Título: Seasons of an Innocent Ragnvindr

Traducción: Temporadas de un Ragnvindr Inocente

Dsiclaimer: Todos los personajes de esta historia son propiedad de Mihoyo, yo solo escribo por diversión sin fines lucrativos.

Importante: Historia únicamente YAOI. Claramente Kaeluc Kaeya x Diluc, y próximamente otras interacciones igual de yaoi. Si no te gusta esta ship, o las relaciones homosexuales es aquí donde cierras este fic.

Resumen: La niñez, la pubertad, la adolescencia y la adultez son etapas diferentes que todos deben afrontar, no siendo la excepción a la regla el Maestro Diluc. La llegada de cierto compañero de tez morena a temprana edad, no solo despertó en él un sentimiento de protección si no uno mucho más fuerte y profundo que aumentó con el pasar de los años.

Parejas: Kaeya x Diluc (A medida que avance la historia aparecerán más)


¿Qué estaba sucediendo?

Las enormes puertas de la mansión se encontraban abiertas de par en par, dejando que los fuertes vientos amenazaran con volar y desordenar los documentos que el Maestro Crepus había estado firmando mientras la lluvia se filtraba por los suelos mojando la entrada. La sala principal se encontraba vacía, salvo por la sirvienta principal que yacía firme con ambas manos apretadas una sobre otra a la altura de sus piernas aferrada a un manto con la espalda claramente erguida. Se la podía notar tensa, preocupada como si aguardara la llegada de alguien en estado crítico sin importarle el enorme charco de agua que se formaba a sus pies. ¿El Maestro Crepus estaría herido? La mente de cierto niño pelirrojo había comenzado a trabajar a mil por segundo. Su hora de dormir ya había excedido y las reglas eran claras. Lo que menos deseaba era desobedecer a su padre, pero en esta ocasión los gritos de Adelinde, seguido del ruido de una silla caer y golpear contra el suelo en conjunto con el golpeteo de las puertas le había sacado de su estado de somnolencia.

Completamente preocupado, con el cabello un poco alborotado por haber salido abruptamente de su cama, portando únicamente su infantil bata de dormir, se había asomado por el barandal de las escaleras sin atreverse a bajar. Crepus, su padre, se había esmerado en darle una educación ejemplar y no quería interrumpirle durante sus largas noches de arduo trabajo aprobando documentos y leyendo sobre temas que a esa tierna edad, Diluc aún carecía de conocimiento.

— ¿Papá? —preguntó sintiendo una fuerte presión sobre su pecho. A duras penas había aferrado sus delicadas manos sobre el soporte de las escaleras, estirando su cuello tratando de no ser evidente y ver un poco hacia el patio sin ser notado por la sirvienta aunque le estuviera dando la espalda perfectamente concentrada en un punto específico del viñedo.

Sus enormes ojos carmín mostraron extrema sorpresa y un poco de temor al verla de un momento a otro hacerse hacia un lado dejando pasar a su padre completamente empapado por la fuerte lluvia con lo que parecía ser un niño de su tamaño en brazos. De inmediato Adelinde le extendió el manto que había estado sujetando y el mismo adulto se encargó de cubrir el delgado cuerpo del muchachito que ahora había dejado de pie para comenzar a atenderlo. Adelinde cerró la puerta y corrió a la cocina tras recibir unas rápidas indicaciones del Maestro Crepus.

El corazón de Diluc se encontraba sumamente acelerado. Su padre se estaba bien, eso era lo importante ¿Pero qué había sucedido? ¿Quién era ese niño? Tenía ganas de bajar y preguntar sobre lo que ocurría pero eso era ir en contra de las reglas. Quizá él ni siquiera tenía por qué haberse enterado de todo esto. Pasó saliva duro sin saber qué hacer en ese momento… No obstante su ritmo cardíaco volvió a acelerarse al notar como su padre guiaba amablemente al chico envuelto en el manto aún húmedo hacia las escaleras. Él se veía muy tímido y el maestro Crepus parecía tratar de infundirle confianza.

En ese instante el pequeño pelirrojo se soltó de las barandas y se hizo hacia atrás lo más rápido que pudo para que su padre no lo viera fuera de la cama. Escuchó sus pasos en las escaleras y no dudó en correr hacia su habitación. Cerró la puerta tras de sí y completamente agitado trató de mantenerse lo más junto posible a esta para tratar de escuchar un poco de lo que su padre podría estar diciéndole, pero falló realmente… ¿El niño estaba bien? Se le veía de su edad, no tanto de su contextura pero no parecía estar herido, solo asustado… Muy asustado. ¿Habría huido de su familia?

Diluc era un chico muy inteligente pese a su corta edad de ocho años, pero él no rompía las reglas de su padre… No obstante, abrió un poco la puerta de su habitación, cediendo a su curiosidad, asomando así uno de esos enormes ojos que tan aclamados eran por los invitados de su padre durante sus eventos al igual que su melena pelirroja. El maestro Crepus había salido de la habitación contigua donde parecía haber dejado al niño. Su traje estaba completamente húmedo y podía ver el goteo de este mientras se desplazaba hacia su habitación seguramente a despojarse de este antes de que le causaran algún mal o algún resfriado.

