe que sería una presa fácil. Alguien tan feo solo puede desear ser guapo.

—¿Por qué cambió conmigo?

—Mientras charlábamos nos encontramos frente a una tienda de electrodomésticos y él dijo que si fuera alguien atractivo le gustaría ser un idol para estar cerca de la chica que le gusta. Yo no conozco ninguno a excepción de esta onmyoji.

—¿Solo eso? —cuestionó Gintoki con un tono mordaz.

—No necesitan saber más —contestó el oni—, ¿o sí?

—¡Hermana! —saludó Seimei desde la entrada—. Me alegra saber que no has perdido tus habilidades estando en otro cuerpo. Entremos.

Caminaron hasta una de las habitaciones del edificio central. El cuerpo de Ketsuno Ana descansaba en una camilla rodeada de talismanes, a su lado estaba una camilla en condiciones similares sobre la que se recostó la otra víctima de ese intercambio de cuerpo. Colocaron al oni entre ambas literas y Seimei junto a otros tres onmyoji comenzaron a recitar hechizos en una lengua desconocida para el samurai.

Gintoki presenció como el amanojaku cambió de color de rojo a azul antes de explotar.

—¿Lo mataron?

—No —respondió Gedomaru. El de permanente saltó del susto, no la había oído acercarse.

—Entonces…

—Se transportó al mundo de los yokai. No molestará en un tiempo.

Las voces de los onmyoji se callaron. El silencio que le siguió estuvo cargado de tensión.

—Gin-san —llamó el muchacho tras despertar.

—Aquí estoy, Patsuan —respondió aliviado el mayor.

—Lamento lo ocurrido —dijo Shinpachi a la mujer a su costado—. Tendré más cuidado.

—Eso no basta —replicó el cabeza del clan Ketsuno—. Te daré varios talismanes por si acaso. Te estaré observando.

—¡Qué aterrador, hermano mayor! —Se burló Gintoki.

—No soy tu hermano —bufó Seimei.

Se despidieron de los Ketsuno y regresaron a la Yorozuya sin encontrarse con ningún yokai.

—Pachi, ¿eres tú?

—Sí, Kagura.

—Gin-chan, ¿eres tú?

—Sí, Kagura.

—Es un alivio —declaró la yato—. ¿Tienen hambre?

—¿Qué cocinaste?

—Nada. Solo lo decía para que supieran que la despensa está vacía. Salgamos a comer.

—¡¿Te comiste los tres kilos de arroz que compré ayer?! —Se quejó Shinpachi.

—Estaba preocupada. No vuelvas a asustarnos así —pidió la menor—. Por cierto, Gin-chan, ¿de verdad no le cobraste nada a tu crush? ¿Cómo piensas que vamos a comer si hacemos caridad con las estrellas? ¡Voy a morir de hambre!


*Amanojaku es un demonio pequeño. Le gusta instigar a las personas a realizar sus deseos más oscuros y convencerlos de cometer malos actos.