La publicación mensual del perfil se reporta y esta vez con un fandom al que anteriormente hemos hecho algo, ya son 3 cosas de una misma pareja lo cual es increíble considerando que no he escrito tanto como quiero jsjs. Igual sé que no fue en el tiempo pero cuenta.

Feliz halloween o suceso de Shibuya, como ustedes lo quieran tener en cuenta. Sé que técnicamente fue hace unos días pero termine ese día el OS, se me olvido hacer las notas y cuando quise publicarlo hubo unos cuantos problemas técnicos. :)

Quiero aclarar que esto es FushiIta y no ItaFushi, no tiene que ver con la trama pero sí es relevante para mí y quiero que ustedes lo sepan también, por si a alguien le disgusta eso tampoco se menciona de manera clara.

TW que no son tan intensos como parece aquí porque sólo se menciona: infidelidad, incesto, mecanismos de defensa insanos, age-gap ¿?, relaciones sexuales, odio interiorizado (?

Espero les guste y nos leemos de nuevo al final.

Disclaimer: JJK no me pertenece y sólo hago esto para entretener.


It's not what love is about

Había una misión que era relativamente sencilla y se le es asignada al único estudiante de primer año que tiene la escuela de hechicería hasta ese momento, Megumi tendría que obtener un objeto maldito de categoría especial, que pese a serlo se suponía que no tendría ninguna dificultad.

Un viaje rápido a una pequeña localidad, a una escuela preparatoria en la que se había usado en un lugar accesible y de esta manera le sería sencillo al de ojos azules recuperarlo, las personas que eran capaces de saber la capacidad real que tenía el dedo de Sukuna no estaban en ese sitio, al fin de cuentas los hechiceros eran escasos.

De todas formas esa información no tranquiliza al albino, algo dentro de Satoru hace que vaya a ver el lugar, algo que no son los famosos postres originarios de Sendai y las innegables ganas de probarlo; si bien eso no evita que pase a comprar unos cuantos de camino a encontrar al menor, sería una pena de lo contrario y Megumi está acostumbrado a sus excentricidades.

El chico puede aguantar lo suficiente en lo que terminan de cobrar sus postres, Gojo realmente quiere un recuerdo para comer de camino, la vida es demasiado corta para que no pueda disfrutar de los simples placeres que hay en la vida.

Aunque después de llegar al sitio puede alegrarse un poco de esa decisión apresurada por lo que presencia, un hecho que lo hace sentir ligeramente conmocionado y lo hace sentir inquieto.

Se encuentra con el chico de cabello oscuro visiblemente herido y un chico de cabello rosa, al cual en su vida había visto con Megumi, que al parecer se ha comido el dedo de Sukuna y ha sobrevivido sin complicación alguna. Cuando fija su vista en el joven nota que está un poco perdido en esa situación.

El profesor pasa la lengua por sus rosados labios antes de acercarse a inspeccionar al muchacho que está frente a él, si esa información es verdad y puede hacer que ese valioso recipiente demuestre su valía sería lo mejor. Realmente no le interesa matar a alguien esa noche, especialmente si su corazonada es correcta y el chico tuvo una razón de peso para hacer eso.

Así que le da instrucciones claras y espera a que se manifieste el rey de las maldiciones, si bien el albino sabe que es un sólo dedo el cual han consumido de todas maneras se mantiene en estado alerta por si las cosas se descontrolan, no quiere causar daños que puedan ser más problemáticos que unos cuantos edificios.

Satoru mantiene el conteo en su cabeza mientras pelea sin dificultad y al llegar al número final, en el momento de más tensión que hace su atención se mantenga fija mientras nota que el de cabello rosa vuelve a suprimir a Sukuna a pesar de la lucha que pone el de tatuajes para seguir manejando el cuerpo.

Una sonrisa se asienta en los labios del hechicero más fuerte al comprobar que el chico sí es capaz de manejar el poder de la maldición, parecía bastante tranquilo luego de hacerlo y un escalofrío recorre la espina dorsal del más alto en cuanto se acerca lo suficiente al cuerpo cálido del menor para poder desmayarlo, el aliento del chico demasiado cerca de sus labios.

Asombroso, aquella hazaña era algo digno de un elogio, el muchacho era un excelente recipiente, alguien que encajaba en sus expectativas. Sólo había un diminuto problema en toda esa situación, los altos mandos que temían a todo lo que no podían controlar, Satoru mismo sería tratado con desdén si no llevará el equilibrio en sus hombros.

Con una sentencia que sería dictada, la muerte inminente que se cierne sobre el inconsciente muchacho que le dio prioridad a otra persona incluso si eso significaba atenerse a las consecuencias de un mundo al cual no pertenecía. Gojo toma una decisión en ese preciso instante, va a protegerlo de la misma manera que hizo con Yuuta.

