Contigo para siempre
Nota del autor: El Sesshrin es canon y yo no podría estar más felíz por ellos, sin embargo, aún me queda la duda de como ocurrió eso. Por eso, escribí este fic corto analizando los sentimientos de nuestro demonio noble favorito. Disfruten.
Disclaimer: Nada de esto es Canon, ningún personaje me pertenece.
El tiempo para un demonio era algo intrascendente. El universo llevaba millones de años en formación, pero el apenas iba a llegar al milenio y sabia que le quedaban más de mil años más por delante, de modo que su eventual muerte no era algo que realmente le preocupaba. Sin embargo, la vida humana no era así. La vida humana terminaba y comenzaba en un solo día para él, pero era más fácil ignorar aquel hecho antes de encontrar a Rin.
Ella crecía cada que el pestañeaba, en un momento tenía ocho años, luego once, luego trece y ahora acababa de cumplir dieciséis y como toda cosa en la naturaleza, ella también cambio. El cambio fue progresivo, pero obvio. Aunque preservaba el mismo brillo alegre en sus ojos avellana, sus facciones se afinaron y su cuerpo delataba su madurez. Había crecido unos veinte centimetros casi y por los kimonos que le había mandado a hacer sabia que sus caderas se habían ensanchado pero el diametro de su busto era apenas 15 centímetros mayor al de su cintura. Sabía cuando la dejo, que ella crecería, pero no penso que la vería llegar a convertirse en mujer. Y una muy hermosa para su pesar.
—Amo Sesshomaru — Rin levanto un poco su kimono y bajo la pequeña loma gritando su nombre como hacia cuando niña. El Kimono era rosado con un patrón ornamental que subia a la altura de la cintura. El traje le quedaba bien, resaltaba el color en sus mejillas, no estaba holgado en el busto, cubria sus talones sin tocar el piso y lo que era más importante para él, le permitía correr en caso de emergencias. Se lo había regalado en su último cumpleaños junto a una peineta dorada con perlas que ahora sujetaba precariamente su semi recogido. Tan pronto estubo a un brazo de distancia de él, salto a abarazar su cuello en un mal hábito que había agarrado desde la primera visita que le hizo en la aldea.
Aunque Jaken siempre la separaba de él de un solo bastonazo, Sesshomaru nunca se atrevió a corregirla. En lugar de separarla, apoyo una mano en su espalda baja para darle soporte y la dejo seguir unos segundos. Antes de ella, jamás le había interesado cargar ni abrazar a nadie, pero después de aquella vez en el inframundo, tener a Rin en sus brazos le dejaba una sensación cálida y suave, como cuando su madre tuvo la gentileza de devolverla a la vida. Paz. Los momentos en que lo abrazaba eran breves, pero agradables. Sin embargo, en las últimas visitas había notado algo extraño cuando ella dejaba de abrazarlo.
—Casi lo olvido — Rin solto su cuello y con una gran sonrisa le hizo entrega de una pequeña bolsita —es para usted amo Sesshomaru.
Ahi está de nuevo. Aunque mantenía su expresión de tranquila indiferencia, esa amarga sensación de decepción asomo su fea cabeza tan pronto ella lo soltó. Parece que me he mal acostumbrado a su afecto. Lo mejor era ignorarlo.
Sesshomaru exhalo en desconento y tomó la bolsita ante su mirada impaciente. Al abrirla se encontró con lo que parecian varias canicas pintadas de opacos colores.
—Son dulces — le explico mientras tomaba una entre su indice y su pulgar — Sé que no le interesa la comida de humanos, pero esto no es nada nutritivo, solo lo comemos porque sabe bien. Pruebelo por favor.
Y cuando vio que ella se llevo una de las cánicas a su boca, el hizo lo mismo y lo dejo ahí. La golosina se disolvió, el sabor era similar al de una fresa bañada en azúcar. Ciertamente no era nada nutritivo, pero tampoco desagradable, solo no era la gran cosa. Aun no entendía la obsesión de los humanos con el azúcar, pero respetaba el deseo de Rin de compartir eso con él.
