"Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras."
Disclaimer: J. K. Rowling es la propietaria de HP.
Prompts: Tiempo y Respeto
―Ya, papá ―pidió James mientras subía las sábanas hasta su barbilla―, cuéntanos solo una y nos dormiremos.
―¿Puede ser la búsqueda de los «orrocrus»? ―Albus, abrazado a la pequeña Lily, lo miró con un leve puchero.
―O cuando derrotaste al basilisco con la espada de Gryffindor y salvaste a mamá.
Harry rio, lo pedían con tal ímpetu que a él mismo le costaba creer que era capaz de contarlo. En su momento fueron momentos muy difíciles para él, momentos que hubiera preferido olvidar con los años. Sin embargo, la curiosidad de los niños terminaba por convencerlo.
―Solo una historia y a dormir ―dijo, consciente que de lo contrario encontrarían la forma de sacarle más cuentos. Ginny no lo hacía mejor, una vez la mantuvieron hasta más allá de la medianoche.
Mientras Ginny contaba historias comunes entre los magos, Harry descubrió que no podía con ello. En la hogareña habitación le era fácil quedarse dormido por la cálida luz de la lámpara que hacía las letras de los cuentos cada vez más borrosa.
Los tres pares de ojos lo siguieron mientras se sentaba en la mecedora en la que Ginny había descansado durante sus embarazos.
―Quiero contarles algo nuevo. Esto es algo que le ocurrió a un niño, un niño que no conoció el amor…
Dudó un momento, pero decidió continuar con el relato.
―Desde que nació estuvo solo. Tuvo que crecer en un orfanato, pero las cosas no mejoraron. No había ni una sola persona que se preocupara por él. Había otros niños, abandonados y solos como él, pero no tenía amigos. Ese niño jamás había sentido el abrazo de un padre ni la sonrisa de una madre. Nunca recibió amor y jamás supo cómo sentirlo, pero ni siquiera quiso intentarlo. Lo veía como una debilidad, mejor que admitir que no tenía a nadie.
»Se hizo mayor. Un mago como nosotros. Se volvió admirado, hubo quienes lo siguieron. Para él no significaban nada. Con el tiempo creyó que encontró algo mejor: el poder. Era lo que necesitaba, mejor que el amor, un sentimiento tan humano, tan terrenal y débil para él. No puedes medir la fuerza de algo que no conoces, y si no conoces algo lo desprecias.
»El poder le quitó muchas cosas, pero para él fue alejarse de lo que despreciaba. Pronto perdió todo lo que le quedaba de su humanidad. Consiguió asustar a miles, ser admirado por algunos. Pero no lo tomaba en cuenta, de la misma manera que ignoraba el amor.
Lily estuvo a punto de hablar pero Albus la interrumpió, como si al hablar se perdiera el hilo de la historia. Incluso a su corta edad, comprendía de quien estaban hablando.
―No puedes huir para siempre ―continuo Harry―, llegó el momento que tuvo que enfrentarse a lo que tanto subestimó. Dos veces. En ambas perdió.
Los tres niños lo observaban en silencio, solo el viento de la calle interrumpía la tranquilidad.
―Un alma como la suya no podía sentir amor ―finalizó Harry, fijando su mirada en Albus con el recuerdo de un sabio mago―. Quería causar temor, pero conseguía dar lástima.
La puerta de la habitación se abrió con un susurro, luego se asomó la cabeza de Ginny, su cabello combinaba con el cálido tapiz de la habitación. Los tres niños se levantaron para abrazar a su mamá, con tal bullicio que no parecía el silencio en el que estaban hace unos minutos.
Después de unos minutos para convencerlos de volver a dormir, Harry y Ginny salieron de la habitación.
―¿Les contaste? ―preguntó Ginny.
Harry se detuvo en medio de la sala. Ambos lo habían planeado, sus hijos tenían una idea general de la guerra mágica pero llena de las exageraciones que venían con el tiempo, ignorando las causas o la gente que murió por ella.
―¿Crees que lo hayan entendido? ―preguntó Harry, ahora un poco preocupado.
Ginny lo notó, en silencio se acercó a él y lo abrazo.
―Tal vez Lily no, es muy pequeña ―dijo en voz baja―, pero es un buen comienzo. No se les puede ocultar el pasado.
Harry apoyó la barbilla sobre su cabello. Su mirada se dirigió hacia el retrato en la pared de sus padres, al lado de la foto de su nueva familia.
―La historia no debe olvidarse, para que los errores no vuelvan a ocurrir.
Ginny sonrió, sus ojos brillaban por la luna.
―Eres un buen padre, Harry. Nunca lo olvides.
