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Advertencias del capítulo: (Sexo explícito y lenguaje obsceno)
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Disclaimer: Attack on Titan y sus personajes NO me pertenece
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Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización.
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DIRTY DESIRE
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"Role Play"
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Lanzó un suspiro, observando como las personas iban y venían de un lado a otro. Estaba agotada, luego de un vuelo de veintitrés horas. Al día siguiente tenía una reunión muy importante con la cual sellaría un contrato que había perseguido durante cinco meses.
En su medio era muy común viajar, tanto que conocía casi completamente al personal del aeropuerto y de los vuelos más recurrentes. Tenía tantas millas acumuladas que en cuanto tuviera esas vacaciones que le habían prometido desde hacía tres años, seguramente se encargaría de viajar por toda Europa. Un descanso le serviría mucho. Manejar un horario de trabajo de dieciséis horas, seis días a la semana nunca había sido sencillo y le dejaba muy limitada de tiempo.
En algunas ocasiones apenas lograba dormir entre los contratos que debía revisar y los viajes que continuamente realizaba. Su mejor amiga, Sasha, en más de una ocasión le instaba de tomarse un tiempo de descanso, pero era ese mismo esfuerzo el que le había posicionado en tan buen nivel profesional y no podía simplemente dar un paso atrás botando tantos años de trabajo arduo.
Sin embargo, empezaba a notar las carencias en su vida tanto personal como social. Su última relación había terminado tres años atrás y su pareja no pudo soportar su compromiso con el trabajo.
Luego de ello había tenido un par de citas, pero ninguna memorable. La última vez que tuvo relaciones sexuales fue casi dos años y medio atrás y había sido tan poco satisfactorio que decidió renunciar a los encuentros sexuales de forma casual. Cuando pensaba en la miserable vida social y sentimental que tenía se daba cuenta de lo sola que se sentía.
—Necesito un trago – se quejó entre dientes.
Tenía una habitación esperándole, pero prefirió aventurarse al bar del hotel en el que usualmente se hospedaba, antes de adentrarse a la soledad de su recámara. Apenas eran un poco más de las cinco de la tarde por lo que no había demasiadas personas. No solía beber mucho, pero dado el drástico cambio de horario talvez el alcohol le ayudará dormir.
Permitió que le sirvieran una bebida dulce y se la tomo lentamente. El sabor era delicioso y no era demasiado empalagosa, apenas noto que se la terminaba y aunque sabía que no debía, pidió dos más.
Mientras observaba el último trago de líquido escarlata decidió que sería suficiente. Se sentía lo justamente relajada como para tomar un baño, hundirse en su cama y despertar hasta el día siguiente. Era un alivio que su reunión estuviera programada al medio día.
Estaba apunto de levantarse cuando percibió un aroma varonil.
—¿Puedo sentarme? – susurro una voz masculina. Mikasa volteo el rostro con lentitud y observo directamente los ojos más verdes que jamás había visto.
Sintió como el pulso se le aceleraba y ni siquiera pudo detener el jadeo que escapó de sus labios. Percibió como su cuerpo se calentaba, un calor delicioso que nació desde su estómago hasta el resto de sus extremidades.
—Hola – musitó tontamente.
Un sonrojo de vergüenza se apoderaba de sus mejillas cuando escucho la melodiosa y masculina risa.
—Hola – él sonrió y ocasionó un caos en su interior.
¿Acaso se había quedado dormida en el vuelo y soñaba? No podía haber otra razón para que el hombre más sensual del mundo decidiera sentarse a su lado. Ese era Eren Jaeger, el piloto principal del vuelo 411.
La primera vez que lo había visto fue cuatro años atrás. En ese entonces debía hacer su primer viaje de negocios y estaba nerviosa, tanto porque debía volar como porque esperaba llenar las expectativas de sus clientes. Estaba esperando la llamada de los altavoces para subir al avión cuando una fila de aeromozas perfectamente alineadas pasaron frente a ella. Todas eran mujeres altas, hermosas y muy femeninas. Al final de ellas iban dos hombres, apenas noto al que caminaba del lado izquierdo pues sus ojos fueron atrapados por la imagen más perfecta de la masculinidad.
