Evie caminaba de un lado a otro de la habitación, nerviosa. De vez en cuando, se paraba y miraba el reloj que tenía en la mesa, solo para darse cuenta de que apenas habían pasado cinco minutos desde la última vez que lo miró. El silencio de su habitación roto por el sonido de sus tacones repiqueteando contra el suelo y el tic tac del reloj, resultando en una sinfonía que no hacía más que incrementar su nerviosismo. No era capaz de dejar de pensar en la conversación que había tenido hacía un par de horas con los chicos. Sus palabras marcadas a fuego en su cabeza
Al salir de su última clase, Evie había ido a buscar a los chicos. Intentando evitar el caos que siempre se formaba en el cambio de clase, los encontró apoyados en la taquilla de Carlos, conversando mientras compartían suaves caricias
-¿Qué pasa, Eves?- preguntó Carlos preocupado cuando vio el semblante de la peliazul
-¿Sabéis dónde está Mal?- preguntó Evie a Carlos y a Jay mientras intentaba recuperar el aliento- No ha aparecido a la última clase y no responde al teléfono
Ambas se habían despedido por la mañana al salir de la habitación que compartían mientras se dirigían a sus respectivas clases y, ahora que coincidían en el horario, Mal no se había presentado a clase. No era raro en ella, había veces que se saltaba algunas clases con la intención de desahogarse de cumplir las normas constantemente, pero normalmente avisaba a Evie e intentaba convencerla de hacer lo mismo, con nulo éxito
Jay y Carlos intercambiaron una mirada entre ellos. Evie se extrañó. Sabían algo que ella no. Suspiró y cambió la pregunta
-¿En qué lio se ha metido ahora?
-Está en el despacho del Hada Madrina- dijo Carlos finalmente cambiando el peso de una pierna hacia la otra
-Elabora- le exigió preocupada
Estar en el despacho del Hada Madrina solo indicaba que, fuera lo que fuese que había hecho Mal, era algo serio
-Se ha metido en una pelea con uno de los chicos del equipo. No nos hemos enterado por qué y, al parecer, nadie sabe nada tampoco. Dicen que se abalanzó encima al acabar la clase y lo mandó a la enfermería- fue el turno de Jay de hablar, pero al ver que la preocupación crecía en su amiga añadió- pero ya sabes que la gente habla mucho y no todo tiene por qué ser verdad
Evie se extrañó. Mal solía evitar meterse en peleas directas, normalmente usaría su libro de hechizos, y nunca atacaba sin una razón. Muy raras veces la había visto llegar a las manos, normalmente, cuando estaban Uma y su cuadrilla presente incordiándoles, pero en Auradon todo era diferente
El sonido del timbre que indicaba el inicio de las clases impidió que pudieran continuar con su conversación
-Si os enteráis de algo más, contadme - les pidió antes de alejarse corriendo hacia su siguiente clase- intentaré enterarme de algo más durante la mañana
Ambos le hicieron un signo de estar de acuerdo mientras se agarraban de las manos y se volvían juntos a sus respectivas clases
Después de eso, había pasado el resto de la mañana intentando encontrar a alguien que supiera los detalles del estallido de Mal, pero no consiguió más que la información que Jay y Carlos le habían dado. Usar su espejo no sirvió tampoco, ya que el despacho del Hada Madrina estaba protegido de cualquier tipo de magia
Suspiró y se sentó en la cama que compartían, derrotada. Por mucho que lo intentara, nada iba a cambiar el hecho de que siguiera sin noticias de Mal. Solo podía esperar, y caminar nerviosa por la habitación como si fuera un león encerrado no iba a hacer que el tiempo pasara más rápido
Decidió intentar calmar sus pensamientos haciendo sketches de ropa. Se sentó en su mesa de trabajo y sacó sus materiales. Abrió una página al azar que todavía no hubiera usado y empezó a dibujar. Poco a poco, le fue dando forma a sus ideas sobre el papel en forma de trazos de lápiz. Al acabar, observó satisfecha el resultado. Había hecho un vestido entallado, con un corte en el lado izquierdo pensado para que saliera la pierna. Rematado en la zona de los hombros salían unos trozos de tela que intentaban imitar las alas de un dragón junto con un corsé con un patrón de escamas
