Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la gran Rumiko Takahashi, específicamente a la serie/manga Ranma ½, yo solo los tomé prestado para crear esta historia (complementando con algunos inventados) con la finalidad de hacer lo que más me gusta que es escribir, por lo que es sin fines de lucro y con la mera intención de compartir mis ideas para entretener a quien desee pasar a leer.

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Advertencia: esta NO es la típica historia, esta NO es una historia R&A. Si no le gusta, está en desacuerdo o tiene rechazo a este tipo de historias, no se malgaste en dejar su odio y solo dígnese a retirarse pasando desapercibido. Por su atención, gracias.

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ß-Fuego y nieve-à

Como cada lunes en la mañana, la oficina del buffet de abogados R&S asociados estaba atiborrado de movimiento y de teléfonos sonando sin parar. A pesar de llevar apenas unos años en el mercado, los socios se habían hecho un renombre dentro del ámbito judicial gracias a sus osadas estrategias y carismáticas presentaciones en los jurados, sobre todo logrando ganar litigios defendidos por otros grandes colegas reconocidos y que no podían creer que dos mocosos recién salidos de la universidad, como solían opinar de ellos, les quitaran el triunfo con estrategias demasiado arriesgadas para un mundo laboral tan conservador.

Otro aspecto que resaltaba en el par, era que ambos chicos eran demasiado guapos al punto de parecer modelos de ropa interior masculina más que dos respetables abogados. Incluso, en algún momento, los dinosaurios (como ellos apodaron a los abogados de mayor edad y que eran fieles conservadores del método antiguo) los compararon con Elle Woods de la película "Legalmente rubia", pues al igual que la protagonista, los juzgaron por su físico y carisma, creyendo que de leyes y derecho no sabrían ni pisca. Aunque ellos no eran rubios ni andaban con trajes rosados o citando a grandes referentes de la moda, definitivamente sus estrategias dentro de la corte rozaban lo permitido antes de caer en el desacato mismo. ¿Cuántos no creyeron que deberían haberse dedicado a la actuación por la pasión que lograban traspasar en sus palabras en cada juicio, como si de verdad su vida dependiera de ello? Bueno, eso les había hecho una gran fama en los diarios del ámbito judicial logrando atraer una gran cantidad de clientes cada vez más poderosos y con mayor ingreso económico.

Shinnosuke Ryugenzawa era un afuerino, como solía describirlo su mejor amigo y socio, provenía de un pequeño pueblo rodeado de árboles y criaturas un tanto peculiares, tal como lo catalogaban los biólogos que solían acudir a esas tierras. Al cuidado de su abuelo, se crio entre la naturaleza y con homeschool porque el anciano no podía llevarlo a la escuela que le quedaba a kilómetros de distancia. Ya en su adolescencia comenzó a averiguar qué querría para su futuro, descubriendo en la abogacía la pasión que hacía saltar a su corazón cada vez que se imaginaba en una corte diciéndole al juez "Protesto, su señoría". Se vio cuanto programa de televisión que transmitiera la señal nacional referido a algún abogado o a juicios inmemorables en la historia de Japón. Con la autorización de su abuelo, a los 15 años comenzó a trabajar en cuanto puesto laboral le ofrecieran los pueblerinos para juntar el dinero suficiente y así poder pagarse un curso intensivo que le ayudaría a reforzar los contenidos estudiados y obtener un buen puntaje, pudiendo optar a una beca completa en alguna prestigiosa universidad.

