Disclaimer: Los personajes utilizados de Death Note no me pertenecen. Tampoco los elementos sacados de "La Cenicienta" (o Cinderella).

Básicamente, es la historia de la Cenicienta pero con los personajes de Death Note. Por lo tanto, algunos de estos podrían ser OoC. Y, como ya notaron por el "M", no todo será igual. Quizá se incluyan escenas de sexo, pero será muy implícito.


Unas respiraciones notables y gemidos ocsionales eran uno de los únicos sonidos que en aquellos precisos momentos emitían.

Jalaba los cortos mechones marrones empapados por el sudor; chupaba y mordía su hombro izquierdo mientras él empujaba y la aprisionaba contra la pared. Se frotaban y rasguñaban, perdidos y sumergidos en el acto.

Era solo un rato que Misa, dolida, se obligaba a olvidar. Sabía perfectamente que lo que hacían en momentos como ese no involucraban sentimientos, sino el deseo de alejarse de la cotidianidad.

Era por placer, se repetía Misa, cuando se sorprendía en el acto de observar de más al joven Yagami aal sus caminos cruzarse, cuando él leía en el jardín y ella caminaba hacia un arroyo para lavar ropa.

Era por placer, pensaba, cuando se encontraban solos en un pasillo de la casa y Light rozaba con sus dedos su cintura. Ella usualmente llevaría algún plato o taza sucia y él llevaría un libro o su maletín de trabajo.

Pero Misa no podía evitar anhelar aquellos desesperados besos, donde sus bocas se movían de forma descuidada mientras sus ropas, tan diferentes entre sí, volaban hacia cualquier lado de la habitación de ella, de él o incluso del establo, lugar donde no les importaban los caballos, la madera y el ambiente en sí.

Eran roces que solo ocurrían al comenzar. Y aquella era la parte que más le gustaba a Misa, aún más que el resto, que era nada más que una mezcla de satisfacción momentánea que quizá dolería, y oh, y ah, jadearían y gemirían.

Luego ambos volvían a su cargante rutina.

Él, después, por supuesto, de un apresurado aseo y cambio de ropas, marchaba caminando a trabajar, ya que el hospital a un par de cuadras nada más estaba.

Nadie notaba si el rubio cabello de Misa se encontraba desarreglado o sus ropas algo mojadas por líquidos en definitiva diferentes al sudor. Quizá la olían y arrugaban la nariz con disgusto. Pero era solo una sirvienta, después de todo: nadie de los Yagami le prestaba atención a menos que lo necesitaran. Light solo la veía cuando tenía esas específicas ganas.

Después de aquella actividad, Misa sabía que debía pretender que no había sucedido. Además de fingir la indiferencia y apatía que no sentía.

Si tan solo él de repente no la hubiera empujado contra una estantería de la biblioteca, interrumpiendo su tarea de desempolvar los libros, y le hubiera dado un primer beso tan necesitado y ardiente para luego confesarle que no aguantaba más, que debían verse en la habitación de él para llevar a cabo el acto que desde que Misa había llegado quería hacerle.

Los sentimientos que ya tenía por él se habían combinado con lo que Light sentía por ella. Intentó suprimirlos con los que él le contagió, con la atracción sexual, convenciéndose de que desde el principio lo que ella había sentido era deseo y no un enamoramiento.

Sería tan fácil decir "renuncio" e irse a otra casa a limpiar a cambio de comida, y así olvidarse del guapo, sexi y perfecto Yagami Light, con sus encantadoras sonrisas, relajados ademanes, con su trabajo tan serio e importante. Y luego con su lado salvaje y anhelante que mostraba mientras una y otra vez le abría sus piernas y la llevaba al paraíso en el que se quedaría para siempre si pudiera.

Y simplemente no podía: todo por Light, y por esos especiales momentos que compartían.

Además, sería difícil encontrar un nuevo trabajo, se convencía.

oOo

La invitación al baile, en donde se elegiría a una princesa para el príncipe, había sido desconcertante y emocionante al mismo tiempo, ya que las invitadas mujeres no solo eran de la alta clase (para elegir entre solo ese tipo mujeres a la futura esposa), sino que las candidatas también podían ser de clase media y clase baja.

Misa pensó que sería divertido ir a bailar, pasar un buen rato, y despejarse y alejarse de la casa que en ocasiones la sofocaba.

No le interesaba si el príncipe L Lawliet la elegiría como su princesa. Solo quería alejarse de la muy insoportable hermana menor de Light y de su madre tan perfeccionista, que le hacían la vida imposible a ella, y a los mayordomos y otras sirvientas del hogar.

Yagami Soichiro no era un mal hombre, por supuesto. Aunque tampoco lo conocía bien, considerando que estaba atrapado en su trabajo, que era el mismo que el de su hijo, si no fuera por su puesto alto y con más responsabilidades.

Light apenas había empezado como un enfermero veinteañero. Según Soichiro, le faltaba mucho por aprender.

Intentando centrar sus pensamientos en cavilar cómo lograr que Sachiko le diera un día libre, no pudo evitar que una mano se metiera dentro de su ropa por la zona del cuello y llegara a acariciarle justo por encima del estómago, cerca de su corsé.

—Yagami-kun, apártese —pidió Misa, susurrando entre dientes, y no pudiendo hacer nada por sostener una bandeja con cuatro tazas, ya con sus cubos de azúcar, y una tetera con té caliente.

El peinado de Misa era un rodete alto y todavía prolijo que dejaba la nuca descubierta, lugar ideal para recibir pequeños y húmedos besos.

Misa, a sabiendas de que Light era muy fuerte y que no la soltaría hasta que quisiera, se abstuvo de tratar de zafarse de su agarre y dejó que apretara y mordiera, mientras ella soltaba gemidos bajos, hasta escuchar a alguien o hasta que se cansase el propio Light.

—¿Dónde está Cenicienta con el té? —Se oyó la queja de Sachiko. Light de inmediato la soltó y se apresuró a ir hacia el salón de té mientras se limpiaba sus húmedos labios y dejaba a una molesta Misa.

Cuánto odiaba aquel horrible apodo: se irritaba cada vez que lo oía. Existía gracias a que un solo día de se había quedado dormida frente al fuego de la chimenea para al día siguiente amanecer con el pelo lleno de cenizas y Sachiko a un par de metros suyo, con las manos en las caderas marcadas por un corsé y una pregunta silenciosa deslizándose por las tensas expresiones de su rostro: "¿dónde está el desayuno?"

Recuperándose de su último encuentro con Light, pero con la ropa un poco arrugada, Misa empezó a caminar al mismo tiempo que inclinaba su cuello un poco hacia la izquierda para ocultar las marcas viejas y recientes que de seguro habían quedado al descubierto.