Trasladando algunos de mis drabbles de Dr. Stone de AO3 a esta cuenta, espero los disfruten. Este drabble es de una ship poco conocida o crack ship

Disclaimer: Dr. Stone no es mío, si no de Riichiro Inagaki.

También un agradecimiento especial a mi beta JunzoRayzer


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Byakuya no podía pedir nada mejor en estos momentos a la vida, no con la adorable vista que tenía frente a él; mientras se encontraba recargado en el marco de la puerta de una de las habitaciones del apartamento. Ensimismado en la vista empezando a rememorar el fresco recuerdo de como su relación con Shamil había tardado en establecerse, debido a que el joven rubio tenía dificultades para aceptar sus sentimientos y emociones en ciertas ocasiones, Byakuya siempre respeto eso y fue paciente en ese aspecto intentando comprender al joven ruso. La aparición de Senku en sus vidas había sido repentina; de la manera más inesperada Byakuya se había enterado del fallecimiento de un viejo y gran amigo al igual que de la esposa de este lo que lo había sorprendido, y lo que había aumentado su asombro era que lo habían dejado como tutor legal de su hijo, volviéndose padre de la noche a la mañana de un niño con pocos días de edad.

Cuando comprendió la situación, Byakuya sabía que no podía dejar desamparado al niño, para ese entonces ya vivía con el ruso y al contarle lo que sucedió por un momento temía que Shamil no estuviera de acuerdo con el cambio tan drástico, el mayor sabía que no todos querían ser padres, era un tema delicado que no habían tocado hasta ese momento y sabía que cualquiera que fuera la elección del rubio la aceptaría. Al final los temores del mayor fueron momentáneos. Hasta ahora criar a Senku, por muy poco tiempo que allá pasado, no había sido fácil, ninguno sabía mucho sobre la paternidad, iban aprendiendo día con día.

Por eso ver actualmente a Shamil arrullando a su hijo de 5 meses mientras se balanceaba sobre sí mismo de un lado al otro tarareando una canción de cuna sin letra con el fin de intentar dormir al infante, era algo único y que le generaba una inmensa calidez en el pecho.

—¿Vas a seguir allí observando o entraras de una vez? – hablo suave pero firme el rubio.

—Disculpa, simplemente es inevitable el admirarte –dijo alegremente el mayor mientras se adentraba y le entregaba un biberón al blondo. —No te enfades.

—Es de madrugada – empezó a decir el rubio acomodado mejor al pequeño bebé semidormido para darle de comer —Sabes que si se despierta Senku va a ser un problema dormirlo nuevamente– podía sentir como el de cabellos más claros lo abrazaba por la espalda y apoyaba su mentón sobre el hombro, observando al pequeño bebé comer y quedarse dormido, lo cual no tardó demasiado.

Una vez que dejó de comer el menor, Byakuya se separó de Shamil para darle espacio de manipular al niño y después acomodarlo en la cuna. Se quedaron un par de minutos viendo que estuviera durmiendo bien el menor para después marcharse a su propia habitación.

—¿Qué es lo que te tiene tan pensativo? – pregunto el más joven al tiempo en que se acomodaba en la cama.

— Solamente me di cuenta que el tiempo está pasando demasiado pronto, ya pasaron 5 meses, Senku está a nada de cumplir los 6– empezó el rubio cenizo posicionándose en su lugar —Cuando menos nos demos cuenta ya estará hablando o caminando.

—Y hará amigos, empezará a salir y sentirá vergüenza de nosotros– le continuo el rubio— Tal vez más de ti que de mi– dijo con un poco de burla, sintiendo como se reía un poco el mayor abrazado a su espalda.

—¿No te asusta que esté creciendo demasiado rápido?

—Un poco– se podía escuchar la sinceridad en la voz del ruso— Pero también quiero ver en qué tipo de persona se convertirá.

Shamil sintió como el otro incorporaba ligeramente, se dio vuelta para verlo recostado en uno brazo y el rostro apoyado en la palma

—Se que Senku se convertirá es una gran persona– se podía sentir la felicidad y calma que emanaba— después de todo es nuestro hijo.

Shamil únicamente atino a jalarlo hacia el para darle un tierno beso en medio de la penumbra, no entendía aún del todo porqué, pero esa respuesta le había tocado bastante.

Lo que había iniciado suave se fue avivando, de un beso a otro, cada uno más avorazado que el anterior, sin darse cuenta Shamil ya tenía sobre sí a Byakuya dejando besos sobre su cuello y con sus manos recorriendo su torso, mientras tanto él se aferraba al cuello del mayor con una de sus manos enredándose en esos largos mechones grisáceos. Sin embargo, las cosas no pudieron llegar a más debido a que se empezó a escuchar un llanto en el apartamento.

Un suspiro de ambos resonó en la habitación antes de que alguno se levantará.

—No te muevas, voy yo– se incorporó el mayor.

La paternidad es algo que los cansaba, interrumpía algunos momentos y no era algo que hubieran planeado, pero definitivamente es algo que agradecían experimentar juntos en la vida.

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