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Ranma 1/2 y sus personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.
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Hijos del Jade
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Cap.11
— Interludio —
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Nodoka pasó la mano por el alto pasto salvaje. Su textura rugosa, pero fresca le picó la mano y ella sonrió. Observó a su alrededor, el sotobosque se alzaba bajo sus pies cubriéndola hasta su cintura. Las matas y arbustos de florecillas silvestres tenían un color vibrante, con patrones y formas que no reconoció. Miró hacia atrás, hacia el bosque que se extendía por lo que parecían cientos de kilómetros. Los árboles eran enormes, como si ella estuviera en una tierra de gigantes. Le pareció que el bosque era viejo y antiguo, aunque se podía adivinar la burbujeante vida que bullía en su interior y sus alrededores.
Tuvo una vaga idea de que ya había estado en ese lugar, pero solo era una ligera sensación de familiaridad, ella sabía que nunca en su vida había estado en un lugar así. Se dio cuenta entonces que estaba sola en aquel paraje desconocido, pero no tuvo miedo, la brisa que hacía susurrar la vegetación era suave y fresca y le calmaba el alma. Cerró los ojos, disfrutando del momento de paz. Cuando los volvió a abrir, observó una planicie a lo lejos, la que antes no había notado. Comenzó a caminar hacia allí con calma, dando pasos pequeños y cuidadosos.
Aquella caminata le pareció que duró miles de años, pero al mismo tiempo, ocurrió tan solo en un abrir y cerrar de ojos, como si con solo pensarlo hubiera llegado hasta allá.
El pasto en esa parte era bajo. Podía escuchar el sonido de un riachuelo corriendo por allí, pero no pudo ubicar de dónde provenía. Nodoka caminó y caminó en aquella planicie sin que la luz del día se fuera. El sol brillaba fuerte y poderoso en el cielo, incluso pensó que el astro se veía mucho más cerca, pero no quemaba en absoluto, como si la pátina que protegía al mundo de los rayos solares fuera más joven y fuerte. Enormes montañas se alzaban alrededor, algunas eran tan altas que estaban nevadas en las dentadas puntas. La mayoría estaba cubierta de una esponjosa capa de vegetación, y en otras se podía observar la roca abierta al cielo.
El sonido suave de chapoteo del agua fue cubriéndose por lo que empezó como un rumor bajo y sordo, luego fue tomando fuerza poco a poco hasta que se convirtió en lo que parecía ser el sonido de una tormenta, un trueno que retumbaba interminable. Conforme se hacía cada vez más audible, los guijarros que se encontraban en el suelo comenzaron a bailar tímidamente para luego saltar de un lado a otro sin orden ni concierto. Nodoka pudo sentir bajo sus sandalias el movimiento de la tierra agitada.
En el horizonte, observó como una marea negra aparecía de pronto tras una colina y comenzaba a bajar hacia la planicie. La marea avanzaba implacable a una velocidad inaudita y muy pronto pudo distinguir que, en realidad, la marea eran cientos de caballos negros que brillaban de sudor bajo el sol. Escuchó los relinchos cuando la manada estaba a tan solo unos metros de ella. A pesar de la actitud salvaje de los caballos, Nodoka sabía que no había nada que temer. Los caballos estaban ahí para protegerla, no para dañarla.
Muy pronto los caballos llegaron a donde estaba ella, la rodearon y continuaron corriendo sin inmutarse. Eran enormes, fuertes y briosos. Nodoka se sintió como la más pequeña mujer del mundo en comparación de aquellas enormes y majestuosas criaturas. Las crines volaban al viento largas y sedosas, las patas que terminaban en cascos del tamaño de su cabeza pisaban con fuerza abriendo brechas en la tierra, los ollares se abrían y dilataban jalando el aire que los impulsaba a seguir. Aunque nunca se detuvieron, Nodoka pudo sentir cómo la miraban, los ojos de todos los caballos eran azules y claros como el cielo.
Entonces, hasta ella llegó el último de los equinos. Iba hasta atrás, pero su paso era de los más briosos y revoltosos. Era un caballo joven e impetuoso. Al llegar junto a ella, se rezagó de la manada, pero no dejó de correr desbocado, se alejaba de ella unos metros y de inmediato regresaba, incapaz de estar quieto. Nodoka supo que el caballo estaba alardeando de su gallardía, dejando que ella lo observara, que viera cuan perfecto y fuerte era.