Alto, moreno, cabello castaño ligeramente largo, un rostro perfectamente asimétrico, un cuerpo atlético y los ojos verdes más hermosos que jamás había visto.
Ojos que en ese momento le observaban.
Desde que le había visto en ese primera ocasión, Mikasa había experimentado un flechazo instantáneo. Cada vez que debía viajar, procuraba que fuera en el vuelo del piloto Jaeger. Tener un vistazo de él era suficiente para ella, aunque en más de una ocasión había deseado tan sólo acercarse.
¿Era acaso una señal? Había estado pensando últimamente en lo solitaria que era su vida. Habiendo alcanzando finalmente la posición profesional que anhelaba, ahora podría ceder fácilmente parte de su trabajo e intentar una relación.
—¿Llevas mucho aquí? – que él iniciará la conversación sin duda la dejo aún más asombrada.
Mikasa bajo rápidamente el rostro escondiendo el rojo que había impregnado sus mejillas antes de dar el último trago de su vaso.
—Un momento – susurro con suavidad – Quería tomar algo.
—Igual yo… prefiero hacerlo a esta hora, no soporto el cúmulo de personas – él asintió cuando el barman le pasó su trago.
Mikasa observo como sus dedos grandes y fuertes se envolvían en el vaso de cristal. Sintió como el fuego crecía aún más, centrándose en su vientre.
—Me pasa igual – tuvo que aclararse la garganta al percibir la resequedad en su boca – ¿No hay más vuelos?
—¿Cómo? – la miro rápidamente y entonces ella se dio cuenta de su error, se encogió temiendo que la tachara de acosadora hasta que escucho su risa masculina – Ahh, el uniforme, claro.
—Si, claro – nerviosamente se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.
—Si – la miro y ella lo observo también, más tímidamente – Soy Eren Jaeger, piloto – le mostró una encantadora y coqueta sonrisa.
—Mikasa Ackerman… soy…
—No importa Mikasa, un gusto – la manera en que acarició su nombre en sus labios fue definitiva.
Podría haberse enamorado de él en ese momento si ya no estuviera a un paso de ello.
Entonces...
—¡Maldición! – escucho el gruñido masculino cuando el codo de Eren choco contra la puerta.
—Estas bi… – la pregunta murió en sus labios cuando nuevamente se vio atacada.
Sintió como las manos grandes y masculinas se apoyaban en su trasero apretando con deleite. Su boca se vio ultraja por besos ansiosos, pecaminosos, deliciosos.
Mikasa soltó un gemido mientras retrocedía lentamente, siendo guiada por el cuerpo más grande, sus rodillas chocaron contra la orilla de la cama. Sintió como caía y el colchón esponjoso amortiguó el golpe.
Miro rápidamente al hombre frente a ella, notando como llevaba las manos a su corbata azul. Ella quería ayudarle a desvestirse y besar cada porción de piel que quedara desnuda, pero no sabía si alguna vez tuviera otra oportunidad de esa visión, por lo que prefirió disfrutar de ella.
¿Que estaba haciendo? ¿Acaso pensaba tener sexo con un desconocido? Se consoló pensando que lo había seguido con la mirada a lo largo de cuatro años. Debía bastar porque en ese momento no quería más que sentirse completamente invadida por él.
Su mirada se deslizó por el torso masculino, perfectamente esculpido. Intento erguirse, pero una mano se apoyo en su estómago y la obligó a volver a su antigua posición.
—Quieta – le advirtió seriamente. Mikasa sintió como el calor volvía y se hacía fuego líquido justo en sus bragas.
—Yo quiero…
—Shh… – noto como alzaba una ceja y hubo algo en su expresión tan seria, masculina y dominante que la obligo a asentir.
Observo como llevaba esas manos grandes a su cinturón y lentamente se desprendía del pantalón. Soltó un jadeo cuando observo su erección y trago saliva cuando contempló el hecho de acariciarla y tenerla en su interior.
—Abre las piernas – tomo su falda y la subió rápidamente arrastrándola alrededor de sus caderas y por sobre su trasero. La tela no ofrecía ninguna elasticidad y le quedaba tan a la medida que creyó que cedería ante su fuerza.
Intento erguirse sobre sus codos, pero Eren nuevamente puso una mano sobre su torso y justo entre sus pechos, antes de empujarla sobre su espalda.
