Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.
Recuerdos del futuro
Esta no era la primera vez que solía irse a la cama recordando el pasado, siempre acostumbraba hacerlo cuando no era capaz de conciliar el sueño y se perdía en sus memorias. El primer recuerdo que lo visitó fue el de su madre, quien, tristemente para Toji, luego de haber enfermado gravemente, murió cuando él era muy joven poco después del nacimiento de su hermana menor.
Desde ese día, a pesar de seguir siendo muy niño, Toji Suzuhara se vio obligado a madurar demasiado deprisa, al ver como su padre, quien no superaba la muerte de su mujer, no se veía emocionalmente estable como para hacerse cargo de dos hijos por sí solo. Así fue como inició su dura niñez en la ya destruida Tokio-3, donde, antes del desastre, al menos halló un ápice de paz.
Sinceramente le aburría ir a la escuela, le era imposible continuar despierto al escuchar la somnífera voz de su maestro, repitiendo, una y otra vez, la misma clase sobre el Segundo Impacto. Viéndose a él mismo en retrospectiva, conociendo ahora muchas cosas que antes ignoraba, le indignaba que desde muy temprana edad llenaran las cabezas de los jóvenes con tantas mentiras.
Sin embargo, ya teniendo muchas amarguras y tragedias con las cuales lidiar, prefiriendo pensar en cosas más positivas, Toji evocó cuando pasaba la mayoría del tiempo jugando baloncesto hasta ya muy entrado el atardecer. Nunca consideró seriamente dedicarse a ese deporte, pero al ayudarlo a olvidarse del mundo que lo rodeaba, Toji, con sinceridad, amaba el básquetbol.
Con gran tristeza lamentaba no poder volver a jugarlo hoy en día.
Así pues, sin que lo notase, sus ojos se habían cerrado hacía varios minutos, en tanto el cansancio, ganando más fuerza, lo sumergía en el lejano ayer. De vuelta en su viejo salón, sentado en su asiento sin prestarle atención a su profesor, Toji vio como Hikari, con la seriedad que la caracterizaba, se encargaba con pasión de los rituales cotidianos de inicio de lecciones.
Sabiendo muy bien lo que él significaba para ella desde esa época, Toji, muy avergonzado, se recriminaba en sus adentros por no haber sido más considerado y amable con ella. No obstante, sin importarle las enormes dificultades que vivían en el presente, Toji se esmeraba en mantener viva la sonrisa de Hikari en sus labios, dispuesto, con tal de lograrlo, a pagar cualquier precio.
Hikari, sin que el propio Toji lo imaginase, se convirtió para él en un pilar fundamental para mantenerse de pie, cuando las sombras de la miseria y la desolación, en más de una vez, vinieron por él. Tal vez Toji Suzuhara no era el hombre más listo o brillante de la Tierra, pero recibiendo una bendición invaluable, atesorará a su esposa con todo su corazón y a la hija que ella le otorgó.
Y justo en ese instante, como si ella estuviese escuchando sus pensamientos, Hikari, volteándose hacia él, le sonrió sin lograr ocultar el sonrojo que se pronunció en sus mejillas. Para Toji era verdaderamente asombroso lo vívidos y realistas que le parecían sus sueños al mezclarse con sus remembranzas, tanto así que, sin dudarlo, le regresó el gesto a Hikari con total naturalidad.
Al ver como Hikari ocupaba su espacio, Toji, ignorando de nuevo a su profesor, prefirió girarse a un costado buscando a alguien en especial. Habiendo pasado tantos años desde la última vez que conversó con Shinji, Toji, teniendo la esperanza de verlo otra vez, dirigió sus ojos al pupitre donde normalmente él se sentaba; aún así, sólo encontrando un lugar vacío, su deseo se truncó.
– Tampoco estás aquí, Shinji…
Pudo ver a Rei Ayanami, callada y quieta como era su costumbre, mirando por la ventana sin notar a los demás. Asuka, no muy lejos de él, también se hallaba en el aula; aunque le daba la espalda por completo, aquello, de todos modos, no le importó al nunca haber tenido una relación amistosa con la alemana. Empero, al pensar en su condición actual, le tenía una pizca de empatía.
