Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi.
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Danza entre titanes
Por St. Yukiona.
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Minotauro
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En Creta se escondía una abominable criatura. Encerrada en una isla, asentado en una casa en medio de un laberinto diseñado por el mejor ingeniero de la época, Dédalo. Las restricciones no sólo acababan ahí, sino que se sumaba un ritual que se celebraba cada diez años. 10 hombres jóvenes y 10 mujeres jóvenes se internaban en el laberinto con el fin de encontrar a la bestia, armados con una espada y un escudo su misión era acabar con aquel que era hombre y toro a la vez. Quien acabara con la criatura tenía prometido cualquiera que fuera su deseo, el rey Minos se lo concedería. Sin embargo, todos aquellos que entraban al laberinto jamás salían.
Teseo, hijo del rey de Atenas, escuchó aquello y decidió aventurarse, motivado por el amor que sentía por Ariadna, la hija del rey Minos. Sin embargo, la realidad era diferente a lo que ocurría. El enviar a los 10 hombres y 10 mujeres sólo era un requisito para que la bestia no atacara a la gente de Creta, pues él se alimentaba de hombres. Ariadna al saber las verdaderas intenciones de aquellos mortales juegos, decidió ir con Teseo. La princesa le pidió a Dédalo una forma de llegar hasta donde estuviera el Minotauro, y éste le entregó planos del laberinto indicándole cómo encontrarlo, así como una forma que sería infalible para salir del laberinto.
—Al final... ¿lograron salir? —cuestiona Yuri que va sentado entre Giacometti y Yuuri.
Yuuri lleva los ojos cerrados mientras el Alcon Centenario II se mueve con agitación, las corrientes de aire son fuertes.
—¿Quiénes? —pregunta Chris.
—Ariadna y Teseo —señala el rubio mirando al rubio a su lado.
—Oh, no sé, Mickey, tú debes de saber.
El de piel tostada mira al suizo y bufa.
—Soy de Italia, no de Grecia, la leyenda es de Grecia, Creta está en Grecia —responde el hombre abrazando su arma.
—Hmm... tienes razón, ¿cómo te pude confundir? Los griegos tienen penes grandes. —El resto ríe inevitablemente, incluso Yuuri que parecía ir ajeno a la conversación se ríe.
Mickey tarda dos segundos en entender qué tiene que ver el tema del pene con su procedencia y se ofende, tirándole uno de sus guantes a la cara a Chris, antes de empezar a insultarlo. Los demás se ríen más fuerte porque ha sido una pasada el que Mickey tardara en captar el insulto. Viktor que va como piloto sonríe aunque va muy pendiente del radar manual, está volando a ciegas hacia el corazón del infierno: Japón.
Han tenido apenas entre uno y dos días para armar toda la operación en extremo secreto, van tan solo 10 soldados, sólo cuatro personas saben realmente qué es lo que van hacer, el resto se tienen que callar y aceptar órdenes sin preguntar ni indagar porque entonces serían tachados como posible amenaza, nadie sabe cómo es que funciona esa "posesión jaeger", tampoco es que tengan mucho tiempo para averiguar más sobre ella, así que todos en el helicóptero son sospechosos. Yuuri mira de reojo, puede ver a la lejanía las la silueta que se va dibujando con mayor forma de la isla del sol naciente, es la primera vez que ve a su país de origen en... ¿15? ¿20 años? Ni siquiera le da la gana hacer cuentas. No sabe qué va a encontrar ahí, nadie lo sabe con certeza y es lo que causa mayor temor. Saben que hay una zona de aterrizaje gracias a imágenes satelitales que lograron recuperar de hace un par de meses cuando aún había satélites funcionando, no obstante, sería difícil saber si las cosas seguían igual como pintaba en su apresurada investigación.
Ciertamente, todo parecía haber sido hecho de un momento a otro, pero la realidad, la misión Minotauro era una de las seis misiones llamadas de "Exterminio" que habían desarrollado a lo largo de los años en paralelo a la defensa con los jaegers. Todas esas misiones de Exterminio no se podían llevar a cabo porque por sí solas presentaban un peligro muy grande para los participantes y las fuerzas armadas no podían darse el lujo de perder personal, sin embargo, en esos instantes en que el enemigo los tiene contra las cuerdas, han preferido avanzar, mover sus mejores fichas y rezar porque nada les pase.
—Estamos por llegar en cinco minutos —anuncia el piloto principal, y con eso se rompe el ambiente de camaradería que hay dentro de la cabina de carga del helicóptero. Es como si todos hubieran dejado caer sus máscaras, y la verdad más de uno tiene miedo, no obstante, prefieren sólo concentrarse en revisar que sus suministros estén completos.