Rin murmuró —Sabe amo Sesshomaru. — y explicó —a su hermano le gustan mucho esas golosinas. He visto que cuando la señorita Aome se las da, se las come todas directo de la bolsa. — aunque sonreía, había una cualidad agridulce en su voz. —a veces parece que cualquier cosa que ella le da, lo hace feliz.
Raro. Rin ocasionalmente mencionaba a su hermano, pero era la primera vez que sonaba tan triste al hacerlo. Murmuró —Hm.
E instantáneamente la menor cambio su expresión y sonrió. Pregunto —¿Podemos ir a la colina? Los ciruelos están en flor amo Sesshomaru.
La colina como Rin la llamaba, estaba a algunos metros del árbol sagrado, era un punto alto y alejado de la aldea. Era el segundo año que iba a observar esos árboles con ella. El año anterior asistieron cuando las ciruelas ya habían madurado y aunque él no acostumbraba a comer comida de humanos, acepto un par solo para darle gusto a Rin. Esta vez sin embargo, Rin no parecía tan animada.
Normalmente no podía estar más de 5 minutos sin hablar, se contenía a veces para no molestarlo, pero desde que sus visitas se volvieron menos frecuentes, no le molestaba en absoluto su perorata. Todo lo contrario, le agradaba saber que estaba segura y que se sentía apreciada en esa aldea. Rin siempre tenía alguna historia sobre algún paciente que atendió junto a la sacerdotisa o algun chisme de la aldea que contar y cuando no era así, llegaba a preguntar por Jakken o por el estado de la expansión de sus territorios, aunque él jamás le había hablado de eso y no tenía intenciones de hacerlo. Desde que recupero la habilidad de hablar, era una de sus cosas favoritas, sin embargo ahora caminaba en silencio, como cuando apenas se habían conocido. Ahora en lugar de observarlo con inocente curiosidad, veía hacia adelante en reflexivo silencio. Solo cuando llegaron a la colina y vio las flores blancas de ciruelo, cubrir el pasto verde, sonrió.
Sesshomaru tomo asiento en las raices de uno de los arboles y la dejo divagar. De niña siempre que caminaba por el bosque alzaba la mirada como si buscará algo grandioso en las copas de los árbooles. Su rostro y su cuerpo habían cambiado, pero veinte centímetros y cinco años más tarde seguía haciendolo. A veces, Rin lo observaba con la misma curiosidad y asombro a él, sin saber que él también se preguntaba que pasaba por su mente cuando hacia eso. Así paso unos pocos minutos a la sombra del árbol, hasta que Rin tomo asiento a su lado y soltó un gran suspiro que solo logró preocuparlo más.
Rin era muy vocal cuando estaba feliz, pero cuando algo la contrariaba jamás hablaba, por lo que Sesshomaru había aprendido a notar cualquier señal de hambre, sed y hasta dolores menstruales. Lo que sea que la tenía molesta, no encajaba en ninguna de estas categorias.
—Rin. — Ella volteo a verlo tan pronto la R rodo de su boca. Afirmo —Algo te molesta. — y ella sonrió gentil. Siempre sonreía a la menor de sus consideraciones.
—Es — Rin penso en lo siguiente que diría y despues de un corto silencio, resumió sonriente —algo tonto, amo Sesshomaru.
Pero claramente no lo era, si la había sumido en un silencio tan largo. Incluso en su postura notaba un cambio bastante obvio. Rin normalmente apoyaba su peso sobre su hombro al descansar. Hoy sin embargo, su espalda estaba completamente recargada contra el tronco del árbol y sus piernas estaban extendidas hacia adelante, alejadas de él. —Normalmente no tengo que pedirte que hables.
