Es probable que esto necesite un par de correcciones, pero como no sé cuando vuelva a tener acceso a wifi, de una vez lo publicaré.
Tendría muchas excusas y cosas hasta por las que llorar y reír que hicieron que pospusiera la publicación de este y cualquier otra cosa que quisiera escribir, pero estoy feliz de al fin terminar este cap, porque ya le tenía cierto avance pero no me terminaba de convencer.
Espero la espera haya valido la penas.
Tardío Florecer
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Cuarto pétalo
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Inosuke nunca entendió por qué le tenía que pasar esto que Tanjiro le dijo que se llamaba "brama". La primera vez que pasó, se sintió demasiado confundido, pero supuso que se trataba de algo bueno, porque se sentía más fuerte que nunca, y mejor aún, era mucho más probable que alguien se atreviera a pelear con él, como si el calor que era tan intenso que le daba comezón fuera en realidad contagioso para los demás; incluso Tanjiro, que hasta ahora se había negado rotundamente a pelear con él, se atrevió a darle una batalla como pocas había tenido.
Se sentía bien, la adrenalina en su sangre y las ganas de golpear hasta desfallecer eran asombrosas. No había nada más en su cerebro que disfrutar de la batalla.
Hasta que llegó a él esa fragancia.
Ya había podido percibir olores, no tanto como su mayor rival y amigo, pero era algo relativamente fácil de hacer.
Tanjiro olía literalmente al sol, a hojas de una planta cuyo nombre no conocía, a pimienta negra y un poco a brasas. El de Zenitsu era como el de esas frutas jugosas de color naranja, y un poco de salinidad, probablemente de tanto que lloraba. Nezuko aún no tenía una escencia bien definida, pero según había escuchado de su hermano mayor, ella olía a lilas.
Pero, esto era tan distinto.
Su primera impresión fue que tenía el aroma de Tanjiro encima, que honestamente en estos momentos le resultaba bastante repuslivo. Esto usualmente no le molestaría, pero en este momento seguía algo irritado por el desenlace de la riña; él hubiera querido seguir peleando. Sin embargo, se calmó casi de inmediato cuando percibió ese perfume que tenía el jabón de lavanda, ese que usaban para lavar las ropas y sábanas de la Finca Mariposa, que lo hacía dormir tranquilo, como en ningún otro lugar desde la última noche que pudo dormir en su madriguera, escuchando los latidos del corazón fuerte de su madre y sintiendo como cosquilleaba su pelaje castaño, grueso y espeso.
Sin embargo, ese parecía ser un olor que aparentaba ser sólo la entrada, o más bien, algo más bien superficial y que se adhería a ella, más no era aquel que ella producía, porque después le seguía lo que parecía ser una bocanada de aire fresco: El papel ya maltratado de esos libros viejos que tanto le gustaba a Aoi leer, el rocío que cuando pequeño bebía por las mañanas, pequeños frutos rojos y azules, de esos que eran sus favoritos y no le eran nunca suficientes. Había también el aroma de flores, muchas flores, como si estuviera en un jardín prohibido que hacía que toda la piel se le erizara, como si estuviera ante el peligro, no, más bien ante un gran reto que le hacía querer reír de la emoción.
Aoi olía a lluvia, esa fuerza de la naturaleza tan extraña, que podía ser desde unas gotas de agua que aliviaban el calor o una terrible tormenta que arrasaba con todo… pero que siempre era una buena señal, porque la lluvia es vida nueva. Eso… Eso es Aoi, Inosuke se había dado cuenta hace mucho, mientras la veía en la biblioteca de Shinobu y durante las sesiones de entrenamiento de recuperación, con su gracia sutil y su terrible carácter.
Pero no fue hasta ahora que se había percatado de que ella es el medio para la vida nueva.
«¡Mía!», todo su cuerpo gritaba eso, y no dudaría en tomar lo que era suyo.
Cuando la vio en el suelo, llorando, supo que era lo que debía hacer, aunque nunca nadie jamás se lo hubiera explicado, ¿pero quién le dice a las aves que tienen que volar? Era todo mero instinto.