De todas formas si el chico resulta no valer la pena, la muerte siempre es una manera de terminar las cosas, el albino realmente siente un poco de emoción florecer en su torso ante la expectativa de que las cosas vayan acorde a lo que se imagina.

Casi había olvidado que Megumi había sido la principal razón por la que fue hasta que el mismo chico alza la voz pidiéndole que no mate al que lo salvó, afirmando que el muchacho no le importó el comerse el objeto en favor de evitar muertes, lo cual era bastante valiente si contemplaban la apariencia que tienen los dedos.

La venda negra cubre la sorpresa que demuestran los ojos azules del más alto, la manera en la que incluso si Megumi tiene el rostro ensangrentado y el cuerpo magullado sus palabras suenan firmes es impresionante, puede que sea una de las pocas veces que el menor le haya pedido una petición que se puede considerar egoísta, anteponiendo sus deseos ante lo que es correcto.

Satoru ya siente mucha curiosidad por la persona que está sosteniendo en ese instante y eso era más que suficiente para salvarlo, pero que su alumno se lo pida es una excusa justificable para el medio egoísta que sólo busca hechiceros con potencial que sean capaz de revolucionar el podrido mundo en el que se desarrolla la hechicería.

Puede que eso sea lo que lo motiva a esperar en la habitación donde se supone el futuro del otro se definirá, aprecia los bonitos rasgos del adolescente que lucen relajados hasta que este se despierta. Un poco de confusión se plasma en su rostro mientras siente las cuerdas que sujetan sus extremidades.

La emoción que se arremolina en su vientre al observar los ojos miel que lo enfocan poco a poco, pasar de estar desconcertado a reconocer al cuerpo que estaba sentado frente a él. Puede que unos puntos se le sumen al chico cuando pregunta por Megumi pese a estar en una situación realmente complicada.

Satoru le explica la situación en la que está parado y le da la alternativa que puede extender un poco su vida, Gojo quiere que el otro la tome y entonces él se encargará de hacer que todo funcione, haría lo posible para que los altos mandos no lleguen a dañarlo, pero al final de cuentas la decisión pendía de las manos del recipiente.

El chico, que ahora sabe se llama Itadori Yuuji, acepta y es entonces cuando todo comienza un curso no anticipado, probo nuevamente la capacidad que tenía el chico como vasija al darle otro dedo de Sukuna mientras recogían las cenizas del abuelo recién fallecido. Lo ayudo al ingreso y a trasladarse a Tokio.

Yendo a buscar al tercer estudiante de ese año, pasando la prueba de estar lo suficientemente loco para no importar los métodos tradicionales. Megumi finge estar indiferente pero sus ojos tienen una pizca de calidez al observar la figura del de cabello rosa emocionado de ser invitado a cenar.

Satoru incluso le permite atravesar su infinito cuando se lanza a abrazarlo, no siente la hostilidad y eso es una prueba suficiente. Los músculos magros y calientes que se presionan contra su ropa dejan una sensación que no desaparece incluso después de haber tomado un baño, puede que extrañe un poco el contacto físico.

Yuuji empieza sus clases en el instituto y todo se ve envuelto en una especie de delicada burbuja que gira en torno a los brillantes ojos del chico, la manera en que el azabache, el de cabello rosa y la recién ingresada al grupo, cuyo nombre es Kugisaki Nobara, se sienten familiar y tan cálido que esa rutina se da por sentado.

Hasta que el fatídico incidente que derivó en la muerte del más joven ocurre.

Aprovechando la ausencia de su mentor, mandan a los estudiantes de primer año a una misión que estaba claramente fuera de su rango, encerrados en algo de lo cual les sería imposible escapar. La falta de experiencia siendo crucial para ello, el sacrificio que Yuuji había realizado sin una pizca de duda.

La burbuja exploto con fuerza y la vida les devuelve la realidad del peligro al que se exponen en cada misión, en especial al saber que el destino de la vasija siempre era la muerte sin importar cuanto intentarán olvidarlo en sus mentes. Gojo se siente perdido y enfadado, incluso Ieri le hace notar que no es normal esté tan apegado al alumno.

Gojo quiere decir que eso es una mentira, se preocupa de la gente siempre. Pero esa es una enorme mentira, nunca deja que nadie se acerque lo suficiente a él para que no vean sus debilidades y no le afecte si se van, todos siempre se marchan, pero Itadori fue una excepción y miren como ha terminado.

Las palabras que Megumi le había dicho histérico cuando se lo encontró en el recinto se reproducen una y otra vez en su cabeza.