Cuando los sobres de cinco distintas instituciones llegaron a su alejado hogar ofreciéndole la preciada posibilidad de estudiar derecho en sus instalaciones, cubriendo los gastos de hospedaje y un mínimo monto para su estadía, su orgulloso abuelo no pudo evitar llorar de alegría y pena. Su retoño, su pequeño retoño, lo único que le quedaba de su fallecido hijo, no solo había alcanzado la primera parte de su sueño, si no que partiría de su lado para ser algo mejor que él. El joven, conmovido por la reacción de su único familiar vivo, lo abrazó tratando de reconfortarlo y dejando caer un par de rebeldes lágrimas, más que mal, a él también le daba pena partir y dejar a quien consideraba como un padre viviendo solo en ese alejado lugar. El anciano en ese momento reconoció que su nieto ya no era un niño, si no que era todo un hombre en la plenitud de la palabra. El chico de pelo castaño como la corteza de un joven árbol, sus ojos azules como el mismo lago en el que se bañó tantas veces, su metro noventa de altura, el trabajado cuerpo y su trigueña piel por la exposición al sol reflejaban la madurez alcanzada por la edad de todos esos años a su cuidado. Decidido a que esta era la oportunidad de su vida, juntó todos sus ahorros y le abrió una cuenta en el banco nacional para que pudiera comprarse los trajes formales que su incipiente carrera le exigiría. Shinnosuke no podía estar más agradecido con su abuelo, le prometió hacerlo sentir aún más orgulloso y que un día le devolvería todo lo que había hecho por él. La despedida fue triste y esperanzadora, las promesas de un mejor futuro salían de la carnosa boca del chico haciendo que su anciano abuelo lo abrazara y le dijera infinitas veces cuánto lo quería y lo orgulloso que ya estaba de él.

Ahora, a sus veintisiete años, iba por lo menos una vez al mes a visitarlo para llenarlo de regalos, comodidades y una visita obligada al doctor del pueblo para asegurarse que su estado de salud seguía tan perfecto a pesar de la edad. Gracias al ostentoso sueldo y las ganancias que le correspondía por la sociedad de la que era parte, había contratado a un joven pueblerino para que acompañara día a día a su abuelo, así como una mujer que iba a prepararles las comidas diariamente. Esa era una pequeña devuelta de mano de todo lo que hizo por él en su infancia y juventud, ya que sus padres habían muerto cuando él apenas tenía tres años y ese hombre era todo lo que tenía por familia. Agradecía los avances en la tecnología y el internet porque ahora podía hacer videollamadas con su abuelo dos o tres veces a la semana, aunque al principio costó mucho que el caballero comprendiera cómo usar el aparato y cómo contestar cuando su nieto intentaba localizarlo.

Su socio, Ranma Saotome, era harina de otro costal. Se crio en una familia tradicional, con un padre que era el sustento económico del hogar y su madre dedicada a las labores de la casa y la crianza del único heredero engendrado. Genma y Nodoka Saotome habían sido padres exigentes pero amorosos, ellos lograban un equilibrio entre malcriarlo y negarle todo lo que deseara. Eso provocó que el chico nunca pudiera prevenir la reacción de sus progenitores al solicitarles algo, por lo que desde muy pequeño comenzó a exigir los por qué de sus respuestas, no se quedaba tranquilo hasta saber de cada razón, justificación y opinión que había conllevado a tal decisión. Su pasión se fue acrecentando con la edad, haciendo insoportables las discusiones cuando le prohibían algo, no importaba si eran sus padres o en la escuela, él no dejaría la batalla hasta que estuviese conforme con la información revelada. Eso le produjo más de un dolor de cabeza a los Saotome y a los docentes que debían lidiar con el carácter testarudo de la joven promesa, pues para todos era claro que el chico terminaría estudiando derecho o trabajo social por su sentido de justicia que llevaba a cada temática de su vida. A pesar de ser bueno en los deportes y pésimo para el estudio, cuando supo el rol que cumplía un abogado y vio series representando dicha profesión, su decisión por convertirse en el mejor le dio la motivación suficiente para que en sus años de preparatoria se enfocara en sacar buenas notas y así entrar a la Universidad de Tokio, más conocida como Todai. Al vivir en Nerima, la ciudad no le quedaba a trasmano en los viajes, pero prefería optar por una beca completa para que así le dieran alojamiento y lograra la anhelada independencia que se supone venía con la mayoría de edad.