La morena soltó un jadeo y le miro rápidamente. Parecía un hombre tan encantador que jamás había esperado que fuera tan dominante, menos aún sentirse tan excitada por ello.
—Eren… – gimió suavemente, arqueando las espalda hacia sus manos, que le apretaron los pechos abarcando la carne entre los dedos.
—Si – siseo él inclinándose y enterrando el rostro en su cuello.
Mikasa llevo las temblorosas manos a sus hombros y apretó los dedos en sus músculos, mientras sentía como deslizaba los labios por su piel proporcionando besos calientes en los puntos más sensibles de su cuello.
—Mmm – gimió cuando sintió como su delicioso peso se apoyaba sobre su cuerpo.
Eren deslizó una mano sobre su muslo y la obligó a abrir la pierna para asentarse en el lugar justo donde necesitaba. Mikasa soltó un suspiro, meneando la cadera y notando como la dureza de su longitud se apoyaba en su calor. Percibió las palpitaciones y la humedad en su centro, y una vez más elevó las caderas anhelando más del caliente contacto.
—Maldición – gruñó Eren cuando empezó a moverse bajo él. Se irguió apenas, manteniendo sus caderas tan deliciosamente unidas, pero elevando el torso lo suficiente para abrirle la camisa. Sus pechos quedaron expuestos a su mirada, sostenidos por un sencillo sostén negro.
Mikasa gimió por dentro, avergonzada por la ropa interior poco atractiva. No podría haber soñado jamás que finalmente tendría un encuentro con su amor platónico, de haberlo sabido seguramente se habría esforzado porque fuera aún más inolvidable.
Suspiro cuando Eren enterró el rostro entre sus pechos, una de sus manos se aferró a su seno derecho y haló el sostén hasta liberar su piel desnuda y un pezón rosado orgullosamente erguido. La tela crujió y cedió ante su fuerza rompiéndose por la mitad. Ambos pechos quedaron expuestos bajo la caliente y depredadora mirada.
—Me gustan – sus manos abarcaron uno empujándolo hacia su boca. Envolvió los labios alrededor del pequeño pezón y lo succiono con tirones fuertes y sensuales.
—Ohh… mmm – gimió arqueándose bajo su cuerpo.
Los labios masculinos se deslizaron por su piel, succionando y mordiendo sus pezones, y lamiendo un camino de fuego a través de su torso y abdomen. Mikasa jadeo cuando le dio un atrevido beso en el ombligo y suspiro cuando le mordió el vientre, causando una contracción exquisita en su interior.
—Deliciosa – Mikasa levantó el rostro sonrojado y noto que Eren la observaba fijamente, con una mirada caliente y una sonrisa que presagiaba un mundo de placer.
Se removió cuando él la tomo por los muslos y la obligó a abrir las piernas. Estaba por decir algo, pero sus dedos apartaron la braga negra y se adentraron directamente en su calor.
Estaba empapada y caliente. Saltó cuando su pulgar se deslizó lentamente entre sus delicados labios hasta el pequeño clítoris.
—Estas muy húmeda – susurro sensualmente, apoyando un dedo en su botón y haciendo movimientos circulares. Mikasa gimió y meneó las caderas lentamente, en coordinación con sus movimientos.
—Eren…
—Eres muy… bella – masculló inclinándose de dando un beso en el interior del muslo derecho. Mikasa se mordió el labio inferior y le lanzó una mirada excitada.
Sintió como su dedo medio hacia un camino hacia su entrada, su almohadilla le acarició suave y dulcemente antes de ingresar. Ella gimió y se arqueo ligeramente, buscándolo con la mirada.
Soltó un jadeo ante la visión de su amante. Eren parecía muy concentrado y francamente excitado, miraba fijamente sus dedos, que se deslizaban por los lugares correctos buscando los puntos de mayor placer. Mikasa nunca se había sentido de esa manera, como si el calor fuera capaz de consumirla, como si podría explorar si él no la tocaba ya, aún más, muy dentro. Necesitaba tanto sentirle.
—Por favor – jadeo en una súplica. Eren levantó la mirada y la observo. Pequeñas gotas de sudor le recorrían el rostro y los músculos de sus hombros parecían tensos.