Nodoka sonrió sintiendo que su pecho se inundaba y rompía de amor. Era tanto el cariño que sentía hacia aquella criatura, que las lágrimas comenzaron a bajar de sus ojos de inmediato, incapaz de detenerlas. Eran lágrimas de felicidad, de orgullo, de adoración y ternura. No había nadie ni nada en el mundo que Nodoka amara más.
Nodoka escuchó relinchos a su espalda y se dio cuenta de que el fragor de los cascos se había detenido, observó hacia atrás y vio al resto de los caballos. Esperaban dócilmente por el último de ellos, algunos daban pequeñas coces a la tierra.
Lleno de energía el joven caballo seguía corriendo y saltando de un lado a otro, hasta que se encabritó una última vez y luego caminó hacia ella, subiendo las rodillas, agitando la crin de un lado a otro, en un andar travieso y fanfarrón.
Nodoka observó aquellos ojos azules que conocía muy bien. Subió las manos, lo tomó de la quijada y pegó su rostro al de él, empapando su suave pelaje de lágrimas. El caballo permaneció quieto entre sus brazos, resoplando. Nodoka podía escuchar su corazón que palpitaba con fuerza y alegría por la vida.
Luego escuchó otro relincho mucho más fuerte que todos, como si fuera un llamado y la manada comenzó a trotar hasta que el sonido de los cientos de cascos pegando en la tierra apagó sus sollozos. El caballo entre sus brazos comenzó a caminar hacia la manada. Nodoka apretó el abrazo, pero su débil fuerza de humana no era suficiente, el caballo la observó y pasó el morro por su cuello y mejillas, como si fuera un beso. Un último beso. Luego comenzó a caminar hacia la manada que se alejaba. Nodoka no pudo hacer nada para detenerlo.
—Ranma —susurró Nodoka y abrió los ojos en la oscuridad.
Por un momento no supo dónde estaba. Creyó que era su antigua casa, en los tiempos que esperaba que Genma regresara con Ranma y la misma angustia y dolor que sintió desde el momento en que su esposo tomó a su hijo y desapareció de su vida se instaló en su pecho. Pero casi enseguida, escuchó un fuerte ronquido a su lado y volteó el rostro rápidamente, asustada, totalmente desapegada de la realidad. Llevó la mano a su espada y se incorporó a medias sobre el futón con la respiración agitada al ver la silueta de un hombre tendido a su lado. El dedo pulgar se deslizó con un movimiento automático hacia la guarda de la espada y con un sonido metálico la espada se deslizó hacia arriba, Nodoka llevó la mano derecha hacia la empuñadura trenzada, pero se detuvo al distinguir las facciones del hombre. Le costó unos cuantos instantes poder reconocer en aquel sujeto cetrino, completamente calvo y con unas cuantas arrugas profundas, al hombre con el que se había casado. Lentamente las brumas del sueño la fueron abandonando y su cerebro recordó todo de golpe.
Nodoka dejó la espada a un lado con suavidad.
—Estoy en el dojo Tendo, con mi esposo y mi hijo — cerrando los ojos susurró despacito para sí misma el mantra que otras tantas veces se había dicho en noches como esta.
Genma profirió otro fuerte ronquido, murmuró algo y se rascó un brazo, completamente ignorante del peligro en el que estuvo. Y Nodoka no pensó ni sintió remordimiento alguno al hecho de que había estado a punto de matar a su esposo. Se dejó caer sobre el futon, completamente despierta, observando el techo, pensativa.
Tenía tiempo que no le sucedía un episodio de estos. En los primeros días que ella y Ranma se habían reencontrado, después de pasar tantos años buscándolo, despertaba en medio de la noche sin saber dónde estaba, con la angustia en el pecho de no conocer el paradero de su único hijo. Pero cuando por fin se reencontraron, había veces que no lo podía creer, y se preguntaba si no sería una alucinación de su mente. Para cerciorarse de que no lo estaba imaginando, tenía que tocar a su hijo, o mirarlo, pero pronto se dio cuenta de que para Ranma era difícil esa clase de interacción. Al abrazarlo por mucho tiempo o varias veces al día, él no la rechazaba, pero podía notar como, incómodo, se agarrotaba en sus brazos.
Se dio cuenta de que en general, para Ranma era difícil establecer una comunicación afectiva normal, tan normal como le es permitida a los hombres, claro. Lo había visto en su modo de tratar a Akane. Se había dado cuenta del anhelo que la mirada de su hijo profesaba a su novia, de cómo claramente él quería tocarla, pero invariablemente él no encontraba otra mejor forma de llamar su atención que insultándola o ignorándola. Ella sabía que siendo hombre tenía que mostrar más firmeza y aplomo que una mujer, pero Ranma a veces parecía que había sido criado con una expectativa mucho más alta.