Viktor ha aceptado que la misión siga adelante, sin embargo, él se ha pedido ser uno de los pilotos que deje a los militares hasta la boca del laberinto que es Japón, pues así como en el mito del Minotauro de Creta, conocen en teoría la ubicación, un puñado de hombres y mujeres están por ir de puntitas con la intención de acabar con la bestia, con ello, poner fin a más de una década de dolor y sufrimiento, ha sido demasiado el castigo que el destino les ha dado. Es momento que tomen esa guerra en sus manos, dejar de ser el lado perdedor.
Yuuri se estira un poco, y traga saliva. El ingeniero de comunicación empieza a comprobar que la comunicación siga en una baja frecuencia, temen que los kaiju tengan algún tipo de tecnología o que intercepten la comunicación de alguna manera, están en un punto en que no descartan nada, ni siquiera lo que suena más descabellado. Repasa todo el plan en su cabeza mientras que toma una de las dos mochilas tácticas que llevara con él. Tiene suficiente alimento para cinco días, la comida exacta para sobrevivir. Viajaran caminando desde Shizuoka hasta el Monte Fuji, donde instalaran el dispositivo que Yuuri también carga, y volverán hasta Shizuoka donde harán la extracción, cinco días, ni uno más ni uno menos. Si el escuadrón no regresa en el tiempo acordado, serán dejados atrás y el dispositivo será activado desde el punto secreto al que se ha movilizado Mila sin decirle a absolutamente nadie.
—...y recuerden que solo podrán comunicarse si están en un radio cercano, si se separan una distancia mayor a un kilómetro perderán la comunicación —explica el ingeniero, Yuuri se ha perdido la mitad de la explicación, pero no importa porque él mismo ha dado las indicaciones que ha desarrollado junto con Viktor para que la misión sea efectiva—. ¿Comprendieron? —pregunta el hombre y todos responden un enérgico: Sí, señor.
—Recuerden que la prioridad es cuidar Mayor Katsuki —dice Giacometti, y eso en lugar de tranquilizar al aludido, lo hace cerrar los ojos otra vez, el dispositivo pesa unos cinco kilos, suena poco, pero es suficiente como para retrasarlo diez pasos por cada cien dados, hará que el equipo vaya lento y lo que se necesita es rapidez.
Sienten una sacudida que hace que los militares dentro del helicóptero se sostengan fuertemente. El helicóptero es bastante rústico y simple, no cuenta con cinturones de seguridad, así que es fácil salir rebotando por todos lados si no se toman las medidas adecuadas. Sin contar que se han quitado la mayoría de los lectores para evitar cualquier avistamiento por radares enemigos, aunque por si mismo es un gran bulto el que verán que se acerca los kaijou en caso de que estén vigilando.
—Dos minutos para el desembarque temprano —dice Viktor por la comunicación conjunta.
Yuuri aprieta los labios y gira su mirada hacia los asientos de los pilotos puede ver sin problema la punta de los mechones albinos que sobresalían del casco del co-piloto, Viktor. No tuvieron mucho tiempo para despedirse o de decirse las cosas adecuadas por si no volvían a verse, no es que decidieran en conjunto tener la determinación aplastante que se volverían a ver, solo asumieron que esa era una misión más, una menos peligrosa que la de ir a enfrentar un kaiju con un jaeger, a pesar que en realidad era todo lo contrario. Lo último que Viktor le había dicho a Yuuri fue: ¿Te vas a comer esa papa? y Yuuri hizo el ademán de comérsela, pero se terminó por reír, partiéndola por la mitad para compartirla con su amante. Los dos se fueron a dormir en horarios diferentes, y sus cuerpos se encontraron bajo las sábanas abrazándose, acompasando sus respiraciones, los latidos de sus corazones. Cuando la hora de despertar llegó, Viktor fue el primero en levantarse para alistarse e ir a revisar que los helicópteros estuvieras listos, Yuuri se levantó diez minutos después para darse un largo baño, vestirse y presentarse para el pase de lista. Después, todos estuvieron en la aeronave.