"Sukuna dijo que Itadori tenía miedo de morir"

Por supuesto que lo tenía, pero eso no detuvo que prefiriera morir de esa manera a dar la posibilidad de un daño a mayor escala, Satoru quiere gritarle que si tiene miedo simplemente no lo haga. El sabor metálico en su boca al morderse la mejilla luego de eso, no puedes gritarle a alguien que no puede escucharlo más.

La manera en que quiere descargar su furia con los altos mandos lo hace sentir la escena distante, como si el muchacho que está con el pecho abierto en aquella reluciente y fría camilla de metal no fuera realmente su alumno, es sólo una ilusión que el chico haya tenido una muerte que no es ni por asomo digna.

Piel más pálida, que ha perdido el calor que lo caracteriza y está rígida. Los muertos no vuelven, el hechicero más fuerte está consciente de ello. El tiempo no vuelve atrás y lo que se ha perdido no se puede recuperar sin un precio que la mayoría de las veces no se puede pagar.

Pero contra todo pronóstico Itadori vuelve a la vida, las cosas parecen mostrarse distintas; una oportunidad que le ha sido regalada por la maldición de su interior, probablemente un contrato de Sukuna, pero Satoru no tiene cabida para preocuparse por ello ante los latidos del corazón que ha surgido en el torso anteriormente vacío.

Algo dentro de Gojo se retorció con una fuerza abrumadora ante el pensamiento de haber perdido para siempre aquella vibrante presencia, sabe que es bastante común la muerte, no en vano presenció de primera mano el fallecimiento de su único y mejor amigo, sin embargo se niega a dejar que los altos mandos intenten matar del nuevo al menor.

Decidido a salvarlo pese a que deba hacer cosas que estarían prohibidas en cualquier otra situación, algo que no ha tenido desde hace tiempo empieza a correr por sus venas a gran velocidad, enroscándose y haciéndole tener un poco de euforia insana que debe resultar atemorizante.

Su lado completamente egoísta que quiere que todo siga iluminado por los cabellos rosas lo hace tomar una decisión, le pide a Shoko que falsifique el acta de muerte afirmando que siguió en ese estado, pese a la mirada recelosa que le envía su compañera no hace nada en contra de lo que ha pedido.

Lleva a Itadori a vivir apartado de los demás, lo ayuda a entrenar con la energía maldita y nota como el progreso del otro es realizado a pasos agigantados y siente que el chico va a ser capaz de defenderse mejor ahora. Más que preparado para el evento de intercambio que se va a realizar, para no pasar por otra situación de peligro que lo deje como esa fría e inmóvil imagen.

Sólo hay algo que molesta un poco la mente de Satoru, va a extrañar la convivencia que ha ido desarrollando con el de ojos miel, tan amable y brillante que hacía sentir esa estancia como un verdadero hogar al cual volver, comida deliciosa y sonrisas sinceras que eran la constante en la bonita cara del chico.

La sensación de estar vivo se aligeraba con sólo estirar los dedos y poder conectar con el otro en un contacto al que ambos se habían ido acostumbrado, con la calidez que atravesaba el infinito que había construido a su alrededor. La monopolización de la atención de Yuuji se sentía tan correcto, un lugar seguro.

La electricidad que cargaba el ambiente cuando se acercaban demasiado, tomaba bastante del autocontrol de Gojo no hacer un movimiento que acelerará todo eso, no quería algo que fuera un instante de placer y después desapareciera al primer soplo del viento.

Pero todas las cosas buenas tenían que terminar, el evento llego con gran rapidez y la noticia de que el recipiente de Sukuna seguía vivo y había mejorado en sus habilidades necesitaba ser dicha. Los combates y el partido de béisbol pasan en un parpadeo siendo la escuela de Tokio la ganadora.

Aunque Yuuji seguía siendo amonestado por sus compañeros al no haber dado señal de seguir con vida, haciéndoles preocuparse y sentirse desanimados al pensar que realmente había muerto. No querían demostrar que pese al poco tiempo que han compartido, el de pelo rosa ha asentado raíces tan profundo.

Megumi parecía aliviado y estupefacto al ver la conocida cara, se podría decir que un poco molesto por la mirada venenosa que el maestro recibió desde el primer día, acusaciones en forma de dagas invisibles le eran enviadas por el azabache, como si el de ojos azules pudiera ver las intenciones ocultas de Gojo.

No obstante todo eso era una pantalla, cuando el albino va pasando fuera de su pieza en camino a visitar a Yuuji puede escuchar unos suaves sollozos que proceden de la habitación de Fushiguro, puede sentir que ambos alumnos se encontraban ahí y parecía que habían tenido una plática profunda por el ambiente que reinaba.