¿Podía salir de su habitación y solo mirar por la rendija de la habitación donde yacía el niño? ¿Eso estaría mal? No quería ni debía romper las reglas, pero su curiosidad le estaba venciendo. Quizá… Solo si quizá no se hubiera hecho un gran alboroto ante su repentina llegada él no se encontraría de esta manera, pues su enorme preocupación se había transformado ahora en una gran curiosidad. Tampoco había podido verlo bien, quería ver cómo era ese niño tímido que apenas había llegado.

Tomó aire y abrió con cautela la puerta de su habitación desplazándose descalzo, en completo silencio hacia dicho cuarto que no se encontraba del todo cerrado. La puerta ligeramente entreabierta dejaba filtrarse la tenue luz de la lámpara encendida. El pequeño pelirrojo se aseguró de que su padre no estuviera cerca y se asomó por esta sin atreverse a tocar. Ahí se encontraba Adelinde con el otro niño que parecía aguantar las lágrimas mientras ella, muy gentil le conversaba para animarlo mientras le secaba el cabello. Notó que traía puesto una de sus batas pero eso no le había molestado… ¿Por qué estaba tan triste? ¿Le había pasado algo malo? Para haber llegado a estas horas, todo indicaba a que sí, pero no presentaba indicios de algún tipo de maltrato o alguna herida… No obstante ahí mismo notó que el muchacho portaba un parche. Su piel se erizó, pero fue el peso de una enorme mano sobre su hombro izquierdo el que le hizo dar un brinco y girarse en el acto.

—Diluc, no está bien espiar a los demás.

La voz del Maestro Crepus hizo que su misma adrenalina al saber que acababa de romper una regla aumentara, pues no solo había roto… Había sido descubierto. Sin embargo, antes de que pudiera disculparse por su acto tan vulgar el mismo adulto se había agachado para sonreírle, pasando su mano por sobre su cabeza acomodando un poco esos mechones de cabello rojizo que yacían desarreglados por el apuro.

—Tengo que disculparme contigo Diluc—mencionó sin dejar de sonreírle—, ha sido una noche bastante ajetreada, lamento haberte despertado.

—No te preocupes, padre…. Lamento mí…

—No te disculpes por eso, Diluc—dicho aquello, suspiró mientras se erguía completamente de pie—. Deseaba que ambos se conocieran mañana por la mañana, pero no creo que puedas dormir con la curiosidad ¿Verdad?

Antes que una vez el pequeño pelirrojo pudiera mencionar algo más, el adulto había separado la puerta por completo mientras le hacía una seña para que le siguiera. Adelinde de inmediato dejó de secarle el cabello y se hizo hacia atrás ante la presencia del dueño del viñedo y su pequeño hijo curioso. El niño, de tez oscura al verlos de inmediato ocultó su rostro entre sus piernas tratando de que no vieran como las lágrimas que había estado conteniendo se escaparan y vieran lo débil que se encontraba.

—Hey, hey… No tengas miedo, ¿De acuerdo, Kaeya? —Habló el mayor mientras se sentaba a su lado para acariciar ahora esos largos cabellos azulados. Crepus, sin deshacer su sonrisa llamó a Diluc con su mano para que se acercara ya que este yacía un poco confundido ante esa escena. No sabía muy bien que hacer o cómo actuar—. Kaeya, mírame… —le murmuró sin dejar de acariciarle. Este de inmediato levantó la mirada dejando que le viera los surcos de lágrimas sobre las mejillas—. Muy bien, no tienes nada de qué avergonzarte ¿De acuerdo? —le animó mientras le limpiaba las lágrimas.

—Lo lamento, señor…

Crepus rio un poco ante sus palabras de manera suave terminando de acomodar su cabello para enseguida atraer a su hijo hasta su lado.

—Kaeya, te quiero presentar a mi hijo Diluc…

—Diluc, quiero que conozcas a Kaeya—añadió el adulto sin dejarlo de lado para que el pelirrojo no sintiera algún tipo de desplazo.

—Un gusto, Kaeya—dijo casi de inmediato el menor como si esas palabras se encontraran predeterminadas en su cabeza ante el hecho de siempre estar conociendo gente nueva. Pero la mirada triste del peli azul hizo que su sonrisa preestablecida se disipara en el acto. Crepus lo notó de inmediato y pasó una de sus manos por el hombro del moreno y la otra, sobre uno de su hijo.

—Diluc, Kaeya ha pasado por momentos muy difíciles—se anticipó a decir antes de que sintiera cierto rechazo no intencionado—. ¿Te parece si hacemos de su vida algo mejor de ahora en adelante? —preguntó el adulto dirigiéndole una sonrisa a ambos, proporcionándoles caricias.

