"Ser profundamente amado por alguien te da fuerza, mientras que amar a alguien profundamente te da valor."

—Lao Tzu.

[...]

¿Qué fue lo que les arrebató la venda de sus ojos? ¿Qué fue aquello que silenció el eco que repetía constantemente que su amistad era lo máximo a lo que podían aspirar?

Tal vez fue su loción o su elegante traje negro que lo hacía ver más atractivo que de costumbre.

Tal vez se trataba de aquel vestido de seda negra que invitaba a romper con la cadena de la amistad.

Tal vez... Esa era una tonta excusa en la cual debían refugiarse.

Llevaban más de diez años siendo amigos. Los mejores amigos, de esos que conocen hasta el más espeluznante y hermoso secreto; que sabían de antemano lo que estaba por hacer, incluso cuando la misma persona ni siquiera lo había pensado...

Su amistad lo era todo. Sin embargo, aquel pedestal en el que ambos convivieron por años mostraba signos de deterioro y el sacrificio que debían hacer era urgente.

¿Alejarse? ¿Confesarse? ¿Cuál era la mejor solución?

Ninguno de los dos tenía una clara respuesta. Pero sí existía un sentimiento que los perseguía y otro que les advertía sobre las posibles consecuencias.

Francamente, uno de los dos debía caer de ese pedestal. El peso de su amistad fue contraproducente y el mismo destino les marcaba que ese lugar no podría contenerlos porque había uno más alto que estaba preparado para ello.

Durante el reencuentro de ex compañeros de la universidad, la música les creaba un sutil ambiente que los contendría para ese momento. Las parejas estaban conformadas tal como en esos viejos tiempos, siendo Mikasa una de las más populares entre los masculinos.

No obstante, sólo un hombre había logrado obtener una pieza con la mujer. Todos los presentes los rodearon y disfrutaron de sus movimientos lentos y precisos, de su elegancia coloreando la pista de baile mientras envolvían a los demás en su propio universo. Porque eso generaban Erwin Smith, el hombre más inteligente del grupo y Mikasa Ackerman, la mujer más hermosa, amable y compañera de todos.

Definitivamente eran una pareja explosiva, la promesa en el mundo de la sensualidad y la pasión. Las orbes iridiscentes de Erwin lo expresaban sin ningún tipo de pudor. En ese corto tiempo, él ya había besado los finos labios rubíes de su compañera y rogaba a todos sus santos que aquella imagen mental pudiera llevarla a la realidad . Sin embargo, ella desviaba su mirada adrede para observar el panorama a su alrededor y lo que vio no fue para nada satisfactorio.

La extrañeza de un alma en pena, al borde de la extinción en el mundo del amor.

Su corazón sintió un profundo dolor que le impidió continuar bailando en aquella pista, disculpándose con el hombre que la sostenía con firmeza.

—Erwin, lo siento... —susurró tras una sonrisa fingida y levantó la falda de su largo vestido negro para poder correr más rápido.

Lo vio irse por el salón principal, en dirección a la salida que daba justo en el jardín. La oscuridad era realmente abrumadora pero las luces que iluminaban el lugar eran suficientes para crear un ambiente romántico y sofisticado.

Mikasa soltó la falda de su vestido y caminó lentamente al divisarlo a unos cuantos metros suyo. Se acercó hasta él y se quedó en silencio.

—Aún no termina la canción... —espetó en un tono serio y que denotaba la frustración camuflada en indiferencia.

Levi estaba de espaldas, con sus manos guardadas en los bolsillos de su pantalón y con su mirada hacia la luna llena. Su cabello lucía diferente, ya que lo había peinado hacia atrás y eso le daba un aspecto más elegante del que solía tener.

—Lo sé... —Los tacones de Mikasa ayudaban a Levi para saber su ubicación exacta.— Pero vine por ti.

El aludido cerró sus ojos y respiró profundamente. Sus sentidos se vieron invadidos por el aroma a cerezos que desprendía su cabello, a los jazmines de su vestido y al chocolate que previamente habían compartido; antes de que Erwin tomara su mano y la alejara de él.