Rin solto una risa nerviosa, pero no hablo, solo bajo la mirada a la falda de su kimono. La brisa movia las copas de los arboles, haciendo que las flores blancas caigan silenciosas al suelo. Rin observo las flores en silencio durante casi media hora, su pecho se movia lentamente con cada respiración que daba, poco a poco su cuerpo se inclinaba más a él y para cuando su cabeza ya se habia apoyado en su hombro, la sonrisa de tibia amabilidad había desaparecido. Así pasaron varios minutos hasta que un olor llamó su atención.
Sal.
Tan pronto volteó a verla, Rin apreto los ojos y los abrio nuevamente. No habían lagrimas, pero el brillo vidrioso en sus ojos delataba lo cerca que estaba de quebrarse en llanto. Respetaba su voluntad de no hablar, pero pocas cosas le perturbaban tanto como ver a Rin lastimada y estaba empezando a creer que algo tenía que ver él con eso —¿He hecho algo para contrariarte hoy?
Ella nego con la cabeza, apretó los ojos y escondiendo la mirada en su hombro comenzó a llorar en silencio. No sabía si insistir iba a hacerla llorar más, pero adivinar lo que la tenía mal no estaba funcionando. En un intento de tranquilizarla, dijo su nombre —Rin.
Y ella finalmente admitió —Me pidieron matrimonio.
No. La noticia activo una parte primitiva en él, el instinto de proteger y atacar. Su pulso hacía eco en su cabeza, su sangre hervía y todo sonido se había amplificado. Quería transformarse, quería quemar una aldea y atacar al que tuvo la osadía de contrariar a Rin de esa manera, sus ojos ya habían cobrado el vibrante color rojo que adquiría en su forma pura, pero la mano en su antebrazo lo detenía. Al ver a Rin observarlo con preocupación, se recompuso inmediatamente y calmado preguntó —¿Acaso esa sacerdotisa cedió tu mano?
Rin interrumpio —No, amo Sesshomaru, la anciana Kaede dijo que ella no era mi guardiana y le explicó que debía hablar con mi amo.
Oh. Pero esta noticia no calmaba del todo ese desagradable latido en su cabeza como marcha de guerra. Rin le hablo del pretendiente en cuestión, le explicó que el fue muy gentil al respecto, pero para él no era más que un vulgar hijo de terratenientes que creyó que la merecía solo porque era hermosa, joven y gentil. Tarado. Igualmente, por respeto a la voluntad de Rin, preguntó —¿Y deseas contraer matrimonio con él?
Y afortunadamente, Rin negó con la cabeza y limpiándose las lagrimas dijo —No, no quiero casarme con él y no creó que se atreva siquiera a acercarse a usted — una sonrisa asomo en su rostro. Quizas porque sabía que ya no debía preocuparse de ello. Sin embargo, esto plantaba una nueva duda en su mente. ¿Entonces que la perturba?
—Hmmm. — esto llamo la atención de Rin.
De repente el color trepo sus mejillas y ella explicó más calmada —Estoy feliz, de que no tenga que desposarme con él, pero todas mis amistades ya han formado familias. Mei se caso, Rika ya va a tener a su segundo hijo e incluso Kohaku está comprometido.
Sesshomaru preguntó iracundo —¿Y tú deseas eso? — aunque el timbre de su voz solo indicaba una ligera molestia, como cuando Jakken decía algo estúpido o cualquier humano que no era Rin le hablaba.
Rin aparto la mirada y cuando se dio cuenta que él seguía observandola en estoico silencio, contesto apenada —no con cualquiera.
Esa no es una respuesta. Pregunto —¿Deseas desposar a alguien en específico? — Rin enrojeció y esa fue toda la información que él necesitaba.
Sabía que eventualmente ese momento llegaría, ese era el objetivo de dejarla en la aldea, que pueda crear raíces y este segura con otros humanos, pero ahora que había logrado su cometido no se sentía nada complacido.
Rin continúo —Él no sabe cómo me siento.