Al principio odió a Genma un poquito, pues claramente él había sido el culpable de su crianza, pero después cayó en cuenta que tal vez ella había tenido también la culpa. Literalmente lo había hecho jurar que se convertiría en un hombre entre hombres, o si no ella misma los sacrificaría. Se arrepentía tanto de aquello. Era un peso que habían colocado en los hombros de Ranma de forma injusta. No era bueno que ningún hombre creciera de esa forma. Afortunadamente, Akane era una chica muy dulce, pero de carácter firme y decidido que había sido un excelente paliativo para él. A veces pensaba que ellos, de alguna forma, habían estado predestinados el uno al otro. Era increíble ver cómo se complementaban. Donde el carácter de uno fallaba, la templanza del otro salía a flote. ¿Cómo le decían a aquello?
Una pareja hecha en el cielo.
Estuvo un rato más simplemente acostada perdida en sus pensamientos. Sabía que ya no podría conciliar el sueño, era demasiado tarde para seguir durmiendo, pero demasiado temprano para levantarse. Trató de recordar el sueño que la había hecho despertarse, pero no lo logró. Sin embargo, cada que pensaba en ello le llegaba una curiosa sensación de vacío y abandono, como la que se produce después de llorar mucho, mucho tiempo, agotando todos los sentimientos. También sentía una sensación ominosa en su pecho. Y por alguna razón no podía dejar de pensar en su hijo y en su nuera.
La pelea que habían tenido la noche anterior, había sido preocupante en su momento, generando cierta incomodidad en los presentes, como siempre, pero poco después de que Ranma y Akane salieran de esa manera tan dramática a la lluvia, se habían recuperado, relajándose. Después de todo ¿Cuántas veces no se habían peleado aquellos dos de esa manera? ¿Cuántas veces no habían cancelado el compromiso en el pasado en medio de una acalorada pelea?
Sin embargo, ahora pensaba que aquella discusión había sido algo mucho más fuerte y más significativa de lo que todos pensaban. Nodoka no podía dejar de pensar que algo andaba muy mal.
No quería entrometerse aún más, pero sabía que no podría estar tranquila a menos que viera con sus propios ojos que ellos dos estaban bien.
Eran las seis y media de la mañana cuando resolvió que no podría estar acostada ni un segundo más. Se levantó, se arregló y vistió decidida a ir a visitarlos después del desayuno. Sabía que Ranma no tenía clases ese día en el dojo.
Bajó a la cocina y rápidamente comenzó a preparar el desayuno. Cuando volvió a revisar el reloj estaban a punto de dar las ocho de la mañana. Entonces escuchó la voz de Kasumi en la entrada. La vio llegar con bolsas de fruta y verduras, recordó por qué Ranma no tendría clases. Habían rentado el dojo para un evento. Era algo que ya no necesitaban económicamente, pero a que a Kasumi le agradaba mucho organizar y ella había prometido que la ayudaría a cocinar. Tuvo que reprimir la contrariedad que aquello le ocasionó.
Las dos se pusieron a trabajar de inmediato y Nodoka, pendiente del arroz, la carne y las verduras, pudo olvidar momentáneamente todas sus preocupaciones. La charla con Kasumi era alegre y distendida, como siempre. Luego Kasumi se llevó las manos a la cara dejando espuma de jabón de trastes en la mejilla al darse cuenta de que tenía que salir por sus hijos a la escuela.
Nodoka se ofreció a terminar de lavar los trastes, Kasumi agradeció el gesto y salió rápidamente. Se colocó en el fregadero y observó el jardín por la ventana que estaba al frente, perdida en sus pensamientos. Mientras tallaba una mancha, tuvo un inesperado recuerdo de su infancia. Nodoka era la hija menor de tres. Sus padres no tenían mucho dinero, sin embargo, vivían bien al ser una familia relativamente pequeña para esa época. Recordó a su abuela, que era heredera de un linaje de guerreros samuráis, le contaba viejas historias a su vez de su abuelo, que había luchado en la Restauración Meiji, y que con tan solo dieciséis años fue muy famoso y temido. Ella tenía vagos recuerdos de él, y decía que su porte y gallardía, no era comparada con nadie que hubiera conocido. Luego su madre le dijo algo muy curioso, que en su estirpe los varones casi nunca nacían, siempre eran niñas, pero que, si algún varón llegaba a nacer, este tendría los ojos azules y eso significaba que el destino de aquel niño era inevitablemente ser un guerrero. Su tatarabuelo, había sido el último hombre antes de Ranma.