—Un minuto para el desembarque, tropa —repite Viktor y Yuuri nota que están ya en una de las pistas abandonadas del aeropuerto de Shizuoka—. En posición y conteo, no hay enemigos a las proximidades —dice viendo el lector de sensores que activa momentáneamente. Yuri es el primero en bajar, después Chris, Mickey, otros soldados que no son precisamente pilotos jaegers. El último es Yuuri que se termina de ajustar el casco y baja saltando un metro más o menos desde el helicóptero hasta el suelo, la aeronave despega apenas baja el último hombre y hace su incursión de regreso a la siguiente misión. Yuuri no tiene tiempo de voltear su mirada para despedirse de su amante, en lugar de ello corre hacia donde el líder de misión los guía, el segundo escuadrón que venía en otro avión también ha terminado de desembarcar y corre hacia ellos. Todos están en posiciones y los guardias cubren a los jefes de cada escuadrón, son un grupo de veinte hombres en dos grupos de nueve hombres y sus respectivos capitanes. Katsuki Yuuri y Odagaki Kanako, una expiloto jaeger, actualmente instructora de pilotaje, eran la carga especial, debido a la importancia de su existencia en esa misión tenían prohibido entrar a la línea de fuego y defensa en caso de que se diera la situación, esperaban que no.
Yuuri sonrió a Kanako que más allá cargaba una especie de morral que le cruzaba sobre el pecho, en una metáfora mitológica, ella era Ariadna y llevaría el hilo que los ayudaría a salir de la isla, mientras tanto él era Teseo con la valentía y el mapa en su cabeza para encontrar a la bestia y darle fin. Le sonríe no porque tenga un motivo, sino que debe ser extraño para ella como lo es para él estar pisando tierras japonesas, su país, su nación, su patria. No se siente como soñó en alguna vez que se sentiría regresar, al contrario, sabe que es Japón, pero el ambiente es diferente, confirma la localización al leer los caracteres de un anuncio que está caído unos metros más allá. Están resguardados debajo de las ruinas de uno de los edificios destruidos del aeropuerto, pronto empezaran a desplazarse y él mira cada rincón oscuro y lejanía para asegurarse que no están siendo observados, pero también lucha por empujar los recuerdos de su última vez en su hogar. Los líderes de escuadrón terminaron de dar las indicaciones una vez más, Yuuri no las había escuchado, así que solo reaccionó cuando sintió el empujón de Yuri que le señalaba con la barbilla hacia donde todos empezaban a caminar.
Deben cruzar el terreno que pertenecía al aeropuerto entre escombros, y después lo que antes fue una carretera para internarse en el bosque que ha consumido gran parte de la ciudad que más allá se dibuja en siluetas rotas y deprimentes. No se escucha un sólo ruido, y eso aumenta la tensión en todos los soldados. Existe una posibilidad de que no haya nada vivo en la isla y solo usen el monte Fuji como medio para transportarse entre su mundo y el mundo humano, pero existe también la posibilidad de que, en ese mismo instante, estén siendo observados y en cualquier momento toda esa misión se vuelva una gran emboscada.
Los soldados corren en grupos de tres o cuatro personas, la formación deja a Kanako y a Yuuri en el centro, Yuri no se despega de su compañero, no por temor, sino porque es su misión, es el último anillo de seguridad, si Yuuri cae o se ve imposibilitado bajo alguna circunstancia en concluir la misión, entonces Yuri tiene que seguirla y asegurarse de que se cumpla con éxito. Se detienen una vez más, deben de cruzar la amplia carretera, la consideran como zona peligrosa al estar al aire libre, pueden ser blancos fáciles para tiradores, si es que los hay, Yuuri espera junto a Yuri y Kanako. El japonés siguiendo las ordenes mudas del capitán de su escuadrón.
—Logran matar al Minotauro —susurra Yuuri al rubio.
—¿Qué? —masculla.
Yuuri sigue viendo a su capitán.
—Tesseo... mata al Minotauro, y con el hilo que llevaba Ariadna... logran salir... —explica antes de moverse lentamente, el rubio sonríe también levemente y corre detrás de Katsuki cuando es su turno.
En el helicóptero, aunque habían dejado a los soldados en tierra firme, era momento de volar hacia una misión igual de peligrosa.
Debido a que Japón había caído, las inmediaciones de costa como Corea, una parte de Rusia y otra de China, estaban deshabitadas hacía muchos años, era vigilada constantemente, sin embargo el temor de una expansión de la invasión, había obligado a los habitantes a movilizarse hacia el interior del territorio. Los kaiju aparecían en las costas y raras veces se internaban, había casos aislados pero hasta ese momento era zona segura.
—¿Qué opinas? —pregunta el piloto Yuto Omiki, un joven capitán que estaba a cargo de la parte de transporte de la misión, era un genio en su área. Viktor sonríe levemente viendo de reojo al hombre a su lado, es como diez años más joven que él, pero no tiene conflicto por la cuestión de autoridad, Yuto lo respeta y eso es algo mutuo.
