¡Holiii! un nuevo relato corto de mi shipp favorito.

Está inspirado en el capítulo 12 de la temporada 7, y también en la canción Take me home de Jess Glynne. Cada vez que la escucho, ese capítulo, esos dos, vienen a mi mente, así que solo me queda esperar que les guste mucho.

Besooossss.


Ahí estaba, había vuelto a su hogar hace unos seis meses, la reincorporación al equipo había sido fácil, a pesar de las sorpresas, los enfados, todos habían terminado felices de tenerla de vuelta. Las altas esferas del FBI habían permitido su vuelta al equipo, el continuar todos juntos, luego, aprobada por una psicóloga Emily había vuelto a sus tareas en el campo. Sin embargo, después de revisar el informe del experto, Hotch le había aconsejado que vendrían muchos días buenos, pero, cuando llegase el momento en que se viniese abajo y tuviese un mal día, se lo dijera, nada más, porque confiaba en ella.

Como predijo, los días buenos corrieron con los meses, resolvían los casos, quedaba con Morgan para ir al campo de tiro, tenía noches de chicas con Penélope y Jennifer, a veces veía películas con Reid, y se tomaba una copa de Bourbon con Rossi charlando de diversos temas... Pero, para su infortunio, el día malo también llegó.

Un caso fuerte que le había recordado su propio encuentro con Ian Doyle, cada una de las marcas que le había dejado, en el cuerpo, en la mente y en el corazón.

Estaba haciendo un gran esfuerzo por compartimentar sus sentimientos, pero frente a un grupo de perfiladores a veces resultaba muy difícil ocultar el cien por ciento de ellos, más cuando sus lágrimas pugnaban por salir, mientras se refugiaba en la soledad del fondo del avión.

Agradeció que le dieran su espacio, su tiempo, para que el río del pasado volviese a su cauce, después de todo, cada uno de ellos había enfrentado diferentes situaciones traumáticas, casos que los habían llevado a tocar fondo, y podían comprender que solo era eso lo que necesitaba, tiempo.

Pero, Aaron Hotchner no pudo contenerse por mucho más, aunque se justificó en su imagen como jefe de unidad, en el fondo sabía que iba más allá, quería consolarla, necesitaba calmar su dolor, porque él mismo podía sentirlo a través de sus ojos acuosos.

Estoico, como siempre, dejó su sitio al lado de Rossi, para cruzar el avión hasta donde Emily se encontraba. Seguido de su mirada tomó asiento frente a ella, dándole la espalda al resto del equipo. Se dedicó a leerla en silencio, hablando con ella a través de sus orbes, hasta que le escuchó decir, en un quebrado tono de voz:

—Estoy teniendo un mal día.

No dijo nada. No pudo más que extender sus manos sobre la mesa para tomar las de ella, dándole la fuerza, el valor, pero sobre todo, la calidez que su alma necesitaba.

—Está bien tener días malos —susurró después de un rato —Solo no olvides que estás de vuelta, estás en tu hogar, con personas que te aman.

Dejó que la primera lágrima se deslizara por su mejilla, más no le importó, no quería soltar sus manos, ni siquiera por la hecho de que el equipo había tomado nota de su lazo no tan profesional, o al menos, usual en él.

—No lo olvido —murmuró, dejándole ver una pequeña sonrisa llena de melancolía —Así como tú no olvidaste tu promesa de traerme de vuelva a mi hogar —Mordió su labio, tratando de no delatar sus sentimientos —Gracias, Hotch.

Solo asintió en respuesta, sabiendo que no podía permanecer mucho más tiempo frente a ella en una posición tan comprometedora. Con cariño le regaló un último apretón de manos mientras susurraba:

—Prentiss, si necesitas algo... —dejó la frase en el aire al verla negar.

No pensó, tenía claro lo que necesitaba de él, y sobre todo, que no podía ser, al menos mientras estuviesen en el avión, y si era sincera consigo misma, no era capaz de pedírselo aunque estuviesen solos, sería demasiado revelador para un perfilador de la talla de su superior.