Y el instinto de Inosuke le decía que, a partir de ahora, Aoi era suya, no como lo sería la hembra de un animal, porque él sabía que ella sería suya para toda su vida. Él la reclamaría para que nadie más tomará su preciado tesoro, el olor de Tanjiro en ella resultó repentinamente más molesto, pero eso no le preocupaba, no cambiaba nada: Él cuidaría de ella, y ella de él.
Y ambos cuidarán de su descendencia.
Llegó a esa conclusión tan rápido que le fue imposible percibir que alguien estaba llegando a la habitación hasta que escuchó como la puerta se abría. Hubo gritos, pero lo primero que hizo fue interponerse entre su Aoi y su rival, amigo o no, él no iba a dañarla.
Lo que pasó después, fue muy confuso, su mente estaba en blanco, lo que quería era apartar a Tanjiro, que se encontraba errático, tratando de conseguir poner sus manos sobre Aoi. Eso le hacía hervir la sangre, dispuesto a que la sangre corriera con tal de que la pelinegra se mantuviera fuera de esta pelea.
Los puños apenas empezaron a impactar contra el cuerpo contrario cuando notaron que un tercer individuo entró en la disputa, o más bien se alejó de ella con la razón de la misma. Zenitsu como beta en su potenciado primitivo modo de ser no es siquiera digno de su atención, pero, que él tomé a Aoi, sea cual sea su intención, era algo para enfurecerse.
Le persiguió, así como Tanjiro. Ambos gritaron su nombre, Zenitsu lloró, como era usual.
Lo que vino después no lo esperaba. Un tercer rival.
Uno formidable... e inusual.
Los ojos violeta de Kanao le vieron con una ira fría como las montañas en invierno, emanando un potente olor a miel, pero que, pese a la dulzura del mismo, definitivamente había un poder digno de temer. Ella era sin duda alguna un alfa.
Habría sonreído emocionado por haber encontrado un nuevo contrincante, pero hasta para Inosuke hay momentos en que eso pasa a segundo plano.
Aoi era todo lo que importaba.
— Inosuke…— su nombre sonó como una súplica.
— Aoi— la templanza con que dijo su nombre fue una caricia para el tan sensible cuerpo de Aoi, casi se arqueó al escuchar cómo las dos vocales se deslizaron entre los delgados labios del joven de ojos verdes.
El corazón de Aoi empezó a palpitar contra su pecho tan rápido que casi duele, y tuvo que abrir la boca porque es incapaz de respirar con normalidad. Y eso fue un grave error, porque si bien antes su aroma a cítricos estaba presente y tenía un efecto inmediato en ella, ahora le invade, tan salvaje como antes, sintiéndose como una tempestad que amenazaba con destruir todo lo que estaba establecido en su vida.
Él no se movió ni un poco, pero Aoi no podía discernir si era porque dudaba de lo que estaba a punto de pasar, o si era porque esperaba algo más.
Aoi no puede apartar su vista de él, es como si todo a su alrededor hubiera desaparecido y no quedará nada más. Apretó un muslo contra el otro, porque es imposible de ignorar la tortuosa humedad que empezó a formarse entre sus piernas.
«Alfa. Él te protegerá. Alfa. Él proveerá. Alfa. Él te dará bebés. Alfa. Alfa. Alfa», era todo lo que su cerebro podía procesar.
Su vientre duele. Con algo de miedo a las consecuencias, se atreve a levantar la vista para verlo a los ojos, porque necesitaba verlo.
Todo su ser se estremece, porque puede ver el hambre en sus ojos verdes, la necesidad que siente por ella, casi tan grande como la de ella por él.
Inosuke la desea, un alfa fuerte y joven la desea. Y todo el cuerpo de Aoi le obliga a aceptar todo lo que él tuviera para ofrecer.
«No es cualquier alfa», pudo distinguir en su delirio «Es tu alfa».
— ¡Inosuke!— le llamó de nuevo, ansiosa de sentirlo, incapaz de esperar más, pero sin la fuerza necesaria para lanzarse a él.
Eso fue como un cortocircuito para Inosuke, que de inmediato se lanzó hacía ella, haciendo que Aoi se golpee contra el futón. Se quejó, pero Inosuke pasó su nariz por su cuello, haciéndole cosquillas, como pidiendo perdón. Aoi no tardó en pasar sus manos por sus brazos desnudos, y tampoco pasó mucho para ver que tenía el labio partido.
