~ Autora: Kuroiku
Then you appeared in front of me
You ignited my pale heart
We've been looking for each other from now on
Save you
Se dejó caer, haciendo un esfuerzo titánico porque el oxígeno volviera a penetrar en sus pulmones tras el certero golpe del ruso. Saboreó el regusto metálico de la sangre, tan conocido, que incluso le parecía encontrar un matiz dulce en él. Incluso, con cierta ironía, pensó que a esas alturas ya no le resultaba ni siquiera desagradable.
Le dolía el pecho de una manera inexplicable y, aún así, era plenamente consciente de que el hombre había sido amable con él. Tal vez fuera por los recuerdos de los años que pasaron juntos como maestro y aprendiz; o quizás, lo más probable, es que se tratara de pura compasión. Sabía bien que Blanca solía usar otros métodos menos gentiles cuando tenía una presa en mente y lo cierto es que el motivo le resultaba indiferente, en aquel frío almacén portuario poco iluminado agradecía aquel resquicio de gentileza.
Una presa, en eso se había convertido para él a cambio de a saber cuántos ceros en un cheque. El lince de precioso pelaje dorado acompañado de una mirada tan clara como el mismo océano había quedado reducido a algo tan nimio como eso. Un animal que, a veces, se sentía libre a sabiendas de que siempre estaría condenado a vivir en una jaula con finos barrotes de cristal. Finos. Traslúcidos. Imperceptibles. Pero estaban ahí y cada vez que había intentado escapar se había llevado unos cortes demasiado profundos.
En el suelo, a los pies del ruso, su mente viajó hasta la profunda mirada color azabache llena de gentileza del chico japonés. Su sonrisa amable. Ese halo de luz en medio de su oscuridad.
- Un conejo y un lince no pueden ser amigos –musitó el ruso.
No respondió, porque sentía tan dolorosa esa mentira que no se veía capaz siquiera de rebatirla.
Se sentía cautivo, pero en el fondo le carcomía la culpabilidad porque a fin de cuentas él mantenía a Eiji de la misma forma; atándolo a su lado cuando sabía que su futuro estaba a miles de kilómetros de aquel macabro escenario donde la muerte formaba parte del menú diario. Sin saber por qué, rememoró de forma fugaz el pastel de chocolate que le preparó por sorpresa el día de su cumpleaños. Lo cierto es que el sabor era terrible, nunca había probado nada tan amargo y, desde luego, si el japonés tenía muchas virtudes, la repostería no se encontraba entre ellas.
Luego, casi con vergüenza, el japonés le entregó un libro: "El Alquimista"; trató de fingir que ojeaba la sinopsis con curiosidad pero solo era una mera excusa para dejar correr los segundos en busca de algo qué decir, porque no sabía cómo corresponder aquel gesto desinteresado. Lo había hecho por él, sin más. No estaba acostumbrado, a fin de cuentas. Le dio las gracias casi sin voz, sin saber bien qué decir ante el primer regalo de cumpleaños que recibía sin tener que entregar después su cuerpo a modo de agradecimiento.
- ¿Por qué estás tan empeñado en salvarle la vida? –insistió Blanca.
Como primera respuesta, esbozó una leve sonrisa al escuchar las palabras del hombre.
- Soy feliz porque sé que hay al menos un chico que se preocupa por mí sin pedir nada a cambio –respondió-. No me puedo creer lo afortunado que soy, creo que es el sentimiento más feliz del mundo.
Notó la mirada del hombre posarse sobre su maltrecho cuerpo.
Pero te llevará a la destrucción.
A fin de cuentas es mejor que vivir en una mentira.
Blanca pareció entender el fondo de sus palabras, porque no continuó insistiendo. En su lugar, se dio la vuelta dispuesto a abandonar aquel lúgubre almacén; pero el lince no podía permitir que se fuera sin hacerle una petición nacida de su propia alma.
No lo mates –suplicó-. No le hagas daño, te lo ruego.
El ruso, aunque conmovido, pareció no flaquear.
Lo siento –murmuró-. Tengo que cumplir con el papel que me han dado.
En cuestión de pocos minutos, los pasos de Blanca fueron sustituidos por el motor de un vehículo de alta gama. En su soledad, dejando correr los segundos, entendió que esa partida de ajedrez no terminaría en tablas. Nunca lo permitirían. Se incorporó despacio, con la firme idea de recomponer su alma al tiempo que su mente comenzaba a maquinar alguna jugada que le otorgase un jaque mate que alejase a Eiji de cualquier peligro.
Un lince y una liebre no podrían ser amigos, pero él estaba dispuesto a entregar su vida por él. Y, mientras se dirigía a la salida con paso inestable, deseó que aquella pistola hubiera tenido la bala necesaria que garantizaría la supervivencia del chico japonés.
Get away from me
Get away from dark nightmare
Just now, chip at your heart
We just fight for freedom
~ N/A: Esta pequeña historia está dedicada a la mejor amiga de todos los tiempos, Annie-chan Diethel. Defines la palabra amistad y eres el sentido de cada una de las palabras que escribo. Espero que podamos leer miles de historias de la otra, porque eso significaría que seguimos siendo las mayores compañeras de fandom. Feliz cumpleaños, churri. ¡Te quiero hasta el infinito y más allá!