A Toji no le quedaban claras muchas cosas, pero siendo Asuka una persona muy reservada y difícil de tratar, él prefería guardar una respetuosa distancia con ella en las escasas ocasiones en que la vio en la villa. Aún recordaba cuando Asuka llegó a la aldea unos años después del Tercer Impacto, jamás olvidará su asombro al ver que seguía luciendo como una niña a pesar del paso del tiempo.
Sin embargo, renunciando a las preguntas sobre su extraño padecimiento, Toji se alegraba que Asuka siguiera con vida luego de haberla dado por muerta al no saber nada de ella por una larga temporada. Así pues, apareciendo en su rango de visión, Kensuke, jugueteando con su inseparable videocámara, le hizo delinear un semblante sonriente al observar a su amigo con lentes.
¿Quién hubiera imaginado que él se convertiría en el salvador de todo un pueblo?
De joven, antes de ser destruido el mundo; antes de conocer a Shinji, Kensuke se convirtió en ese camarada fiel que siempre le ofrecía su compañía en sus instantes de mayor soledad. Quizás no compartía su obsesión casi religiosa por la industria militar ni por las técnicas de supervivencia, pero Toji, pensando en lo útiles que fueron dichos conocimientos, le agradecía su ayuda.
Cuando llegó el infierno, quedando a la deriva sin saber qué hacer, los pocos sobrevivientes hallaron en Kensuke un guía que actuó como un faro en medio de la oscuridad. Era admirable el temple que Kensuke demostró en aquel entonces, Toji, inspirado por él, también quiso hacer su parte contribuyéndole a la comunidad recién formada con algo que le fuese de utilidad.
Mirándose a él mismo de nuevo, viendo su vieja chaqueta deportiva arropándolo, el Toji que habituaba jugar baloncesto todas las tardes al salir de la escuela, jamás, ni en un siglo, hubiese imaginado que su futuro yo acabaría vistiéndose con una bata blanca de doctor. Incluso el Toji del presente, sin creer su asombrosa travesía, se sorprendía de él mismo al no darse crédito.
Kensuke tomó el rol de líder para la aldea, les enseñó a cómo buscar comida y cómo construir refugios cuando no tenían un techo sobre sus cabezas. Toji, convirtiéndose en el aprendiz y ayudante de un médico veterano, aprendió todo lo que pudo de él estudiando como nunca antes lo había hecho. Si aquel anciano moría, Toji, seriamente, sabía que se quedarían sin un doctor.
Desde limpiar heridas infectadas hasta realizar cirugías menores, sus manos adoptaron un oficio que ni remotamente imaginaron acoger. Así pues, gracias a la práctica y la paciencia de su mentor, Toji Suzuhara; a pesar de no haberse graduado en una escuela de medicina, se transformó en un galeno más que competente para salvaguardar la salud de los habitantes de la creciente aldea.
Y por supuesto, tratándose del día más feliz de su vida, él mismo ayudó a Hikari a dar a luz a su primogénita.
Empero, más allá de ser alguien que fungía un deber vital para su comunidad, Toji, volviendo a sentir un vacío, no podía dejar de pensar en Shinji. Al conocerlo le enfadó que él, al pilotear aquel maldito robot, casi matara a su hermana Sakura al chocar con el edificio de apartamentos donde vivían. Una pared colapsó y la golpeó, enviándola, sin remedio, al hospital con heridas graves.
Tan pronto como se le presentó la oportunidad, descargando aquella rabia que ardía en su interior, Toji, hambriento de venganza, lo tumbó al suelo con un puñetazo. Y ahora, extrañándolo mucho, desearía poder estar frente a él una vez más para abrazarlo. Sobre Shinji solía hablarse muy poco, pero cuando se hacía, maldiciéndolo y odiándolo, la mayoría lo tildaba de monstruo.
