¡Hola a todos! Espero que se encuentren muy bien y les doy la bienvenida a mi primer fanfic de Hetalia :) Si vienen de mi cuenta de Tumblr, los saludos de nuevo y espero que disfruten esta historia.

Sabrán que desde hace dos años hice a mi OC de Hetalia, que es la señorita México, y después de haber desarrollado a este personaje y de establecer varios headcanons, decidí que ya era oportuno escribir mi versión de la historia de mi país, apegándome más al canon de Hetalia y a sus personajes. Por lo tanto, en éste fic las parejas y los ships no están 100% establecidos, así que quedan bajo el criterio del lector.

Así que sin más que decir, los dejo con el inicio de la historia. Espero que les guste :)


PRÓLOGO

Desde siempre han habido seres que son considerados como "bichos raros". Quizás alguno de nosotros en un momento de nuestra vida nos hemos sentido así. Sin embargo, existen un grupo de personas que sin dudarlo podrían encajar con este calificativo.

Cuando se suele mencionar la palabra "nación" o "país", lo primero que pasa por la mente de muchas personas es un extenso territorio, en el que una enorme comunidad convive compartiendo una cultura, un idioma y una historia común, todo bajo la supervisión de un gobernante y/u organización. Pero lo que muchos desconocen es que las naciones son más que eso. Más allá de lo que cuentan los libros de historia y de geografía, todas ellas tienen un rostro y una apariencia humana, y suelen convivir y mezclarse entre los habitantes de su hogar a diario, usualmente bajo un perfil y un nombre falso. Esto siempre ha sido así desde el inicio de la humanidad.

Imagina que un día estás caminando por la plaza principal del lugar en el que vives. El sitio está lleno de gente, pero a ninguno de ellos le das la menor importancia y sigues en tu andar ocupándote de tus propios asuntos. De repente, de entre la multitud notas a alguien. Alguien que destaca más que el resto. Por alguna extraña razón esa persona ha captado tu atención y no sabes por qué, si no tiene nada fuera de lo común. No se trata de un extranjero o de un turista que viene de visita, puesto que viste, actúa y habla como tú y tus paisanos alrededor. Quizá sea porque esa persona es, físicamente hablando, atractivo o atractiva. ¡Pero vamos! No es ni la primera ni la última persona bella que hayas visto en tu vida. No, definitivamente no puede ser eso.

En ese momento tal vez no lo sepas, pero es posible que tus padres, tus abuelos, incluso tus bisabuelos y las personas que estuvieron antes que ellos también hayan visto a ese misterioso ser. Y al igual que tú tuvieron la misma incógnita: ¿Quién es él o ella? Y quizás ni tú ni ellos supieron, y tal vez jamás lo sabrán, que esa persona ha estado viviendo por cientos de años, siendo testigo y partícipe de todos los eventos históricos que ayudaron a formar a tu gente y a tu cultura. Entonces quizás lo comprenderías.

Sí, esa persona es nada más ni menos que la representación en carne y hueso de tu país. Una nación con un rostro y con un cuerpo humano, que no es para nada parecida a lo que has visto en los carteles de propaganda política o en las caricaturas editoriales. No se trata ni del tío Sam, ni de Marianne, ni de ninguna otra personificación que hayas visto en alguna de esas publicaciones. Si tuvieras la oportunidad de conocerlo en persona, de interactuar y de hablar con él o con ella, te darías cuenta que tiene todas las cualidades y defectos de un ser humano normal. Pero también descubrirías que tiene ciertas diferencias con el ser humano promedio.