El pelirrojo se encontraba un poco confundido pero entendió que el chico que le miraba con tristeza desde la cama de huéspedes no era una mala persona. Su padre parecía haberle salvado de algo muy malo y él solo necesitaba adaptarse. Entrar en confianza y conocer la felicidad.

—Mi nombre es Diluc Ragnvindr, es un placer conocerte Kaeya, yo te protegeré de los monstruos que te hicieron daño—habló el menor solemnemente mientras se inclinaba sobre él dando su máximo esfuerzo para que el otro muchacho notara su alegría de tenerlo en casa. Crepus rio en confianza ante las tiernas palabras de su hijo y acarició la espalda del moreno, sintiendo sus delicados huesitos al yacer un tanto encorvado por la timidez.

—Ese es mi chico—animó el dueño del viñedo ante la iniciativa de su hijo— ¿Qué hay de ti Kaeya? ¿Crees poder proteger a mi hijo también?

El moreno levantó la mirada de inmediato hacia el mayor y asintió con la cabeza. Este le sonrió en son de felicitación por comenzar abrirse con ellos y los juntó a ambos, abrazándolos. Kaeya acomodado sobre la cama y el pequeño maestro Diluc de pie a su lado.

—Desde ahora en adelante, ustedes dos se tendrán el uno al otro ¿De acuerdo? —les susurró sin romper el abrazo hacia ambos niños.

Adelinde había contemplado la escena de Crepus con ambos niños en completo silencio a unos cuantos metros de distancia para no interrumpirlos. Ver al dueño del viñedo en esa faceta de padre con los dos chicos era algo que atesoraría por siempre.

—Hora de dormir—dijo ahora un poco más serio pero sin dejar de sonar tan paternal como hacía unos momentos separándose un tanto para verles los rostros. Diluc bastante animado y Kaeya que se esforzaba por borrar esas cejitas curveadas, camuflando su tristeza con una leve sonrisa sincera que trataba de apaciguar el dolor en su corazón—. ¿Diluc? ¿Acompañarías a Kaeya esta noche? —sonrió Crepus mirando al peli azul, al notar como su semblante había cambiado a uno un poco asustado al tener que imaginar que dormiría solo.

El pequeño pelirrojo sonrió y se trepó a la cama.

—Dormiré contigo todo el tiempo que me necesites, Kaeya, lo prometo—dijo sonriéndole. Diluc le había aceptado y estaba dispuesto a cuidarlo y protegerlo. Kaeya apenas pudo sonreír un poco más y se arrimó en la cama para darle espacio.

—Gracias…

Crepus se puso de pie y les ayudó a acomodarse en la cama, arropándolos mientras le indicaba a Adelinde que cerrara las cortinas y atenuara un poco la lamparilla sobre la mesa de noche para que no se quedaran a oscuras, no tanto por Diluc, sino por su nuevo invitado que parecía necesitar el mayor ambiente acogedor posible.

—Sé que ambos querrán conocerse y hablar un poco más ¿De acuerdo? Pero por hoy, les pediré que descansen, sobre todo tú Kaeya, has tenido un largo viaje—dijo mientras se inclinaba sobre él para acariciarle la cabeza luego de haberle acomodado la almohada a lado de la de su hijo—. Mañana será un nuevo día y estoy seguro que Diluc querrá mostrarte muchas cosas nuevas—añadió aplicando el mismo acto sobre la melena pelirroja del menor—Descansen, niños.

Crepus salió de la habitación juntando la puerta evitando cerrarla por completo seguido de Adelinde. Diluc se giró suave sobre su cuerpo para ver el rostro aun asustado de su compañero con la mirada fija en la ventana pese a estar cubierta por las cortinas.

—No tengas miedo—mencionó notando su temor hacia la noche lluviosa. Podía atribuirlo a todo lo que posiblemente había pasado hasta llegar al viñedo, pero haría lo posible por cumplir su promesa. Lo cuidaría y le enseñaría a olvidar el miedo de las noches lluviosas. Haría de su vida algo mejor dentro de todo lo que le fuera posible, y estaba dispuesto a hacerlo con gusto.

Kaeya le miró un poco desconfiado pero trató de sonreírle, quizá no podía igualar esa amplia sonrisa por parte del pelirrojo, pero al menos se estaba esforzando en tampoco hacerle sentir mal ante sus intentos de animarle. Solo cerró sus ojos casi quedando profundamente dormido en el acto.

Esa había sido la peor noche para aquel jovencito que acababa de ser recibido de brazos abiertos por los Ragnvindr, pero cierto niño pelirrojo estaba totalmente determinado a cambiar ese recuerdo negativo a uno de los mejores…

—Buenas noches, Kaeya—murmuró mientras también se dejaba caer en el profundo abrazo de Morfeo.

Continuará…


Bueno, este es mi primer fic, yaoi y Kaeluc! Espero que les haya gustado y pronto espero traerles la continuación! Muchas gracias por leer.