Toji, evitando polémicas con sus vecinos y pacientes, no decía nada sobre Shinji, pero recordándolo y apreciando todas las veces en las que él los salvó con su Eva, se negaba a creer que él tuviese la alevosía y la vileza, como para perpetrar, deliberadamente, una catástrofe como lo fue el Tercer Impacto. Ignoraba lo que realmente pasó, pero creía en la inocencia de Shinji.
– ¿Algún día nos volveremos a ver, Shinji?
Alzando la vista, dirigiéndose hacia el pizarrón ante él, Toji, llevándose un sobresalto perturbador, se vio en la necesidad de pestañear varias veces al observar el drástico cambio de escenario que lo rodeaba. El que tan sólo un santiamén antes era un salón de clases impecable y normal, de repente, como si un huracán lo hubiese demolido, se convirtió en un montón de ruinas.
Los cristales de los ventanales yacían rotos, los pupitres se hallaban destruidos en el suelo y la pizarra colgaba parcialmente alertando que se desplomaría muy pronto. Suzuhara, poniéndose de pie, buscó a Hikari y los demás pero ninguno de ellos respondió a sus llamados. Al mejor estilo de un truco de magia, cada uno de ellos, sin aviso, se había esfumado dejándolo solo en aquel sitio.
No haciendo falta que lo pensase demasiado, Toji, corriendo hacia la salida del aula, abrió la puerta aún sin comprender que lo que comenzó como un sueño amistoso, evolucionó, con rapidez, a una horrible pesadilla. Tal vez haber trabajado hasta tarde era la causante de esto, o quizás las culpables eran las rondas de cerveza que bebió con Kensuke antes de irse a la cama.
Así pues, corriendo por los pasillos abandonados de la escuela, Toji, buscando la manera de salir de allí, no se percató del anillo multicolor que brillaba en el cielo y que se extendía por toda la ciudad. Simultáneamente, por debajo de sus pies, mientras corría, un vigoroso movimiento sísmico sacudió la corteza terrestre amenazándolo con matarlo al tirarle el edificio encima.
Y aún más inquietante, sin haberla notado todavía, una silueta gigantesca merodeaba en las afueras aguardando por él.
– Esto ya lo he visto antes; esto no es nuevo…
Logrando salir ileso de la escuela, Toji, deteniéndose un segundo para estudiar sus cercanías, finalmente reconoció que los eventos que se estaban dando no le eran desconocidos. Por ello, sintiéndose de vuelta en aquel día cuando la humanidad casi fue exterminada por completo, Toji, preocupándose por Hikari y Kensuke, tuvo el impulso de ir en su búsqueda de inmediato.
No obstante, no llegando muy lejos, la monstruosa figura mecánica que caminaba imparable entre las edificaciones de la urbe lo hizo detenerse en seco. Ante él, siendo más alto que cualquiera de los rascacielos de la abatida Tokio-3, el Evangelion Unidad 01, mirándolo directamente con sus brillantes ojos, soltó un bramido inhumano al disponerse a ir por él.
– Shinji…
Si bien veía claramente a aquella imponente máquina de guerra frente a él, Toji, pensando en el ocupante de dicha bestia, susurró el nombre de aquel amigo cuya ausencia se prolongaba por más de una década. Una parte de Toji, gritándole que escapara de allí, le sugirió que huyera antes de morir aplastado; empero, sabiendo que esto no era real, Toji Suzuhara se quedó allí inmóvil.
– Shinji, sé que lo que pasó no fue tu intención. Sé que nunca harías algo como eso a propósito–dando un paso al frente, sorprendido de su propia determinación y valor, Toji intentó razonar con el Evangelion ante él–sé que muchos te ven como un asesino y como un monstruo, pero yo te conocí, estuve contigo una vez dentro de tu Eva; sé que pilotear sólo te provocaba sufrimiento…
No respondiendo con palabras, la Unidad 01, caminando hacia él, estremeció las calles de la ciudad al avanzar.
– Kensuke te echa de menos, Hikari también, los que te conocimos de cerca te extrañamos mucho…–sintiéndose como una hormiga, Toji, levantando la mirada, se vio empequeñecido por el descomunal Eva que se arrodilló para acercársele lo más posible–incluso Shikinami te extraña, tal vez ella no lo diga con palabras, pero en su mirada y actitud se nota que así es.
