Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, yo solo he creado esta historia con fines de entretenimiento.
Las reglas (resumidas):
1 - Desarrollo en el Universo Original.
2 - El último one-shot se publicará el 31 de octubre. Los otros dos se pueden publicar en cualquier momento del mes.
3 - Usar todas o algunas de las palabras que se proponen para cada one-shot.
Un ruido que rompe el silencio
Kagome se estremeció. La fría brisa que entraba por la ventana entreabierta de su habitación había enfriado el ambiente de forma considerable. El aire otoñal llenaba el cuarto que había ocupado durante toda la tarde, renovando el oxígeno. Había aguantado ese frío un par de minutos, los suficientes para cumplir aquel propósito, pero ya no podía más. Su piel erizada se lo recordó con claridad.
Cerró la ventana y suspiró con cansancio. Un pequeño vistazo a su escritorio le recordó todo el trabajo que todavía tenía por hacer. Su familia había salido, dejándola sola en casa para que pudiera concentrarse con más facilidad. Había agradecido el gesto y se había esforzado al máximo, pero las matemáticas siempre conseguían retrasarla enormemente.
—Mañana será otro día… —murmuró para sus adentros mientras ordenaba un poco los montones de apuntes desperdigados por la mesa. Le dolía la cabeza y ya apenas podía pensar con claridad. Sería inútil intentar seguir un poco más.
De repente se dio cuenta del silencio que había. En el Japón feudal nunca había esta clase de quietud. Los sonidos de la naturaleza llenaban cualquier atisbo de silencio que pudiera haber y notó que los echaba en falta. Allí, en medio de un templo en mitad de una gran ciudad, lo máximo que podía oír era el graznido de algún cuervo al pasar, o de algún otro pájaro, para el caso.
Tanta calma le resultaba ensordecedora.
Un pequeño ruido al otro lado de la puerta de su habitación la sacó de sus contemplaciones. Se quedó quieta, aguzando el oído y entrecerrando los ojos en un intento por discernir lo que era.
Silencio de nuevo.
Frunció el ceño y avanzó lentamente hacia la puerta. Estaba segura de que había sido su imaginación, pero la curiosidad la conducía a comprobarlo. Extendió la mano hacia el pomo y, cuando apenas lo rozó con las puntas de sus dedos, volvió a oírlo.
Un crujido. El leve crujir de la madera, estaba segura. Pero si estoy sola. Con la mano aún parada sobre el pomo, tragó saliva y miró hacia la ventana. Era tarde, lo suficientemente tarde para que el sol se hubiese ocultado por completo.
Negó con la cabeza con fuerza, espantando las ideas extrañas que se le estaban pasando por la mente a gran velocidad. Había vivido situaciones cien veces peores y nunca se había dejado llevar por el miedo, seguro que esto no era nada.
Otro crujido.
Su mano temblorosa agarró el pomo con decisión y giró. Al otro lado…
… No había nada.
Kagome se quedó mirando el pasillo con expresión aturdida. Estaba totalmente vacío, como se había esperado y, no obstante, su cerebro no podía procesar el hecho de que de verdad no hubiera nada. Entonces ¿sí había sido producto de su imaginación? ¿Estaba tan acostumbrada a los sonidos que, al no haber ninguno, su mente había optado por llenar el silencio? Enarcó una ceja ante la idea. O tal vez solo estoy cansada.
Un nuevo crujido, esta vez sobre su cabeza, hizo que el corazón le empezara a martillear en el pecho. Respiró hondo varias veces mientras levantaba la vista. Encima de ella solo estaba el viejo desván. Por lo que ella sabía, hacía tiempo que no lo abrían y ciertamente no había nada allí que pudiera hacer ruido.
Tras unos segundos de vacilación, se dio la vuelta y fue hacia el cajón de su escritorio. Subiría y se demostraría que no eran más que ruidos normales. El suelo del desván estaba hecho de madera. De madera vieja, además. Era normal que crujiera.
Si Inuyasha hubiera estado con ella, ni se habría planteado asustarse por un sonido como aquel. No estoy acostumbrada a estar tan sola, es todo. Era cierto. Hacía mucho tiempo que no se quedaba sola de verdad, pero aquella era su casa. Había vivido allí toda su vida. En cuanto confirmase que de verdad era el suelo y no cualquier otra cosa en la que no se atrevía a pensar, podría irse a cenar tranquila.