Echó un vistazo a sus antiguos diseños. La mayoría de ellos estaban claramente inspirados por Mal. Rio al pensarlo. Había tardado bastantes años en darse cuenta de sus sentimientos hacia la pelimorada y al volver la vista atrás, se daba cuenta de ello. Por suerte para ella, Mal y ella ahora eran pareja, gracias a Jay, Carlos y Ben
Uno podría pensar que el enterarse de que tu novia llevaba años enamorada de su mejor amiga haría que Ben enfureciese y no quisiera saber nada del grupo de los hijos de los villanos, pero al contrario de eso, Ben había reaccionado bastante bien e incluso había ayudado a Mal a prepararse para declararse a Evie. Mentalmente, agradecía que todo hubiera salido tan bien y siguieran siendo amigos
Se sobresaltó al escuchar la puerta abriéndose, seguido del inconfundible sonido de las botas de combate que solía llevar Mal. Se giró y ahí estaba: en el umbral de la puerta, con su mochila colgando de un hombro y su chaqueta de cuero cogida en la mano libre. Varias gotas de sangre brillaban en su camiseta, junto con barro y polvo. Buscando la razón de sus manchas, Evie se fijó en varios arañazos en su brazo
-Ya he vuelto, princesa-la saludó cerrando la puerta tras de sí
Evie se abalanzó sobre ella y la besó, canalizando toda su preocupación en el beso. No le importó mancharse la ropa con la suciedad de la de Mal, solo le importaba que estaba con ella.
Mal tuvo que apoyar una pierna detrás de la otra para evitar que la fuerza de Evie hiciera que se cayeran, mientras que con sus manos enguantadas le rodeaba la cintura
-Quizá debería de desaparecer más a menudo- bromeó Mal al romper el beso
Evie le golpeó el hombro sin intención de hacerle daño
-No nos vuelvas a preocupar así- le exigió
Mal rio
-Lo siento- le dijo mientras se separaba de ella y se dirigía a la cama
Tiró cerca de su lado de la cama la mochila y su chaqueta y se quitó las botas sin desatar los cordones
-Y bien- empezó Evie mientras se sentaba al lado de Mal y jugaba inconscientemente con un hilo de su vestido- ¿no me vas a contar qué ha pasado?
-¿No te has enterado?- se extrañó Mal. Estaba segura de que después de lo que había pasado, no había ni una sola persona en Auradon que no lo supiera
-Te has peleado, pero nadie me ha sabido decir por qué
-No tiene importancia- sentenció finalmente con una mirada que indicaba que no quería que se le hicieran más preguntas- ya está arreglado
La sonrisa de Mal había desaparecido. Evie se extrañó, Mal nunca le había ocultado nada, pero no había nada que hacer, sabía que Mal era suficientemente terca como para no ser capaz de sonsacarle nada hasta que ella quisiera, así que cerró la boca. Ya intentaría más adelante descubrir el por qué
Mal pareció relajarse al ver que Evie no le iba a hacer más preguntas. Cogió su toalla y se dirigió al baño que compartían juntas
-Me voy a duchar- dijo apoyándose en el marco de la puerta- ¿te apetece unirte?
Evie sabía que si respondía con un sí a esa pregunta, lo último que iban a hacer era ducharse. Normalmente, nunca se negaba al sexo con Mal, pero necesitaba pensar en una estrategia y con el cerebro nublado por el cuerpo de Mal no iba a ser capaz de pensar
Se acercó a ella y decidió jugar con ella. Una pequeña venganza por haberla preocupado por la mañana. Tomó su mentón con la mano y con el pulgar separó el labio inferior del superior. Acercó sus labios a los de Mal sintiendo la respiración acelerada de Mal golpeando en su cara y cuando Mal fue a atraparlos con su boca se alejó ganándose una mueca de desagrado por su parte
-Lo siento, M, pero hoy no- le dijo con la mejor voz seductora que pudo poner
Escuchó un gruñido salir de los labios de Mal y reprimió una sonrisa de victoria. Los ojos verdes de Mal brillaron con deseo
-Eres mala, E. Y no en el buen sentido-respondió con voz ronca
Eso fue suficiente para hacerle reír. Mal sonrió y desapareció por la puerta de la ducha
-Si cambias de opinión, la puerta está abierta- le informó
Evie se volvió a sentar en su escritorio y, cuando escuchó el sonido del agua correr, sacó el móvil y escribió a Jay y Carlos. Necesitaba hablar con ellos
Evie: Mal ha vuelto ya
Carlos: Te ha contado algo?