Cuando Ranma nació, su anciana abuela llevó el viejo anillo de jade y ceremoniosamente lo había puesto entre las manos del niño. Nodoka dejó de tallar la olla que sostenía en las manos al recordar aquello. Parpadeó confusa y reparó de pronto en una pequeña figura negra que estaba en una de las esquinas de la ventana. Era un juguete de la hija de Kasumi. Alargó la mano llena de espuma; con suavidad lo tomó y le dio la vuelta para verlo, era un pequeño caballo negro al trote. Como si hubiera quitado un tapón que le impedía acceder a su memoria, de inmediato recordó su sueño. También a su mente llegó otro recuerdo enterrado en su memoria: soñó algo muy similar la noche anterior a que Ranma naciera, era capaz ahora de rememorar el bosque, la pradera, el sol... Aquel primer sueño fue la razón por la que lo llamó así, le pareció que tenía más significado del que ella podía entender, y decidió que no iría contra la voluntad de los dioses. Nodoka no era una persona particularmente religiosa ni era dada a ver señales donde no las había, pero aquella experiencia onírica fue tan vívida y tan sobrecogedora que tenerlo en la víspera del nacimiento de su hijo, era por un motivo.
¿Cómo podía haberlo olvidado? Aquel mal presentimiento se asentó con más fuerza en la boca de su estómago, dejó caer el juguete y comenzó a quitarse el delantal, que tiró de cualquier manera sobre una encimera. Estaba saliendo de la cocina cuando escuchó la puerta abrirse con rapidez y la voz asustada de Kasumi llamándolos a gritos.
Soun y Genma, sentados, jugando Shogui voltearon con curiosidad, cuando Kasumi entró a la estancia. No hizo falta que dijera nada, Nodoka ya sabía que era algo que tenía que ver con Ranma.
—¡La preparatoria! —gritó Kasumi tratando de ordenarse —¡Está destrozada! ¡La escuela Furinkan fue destruida!
—¿Qué dices?
Genma y Soun ya se habían levantado y la observaban boquiabiertos. Pero Kasumi miró a Nodoka, ambas compartiendo momentáneamente aquella intuición.
—Pasó algo muy grave.
Nodoka ahogó un grito y salió corriendo de la casa sin hacer caso de los llamados de su esposo y de Tendo. Llegó jadeando a la escuela. Una muchedumbre de curiosos estaba arremolinada en la entrada de la preparatoria Funrinkan. Hablaban entre ellos, intercambiando impresiones o alargando el cuello para tratar de ver algo.
—Dicen que explotó un ducto de gas —alcanzó a escuchar que alguien decía.
—Pero los vecinos dijeron que se escuchó como si un huracán hubiera pasado por la zona.
El corazón de Nodoka latía sin control mientras se abría paso a codazos entre la gente, sin importarle que la vieran de mala manera. Al llegar a la entrada de la escuela, observó que la reja había sido arrancada de los goznes por una fuerza terrible, dejándola totalmente destrozada. Unos policías hacían lo posible por evitar que la gente traspasara hacia el patio.
Nodoka se llevó la mano temblorosa a la boca. Lo que esas personas no sabían era que ese boquete en la tierra no había sido causado por una explosión de gas. Ese boquete lo había causado la técnica de Ryoga, ella lo había visto muchas veces. Lo reconocería en cualquier parte.
Sintió que el mundo se movía a su alrededor. Lo sabía, sabía que algo había pasado. Sin embargo, una parte de ella todavía se negaba a creer lo que sus ojos habían visto. Todavía había una posibilidad de que su hijo y nuera estuvieran en casa, disfrutando de un agradable almuerzo. Regresó de inmediato sobre sus pasos, dispuesta a ir a la casa de Ranma. Entonces sintió como alguien tocaba gentilmente su hombro. Nodoka volteó.
—¡Ranma! —exclamó el nombre de su hijo sin siquiera pensarlo.
Sin embargo, Akari le devolvió la mirada. Las dos mujeres se observaron un momento y encontraron en la otra la misma angustia que sentían. Nodoka bajó la cabeza y se cubrió la cara con las manos, con sus esperanzas decayendo, mientras ella misma se dejaba caer sobre sus rodillas.
