En esa situación lo único que quiere y piensa es en el placer, se siente tan sucio por desear esas cuerdas amarrando su cuerpo, le excita estar en esa falsa sumisión cuando en realidad él es el que toma el control. Observó las manos de Komari mientras se paseaban por su cuerpo, luego éste tomó la cuerda y le comenzó a amarrar formando patrones en su torso, por último juntó lo más que pudo los brazos y manos de Midousuji para amarrarlos e inmovilizarlo.
Komari se deleitó por la forma en que los músculos eran presionados, hiperventiló emocionado, tal vez al punto de la excitación, le urgía ser aplastado por las piernas de su senpai.
—Midousuji-san, tus músculos se ven espectaculares, quiero tocarlos —mencionó ruborizado y en un tono caliente—. P-Perdón, me emocioné un poco —rió un poco tratando de recobrar la compostura, se acomodo para verle de frente. Midousuji se veía bien, sonriendo como si esperara lo siguiente que haría—. ¿Las ataduras están bien? —preguntó mientras su mano no dejaba de temblar, ansioso de tocar el muslo del otro.
—Están bien, date prisa antes de que me aburra, Komari —le amenazó borrando la sonrisa de su rostro—. Y no te contengas.
—¡S-Sí!
Sin dudarlo más se recostó entre los muslos del Midousuji, apretó ambos sintiéndose en el cielo pues estos rozaban con sus mejillas, el cosquilleo en su entrepierna no cesaba. Midousuji por su parte uso el respaldo de la cama como apoyo, juntó con más fuerza sus piernas, causando placer en el otro, el pene del todo terreno erecto y mojado esperaba por las atenciones de su kohai.
—Músculos~ —habló en tono juguetón—. Son perfectos. Gracias, Midousuji-san, esto es lo que más he deseado desde que te conocí.
—¿Crees que lo hice sin esperar nada a cambio? —preguntó entre risitas burlonas y luego su rostro volvió a la seriedad—. Debes satisfacerme, sino no se repetirá.
—Haré todo lo que Midousuji-san desee.
Masajeó un poco sus muslos para luego acercar su boca al pene de Midousuji, lamió desde la base hasta la punta y lo metió en su boca, comenzó un vaivén mientras con una de sus manos acarició toda la piel que estuviera a su alcance, deleitándose con la firmeza de los músculos de su senpai. Aumentó el ritmo y su otra mano viajó hasta su propia entrepierna dándose placer.
Midousuji arqueó su espalda por el placer, juntó aún más sus piernas casi asfixiando a su pobre kohai, quien disfrutaba de toda la situación, pronto llegarían al orgasmo.
A Akira le encanta controlar a otros, y no era la excepción en la cama, tener a Komari a su completa disposición le prendía como nunca. Por su parte, Komari ama estar al servicio de su senpai sobretodo si este le cumple todos sus deseos. Le encantan los músculos, verlos y tocarlos, pero tal vez los de Midousuji sean sus favoritos.
—Komari... Trágalo —ordenó entre jadeos llegando a su climax y derramándose en la boca de su kohai. Este tragó todo, justo como le ordenó.
—Delicioso... —mencionó sentándose con sus mejillas sonrojadas—. Gracias, Midousuji-san, estoy satisfecho.
—¿No quieres utilizar mis piernas? —rió suavemente, Komari le miró pasmado, su pene se movía levemente como si estuviera ansioso por probar la suavidad y firmeza de esas piernas.
—¿D-De verdad?¿Puedo? —preguntó con la respiración agitada, esperando impaciente que le diera permiso.
—Kimo. Solo por hoy.
—¡S-Sí!¡Lo recordaré por el resto de mi vida!
Midousuji se recostó de lado y Komari aprisionó su miembro entre ambos muslos, es una postura algo incómoda, pero poco le importa, solo con ver su fetiche haciéndose realidad tiene la sensación de que se va a venir. Levantó con un brazo ambas piernas para tener más libertad de movimiento, comenzó a embestirle provocando que su pene chocara con los testículos del otro, dándole placer a ambos. Komari de a ratos aumentaba el ritmo y luego disminuía, como si no quisiese que el acto terminara.
Pero llegó un punto en que no podía resistir más, quería venirse entre sus piernas, el ritmo aumento y Midousuji se vino por segunda vez contrayendo su cuerpo. Komari llegó a su climax minutos después escondiendo la punta de su pene entre esas piernas y vertiendo todo su semen en ellas.
—Midousuji-san... esto es lo mejor que me ha pasado en la vida —dijo con la voz entrecortada por todo el esfuerzo y una gran sonrisa.
—Kimo, eres un asco —dijo Midousuji recostado allí, sonriendo con lascivia mientras un pequeño rubor se asomaba por sus mejillas.