— Te han hecho daño— paseó sus dedos por su labio inferior, como si con el tacto pudiera curarle.
— No es nada— colocó su frente contra la suya, buscando o brindando confort, Aoi no estaba segura de cual de las dos sería la razón principal.
— Déjame curarte— las heridas secundarias a las peleas con Tanjiro y Kanao no debían ser subestimadas, eso lo sabía bien Aoi, sin embargo, Inosuke negó, aún sin despegar sus frentes, y se inclinó un poco más, rozando sus narices, y las frotó en un acto que le derritió el corazón a Aoi, olvidando por un instante lo primitivo de las reacciones de su cuerpo.
— No— su respuesta fue seca, completamente contraria a sus acciones previas.
— Lo necesitas—, insistió.
— Te necesito a ti— Aoi se encogió y giró su rostro, como tratando de resistirse, pero ella en el fondo se había resignando a que su yo omega estaba por obedecer a su alfa, porque Aoi en el fondo, también lo necesitaba a él.
«Sólo por hoy», se prometió a sí misma «Cuando esto pase, volveré a armarle bronca por cualquier tontería que haga. Y seguro que también le voy a castigar».
El cabello de Inosuke le picaba, desearía tener una cinta con que sujetarlo, pero al mismo tiempo era una sensación nueva y agradable, porque no picaba como el resto de su cuerpo, que estaba ansioso por sentir sus manos recorrerlo por completo, incluso en aquellos lugares prohibidos que no debían de ser tocados sin ellos estar casados.
Pero, ¿realmente eso importaba? Todo era demasiado ideal para dejarlo pasar con ideas tontas de que era correcto para la sociedad y qué no.
— Bésame— le dijo aún sin girar al rostro para estar frente a frente, pero mirándolo a los ojos, porque no quería perderse la expresión que él haría. Y sin duda, agradecería toda la vida por haber hecho eso.
La expresión de Inosuke era simplemente hermosa.
Una sonrisa suave con sus ojos brillando como un par de estrellas hicieron que Aoi se perdiera por completo, ¿o es que había encontrado el lugar en justo debía de estar?
Puso sus manos en las mejillas de él, animándolo para que se apresurará, y surgió efecto, porque los parpados de Inosuke cubrieron sus hermosos ojos al mismo tiempo que posaba sus labios sobre los suyos.
Perfección.
Era justo eso, la fuerza, el calor y el sabor, el cómo ninguno de los dos jadeó, el cómo Aoi abrió la boca en el momento exacto para que la lengua de Inosuke pudiera iniciar a explorarla, y como Aoi lo jaló aún más, pasando sus dedos por entre sus cabellos.
La pelinegra gimió, era como si vapor viajara por sus fosas nasales, pasando por su garganta hasta llegar a sus pulmones. Inosuke se apartó un momento, antes de volver a toda marcha, dispuesto a obtener más de esta gloriosa sensación, que se sentía como la mayor de sus conquistas.
Sin darse cuenta, se volvieron uno sólo en un acto tan sencillo, con roces tímidos, y pequeños suspiros, con las ropas estorbando cada vez más.
— Inosuke— ni siquiera tuvo que decirle lo que quería, porque él ya estaba jalando el pequeño obi, tratando de deshacerlo sin dejar de besarla.
— Mía— ronroneó Inosuke contra sus labios.
— Tuya— le aseguró la enfermera de la Finca, no es por el calor del momento. Es una promesa.
— Mía— lo dijio más para él que para reafirmar la postura, como si no terminará de creer lo que estaban haciendo, o más bien, lo que eran.
— Sí, tonto— le acarició los cabellos, sonriendo, para después abrazar la cadera de él con sus piernas. Sabía lo que estaba provocando, podía sentirlo contra su entrepierna, y le gustaba—. Soy tuya, y tú eres mío, Inosuke.
Inosuke asinitó antes de acariciar con su nariz la de Aoi una vez más, como prometiendo dulzura aunque estuviera pasando sus manos por los muslos desnudos de Aoi.