—Erwin debe estar buscándote. Ya sabes cómo es.— justificó y giró su cabeza para enfrentarse a su mejor amiga.

—¡No me importa! —exclamó. —Bailemos. —Propuso y extendió la palma de su mano.

—¿Qué?

—Baila conmigo.— repitió.

Levi miró fijamente los ojos de Mikasa y notó que estaba ocultando algo más. Algo que él mismo no podía descifrar y que le generaba impotencia. Sin embargo, debía descubrirlo.

Sujetó su mano y ella enlazó sus dedos con los suyos. A diferencia de otras veces, se sentían muy cálidos y suaves. Llevó la otra que estaba libre a la cintura de la chica y ella, a su hombro.

La música había cambiado drásticamente. Se trataba de una vieja canción que ambos conocían a la perfección y que les calzaba del mismo modo.

La melodía acunaba a sus corazones y les susurraba que se relajaran ante su ser. La letra intentaba desgarrarlos y su tarea era vencerla en su propio campo de batalla.

Se deslizaban por la pista improvisada, dejando un largo camino de dudas y temores que ya no podían contener.

—Hoy estás más guapo que de costumbre, ¿sabes? —espetó ella tras una amplia sonrisa.

—Tú me ayudaste a elegir esta ropa— respondió de inmediato y rodó los ojos para evitar el contacto visual. —. No estoy muy acostumbrado a ella, pero me agrada oírlo de ti.

—Los trajes suelen elevar el autoestima de todos los hombres —Apretó sutilmente su hombro. —, pero tú eres diferente.

—¿A qué te refieres?

Ambos se balanceaban lentamente. Era una danza que les permitía confesarse sin necesidad de sentirse abrumados.

—Tú eres diferente, Levi —repitió. —. Lo que quiero decirte es que siempre me has tratado distinto, incluso desde que fuimos compañeros... —confesó y bajó la mirada.

Un medio giro le permitió tomar la palabra a él. Ya tenía mucho tiempo de no hablar. Ya estaba cansado de su propia farsa.

—Mikasa, eres una mujer importante y no quiero que tú pienses que soy igual a esos idiotas como Erwin, ¿entiendes? —Sus dedos comenzaron a temblar y Mikasa pudo sentirlo en su piel. —Esas palabrerías baratas de un don Juan que solamente busca abrirte de piernas no es lo que yo usaría para conquistarte...

Por primera vez en mucho tiempo, Levi estaba siendo sincero con sus sentimientos.

Simplemente, él abría su corazón de una manera peculiar, una en la que Mikasa comprendiera al conocerlo a profundidad. Su vocabulario, un poco tosco y torpe, era lo más cercano a la honestidad que alguna vez pudo conocer.

—Y tú... —Sentía miedo, pero necesitaba armarse de valor para adelantarse e impulsarlo a correr tras ella. —¿Cómo me conquistarías?

Su pregunta era la apuesta más arriesgada. Los labios de Levi se abrieron apenas para intentar responderle, pero el temblor de las mismas delataron su cobardía ante el amor.

—¿P-por qué preguntas eso? —Nuevamente, Levi estaba preso de sus propios fantasmas.

—Por simple curiosidad. Quisiera saber cómo harías tú si fueras alguno de ellos. —insistió.

La canción era eterna. El sonido de las trompetas creaba un sinfín de sensaciones románticas que aplastaba su escepticismo del amor.

Antes de responder, Levi respiró profundo y decidió seguir el juego de Mikasa. La mano que estaba apoyada en su cintura fue deslizándola por su espalda y se tomó el atrevimiento de apegarla a su cuerpo. Se aferró a sus dedos y se irguió junto con ella.

Estaban a escasos metros y él contemplaba el nerviosismo en sus ojos y labios, junto al rubor de sus mejillas.

—Bailaría contigo, aunque lo haga de una manera espantosa... —musitó y acercó sus labios a los suyos. —Admiraría la belleza de tu piel bajo la luna y soltaría tu mano para cumplir con mi último propósito en la vida.