—No lo sé... —dice sincero Viktor y mira la aguja del combustible—. El calculo que hiciste sobre la proyección de distancia, peso y combustible va exacta a lo que nos está marcando —expresa con calma—. Toma la decisión que tu propio juicio te dicte.
Yuto traga saliva un instante.
—Entonces vayamos a la costa de Taipéi —declara el menor.
Viktor lo mira en silencio y asiente sin replicar. Claro que Shangai es un puerto más cercano donde seguramente encontrarán algún depósito de combustible, sin embargo, quiere alejarse lo más pronto posible de la zona de riesgo, la realidad es que la distancia entre la base hasta Japón había sido bastante larga y habían agotado casi por completo el combustible, ahora su misión era encontrar un lugar donde abastecerse y esperar hasta que llegara el momento de regresar por sus compañeros.
—Halcón Centenario, aquí Furia Roja —hablan por el radio.
—Adelante Furia Roja —responde Viktor mientras toma el mando mientras que Yuto termina de hacer los últimos cálculos basados en su situación actual, quiere precisar lo más posible para que su viaje sea seguro.
—¿Tienen las coordenadas? —cuestionan y Viktor mira de reojo como Yuto hace todas las operaciones mentales y a una velocidad increíble, sonríe levemente, es un genio, le recuerda así mismo cuando era joven.
—Furia Roja, nos dirigimos hacia Taipéi, la zona... —toma el mapa que Yuto le muestra, son las coordenadas exactas—... hacia la zona 2 en la tercera área de la ciudad...
Responde un silencio. Viktor frunce el ceño y se asoma para ver que debajo de él sobrevuela el otro helicóptero, se asegura de que el radio esté funcionando.
—Furia Roja, ¿me copias? —cuestiona curioso, y Yuto lo mira porque se comparte la frecuencia.
—Eh... Halcón Centenario, ¿me podrías confirmar el destino? —insiste.
—Nos dirigimos hacia Taipéi, zona 2 en la tercera área de la ciudad.
—¿Es una orden de parte del capitán, Teniente Nikifovor? —interviene el piloto de Furia Roja, Yuto aprieta levemente los labios, casi siempre ocurre lo mismo, y la incomodidad de los otros pilotos fue obvia cuando se anunció que el que dirigiría la misión sería Yuto y no Viktor que tenía una larga y gran reputación.
—Capitán Thompson... es una orden por parte de nuestro líder, así que hay que apegarnos a los protocolos de conducta —aunque ha sido un comentario dicho con algo de jovialidad, en un tono alegre y animado, es evidente la amenaza, por eso no le sorprende a Yuto que Furia Roja responda con un obligado: Entendido, señor.
Cierran la comunicación y Viktor ve de reojo a Yuto, enseguida sonríe.
—Creo que ir a Taipéi es una excelente opción.
—Para morir todos, ¿no? —pregunta Yuto, y Viktor se ríe bajito.
—Bueno, Taipéi es peligroso pero es más probable que encontremos combustible a que vayamos a Shanghai donde podemos ser blanco fácil y es mucho más peligroso, además de que dudo que haya algo de combustible, si no usado hasta la última gota para los que huían, seguro que los piratas lo han monopolizado... —expone Viktor aún conduciendo él, el ruido de las hélices llena momentáneamente la cabina y Vktor suspira—. Cuando el Mayor Katsuki se convirtió en capitán también tenía problemas al momento de transmitir las órdenes... siempre fue un chico tímido que llegó a la base con el cadáver de su perro en sus manos... él mismo lo enterró cavando un hoyo con sus propias manos hasta que sus dedos sangraron porque le dio vergüenza pedir una herramienta... su hermana Mari siempre era la que se comunicaba con él... —cuenta y Yuto mira al Teniente—. Así que... ten confianza en ti mismo... uno debe de ir con todo el orgullo, valor y confianza a la guerra... de lo contrario morirás joven.
—No quiero morir —sonríe levemente Yuto y Viktor se carcajea.
—Nosotros tampoco queremos queremos que nuestro líder muera, así que da las órdenes sin dudarlo... —otra vez sonríe Viktor—. Tienes el mando —sentencia y el chico parpadea, niega y asiente tomando ahora él la conducción de la aeronave.
Es sorprendente la tranquilidad y ánimo con la que Viktor se mueve dentro del mundo, esa sonrisa no parecía desaparecer incluso en medio de una guerra contra monstruos, o, como en ese momento, dirigiéndose hacia una zona que no había sido explorada en diez años, presumiblemente ocupada por una secta extremista pro-kaiju, famosa por hacer sacrificios humanos en un intento por satisfacer a las bestias.
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St. Yukiona.
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Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