Parecían bastante cercanos a pesar de la actitud distante que solía tener el azabache con otras personas, eso no quita que el mayor había subestimado la conexión de aquellos chicos. Megumi no se solía relacionar tanto con las personas para evitar un vínculo, miedo al abandono de aquellos que aprecia. Yuuji parecía ser la clase de persona que permanecía un buen tiempo, pero de igual manera dejaba una huella profunda si es que se iba.

Satoru no puede decir nada realmente, es como si fuera un hecho completamente natural que todo el mundo aprecia al chico de cabello rosa, si incluso Nobara ha admitido que el niño de pelo rosa se ha abierto un hueco en su corazón. El albino estaba bastante de acuerdo en ello, parecía incluso de conocimiento común aquella premisa.

Itadori Yuuji se había ganado su corazón también, Satoru esperaba que de la misma forma lo tuviera contemplado a él. Porque había visto las miradas ligeramente anhelantes que le eran dirigidas, dejando un límite para que el chico no sintiera eso solamente por una admiración momentánea.

Y puede que así fuera, la gente que se volvía cercana al de cabellos rosados se asentaba en el enorme espacio que tenía para apreciar al resto, Itadori era mucho de dar todo de sí mismo sin pedir nada a cambio, como si no se creyera con el derecho a recibir amor con la misma intensidad. Sensible para recordar y apreciar a los demás, demasiado duro consigo mismo.

Gojo podría esperar y enseñarle un poco de lo que se trataba el amor en un tinte romántico, incluso con la retorcida idea que tenía de ese sentimiento. Itadori se merecía lo mejor, es por ello que Satoru se lo daría si se lo permitían, aprendería para no herirlo.

Aunque no esperaba que otra persona hubiera sido la que se coló primero de manera tan profunda en el suave y dulce interior de su alumno, tal vez estaban las señales y él las había ignorado tontamente en pro de no herir sus propios sentimientos. Mentiras dichas de manera continúa en busca de tapar el Sol con un dedo.

Megumi Fushiguro e Itadori Yuuji tomados de la mano y mirándose con algo que se asemeja al afecto, Gojo detiene su andar por completo y espera que esta escena no sea lo que su mente imagina, pero los de primer año se besan de manera breve y un rubor estalla en sus mejillas mientras las risas del bronceado se escuchan fuerte.

El mundo se ha congelado por un instante, los latidos de su corazón se sienten estruendosos en su caja torácica y el sabor de los caramelos que había comido unas cuantas horas antes se ve desplazado por una sensación pastosa y amarga. Un balde de agua fría parece haberle caído por la rigidez que siente.

Se aleja de manera veloz y cuando por fin está en la seguridad de su hogar se saca el uniforme y la venda, cambia su ropa y pone unos lentes oscuros, se sienta en el sillón y gime frustrado apoyado en sus rodillas, porque si fuera por su propia mano la persona que estaría al lado del dulce primer año sería él mismo.

Debía de estar preparado para ello, él mismo hizo que las señales que le enviaba a Itadori no se sintieran tan invasivas como para ser considerado un coqueteo. La posibilidad de que alguien llegará a estar al lado de su alumno preferido no eran bajas considerando la afinidad que sentían todos con él.

Las personas podrían pensar que buscaría meterse en la relación de ambos y hacerla fracasar; pero ha criado en cierta parte a Megumi y un cariño se asienta en su pecho por el chico de cabello puntiagudo, además de contemplar que no quisiera a Yuuji sufriendo por algo que sería indirectamente culpa de su apreciado maestro.

El amor lo ha vuelto blando.

Necesitan tener vigilado todo lo que pueda alterar los niveles de energía maldita, así que inevitablemente Shoko se entera de ellos, y como si ella tuviera más conocimiento del que aparenta le comenta a Gojo de manera casual que su alumno preferido y Fushiguro empezaron una especie de relación. Parece cautelosa, como si esperará alguna reacción fuerte de parte de maestro de primer año.

Lo que lleva a explicarle que ya lo sabía y disfraza el pinchazo que siente con una risa vacía, pese a la mirada que parece buscar más respuestas Shoko no menciona nada más pero deja el aire cargado de duda, a veces al albino se le olvida que llevan conociéndose desde que eran estudiantes y puede ver parcialmente a través de los muros que ha elevado.

Quizás es porque más gente está consciente de ello, la confirmación de que no fue algo ocurrido un instante en el que ambos habían confundido sus sentimientos, porque no habían dejado ser a otras personas lo suficientemente cercanos para que la posibilidad de otra relación fuera factible.

