Desinhibiciones

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Los personajes del "Castillo Ambulante o Vagabundo" son propiedad de Diana Whynne Jones y la animación es obra de Miyazaki. Los cuales tomé prestados para desarrollar las ideas que se formaron en mi imaginación.

Esta historia participa del desafío lanzado por la Página #EsDeFanfics. La cual es la décima entrega del #Flufftober.


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Día 10: Confesión estando Borracho

Su sonrisa era forzaba, mientras intentaba mantener controlado el calor que inundaba sus mejillas. Algo difícil de conseguir cuando la situación iba empeorando con el pasar de los minutos.

Su mirada se desvió apenas hasta la persona que estaba sentada a su lado, asombrada al notar como este parecía concentrado en la plática que mantenía.

—No creí que ese par se llevara tan bien—musitó con cierta ironía Lettie, antes de darle un sorbo a su taza de café— Creo que eso el lo que se denomina como la típica plática de hombres.

Sophie asintió ausente mirando con recelo la taza que reposaba frente a ella, la cual seguía intacta, no porque no quisiera beber esa infusión caliente, sino que dudaba que su pulso fuera lo suficiente firme para que su contenido no terminara sobre su falda antes de que esta llegara a sus labios.

En la mañana cuando su hermana llegó con la invitación de una cena para celebrar una agradable noticia y por supuesto que lo fue.

Marcus, un joven que posiblemente solo fuera un par de años mayor que ella, había logrado lo impensable " conquistar a la incansable Lettie Hatter". Su hermana desde que trabajaba en Cesari posiblemente habría rechazado miles de proposiciones masculinas, las cuales variaban desde una cita, hasta llegar a matrimonio. Howl fue el primero en felicitar al muchacho, deseándole obtener una paciencia interminable para soportarla.

A pesar de que ambos cada cuanto se desafiaban con la mirada, la cena iba transcurriendo con tranquilidad, hasta que la primera botella de vino comenzó a vaciarse, después la siguió otra. Eran cuatro las que en total reposaban vacías en el otro extremo de la mesa.

—Este muchacho vale oro cuñada—musitó de repente el azabache atrayendo la atención de todos los presentes—Solo deseo que esto ayude a que de ahora en adelante solo te concentres más en tu vida.

—¿Me estas llamando entrometida? —cuestionó con molestia—Lamento decirte que, aunque no te guste Sophie es mi hermana y no pienso alejarme de ella.

El silencio reino en toda la sala. Sophie notando la tensión se levantó de golpe.

—Es hora de irnos—anunció como una disculpa ante la mirada iracunda de su hermana—Creo… que el alcohol esta haciendo de las suyas—con cuidado ayudo a poner en pie a un mareado azabache.

—Si quieres podemos acompañarte. No quiero que te pase algo.

Sophie negó al terminar de acomodarse la capa, mientras que Marcus sostenía a un somnoliento Howl. No quería que en el trayecto al azabache se le diera por soltar algunas palabras, que acarrearía solo más inconvenientes a la tensión que ambos compartían.

—Gracias Marcus— habló al pasar el brazo masculino de su pareja sobre sus hombros—A pesar de todo, te doy la bienvenida a la familia.

—No te preocupes, ya habrá más ocasiones.

Dos calles después de estar lo suficientemente alejados de la vista de su hermana. Sophie estaba luchando contra los deseos de sacudir a su pareja, metros atrás había comenzado a tararear una molesta melodía.

¿Cómo algo tan simple había terminado así?

Sophie seguía preguntándose cuando iba a ser el día que su vida no fuera una vorágine impredecible. No por que se quejara de las experiencias vividas, solo que creía que iba a demorar tanto en acostumbrarse a ello.

—¡Howl ¡—le llamó la atención cuando empezó a subir el volumen de voz.

—Eres muy bonita—soltó de la nada—, pero mi novia es mucho más hermosa.

—¿Estás seguro? —Sophie se frenó de golpe ante las palabras pronunciadas por el mago, quien solo asintió con un movimiento de cabeza.

Iba a rebatirle, pues durante la última parte de la cena había tenido que soportar como este acariciaba la base de la silla, mientras sus dedos rozaban contra sus muslos. Al principio llegó a creer que, era sin intención, pero al notar como el movimiento seguía, tuvo que aceptar que si lo era. Se vio obligada a guardar silencio, para no llamar la atención de su hermana y darle de paso un argumento para que arremetiera contra el azabache.

—Por supuesto, ella es la dueña de mi corazón.

Cualquier argumento se negó a ser pronunciado por sus labios, ante lo que decía. Howl se lo había explicado. Su corazón la eligió a ella como su dueña desde el día que la ayudo a deshacerse de ese par de soldados que la invitaban a salir, a pesar de ignorar sus negativas.

Durante el resto del camino, tuvo que soportar como el azabache pronunciaba solo elogios sobre su pareja. Al ingresar al castillo fueron recibidos por la mirada curiosa de Calcifer.

—No le des importancia—musitó al seguir caminando sentido a las escaleras.

—Lo bueno que esta vez lleva más ropa que una simple toalla.

Sophie logró sentir el momento preciso que el calor empezó a cubrir su rostro. El comentario mal intencionado del demonio fuego obligó a que un fugaz recuerdo, de un Howl en la misma posición, solo que su cuerpo totalmente expuesto cubierto de un líquido verde transparente.

—Gracias Calcifer, ¿Qué es lo que haríamos sin ti?

La risa cantarina del demonio los acompaño durante los pocos metros que faltaban. Al entrar a la habitación agradeció que Howl tuviera la gentileza para dejar las cortinas abiertas, la luz de la luna iluminaba lo suficiente el interior de esas cuatro paredes.

Con las últimas fuerzas que le quedaban terminó de recostar al hombre sobre el mullido colchón. Lo observó unos minutos más hasta que su respiración se volvió suave, prueba de que estaba profundamente dormido.

Ahí en medio de la tenue iluminada habitación, Sophie tuvo que aceptar que la frase popular sobre que tantos los borrachos y los niños no saben mentir, era real. Además mentiría al decir que no le agradaba que Howl fuera desinhibido en ese estado no solo en sus sentimientos, también físicamente.