¿Él? Habia visitado la aldea frecuentemente y era consciente de que ella solo trataba con tres ellos en la cotidianidad. El idiota de su hermano, ese monje pervertido y su cuñado, Kohaku. El monje era un humano joven y amable según ella, pero asumía que no era él por la poca frecuencia con la que se hablaban. Eso dejaba a dos opciones, su medio hermano y Kohaku. Por un lado, Rin respetaba a esa sacerdotiza humana Aome lo suficiente como para no intentar nada con el tonto de Inuyasha, pero considerando la tristeza de su comentario anterior, no podía descartarlo cómo el objeto de su afecto. Aunque también estaba ese cazador de demonios. Kohaku era relativamente fuerte a comparación de otros humanos, era cercano en edad a ella y cuando...
De repente una sensación cálida en su mejilla lo saco de sus pensamientos. Duro poco, pero fue tiempo suficiente para que el registrara en su momento lo que acababa de pasar. Rin, sin avisar y sin pedir permiso le había plantado un beso en la mejilla, dejando un leve cosquilleo en su lugar. No era la primera vez que hacía algo así, sin embargo se sentía tan diferente a todos los besos de gratitud o alegria que le había dado antes. Este era un beso que él necesitaba. Cuando volvió a verla, el color se había apoderado de su rostro, sus labios estaban ligeramente abiertos y en sus ojos almendrados reconoció un brillo familiar de expectativa y asombro.
Hm.
Rin aparto la mirada avergonzada, se sentó sobre sus rodillas y agachando la cabeza dijo —perdone amo Sesshomaru.
Inmediatamente Sesshomaru poso su indice bajo su mentón y lo elevó hacía él. Los dos sabían de lo que eran capaces sus garras y aunque nunca se atrevería a lastimarla, parte de él temía romperla si exhalaba muy fuerte cerca de ella. Rin estaba catatonica, la reacción que esperaba ciertamente no era esa y a decir verdad no era propia de él. Todos los humanos con los que interactuaba debían repetar su espacio personal y se debían referir a él con formalidad como Señor Sesshomaru de las tierras del Oeste, no permitía la charla casual, ni el contacto visual prolongado y definitivamente no permitía el contacto físico y Rin lo sabía, pero ella era la excepción a muchas de sus reglas. En qué momento se volvió así y por qué, era uno de los tantos misterios que envolvía a la muchacha y como nadie se atrevia a interrogar a Sesshomaru, simplemente era así y ya.
Así pasaron unos segundos hasta que Rin salió de su trance y tomo la mano que sujetaba su mejilla entre la suya. Su voz aunque ahora más firme y menos alta, preservaba su dulzura aniñada —No besaria su mejilla, sino me sintiera completamente segura a su lado — ella hizo una pausa y cuando vio que él no tenía mayor intención que escucharlo atenta, continuo —y ahora que lo he hecho, creo que no besaría a nadie que no fuera usted. Estaba triste porque últimamente todos hablan de amor y lo único que pienso cuando hablan de eso es en usted. No sé si así se siente el amor, pero si no es así entonces creo que no me interesa encontrarlo, mientras pueda estar con usted.
Amor. Aunque no era ajeno a los sentimientos de ella, durante mucho tiempo los ignoro como la admiración de una niña solitaria y agradecida. Esta confesión sin embargo, era demasiado solemne como para dudar de su certeza. Le había dado suficiente tiempo y espacio para convivir con sus semejantes y ella por alguna razón estaba segura de querer dejar todo eso por él. ¿Pero qué sentía él por Rin?