Al lograr su cometido, su madre le hizo jurar y rejurar que iría de visita con cierta regularidad, sí o sí debería pasar las fiestas principales en casa y que solo cedería en su cumpleaños, siempre y cuando se organizaran con anticipación para celebrarlo otro día. Su padre, en cambio, lo llevó de compras para regalarle los tres mejores trajes de sastre que pudieron encontrar, unas cinco camisas y corbatas a juego, además de tres pares de zapatos italianos para que su apariencia no fuera el justificante para que no ganara un litigio o, en su caso, lo evaluaran mal en ese mundo tan conservador. "Que tu apariencia nunca deje qué hablar, Ranma. O se valdrán de eso para mirarte y hacerte sentir menos" le había dicho Genma ese día, justificando así la adquisición de cada prenda ante la sorprendida mirada del nuevo universitario. Ese consejo resonaba hasta el día de hoy en su cabeza, por eso siempre se vestía tan bien y con su ropa impecable, causando envidia en algunos y el deseo en otros.

Ambos socios se conocieron en su primer día de estadía, la suerte o el destino los ubicó en el mismo piso, para ser más exactos, en la misma habitación compartida de la residencia universitaria. El primero en llegar fue Shinnosuke, reconociendo un espacio común central y dos habitaciones, una a cada lado. Pensando en que deseaba tener una sana convivencia con su nuevo roomate, dejó sus pertenencias a un costado de la mesa que serviría para sus futuras comidas y se sentó a leer mientras esperaba que el susodicho llegara. Se sorprendió cuando la puerta se abrió y por ella entró un joven de su misma edad de metro ochenta y siete centímetros de alto, pelo negro azabache como una noche sin estrellas ni luna, cuerpo de deportista y ojos azules como el mismísimo océano. Las presentaciones no se hicieron esperar, la distribución de los espacios fue decidida salomónicamente con el lanzamiento de una moneda y pronto descubrieron que serían compañeros de carrera y de los ramos iniciales, ya que tenían el mismo horario.

Al par de meses de haberse conocido, la amistad entre ellos parecía que hubiese sido de toda la vida, sus sentidos de humor eran similares, mientras uno era bueno en derecho penal, el otro lo era en procesal; uno era bueno para cocinar, el otro lo era para las tareas más domésticas; ambos compartían el placer de hacer deporte y de participar en cuanto partido los invitaran; los dos disfrutaban con pasión su carrera, así como de la independencia de no tener a sus familias cerca. Gracias al atractivo que cada uno acarreaba, las invitaciones a fiestas no les faltaban y menos las solicitudes de citas por parte de féminas de todas las carreras que había en el campus. Ninguno de los dos se catalogaba como mujeriego, descubrieron que ambos eran vírgenes y entre ellos se dieron valor cuando la situación se les presentó más pronto que tarde, por lo que uno era responsable de comprar la mercadería y el otro de revisar si el stock de condones estaba muy disminuido para su reposición.

Fue en el tercer año de carrera que Ranma conoció a Akane Tendo, una chica de su misma edad y que cursaba kinesiología en la misma universidad. La joven al principio no aceptaba las invitaciones que el azabache le hacía para salir a cenar o a divertirse juntos, pero en una cómplice movida, Shinnosuke la encaró amistosamente y le dijo que su amigo estaba realmente interesado en ella. Le prometió que, si Ranma se llegaba a propasar o portarse como un patán, él le daría su merecido y estaba más que dispuesto a ocupar su lugar. Claro que el azabache le dio un fuerte golpe en el hombro cuando lo escuchó decir eso, pero Akane solo se rio al ver al par de amigos y terminó por convencerse de aceptar aquella invitación. Al mes el par de tórtolos, como los apodó Shinnosuke, oficializaron su relación y pronto el stock de condones en la habitación de Ranma se hacía cada vez más escaso. A pesar de que su mejor amigo no había dejado las instancias de divertimento y conversación que ambos tenían, al parecer el castaño resintió su nueva relación y luego comenzó a involucrarse en relaciones más carnales que sentimentales. Solo un par de chicas lograron mantenerse constante por unos cuantos meses, pero nada parecía satisfacer a Shinnosuke, ganándose la reputación de Don Juan, pero no uno cualquiera, debido a sus dotes físicas y sus habilidades en la cama.

