Las cosas se habían calmado.

Independientemente de los sucesos recientes, Orión Black podía decir ahora, después de tanto tiempo, que sintió calma otra vez.

Esto se lo tenía bien guardado para sí mismo, porque sabía que habría cabezas rodando si se atrevía a decir que vivir con Walburga en la misma casa era un martirio, aunque todos en su familia concordaron con él en algún momento de su vida.

Walburga estaba muerta ¿Quién lo diría? Había pensado que su prima / esposa era… ¿Cómo decían los muggles? ¿Hierba mala nunca muere?

Orión ya había estado resignado a pasar el resto de su vida con ella, ambos respirando el mismo aire y compartiendo habitación, pero no.

Walburga estaba muerta, no lo podía creer, y no era porque la amara, claro que no, todo lo contrario, la odiaba, solo que no podía creer que… corriera con tanta suerte.

Walburga había existido en su vida como una molestia constante. Desde niños habían tenido que convivir por el hecho de ser primos, y después, cuando finalmente Orión estuvo alejado de Walburga porque ésta había entrado a Hogwarts, sus padres los comprometieron, fue entonces que se dio cuenta de que nunca podría quitarse a la loca de su prima de encima, así que decidió resignarse pues quedaría mal con su familia si rechazaba a Walburga

Y ahora estaba muerta.

Si alguien lo señalaba, era un caso de pura ironía. Walburga siempre se había jactado de la finura que sería su descendencia, de lo puros que se encontraban sus niños mientras se reía de las crías que Cygnus había tenido. Todas mujeres.

Walburga siempre estuvo segura de que tendría varones, con Sirius, su primer hijo, había tenido razón, con Regulus también. Lo que nadie había pensado, es que Regulus, un hijo tan puro y fino de Walburga, sería quien se la cargaría.

Si no fuera por modales, Orión hace mucho que habría hecho una fiesta agradeciendo a Regulus. Pero tanto sus tíos como su padre habían organizado un sepelio para Walburga (porque había muerto) en la casa donde vivían. Cygnus, Alphard y Lucrecia habían asistido con sus respectivas proles. Incluso Dorea había venido unos momentos sola.

Pero nada de eso importó porque estaba bastante concentrado en no reírse. Incluso cuando Alphard le dijo que era mejor que no estuviera de luto, o si no creería que su hermana lo había hechizado.

Pero toda esa felicidad, toda esa alegría, murió (junto con Walburga) cuando el llanto comenzó, justamente después de que abriera el primer folleto para viajar a las playas de Francia. Al principio se había confundido, creyendo que era su imaginación hasta que su mente se iluminó.

Se había olvidado de sus hijos. Sus. Hijos. Solo de él.

La carrera a la habitación se hizo rápidamente cuando recordó que no había visto a ninguno de sus descendientes después de que le ordenó a un elfo cuidar de su recién nacido mientras veía al medimago decir que Walburga no estaba reaccionando.

La guardería estaba al otro lado del pasillo de donde estaba la habitación principal. Walburga había dicho que los lloriqueos le molestaban en la noche y no la dejaban dormir. Solo cuando Sirius aprendiera a controlar los ruidos que hacía podría dormir en una habitación más cercana.

En la habitación le esperaba una escena un tanto preocupante, Sirius había encontrado una manera de llegar a la cuna de Regulus y lo había despertado sin piedad picando los pequeños e hinchados ojos. Kreacher gritaba en un rincón por su pobre ama y lo poco que importaban los cachorros ahora que ella se había ido

Solo cuando entró por completo los ojos de Sirius y Kreacher lo alcanzaron

—¡Dada! -

—¡Amo Orión, señor! ¡Kreacher ya no quiere vivir, señor Orión! -

Tal vez que Walburga muriera no era lo mejor que podía pasarle después de todo.