Se vieron, o más bien se observaron, buscando algo que ignoraban, pero estaban seguro que lo habían encontrado.
Se sonrieron, y cerraron los ojos para besarse una vez más.
Aoi empezó a susurrar palabras de amor, mientras que Inosuke se dedicó a ser tan animal como es su costumbre, limitándose a hacer sonidos que reflejaban su complaciencia mientras creaba ficción entre las pieles.
Ella se aferró a él, pero, a menos que estuviera alucinando, alguien había entrado en la habitación.
Pero no por ello se detuvieron.
No les importaba realmente, ellos estaban en lo suyo y todos los demás podían aguantar a que terminarán… o iban a acabar muy mal.
Pero el sonido de unos ligeros pasos la hicieron abrir los ojos, ella sabía de quién eran. Se lamentó en su interior, pero tenía la esperanza de que al verlos de este modo fuera a desistir.
— ¡No!— chilló horrorizada, y sorprendida, porque no creía que ella fuera a hacer eso.
La pérdida repentina el calor de Inosuke la hace sufrir mucho, como si le hubieran arrancado una de sus extremidades, lo quiere de vuelta.
El sonido que Inosuke produce es sin duda el de una bestia que es interrumpida a medio festín, está furioso, como nunca antes.
— Aoi, no— sabe que la persona que le habla es Shinobu, también sabe que debe de escucharla, pero, aunque quiere calmarse, el deseo de volver a estar cerca de él es mayor que cualquier cosa en el mundo .
— Mía— Inosuke está peleando para liberarse de Shinobu a la vez que dejar claro que ha elegido a Aoi. Suena como si estuviera dispuesto a morir o matar por ella.
A la Pilar le está costando mucho mantenerlo lejos de Aoi, porque por más alfa que sea, la diferencia de tamaño y masa muscular le pasa factura.
— No— Aoi salió de su nido, ni siquiera se planteó acomodarse bien el yukata, sólo quería traer de vuelta a Inosuke. Trató de deshacer el agarre que tenía la menor de las hermanas Kocho, que empezaba a desesperarse por no poder controlar al par de cazadores.
— ¡Aoi!— la nombrada se quedó paralizada, sucumbiendo a la voz de mando de Shinobu, lo cual molestó aún más a Inosuke.
— ¡Mía!— esta vez su proclamación era una advertencia. Si la alfa no respetaba el límite, no iba a contenerse.
— Reacciona, Aoi. Esto no es lo que quieres.
— ¡Sí quiero!
Shinobu se quedó petrificada, pues no esperaba que Aoi estuviera tan perdida en su celo como para olvidar lo que había dicho hacía no más de unas horas. Obviamente Inosuke aprovechó para salir de su agarre y acabar abrazando a Aoi con tal fuerza que acabaron cayendo al suelo. Aunque el golpe hizo a Aoi quejarse, esto sólo fue aprovechado por Inosuke para besarla de nuevo, con tal intensidad que ni siquiera parecía notar el daño que le hizo. Y por el modo en que Aoi siguió con el beso, ella no percibió el dolor.
Aoi gimió suavemente, trayendo de vuelta a la Pilar del Insecto, verlos así, actuando como un par de animales, era simplemente impactante.
Casi se dice a sí misma que quizá debería de dejarlos a solas y que pasará lo que tuviera que pasar.
Pero no era tan sencillo.
Aoi había dicho explícitamente que ella no quería ser tomada por un alfa, y con celo o no, ella era la protectora de Aoi, no iba a dejar que algo así pasara. Seguro Aoi no se iba a poder perdonarse y mucho menos iba a perdonar a Inosuke por haber hecho algo así, e incluso si lograban hacer las paces, Shinobu no creía que estuvieran listos para enfrentarse con las consecuencias que vendrían después; en los planes de Aoi no estaba tener un bebé. Si ellos continuaban, era prácticamente imposible que no resultará embarazada.
— ¡Aoi, no!— trató de razonar con ella una vez más al mismo tiempo que tomó a Inosuke del cuello con ambos brazos, jalándolo lejos de la pelinegra—. Basta, ¡tú no quieres un bebé! ¡Deténganse!