Eso lo había llevado a prestar un poco más de atención a la manera en la que actuaban, pero sólo obtuvo una serpiente retorcida susurrando en su oído algo que no debería existir, intentando poner brumoso su raciocinio. Pero esa misma atención ha dado paso a una bestia de ojos verdes que ruge en su interior y le ruega detener todo eso de un tajo al contemplar una cruel verdad.

Megumi no quiere a Yuuji.

O al menos no de la manera en la que las parejas lo hacen, la mirada que había notado en otras personas cuando afirmaban que amaban al otro. Los ojos miel de Yuuji se iluminaban tanto al contemplar al Fushiguro, era como si una especie de felicidad los hiciera brillar cual faroles encapsulados.

Pero del lado de Megumi no era de esa manera, un fantasma de esa mirada sacarosa que le es dedicada es lo que obtiene cuando mira al menor de primer año, como si un cristal nublará su vista de lo que realmente captaba su atención. Yuuji era una foto borrosa en la que se quiere ver la imagen de manera desesperada, llenando los huecos con lo que quieres ver en lugar de lo que hay.

Sumando el hecho de que no podía ser que en realidad el de cabello puntiagudo no pudiera mostrar esos sentimientos con la misma intensidad, porque Gojo ya había visto en el pasado al chico estar en algo similar al enamoramiento. Algunos destellos breves que desaparecían y dejaban a su paso la duda de si en verdad había sucedido.

Siempre pensando que era una interpretación confusa, que la única persona a la que Fushiguro podía apreciar realmente era a su hermana y por ello parecía distinto al trato que le daba al resto, pero no, la mirada que parecía relucir de pasión y ponía en una imagen más bonita a la persona, la mirada amorosa era la misma que Megumi le dedicaba a Tsumiki.

Tsumiki, con quien no comparte lazos de sangre pero ambos se consideraban familia. Con esa dinámica que en algunas ocasiones rayaba los límites que no estaban permitidos, los toques que permanecían demasiado tiempo en las extremidades del otro, las actitudes que se asemejaban a un matrimonio en crisis.

Porque el portador de los seis ojos es bastante listo y perspicaz aunque no lo parece, al menos cuando no estaba cegado por sus propios sentimientos, y la relación que llevaban los hermanastros estaba bastante lejos del concepto que se denominaba normal. No es que le sorprendiera considerando la sangre Zen'in que corría en el cuerpo de Megumi.

El amor en definitiva es una maldición retorcida, por un lado quiere tomar su decisión y hacerla añicos pero también quiere cuidar los intereses del chico con ojos miel, una encrucijada en la que ningún camino se ve prometedor. No podía ir con Yuuji y decirle "¿Tu novio? Está enamorado de su hermanastra" ¡Era un boleto directo a ganarse su odio!.

Van a salir dañados, pero eso no evita que el de cabello blanco desee en lo más profundo de su ser que eso no sea lo que ocurra con Yuuji, la única manera que tiene para disminuir la probabilidad es intentar hacer entrar un poco de razón en la cabeza del de ojos azules, tener un poco de esperanza en ello.

"El amor no es sólo dar."

Yuuji es demasiado bueno para la clase de personas que atrae en su vida, todo lo que lo rodea es demasiado putrefacto, como una flor que crece entre la adversidad pero inevitablemente se verá arrancada de tajo cuando ni siquiera esté en su maduración total. Infectada por el veneno que hay a su alrededor pero sin mostrarlo aún.

Un día sucede eso, no parece haber nada extraño en los alrededores y no tienen alguna misión que realizar. Cuando la energía maldita que suele salir del recipiente tiene una variación es el indicador de que ha sucedido algo con Yuuji. Es por eso que se apresura al origen de dicha energía para saber la causa de esto.

Esperaba que la razón no fuera algo realmente grave, ninguna herida que necesitará de la técnica inversa. Muchas cosas cruzaron la mente del albino, haciendo que un nudo de preocupación se formará en sus entrañas y algo espinoso subiera por su piel, la picazón en su piel empezando a esparcirse.

Puede observar el cabello rosa de Yuuji, quien está sentado y sujeta sus rodillas con fuerza mientras ligeros espasmos sacuden su figura encogida, Satoru le habla y el chico se queda quieto un instante antes de alzar la vista para intentar enfocar a su maestro.

Si bien se siente aliviado de que no se encuentre herido tampoco esperaba encontrar al otro envuelto en lágrimas, luce como si algo preciado le hubiera sido arrebatado de la nada, la visión hace que las cosas se sientan un poco nauseabundas y fuera de lugar. Le habla de manera temblorosa después de carraspear un poco.