El silencio despertó de su eterno sueño y atrapó a la pareja dentro de su habi. El brillo de sus ojos reflejaban la emoción ante las pocas palabras que él le había confiado.

Su corazón suspiraba con lentitud y sonreía al notar que no se trataba de una farsa. Ese era su verdadero sentimiento. Ese era Levi.

—¿Desde cuándo...? —susurró y cerró lentamente sus ojos para apreciar el momento desde la profundidad de su ser.

Mikasa se sentía abrigada entre sus palabras y realmente deseaba continuar así.

Fue entonces cuando la propia melodía los abrazó al punto de unir sus labios y degustar tímidamente la miel que tanto anhelaban.

Quizás fue la ceguera producida por aquellas vendas que le impedían apreciar el sentimiento genuino que los unía en silencio...

A lo mejor, fue la misma sociedad que los encerró en un laberinto sin principio ni final...

Tal vez fue el miedo, el mismo ser que oscureció el sendero que realmente debían tomar, desviándolos por un camino de amistad que los mantuvo bajo un hechizo durante tantos años...

Quizás... Tal vez... ¿Por qué razón no se dieron cuenta antes de lo que cada uno quería, de lo que cada uno deseaba realmente?

Sus labios disfrutaban de la timidez que el otro transmitía. Sus alientos se encontraron en aquella pista de baile improvisada, rompiendo una vieja promesa implícita sobre su amistad.

Porque aquel pedestal donde ambos estuvieron parados durante años estaba totalmente deteriorado. Y era el momento de ascender un escalón más y evitar la caída inminente de su fiel compañero...

Cuando la melodía iba menguando, Levi sabía que su hechizo estaba llegando a su fin. Se fue irguiendo junto con ella, alejándose de la promesa que se había hecho a sí mismo. Ambos abrieron sus ojos y se dieron cuenta de que no se trataba de un sueño. Ellos se habían besado.

Las pruebas de aquello también se encontraban en los labios de Levi, quien aún conservaba los rastros del labial que lo habían tentado a profanar a su único tesoro sagrado.

Sus miradas se sostuvieron unos segundos antes de que ambos se esquivaran. La culpa lo condenaba al eterno silencio, a la quietud de un corazón que prefería esconderse tras una máscara de amistad antes de ser rechazado y sufrir eternamente.

—Deberías regresar, Mika... —sugirió mientras acomodaba su camisa.

—Quiero volver a bailar... —cabizbaja, Mikasa respondió con firmeza pero con temor a que él se negara a su petición.

—¿Q-qué? —Él decidió romper aquella barrera que le impedía verla directamente a los ojos y se percató de que ella había hecho exactamente lo mismo.

—Este baile... —Sujetó la parte inferior de su vestido y la arrugó. Con sus dedos de la mano que aún tenía libre rozó apenas sus labios. —Fue el primero que me hizo sentir amada y también el que me encantaría repetir si tú me permitieras enseñarte otra canción...

Levi percibió la emoción en su piel y en su tono de voz. Él también lo estaba y el alivio le recorrió cada centímetro de su cuerpo. Para ello, dio unos pasos más hasta llegar a ella y extendió nuevamente su mano.

—¿Estarías dispuesta a bailar conmigo, Mikasa? —invitó formalmente.

Ella no respondió y simplemente la sujetó. Su sonrisa fue suficiente para que él supiera que estaba dispuesta a bailar por mucho tiempo más.

Entonces, ¿qué fue aquello que le arrebató la venda de sus ojos? Definitivamente fue la música y una danza que promovió la confesión de sus corazones.

¿Qué fue aquello que silenció el eco que repetía constantemente que su amistad era lo máximo a lo que podían aspirar? Sus pies silenciaron aquella voz lejana que les insistía en que su relación jamás pasaría de una amistad. Sus pasos fueron más firmes y se adueñaron de toda la atención para poder, finalmente, escuchar aquel susurro descuidado de sus corazones.

Fin.