Firme, sin temor a nada, Suzuhara ni siquiera intentó alejarse cuando la Unidad 01 extendió una mano hacia él para sujetarlo. Y al verse rodeado por los grandes dedos del robot púrpura, Toji, llevándose otra sorpresa, vio que ya no se veía como su versión joven de años atrás, luciendo, en cambio, como el hombre adulto que era en la actualidad.
– No importa lo que pase ahora ni lo que hagas conmigo, sé que esto no es real; sé quién eres en realidad, Shinji–sonriéndole, sin intimidarse en lo más mínimo, Toji no apartó sus ojos del colosal Evangelion que le miraba con un rostro demoniaco–algún día nos volveremos a ver, amigo. Yo y los demás estaremos esperándote, Shinji…
Sin perder su expresión diabólica y dantesca, la Unidad 01, presionando más y más, gruñó previo a acabar con él. Ante esto, sintiendo como la presión que lo envolvía crecía sin control, lo último que experimentó Toji antes de que la oscuridad lo reclamara fue como su cuerpo era estrujado hasta quedar pulverizado. No obstante, en su mente, una imagen feliz de Shinji lo despidió al despertar.
– ¡Toji despierta, despierta!
Sudoroso, aún vestido y sacudiéndose en su cama, Toji, al fin recuperando la lucidez, abrió los ojos al escuchar los llamados preocupados e incesantes de su esposa. Suzuhara, respirando pesadamente y padeciendo los típicos síntomas de la resaca, se volteó a su izquierda encontrándose con una asustada Hikari que no paraba de repetir su nombre sin cesar.
– Hikari…
– Ya despertaste–fiel a su estilo de esposa abnegada, Hikari, retirándole el sudor acumulado en la frente con un pañuelo, le habló con voz baja no queriendo despertar a Tsubame– ¿otra vez te quedaste bebiendo hasta tarde con Kensuke, no es así?
– Sólo fueron un par de cervezas, te lo juro…
Reclinándose, luchando por no doblegarse ante las náuseas que atormentaban su estómago, Toji no negó las acusaciones de su mujer; aunque trató de defenderse. No obstante, sus pensamientos continuaban atrapados en el sueño que lo privó de su libertad minutos antes, siendo Shinji, nuevamente, el eje central de todas las imágenes, buenas y malas, que caían sobre él.
– Estás pensando en Shinji.
– ¿Cómo lo sabes? –sorprendido, no esperando que Hikari diese en el clavo, el doctor Suzuhara le preguntó.
– Te conozco de casi toda mi vida, Toji. Y sé muy bien que la única razón por la que pones esa cara pensativa es Shinji, supongo que debiste haber tenido un sueño donde lo viste a él.
– Sí, así fue–frotándose el rostro, tolerando una punzante cefalea, Toji no ocultó los hechos–pero no fue la clase de sueño que me gustaría haber tenido, más bien fue una pesadilla.
– Ve a darte una ducha, apestas a cerveza–apuntándole a la salida de su alcoba, con la misma autoridad que usaba en la escuela, a Hikari solamente le interesaba el bienestar de su marido–mañana hablaré con Aida y le diré que no vuelta beber contigo de nuevo, ustedes dos siguen comportándose como un par de mocosos inmaduros de vez en cuando.
Riéndose, soltando una corta carcajada, Toji asintió con la cabeza antes de levantarse para dirigirse al cuarto de baño a darse una necesaria ducha. Sólo Hikari, después de haberse visto morir a sí mismo en sueños, era capaz de hacerle recuperar el buen humor; así pues, ya de pie, Toji se disponía a retirarse cuando Hikari, otra vez, se ganó su atención con un comentario más.