Así siguió todo hasta que el par de amigos se tituló y fueron juntos a jurar a la Corte Suprema, acompañados de sus familiares, amigos y, en el caso de Ranma, su prometida Akane. Cada uno entró a trabajar a lugares distintos en sus dos primeros años de vida profesional, pero nunca se alejaron y nada parecía haber cambiado en su amistad. Lo único que sí ocurrió, fue que el castaño dejó de andar de Don Juan y el azabache ya no le conoció a ninguna otra novia. Cuando le comentó de esta situación a Akane, ella le dijo que quizás no lograba encontrar a la indicada, que le diera tiempo y que pronto vería que presentaría a una gran mujer.

Hace casi tres años que los amigos habían decidido conformar su sociedad jugando con el nombre de esta. Nadie sabía si R&S asociados era por Ranma & Shinnosuke o si era por Ryugenzawa & Saotome. La verdad, es que ese fue el motivo al momento de buscar el mejor nombre para su proyecto, pues así ambos quedaban como iguales y ninguno por sobre el otro, tal como ellos se sentían con su amistad. Hace año y medio que Ranma había contraído nupcias con Akane Tendo, la mujer que logró conquistarlo con su sonrisa, humildad y brillante mirada. No está demás decir que el padrino de bodas fue el guapo Shinnosuke, quien decidió ir con una de sus asistentes llamada Ukyo Kuongi a pesar de no tener mayor vínculo con su jefe. Ella creyó que esa noche terminaría en los desnudos brazos del castaño rogándole que la poseyera una, otra y otra vez, pero sus expectativas fueron directo al tacho de la basura cuando él la dejó en la puerta de su edificio y esperó dentro del auto a que ella ingresara. Al final, Shinnosuke llevaba años sin tener una relación oficial preocupando a su mejor amigo, quien cada tanto le preguntaba si estaba bien, sin obtener alguna respuesta concreta por parte del aludido.

Hoy era ese día, en el que Ranma le quería cuestionar nuevamente si tenía algún amorío por ahí y no se atrevía a confesarlo. Como Akane andaba en Corea participando de un congreso, los socios decidieron ir a beber al departamento del castaño para relajarse y celebrar, pues ese día habían ganado el juicio contra el Gerente General de Construcciones Kuno por acoso laboral a pesar de que los pronósticos estaban en su contra. Ranma estaba en sentado cómodamente en el sillón de tres cuerpos mientras Shinnosuke había ido a la cocina a buscar los platos y servilletas para comer de la pizza que recién había llegado. El sonido de una videollamada entrante en el celular del azabache lo hizo dejar la cerveza en la mesa de centro para poder contestar.

Hola amor.

—Hola bella, ¿cómo va todo en Corea?

Bien, hoy asistí a dos charlas bien interesantes. ¿Cómo les fue en el juicio?

—¡Ganamos! —gritaba Shinnosuke acercándose desde la cocina.

¡Felicitaciones! Hola Shinno.

—Hola hermosa, ¿interesante el congreso?

Así es. Si no los conociera tan bien, podría apostar a que están en tu departamento Shinno a punto de comer pizzas y tomarse unas cervezas para celebrar el triunfo, ¿o me equivoco?

—Nos conoces demasiado bien, amor. —dijo resignado Ranma— A veces creo que me tienes vigilado y que eres de esas esposas tóxicas que tienen contratado a un detective privado para saber cada paso que da su marido. —su tono de burla era claro para todos, produciendo que las risas de los tres se escucharan al mismo tiempo.