Akari, la abrazó y dejó que la madre de Ranma llorara en su pecho.
Rimel se inclinó y posó la palma extendida sobre la tierra, sin llegar a tocarla. Cerró los ojos y sintió la energía de todo el lugar. Las plantas, la tierra, los árboles, los animales, y finalmente sintió aquel tipo de energía tan rara que había sido lo bastante poderosa para que ella la sintiera desde tan lejos, y para que aún pasado tanto tiempo, quedara esa cantidad remanente con tal magnitud en el lugar.
Frunció el ceño, pero no estaba preocupada. Sabía que sus enemigos no eran gente común y corriente. Sabia a quienes se enfrentaba.
Su prima no solo había conocido al Yu-Ma, sino también a gente muy poderosa en Japón. Ella estaba al tanto de todo lo que había pasado cuando Shampoo estuvo en Nerima. Las hermanas la habían informado bastante bien.
Cuando escuchó todo lo que Shampoo hizo y dejó de hacer en Japón, no pudo evitar despreciarla y odiarla aún más. Al principio no lo había entendido y Rimel se había sentido profundamente traicionada por su abuela. ¿Cómo es que Shampoo, siendo infantil, vanidosa y voluble había logrado que su abuela la reconociera como su heredera y lograra arrastrarla a Japón en pos del hombre que la había vencido en combate? Aquella estúpida ley de que una mujer amazona se tenía que casar con el hombre que la venciera había sido un invento que los antiguos pueblos de hombres habían puesto sobre ellas como un intento de sometimiento y no se usaba más. Shampoo lo había usado como un pretexto para poder quedarse con el hombre del que se encaprichó. Cuando Shampoo regresó la primera vez de Japón sin derrotar a la mujer que la había vencido, su abuela, como castigo la llevó a entrenar a Jusenkyo para entrenarla de nuevo. Fue después de aquel viaje a aquel lugar maldito que todo cambió.
Después se había enterado de aquella estúpida profecía y aquello sólo había logrado enfurecerla aún más. Ella había estado a punto de tenerlo todo. Toda su vida había entrenado para ello, hasta el último gramo de su voluntad lo había volcado en su decisión de convertirse en la mejor líder de las guerreras Nüjiezu. Ella era la mayor, la más poderosa. Había nacido para gobernar.
Sin embargo, Shampoo siempre obtuvo lo que quería simplemente por ser mucho más carismática. Rimel no era tonta, ella sabía que mucha gente preferiría a Shampoo sobre ella. Rimel apretó los dientes y enterró los dedos en la tierra haciendo surcos con las uñas. Ella no era linda, no era encantadora, no era alegre. Era más del tipo introspectivo, no actuaba sin haber meditado antes y conforme a lo que su brújula moral le dictaba. Eso a algunas personas no les gustaba, pues creían que era fría y arrogante. Pero Rimel sabía que no se gobernaba a través de sonrisas y batir las pestañas.
Había sentido cierta satisfacción que, por más sonrisas y por más batir de pestañas, Shampoo no había podido ganarse el favor del Yu-Ma. Una simple mujer había logrado hacerse con su amor.
No podía entender como su abuela había consentido que su prima hiciera a un lado su orgullo y honor como guerrera. Ni por ser el último de los Yu-Ma aquel hombre merecía que una mujer actuara de la manera como había actuado su prima.
Tal vez era porque su abuela había sido demasiado vieja y su modo de pensar era arcaico. Idolatraba a sus antiguos dioses y amaba esa vieja historia de la creación de las amazonas y los Yu-Ma. Le había aburrido cada que su abuela la contaba pues no creía que nada de lo que decía la leyenda fuera verdad. Pero al parecer su abuela sí y por eso había hecho a un lado tanto a ella como a el honor de las amazonas con tanta facilidad.
Aunque, no podía evitar preguntarse, ¿si ella hubiera sido la que venciera a aquella mujer pelirroja, y todo aquello le hubiera pasado a ella? ¿Pudo haber ido a la playa como una chica más? ¿Pudo haber hecho amigas de su edad? ¿Pudo haber trabajado en un insulso restaurante? ella pudo…
NO.
Rimel alzó la barbilla. Ella no habría hecho eso. De haber sido ella, las cosas hubieran sido totalmente diferentes. Conocía su lugar en el mundo y lo que ella estaba destinada a ser.
