Prólogo
Caía.
Me deslizaba girando sobre mí misma una y otra vez, sin descanso, en un espacio oscuro e infinito.
Los rostros de las personas que había amado a lo largo de mi vida se mostraron, asomándose como espectros atrapados, de forma continuada, sin que yo lograra memorizar su imagen: mi madre, mi padre, Sakurasou, Shikamaru, mi bebé en mis brazos y él.
Pero ¿quién era él? Aquel hombre de pelo negro, con una tristeza indescriptible en la negra mirada, fue el único que tendió una mano para detener mi caída.
Aullé de dolor al no poder retenerlo, al perder su recuerdo mientras seguía girando, sintiendo el viento golpeándome el cuerpo, arañando mi piel, llevándose todo lo que había sido. Y, entonces, ella se asomó con una sonrisa de triunfo. Mi otro yo, la mujer que me perseguía en mis pesadillas. Su gesto de profundo odio me paralizó, y dejé de respirar. Soltó una risa ronca y su mueca obscenamente vengativa reverberó en mis pupilas enfocadas hacia la nada.
El golpe final. La velocidad se hizo vertiginosa y supe que ya no quedaba mucho para que mi cuerpo, mi vida, se deshicieran en pedazos para no recomponerse jamás. El olvido.
«¿Es eso lo que se siente al morir, Sasuke?», pensé con desesperación.
«¿Olvidarte?»
Esta historia es de Carolina March. Los personajes pertenecen a M. Kishimoto.