Jay: Eso eso no nos dejes con la duda
Evie: Le ha quitado importancia y se ha metido en la ducha
Jay: Quieres que me encargue yo? Sabes que soy bueno sonsacando información
Evie: No, gracias. Me gusta la cara de mi novia sin golpes
Jay: Como quieras pero le quitas lo divertido a la vida
Evie rio por el comentario de Jay y un zumbido le hizo saber que le había llegado otro mensaje
Carlos: Eves sabes si ha comido? Por lo menos no ha estado con nosotros en el comedor
Evie pensó en lo que había dicho Carlos. Mal había estado ausente prácticamente hasta media tarde, así que intuyó que no. Bajar ahora a la cocina a por comida para Mal no era tan mala idea y, probablemente, eso podría servirle más tarde
Evie: Carlos, eres un genio :)
Carlos: Lo sé, Eves :)
Buscó en su armario una chaqueta con los bolsillos lo suficientemente grandes como para llevar varias cosas sin que se le notara y que combinara con la ropa que llevaba. Ella y Carlos no eran tan buenos robando como lo eran Jay y Mal, pero, por suerte para ella, les habían enseñado un par de trucos y, junto a su habilidad para persuadir a la gente, se veía capaz de realizar un pequeño robo a la cocina
Escribió una nota para que Mal no se preocupara si no había vuelto antes de que ella saliera de la ducha. No creía que fuera a hacer falta porque su novia solía tardar bastante en ducharse. Aunque no supiera nadar, el agua era una de las cosas que más disfrutaba, decía que le ayudaba a despejar la cabeza y relajarse y, claramente, hoy lo necesitaba
Recorrió los pasillos desiertos a esas horas sigilosamente mientras pensaba en una excusa para estar en la cocina. Por suerte para ella, no fue necesario usarla y en menos de cinco minutos de haber salido de su habitación ya había vuelto con lo que había salido a buscar. No había mucho, pero había logrado hacerse con un par de pasteles y varias piezas de fruta. Dejó todo en un cuenco, guardó la chaqueta en su armario y se sentó a esperar a que Mal saliera
No tuvo que esperar mucho, ya que al poco rato Mal salió con una toalla con sus colores alrededor del cuerpo. Dejó la ropa sucia donde la guardaban para posteriormente lavarla y cogió un par de prendas de su armario. Evie se acercó por detrás y le abrazó por la cintura dejando que el olor a champú le inundara las fosas nasales. Notó a Mal dejarse llevar por el abrazo y cuando se giró, le acercó una fresa a la boca que aceptó de buen gusto
-¿La has robado por mí?- le preguntó después de tragarla. No se había dado cuenta del hambre que tenía hasta ese momento
-No solo eso- le respondió mientras cogía el resto- me imagine que tendrías hambre
Evie le acercó el resto de alimentos y Mal los aceptó con gusto. Se sentó en la cama a comer mientras Evie la observaba sentada enfrente de ella.
-¿Quieres un poco?- le preguntó acercándole un trozo de pastel a la boca
Evie no contestó, simplemente separó los labios y esperó a que Mal lo introdujera en ella, resultando en una explosión de sabores. Realmente la comida en Auradon era deliciosa. Tampoco era como si ella estuviera muy familiarizada con el sabor de los pasteles. Para su madre siempre habían sido un tema tabú y constantemente repetía que la harían engordar. Una vez había descubierto que había probado uno que le habían regalado sus amigos por su cumpleaños y le había obligado a ayunar durante una semana, hasta que Evie, sin fuerzas, le había prometido que no volvería a hacerlo
Mal comía vorazmente y Evie aprovechó que se le había quedado restos de la crema del pastel en el labio a Mal y lo retiró con su dedo para posteriormente llevárselo a la boca haciendo gala de su sensualidad. Mal se quedó hipnotizada mientras veía la escena y un destello en sus ojos verdes le hizo saber a Evie que el dragón se había despertado
Una punzada de dolor sacó a Mal de su ensoñación haciendo que un gemido de dolor escapara de su boca. Al buscar la razón, se dio cuenta de que Evie tenía la mano en su brazo lleno de heridas y lo miraba preocupada
-Déjame curarte- le pidió mientras sus dedos permanecían en su piel aunque ahora alejados de sus cortes y sus ojos se clavaban en los suyos