—Joder, Mikasa… no puedo esperar – él se irguió y apoyo las manos a los lados de su rostro inclinándose hasta que sus bocas se encontraron.
La manera en la que succionaba sus labios, con tanta suavidad y al mismo tiempo intensidad, la sensualidad con la que su lengua ingresó y acarició la suya trajo escalofríos a su cuerpo y la hizo aún más consciente del calor que explotaba en su piel.
El sonido de su succión, sus dedos tomando bruscamente sus muslos, las caderas masculinas profundamente enterradas entre sus piernas, dónde más calor sentía, todo contribuyó a llevarla a una espiral de placer. El latido en su interior parecía aumentar con los segundos, apretando el dedo invasor y al ritmo de la caricia sexual sobre su pequeña perla inflamada, el botón de sus pasiones. Casi lanzo un chillido cuando él dejó de tocarla.
Sintió como Eren apretaba su muslo y luego como alzaba ligeramente las caderas y las dejaba caer fuertemente contra ella. El roce de su piel desnuda sobre sus bragas, la manera en la que su miembro buscaba el lugar preciso dónde le necesitaba le hizo darse cuenta del fuego de su pasión. Mikasa llevo una mano a la nalga derecha del hombre y la apretó mientras alzaba aún más la cadera, demostrándole el alcance de su necesidad.
—Por favor – gimió. Eren se rió entre dientes.
—Te estás quemando ¿verdad? – le mordió el cuello y alzó las caderas para tomar su propia erección, dándole una caricia ligera y muy sensual.
Mikasa bajo la mirada y observo su miembro endurecido. Tenía un color más oscuro que el resto de su piel y el tamaño perfecto para complacerla. Nunca había deseado a un hombre tanto como lo deseaba a él, nunca se había sentido tan excitada o ansiosa durante un encuentro.
—Eren – gimoteó con la voz ronca de excitación.
—Eres tan hermosa – gruñó él.
Que lo pensara sólo logró excitarla. Mikasa envolvió las piernas alrededor de sus caderas y le obligó a dejar caer el peso de su cuerpo sobre ella. Eren se sostuvo rápidamente con sus brazos y su miembro se asentó en el punto justo donde se quemaba.
—Y tan impaciente – se rió llevando una mano a su pierna derecha y obligándola a abrirla para acomodarse mejor.
—Mas rápido – jadeo
—Mas lento – soltó juguetonamente, sin embargo gruñó cuando Mikasa volvió a levantar las caderas moviendo su calor alrededor de su palpitante erección.
—Yo necesito… – apenas podía pensar.
Estaba demasiado excitada. Llevo una mano a su propia entrepierna y deslizó delicadamente dos dedos entre sus labios inferiores. Estaba húmeda y el latido de su clítoris parecía aumentar con el paso de los segundos. Nunca se había sentido de esa manera.
Eren la miro fijamente, bebiendo de la imagen erótica que ofrecía. Tenía el cabello revuelto sobre las sábanas blancas. Los regordetes pechos se movían agitadamente, al compás de su respiración irregular, sus pezones estaban enrojecidos por sus caricias, llamaban a sus labios. Su piel había adquirido un sonrojo precioso. Era la personificación de la belleza femenina. Hermosa, erótica y necesitada.
Noto como deslizaba los dedos a ese punto tan caliente de su cuerpo y escucho sus suspiros y jadeos mientras se acariciaba. Nunca una mujer le había parecido tan sensual como Mikasa, lo había sabido desde el primer momento en que puso sus ojos en ella. Debía ser suya.
—Deja de jugar con fuego – le advirtió roncamente.
Los ojos de ella brillaban y su expresión de anhelo y sumisión le hicieron darse cuenta de que también él estaba jugando demasiado.
Necesitaba culminar el acto. Estaba tan excitado que el cuerpo le temblaba. Su piel quemaba en todos lados y el latido de su miembro era insoportable. Necesitaba tenerla, pero no quería que terminara tan rápido. No espero jamás que su encuentro fuera tan caliente.