Primero está su edad. Aunque sus facciones se parezcan a las de una persona joven, usualmente alguien que no llega más allá de los veinticinco años, lo cierto es que algunas naciones han tenido la ventaja de vivir por milenios y siglos, mientras que otras solo han vivido por unos años, incluso solo por unos pocos días. Y en cuanto a su nacimiento, nadie sabe cómo llegan al mundo. Si le preguntas a uno de estos seres, probablemente te dirá que lo único que recuerda es que un día despertó en medio de un lugar deshabitado, hasta que alguien, ya sean locales u otra nación, lo encontró y lo adoptó. Por supuesto que no siempre es el caso. Y así como pueden llegar al mundo, también pueden desaparecer en el momento que pierden su título como nación, cuando no queda ningún vestigio vivo de su cultura y de su gente. Es a partir de ahí que las naciones comienzan a envejecer de una forma más acelerada y a sanar de forma lenta. Por lo que podemos decir que sus últimos momentos de vida los viven convertidos en seres humanos normales.

Después están las relaciones personales. Hay naciones que forman lazos familiares entre ellas. Incluso algunas pueden presumir haber tenido una figura materna, como el caso de Egipto y de Grecia. Otros, como los hermanos Italia, tuvieron un abuelo o a alguien que es considerado como su ancestro directo. Sin embargo, la relación familiar favorita de las naciones es la fraternal, siendo el hermano mayor aquél que es el guía y la influencia principal del resto. Y al igual que los seres humanos normales, ellos pueden formar alianzas y amistades, así como rivales y enemigos. Cuando ocurren las anexiones, pueden vivir en la casa de otro país, y también se pueden unir en matrimonio si se desea que sus territorios se fusionen en uno solo, compartiendo los mismos derechos y privilegios de forma equitativa. Pero al igual que ocurre con la gente normal, estas relaciones de un día para otro se pueden fragmentar y disolver. A veces esto sucede porque así lo desean las naciones, u otras veces es por la presión de otros individuos.

Las naciones, al igual que los seres humanos, tienen sentimientos y emociones. Pueden reír, llorar y enojarse. Pueden sentir afecto, odio, tristeza, incluso miedo. Se enorgullecen de sus victorias y se decepcionan por sus derrotas y fracasos. Pueden encontrar el goce en actividades simples y cotidianas, así como en un pasatiempo o en una ocasión especial. Pero también, como todo ser vivo, saben lo que es la enfermedad y el dolor. Si se presenta una crisis de cualquier tipo o una catástrofe, las naciones lo sentirán en su cuerpo y lo manifestarán de forma física. Pueden ser dañados y sufrir heridas, pero tienen la ventaja de que pueden sanar rápido y de seguir adelante, como si nada hubiera pasado.

Uno al principio pensaría que las naciones son como los dioses de las antiguas mitologías. Pero eso es una gran mentira. A diferencia de una divinidad, las naciones no tienen poder completo sobre sus vidas, y tampoco sobre las de su gente. Eso usualmente queda en manos de una sola persona: de su jefe. Ésta persona suele ser un presidente, un rey, un primer ministro, etc. Y lo que estos líderes ordenen se debe obedecer. Pero eso no significa que las naciones sean la fiel mano derecha de estos individuos, y mucho menos que sean la encarnación de las políticas, ideologías y partidos políticos de éstos. Para nada. En su lugar, las naciones representan al pueblo, a todas aquellas personas con las que conviven a diario, y que han formado parte de su historia y de su cultura.

Sí, así son estos "bichos raros". Tan sencillos como complejos. Y ésta es la historia de uno de ellos. Es la historia de una nación que desde sus primeros años se le había enseñado que su vida no iba a ser fácil, y que si quería ser reconocida y respetada entre las demás naciones, debía ser fuerte y nunca mostrar su lado débil. Esta no sería una tarea sencilla, incluso doscientos años después de la proclamación de su independencia. Pero el tiempo y las circunstancias la llevarían al lugar en el que se encuentra en la actualidad, algo que jamás hubiera pensado que ocurriría cuando ella era tan solo una pequeña niña que vivía bajo el cuidado de otras personas parecidas a ella, cuando sus únicas preocupaciones eran las de mantener limpio el hogar y de tener contentos a sus mayores.

Y esta nación, que para la gente normal es simplemente conocida como María Fernanda Guadalupe García Chávez, se trata nada más que de México. Y para entender su historia, debemos comenzar desde el principio, como toda historia clásica.