Eso quisieras Ranma, pero ustedes son demasiados predecibles y eso me facilita a mí las cosas. —su dulce sonrisa se adueñó de la pantalla—Amor, si van a tomar prefiero que duermas allá, así me quedo tranquila que no te pasará nada. ¿Puede ser?

—¡Por supuesto, Akane! —Shinnosuke respondió primero—No lo dejaré que se vaya, no quiero que una preciosidad como tú duerma mal por preocuparse por un idiota como este.

—Menos mal eres mi mejor amigo—Ranma se hizo el ofendido, aunque esa situación ya era algo natural entre ellos tres.

Bien amor, los dejo celebrar. Te amo y recuerda que el transfer me irá a buscar al aeropuerto mañana en la noche.

—También te amo. Buenas noches y nos vemos mañana.

Buenas noches amor, buenas noches Shinno… ¡y felicitaciones de nuevo!

—Buenas noches hermosa, buen viaje.

La pantalla del smartphone de Ranma se fue a negro cuando la comunicación se cortó. Ambos jóvenes se sirvieron un pedazo de pizza y comenzaron a comentar los pormenores de su jornada en el juzgado. Iban ya por la tercera cerveza cuando Ranma decidió encarar a su amigo con su casi eterna duda.

—¿Cuándo piensas decirme?

—¿Decirte qué cosa, Ranma?

—El por qué me ocultas tus conquistas. ¿Qué acaso no confías en mí?

—No otra vez, Ranma. Ya te lo he explicado un millón de veces. No hay nadie, ¿tan terrible es eso? — ese tema le hastiaba, tenía razones potentes para no querer entrar en detalles, pero su amigo era demasiado insistente, ¡hace una semana atrás le preguntó exactamente lo mismo!

—No te creo. Estoy seguro de que algo me ocultas y esta vez no pienso dejarte tranquilo hasta que me lo digas.

—¿Realmente quieres saber la verdad, Ranma? —de un sorbo bebió lo que le quedaba de su cerveza. Ambos tenían buena resistencia al alcohol, así que tres botellas no serían las responsables de lo que pasara de ahora en adelante—¿Estas dispuesto a escuchar la verdad, sin importar lo que sea?

—¡Por supuesto! —respondió ansioso, esas preguntas eran una clara confirmación de que algo le ocultaba su mejor amigo —Sea lo que sea, puedes confiar en mí.

Shinnosuke cerró los ojos por un momento, él también estaba cansado de ocultarle la verdad al azabache y necesitaba confesársela, aunque esa verdad provocara el distanciamiento entre ambos y pusiese fin a todos sus años de amistad. Ranma, al percibir el temor en su socio, se sentó más cerca de él para poder posar su mano en el hombro izquierdo del chico y así transmitirle toda esa seguridad que esperaba comunicara ese simple gesto. De pronto unas locas ideas comenzaron a llenar su mente, ¿qué tal si Shinnosuke le confesaba que amaba a Akane desde el primer momento? ¿sería capaz de mantener su amistad? ¿qué pasaría con su sociedad? Todas sus cavilaciones fueron acalladas repentinamente cuando, de un rápido movimiento, los labios de Shinnosuke se posaron sobre los de él al pillarlo desprevenido. Azul contra azul se miraban sin distanciarse ni moverse, uno estaba procesando todo, el otro temía estar dentro de una burbuja que amenazaba con estallar en cualquier instante. Las gruesas manos del azabache por fin reaccionaron haciendo presión en los hombros del castaño para separarse por una pequeña distancia.

—¿Qué haces? —le preguntó confundido sin dejar de mirarlo fijamente.

—Te estoy contando mi secreto. Me gustan los hombres, Ranma—"Me gustas tú, Ranma" —Tú querías la verdad, esta es mi verdad.

—¿Y por eso me besaste? ¿Solo porque soy hombre? —extrañamente, su voz sonaba decepcionada.

—No, Ranma—negó con su cabeza—No te besé por ser hombre… —se quedó callado, temía seguir hablando.