Las sintió antes de que ellas llegaran. Sintió la brisa de cada una. Rimel abrió la mano y dejo caer la tierra que había estado apretando en el puño y se levantó.
—Shampoo y Mousse están con el Yu-ma. Hay otras tres mujeres y un hombre con ellos —escuchó la voz silbante de Guan —. Van en un barco con destino a China.
Rimel asintió aún de espaldas a ellas, observó su mano sucia con la tierra y la limpió lentamente pasando los dedos sobre su palma abierta.
—¿La compañera del Yu-Ma, la que tenía el anillo? ¿Qué tiene de especial?
Los cuatro vientos se miraron entre sí.
—Nada, es una simple mujer. La más débil de todos—contestó Suoona, con un leve desprecio en la voz.
—Sin embargo, el Yu-Ma la escogió como compañera por sobre mi prima. Debe tener algo especial.
—No es nadie y no tiene importancia ya—gruñó Sheeng, siempre impaciente y agresiva.
—Está muriendo —acotó la cuarta de los vientos, Di. —No podrá sobrevivir el viaje.
Rimel bajó la mirada, su mano estaba sucia. Sonrió y pensó que ese era el precio que tenía que pagar para que, bajo su mandato, las Nüjiezu recobraran la gloria que siempre fue de ellas. Su lugar en el mundo.
La era de los dioses y las Leyendas Vivientes había acabado, era hora de que las amazonas fueran dueñas de su propio destino.
—Vamos a casa.
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Continuará…
Antes que nada, quiero ofrecerles una enorme disculpa, no pretendía tardarme tanto en retomar esta historia, pero algo le hacen al tiempo que no da tiempo de nada y los días se van tan rápido que a veces me dan ganas de llorar jajajaja. Quiero hacer tantas cosas, que a veces acabo haciendo nada y es un poco frustrante, pero, en fin. Sé que algunos lo dejarán de leer porque me lo he ganado a pulso por el abandono y otros ya ni se acordarán de la historia, ¡y no los culpo!, yo misma tuve que releerlo por precaución jajajaja.
Si me siguen en Instagram o en twitter, sabrán que he estado más activa con mis dibujos, pero es que me es más fácil dibujar en la noche en el ipad.
Y bueno, dejando las excusas y disculpas de lado, quiero agradecer a todos los que estuvieron pendientes y me estuvieron preguntando en este hiatus con sus reviews o sus comentarios en Instagram. Me alegra mucho, como no tienen idea de que estén pendientes de este relato. Prometo responder a todos y ya no dejarlo para el final, porque no debe de ser así.
Pero mientras agradezco con el corazón a: Sol, Hikari, An R. Tendo, Kaysachan, Benani0125, Felicius, Emiilu, 1Andrea11, Tear Hiden, Flepplop, SARITANIMELOVE, hinatacris, Mina Ain0, CARO, Megumi Akane, Ackerman Nami, Alexandra, Miss SF, znenh, KattytoNebel, livamesauribe, Ferchis-chan, ojuan, Peque T, JHO, Anelir, Ayma VT, Nina, Bealtr, Mikichan78, Iwaya sum, Ferchis-chan, Manu.
También agradecer a DanisitaM, que siempre está ahí para mí, molestándola con mis historias o también con mis dibujos cuando no estoy totalmente segura. Ojalá todos tengan una beta la mitad de cool como lo es ella. ¡Te quiero Daniii!
Y algo breve sobre el capítulo: Estamos un poco más de la mitad, de aquí en adelante ya todo se desarrolla en China, y el próximo capítulo sabremos un poco más sobre lo que tiene Akane y lo que ocultan Shampoo y Mousse. No quise extenderme demasiado en un OC como lo es Rimel, porque seamos honestos, a nadie le importa jajaja, solo es "la excusa" para desarrollar y hacer avanzar la verdadera trama que son la vida de Ranma, Akane y los demás, pero sí teníamos que saber un poquito más de ella.
Me despido de nuevo por el momento, si gustan saber un poco más de mí o de lo que dibujo pueden seguirme en Instagram o Twitter. Ahorita mismo estoy en un reto personal sobre el #sextember y estoy subiendo cada viernes un dibujo sexy and spicy sobre nuestra única y verdadera OTP. Y si me tienen agregada en Facebook, siento no estar activa por ahí, pero ya casi no entro a esa red social, solo la uso para postear gatitos que rescato y les busco adopción responsable jajaja.
¡Que tengan un excelente fin de semana!