Vio el brillo expectante de sus ojos y la única palabra que se le vino a la cabeza fue, vulnerabilidad. Ahora frente a ella, sentía como si se hubiera desvanecido el piso bajo sus pies y cuando le dijo que alguien le propuso matrimonio fue igual. Siempre que sentía que la perdía era así. Se sentía ultrajado, confundido y furioso. Podía estar meses sin comer y días sin beber agua, pero la ausencia de Rin era imposible de ignorar. Incluso cuando fue decisión suya mandarla a la aldea, estaba siempre presente en un rincón de su mente como un lamento lejano. Después de ella, ocupar tierras perdió su sentido e incluso pelear con otros demonios le aburría. Desde que la dejo ir, verla era lo único que realmente esperaba con animo cada tres semanas y la idea de que cualquier vulgar aldeano ocupe su tiempo y su afecto no le agradaba. ¿Pero eso es amor?
Qué estupidez. Tenía casi 1000 años y una niña de 16 lo ponía a cuestionar sus sentimientos. ¿Así se sintió mi padre?
Estaba lejos de ser apatía y no era tan fácil de ignorar como el respeto, aunque se le parecía un poco. No era gratitud porque técnicamente ya habían saldado sus deudas, podía ser admiración quizas, incluso devoción, ¿pero podía llamarsele amor? Lo había visto en acción, sabía que ser demonio no lo volvía inmune al amor porque fue lo que mato a su padre y a su medio hermano, fácilmente podía ser usado en su contra y de hecho la habían usado en su contra anteriormente. Rin no era su propiedad, era una persona independiente de él, una desconocida que se cruzo un día de casualidad y de alguna forma siempre quería protegerla y a veces, según Jaken, parecía que hasta la engreÍa. Era importante, lo sabía, pero era la primera vez que ella le hacia cuestionar sus motivos.
¿Por qué la proteges? Aquella frase que alguna vez uso contra su hermano, había vuelto en el peor momento para morderle el trasero. Ahora, debatiendose sus sentimientos por la única persona que le importaba, que de casualidad era humana y mujer, solo podía simpatizar con el idiota de Inuyasha. Porque la amo.
Y si es así, solo hay siguiente un paso lógico.
Sesshomaru tomó su mano y dijo — Si en tus proximos cumpleaños llega alguien con quien quieras compartir tu vida, aceptare tu deseo de quedarte con él.
La muchacha respondió —Y si decido ahora que quiero estar con usted, ¿podré quedarme a su lado?
Una calída sensación se apodero de su pecho y su corazón comenzo a latir galopante. Era algo nuevo. Se sentía tan vulnerable, ninguna promesa lo había conmovido tanto, pero al ver los ojos de Rin no tenía duda alguna. Contesto — Si así lo decides.
Rin sonrió —entonces así será — y sin mayor explicación, se sentó en su regazo y presionó sus labios brevemente contra los suyos.
Dejo en sus labios el sabor acaramelado de esa golosina roja y una calidez en su rostro ajena a él, pero Rin no la vio. Tan pronto se separo, oculto su rostro en su hombro y lo abrazo. Tímidamente dijo — perdón Amo Sesshomaru — pero él no estaba molesto, ni siquiera medianamente irritado. Solo estaba gratamente sorprendido por el gesto.
Y después de unos segundos, él también la sorprendió a ella correspondiendo con otro beso, más lento y menos tímido que el anterior.
Sabía las implicaciones de su nueva relación, conocía bien a Rin y lo impulsiva que podía llegar a ser para demostrar su afecto, sin embargo sentía que pronto se acostumbraría a la ligereza que traía la calidez de aquellos besos. El verdadero problema sería devolverla a la aldea pues si antes le costaba hacerlo, sabía que ahora le dolería más, pero en ese breve y feliz instante a su lado, aquello no importaba. Cualquier momento a su lado, por más breve que fuera, era más hermoso y más valioso que una vida sin ella.
.o.
Nota del autor: eso es todo. Quería escribir algo desde el punto de vista de Sesshomaru que analizará un poco sus sentimientos y creo que hice muy bien esto. Algo me dice que Rin estaba segura de sus sentimientos muchos antes que Sesshomaru, así que fue fácil para mi imaginarla a ella tomando la iniciativa primero. Espero hayan disfrutado leer esto, tanto como yo disfrute escribirlo.
