¡Hola!

Oficialmente ha empezado la ShisuIta Week 2021, evento celebrado en Twitter y Tumblr en el que vi auto-obligada a participar :D

¡Espero que les guste!

Disclaimer: "Naruto" y sus personajes le pertenecen a Kishimoto. Peeeero que no me venga a decir que el ShiIta no es canon porque ni él mismo se la cree, jaja. En fin, hago esto por diversión, aunque no sé cómo me salga ya que es la primera vez que participo en una Week.

Aclaraciones: Los one-shots que publicaré durante esta semana estarán compilados en un libro que pueden encontrar en Wattpad, y también lo subiré a mi cuenta de Ao3 :3

Si hay alguien ahí, ¡disfruten la lectura!


[ DÍA 1]

~ Hogar/ Sueño / Modern AU ~


Instagram

. . .

I´ll spend my whole life wondering if you knew,

I was enchanted to meet you too

[ Owl City, Enchanted ]


Itachi pensó que el chico, como siempre, se quedaría congelado en una fotografía.

Sin embargo, éste sonrió.

«Probablemente estoy alucinando», pensó la comadreja.

Solía marearse cada que tomaba el metro en la hora pico, pero esta vez la sensación de vértigo se debía a otra razón: Eran mariposas feroces, salvajes que solo respondían cuando él miraba a Shisui.

Sí. Shisui estaba ahí, al otro extremo del vagón. Itachi no podría confundir nunca los rizos rebeldes que apuntaban a todas direcciones; los ojos grandes, profundos como una noche sin luna. A la comadreja le gustaba contemplar esa sonrisa suave durante sus tiempos de ocio, especialmente cuando no hallaba inspiración y recurría al rostro de aquel apuesto joven, en Instagram.

Habría jurado que, al llegar a la siguiente estación, Shisui desaparecería entre la gente; entonces nunca sabría si en verdad el rizado estuvo ahí, o solo fue producto del insomnio y sus fantasías. Pero cuando el tren volvió a andar, el chico seguía sosteniéndose del tubo. Ahora no era tanta la gente que se interponía entre ellos, así que Itachi podía verlo a cuerpo completo.

La sonrisa de Shisui no había mutado y sus ojos tampoco se apartaron de la comadreja.

¿Cómo asegurarse de que no se trataba de una fotografía?

Itachi las había visto todas; a todas les tomaba captura. Había conocido a Shisui a través de ellas.

Todo fue por mera casualidad. En su intento por buscar inspiración para sus novelas, un día se abrió una cuenta en Instagram para seguir a los artistas visuales, melancólicos que congeniaran con su estilo. Pero la cuenta se vinculó con Facebook y empezaron a llegarle sugerencias de todos sus conocidos. Agregó a Konan, a Sasori y a Deidara.

Fue gracias a este último que dio con Shisui.

Aquel chico tenía casi un millón de seguidores. La primera foto de la lista lo mostraba junto a un gran danés (que, se enteró después, era su mascota), sonriendo cual si quisiera hacerle competencia a la luz del sol. Itachi creyó que solo sería un embelesamiento momentáneo, algo efímero. Pero a medida que pasaban los días y aumentaban las fotos, comenzaba a obsesionarse cada vez más.

La luz de Shisui lo absorbía; todas las cosas que hacía, los lugares que visitaba. Sus amigos, su familia, su sonrisa. Itachi era como un agujero negro, hambriento y vacío, dispuesto a devorar en silencio algo que era inalcanzable para él.

Porque a diferencia de Shisui, él no era feliz. Sus días no eran interesantes ni divertidos. Sus novelas no avanzaban, su padre no lo llamaba.

¿Cuántos años llevaba sin verlo? ¿Cuándo fue la última vez que Fugaku le mandó un mensaje por su cumpleaños?

Cierto. Nunca se tomó la molestia.

A veces, Sasuke lo visitaba y eso era suficiente para tener un buen día. El adolescente le preguntaba por su novela y, de pronto, Itachi estaba motivado para sentarse a escribir en la noche. Pero luego de una semana, el sentimiento de vacío lo engullía nuevamente. La inspiración se marchaba. A menudo se miraba al espejo, acusándose por haber tirado su vida por el caño.

«¿Quién te dijo que eres un buen escritor?»

«Debiste estudiar Economía, ¡eres bueno con los números! ¡Debiste enorgullecer a tu padre!»

«¿Qué has logrado en los veintiséis años que llevas vivo?»

Nada, evidentemente. Tenía tres novelas publicadas en internet; ninguna medianamente exitosa. Su vida, su carrera estaba vacía. Ni siquiera sirvió que se colgara de inspiración a alguien tan brillante como Shisui.

Y la verdad es que eso también dolía. Porque por mucho que Itachi conociera de él en sus publicaciones, por mucho que admirara su forma de sonreír a la vida y relacionarse con la gente, sabía que ese chico era inalcanzable. Tal como enamorarse de un personaje de ficción o de un ideal.

Shisui, que se relacionaba con tantos; Shisui, que atraía a tantos.

Itachi tenía la seguridad de que, si algún día el universo le permitiera toparse frente a frente con Shisui, éste lo pasaría de largo, como a cualquier extraño que uno se encuentra por la calle. Sin nada especial, sin nada fantástico.

Vacío.

—Hola.

La cabeza de Itachi dio vueltas cuando levantó la mirada. El tren estaba en movimiento. El chico de cabello rizado no era una ilusión ni una fotografía, pues le estaba hablando.

—Hola—mustió.

«¿Por qué me estás sonriendo? ¿Por qué tienes una sonrisa tan hermosa?»