Aoi se paralizó, conflictuada. Shinobu es familia, Inosuke es su compañero.
«¿Qué debo hacer?», lágrimas de una frustración que no conocía invadieron sus ojos, el deber se encontraba en una batalla campal contra el deseo, y ella no tenía idea de qué sería lo mejor.
— ¡Mía! ¡Mía!— siguió forcejeando, pero no tardó en reparar en las lágrimas que brotaban de los ojos azules que tanto le gustaban. La sangre le hirvió, ¡su Aoi no debía llorar! Nadie podía hacerle eso y salir intacto—. ¡Te mataré, no te metas con mi Aoi!— Shinobu se petrificó por un instante, sintiendo verdadero miedo porque sabe que él está hablando en serio.
Cuando Inosuke la hizo caer con un movimiento antinatural de sus piernas, logrando liberarse de ella, fue que el enojo volvió a ella y olvidó el temor.
— ¡Inosuke!— chilló Shinobu ahora indignada, levantándose de inmediato, sujetándolo del cuello antes de que pudiera volver a la chica, que aún estaba quieta. ¿Quién se creía este crío? Ella iba a darle una lección.
Se dejó caer al suelo, esta vez trayendo a Inosuke consigo, apresándolo con sus piernas de la cintura y apretando con toda sus fuerzas su cuello. Él peleó, esta vez realmente como un demonio, con verdaderas intenciones de hacer daño, sin contenerse. Más de una vez se soltó, y eso le impedía a Shinobu lograr que él perdiera el conocimiento, Shinobu temía que el golpe que le dio en las costillas le hubiera fracturado, pero ni por eso se detuvo.
Aoi era más importante que eso.
El sonido de otros pasos apresurados hizo que Shinobu agradeciera a todos los dioses existentes, y esas oraciones se llenaron de júbilo cuando pudo notar la presencia de Kanao.
Su tsukugo no tardó prácticamente nada en noquear a la bestia, lo hizo tan rápido que temió por la vida del usuario del aliento de la bestia. Pero lo observó respirar aúm, haciéndola soltar ese aliento que guardó por el temor a que a Kanao se le hubiera pasado la mano. Al parecer, ni siquiera Inosuke en pleno desborde hormonal por su brama pudo aguantar los esfuerzos constantes de Shinobu y la fuerza descomunal de su otra protegida. Eso sumado a todas las peleas que tuvo por todo el día seguro que le habían pasado factura.
Kanao acomodó el mechón que había quedado sobre el rostro de Inosuke, como si se estuviera disculpando por vencerlo, de nuevo.
— No— Aoi aún estaba en una especie de shock, pero como pudo se arrastró hasta dónde estaba él, lamentando la inconciencia de su compañero como si hubiera muerto.
Lloriqueó más fuerte cuando al tocarlo él no reaccionó.
— Todo va a estar bien—Shinobu le pasó la mano por la espalda, tratando de consolarla.
— ¿Estás bien?— preguntó suavemente Kanao, a lo que Aoi respondió negando con la cabeza. ¿Cómo ella iba a estar bien si él, su alfa, estaba en este estado?
— ¿Por qué?— la pregunta de Aoi era tan sencilla y a la vez difícil.
— Es lo mejor para ti— dijo Kanao con ese tono tan bonito y a la vez frío que le caracteriza. Kanao no sabía lo que era sentir lo que Aoi sentía, pero sí estaba seguro de que esto era lo que debían hacer, y que más tarde se lo iba a agradecer—. Me lo llevaré. Él no puede seguir aquí.
Si ambas no hubieran estado tan ensimismadas por todo lo que había pasado, habrían reparado en que la chica de ojos violeta había tomado una decisión, y una grande.
— Déjalo quedarse— le pidió la ojiazul, pero Kanao negó.
— No puedo— la Pilar del Insecto abrazó a Aoi con fuerza, lista para lo que venía.
Kanao llevaba arrastrando a Inosuke, y una vez fuera, cerró la puerta.
El alarido de dolor que emitió Aoi se escuchó por toda la finca.
Espero no desaparecer de nuevo por meses, pero no puedo prometer nada. Odio ser adulta.