-Gojo-sensei

Yuuji estira los brazos para pedirle un abrazo, lo hipidos que son suaves y Gojo no puede lidiar con ello, se acerca a su alumno y lo envuelve en lo que espera sea un acto que pueda reconfortar a la persona que considera importante en su vida, a quien le dio un poco de afecto desinteresado pese a conocer su retorcido ser.

Lo deja inmiscuirse a través de su infinito, envolviéndolos en una capa que los separa del resto del mundo y sólo queda la calidez compartida. Las suaves caricias en la fuerte espalda que luce diminuta al estar acurrucado entre los brazos del maestro, la fachada usualmente fuerte que presenta el menor se ha resquebrajado un poco.

A pesar de todo Itadori luce realmente bonito mientras su rostro es bañado en agua salada, una obra trágica que fue pintada con extremo cuidado y merece ser preservada en los museos para que la gente lo admire, siempre valiente y efímero en una proporción casi perfecta, ver algo así sería excelente si fuera en otra situación.

Una punzada de celos entre la retorcida admiración que experimenta, la imagen frágil que le es entregada como un presente que no vale nada, las lágrimas calientes han sido causadas por alguien que tiene importancia en la vida del chico, lo suficiente para que sus acciones sean las causantes de estas. El cabello azabache de Megumi aparece en la mente de Satoru durante un instante.

Una vez que el llanto ha aminorado lo suficiente y el único vestigio de ello es lo coloreado del rostro de Yuuji junto a su voz algo congestionada le explica un poco que ha sucedido, parece temeroso de decir algo de más así que Satoru le ayuda a completar la información cuando puede captar a que se refiere.

El menor asiente de manera tímida, como si el haber dicho aquello fuera algún tabú.

Yuuji se siente más culpable por la manera en la que descubrió eso, no da prioridad a sus propios sentimientos, a pesar de que está espantando y se siente resignado a ser la otra persona que no puede estar en el foco de visión de la persona que aprecia de manera romántica. La tristeza palpable y de todas maneras el dueño de esta finge estar bien.

Ese es el momento de inflexión en que Gojo toma cartas en el asunto, porque decidió hacerse a un lado creyendo que alguien más honesto podría tratar con cuidado al chico y darle una primera relación que pudiera recordar con cariño y dulzura. Una verdadera lástima el como resultaron las cosas.

Puede que sea una jugada sucia el aprovecharse de un momento de debilidad como es ese, pero Satoru nunca se ha considerado un santo antes incluso si ha tratado en ocasiones, se siente realmente molesto y la calidez del otro cuerpo es demasiado agradable, casi lo suficiente para embotar su raciocinio mientras se inclina y deja un beso en sus labios.

Es algo ligero, apenas entra en la categoría de beso pero quiere saber la reacción del otro antes de continuar, los ojos miel de Yuuji parecen sorprendidos pero no disgustados, el albino le da un poco de tiempo para que se pueda levantar e irse, o darle una explicación del porqué ha hecho eso y decidir que hacer con base en eso, siendo la segunda mucho más probable considerando de quien hablan.

Pero no paso nada de eso sucede, no parece estar molesto o confundido de ello, ni siquiera menciona que eso es algo con lo que no se debería bromear. Así que se inclinan de nuevo, el contacto delicado empieza a diluirse entre el agarre que se vuelve más pasional. Desesperados, como si necesitarán de ello para seguir respirando, para seguir enteros.

Un hueco en el enorme afecto que profesaba a los otros necesitaba ser llenado aunque sea un poco y un consuelo físico es mejor que no tener ninguno ¿verdad?.

Familiarizado con la sensación de que el calor de otra persona parece aligerar los problemas, sentirse apreciado de manera superficial, suficiente para apagar su cabeza y fingir que las cosas están en orden. Para ello Satoru será la segunda opción si es lo que el otro necesita para poder estar mejor consigo mismo.

Los sentimientos punzantes y nauseabundos se aferraban a sus entrañas se diluyen al nuevo sabor que se le presenta, bebiéndolo con ansias como una persona que ha salido del árido desierto y encuentra una fuente de agua. El nombre de Yuuji haciendo un loop en su cabeza mientras se trasladan.

Incluso cuando el nombre que escapa de los labios rosados de Yuuji es el de Megumi mientras dice que eso estaba mal, Satoru sólo se inclina a dar besos que silencien eso, hasta que sus pensamientos se ven centrados en la presencia del que lo acompaña y no lo que sea que se encuentre fuera de ese sitio.

Dan entrada a un camino que es de un sólo sentido.

El recuerdo de lo que sucedió está empañado en las esquinas, como si líquido hubiera obstaculizado su vista haciendo que todo sea un rostro sonrojado y cabellos rosas esparcidos en sábanas blancas, suspiros y toques tan calientes que es sorprendente no dejen marcas en la piel.