Mikasa hizo un puchero en los labios, lo que le obligó a inclinarse y tomarlo. Mientras la besaba sensualmente, sintió como ella llevaba una mano nuevamente entre sus cuerpos. Estaba apunto de reprenderla cuando sus delgados y suaves dedos se envolvieron alrededor de su falo. No pudo evitar tensarse y separarse de ella para observar su acción. Su mano se movió con lentitud, proporcionándole caricias tiernas. De arriba a bajo. Una y otra vez.
—Mikasa – soltó un jadeo temiendo terminar demasiado pronto.
Levantó la mirada y noto que ella le observaba fijamente, disfrutando de la expresión de su rostro. Suspiro cuando sintió como acomodaba la punta de su pene en su calor, usándole para mover la braga y luego deslizándole suavemente y recogiendo la lava líquida de su excitación. Gruñó cuando ella le apoyó justo en su entrada y dejó escapar el aire en un siseo cuando finalmente permitió que le llevará a su interior.
Mikasa cerro los ojos y hecho la cabeza hacia atrás. La mano que tenía apoyada en las sábanas, se apretó arrugando la tela entre sus dedos. Ella elevó las caderas queriendo acogerle profundamente en su interior y maldita sea si había otro lugar en el que quisiera estar.
—Eren – gimió cuando se asentó hasta el fondo.
—Es lo que querías ¿verdad? – apoyo una de sus manos en los pálidos muslos y la obligó a levantar la pierna. Ella era flexible y la manera en la que se abrió le permitió unos centímetros más dentro de su cálido canal. Eren gruñó, percibiendo un escalofrío de placer en la nuca.
—Si, si… – ella le miro con los ojos entrecerrados.
Tenía la expresión de una mujer ahogada en la pasión. El mismo se sentía consumido por el calor del momento. Nada aquel día había presagiando un desenlace tan malditamente satisfactorio.
—Mierda – gruñó retrayendo las caderas y dejándolas caer de nuevo.
Mikasa gimió y arqueo la espalda. Expuso sus pechos a su mirada y Eren no resistió la tentación de inclinarse y enterrar el rostro en la opulenta redondez de sus cumbres femeninas. Lamio el seno derecho y se metió el pezón izquierdo en los labios succionando con avaricia. Mikasa era muy sensible, lo noto desde un inicio, y sintió como se humedecía y contraía a su alrededor justo en ese momento.
Tomo con firmeza la otra pierna y la envolvió en su cadera antes de moverse. Decidió avanzar con movimientos suaves y precisos. Los gemidos de Mikasa subieron en volumen, causando una placer inimaginable en su interior. Eren jadeo y se inclinó enterrando el rostro en su cuello y aspirando el aroma de su piel. Apretó los dedos en su muslo y se dejó caer en un golpe certero logrando que sus cuerpos temblaran aún más. La morena le rodeó con las piernas, intentando acercarle. Nada se había sentido más increíble y caliente que ese momento.
Permitió que una de sus manos se deslizara por la redondez de sus curvas, tomo su pierna aún más abierta y la sostuvo de una nalga mientras lentamente se ponía de rodillas. Mikasa gimió cuando el contacto entre sus cuerpos cesó, pero se apresuró a tomarla de la cadera y obligarla a voltear sobre su cuerpo.
—¿Que sucede? – la voz de ella temblaba.
—Quédate así – apoyo una mano en su espalda y la obligó a volver a apoyarse en la cama.
Cedió el espacio suficiente para levantar las caderas femeninas aún con el torso pegado a las sábanas de la cama. La ayudo a salir de la camisa y observo la piel marfilada de sus nalgas mientras tomaba su erección. Esta vez pudo deslizarse mucho más fácilmente en su interior, pero se vio apresado inmediatamente por sus calientes y húmedas paredes.
—Maldición – tomo la tela de la falda mal acomodada y la uso de soporte para manipular su cuerpo.
Se permitió perder el control. La habitación se llenó de gemidos, suspiros y gruñidos mientras sus embestidas subían de nivel, mucho más fuertes, profundas y certeras. Observo la imagen erótica que presentaba, su miembro desapareciendo en el cálido pasaje, los enrojecidos labios a su alrededor, acariciando todo el camino hasta dentro. Mikasa intento alejarse del placer, pero se apoyo sobre su cuerpo obligándola a mantenerse a su merced.