Encontró al fin una pequeña linterna al fondo del cajón. La bombilla que alumbraba el desván hacía tiempo que estaba fundida y estaba casi segura de que su abuelo no la había cambiado todavía. Su edad ya no le permitía subir con tanta facilidad las empinadas escaleras y su orgullo probablemente no le habría permitido pedirle ayuda a su madre. Y a Souta le daba un miedo terrible entrar en el viejo desván. Necesitaría aquella luz.
Lo oyó de nuevo, pero esta vez no fue un único crujido. Se quedó escuchando pacientemente, aferrando la linterna entre sus manos. Sus nudillos blancos delataban su nerviosismo. Ojalá tuviera mi arco, pensó de repente.
Pudo distinguir un ritmo en los ruidos que escuchaba, un movimiento semejante al de unas pisadas, pero eran tan débiles que no podían pertenecer a un adulto. El ritmo varió, desplazándose un trecho por encima de su cabeza y deteniéndose, avanzando y deteniéndose.
Kagome apretó los dientes y fue con decisión hacia la escalera. Vació la mente de todo pensamiento que sugiriese que lo que estaba oyendo era un suceso paranormal. Tenía que actuar con calma y racionalidad, o esa noche no iba a poder dormir con tantas paranoias.
Llegó a la puerta del ático y forcejeó un poco con la manilla. La humedad había hecho su efecto y le costó abrirla. Las bisagras chirriaron con un sonido estridente al moverse, dejando entrar un pequeño haz de luz en la estancia en penumbra.
Apuntó con la linterna hacia el suelo para iluminarse el camino y entró. Aquí no hay nada, aquí no hay nada, aquí no hay nada…, se repetía como un mantra. Se detuvo en medio de la estancia, moviendo la linterna de un lado a otro. Solo veía cajas y más cajas. Por mucho que movió la linterna, no consiguió ver nada destacado, aparte de la pequeña ventana rota en la pared del fondo.
De nuevo estaba todo en silencio.
Percibió un sonido como de arrastre a su derecha y se giró todo lo rápido que pudo. Apenas tuvo tiempo de procesar una sombra negra saltando en su dirección cuando le acercó el haz de luz. Lo último que pudo ver fue el brillo característico de unos dientes antes de que su grito de pánico perforase la tranquilidad de su casa. Cerró los ojos con fuerza y se encogió sobre sí misma.
La linterna chocó contra el suelo, rodando brevemente hasta detenerse contra uno de sus pies. Un nuevo estremecimiento la recorrió al sentir que algo rozaba contra su pierna. Algo peludo y pequeño y… Abrió los ojos lentamente y bajó la mirada.
La saludó un maullido.
—¡Buyo! —El alivio la llenó al darse cuenta de que el objeto de su temor no era más que su gato—. Pero ¿cómo has llegado aquí? —exclamó mientras cogía al gato en brazos.
Recogió la linterna y caminó hacia la ventana rota. Había algunos pelos atrapados entre los cristales. Debía de haber entrado por allí.
Ya más tranquila, cerró la puerta del desván y se dirigió a su habitación.
—No vuelvas a darme un susto así —le riñó al animal que todavía tenía en brazos, mientras este la miraba con expresión impasible. Su única contestación fue un nuevo maullido.
Kagome soltó una carcajada y dejó a Buyo en el suelo tras abrir la puerta.
—¡Oye, Kagome, dónde estabas! —llegó la exclamación de algún lugar en la oscuridad de su dormitorio.
Un nuevo chillido perforó el aire e Inuyasha se tapó rápidamente las orejas mientras protestaba por su grito. La mano temblorosa de la chica consiguió encender la luz y su mirada se dirigió rápidamente al medio demonio que había estado sentado junto a la ventana.
Se llevó la mano libre al pecho por segunda vez aquel día. Los latidos desbocados de su corazón y las pequeñas lágrimas que asomaban en sus ojos le decían que no podría aguantar otro susto más.
Nota de la autora: ¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis?
Me he metido de lleno en este desafío del foro ¡Siéntate!, que lleva por nombre Sé lo que hiciste en el capítulo pasado. Tenía muchas ganas de escribir algo para octubre (no me he olvidado de Así te lo demuestro yo, lo prometo), pero sabía que no iba a poder cumplir ni de lejos con todas las temáticas del Flufftober y, cuando vi esta dinámica corta, me lancé de cabeza.
Como habéis leído en las reglas, van a ser tres one-shots interconectados y espero poder cumplir puntualmente. De momento, aquí tenéis el primero.
¿Me decís qué os ha parecido?
¡Hasta la próxima!