Se entregan hasta que su mente esté vacía, febril de euforia y mareado en adrenalina al culminar aferrados al otro, una maraña de extremidades que dificulta reconocerse siquiera a sí mismos.

Gojo intenta dejar sus marcas en el fuerte cuerpo del otro, siente las que le deja el chico y sonríe ante ello. El momento sabe a caramelo ligeramente quemado, se embriaga con eso y su cabeza se siente nublada.

Satoru colma a Yuuji de palabras bonitas, quizás alguna de ellas sea capaz de llegar a la mente del chico, que parece perdido en el vórtice de sensaciones, los ojos miel nublados y con el color negro dilatado mientras el aire vuelve a su cuerpo.

El profesor no es que se encuentre mejor, con la piel caliente y húmeda, se deja caer al lado de Yuuji y acaricia sus cabellos con suavidad. Se encarga de susurrarle verdades a medias que se asemejan más a mentiras dichas con cariño.

La brillante y cansada sonrisa que le es devuelta hace que todo se sienta correcto, la culpa que pudo haber tenido la intención de golpearlo más tarde se ve desvanecida, aplastada ante la brillantez de Yuuji. En un extraño impulso el albino le menciona un "te amo", que es algo que realmente siente pero no era el momento que esperaba diera pie a ello.

Yuuji está convencido que su profesor dice eso por el calor del momento, un experto en dar lo necesario para que la persona a la que tiene de compañía se sienta agradable, es consciente de ello pero se deja envolver en las diatrabas azucaradas, sintiéndose amado de una manera distinta a lo que espero.

Lo que alguna vez había cruzado su mente luego de poder sentirse una prioridad en la vida del hechicero más fuerte, algo a lo que nunca se había permitido acceder porque se creía insuficiente considerando la actitud que sostenía el de ojos azules al resto del mundo incluyendo a gente mucho mejor que un estudiante sin nada que ofrecer.

El menor siente el cansancio esparcirse por sus extremidades, la relajación proporcionada por los dedos que siguen peinando sus rosadas hebras sirven para hacerlo dormir rápidamente mientras siente a su maestro acomodarse para abrazarlo un poco, un misericordioso mundo en el que no hay nada que altere su artificial paz o deje a sus pensamientos volver.

El hechicero más fuerte disfruta de eso, la respiración uniforme característica del estado onírico en el que se encuentra el chico, la cara calmada mientras su cuerpo busca acurrucarse junto a él. Es un momento dulce que le hace sentir algo similar a rosas floreciendo en su interior.

Incluso cuando la venenosa boca de Sukuna se manifiesta en la mejilla de Yuuji y le dice que es un bastardo aprovechado por usar la debilidad del chico para acostarse con el, las burlas que surgen en dirección a su recipiente no tardan en aparecer. El rizo de sus comisuras es la clara imagen de superioridad.

Gojo ignora con bastante éxito lo que le dice la ancestral maldición, Sukuna nunca se ha caracterizado por ser amable. Eso parece ser la mejor manera de tratar con ello, porque al no obtener alguna clase de reacción la maldición vuelve a desaparecer no sin antes darle una última opinión en la que lo insulta.

Solamente estaba ayudando a cuidar a su alumno preferido, realmente quiere creer eso, de esa manera los pocos remordimientos que se pudieran acunar en su mente se ven desvanecidos como niebla. Yuuji probablemente le pida perdón a Megumi en la mañana y arreglen sus problemas.

Es un buen mentor, eso es todo.

Además de saber que su personalidad estaba lo suficiente podrida para usar esa mínima oportunidad de poder conocer aquel lado que no se le permitiría ver. Un hecho particular del cual no habría una continuación y solamente sería un hecho que se tornaría gracioso o incómodo con el paso del tiempo.

Satoru podría decir que era la única vez, sólo fue la primera en realidad. Algo había cambiado en esa relación, Yuuji siempre lo había buscado porque disfrutaba de su compañía y Gojo estaba encantado de dársela. Seguían siendo algo así aunque un toque físico que iba más allá de lo permitido se veía incluido algunas ocasiones.

La vida es una cosa rara en definitiva, se han retorcido hasta el punto en el que las cosas ya ni siquiera hacen sonar alguna alarma en su cabeza donde recordarían que el de cabellos rosas estaba en una relación. No es que importe, mientras la brillante sonrisa del de ojos miel siga presente, Satoru podría entregar su alma voluntariamente.

Además el destino es una broma, está consciente de ello y es por ello que no se sorprende cuando Megumi le pide una oportunidad para hablar, pidiendo su consejo, revelando que había tenido un problema en su relación con Yuuji. Algo se siente tenso, escondido y no puede reclamar de ello.