Mal al principio no contestó e Evie tuvo miedo de que se negara, pero cambió su expresión por una sonrisa cuando Mal asintió
Mientras Mal se colocaba en la cama para que Evie tuviera mejor visión de las heridas, esta sacaba un pequeño botiquín que guardaban para emergencias, junto con un par de pócimas. Ser la hija de la reina malvada tenía sus ventajas, pensó mientras escogía la más adecuada
Se sentó a su lado y examinó más de cerca los cortes. No eran muy profundos, aunque variaba la profundidad entre ellos, y no parecían infectados, solamente enrojecidos e inflamados. Estaba acostumbrada a curar las heridas que se hacían sus amigos. En la Isla, Mal y Jay siempre solían acabar con lesiones debido a su falta de sentido de la peligrosidad y su alto nivel de actividad, prueba de ello eran las cicatrices que recorrían su cuerpo. Dos de ellas resaltaban por encima de las demás, no solo por su gran tamaño sino por la forma tan irregular que tenían
Evie sabía que Maléfica había sido en su día un hada con unas alas enormes y poderosas, pero que se las habían cortado después de haber sido engañada, así que cuando su hija nació con ellas no pudo evitar que la rabia la inundara y cometer una atrocidad, incluso para una villana tan desalmada como ella. Cuando Evie conoció a Mal, esas cicatrices ya eran parte de su cuerpo. Ella las solía llevar ocultas por prendas que taparan su espalda, ya que para ella simbolizaban un estigma que representaba la influencia que su madre tenía sobre ella. No fue hasta tiempo más tarde de hacerse amigas que Evie las había visto y, el saber la historia de estas no hizo más que aumentar su odio hacia Maléfica. Desde entonces, Evie supo que se había convertido en la mejor amiga de Mal y era la única persona a la que dejaba verlas
-Esto te va a doler- le avisó mientras acercaba una gasa impregnada en una de las pócimas de sanación
Mal se anticipó a ello y se agarró con fuerza a la toalla que llevaba, mientras Evie hacía su trabajo en su piel. Una sensación abrasadora le recorrió el brazo y apretó los dientes para evitar quejarse. Evie se dio cuenta de este gesto y con su mano libre comenzó a darle leves caricias en la mano mientras le susurraba palabras para tranquilizarla. Los toques de Evie le hicieron a Mal el dolor más soportable. Por suerte para ella, el dolor duró poco y fue reemplazado por la suavidad de unas vendas que Evie colocó cuidadosamente encima de su piel herida
Al acabar, Evie se acercó y le besó la mejilla mientras le susurraba al oído
-Mi pequeño dragoncito…
Esas tres palabras siempre hacían que Mal se ruborizase e Evie lo sabía. Mal solía dar esa imagen de chica dura sin sentimientos, pero Evie sabía que en el fondo era una romántica sin remedio y que se sonrojaba con las palabras correctas
Después de ese momento entre ellas, Evie decidió ponerse a hacer sus deberes de las clases mientras que Mal se puso la ropa que había elegido de su armario y que consistía en una camiseta tie-dye y unos shorts y se tumbó en la cama con su cuaderno para dibujar. Sacó de debajo de la cama una caja con diferentes materiales para pintar y se decantó por un carboncillo
Pasado un tiempo de empezar, Evie comenzó a sentir el cansancio acumulándose en su cabeza y decidió dejar el resto de sus tareas para el día siguiente. No tenía prisa, iba bastante adelantada con respecto a sus compañeros y se podía permitir el descanso. Cerró los cuadernos que estaba usando y se tumbó al lado de Mal en la cama. Esta, movió el brazo con el que no estaba dibujando y lo colocó en la cintura de Evie, dejando que Evie se pudiera acomodar en la curva de su cuello. Evie acercó sus labios a su mandíbula y le dio un suave beso mientras se acurrucaba
-Te está quedando precioso- le dijo mientras admiraba su dibujo
Mal había dibujado el Lago Encantado, rodeado de la espesa maleza. Había difuminado ciertos lugares del dibujo y parecía como si el agua se encontrase en movimiento. Evie podía jurar que casi escuchaba el sonido de las olas rompiendo contra las piedras y ver el fulgor del sol reflejándose en el agua