—¿Entonces por qué? —demandó saber su socio sin apartarse ni un ápice.

—Te besé porque eres tú, Ranma. Por eso—era todo lo que le diría, confesar por completo sus sentimientos sería la hecatombe en su amistad y no estaba dispuesto a perderlo.

Cuando todo tuvo sentido para Ranma, una familiar y vieja sensación comenzó a renacer en su interior. La primera vez que la sintió fue a los meses de conocer a su mejor amigo, pero tan rápido llegó tan rápido la escondió en lo más oculto de su ser. Ahora, esa extraña llamarada comenzaba a expandirse por todo su cuerpo amenazando al igual como si fuese fuego ardiente con arrasar con todo lo que tuviera a su paso sin importar las posibles consecuencias que eso traería. Sin pensarlo dos veces, agarró firmemente la cara del castaño y lo besó apasionadamente evitando analizar lo que estaba haciendo y el porqué de todo esto. Shinnosuke, sorprendido por aquella reacción, al principio se quedó quieto sin corresponderle, pero rápidamente sus sentidos volvieron a estar alertas y sus labios se movieron al compás del azabache. Sus lenguas pronto hicieron acto de presencia en la escena, se enredaban y danzaban en la boca del otro tratando de reconocerse como si fuesen conquistadores en tierras desconocidas.

Ambos estaban actuando según lo que sus cuerpos le solicitaban, no buscaban explicaciones ni raciocinios lógicos a lo que allí estaba pasando, solo fluían como lo hace el primaveral viento entre las ramas de los floreados árboles. Se separaban breves instantes para tomar un poco del faltante aire y volvían a enredar sus lenguas a la par que sus manos recorrían desesperadas el cuerpo ajeno. En algún momento se pusieron de pie sin separarse, entre besos y caricias en zonas más privadas llegaron a la habitación de Shinnosuke dejando un reguero de ropa por el camino andado. Casi desnudos, sus ojos hicieron contacto demostrando todo el deseo y la pasión que se había apoderado de ellos. Azul con azul, la tormenta interior de cada uno era equivalente al Cabo de Hornos uniendo el océano Atlántico con el Pacífico, un choque de fuerzas que necesitaban ser saciadas y sus bocas se encargaron de comenzar dicha labor.

Primero fue Shinnosuke el que degustó de la bronceada y tonificada piel de Ranma, su boca lo recorría por cada milímetro de su piel acompañada de sus grandes manos que parecían querer dejar su calor por todo el atlético cuerpo de ese dios griego. Al momento de bajarle el bóxer rojo, el erguido miembro de su mejor amigo le dio la bienvenida incitándolo a que lo probara sin tapujos, por lo que no se hizo de rogar lamiéndolo en toda su extensión y luego introduciéndolo reiteradamente dentro de su boca. Ranma estaba sorprendido de todas las sensaciones que albergaba en ese momento, el fuego que estaba dentro de él parecía que se descontrolaría en cualquier instante y no estaba dispuesto a que eso acabara tan pronto, por lo que levantó a su socio que estaba arrodillado para ser él quien tuviera el turno de reconocer al otro besando, tocando, lamiendo y chupando del adonis que estaba frente suyo.

Ninguno de los dos hablaba, todas las palabras parecían haber sido borradas de sus cerebros quedándole solo sus cuerpos para expresar lo que sentían y que los abrumaba de igual manera. Recostados en la cama, entre besos Ranma le pidió el permiso a Shinnosuke para continuar con sus deseos, recibiendo su aprobación seguida de un pasional beso. Antes de que el azabache hiciera cualquier movimiento, su mejor amigo lo detuvo y le pidió que sacara del cajón de su mesita de noche el lubricante que allí guardaba de sus anteriores encuentros sexuales, además de un par de condones para que se colocara, dando a entender que quería que la fiesta se repitiera. Fue en ese momento que Ranma comprendió que su amigo llevaba tiempo acostándose con otros hombres, pues él no tenía idea para que quería usar el lubricante hasta que Shinnosuke le explicó y lo direccionó para que lo esparciera en él así como en su propio miembro.