– Yo también lo extraño, Toji. Han pasado muchos años desde que todo esto comenzó y ni una sola vez he creído que Shinji lo hizo intencionalmente. Sabes que no me gusta hablar de esto, pero es lo que pienso con sinceridad–cubriéndose del frío con las mantas de su cama, Hikari, pensando en aquel chico tímido e inseguro de sí mismo que su unió a su salón hace más de diez años, sabía muy bien lo cercanos que habían sido Kensuke y su esposo con él–yo no puedo explicarlo, pero cada vez que pienso en Shinji, tengo la intuición que algún día regresará y lo veremos de nuevo. Tampoco me olvido de Ayanami, ella era muy rara; aunque nunca me provocó desagrado.
– ¿De verdad piensas que volveremos a verlos?
– Sí. Tal vez no hoy; tal vez no mañana, pero los volveremos a ver.
– Yo siento lo mismo…–dándole una mirada más a su esposa, Toji, no escondiendo su cansancio, le dedicó una leve sonrisa–ahora vuelve a dormir, me daré un baño y volveré pronto.
– De acuerdo, pero no creas que no hablaré con Kensuke mañana. No más noches de tragos para ustedes dos…
Cerrando la puerta a sus espaldas, dejando que Hikari volviese a dormir en paz, Toji recorrió el pasillo principal de su hogar mirando algunas fotografías que colgaban en la pared. Y una de ellas, tomada con una de las afortunadas cámaras que Kensuke consiguió rescatar del Tercer Impacto, era justamente la del día de su boda con Hikari en compañía de sus amigos más queridos.
Más allá de pensar en su ceremonia matrimonial, Toji, contemplando toda su vida como un conjunto, se daba cuenta que de no haber sido por aquella tragedia, su existencia, tal y como la conocía, no hubiese sucedido jamás. Hikari y él se volvieron más unidos luego del Impacto, tanto así que fue él quien tuvo el valor de besarla cuando la adolescencia los había alcanzado a ambos.
Se enamoró.
Creció como persona.
Aprendió un oficio que nunca creyó tener.
Contrajo nupcias con la única mujer que ha amado.
Ahora también era el padre de una niña que lo necesitaba.
Todas esas cosas buenas; todas esas cosas que apreciaba, tenían como origen un cataclismo mundial. Nunca señalará a Shinji como el culpable por más que las evidencias así lo indicaran; no obstante, por más que le doliese, sabía que él estuvo en el epicentro de aquella desgracia. Y aún así, por más odiado que fuese Shinji Ikari, Toji Suzuhara tenía una palabra para él: gracias.
Gracias por haber sido su amigo; gracias por haberlo salvado varias veces en el pasado y gracias por suscitar que tuviese la familia que ahora poseía. Toji, sin dudarlo, compartía la misma sensación que Hikari: lo volverán a ver, cuando menos se lo esperase, Shinji Ikari aparecerá ante su puerta y lo recibirá sin dudar tal y como no le tuvo miedo a la Unidad 01 en sus sueños.
Pero ya era suficiente de pensar en el ayer, era tiempo de enfocarse en el hoy guardando la esperanza de un mañana mejor para todos. Y Shinji; si bien no se encontraba allí, continuará teniendo un lugar reservado, junto a su esposa e hija, en la mesa de la residencia Suzuhara.
Fin
Hola, les doy las gracias por haber leído esta corta historia. Para serles sinceros, no sé de dónde salió este fic, no lo tenía planeado, simplemente me puse a escribir para no perder la costumbre de la escritura y para cuando me di cuenta, ya lo había terminado. Toji y Hikari, luego de Asuka y Shinji, son mi segunda pareja favorita de Evangelion y ya era hora que les dedicara algo otra vez.
Me alegré mucho cuando supe que en Evangelion 3.0+1.0: Thrice Upon a Time habían quedado juntos como una pareja casada y con una hija, ellos siempre recibieron muy poca atención tanto en la serie original como en Rebuild, se les hizo justicia al fin. También me sorprendí cuando me enteré que Toji es doctor, nunca había imaginado una profesión como esa para él, fue inesperado.
Me despido por ahora, espero tener más tiempo libre para escribir algunas ideas Asushin que tengo en el tintero, muchas gracias por leer y hasta la próxima.