—Perdón—El chico se rascó la nuca y sacó algo de su mochila. Itachi no reconoció la tapa de aquel libro, pero sí el título—. ¿Eres Itachi Uchiha?

La voz de la comadreja estaba atrapada en algún lugar muy lejano. Sin embargo, atinó a asentir.

—¡Lo sabía! Quiero decir…—el chico sonriente estaba nervioso. Los demás pasajeros lo notaron, por supuesto—. Me gustan mucho tus novelas, en especial "La vida está en otra parte" —Shisui sacudió el libro en sus manos, sin saber bien cómo continuar—. Sé que no tienes ejemplares en físico, yo lo compré en internet. Espero que no te moleste que lo haya empastado.

—Oh, está bien—Itachi carraspeó, tomando el primer ejemplar de su novela—. Nunca pensé que alguien se tomaría la molestia de hacerlo. No son muy buenos.

—¿Qué estás diciendo? Itachi Uchiha, no tienes la menor idea de todo lo que tus palabras provocaron en mí.

Un sonrojo cubrió las mejillas de Itachi, así que se concentró en abrir el libro. La primera página estaba dedicada al autor. Su nombre se leía en una hermosa caligrafía bajo una foto suya, la misma que estaba en la versión en internet.

Itachi se contempló. Lucía aburrido: Lentes de armazón negro, cabello desalineado y ojeras grandes.

No le gustaba esa fotografía.

—¿Podrías firmármelo? —preguntó el rizado.

Itachi tuvo la sensación de que, en algún momento, al parpadear, despertaría hecho un ovillo en su cama, con la dulce sensación de un sueño que nunca se haría realidad.

¿No podría hacerlo durar para siempre?

Asintió y tomó la pluma que el otro le ofrecía.

—¿Cómo te llamas?

«Aunque ya conozco tu nombre» pensó. De hecho, ya lo tenía escrito antes de que el chico terminara de indicarle los kanjis.

«Shisui. Shisui. Shisui».

«Por favor, no estés enamorado de alguien más.»

«Por favor, no tengas a nadie esperando por ti.»

Ese deseo era egoísta y patético. ¿Cómo se le ocurría pensar que, con tantos seguidores, Shisui no tendría a alguien especial? ¿Cómo se le ocurría desear que él pudiera ser ese alguien especial?

—Encantado de conocerte, Shisui—masculló, devolviéndole el libro.

El rizado sonrió e Itachi tuvo miedo de que fuera consciente del rubor en sus cachetes.

—Tú no lo sabes—dijo el muchacho—, pero el placer es completamente mío, Itachi.

La comadreja nunca lo hubiera esperado. Incluso ahora, años después de aquel autógrafo en el metro, es difícil de creer.

Despertar todas las mañanas mirando el rostro de Shisui es algo a lo que ha estado acostumbrado desde que lo siguió en Instagram con su cuenta anónima. No obstante, hacerlo sin la necesidad de un celular de por medio es… completamente fascinante.

Itachi puede tocarlo. Con sus dedos, delinea el perfil de su nariz y enrosca los rizos oscuros. Puede abrazar a Shisui por la espalda mientras éste prepara un postre en la cocina, tarareando una de las canciones random en su lista de Spotify. A Itachi le encanta entrelazar sus piernas con las del rizado cuando se ponen a ver cualquier película tonta que les recomienda Netflix, tendidos ampliamente en la cama, con el gran danés de Shisui durmiendo a sus pies.

El departamento de la comadreja es mucho más luminoso porque Shisui forma parte de él, llenándolo con su risa; las palabras que Itachi siempre necesita escuchar en sus días grises, la compañía, el afecto, su necesidad de sentirse querido y apreciado por lo que es y lo que hace.

Shisui y la forma tan hermosa de su sonrisa cuando se sienta en el sillón para contemplar a Itachi escribiendo sus novelas.

—¿No te sientes agobiado de pasar tanto tiempo encerrado aquí conmigo? —pregunta Itachi un día, guardando el archivo de su nuevo borrador.

—¿Por qué me preguntas eso, comadreja? —inquiere el rizado antes de dar un sorbo a su chocolate humeante.

—Ya sabes—dice el pelilargo, tirando del hilo suelto en la manga de su suéter—. No somos muy… parecidos. Cualquiera que viera tu cuenta en Instagram antes de que me conocieras, creería que sales con alguna modelo famosa. O al menos, con alguien más alegre—el silencio del de cabello rizado lo hace sentir avergonzado—. Eso es lo que pensaría yo.

Shisui suelta una pequeña risa. Lo observa con ternura, su mentón apoyado en la mano, que a su vez descansa en el respaldo del sillón.

Sus ojos son resplandecientes, pero eso es normal si está viendo a Itachi.

¿La comadreja tiene alguna idea de que esa costumbre nació mucho antes de su encuentro en el vagón del metro?

—Yo nunca me había enamorado de alguien más. Tampoco tuve a nadie que me interesara hasta que googleé al autor de mi novela favorita—murmura Shisui, inclinando la cabeza a un lado. Itachi siente un vuelco en el corazón—. Tú eres todos mis sueños hechos realidad, Ita. Cuando te encontré en el metro, solo quería que supieras lo mucho que estaba enamorado de ti.


Me tomé muy en serio lo del universo moderno.

La canción "Enchanted" fue escrita por Taylor Swift y es preciosa, pero la versión de Owl City le agrega ese toque que me hizo pensar en lo que pensaba Shisui.

¡Muchas gracias por leer y una disculpa por cualquier falta de ortografía!