-Todavía no está acabado- le dijo girándose para mirarla a los ojos- pero gracias. ¿Te gustaría que fuéramos un día? Ya sabes… juntas
Evie se rio ante la torpeza de su novia. Hacía meses desde que salían juntas y todavía no se acostumbraba al lenguaje del amor. Por suerte para ella, tenía a Evie a su lado y su conocimiento sobre el mundo del romance
- ¿Me estás pidiendo una cita, Mal?- le preguntó todavía riéndose
-Supongo... ¿Te apetece?- preguntó tímidamente
-Me encantaría, M- le respondió volviendo a mirar el dibujo
Desde su posición, Evie podía escuchar el sonido del corazón de Mal golpeando rítmicamente a través de su caja torácica que, junto con el sonido del carboncillo contra el papel y el cansancio acumulado, hizo que Evie se sumiera en un sueño profundo. Mal notó el momento en el que su novia fue atrapada por los brazos de Morfeo y se quedó hipnotizada al verla dormir. Le retiró un mechón del pelo de la cara y suspiró
-Dios… de verdad eres una princesa
Su rostro se endureció y su mente viajó hacia la pelea de esa mañana. Odiaba tener que ocultarle cosas a la peliazul pero tampoco le podía decir la verdadera razón de esa pelea, porque la verdadera razón había sido ella
Instintivamente se llevó la mano hacia las heridas y notó la venda en sus dedos. El Hada Madrina había castigado a Chad y a ella a encargarse durante toda la semana del jardín de Bella como castigo por perturbar la paz de la preparatoria de Auradon. Su casi suegra tenía demasiados rosales, pensó para sí misma recordando el tiempo que se habían quedado trabajando
Un bostezo escapó de sus labios y decidió seguir el ejemplo de su novia y descansar un rato. Dejó el dibujo al lado de su cama y encima el carboncillo que había usado y rodeó con sus brazos a Evie después de arroparlas a ambas para que no sintieran el frío que se colaba mientras más avanzaba la tarde
La primera en despertarse fue Evie, que fue recibida envuelta en los brazos de Mal y con su respiración golpeándole la mejilla. No sabía que hora era, pero lo que sí sabía era que el edificio entero dormía, prueba de ello era la luz de la luna que se colaba por la ventana y que iluminaba la habitación dándole un toque casi mágico
Saboreó el momento, simplemente escuchando el latir del corazón de su novia. No eran raros esos momentos en los que podían estar tranquilas disfrutando simplemente de estar juntas, pero a Evie nunca le parecían suficientes. Cuando todavía se encontraba en el castillo con su madre, siempre pensaba en cuándo esos momentos iban a aparecer en su vida, solo que nunca se habría imaginado que la persona con la que los compartiría fuera con esa pelimorada de ojos verdes a la que había temido
Su primer impulso fue el de intentar volver a conciliar el sueño, pero cambió de opinión al pensar que sería más inteligente cambiarse primero de ropa a una más cómoda. Se había ido a dormir con la ropa que había estado usando durante la mañana y sabía que si se iba a dormir con el cuero puesto al día siguiente se levantaría entumecida. También necesitaba quitarse el maquillaje o al día siguiente tendría la piel reseca
Se levantó intentando no despertar a Mal, lo cual no fue tarea fácil por el fuerte abrazo que le estaba dando. Cuando finalmente lo consiguió, se dirigió al baño en la oscuridad para posteriormente ponerse el camisón de raso que usaba para dormir
Preparada para dormir, se dirigió hacia su sitio en la cama pero sus pies chocaron con algo en el suelo que casi hizo que se cayera. Lo recogió y vio que era la chaqueta de cuero de Mal e Evie pudo ver que en uno de los costados el cuero se había roto. Pasó sus dedos por el tejido dañado. Estaba segura de que sería capaz de coserlo y dejar la prenda como si nunca hubiera pasado nada, pero eso lo haría mañana
-¿Evie?
La voz somnolienta de Mal la asustó, haciendo que diera un bote hacia atrás y soltando la chaqueta que volvió a caer al suelo. Una bola de papel salió de uno de los bolsillos y rodó hasta chocar con una de las patas de la cama
Evie escuchó el sonido de las sábanas moviéndose acompañadas de la silueta de Mal acercándose
-Lo siento…- se disculpó con ella
-No te preocupes- Evie le restó importancia- ¿te he despertado?