La sensación de estar tan apretado al momento de penetrar al castaño lo hizo gemir por ese placer impensado y nuevo. Pronto ambos gemían, cada tanto se besaban, se acariciaban, mordían o simplemente se miraban disfrutando y extasiándose al reconocer el placer del otro por los movimientos que hacían, probando posiciones que les permitiera sentirse más aumentando la excitación que ya los dominaba. Shinnosuke fue el primero en alcanzar el orgasmo, unas profundas embestidas después lo siguió Ranma quien parecía no querer abandonar el cuerpo de su amigo, ya que se seguía moviendo a pesar de ya haber eyaculado. Cansado, sacó su miembro, se deshizo del condón anudándolo en la punta para dejarlo caer a algún lugar del piso al costado de la cama y luego recostarse junto al sudoroso cuerpo del castaño. Ambos trataban de regular su respiración, se miraban asumiendo la reciente sesión de sexo intenso y pasional, ninguno de los dos mostraba arrepentimiento ni daba indicios de querer alejarse del otro. Pronto Ranma volvió a besar a Shinnosuke aumentando la intensidad de este, comenzado a posicionarse sobre su amigo y sintiendo como ambos penes se erguían listos para una segunda vuelta.

Casi eran las dos de la mañana cuando Shinnosuke observaba a Ranma dormir sobre su desordenada cama, todavía no podía creer lo que había pasado entre ellos y su corazón no daba más de felicidad por haber podido expresarle con gestos el amor que sentía por ese loco azabache, siendo más sorprendente aún que fuese su mejor amigo quien insistiera en repetir la acción tres veces en total. Nunca lo sintió incómodo, todo lo contrario, parecía que Ranma había estado conteniéndose al igual que él por años y hoy había decidido dar rienda suelta a toda esa pasión. No se dio cuenta cuando sus ojos comenzaron a cerrarse para por fin adentrarse en el mundo de los sueños, pero la sonrisa de satisfacción fue algo que no quiso abandonarlo en toda la noche.

A la mañana siguiente, un leve ruido provocó que el castaño despertara encontrándose con los azulados orbes del azabache mirándolo fijamente mientras terminaba de abotonarse la camisa.

—Buenos días—su voz sonaba más ronca de lo normal, pero su sonrisa seguía tan presente como cuando se durmió.

—Hola—fue la escueta respuesta acompañada de un rostro serio y neutral.

—Dame unos minutos y preparo el desayuno—estaba alegre y no podía ocultarlo, no de él por lo menos.

—No es necesario—negó con su cabeza a la par que metía el borde de la camisa dentro de su oscuro pantalón de tela—Iré a mi casa a cambiarme de ropa, nos vemos en la oficina—su tono era distante, frío… casi tan frío como la nieve que cae en invierno y eso le preocupó.

—Ranma—se irguió aún desnudo en la cama, no comprendía lo que estaba ocurriendo—¿Estás bien? ¿estás molesto? —si hizo algo para enfadarlo, quería disculparse y remediarlo de inmediato.

—Nada, no te preocupes—se hizo un nudo rápido en su corbata. Estaba por salir de la habitación cuando se giró para hablar una vez más—Nos vemos en el Starbucks para el café matutino. —y sin más palabras, abandonó el departamento del castaño.

