Descargo de responsabilidad: no soy dueño de Harry Potter
La primera vez que Sebastian Riddle miró el castillo de Hogwarts desde los barcos que cruzan el lago negro se sintió de inmediato como en casa, tuvo ese sentimiento de regresar a un lugar que nunca supiste que extrañabas profundamente.
Estaba tan ocupado empapándose de magia y maravillándose con cada pedacito del castillo que se perdió la mitad del discurso de la profesora McGonagall, casi sale de su piel cuando un fantasma lo atravesó y otro niño le tuvo que dar un empujón para que entrara al gran comedor .
Caminó junto a los otros maravillados primeros años mientras se dirigían a la silla con el sombrero que los clasificaría en breve, mirando las cuatro largas mesas que lo rodeaban y tomando nota de los colores de cada casa y su ubicación en el gran comedor, las velas flotando hicieron que sus ojos brillaran y el cielo encantado finalmente cobró toda su atención, mientras miraba el cielo nocturno y las estrellas adornando lo que debería ser el techo su boca finalmente se abrió y su vista se quedó hipnotizada por el paisaje.
Una canción cantada por un sombrero lo devolvió a la realidad y recordó a tiempo cerrar la boca, pensó en las peculiaridades de este nuevo mundo y en lo que le faltaba por descubrir, entonces su corazón se calentó un poco, y una sensación de emoción lo recorrió completamente. Luego comenzó la clasificación mientras los niños eran llamados alfabéticamente, pensó por un breve momento que lo único que debían hacer era ponerse un sombrero y después un nudo se cerró en su estómago al darse cuenta de que ya estaba aquí, aprendería magia y en unos minutos lo clasificarían.
Se distrajo de nuevo con la mesa frente a todos, una larga llena de adultos, los profesores de Hogwarts. Una variedad de personas que le enseñarían magia en los próximos años, de las formas más peculiares. Ya había conocido a la profesora McGonagall en el vestíbulo de entrada, al profesor Dumbledore cuando le entregó su carta de aceptación ya Hagrid cuando los condujo a él ya los otros primeros años por el lago negro.
La lista iba en la H.
Se secó las manos en la bata y siguió mirando los profesores. Había un profesor peculiar, bastante bajito que contrastaba con el medio gigante Hagrid, una profesora con muchos collares extraños y unas grandes gafas que ocupaban la mayor parte de su cara, otro profesor con una gran nariz y cabello grasiento, otra profesora con cara amable y, ¿Eso era una mancha de tierra en su mejilla?
Llamaron a la letra N.
Su mente no se concentraba mucho, se dividía entre la preocupación por la clasificación y la colorida túnica de Dumbledore, sus ojos inevitablemente se desviaban hacia su ropa después de unos momentos, de verdad que nunca había visto ese color en la ropa.
Finamente, Riddle, Sebastian fue llamado para ser seleccionado.
Sentía como si sus piernas fueran a fallar mientras se dirigía al frente para sentarse y que le pusieran el sombrero.
En un momento todo se puso negro bajo el ala del sombrero y de pronto una voz llena su cabeza, Estaba tan aterrado que casi se lo quita y sale corriendo.
—Oh, sí, que tenemos aquí - La voz del sombrero le habló directamente en su mente - Un joven bastante inteligente, y también tranquilo, te iría bien en Ravenclaw sin duda. También veo una personalidad amable, Hufflepuff sería un lugar donde te sentirías cómodo.
La mente de Sebastian estaba en cortocircuito, no podía tener pensamientos lo suficientemente claros como para formar preguntas, o frases al menos.
—Pero veo algo de astucia, sin duda tienes algo de tu padre además de la apariencia, si, ya tengo el lugar adecuado para ti, Sebastian Riddle. ¡SLYTHERIN!
La última palabra resonó por el gran comedor y Sebastian, sintiendo un profundo alivio se encaminó hacia la mesa de las serpientes que aplaudía cortésmente. Algunos lo saludaron, otros lo miraron de forma extraña, como si evaluaran un espécimen raro y otros evitaban su mirada, algunos de ellos, los mayores, parecían como si supieran algo que él ignoraba.
El último comentario del sombrero dio vueltas por un segundo en su cabeza hasta que llamaron al siguiente nombre y se volvió hacia el resto de la clasificación. En la mesa principal notó que el Director Dumbledore lo miraba y le dedicaba una sonrisa, luego aplaudió cuando el sombrero dijo al siguiente Gryffindor con todos los demás.
Cuando la clasificación acabó miró que el profesor de nariz ganchuda lo estaba mirando, como si Sebastian le recordara a alguien más, luego la mesa se llenó mágicamente de comida y Sebastian se dedicó a maravillarse aún más con las delicias que ofrecía el mundo mágico.
Cuando la cena terminó los prefectos de Slytherin lo guiaron a él ya los otros primeros años hacia las mazmorras donde quedaban sus dormitorios. Más tarde, cómodamente cobijado en su cama con dosel, gratamente saciado y somnoliento, el único pensamiento que tenía en su mente es que el mundo mágico era absolutamente fantástico y que no podía esperar por empaparse más de este hermoso lugar.
Allí a salvo bajo las mantas ignoraba felizmente su historia completa, la identidad de su padre, la guerra que todavía después de cuatro años era muy reciente y del futuro que le deparaba. Los pensamientos sobre las extrañas miradas que recibieron en el banquete o de los comentarios peculiares del sombrero fueron olvidados mientras su mente se sumía en un sueño feliz y placentero y Sebastian Riddle se preparaba para su primer año en la escuela Hogwarts de magia y hechicería.