A veces olvidaba lo ligero que podía llegar a ser el sueño de Mal. Mal negó con la cabeza
Evie se agachó para recoger la chaqueta que había soltado y dejarla colocada en la silla de Mal, pero reparó en el papel que había caído junto a la chaqueta y lo cogió. Se dispuso a abrirlo y ver lo que era
Mal se dio cuenta de lo que era e intentó evitar que Evie lo viera, pero no fue lo suficientemente rápida y cuando intentó cogerlo, ella ya lo estaba viendo con ayuda de la luz de la luna que la iluminaba
Lo que Evie tenía en las manos era uno de los dibujos de Mal, arrugado completamente y roto en algunas partes, pero aún así se veía perfectamente lo que era. Mal la había dibujado a ella, sentada en un trono con una corona en la cabeza, a su lado se encontraba un dragón, que Evie intuyó que era Mal. Evie solía disfrutar mucho los dibujos de Mal, siempre había pensado que tenía talento, pero este era sin duda el mejor que había hecho hasta la fecha. Un escalofrío le recorrió la espalda. Algo no iba bien
-Mal…- Evie susurró mientras veía como su novia se retiraba hacia atrás- ¿Por qué está arrugado y roto?
-Déjalo, Evie… Vuelve a la cama- fue la única respuesta que le dio Mal mientras le daba la espalda. En su voz, Evie notó una nota de tristeza
El corazón de Evie se encogió, no podía permitir que siguiera habiendo secretos entre ellas y menos si esos secretos dañaban a Mal. Acercó una de sus manos a la muñeca de Mal y la atrapó. Con sus dedos notaba el pulso acelerado de Mal
-No- dijo firmemente- necesito que me cuentes qué ha pasado
Después de decir eso, Mal se giró e Evie pudo ver como en sus ojos brillaba el inicio de las lágrimas. Se acercó a ella y la abrazó. Mal enterró su cabeza en su pecho mientras Evie le daba suaves caricias en la cabeza
-Mal, necesito que dejes de huir de mí, por favor…- le susurró- quiero ayudarte cuando las cosas se ponen feas como tú me has ayudado siempre
-Lo siento, Evie- se disculpó sacando la cabeza de su posición y mirándola a los ojos- no quería preocuparte y, al final, es lo único que he conseguido
-Oh, M. De eso tratan las parejas, de preocuparse el uno por el otro y de arreglar las cosas juntos. Habla conmigo, Mal. Desahógate. ¿Qué ha pasado esta mañana? No es normal en ti ese comportamiento
Mal vaciló. Realmente no sabía por dónde empezar. Sus sentimientos se agolpaban en su cabeza y no le dejaban pensar con claridad. Mal era buena en muchas cosas, pero hablar sobre sus sentimientos no era una de ellas. Se fijó en los ojos marrones de Evie, tragó saliva y comenzó a hablar
-¿Recuerdas que hace tiempo te conté que en la clase de arte nos ofrecieron presentarnos a un concurso?- empezó
Evie asintió. Mal al principio no había estado segura de presentarse, pero Evie le había insistido hasta que finalmente decidió presentarse. El premio consistía en dinero en metálico y la posibilidad de que esos dibujos se expusieran en una galería de arte. Evie no podía permitir que Mal desperdiciara una oportunidad como esa, sobre todo cuando sabía que Mal tenía oportunidades de lograrlo
-Consistía en hacer varios retratos de personas de nuestro entorno y dibujar paisajes…
Evie también recordaba eso. Mal le había obligado a ir con ella a diferentes sitios para poder dibujarlos con la excusa de que ya que la había obligado a presentarse al concurso ahora tenía que ayudarla, pero Evie sabía que la verdadera excusa era pasar tiempo con ella sobre todo porque estaba más tiempo besándola que dibujando, incluso con las insistencias de Evie para que dejara de perder el tiempo. También había visto los dibujos que les había hecho a Carlos, Jay y Ben, pero nunca había llegado a ver el suyo. Mal insistía en que quería que fuera una sorpresa
-… hoy era la fecha de entrega y al entregarle todos al profesor me felicitó. Me dijo lo bien hechos que estaban y el talento que tenía. A la salida… Chad me paró, estaba celoso y cabreado por lo que me había dicho el profesor
Una chispa de furia se encendió en el pecho de Evie. Para ella, Chad era un imbécil. Notó que Mal se ponía tensa y cogió su mano. Eso pareció darle fuerzas para seguir relatándole la historia
-Me dijo que no era justo que me hubiera presentado. Me dijo que solo me había elogiado porque éramos los niños de la Isla y que era la única razón por la que habían aceptado mis dibujos. Cogió el tuyo y dijo que no tenía sentido, que no era realista. Dijo que nunca serías una princesa…
Mal calló e Evie intuyó que había acabado, pero las palabras que salieron de su boca la dejaron sin palabras
-… no mientras estuvieras conmigo
Mal había agachado la cabeza e Evie podía jurar que una lágrima se deslizaba por su cara. Comprendió entonces que lo que ella había pensado en un principio que era un problema con respecto a su arte no se acercaba para nada a la realidad. Tomó su barbilla con la mano que tenía libre y la levantó para que volvieran a estar frente a frente
-Mal… no te molestó el comentario por tu arte, ¿verdad? Ni siquiera el comentario de que yo no era una princesa… Lo que de verdad te molestó fue que te dijeran que no conseguiría nada si estaba a tu lado
Mal asintió levemente
-¿Cuánto tiempo?- le preguntó Evie- ¿cuánto tiempo te llevas sintiendo así?