Pequeño Megumi, el no ser sincero le impide pedir lo mismo del otro.

Tiene las mejillas sonrosadas, parece avergonzado y no parece querer revelar del todo que es lo que sucede, sería entrañable pensar en el hecho de que ha ido directamente con Gojo ante eso para que su experiencia le ayude, pero nada de ello hace que su exterior se sienta siquiera un poco ablandado.

-¿Todavía amas a Tsumiki?- Su tono de voz demasiado plano, el tipo de ritmo que esperarías cuando alguien menciona el clima o lo que ha comido ayer, no algo que se pensaba era un secreto oscuro.

La cara del azabache se contorsiona, como si le hubieran dado un puñetazo y sus ojos demuestran pánico, asemejándose a alguien que espera en cualquier momento salga algo del suelo y le diga que su existencia es una blasfemia, ni siquiera intenta decir que es falso, ni pregunta como es que el albino pudo saber eso.

-No estoy seguro.- Sus hombros caen con pesadez, la representación de Atlas cargando el peso del mundo se vuelca en su alumno, confundido porque ha querido tanto tiempo a la misma persona incluso hiriendo a otros y ahora algo ha cambiado.

-¿Amas a Yuuji?

-Más de lo que pensaba.

Le dice que debería pensar en que es lo que realmente va a hacer, poner en claro sus sentimientos y hablar cuando esté listo, Megumi parece de todas formas le da las gracias y dedica una sonrisa de lado. Satoru le responde que ha sido un placer ayudarlo, que siempre puede contar con él.

Lo dice como si no se estuviera follando a la pareja del chico a quien acaba de aconsejar, como si algo se retorciera en sus entrañas al pensar en Yuuji dejándolo al volverse la persona que Megumi quiere, confesando lo que ha hecho y el azabache lo perdonaría probablemente, cortarían todo lo anterior y empezarían con eso otra vez.

Está seguro de que hay amor, pero no el que debería, no el que se merecen.

Eso enferma a Gojo.

Las ganas de gritar que empiezan a surgir, su frustración aumenta con el picor de sus ojos en forma de lágrimas que se niega a derramar. Porque nadie tiene la culpa en eso, solamente se destrozan los unos a los otros sin mediar, pero no puede evitar querer hacerlo.

Aunque eso no es de lo que pasa por sus pensamientos cuando ve la silueta de Yuuji que lo espera, iluminado por la brillante luz del atardecer, se asemeja a un fuego que arde con pasión pero se acerca a su final con demasiada rapidez.

Entierra sus dedos en el cabello del muchacho mientras caminan, escucha su voz contrale algo que le ha parecido interesante y el albino solamente asiente mientras le sonríe. La risa del chico, su olor a shampoo y sudor limpio, la calidez que siempre desprende su cuerpo hace que todo se sienta borroso.

Sabe que esta distorsionada relación nunca va a ser lo que antes, pero no le importa mientras pueda seguir con esos momentos.

Satoru sabe que no puede recoger y sanar los trozos que conforman a Yuuji por más que trate de hacerlo, si bien puede intentar mantener unido al resto del muchacho. Eso no es lo que haría a las cosas se detengan, así que en su lugar busca destrozar y llenar de heridas que van a convertirse en cicatrices, heridas que pueden infectarse si no se tratan con cuidado.

Cuidando y rompiendo a partes iguales a la persona que ama, rompiéndose a si mismo mientras las piezas se mezclan entre sí y borran límites difusos.

El amor no es sólo dar después de todo.


Lo único que tenía claro era que terminará con esa frase, as always pensé que iba a ser más corto de lo que termino siendo en realidad, ya debería irme acostumbrando a que no es verdad.

Esto no fue escrito de manera continua y quizá se note pero no quería editarlo porque no lo subiría en ese caso, probablemente me odie un poco al leer esto en unos meses pero ¿a quién le importa? ya le invertí tiempo a esto y se merece ser publicado.

Estaba triste, había leído un dj y no quería escribir nada fluff entonces que nadie sea feliz en el fiku, solamente ese espectro gris. La escuela me está consumiendo, ayuda en física para poder dejar de chillar por no saber y sentirme mal ante eso :c

¿Tengo algo con hacer llorar a Yuuji y que Satoru lo abracé? Probablemente y no me arrepiento de ello si me permiten decir, se me hace algo bonito y lo meteré en más historias en el futuro.

Espero les guste, aprovechando la fecha ¿Dulce, votos o comentarios? cualquiera estaría increíble (:
Hasta luego y espero que se encuentren bien.
Besooooos.