Shinnosuke comprendió inmediatamente qué le había querido decir Ranma con esa última frase, ya que implícitamente le dejó en claro que lo ocurrido la noche anterior no debía ser mencionado y deberían seguir con su vida habitual, como si nunca hubiera pasado algo entre ellos dos. No pudo evitarlo, una lágrima rodó por su mejilla al sentir el dolor de ser negado por el hombre del cual llevaba demasiado tiempo enamorado, pues de todos los escenarios posibles que alguna vez se imaginó, ese jamás fue una opción. La relación que inició con Akane le hizo reconocer su amor por él e incluso su homosexualidad, pero se negó a aceptarlo y por eso se las dio de Don Juan, pero al momento de titularse y trabajar decidió admitir su preferencia sexual y vivirla sanamente, aunque en secreto. No sabía que lo llevó la noche anterior a pseudo confesar lo que sentía por el azabache, quien se entregó con la misma intensidad que lo hizo él. Por eso es que no entendía por qué Ranma quería negarlo, él podría apostar que el sentimiento era mutuo, recíproco… la pasión demostrada la noche anterior era su confirmación, ¡ninguno de los dos estaba ni cerca de la borrachera como para no responsabilizarse de sus actos! Sus manos arrugaron las sábanas sintiendo la rabia y la frustración recorriendo sus venas, era capaz de asegurar que sus emociones dentro de él eran un huracán febril que sería capaz de destruir todo a su paso si lo dejaba salir, por lo que golpeó con sus puños unas cuantas veces su colchón para aplacar la rabia y el dolor en su corazón.

—¡Maldito idiota desconsiderado! —un puñetazo directo a su cama—¡Imbécil insensible! —otro más—¡Maldito idiota testarudo! —y otro más—¿Por qué…—un sollozo escapó de sus labios—no eres capaz de asumir ese fuego que te consume? —el llanto se hizo presente por un breve instante, dejando que esa tormenta huracanada fluyera por su cuerpo y por sus venas.

Cuando por fin logró calmarse, se metió a la ducha para comenzar con su día tratando de ignorar todo lo que esas cuatro paredes habían sido testigos, incluyendo su espejo de cuerpo completo.

Su jornada laboral había sido una mierda, todo el día transcurrió como cualquier otro, Ranma le hablaba y hacía bromas tal como el día anterior, recalcándole silenciosamente del pacto de no hablar sobre el desmadre de pasión que habían tenido en su departamento. Cuando Shinnosuke se dejó caer sobre su colchón, el olor de ambos llenó sus fosas nasales recordándole tortuosamente lo ocurrido. No pudo evitar enviarle un mensaje invitándolo a tomarse unas cervezas, usando esa frase como un aliciente a rememorar los hechos de manera tangible, pero fue rechazado justificando la llegada de Akane como causante de la negativa. No la odiaba ni culpaba, ella no era responsable de sus sentimientos ni menos del idiota de su marido que estaba empecinado en negar algo que era parte de su ser, quizás por miedo al posible rechazo de su familia o al qué dirán, eso no lo podía saber. Aquella invitación fue repetida una semana laboral entera, recibiendo diversas excusas para declinar a pesar de que todo seguía como siempre. Cada rechazo implicó que ese huracán creciera y su colchón pagara por su frustración, pero pronto la resignación se hizo presente y con eso el asumir que su mejor amigo no estaba listo para admitir lo que fuese que sintiese. Él, mientras tanto, retomaría su intento por olvidarlo con alguna que otra relación, aunque muy en el fondo lo esperaría hasta aquel día en que asumiera quién era y le pidiese una oportunidad. Sí, él lo amaría por siempre, aunque ese fuego se repitiese para luego terminar convirtiéndose en nieve.

FIN


Hola! Aquí yo de nuevo. Sé que les dije que estaba trabajando en una historia que, creía, saldría a la luz en abril… pues eso no pasó. Sigue en construcción y espero darla a conocer pronto. Mientras tanto, escuchando la versión unplugged MTV de "Fuego de noche, nieve de día" del increíble Ricky Martín se me vino esta idea a la cabeza y en un ataque de inspiración la escribí luego de que no me dejara tranquila por más de una semana.

Claramente, por la pareja, salí de mi zona de confort, pero espero haber cumplido con sus expectativas y hayan disfrutado de lo que mi mente decidió crear. Les agradezco de manera anticipada sus reviews, espero se animen a dejarlos y recuerden Vivan y dejen Vivir, Amor es Amor.

Espero leernos pronto!