—¡Eren!
—Ya casi – gruñó él entre dientes.
Unos movimientos más y sintió como la familiar y deliciosa tensión empezaba a construirse en su vientre. Mientras Mikasa se estremecía bajo su cuerpo y sus paredes le succionaban el alma, Eren gimió cuando empezó a correrse y tembló mientras las olas de placer le estremecían la piel.
Jadeo, sin aire y casi sin fuerzas. Se inclinó hasta apoyar la frente en la espalda femenina y le acarició con la mano el costado de la delgada cintura. Las piernas de Mikasa temblaban, por lo que cayó sobre la cama agotada.
—¿Estas bien? – le dio un beso en el hombro y tomo su barbilla con delicadeza obligándola a mover el rostro en su dirección. Mikasa suspiro cuando le dio un beso en los labios.
—Mmm…
—Vamos – Eren la tomo de la cintura y lentamente la hizo acomodarse en la cama, de espaldas.
Ella permaneció con los ojos cerrados mientras terminaba de quitarle la falda y la braga. Le dio un beso en la mejilla y se levantó.
—¿Adonde vas? – susurro ella suavemente. Eren la miro con una sonrisa y se acercó a su pantalón, que se encontraba tirado en el piso.
—Voy a llamar a Armin. Quiero saber cómo está Carla.
—Te preocupas demasiado – ella bostezo y se acomodó sobre las almohadas. Tomo la sábana y cubrió su delicioso cuerpo de su mirada.
—No es así – se quejó falsamente mientras le daba la espalda. Sintió un calor inundaba sus mejillas – Mejor duérmete.
—No puedo si no estás aquí – susurro Mikasa suavemente.
Era increíble que luego de tantos años de estar juntos algo tan simple como eso pudiera acelerar su corazón.
—Eres una caprichosa – volvió a ella cuando tomo su celular. Mikasa se acomodó dándole la espalda por lo que la tomo de la cintura y pego su curvilíneo trasero a su ingle.
—Tu me haces así – susurro somnolienta.
—Claro – rodo los ojos, más para si mismo que para ella.
Llamo a su mejor amigo para verificar que todo estuviera en perfecto orden con su pequeña. Armin le aseguro que se preocupaba por nada, pero Eren le ignoro, avisándole que pasarían por ella al día siguiente. Cuando colgó, dejo el teléfono en la mesita de noche y abrazo el cuerpo cálido de su esposa.
—¿Todo bien? – musitó ella suavemente.
—Creí que dormías – le dio un beso en el cuello.
—Mmm… – suspiro – Estaba esperando a que terminaras de hablar.
—Armin dice que Carla está feliz de poder dormir con Annette.
—Son mejores amigas. Se llevan tan bien como nosotros – que sus hijas fueran mejores amigas era agradable, hacia su unión aún más estrecha.
—Si, es mejor que descanses.
—Me gustó mucho el piloto Jaeger – comento con una sonrisa perezosa.
—Sabía que te iba a gustar.
—Me gustas de cualquier manera.
—Es bueno saberlo cariño – susurro Eren tomando su rostro y volteándolo lentamente. Saboreo sus labios con ternura y la observo mientras Mikasa finalmente se dormía.
Llevaban juntos casi una década y cada año había sido mejor que el anterior. Sin embargo últimamente habían optado por aquellos juegos de roles donde podían fingir tener otras vidas.
Era la manera más perfecta de saber que sin importar la circunstancia en que se conocieran, su destino era estar juntos.
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FIN DEL CAPÍTULO
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NOTAS DEL CAPÍTULO:
Espero que les haya gustado el primer capítulo.
No estaba segura, pero decidí participar en el EREMIKASMUT2021, así que será una pequeña historia de seis relatos sin ninguna relación acerca de EreMika en su faceta más sensual.
Se supone que debería crear contenido adulto únicamente, pero prefiero hacer un pequeño one-shot con una historia de fondo. Ojalá sea agradable.
El primero como vieron era Role Play y creo haberlo dejado lo suficientemente claro. Ellos son un matrimonio que juega a los roles. Carla sería el nombre de su única hija y Annette la pequeña de Armin y Annie.
Nos leemos pronto. Besos y abrazos.
14/06/2021
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