Es la primera vez que escribo en el fandom de Mairimashita! Iruma-kun y sobre este shippeo. ¡Ay! No puedo creerlo. Me siento muy nerviosa XD. Llevo meses metida en este fandom, pero no me había atrevido a escribir aquí hasta ahora.


Día 11

Primer beso

Para algunos fue algo completamente inesperado. Para otros era algo que en algún momento podría suceder, excepto que no creyeron que fuese tan pronto.

Último año escolar y la noticia corrió como pólvora entre los estudiantes de la escuela Babyls; en boca de todos estuvo el último escandalo juvenil que superó con creces a cualquier novedad en el ámbito escolar.

Amelie e Iruma habían comenzado una relación.

Llevaban un mes manteniéndolo como un tema reservado con tal de evitar algún alboroto entre sus compañeros. Pero claro, no se podía esperar mucho de la clase de Iruma, quienes al primer soborno habían soltado la lengua y contado todo con lujo de detalles ensalzados, exagerando de manera magistral la verdadera historia de amor entre la presidenta del consejo estudiantil y el estudiante que siempre estaba en el centro de los desastres. Lo relataban cual historia de tragedia griega o shakesperiana cuando en realidad había sido mucho más sencillo y menos eufórico de lo que en realidad lo pintaban.

Había surgido con naturalidad el tema entre ambos protagonistas, ya llevaban bastante tiempo en el terreno de las indirectas y rozando peligrosamente la "Friendzone". Había sido apostar todas las cartas sobre la mesa; ambos por igual, en el mismo momento y el resultado había sido mucho menos terrible de lo que podrían haber estimado.

Correspondidos mutuamente.

Sincronía afortunada y a tiempo.

Tras esa poco romántica confesión, ambos acordaron entre tartamudeos que lo intentarían. Serían pareja y se pondrían a prueba mutuamente para comprobar si era posible que ambos fuesen compatibles.

De eso ya había transcurrido un mes que había sido una calma efímera que se cortó con la violencia de un huracán en cuanto toda la escuela se enteró de su noviazgo. No llevaban ni tres días desde que se había hecho publica la noticia y ambos sentían que estaban al borde de un colapso nervioso por todo el acoso que sufrían día y noche de parte de los demás.

Tal vez había sido ese horrible ambiente mental lo que los había llevado a ocultarse el cuarto día en uno de los salones vacíos de Babyls durante el receso, ya cansados y ajetreados de tanto huir de toda la manada estudiantil que los atosigaban con preguntas ridículas.

- Fue… una pésima idea… decirle a mi clase – concluyó Iruma entre jadeos, sintiendo que le ardía la cara por el cansancio de tanto correr.

- No es tu culpa ¿Sí? Ellos fueron los que abrieron la boca – Amelie frenó sus próximas disculpas innecesarias, siendo consciente de que el chico de cabello azulado nunca hubiese buscado terminar en una situación así, pese a que todos lo reconocían por ser un imán de problemas.

- ¿Acaso vamos a tener que quedarnos aquí para siempre? – bromeó él de pésima forma mientras se sentaba en el suelo, apoyando su espalda contra la pared.

- No tengo idea – respondió la chica demonio de cabellos de atardecer mientras se sentaba a un lado de su novio, con expresión cansina.

"Novio".

Le era tan extraño usar esa palabra para referirse a la nueva relación que ahora mantenía con el chico humano que la había cautivado desde el primer empujón accidental donde sus ojos se habían encontrado. Con ese tímido chico que le leía mangas de amor con una dedicación dulce y apasionada. El mismo que se esforzaba cada día por superarse a si mismo y escalando de forma ambiciosa e inconsciente hasta la cima del mundo demonio.

¡Era tan extraño el amor! Ese sentimiento profesado hacia Iruma no la dejaba de hacer repetir mentalmente todas las cosas de él que la hacían suspirar como una tonta.

Intentando salir de ese letargo en que entró tras haber tomado un respiro, miró hacia donde él reposaba. Soltó un pequeño jadeo de sorpresa cuando vio que se había quedado dormido. El pobre había corrido por toda la escuela, escapando del acoso estudiantil. Era normal que ahora se hubiese rendido al sueño tras desaparecer la adrenalina palpitante de su cuerpo.

Amelie lo observó detenidamente, dándose el permiso de detenerse en cada uno de los suaves rasgos que poseía el rostro de Iruma. Con los parpados cerrados, ahora apreciaba con detalle sus pequeñas pestañas. Su nariz que se movía como si fuese la de un cachorrito al respirar en calma en su mundo onírico. Sus mejillas levemente enrojecidas por la agitación anterior.

Y por último… sus labios.

Pequeños, suaves a la vista y levemente secos. En cuanto los ojos de la presidenta llegaron a ese rasgo facial, no hizo amago de querer apartarse. Como si deseara memorizar con detalle su boca.

Debía acercarse más para lograrlo ¿verdad?

Antes de que tuviera el control de su propio cuerpo, ya se había inclinado demasiado sobre el rostro del varón, sintiendo como la respiración ajena le hacía cosquillas.

Solo un poco más cerca…

Y con ese simple accionar, Amelie le robó su primer beso a Iruma.

Sin embargo, el encantamiento del ambiente solo duró un chasquido. Un segundo después, la fémina se apartó con la cara roja de la vergüenza y un hormigueo intenso en sus propios labios.

¡¿En verdad había sido capaz de tener tal osadía?! Robarle un beso a su novio mientras estaba dormido.

¡Menudo atrevimiento de su parte!

Intentando regular su respiración agitada y palmeando sus mejillas para controlarse y dejar de soñar despierta, la chica de extenso cabello usó todo su autocontrol para poder volver a la normalidad y seguir sentada junto a Iruma para esperar a que este abriese los ojos y el barullo exterior se calmara de una buena vez.

Por supuesto, ignoró por completo que en los labios ajenos se había dibujado una suave sonrisa tras sentir ese dulce ósculo entre sueños.