Ahogó el suspiro que nació en su pecho cuando lo observó partir. Su dolor causado por el caso había mermado, pero el desazón de un amor que no poseía ni la más mínima oportunidad de florecer le golpeó con fuerza.

Ambos, en sus respectivos puestos, ignoraron las miradas confusas de sus amigos, y se sumieron en sus respectivos pensamientos, deseando llegar lo más pronto a casa.

Desde su sitio observó cómo cada uno caía rendido, o al menos descansaba con los ojos cerrados, ella tenía la misma necesidad de descansar, pero el temor a tener una de esas pesadillas la mantenía despierta. Con cuidado de no despertar a nadie, cruzó el avión para ir al pequeño Office, se preparó una cargada taza de café, y mientras la esperaba se recargó del mesón pasándose las manos por la cara, quería borrar todos sus hilos de pensamiento, con respecto a Doyle, las cicatrices, Hotchner y los sentimientos que le guardaba.

Se sentía pérdida, quebrantada, y el dique estaba a punto de salir disparado, quería llorar, dejar de ser perfiladora por un instante y permitirse el fluir sus sentimientos como cualquier ser humano, pero no pudo, ser fuerte era su lema, podía con cada uno de sus sentimientos.

Respiró, tan hondo, tan profundo, que su silencioso espectador rompió su estado de quietud, para acercarse hasta ella, posándose a escasos centímetros de distancia.

—Hotch... —susurró, al quitarse las manos del rostro.

Observó más allá, pero todos parecían estar en su sitio dormitando. Volvió su vista a la de él, leyendo en sus oscuras pupilas la preocupación. Esta vez, en privacidad, volvió a tomar su mano, y con cuidado le acomodó lo que quedaba de su flequillo ahora largo.

—Estaré bien, no tienes que preocuparte —murmuró con un nudo en la garganta.

—Lo sé —respondió sereno —, pero mientras no lo estés, estoy aquí para ayudarte —Limpió la única lágrima traicionera que logró escapar —Dime que necesitas.

Negó, no podía pedírselo, aunque su cercanía le hacía sentir más vulnerable. Y él, leyéndola, más como hombre que perfilador, le alzó el mentón con un dedo, tentándose a romper las normas impuestas por el FBI, e inclusive, las suyas.

—Emily... —pronunció su nombre, abrazando su cadera con su brazo libre.

Como si se tratase de una polillita atraída por la luz, se acercó hasta que sus narices se rozaron, creando un chispazo que les recorrió a los dos, dándole calor a esa llama que había surgido hace años atrás cuando se vieron por primera vez.

Y con todo lo que habían pasado en el trascurso del tiempo, en conjunto con el resto del equipo que aguardaba afuera, no existía nada que pudiese detenerlos ya.

—Te necesito a ti, Aaron Hotchner.

No dijo nada, no hizo falta, cerró la distancia juntando sus labios contra los suyos, disfrutando por primera vez la sublime fusión con su suave carnosidad. Apretó el agarre, hechizado, profundizando con suma dulzura su encuentro, saboreando cada espacio, recorriéndola con ternura, y tomar cada rastro de su tristeza para desaparecerlo.

Tenía el control, bebió sus suspiros, sus lamentos, y le devolvió la fe, atrapándola en el momento justo cuando estaba a punto de caerse al suelo y quebrarse. Su beso, sus labios, fueron un bálsamo para su alma, un cicatrizante para cada una de sus heridas de guerra.

Extenuados se fueron alejando, dándose pequeños besos, muestra clara de no desear separarse, pero la falta de oxígeno les obligó. Se acurrucó en su pecho, feliz de que la sostuviese firmemente entre sus brazos.

—Gracias... —murmuró. Se apartó lo suficiente para poder mirarlo a la cara —Por llevarme a casa cada vez que me siento perdida.

—A partir de ahora no dejaré que vayas a ningún otro lado que no sean mis brazos.

Sonrieron, volvieron a compartir un silencioso beso con sabor a una nueva vida juntos...


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prometo que van a gustarte.

Hasta la próxima lectura.