Evie estaba también al borde de las lágrimas. Se sentía horrible por no haber sido capaz de ver el peso que su novia llevaba en sus hombros, pero no se podía permitir llorar. Tenía que arreglar lo que pasaba con Mal y no podía derrumbarse ahora
-No lo sé- dijo Mal- supongo que desde el principio no creí que fueras a ser feliz conmigo a tu lado, pero poco a poco ese sentimiento se fue consolidando en mi cabeza. Evie, yo… tengo miedo de no poder darte lo que quieres y de ser un lastre que no te deje ser feliz
El corazón de Evie se rompió y lo único que fue capaz de hacer en ese momento fue abrazar a Mal con todas sus fuerzas, como si con ese abrazo pudiera calmar la tempestad de los pensamientos de Mal
-No digas eso… No digas que no me haces feliz cuando no es cierto. Mal… no sé qué será de nosotras en un futuro, nadie lo sabe, pero sé que es contigo con quien quiero pasarlo
-Pero…- intentó protestar Mal después de haberse soltado del abrazo, pero Evie la interrumpió callándola con un beso
-No hay peros, Mal. No necesito ser una princesa para ser feliz y menos…, cuando cada vez que me miras me siento como una. ¡Dios!- rio- realmente el estar en Auradon me ha vuelto cursi
Mal rio con ella. El sonido de su risa inundó la habitación e hizo que el nudo que tenía Evie en el pecho se desenredara un poco
-No creo que seas cursi, creo que lo que has dicho es muy bonito- le respondió Mal quitándole un mechón del pelo de la cara y colocándoselo detrás de la oreja- gracias, E. Siempre sabes lo que decir
Evie notaba como su otra mitad se había relajado y sabía que, aunque sus problemas de confianza no se iban a resolver solo con la pequeña charla que habían tenido, habían dado un paso en el buen camino y se sentía feliz por ello
-Quiero que me prometas una cosa, Mal- la llamó- quiero que cuando esos pensamientos vuelvan a tu cabeza me lo digas. No quiero que vuelvas a explotar así por guardarte las cosas
Hizo una pausa y añadió sonriendo
-Por muy mal que me caiga Chad, no es excusa para golpearlo
-Te lo prometo, Evie
Mal se acercó y la besó, haciendo que la piel de Evie se erizara mientras poco a poco iban compartiendo besos más apasionados. Pararon por falta de aliento, juntando sus frentes como tantas veces habían hecho. Evie pasó un brazo por la cintura de su novia y la atrajo hacia sí, haciendo que ambas cayeran sobre el colchón. Guio la cabeza de Mal hacia su pecho y atrapó su mano con la suya, colocando ambas sobre su vientre. Mal se sorprendió, normalmente era ella la que hacía esas cosas
-Déjame que esta noche cuide yo de ti- le pidió Evie mientras le daba un beso en la frente dejando que sus labios permanecieran sobre su piel más tiempo del que duró el beso
Mal intentó acomodarse sobre los brazos de su novia. Al principio se sentía extraño, incluso aunque fuera su pareja, no estaba acostumbrada a dejarse consentir, pero poco a poco la sensación de incomodidad fue siendo desplazada por la paz que Evie le daba mientras recorría su espalda con sus manos. Y ahí, entre los brazos de Evie, se sintió la mujer más afortunada del mundo por tenerla a su lado
-Buenas noches, princesa- murmuró antes de ser atrapada por los brazos de Morfeo
-Buenas noches, dragoncito- le respondió Evie en el mismo tono
